¡Hola, hola, pequeños saltamontes!
ASDlasdjslajdaslksdsd, ¡he vuelto con ésta ricura de fanfic! x'D Joder, me desaparecí como un mes de aquí, pero como he dicho en mis demás historias, es por la universidad que no he podido venir u.u Además, como soy un poco obsesiva(?), si me pongo a escribir mis fanfics voy a desconcentrarme en las tareas y como que no x'DDDDD.
Pero bueno, ya que tengo vacaciones (aunque son pocas :c) aprovecho a pasarme a dejarles un capítulo más que espero disfruten :3
/Martes 3 de Diciembre del 2013/
Sanji suspiró por quinta vez en el día, mientras terminaba de acomodar todo el tiradero que había en su casa, luego de que se había marchado de ésta hace un par de semanas. De hecho, él mismo sentía como si hubieran pasado años desde que pisó el suelo de su colonia y de la misma ciudad, dado que se acostumbró más rápido de lo que creyó al agujero que era el hogar del vampiro de cabello verde. El reloj marcaba las siete de la noche y seguía sintiéndose raro, como si ya no encajara en éste mundo en lo más mínimo.
Hace un par de horas, Zoro y Law lo vinieron a dejar a su casa, contra su voluntad a decir verdad. Porque con la llegada de aquel vampiro antiguo de nombre Dracule Mihawk, todas las cosas que hasta ahora tenían planeadas, cambiaron de rumbo; el peliverde no le había explicado bien el motivo, lo único que el rubio sabía era que Zoro debía ir con Mihawk quién sabe a dónde por asuntos "familiares". Lógicamente que esa explicación tan pobre no era suficiente para él, pero Zoro usó a su conveniencia eso del poder del vínculo, así que Sanji no pudo volver a decir nada ni objetar como hubiese querido. Y aunque se sentía molesto igual por dicha acción, estaba más preocupado por saber qué es lo en verdad haría el vampiro y si estaría bien.
Originalmente, el muchacho de ojos azules se iba a quedar en la mansión, en compañía de Law, Robin y Nami —con ellas dos hubiese sido suficiente para mantenerlo ahí metido—, mas Sanji condicionó al peliverde; no iba a reclamar ni pedir cosas de más, si por lo menos le daba un tiempo en su mundo. Aunque debía admitir, lo hacía más por rebeldía que otra cosa.
Era consciente que resultaba un poco más peligroso estar solo en su casa, ahora que sabía más vampiros se paseaban por el mundo para cazar, mas él no tenía miedo, porque por lo menos ahora sabía maneras de defenderse contra ellos y si se hubiera quedado en la mansión a esperar hasta que Zoro regresara, seguramente estaría encerrado en la habitación, como aquella vez en que el peliverde salió y lo menos que quería el rubio, era sentirse como león enjaulado.
Y sí, se alegraba de poder respirar aire freso y de ver las paredes de su casa en vez de solo esas cuatro paredes de ese cuarto, pero… No obstante, la sensación de que su hogar era otro ahora, no desaparecía.
—Lo que necesito es un baño y… —habló Sanji consigo mismo, caminando hasta una de las gavetas de un mueble de su sala, la abrió y extrajo una caja de cigarros. Sonrió ligeramente al verla y sacó uno, lo encendió y fue un completo placer volver a inhalar otro de sus tesoros.
Al menos con eso, podía sentir que de verdad ya estaba en casa. Aun así, su mente no dejaba de preguntarse qué estaría haciendo Zoro y cuánto tardaría en volver. Esperaba no fuera demasiado tiempo, tanto por su misma preocupación —que no admitiría—, como por el mismo vínculo, que exigía mordidas y sexo en máximo una semana.
El baño del humano rubio era el lugar más higiénico de su casa y no lo pensó dos veces para meterse a la bañera con agua tibia para relajar su cuerpo, sin dejar de fumar.
Ciertamente, él no quería que Zoro se fuera, sin embargo no podía hacer demasiado con ese bendito vampiro de ojos dorados aunque hubiese querido. Además, parecía que las cosas se complicarían si el peliverde no accedía a aquella orden.
Era una fortuna que antes de que ese tal Mihawk llegara, hubiesen tenido una preciosa sesión de sexo y mordidas; algo que empezaba a ser casi diario por alguna razón… Tal vez el instinto de ambos les estuvo avisando sobre éste breve lapso de separación.
Fuera lo que fuera, Sanji no se iba a quedar de holgazán esperando a que el vampiro regresara, claro que no. Por lo tanto, había decidido regresar a trabajar lo más pronto posible.
Esperaba que Zeff lo aceptara de nuevo, luego de que no pudo comunicarse tanto con él como debió haber sido lo adecuado. Añadido que pudo haberlo visitado y ni siquiera estaba en su casa.
