¡Y he vuelto!

Como les dije, ésta vez no iba a tardar en actualizar xD. ¡Benditas vacaciones!, aunque solo me queda una semana, por lo que aprovecharé a avanzar con todos mis fanfics para no dejarlos esperando tanto.

Ufff, espero que la ansiedad por saber que ocurrirá no haya sido mucha, dado en que parte dejé la historia en el capítulo anterior x'D.

Así que espero que disfruten mucho éste.


Si Zoro fuese más poderoso de lo que seguramente Mihawk era, no dudaría en rebelarse por completo y regresar hasta donde sabía estaba Sanji, porque por todos los mil demonios, ¡sentía su agonía! ¡Sentía que el rubio estaba sufriendo incluso más que él! ¡Sabía que estaba en el límite! Lo único que le quedaba al vampiro era desear que algo de lo que poseía de fuerza, se fuera para el humano, que aguantara. Esperaba al menos que Law o Robin estuviera con él.

Aunque para el peliverde tampoco era un buen rato, no solo porque ahora mismo estaba en el centro de lo que era el Círculo, rodeado de todas esas miradas de los vampiros antiguos, incluido Ojos de Halcón. Estaba haciendo lo posible porque sus músculos no flaquearan, ni porque empezara a notarse toda la ansiedad y necesidad que sentía su garganta de morder y de beber la sangre del ojiazul. Pero era difícil que sus colmillos no comenzaran a crecer por lo menos un poco, ni que las paredes internas de su garganta quemaran como si tuviera un pedazo de metal caliente pegado a su cuello. Y si fuera humano, seguramente ahora estaría bañado en sudor.

La molestia que sentía mientras venía viajando, por la separación con el mundano, no se comparaba a lo que estaba sintiendo en estos momentos. Se sentía completamente tenso y con ganas de salir corriendo para buscar esa sangre bendita que tanto lo enloquecía y al humano que tanto amaba de la misma manera. Si Zoro quería, podría beber de cualquier otro humano para calmar un poco ese ardor, mas hacerlo, sería traicionar al rubio y era algo que no estaba dispuesto a hacer.

Solo esperaba que ésta estúpida reunión no durara demasiado… Y aun así, todavía le faltaba un par días de camino para poder llegar con Sanji.

—Fufufu, así que después de todo el hijo de Ojos de Halcón creo un vínculo, es algo digno para celebrar —dijo una maliciosa voz profunda, perteneciente a Doflamingo.

—Pero no es una jodida fiesta el motivo por el que estoy aquí —contestó Zoro con bastante agresión, más de la que hubiera querido.

—Con eso podrás comprender, que el vínculo no es para cualquier vampiro —secundó otro de ellos, Crocodile, un vampiro de una enorme cicatriz horizontal en la cara, con un garfio por mano, quien fumaba un puro. Tal parecía se percató del sufrimiento interior que tenía el peliverde.

—No deseo escuchar sus comentarios de sabiduría, porque de ser así, seguro que Mihawk se hubiese puesto a cantarlos cuando llegó —Zoro les sonrió desafiante, optando una posición más casual, por lo menos para seguir controlando la ansiedad.

—Mihi, me sorprende que uno de tus hijos sea así de insolente, fufu —Doflamingo miró con gesto burlón al susodicho.

—Tú no estás en posición para decir algo —fue lo único que respondió Mihawk, sin inmutarse siquiera.

El vampiro con gafas de sol y un abrigo de plumas rosadas como de flamenco, simplemente rió por lo bajo y volvió a ver al peliverde con astucia.
Ahí habían más vampiros, por supuesto, los Shichibukai eran siete, no obstante, quiénes siempre llevaban la voz eran Doflamingo, Mihawk y Crocodile, porque eran los únicos que no perdían el interés de permanecer encerrados en ese castillo, a diferencia de los otro cuatro, que preferían salir a viajar, es decir, vigilar a los no muertos del mundo exterior y de un modo más convencional.

—Roronoa Zoro, hijo creado por Dracule Mihawk —la voz de Crocodile volvió a sonar y miró con cierta arrogancia al vampiro de la cicatriz en el ojo—, cuéntame sobre tú vínculo.

El ceño del peliverde se frunció en plena desconfianza y le miró con reto.

—Conocí mi tipo de sangre y no estaba dispuesto a probarla solo una noche, fin de la historia. Así que no veo de donde más tengan que sacar pretextos para retenerme aquí, porque me largo.

—Las cosas no son tan fáciles como te las has pintado, Roronoa.

