Disclamer: Es una adaptación, ni los personajes ni la trama son míos. Son de dos autoras geniales, Meyer y Milburne.

Bella se sentó al lado de Edward e hizo un esfuerzo por hacer justicia a la cena que su madre había preparado. Los chicos estaban sentados el uno frente al otro y, aunque Emmet logró ignorar las miradas insidiosas de Anthony, no tuvo la misma suerte con las preguntas de su padre respecto al empeoramiento de sus notas escolares.

Por fin, Bella no pudo soportarlo más.

—¿No te parece algo hipócrita criticar a Anthony por meterse con Emmet? Es justo lo que tú estás haciendo con él.

—¿Qué has dicho? —Charlie lanzó una furiosa mirada a su hija.

Bella alzó la barbilla.

—Me has oído perfectamente. No haces más que menoscabarle la confianza en sí mismo, igual que has hecho toda la vida conmigo.

Edward le cubrió la mano.

—Querida…

Bella volvió el rostro con expresión irritada.

—No te metas en esto, Edward. Es un asunto entre mi padre y yo.

—Estás diciendo tonterías, como de costumbre —le dijo Charlie a Bella.

—Gracias por el apoyo, Bella, pero puedo defen derme yo solo —dijo Emmet al tiempo que clavaba los ojos en su padre—. Estoy haciendo lo que puedo por prepararme para los exámenes finales. Sé que tú y mamá os llevaréis una desilusión si no consigo la nota suficiente para entrar en la facultad de medi cina o de derecho, pero ¿se os ha ocurrido pensar que puede que no quiera ser médico ni abogado?

Bella vio que sus padres, horrorizados, intercam biaban una mirada.

—¡Tienes que hacer algo con tu vida! —dijo Charlie alzando la voz—. No estarás pensando en conver tirte en un artista, o algo igualmente inútil, como tu hermana, ¿verdad?

—Bella es una pintora de mucho talento, señor Swan —intervino Edward con calma—. Debe ría estar orgulloso de ella.

Bella le lanzó una mirada de agradecimiento.

—Es cosa mía lo que decida hacer con mi vida —contestó Emmet.

—¡No lo es si quien paga los estudios soy yo! —ex clamó Charlie.

—No los estás pagando tú, papá —dijo Bella con una mirada retadora—. Es Edward quien se está en cargando de eso, ¿no?

Charlie apretó los labios y se levantó de la mesa.

—Ha sido un idiota por admitirte en su casa otra vez —declaró Charlie—. Tengo ganas de contarle la verdad respecto a tu…

—No, Charlie —dijo Renné con una nota de de sesperación en la voz—. Por favor…

Bella, muy tensa, vio a su padre abandonar la mesa y salir del comedor. Luego, tragó saliva al ver el esfuerzo con que su madre se levantó y empezó a recoger los platos.

—Mamá…

Renné esbozó una valiente sonrisa.

—¿Alguien quiere postre? He hecho tarta de queso.

—Yo te ayudaré a recoger —dijo Emmet poniéndose en pie.

Anthony le imitó.

—Yo también echaré una mano.

Emmet le dedicó una sonrisa.

—Gracias.

—Cuando estoy en casa, siempre ayudo a mi ma dre —dijo Anthony mientras salían del comedor.

Edward le acarició la cabeza a Bella.

—¿Te encuentras bien?

—No lo sé…

—¿Quieres que vaya a hablar con tu padre?

—¿Para qué? No cambiaría nada. Siempre ha es tado en contra de mí —Bella echó la silla hacia atrás y se levantó—. Necesito un poco de aire fresco.

Edward la acompañó al jardín. Allí, le rodeó el cuerpo con un brazo y la atrajo hacia sí. Cada vez le costaba más mantener la distancia con ella. Bella había cometido una equivocación, pero ¿quién no lo hacía?

—Edward… —le susurró ella acariciándole el pe cho con el aliento.

Edward le alzó la barbilla con un dedo.

—¿Qué, querida?