Tenía algunas horas todavía para pensar en la excusa perfecta antes de hablarle para informarle de su retorno al restaurante.
/Viernes 6 de Diciembre del 2013/
Tres malditos días.
Joder, Sanji no evitaba sentirse molesto con todo esto, aunque parte de él sabía que no debía tomarse tan a pecho todo, pero… ¡Ese maldito Marimo lo había dejado solo y ni siquiera le dejó algo con lo que comunicarse! Por lo menos para saber cuándo regresaría y esas cosas… Lo estaba maldiciendo por hacer que lo extrañara de ésta manera. Estúpido cabeza de alga, Sanji apretó cerró con más fuerza de la necesaria, la puerta de su casa.
Acababa de regresar del trabajo, así que ahora era más fácil para él no ocultar su mal humor por todo esto. ¿Cuánto más iba a tardar Roronoa Zoro en regresar? ¡¿Cuánto?!
Usualmente, el rubio era alguien paciente y no era de las personas que se la pasaran jodiendo a cada rato a sus parejas. Sabía dar espacio personal, era alguien maduro, orgulloso… Sin embargo, definitivamente sentía que se iba a volver loco si tenía que esperar todavía más tiempo. Porque su cuerpo vibraba, pidiendo sentir al vampiro cerca y su corazón se estrujaba con solo sentir el vacío que era la presencia del ajeno ahora.
Su vida parecía tan aburrida en estos momentos que la contemplaba desde otra perspectiva. ¿Cómo mierda se las arreglaba para vivir con tanta monotonía antes de conocer a Zoro? Su anterior estilo de vida ahora era lejano y por más que quisiera, no podía traerla de regreso, por lo menos para mantener controlada esa necesidad de tener al peliverde cerca.
Estos días le habían parecido eternos, por todos los cielos. Y si bien todavía se creía capaz de soportar otro poco, su límite no estaba muy lejos.
Un jadeo salió de la boca de Kuroashi y se pasó una mano por su rostro, para luego empezar a quitarse la corbata con impaciencia, dejando sus zapatos tirados en el camino de la sala hasta su habitación. Se despojó de su camiseta, su pantalón y su ropa interior, hasta quedar completamente desnudo, terminándose su décimo cigarrillo del día.
No estoy dispuesto a quedarme con éstas malditas ganas, pensó Sanji, chistando ligeramente y adquiriendo un leve tono rosado en sus pómulos por unos segundos ante lo que sabía iba a hacer. Ese maldito Marimo me las va a pagar cuando regrese, despotricó nuevamente, empezando a buscar de entre todas las gavetas de su ropero hasta dar con una caja de color rojo.
Frunció los labios y miró hacía ambos lados, como si lo que fuera hacer algo que no quisiera ser descubierto, y considerando el alto orgullo de hombre que mantenía, algo como lo que estaba por realizar, prefería tenerlo en secreto. Era vergonzoso.
—Mierda, mil veces mierda.
Poco a poco, destapó la bendita caja, dejando ver un dildo, de esos de buen tamaño y transparentes con vibraciones incluidas. Sanji tenía éste tipo de juegos no porque antes los hubiese usado en su persona, sino en las tantas fantasías que llegó a cumplirle a sus compañeras sexuales hace un tiempo y nunca quiso deshacerse de algo como eso, porque nunca se sabía cuándo volvería a darle un uso. Aunque jamás pensó que volvería a dejarlos al descubierto para usarlos en él mismo.
Por la mierda que no y prefería dejar de pensarlo o no lo haría y esas malditas ganas sexuales que tenía seguirían latentes. Sabía que no sería lo mismo masturbarse pensando en Zoro a que si de verdad viniera éste para hacerle el amor por completo, pero tenía que hacer lo posible para soportar.
Era eso o los próximos días volvería a tener erecciones repentinas en su jornada de trabajo y ya bastante le había costado regresar y convencer a Zeff, como para que éste lo descubriera erecto.
El rubio se dirigió al baño para mayor privacidad, mientras que su mente iba pensando cada vez más en todas las noches que había tenido sexo con el vampiro; todas esas embestidas, las felaciones, las mordidas… Hasta que su sangre se calentó por completo y Sanji solo se acomodó dentro de la bañera sin agua y empezó a masajearse su erección, recordando. Era genial que su habilidad mental fuera bastante buena para traerle todos esos momentos placenteros que había estado viviendo.
La mirada lasciva de Zoro apareció en la mente del chico de cabello rubio, del mismo modo que los gruñidos que el vampiro le daba contra su oreja, los chapoteos de las embestidas y las succiones de las mordidas que le daba. No puedo… esperar más, Sanji gimió roncamente y se llevó el dildo a la boca para saborearlo, imaginando que ese pedazo era el palpitante falo del peliverde; fue tan mágico que incluso el olor de aquella vez llegó a la nariz del ojiazul.