—Fufufu, aquí no se trata solo de un tipo de heroína, jovencito insolente —Doflamingo parecía divertido con el actuar arrogante del ajeno, sin embargo una sonrisa por demás maliciosa y perversa adornó su expresión y dijo: —Esto se trata de saber desechar una droga cuando superas la adicción.

— ¿Qué mierda se supone que significa eso, Doflamingo? —a Zoro no le dio buena espina como sonó eso.

Y de pronto, recordó las palabras que le había dicho Law aquella vez.

"—Verás, nosotros los vampiros tenemos nuestra marca de heroína en la sangre, unas más fuertes que otras —Law le miró con seriedad y frialdad—. Cuando una sangre es lo suficientemente atrayente para nosotros, de tal manera que no nos aburrimos de ella ni necesitamos más por un tiempo al morder a esa persona… Podrás pasar incluso cien años bebiendo de ese cuerpo y la sangre seguirá produciéndose".

—Seguramente ahora tienes en la cabeza lo que tus amigos te han dicho, ¿no? —Crocodile dio una calada al enorme puro que tenía pinchado con su garfio y sonrió sombrío, obteniendo como respuesta una fulminante mirada por parte del contrario— Es ahí donde viene la parte divertida de esto, ¿pensabas que el vínculo solo se crea con un simple mortal?

—Me da igual si es así o no, yo ya tengo mi heroína personal —repuso Zoro— y no necesito ninguna otra.

—Si me regalaran un humano por cada que escucho a un vampiro decir semejante estupidez, ahora tendría otro planeta habitado por ellos —Doflamingo se relamió los labios con algo de escándalo y subió sus pies a la mesa que tenía delante.

—Lo que yo haga con el vínculo no es de su incumbencia, no veo porque deban querer meter sus jodidas narices en esto y precisamente conmigo.

—Es así contigo, porque con Trafalgar y Nico Robin no había necesidad, ellos ya lo sabían —respondió Doflamingo otra vez—. Fufufu y veo lo bien que te guardaron el secreto.

— ¡No sabes lo que estás diciendo! —Zoro mostró los colmillos en amenaza, aunque si tuviera corazón, ahora mismo estaría por salírsele del pecho, porque la sensación de ardor aumentaba, la ansiedad se hacía más potente— No vas a hacer que cuestioné mi confianza hacía ellos.

—No tienes porque, hablar de esto entro vampiros es algo prohibido —se metió a expresar Mihawk—. El punto al que queremos llegar con esto, es que tú no pretendes matar al humano cuando otra heroína aparezca en tu vida.

—No va a aparecer ninguna otra —repitió Zoro con determinación—. Yo jamás me cansaré de la sangre de ese Ero-cook.

—Pero pasará, a todos los vampiros les pasa —Crocodile le miró con aburrimiento, como un niño que escucha siempre el mismo cuento narrada por sus padres— y tú debes saber lo que tienes por obligación hacer: matarlo o convertirlo en uno de nosotros.

— ¡…! —Zoro mudó por unos segundos, pues recordó aquella vez, en la que el rubio le reclamó diciéndole algo parecido y que había sido la misma vampira pelinegra quién le comentó eso.

Él pensaba que Robin había hecho solo para mover la marea, como a veces le gustaba hacerlo para que "los barcos tomaran su dirección correcta", pero no se le había pasado por la cabeza que lo decía en serio, porque vamos, ¿cansarse de la sangre de Sanji? No lo creía posible, en lo más mínimo. Y que no lo creyera, no se debía por el romanticismo anexado a su relación, sino por el mismo motivo, el cual le explicó al humano hace varias semanas: en sus trescientos años de vida jamás se había encontrado con el deseo de poseer una sangre más de una vez, como le pasó con él.

Kuroashi era el primero que hacía eso con su persona, así que ya debía ser mucho. No obstante parecía esa no era la única droga que conocería si seguía viviendo, o eso le querían hacer creer.

—Hablan como si lo supieran todo, pero no me conocen a mí y no van a decidir mi futuro ni el de él.

—Por lo que veo, tú vínculo será duradero, aunque no pasará el límite de todos los vampiros. Ninguno lo hace —Doflamingo todavía tenía en su cara esa molesta sonrisa y movía sus pies ligeramente—. Lo máximo que un vínculo posee son cincuenta años, pequeño tigre, fufufu.

— ¡Debes estar jodiendo! Ya deberían saber que sus estúpidas reglas no se aplican conmigo y Mihawk se los ha dado a conocer —Zoro se negaba a creer en las palabras que le eran dichas. Algo tan fuerte como lo que sentía por el humano de ojos azules no podía tener límite, además, no se trataba solo del vínculo… También estaba enamorado.

