Disclamer: Es una adaptación, ni los personajes ni la trama son míos. Son de dos autoras geniales, Meyer y Milburne.

Después de dejar a los chicos en el colegio, Edward guardó silencio unos minutos antes de abordar el tema del mensaje que Bella había recibido de Jacob.

—Aunque me disgusta que mi sobrino haya aga rrado tu teléfono móvil para ver tus mensajes, me pregunto si no me has mentido respecto a no haber seguido en contacto con Jacob Black.

—No te he mentido —respondió Bella—. Llevo seis o siete semanas sin ver a Jacob.

—Pero has entrado en contacto con él reciente mente.

—Sí… quería preguntarle sobre aquella noche. Pensé que me podía ayudar a recordar lo que pasó.

Edward respiró profundamente.

—Yo puedo ayudarte a refrescar la memoria. Esta bas acostada en su cama desnuda…

—No sigas, por favor —le interrumpió Bella lle vándose una mano a los ojos.

—Es verdad, Bella. Dices que no te acuerdas de nada, pero te acostaste con él. Tú misma lo has di cho. No hay duda posible.

—Lo sé… —dijo ella en un ahogado susurro—. Él me lo dijo también a mí.

Edward le lanzó una soslayada mirada.

—¿Te dijo lo que ocurrió? ¿Quién empezó?

—¿Qué más da eso? Jamás me lo perdonarás, así que no tiene importancia. Ni siquiera te importa que no pueda recordarlo. En lo que a ti concierne, te trai cioné acostándome con otro hombre. Ni siquiera se te ha pasado por la cabeza que pueda haber otra ex plicación.

—¿Qué otra explicación? —preguntó Edward—. Por el amor de Dios, Bella, te vi en su cama.

—Sí, lo sé. Y yo vi las fotos que Angela Weber te en vió, pero resultaron ser falsas —observó Bella.

Edward paró el coche delante de su casa.

—Si hubiera otra explicación, me gustaría saber cuál es y quién me la va a dar porque, según parece, tú no te acuerdas de nada.

—¿No crees que sea verdad que no me acuerdo? —preguntó ella con creciente angustia—. ¿Te das cuenta de lo horrible que es despertarse en la cama de un amigo y no acordarse de cómo se llegó a ese punto?

Edward recordó lo que Renné Swan había dicho después de la cena.

—¿Bebiste aquella noche? —preguntó él por fin.

—Bebí algo, pero no mucho. Casi nunca bebo por que el alcohol me produce migraña. Estaba muy dis gustada… después de nuestra pelea. Fui a casa de Jacob porque quería desahogarme. Estaba empe zando a darme una migraña y sabía que si no to maba alguna pastilla, estaría mala durante días.

—¿Qué tomaste?

Bella frunció el ceño, tratando de recordar.

—No estoy segura… Jacob me dio un calmante que le habían dado cuando se torció un ligamento de la rodilla. Era un calmante muy fuerte porque, al poco de tomarlo, me sentí mareada… pero también podía haber sido debido a que llevaba todo el día sin comer.

—En resumen, que no te acuerdas de cómo aca baste en la cama de Black, ¿es eso?

Bella asintió.

Edward lanzó un suspiro, salió del coche y la ayudó a salir. Una vez dentro de la casa, él se volvió hacia ella.

—Lo de verle el viernes, ¿es sólo porque quieres que te ayude a recordar?

—Sí. Jacob se va a ir a vivir a Canadá dentro de un mes más o menos. Cuando le llamé, no parecía entu siasmarle la idea de verme, pero ha debido de reca pacitar.

Edward la miró intensamente.

—Espero de todo corazón que no me estés min tiendo, Bella.

—No te estoy mintiendo, Edward.

—No quiero que vayas sola a su casa. De hecho, te lo prohíbo terminantemente —dijo Edward al cabo de unos segundos.

Bella le miró con angustia.

—Edward, tengo que ir sola. Jacob no consentiría en verme si me acompañara otra persona. A él tam bién le avergüenza lo ocurrido. Se negaría a darme detalles tan íntimos delante de alguien más.