Lo chupó varias veces, mientras que continuaba masturbándose con su otra mano, sintiendo como el pre seminal brotaba cada vez más y más… Tanto, que hasta le escurría por los testículos y rozaba ligeramente su ano.
Sanji se mordió el labio con fuerza cuando se acomodó la punta del dildo en su entrada y aplastó el botón para activar la vibración. Le importaba poco si sentía dolor por sus acciones, al contrario, esperaba sentirlo por lo menos un poco, pues ya sabía bien que su cuerpo dejó de ser el mismo desde que el vínculo se formó y un lado masoquista había despertado en su ser. Se apretó la punta de su pene y empezó a introducirse aquel dildo que ahora vibraba.
— ¡Mmh! —su boca se abrió y cerró los ojos, recordando específicamente esa noche donde el peliverde lo lubricó con sangre.
La tibieza de su propio líquido vital había llegado a su entrada y luego de haber sentido la lengua de Zoro moverse con todo eso adentro, hizo que el rubio se excitara todavía más por lo que imaginaba y el vibrador entró por completo. Sí, definitivamente, no era lo mismo, pero era lo único que podía hacer ahora el ojiazul.
Regresa pronto, estúpido Marimo, pensó Sanji, entre los gemidos y jadeos que soltaba mientras se auto penetraba con el dildo.
Una de las cosas que Zoro odiaba era que siempre en las visitas de Mihawk, algo tenía que pasar.
Esto, por ejemplo; tener que ir hasta la región de Las Colinas del Fin solo porque él había creado un vínculo. No entendía por completo el motivo de tanto alboroto, cuando ni siquiera con Law hicieron eso, teniendo en cuenta que el ojigris eligió a alguien tan problemático como Kid e incluso, hasta donde sabía, con ningún vampiro de la región donde vivía había pasado por algo como esto. Y como tampoco nadie le dijo nada sobre esto, asumía que todo era una vil exageración.
Lo habían hecho alejarse de Sanji y estar viajando por tres días humanos, maldición. Tenía suerte de ser alguien fuerte y haber consumido bastante de esa adictiva sangre antes de la aparición de su creador o ahora mismo sentiría los primeros síntomas de la ansiedad y definitivamente eso no era algo bueno.
—Sé que estás molesto —dijo Mihawk, sin ver al vampiro peliverde, mientras ambos corrían sin descanso al límite de su mundo—, pero existen reglas que debes conocer ahora que mantienes ese vínculo.
—Y una mierda —escupió Zoro, con el gesto irritado y huraño—. Lo único cierto es que conmigo tomas medidas innecesarias.
—Te he dejado hacer lo que quieras todos estos tres siglos, Roronoa, es momento de que por lo menos sepas que otras reglas existen —repuso Mihawk, ahora frunciendo ligeramente el ceño, pero sin perder su inexpresividad.
—Sé todo lo que tengo que saber.
—No, si todavía quieres que ese chico humano siga con vida.
Zoro gruñó. Ahí estaba otra vez esa maldita advertencia por parte del vampiro Ojos de Halcón. Fueron esas mismas palabras que le habían hecho terminar accediendo a irse con su creador y bueno, por más que se negara, tampoco podía ir en contra de todo lo que el ajeno le decía. Porque por hijo que era, debía cierta obediencia, aunque le jodiera.
Odiaba admitir que en parte, las palabras de Dracule eran ciertas; estuvo todos estos siglos sin ser reprendido ni seguir las reglas, por lo menos, merecía escuchar algunas. Le hubiese valido pan comido, de no ser que supo también tenía que ver con Sanji. Cosa que no entendía todavía y no podía quitarse de la mente la pequeña sensación de alerta.
— ¿No podías buscar un lugar menos lejano para ir? —se quejó Zoro.
No obstante, Mihawk simplemente le dedicó una mirada severa como respuesta, sin decir palabra alguna.
Lo que preocupaba al peliverde era más bien cuanto tiempo podía aguantar Sanji al estar lejos y no es como si pensara esto en modo orgulloso, no. Sino porque sabía que para un humano con el vínculo, estar lejos de su vampiro era fatal, les afectaba incluso más que a los mismos vampiros.
Y si hasta ahora llevaba viajando tres días a una velocidad vampírica, significaba que de regreso sería lo mismo, haciendo total de seis días lejos del rubio.
Desgraciadamente, a juzgar por el aspecto que tenía Mihawk al ir corriendo, Zoro suponía que le quedaba un día y medio de viaje, sino es que más.
El cielo ligeramente enrojecido parecía hacer eco del enojo que el peliverde poseía todavía. Y quizá estaría peor, de no ser porque sabía que Law y Robin estarían al pendiente de Sanji, cuidándolo lo mejor que podían mientras regresaba a la mansión.