Añadido el hecho que ni por su mente pasó el querer convertir a Sanji en un vampiro. Ya bastante le estaba haciendo con haber creado la relación amo-esclavo con el vínculo, como para condenarlo a una noche eterna que incluía deseo insano hacía la sangre, convirtiéndolo en un asesino. Definitivamente, eso era algo que no estaba dispuesto a hacer y mucho menos matarlo.

—Podrás decir lo que quieras, al final de cuentas, eso pasará —Mihawk tomó parte otra vez y miró a su hijo con dureza y frialdad—. Tienes como ejemplo a Trafalgar y Robin; ellos creían lo mismo y al final la sangre de su ganado dejó de satisfacerles y presos de otros sentimientos, decidieron hacer más grande a la familia.

Zoro no dijo nada y tensó la mandíbula. Ya no sabía si sentía que iba a explotar por las emociones encontradas gracias a estos patanes o por la misma necesidad de sangre; quizá era por ambas cosas y se sorprendía a sí mismo que sus piernas todavía pudieran sostenerlo, porque era como si un humano estuviera deshidratándose.

Lo cierto era que poco sabía de la relación entre Law y Kid o de Robin con Nami, ellos jamás le contaron con lujos de detalle, simplemente habían dicho "es indispensable en mi vida", aunque sonara egoísta. Desde ahí sabía que los dos vampiros pelinegros ocultaban más cosas referente a sus relaciones, mas no era como si el peliverde estuviera metido en sus vidas privadas, no le interesaba saber más de lo necesario. Y pese a que Law en alguna ocasión llegó a comentarle que su relación con Kid se volvió complicada y volverlo vampiro no fue la mejor opción, no habló más que solo eso.

Y ahora no podía creer que todo eso pasó porque su amigo ojigris y la pelinegra se cansaron de la sangre de Nami y Kid… Pues si era así, la actitud que ambos tenían, era razonable.

No imaginaba como se sentiría Sanji si de buenas a primeras empezara a notar que ya no le satisfacía su sangre como tal, sobre todo, porque éste mismo se lo dijo. Aunque bueno, ya no solo estaba por su líquido vital con él, sino por sus sentimientos; lo amaba.

Tal parecía, eso no había quedado claro para Kid ni Nami antaño.

—Yo no soy igual que ellos —Zoro no se iba a dejar doblegar en lo más mínimo, no importaba si su fuerza física empezaba a querer carecer por la fatiga y angustia que sufría un adicto, su voluntad seguía firme—. Mi heroína no va a…

—Aunque no cambie y rebase los cincuenta años, somos nosotros quiénes de todos modos te damos ese límite, Roronoa Zoro —hablaron al mismo tiempo, Doflamingo, Mihawk y Crocodile con un semblante de verdad serio, y eso que el primero estaba de burlón—. Es tu fecha máxima, de aquí dentro de cinco décadas, deberás haber matado a ese humano o haberlo convertido en un vampiro —dijo solo Mihawk.

— ¿Y qué si me niego? He vivido sin su apoyo, no me importará hacerlo otra vez —Zoro se mostró digno y fiero como un tigre.

—Seremos nosotros quién matemos a tu pequeña oveja —respondió Crocodile.

Ah, ahora que sabía todo eso, el peliverde ya no creía del todo el hecho de que Law y Robin se aburrieron de la sangre de sus humanos… Pero entonces, ¿por qué la relación con el ojigris y Kid parecía tan complicada? ¿O Nami parecía tan inconforme?

Zoro negó y alzó la mirada para ver a esos tres vampiros a los ojos, mientras que su aura refulgía como un demonio.

—Hagamos una apuesta —propuso.

— ¿Te parece que el Circulo se presta a ese tipo de infantilismos, Roronoa? —Mihawk miró con gesto grave al mencionado.

—Esas son las leyes y no van a cambiar —secundó Crocodile.

—Fufu, no deberían tomarse su papel de viejos tan a pecho —dijo Doflamingo y se inclinó hacia delante para ver al vampiro de la cicatriz en el ojo—, aún somos jóvenes.

Crocodile hizo ademán de protestar, pero el primer vampiro se le adelantó otra vez.

—A mí me interesa escuchar.

—Ustedes se cierran a decir que solo duraré cincuenta años con el cocinerucho, ¿no? —Zoro dirigió su mirada solo al vampiro del abrigo emplumado; debía aprovechar las oportunidades.