—¿En serio te parece que tengo talento para pintar?

Edward le acarició la mejilla.

—¿Tanto te importa mi opinión, Bella?

Como era su costumbre, Bella se humedeció los labios.

—Sí, sí es importante.

—Creo que tienes talento para muchas cosas —res pondió Edward con los ojos fijos en la boca de ella—. La pintura es una de esas cosas.

—¿Para qué otras cosas tengo talento?

Edward sonrió.

—Tienes talento para hacer que me pregunte por qué estoy aquí, en casa de tus padres, cuando podría estar en mi propia casa, en la cama, con tu hermoso cuerpo bajo el mío.

Entonces, Edward la besó y ella se le entregó to talmente.

—Me vuelves loco —le susurró Edward al tiempo que le mordisqueaba el labio inferior.

—Y tú a mí —respondió ella tocándole la punta de la lengua con la suya.

Edward, de repente, alzó la cabeza y se apartó li geramente de ella al ver allí a su sobrino.

—¿Qué quieres, Anthony?

—Sólo decirte que no eres el único al que ella de sea —dijo Anthony fríamente al tiempo que alargaba una mano con el teléfono móvil de Bella hacia su tío.

Bella se estremeció de pies a cabeza y contuvo la respiración cuando Edward, con el teléfono en la mano, examinó los mensajes y apretó los dientes al ver lo que estaba escrito allí.

Después de lo que a Bella le pareció una eternidad, Edward desconectó el móvil y se lo dio a Bella con mirada inexpresiva.

—No estoy seguro de que sea buena idea leer o es cuchar los mensajes de otras personas —dijo Edward—. A veces, pueden malinterpretarse y causar un daño innecesario.

—Te advertí que seguía viéndole —dijo Anthony.

Bella se quedó mirando el teléfono que sujetaba con temblorosas manos, lo abrió y accedió a sus mensajes. Había uno escrito de Jacob: Ven a mi casa el viernes a las cuatro. Jacob.

Bella miró a Edward, que la estaba observando.

—No es lo que piensas —dijo ella.

—No, estoy seguro de que no lo es —contestó Edward tomándola del brazo para llevarla al interior de la casa, a la mesa en la que Renné estaba sir viendo el postre.

Los chicos pronto dieron cuenta de la tarta de queso, pero Bella vio que Edward estaba distraído y comía a desgana.

—Nosotros llevaremos a los chicos al colegio —le dijo Edward a Renné cuando hubieron acabado el postre.

—Gracias, Edward —respondió ella, sonrojándose ligeramente—, Charlie se ha acostado ya, tenía do lor de cabeza. Como puedes suponer, últimamente está sometido a una gran tensión.

—Gracias por la cena, señora Swan —dijo Edward inmediatamente.

Renné, con manos temblorosas y ojos sospecho samente brillantes, se puso en pie y comenzó a reco ger los platos del postre.

—Creo que he tomado demasiado vino —dijo Renné con una forzada carcajada—. No debería haberlo he cho, siempre me ha sentado mal el alcohol. A Bella le pasa lo mismo. Como bebamos más de medio vaso, luego no podemos acordarnos de lo que decimos ni de lo que hacemos.

—Edward, ¿nos vas a llevar al colegio o no? —pre guntó Anthony acercándose a la puerta—. Nos la vamos a cargar si no estamos allí a las diez.

—Bien, vamos —dijo Edward.

Renné continuó recogiendo los platos.

—Vamos, Edward, no te preocupes por mí, estoy bien.

—¿Seguro?

Ella sonrió temblorosamente.

—Sí, seguro.

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Espero que les guste el capitulo, a mí me encanto, me enoja Charlie y este Anthony tan resentido pero ni modo en el próximo pasan cosas.

Les doy mil gracias a quienes me leen me dejan sus reviews y sus alertas, las quiero mucho. Esta vez deje dos capítulos porque como hace mucho que no actualizo, espero que les enganche otra vez la historia, ya casi termina, en fin BESOS LAS QUIERO