Eso ya era un alivio. Mas de no ser porque todavía tenía una parte de culpa por haber llegado a doblegar la voluntad del humano, es que terminó aceptando que regresara a su mundo. Y no es como si no pretendiera llevarlo de regreso, sino que iba a hacerlo yéndose con él.
Ahí la diferencia de todo.
Los gustos de los vampiros no siempre eran los mismos, de hecho, uno de los tantos diferentes, eran los de Nico Robin.
Ella a veces prefería salir de la mansión, acomodarse en la rama de alguno de los enormes árboles de su mundo y quedarse mirando las estrellas que formaban las dos lunas. Podía pasarse así semanas, sin moverse ni nada, hasta que su sed llegaba al límite y entonces se movía para ir a cazar. Nami ya se había acostumbrado a eso, por eso agarró la costumbre de hacer lo que quisiera sin tener que avisarle a su creadora, porque a veces ésta parecía no interesarse ni por ella.
O al menos, la abstracción de Robin así había sido, hasta que el asunto de "Zoro hará un vínculo" terminó teniéndole más interesada, como para mantenerse dentro de la mansión más tiempo del que todos estaban acostumbrados a verla.
— ¿Qué crees que haga Zoro cuando lo sepa? —pronunció la vampiresa.
—Conociéndolo, se vendrá contra nosotros por no haberle dicho nada, ni siquiera para que tomara precauciones —contestó Law, quitándose la playera, dejando expuesto los hermosos tatuajes que mantenía en su torso.
Los dos vampiros pelinegros estaban en la habitación del anterior mencionado, por simple ocio y para salir de la rutina de "siempre ponerse a platicar en la biblioteca". Además, ahora mismo ni Nami ni Kid estaban en la mansión, de modo que la amistad íntima entre ambos podía fluir un poco más sin tener reclamos por parte de los otros dos vampiros. Que no es como si fueran a hacer algo malo tampoco, pero era más privado para ellos tener ese tipo de pláticas en una habitación más cerrada, en vez de la biblioteca.
—Bueno, aunque hubiésemos querido decírselo… No es algo que deba salir de nuestra boca —Robin no se incomodaba por tener al vampiro de ojos grises semi desnudo en el mismo cuarto. De hecho, ella estaba como si nada—. Pero no es eso lo que me preocupa, Law, su reacción contra nosotros es lo de menos.
El mencionado suspiró y se sentó en el sofá de su habitación, mirando a la vampira.
—No va a aceptarlo —Law se mostró sumamente serio y miró hacia la nada unos segundos, después a la pelinegra—. Ninguno de nosotros dos lo hubiésemos hecho de no ser porque para Nami-ya o Eustass-ya no existía otra opción; no es algo difícil de adivinar.
Robin frunció el ceño ligeramente.
—No hemos ido a ver qué tal está Cocinero-san.
—Tú no, Nico-ya. Fui a verlo hace unas horas y está bien… O lo intenta —Law sonrió con humor negro y luego negó, ignorando la evasión del tema por parte de la otra.
Aun así, eso no quitaba que sus anteriores palabras no fueran verdaderas.
/Martes 10 de Diciembre del 2013/
Su ritmo cardiaco estaba muy acelerado y sentía como su corazón palpitaba más fuerte que antes, pues podía percibirlo en su cuerpo sin necesidad de poner su mano en el pecho.
Sanji había salido temprano de su trabajo por los cambios bruscos de presión que había estado teniendo desde ayer. No había querido darlo a conocer con sus compañeros de turno, pero el mismo Zeff se percató de que la salud del muchacho no estaba para nada bien, así que luego de regañarlo por haber regresado si todavía no estaba en buenas condiciones de salud, le dio permiso de irse a casa antes de tiempo, porque por más estricto que aparentara ser, se preocupaba por el rubio. Por esa razón es que ahora el chico estaba acostado en su cama, con una camiseta y su pantalón sin cinturón, con el que fue a trabajar, porque su cuerpo no parecía tener fuerza ni siquiera para cambiarse de ropa.
Ya había pasado una miserable semana desde que Zoro se fue y no había regresado, ¿es que acaso no iba a hacerlo? ¿Cuánto tiempo más iba a tardarse? ¿Acaso él no estaba pasándola tan mal como el humano? ¡¿Qué demonios era lo que tanto lo hacía demorarse?!
"—Tú vampiro tendría que ser bastante compasivo contigo para no dejarte morir cuando se aburra de ti o encuentre una sangre mejor"
Las palabras que una vez Robin le dijo, golpearon la cabeza del rubio con fuerza, en medio de su aturdimiento por la necesidad de ser mordido y la inseguridad que le provocaba no tener al peliverde cerca. Parecía que el amor que entre ambos existía era un tanto obsesivo, aunque esto último tenía más que ver con el vínculo, pues seguramente si este no existiera, Sanji no tendría esos serios problemas de posesividad con el vampiro, que a ojos humanos, no serían normales en una relación.