—Tratándose de ti, como hijo de Ojos de Halcón que eres, diría que resistes un siglo con ese humano — una vez flexionó su brazo, Doflamingo recargó su cabeza sobre su mano derecha.

—Dos siglos, entonces —Zoro ensanchó su sonrisa y alzó su rostro con orgullo, pero luego lo pensó mejor y cambió—. Tres siglos, en donde ninguno de ustedes verá una mísera gota de aburrimiento por la sangre del Ero-cook y tampoco me verán interesado por otra sangre.

Eso pareció llamar la atención no solo de Crocodile, sino hasta de Mihawk, que se miraron unos momentos, mientras que Doflamingo volvía a sonreír de oreja a oreja, enseñando sus dientes.

— ¿Y qué ganamos nosotros con aceptar tu apuesta? —cuestionó Crocodile— Dudo que tengas algo que nos interese obtener.

—Si pierdo, que no lo haré —la mirada de Zoro brilló—, yo mismo… mataré al Cocinero y me convertiré en su soldado —casi emite un jadeó, no por el peso que esas palabras conllevaban, sino porque la quemazón en su garganta estaba llegando a su límite y sus extremidades estaban flaqueando. Era como si estuviera siendo expuesto al mismísimo sol.

— ¿Así que te convertirás en nuestro esclavo y un ciudadano obediente? —repitió Doflamingo— Lo que quieres dar es muy pobre, pero como no existe mejor show en la vida al ver a un ser indomable siendo humillado por sus superiores… Acepto la apuesta.

Sin embargo, el peliverde todavía no podía cantar victoria.

—Aunque eso no solo depende de mí, jovencito. Solo es uno a favor.

Mihawk suspiró y miró unos segundos a su hijo, a aquel chico que hace décadas atrás convirtió por el mismo motivo que ahora le estaba sacando canas verdes; su fuerte espíritu. No siempre se topaba con personas así y pese a que formaba parte de los líderes, también era como un padre para Zoro de cierta manera, porque lo había creado, así que por eso, no podía negarle la oportunidad que quería. Después de todo, ya estaba sufriendo bastante ahora.

—No tengo objeción, Roronoa, simplemente cumple tu palabra.

Crocodile únicamente dio una calada más a su puro y miró sereno al vampiro más joven.

—Dos a favor, en conveniencia que los otros no están —musitó—. Añádele que si pierdes, deberás entregarme uno de tus brazos.

—Pero si yo gano, ustedes no se meterán a decidir lo que debo hacer o no con mi humano —agregó Zoro, mirando a cada uno de los tres vampiros.

—Es un trato entonces —dijeron al unísono los susodichos no muertos.

El peliverde iba a decir algo más, sin embargo, para su desgracia, las fuerzas la fallaron y se tambaleó unos segundos, agarrándose repentinamente la garganta, enterrándose sus uñas. Ya no soportaba ese infierno en su cuello, se sentía tan seco, joder, ¡necesitaba la sangre de Sanji ya! La opresión en su pecho lo gritaba, incluso su garganta palpitaba como loca y calambres atroces le recorrían todo el cuerpo. Mierda, mierda, si así estoy yo… ¿Cómo estará el Ero-cook? Y en su estado, ya no veía tan fácil regresar hasta donde Sanji, mas no estaba dispuesto a darse por vencido. No lo iba a abandonar.

— ¡Roronoa! —Mihawk se percató de que algo muy malo le estaba pasando a su hijo y si bien su expresión no se alteró, era obvio que no estaba tan tranquilo como su gesto aparentaba.

— ¿Hace cuánto que dejó al humano? —quiso saber Crocodile.

—Nueve días.

—Es el límite del vínculo —comentó Doflamingo—. Esto es muy malo, fufu, justo cuando la apuesta parecía ser tan interesante… Ese humano ya debe estar muerto si Roronoa Zoro está así.

— ¡Sanji no está muerto, maldita sea! —rugió Zoro y sintió que la garganta se le partía, aun así mantuvo su chispeante mirada contra los demás— Me largo, tengo una apuesta que ganar.

—Que se le va a hacer, nosotros no podemos fallar a nuestra palabra —habló otra vez Doflamingo, mirando al vampiro de ojos dorados.

—Madam Shyarly —llamó Mihawk hacía quien sabe dónde—, sé que otra vez estás metiendo tus narices donde no debes —frunció un poco el ceño—, así que haz algo bueno por una vez en tu vida y traslada a Roronoa a donde debe ir —le habló al aire.

— ¿Qué te garantiza que ésta escuchándonos? —Crocodile no parecía ser muy positivo.