Detalles tan íntimos como su embarazo, pensó ella con suma angustia.

—No vas a ir sin mí.

—No puedes darme órdenes, Edward. No voy a consentirlo.

—Eres mi esposa, Bella. No voy a permitir que vayas a la casa de otro hombre sola.

—No puedo dar crédito a mis oídos —respondió ella con furia—. Ya no soy tu esposa, pronto voy a ser tu ex esposa.

—Eres mi mujer, Bella, y lo serás hasta que yo lo diga.

Bella le miró con incredulidad.

—¿Qué has dicho?

—He decidido que vamos a seguir casados el tiempo que yo decida —contestó él con decisión.

—Esto es una locura.

—Quizá lo sea, pero estoy disfrutando esta locura —comentó él agarrándola y atrayéndola hacia sí—. Puede que ya no estemos enamorados, pero aún nos deseamos.

—¿Y qué va a decir tu amante cuando se entere? —preguntó ella con mirada colérica.

—Tendrá que aceptarlo —respondió él.

—No te importa herir los sentimientos de ella o de cualquier otra mujer, ¿verdad? Lo único que te im porta es lo que tú quieres.

—Lo que quiero es a ti, Bella, y eso es lo único que me importa en estos momentos.

—Lo que quieres es que pague mi infidelidad, eso es lo que quieres —dijo ella con amargura.

—¿Te parece extraño? Fuiste tú quien destrozó nuestro futuro.

—No lo habría hecho si me hubiera sentido más segura en mi matrimonio —contestó Bella.

—Eso es una tontería —dijo Edward con enfado—. Estaba trabajando para lograr que nuestra vida tu viera una base sólida, deberías haberte dado cuenta de ello en vez de comportarte como una niña mi mada. Te adoraba, Bella. Eras mi vida entera.

Los ojos de ella se llenaron de lágrimas.

—Y tú la mía… Te quería tanto… Aún te quiero.

Al instante, Edward la soltó. Su expresión se convirtió en una máscara.

—En ese caso, tienes una forma extraña de demos trarlo.

Bella le miró con expresión atormentada.

—¿Sientes algo por mí, Edward… a pesar de lo que hice?

Edward tardó unos segundos en contestar y no fue la respuesta que ella esperaba.

—Si lo que quieres es una declaración de amor, vas a llevarte una desilusión —contestó Edward—. No siento amor por ninguna mujer y menos por ti. Desde tu infidelidad, mis relaciones han sido pura mente carnales, nada más. Debo darte las gracias por la lección; aunque, por supuesto, debería ha berla aprendido mucho antes, con lo que hizo mi madre. Mi madre utilizó a mi padre igual que tú lo has hecho conmigo.

A Bella se le encogió el corazón al perder la es peranza.

—Comprendo tu amargura; de haber ocurrido al contrario, yo estaría igual que tú —dijo ella—. Pero… ¿no puedes perdonarme?

—No, no puedo —respondió Edward con mirada dura.

—En ese caso, no tiene sentido seguir hablando —dijo ella con un nudo en la garganta.

—¿Es por eso por lo que te has entregado a mí con tanta facilidad? —le preguntó Edward tras una tensa pausa—. ¿Para que volviera a aceptarte en mi vida?

Ella le miró con expresión aturdida.

—¡No, claro que no! Me puse en contacto contigo por los chicos.

—¿Lo planeaste con ellos? —preguntó Edward con mirada recelosa.

—¿Qué estás diciendo?

—No te hagas la inocente, Bella. Debería haberlo supuesto.

—¿Qué?

La expresión de Edward mostró un profundo des dén.

—No te gustaba cómo iba el divorcio, así que de cidiste crear una situación que nos obligara a estar juntos con la esperanza de ablandarme para cuando llegara el momento final del divorcio.

—¡Eso no es verdad! ¡Yo no he planeado nada!

—Debo admitir que me impresiona el lavado de cerebro que le has hecho a Emmet —continuó Edward—. Desde luego, está representando muy bien su papel.

—Yo no sabía nada del problema de los chicos hasta que mi madre me llamó y me lo dijo —declaró Bella—. Emmet no me había contado nada.