Sé que ese estúpido cabeza de alga va a volver, pensó el chico, empezando a sudar, mientras tenía un cigarro dentro de su boca. Llevaba más o menos cinco cajetillas en éste día y ni eso era capaz de calmar la ansiedad que estaba empezando a atacarle. ¿Cómo podía controlar lo que le estaba pasando ahora? Ni siquiera las masturbaciones diarias lograron aminorar lo suficiente ese mordaz deseo de sentir los colmillos y el miembro del vampiro dentro de su cuerpo.
Sí, se sentía como un adicto, ni más ni menos.
Esto empezaba a recordarle aquella primera vez en que se sintió así luego de que Zoro lo mordió e hizo el vínculo contra su voluntad. Solo que antes fue peor, porque no sabía el motivo de sus reacciones corporales. Y la única diferencia de ahora, era que si salía, nada garantizaba que el peliverde estaría ahí para recibirlo. Detestaba sentirse así de débil, dependiente a algo. Él no era así y nunca en su vida se imaginó pasar algo como esto.
Los días anteriores habían sido una tortura por completo y se sintió un completo ingenuo al creer al principio que si Zoro le daba "su espacio" iba a poder aguantarlo. Ahora mismo ni siquiera comprendía como es que logró pasar cada uno de los días en los que estuvo solo, mientras que su cuerpo le exigía la presencia vampírica del peliverde, por todos los cielos.
Era un completo dependiente ahora, de forma fisiológica, esto no tenía nada que ver con sus sentimientos amorosos por parte del contrario… Todo por ese jodido vínculo, pensó, apretando las sábanas. Se sentía molesto, irritado, enojado con él mismo y con Zoro.
Con él, por no ser capaz de aguantar más, porque su cuerpo fuera tan débil sin las mordidas y con el peliverde, por haberlo metido en éste lío. Ya era algo que dejó pasar, sin embargo, dadas las circunstancias de ahora, le era imposible no pensar en los reclamos que quería gritarle a la cara a ese jodido vampiro. ¿Con qué derecho había llegado a arrebatarle así la libertad? Literalmente hablando, porque sí, si bien su corazón quedó completamente cautivado por el ajeno, igual lo demás.
—Ya no puedo aguantar… ¡Ya no puedo aguantar más, maldición! Marimo idiota, dejarme así… —siseó Sanji, sentándose en su cama, apretándose la garganta cuando empezó a sentir ese hormigueo recorrerle el cuello.
Ahí estaba su límite, lo máximo que podía aguantar. Su cuerpo le estaba reclamando las mordidas, la saliva de Zoro en su sistema, sus hormonas se lo pedían a gritos.
El calor empezó a hacerse cada vez más fuerte para el rubio y cayó al piso cuando intentó incorporarse para ir por un vaso de agua siquiera, dado que hasta el cigarro fue mandado a la mierda tan pronto ese hormigueo empezó.
—Resiste, joder, ¡resiste, Sanji! —se dijo a sí mismo, incorporándose como podía.
Los huesos le temblaban y sus músculos se acalambraban de vez en vez, su respiración era irregular y su corazón golpeaba con violencia su pecho, haciendo que sus oídos zumbaran e impidieran escuchara bien, incluso la voz le falló.
Necesitaba comunicarse con alguien, pero Zeff o sus otros conocidos humanos no eran una opción, sobre todo, porque no podrían traerle al vampiro de regreso tan pronto. Así que, por más que buscara, sus únicas opciones eran Law y Robin; tenía que llegar hasta ellos, necesitaba trajeran a Zoro de regreso, ya que estaba seguro, ellos dos sabían dónde estaba.
Cuando por fin Sanji logró incorporarse, haciendo uso extremo de su fuerza de voluntad, agarró su celular y marcó el número de Law —no es cómo si los vampiros usaran celular, no obstante para cuidar al rubio, fue un requerimiento—, mas nadie respondía. ¿Cómo es que un vampiro podía ser tan rápido para correr y matar, pero para contestar un jodido celular no?
Intentó otra vez, otra vez y otra vez, sin obtener respuesta. De modo que recurrió al número de Robin, al ser mujer, sabía que ella era más minuciosa con los detalles y cosas importantes, sin embargo, para su desgracia, nadie respondió tampoco.
No me voy a quedar a morirme aquí, pensó Sanji y tiró su celular contra la pared, frustrado. Parecía que estaba solo, aun así iría hasta encontrar a Law o Robin o incluso a Zoro, hasta donde alcanzara, porque lo necesitaba ya.
Y entonces, tal vez las estrellas obraron para el humano, porque logró salir de su casa y robar una bicicleta, que pese a ser una locura por como su sistema nervioso estaba fallando, se montó a esta y empezó a conducir lo más rápido que podía por las calles de la ciudad.