—Fufufu, Croco-chan, Madam Shyarly siempre está escuchando, parece que no la conoces —se mofó Doflamingo como un hermano mayor y recibió la mirada de odio por parte del vampiro del garfio.

Por favor, necesito ir con el cocinero… Sanji, él me necesita, pensó Zoro, aunque no estaba prestándoles mucha atención al trío de vampiros, simplemente ya estaba corriendo hacía el lago de lava para saltar, cuando escuchó una voz resonar por el lugar.

—Deberían aprender a ser más agradecidos —esa sin duda era la voz de Madam y el cuerpo del peliverde se iluminó en pequeños brillos y desapareció.

Mas no fue el único, Mihawk tampoco se quedó a acompañar a Crocodile ni a Doflamingo.


El olor a peligro fue lo que impactó la nariz de Zoro, cuando de repente ya se encontraba en medio del bosque.

Ni siquiera se molestó en notar la mirada estupefacta de Law y Robin sobre su ser —por su repentina llegada prácticamente de la nada—, ni mucho menos en la presencia de Bonney y Drake, solo se fijó en que el desgraciado de Kid estaba a escasos milímetros de morder al rubio.

A su rubio, joder. ¡A su humano, a su Sanji, a su Cocinerucho!

— ¡Quita tus malditas garras de él, bastardo! —Zoro ya estaba cansado, mas en ese momento fue como si la fuerza retornara a su sistema y ni siquiera alguien como ese vampiro pelirrojo pudo esquivar la semejante patada que lanzó.

Los ojos del peliverde llameaban la más pura ira homicida y fue por eso que el vampiro ojigris sintió una pequeña alarma crecer en su pecho. Sabía que no debía meterse, porque hasta cierto punto, Kid se lo merecía, aun así…

— ¡Te lo advertí, maldito!

No importó lo bien adiestrado que estaba Eustass, nada podía contener la furia del mismísimo Roronoa Zoro, hijo del famoso Ojos de Halcón y ahora parecía que tanto el pelirrojo, como el resto de vampiros ahí presentes, se estaban dando cuenta de cuan peligroso resultaba ese vampiro peliverde.

— ¡Yiahaha, no me asustas, jodido cabeza de pas…!

No obstante, Kid no terminó su burla contra el otro vampiro, ni siquiera lo vio venir, aunque sus ojos fueran tan rápidos como sus movimientos, Zoro se movió todavía más rápido y le dio diez rodillazos en el estómago hasta que sus pieles de granito tronaron como si fueran truenos.

El pelirrojo iba a defenderse, pero no pudo… algo hizo que se paralizara… Y el peliverde le sujetó de los hombros para dislocárselos, pues entre vampiros, sí podían hacerse ese tipo de daños. Asimismo le inmovilizó las piernas y le agarró del cuello, arrinconándolo contra un gran árbol.

Sin lugar a dudas, Zoro estaba siendo imparable, como un demonio, su aura, su mirada, su expresión salvaje lo decía; con sus colmillos fuera de su boca y la mirada afilada, estaba a punto de degollar al vampiro pelirrojo. Ni siquiera parecía importarle el hecho de que terminaría afectando a su amigo de ojos grises, nada le importaba, pues sí Kid había osado de querer matar a Sanji, no se iba a quedar de brazos cruzados, trajera las consecuencias que trajera.

— ¡Te llevaré al infierno, desgraciado! —Zoro sonrió con demencia y fue el momento en que el pelirrojo se dio cuenta que para nada iba a salir de esta, porque ni siquiera el vampiro pelinegro se estaba metiendo.

Joder, así que aquí acaba todo, ¿eh, Trafalgar?, a pesar de todo, Kid no le iba a dar el gusto al peliverde y le sonrió con superioridad e incluso le escupió. Cosa que empeoró el asunto, el peliverde atravesó la piel del cuello ajeno con sus uñas afiladas y su mirada se oscureció todavía más.

— ¡Roronoa-ya! —la voz de Law se escuchó y aunque él lucía como siempre, la verdad no la ocultaban sus ojos— ¡No puedes matar a Eustass-ya!

Bonney y Drake ni siquiera podían hacer algo, tampoco Robin. Solo podían contemplar la escena, porque ellos sabían lo que sucedía cuando otro león quería arrebatarle la oveja a otro. Y viendo como estaba Zoro, si se metían, podrían incluso morir, por más vampiros fuertes e inmortales que fueran, por más sanguinarios… Nada se podía comparar con lo que el peliverde estaba expresando.

—Lo lamento por ti, Law, pero yo si voy a disfrutar matándolo.