—Vamos, Bella, ¿esperas que me crea eso des pués del teatro de esta noche?

Confusa, Bella se lo quedó mirando.

—¿Qué teatro?

— Anthony sabía demasiado —contestó Edward—. Sa bía que habías estado en contacto con Black, ¿por qué si no iba a mencionar tu teléfono móvil y luego iba a traérmelo para que viera el mensaje de tu amante?

—Ha debido de sospechar algo. No sé…

— Anthony te quería mucho —continuó Edward—. Hasta lo de tu infidelidad, pensaba que tú eras lo mejor de mi vida.

—Lo sé —Bella, avergonzada, bajó la cabeza.

—¿Así que niegas haberte confabulado con los chicos? —preguntó Edward después de otro silencio.

—Sí, claro que lo niego. Me sorprendió tanto como a ti que ya no fueran amigos.

Edward la miró fijamente durante unos segundos eternos.

—Yo no me he confabulado con nadie, Edward —dijo Bella—. ¿Por qué iba yo a pedirle a Anthony que me insultara como lo ha hecho?

—Entonces, ¿crees que se han confabulado ellos solos? —preguntó Edward frunciendo el ceño.

Bella bajó la mirada y se mordió los labios.

—No lo sé, aunque es posible. Emmet estaba muy preocupado por mí…

—¿Preocupado? ¿Por qué?

Bella alzó el rostro para mirarle y volvió a bajar los ojos antes de contestar:

—Creo que Emmet pensaba que yo estaba depri mida.

—¿Y lo estabas? —preguntó él suavizando la voz.

—Un poco —confesó ella—. Bueno, bastante…

Edward lanzó un suspiro y se pasó una mano por el cabello. Luego, la miró fijamente a los ojos y dijo:

—Me parece que no eres tan caprichosa y tan re belde como aparentas. Es una imagen que das con el fin de ocultar tu vulnerabilidad.

Bella se mordió los labios y guardó silencio.

—Quedan tres semanas para que los chicos termi nen los exámenes —dijo él—. Tú aún tienes que termi nar el proyecto de fin de carrera, que debe de ser bastante difícil. Lo que propongo es que pasemos estas tres semanas haciendo lo que deberíamos ha ber hecho al casarnos: aprender a convivir.

—¿Y cómo vamos a hacerlo? —preguntó ella.

—Ven aquí y te lo demostraré —los ojos negros de Edward la atraían como un imán.

Bella se acercó a él y el corazón empezó a latirle con fuerza en el momento en que se encontró en los brazos de Edward. Y tembló cuando los labios de él rozaron los suyos.

Edward buscó entrada con la lengua y ella se la franqueó. Edward le puso las manos en las nalgas, estrechándola contra su cuerpo, haciéndole sentir su erección, recordándole la pasión que había entre los dos.

Por fin, Edward apartó la boca de la suya.

—Creo que deberíamos terminar esto en la cama, ¿te parece bien?

—Sí, me parece bien.

Edward la miró fijamente a los ojos.

—¿Me sigues queriendo, Bella?

Ella sonrió con tristeza.

—Sí, aún te quiero.

—En ese caso, suspende tu encuentro con Black —dijo Edward al tiempo que agarraba el bolso de ella y le daba el teléfono móvil—. Envíale un mensaje diciéndole que no vas a verle… nunca más.

Bella titubeó.

—Hazlo, Bella —le ordenó Edward—. Si algún pe riodista se enterase de que aún te ves con tu amante, nuestra farsa saldría a la luz. Hazlo.

Bella tecleó el mensaje y lo envió.

—¿Satisfecho? —preguntó ella.

—No del todo —Edward la alzó en sus brazos—. Pero la noche es joven aún.

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Se que merezco que me envíen a los Vulturi, pero volvi aquí estoy y por que las quiero dejo 2 cap. Ya se van dando muchas pistas para concluir la historia, espero que les guste.

Les doy mil gracias a quienes me leen me dejan sus reviews y sus alertas, las quiero mucho. BESOS LAS QUIERO