Estaba decidido a encontrar algo, no se iba a quedar a morirse sin luchar, no era esa clase de persona, por más que su cuerpo fuera dependiente ahora, Sanji seguía siendo un hombre de voluntad.
Parecía demasiado irónico que pese a que los vampiros eran seres frívolos de naturaleza, existieran volcanes en su mundo. O al menos, Zoro siempre había creído eso desde que llegó a vivir a éste inmundo lugar y supo sobre la condición geográfica de Las Colinas del Fin. Lugar donde los vampiros más antiguos vivían, que eran los que mantenían el orden en el mundo vampírico, ellos eran los creadores de todos los habitantes de ese lugar y de los que residían con los humanos. Esos siete reyes que contaba la leyenda, eran descendientes del mismo demonio. No por nada se decía que los no muertos eran hijos del diablo por su insano deseo de la sangre humana.
Zoro y Mihawk estaban en completo silencio cuando ingresaron al enorme castillo donde esos siete vampiros habitaban, vigilando al resto del mundo, viendo que sus leyes se cumplieran tal cual, listos para aplicar justicia cuando fuera necesario.
Lo único que hacía eco, eran los estruendosos volcanes, que lanzaban su lava hacía arriba, cayendo a un lago de la misma sustancia, que rodeaba el castillo. Ningún humano sería capaz de atravesar ese lugar sin derretirse por el calor infernal y sin un puente para no hacerse cenizas. Y en el caso de los vampiros, lo único que tenían que hacer era saltar hacía el otro extremo, justo a la entrada del jardín de esa construcción. No era una tarea difícil, solo eran simplemente dos kilómetros de distancia.
Solo. Y aun así, existían vampiros que fallaban, porque el lago de lava llegaba a salpicar, como si fuera aceite de forma espontánea; solo si sabías el truco de eso o era alguien con muchísima suerte, salías bien librado siempre. Por eso es que Mihawk y el resto de los Shichibukai seguían vivos, pero Zoro era un novato llegando a ese lugar e intentándolo cruzar.
Empero lo logró, justo después de que el lago de lava salpicara enormes gotas hacía el cielo, volviendo a caer en su lugar. Y Zoro creyó percibir una pequeña sonrisa orgullosa por parte de su creador, aunque bien pudo ser su imaginación.
— ¡…! —un terrible estremecimiento atacó la columna vertebral del peliverde y jadeó.
¡Sanji!, fue lo primero que se le vino a la cabeza. Y sí ese tipo de reacción tenía de la nada, significaba que algo realmente malo estaba sucediéndole al humano; el vínculo estaba llegando a su límite. Necesitaba volver, necesitaba ir con él ahora mismo.
Se dio la vuelta sin pensarlo, a punto de volver a saltar el hasta el otro extremo, pero la mano de Ojos de Halcón lo detuvo, justo cuando la lava volvió a chispear por los cielos.
—No llegarás a tiempo aunque te vayas ahora, Roronoa.
— ¡Claro que sí, joder, porque tú hiciste éste viaje más largo a propósito, Mihawk! —los ojos de Zoro hervían en furia, en decisión, importándole poco si sus palabras eran o no razonables.
—Si tu humano no es capaz de resistir esa lejanía, entonces significa que no es lo suficientemente adecuado para compartir el vínculo contigo —Mihawk desató su mirada imponente contra el peliverde—. Así que ahora que estás aquí, no te queda retroceder.
— ¡Maldita sea contigo! —Zoro le gruñó y se separó del agarre ajeno con violencia— ¡No puedes decirme que ha…!
— ¡Sí puedo, Roronoa! —si bien Mihawk no alzó la voz, ésta adquirió un tono completamente diferente; oscura, fría y autoritaria. Y ni siquiera alguien tan independiente y rudo como el vampiro de cabello verde podía oponerse. Era el poder de los creadores hacía sus hijos más cercanos— Así que ahora, entra al castillo.
Zoro apretó sus manos en puños, casi atravesándose su propia piel de granito con sus uñas y maldijo, mientras se volvía para ingresar a ese lugar.
Resiste, Cejas de caracol. Aguarda a que regrese, ¡mierda!
/Miércoles 11 de Diciembre del 2013/
Aquella vez en que Zoro había llevado a Sanji hasta las montañas para ir a su guarida, el viaje le había parecido tan cercano, tan fácil… Tan rápido.
Definitivamente debía darle crédito a la velocidad de los vampiros.
Llevaba aproximadamente cinco horas pedaleando esa maldita bicicleta y aun así, sentía que no había avanzado nada, pese a que ya estaba fuera de la ciudad, subiendo una pequeña colina y se encontraba rodeado por muchos árboles.