— ¡No te voy a perdonar si lo haces, Roronoa Zoro! —advirtió Law, con un tono serio y fúnebre.

Tanto Kid como el otro vampiro mencionado, miraron de reojo al pelinegro; el segundo ignoró las palabras de su amigo y el primero desvió los orbes.

—Está es la ley de la naturaleza, quieras o no, nadie se va a atrever a tocar a Sanji jamás —dictó Zoro y apretó más su agarre, escuchándose el sonido de la piedra al romperse, lo que indicaba que el cuello del pelirrojo estaba por desprenderse.

¿Eso es todo lo que harás Trafalgar? Heh… Supongo que me lo he ganado, pensó el vampiro de ojos ámbar y dio una última mirada a su vampiro creador, con el que hace tiempo compartió un vínculo no solo de vampiro y humano… De hecho, se suponía que aún tenían esa otra unión. ¿En qué momento había cambiado todo? Tal vez debimos hacer las malditas cosas diferentes.

Otro crujido más se escuchó.

Sin embargo, sucedió algo completamente inesperado a lo que todos esperaban.

A Law le valió una completa mierda las cosas, todo, incluso el hecho de que los vampiros que deseaban meterse con el vínculo de otro debían morir, se lo pasó por el arco del triunfo y atacó a Zoro. No para que ambos se enzarzaran en una lucha como la que estaban teniendo al inicio, no, simplemente para mandarlo lejos del pelirrojo y entonces, pese a que sabía que Kid no se lo perdonaría tan fácil por dañar la imagen de su orgullo, se interpuso y puso su cuerpo como protección.

— ¡No vas a matar a Eustass Kid, aunque seas tú, Zoro, no lo voy a permitir! —siseó Law con una expresión oscura y aterradora, similar a la que tenía el peliverde mientras ahorcaba al pelirrojo.

—Law, bastardo… —Zoro derrapó en el suelo y estaba dispuesto a irse contra el ojigris, pero escuchó a lo lejos como la voz del rubio, le llamó.

Por mientras, Kid no podía quitarse la expresión de la sorpresa en sus ojos, aunque ahora estuviera sufriendo por semejante paliza que le metieron. Trafalgar lo había protegido, el impetuoso y rebelde pelinegro había dejado atrás su orgullo y lo… defendió.

—Necesitas sangre para curar esas heridas, Eustass-ya.

— ¿Y qué? —Kid tosió y aún con el dolor en sus hombros, se agarró su garganta, porque sentía que la cabeza se le iba a caer— No necesito que justo ahora tú te preocupes por mí…

—Qué mala suerte para tu orgullo, porque no voy a dejar aquí a mí mejor creación para que Roronoa-ya lo maté —respondió Law con la mirada en los orbes ambarinos del contrario.

—Eres un maldito pendejo —graznó Kid.

—Sí, y es este "maldito pendejo" que te va a dar su sangre para que no termines con la cabeza en el suelo —Law sostuvo del cuello al pelirrojo y le miró serio, aunque a la vez cínico.

Los dos vampiros se quedaron mirando intensamente, hasta que lentamente, sus frentes se tocaron, era un gesto romántico con un trasfondo divertido, ya que se fulminaban con la mirada. Sin embargo, tratándose de ellos y de cómo su relación era por demás complicada, que hicieran ese tipo de actos en público, era una muy buena señal.

Fuera de eso, Zoro había llegado volando hasta donde yacía tirado Sanji; no hubo tiempo para que se dijeran algo o para mostrar sus miradas preocupadas, porque el rubio estaba casi por desfallecer, así que el vampiro lo mordió como tantas veces lo hacía.

Sanji gimió por lo bajo cuando esos gruesos colmillos se enterraron en su piel y tembló placenteramente, sintiendo como su sangre empezó a ser succionada a una velocidad impresionante, que lejos de quitarle vitalidad, se la estaba regresando. Porque al fin, Zoro había regresado, al fin ese tonto cabeza de alga lo estaba mordiendo y ya estaba con él.

El olor a sangre fue tan fuerte —porque de por sí el humano tenía un olor muy tentador—, que Bonney y Drake empezaron a sentir el deseo de la sed en su garganta, mas ninguno era tan imbécil como para lanzarse a quitarle el cordero al peliverde, no querían terminar como Kid, además, nadie se pondría para defenderlos.

—Lo mejor será que se vayan y ese complot quedará olvidado —anunció Mihawk, estando detrás de esos dos vampiros.