Estaba seguro que serían la una de la madrugada de otro nuevo día y Sanji, pese a todo su aturdimiento, se sentía orgulloso de no darse por vencido, no obstante, sabía que en cualquier momento, todo su cuerpo empezaría a fallar y ya no podría volver a moverse. ¿Cuánto más podría obligarse a aguantar? Además, tampoco es que supiera a ciencia cierta el lugar exacto donde estaba la entrada al mundo de los vampiros, solo tenía un recuerdo vago de la primera vez que el peliverde lo llevó y la segunda cuando salieron de ahí para regresarlo a su casa.
El chico de ojos azules, pese a estar rodeado de la oscura noche, solo con la luna creciente iluminando un poco su camino, junto con las luces de la bicicleta, no tenía miedo. Solo tenía en su mente el objetivo de encontrar a Zoro o mínimo a Law o Robin, no había tiempo para experimentar más emociones de las que ya de por sí sentía por la dependencia originada del vínculo.
Sanji tosió cuando por fin terminó de subir esa pequeña colina y sintió que ya no le faltaba mucho para llegar a donde quería, aunque todo el lugar pareciera igual.
Entonces, ese presentimiento corporal que el rubio tenía, se hizo realidad; sus extremidades por fin perdieron el equilibrio y coordinación, por lo que terminó cayéndose de la bicicleta y lo único que pudo hacer, fue voltear su cabeza para no golpearse tanto el rostro, encogiéndose de hombros. Y jadeó de dolor, entrecerrando un poco los ojos, mientras se intentaba volver a levantar, no queriéndose dar por vencido. Aún no había encontrado la entrada al mundo de los vampiros, esto no podía acabar así de rápido.
—Es muy común oír que los humanos siempre buscan sus propios males, pero nunca creí verlo con mis propios ojos —habló una voz femenina.
Y aunque Sanji no estaba por completo en sus cinco sentidos, ya tenía cierta experiencia como para saber que si alguien se le aparecía de madrugada en el bosque y todavía una mujer que no estuviera pidiendo ayuda, significaba que debía ser un vampiro o en verdad se estaba volviendo loco. Mas en su caso, la primera opción era la correcta.
De no ser porque se estaba ahogando con toda esa ansiedad y debilidad corporal, el rubio hubiese empezado a adular a la vampiresa que tenía frente a él ahora.
Una mujer de quizá veinte años, con una cabellera rosa hasta la cadera, de prominente curvas y senos; vestía un mini short caoba de tirantes, similar a un overol, con una blusa blanca y unas botas largas que hacían juego con la primera ropa mencionada. También tenía una boina en el cabello y sus labios brillaban ligeramente por el labial fucsia que usaba; incluso tenía un piercing debajo de un ojo.
—Hermosa mellorine… —masculló Sanji, apoyándose como pudo con sus codos para ver mejor a la chica.
—Pareces ser el tipo de postre que necesito ahora —la pelirrosa se relamió los labios con un ademan tosco, similar a las que tendría un chico, en vez de una mujer.
—Bonney, acabas de matar a un pueblo hace una hora —la voz de otro sujeto, o más bien vampiro, se hizo presente. Parecía más educado— y comerte a la presa de Kid no es una buena idea.
— ¡Cierra la jodida boca, Drake! —replicó Bonney, llevándose una mano a su cadera y se acercó a empujar con el pie al rubio, recostándolo en el pasto otra vez— Ese pelirrojo idiota no es mi jefe.
Sorprendido. Esa era la palabra correcta de lo que sintió Sanji al escuchar la boca de la mujer vampiro, porque era la primera vez que escuchaba a una bella dama hablar casi con el mismo modo que un hombre tenía. E incluso así, no pudo sentir rechazo hacía la señorita, al contrario.
Drake iba a decir algo, pero alguien se le adelantó.
—Yiahahaha, ¡pero te tragas la polla de éste pelirrojo! —Kid había aparecido como un cometa, justo detrás de la pelirrosa y la jaló de la cadera, para hacer una embestida superficial.
Drake suspiró con cansancio al ver ese actuar.
— ¡Maldito hijo de perra! ¡Ya quisieras joderme de esa forma! —Bonney le lanzó una patada, que al pelirrojo le costó esquivar— Ni loca recibo mierdas de un sujeto que usa labial y se pinta las uñas.
Sin embargo, Kid se carcajeó y le miró amenazante.
—Lo dice la que tiene boca de hombre y es una mujer —bufó—. Zorra, pero al final, mujer.
La vampira de cabello rosado, estaba a punto de volver a propinarle una golpiza al vampiro de cabello de fuego, porque estaba bien que fueran amigos —hasta cierto punto—, mas cuando se ponía en ese plan, le ensañaba quien manda.
— ¡Más respeto para dirigirte a una dama, bastardo! —aunque Sanji estaba debilitado, logró despotricar contra el pelirrojo.