Los aludidos se sobresaltaron cuando miraron al gran e imponente Dracule Mihawk detrás suyo y que los veía con unos orbes oscuros y profundos, pese a sus ojos dorados. Con esa mirada que haría estremecer a cualquiera, nadie podía imponerse, mucho menos porque sentían las ganas de matar que tenía el vampiro, ya que después de todo, se habían ido en contra de su hijo al atentar contra el rubio.

Ni Drake ni Bonney dijeron algo, simplemente desaparecieron del lugar lo más rápido que pudieron y de forma silenciosa.

Kid y Law hicieron lo mismo, solo que ellos agarraron otro camino y sin tanta prisa, pues el primero estaba casi por desintegrarse, nada más buscaban un lugar lo suficientemente privado para que el ojigris hiciera uso de su sangre vampírica —misma que existía en ellos cuando no hacía mucho se habían alimentado— con el pelirrojo.

—Puedo imaginarme lo interesante que estuvo la reunión con Zoro —musitó Robin con una sonrisa cómplice.

—Más de lo que seguramente tú y Trafalgar especularon —contestó Mihawk, tan serio como siempre.

—Pensé no regresarías.

—Culpa de Madam Shyarly.

Robin simplemente rió bajito sin decir nada más y así como el resto, ella y Ojos de Halcón decidieron regresar a la mansión, dejando al peliverde y rubio ahí, para que hicieran lo que tenían que hacer. Sobre todo, porque necesitaban recuperarse, y bastante decía que Zoro llevaba cinco minutos prensado de la yugular del mundano y éste seguía encantado.

Todavía no podía creer lo cerca que estuvo de perder a Sanji, así que simplemente el peliverde no lo iba a soltar tan rápido.

—Es bueno tenerte de regreso…, Marimo estúpido —las manos del rubio apretaron la cabeza del vampiro, acercándolo más. Y como le faltaba aún para cobrar su consciencia por completo, fue más fácil que se expresara sin tanto orgullo de por medio.

Ya está bien, estoy contigo, Cocinerucho.

Así que sí, las mordidas iban para rato.


Una sonrisa aliviada y cómplice, se formó en los belfos de Madam Shyarly, mientras observaba su bola de cristal, que emitía diferentes tipos de luces y que solo la vampira podía leerlas, no por nada era la hechicera de su mundo y la mejor.

—Tonto Mihawk, tanto que me costó traer al viejo amor de Zoro de regreso y casi lo hechas a perder —dijo para sí misma, sabía que esas palabras le llegarían al vampiro de ojos dorados, después de todo, ella siempre estaba presente en muchas cosas.

También le alegraba el hecho de que la tontería que Kid estaba cometiendo, al final terminara trayendo cosas buenas para su relación con Law, o sino, ahora mismo el primer mencionado no tendría sus colmillos enterrados en la muñeca del pelinegro, bebiendo de la sangre de éste.

—Era justo que ese conflicto acabara.

Ella dio una calada a su cigarrillo de forma sensual, sacando el humo lentamente y movió su mano sobre la bola de cristal que tenía y se mostró complacida ante lo que el futuro le mostró, porque ella era una de las que apostaban a favor de Zoro, luego de haber escuchado el trato que él hizo con el Círculo.

—Parece ser que el humano tendrá una vida muy larga —rió por lo bajo y luego, tronó los dedos para apagar su esfera de cristal.


/Sábado 14 de Diciembre del 2013/

Zoro suspiró por enésima vez en la mañana, cuando llegaron a sus oídos las palabras lascivas y por demás subidas de tono que Kid y Law se decían, así como el sonido atronador de lo que sea que estaban rompiendo, mientras hacían lo obvio. Es decir, la habitación del ojigris estaba lejos de donde estaba la del peliverde, ¡y aun así se escucha como follaban! No con tantos detalles incluidos, pero teniendo un oído tan agudo, era algo muy difícil de ignorar.

Y es que desde que esos dos llegaron el jueves, no salieron de su habitación, aunque apenas ayer empezaron con todo el show y no se detuvieron para descansar… Es decir, llevaban teniendo sexo alrededor de doce horas aproximadamente. Se notaba lo mucho que su relación había mejorado desde que Zoro estuvo por matar al idiota de Kid.

—Pareces muy entretenido, Marimo, ¿acaso espías a tus amigos? —inquirió Sanji, dándose la vuelta para ver cara a cara al vampiro.

—Es que si tú fueras capaz de escucharlos te darías cuenta lo difícil que… —Zoro negó con la cabeza y fulminó con su mirada a nada en particular— Como sea, creo que no puedo quejarme, después de todo, tú y yo estuvimos haciendo bastante ruido estos días.

Era cierto. Luego de que el miércoles se hubiese tomado casi media hora para terminar de saciarse de la sangre del rubio, habían llegado a la mansión hasta meterse al cuarto y no pararon de hacer el amor hasta que Nami llegó a gritarles que parecían perros en celo y que se comportaran, porque Mihawk todavía seguía ahí. Y se detuvieron por la caballerosidad del ojiazul y porque el peliverde debía despedirse de su creador; algo que fue sumamente incómodo, teniendo en cuenta que Ojos de Halcón había escuchado todo lo que estaban haciendo y con ello le dejaron en claro algo muy interesante: que el vínculo que compartían Roronoa y Kuroashi iba más allá de la sangre.

Con eso, el no muerto terminó por completar su teoría respecto a esos dos y aunque no lo dijera, en la apuesta, sabía que su hijo ganaría.

—Tsk, ¡es tú culpa por haberte largado tanto tiempo, Cabeza de musgo! —chistó Sanji, sacando un cigarro debajo de su almohada, junto con el encendedor para prenderlo.

—Sí, también te extrañe, Cocinero de mierda —gruñó Zoro.

—Y de todos modos, ¿vas a contarme algo de lo que hiciste? —Sanji lo miró de reojo y dio una calada a su cigarro.

—Ese no fue el trato con tal de llevarte a tu casa otra vez —recordó Zoro.

—Te dije que no exigiría nada con lujo de detalles, pero no que no desearía saber por lo menos algo de lo que hiciste, Marimo mierdoso —Sanji le miró feo.

—Si quieres saber, tendrás que decirme qué hiciste tú mientras yo no estaba y con lujo de detalles —Zoro le dedicó una mirada seria.

A Sanji pudo venírsele a la mente cualquiera cosa, por ejemplo, que regresó a trabajar con Zeff y que debía llamarle porque llevaba desaparecido ya varios días y quería ahorrarse más regaños. Sin embargo, lo que llegó a la cabeza del muchacho, fue las veces que utilizó esos juguetes sexuales para masturbarse mientras pensaba en el peliverde.

Y definitivamente eso no era algo que le iba a contar, ¡claro que no!

—Vete a la mierda, Marimo bastardo —le fulminó con la mirada.

—Law me comentó que te divertías en tu baño mientras no estaba —zanjó Zoro, aparentemente serio, mas luego sonrió de forma complacida y juguetona, como solo él podía—. Seguro que si le pregunto a él, me lo dirá.

— ¡CLARO QUE NO, JODER! —la cara de Sanji se ruborizó y casi se ahoga con su cigarro. ¡Ese maldito de Law! ¡¿Acaso me escuchaba cuando yo me estaba…?!

Zoro enarcó una ceja.

—Si no quieres decírmelo, tendrás que demostrármelo con tus acciones, Ero-cook —con su dedo índice acarició un pezón ajeno hasta que se erecto y deslizó su mano hasta el vientre del mismo.

—Te odio, Marimo desgraciado —Sanji frunció el ceño, molesto, pero el pequeño rubor en su cara, contradecía sus palabras.

—Tan sincero como siempre, Cocinerucho —Zoro ensanchó su sonrisa y besó al rubio.

Ninguno de los dos expresaría tan fácilmente en palabras las emociones de amor tan fuertes, al menos, no en éste momento cuando sus orgullos peleaban de alguna manera un tanto infantil. Pero eso no significaba que los besos que se daban, no hablaran por ellos y mucho mejor, sin tantos rodeos.

Porque los labios de Zoro y Sanji expresaban en esos perfectos ósculos, que se pertenecían el uno al otro.

Estaban marcados no solo por la sangre, sino en cada que hacían el amor, en cada que unían sus almas, justo como ahora.


Y eso ha sido todo, mis pequeños saltamontes x'D.

Por supuesto que no le iba a hacer ningún daño a nuestro Sanji, ya estaba sufriendo bastante y tampoco dejaría a Zoro sin su amor, luego de que lo volvió a reencontrar(?). Aparte que éste problema trajo cosas muy buenas para la relación entré Kid y Law, jeje, que aunque no hay muchas escenas de ellos, me encariñé bastante con esa pareja xDDDDDDDDDDDD.

Bueno, ¡anímense a dejarme sus comentarios! Ya saben que me encanta saber sus opiniones respecto al capítulo; cómo se sintieron, qué pensaron y qué creen que podrá pasar uwu.

Los estaré viendo más pronto de lo que se imaginan. (?)