—Ahora no estás en posición para decir lo que yo debo hacer, hoy no está tu "Marimo" para que te defienda —los ojos de Kid se mostraron amenazantes y… hambrientos.
—Zoro te matara si intentas algo —advirtió Sanji, no tanto por miedo, sino por el simple deseo de dar a conocer que ya le pertenecía a alguien.
—Yo simplemente me estoy cobrando el hecho de que ese hijo de puta me robara a mi presa —Kid empezó a mostrar sus colmillos, mientras se acercaba hasta el rubio.
Tal parecía que el camino del humano no iba a llegar más lejos que hasta donde estaba ahora, sin embargo, Sanji no estaba aterrado, al contrario, enfrentaba con seguridad y reto la mirada contraria.
—Te confías demasiado, Eustass-ya, solo porque Roronoa-ya es amigo mío, no significa que él no intentará matarte.
De pronto, la presencia de Law y Robin cubrieron el cuerpo débil y vulnerable del rubio, apareciendo delante de éste, agazapados, mirando con la más limpia amenaza a los otros tres vampiros.
—No te creas demasiado, Trafalgar, solo porque tú me convertiste —contestó Kid con acidez, mostrándose igual de amenazante, junto con los otros dos vampiros—. Mi objetivo ese es maldito rubio, ¡así que no te metas! —sus colmillos terminaron de mostrarse por fin y sus pasos se acercaron más contra el ojigris.
—Me creo porque tengo más derecho sobre ti, que tú mismo, Eustass-ya —Law no alteró su expresión, simplemente ladeó su rostro, con esa seriedad de siempre y sus colmillos fuera, mostrándose aterrador.
— ¡Cállate, maldito Trafalgar! —Kid no lo pensó mucho y se lanzó a atacar al vampiro pelinegro.
Bonney intentó hacer lo mismo, secundada con Drake, y velozmente, Robin se interpuso y les golpeó a ambos con tanta fuerza y precisión, que los mandó a volar a unos cinco metros.
—Todavía son unos niños a comparación —dijo, con un semblante tranquilo.
— ¡Maldita perra! —gruñó Bonney— Que seas vieja no te da ventaja.
—Pero sí sabiduría e inteligencia, algo de lo que careces —respondió Robin, esquivando los nuevos golpes que la otra vampira quiso darle.
Se notaba la diferencia. Y por eso, Kid tenía otra arma para ganar, para recuperar a su presa original.
—Detesto pelear así contigo, sin embargo no me dejas alternativa —pronunció, mirando los orbes grises impropios—, como siempre lo has hecho.
Law iba a hacer otra posición defensiva, no obstante, esa pequeña oración lo tomó por sorpresa y eso que él era alguien astuto. No obstante, las cosas que venían de Eustass siempre eran más fuertes que él.
Percibió como el susodicho miró de reojo a Bonney y entonces… el pelirrojo lo besó.
Unos segundos, un minuto y aunque los dos parecían estar por entregarse completamente, fue Drake quien logró sacar ventaja y pateó al pelinegro los metros necesarios para Kid por lo menos pudiera matar al rubio en ese lapso.
Sanji a penas y estuvo consciente en todo el rato que los amigos de Zoro llegaron para protegerlo, pues poco le faltaba para cerrar los ojos y perderse en la oscuridad de su mente. No escuchaba claramente, ya no sabía dónde estaba. Y debido a que Law y Robin estaban luchando contra esos otros tres vampiros, no había nadie que lo cuidara a él de momento.
Sin embargo, cuando sintió unos brazos rodearle, recobró un poco más las energías, aunque no era por lo que se imaginaba.
—M-Marimo…
—Yiahahaha, puedes morir creyendo que es él quien te matara ahora —se burló Kid grotescamente.
— ¡Kuroashi-ya! ¡Cocinero-san! —exclamaron Law y Robin cuando miraron como los colmillos del pelirrojo estaban tan cerca del humano.
Chan, chan, chan, CHAN...(?) Okey no xD
Para empezar, siempre voy a decir que éste es uno de los fanfics más sexuales que he escrito, porque en cada capítulo siempre hay una sacada de penes(?), JAJAJAJAJA. Well, admito que me tiene satisfecha, porque siento que lo que le añado de lemon no es ni exagerado ni poco, sino lo necesario para ésta historia xD. Espero que hayan disfrutado la imagen de Sanji masturbándose por Zoro tanto como yo al escribirlo, jeje.
Quedó en una parte crucial, pero no se estresen demasiado, ya verán que algo tendrá que pasar uwu.
Por lo pronto me despido, espero volver pronto (en una semana quizá). Así que mientras, ¡anímense a dejarme sus comentarios, eh, no sean tímidos! Yo no muerdo(?).
Okeeey, nos vemos. ¡Un beso para todos ustedes!
