Disclamer: Es una adaptación, ni los personajes ni la trama son míos. Son de dos autoras geniales, Meyer y Milburne.
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—¿Qué tal te ha salido el último examen? —le preguntó Bella a Emmet al final de la semana siguiente.
—Creo que bien. Me alegro de haber terminado —respondió Emmet revolviendo su batido de leche con la pajita.
—¿Qué tal con Anthony?
—Bien. Tan pronto como se enteró de que estabas embarazada, creo que se ha convencido de que todo marcha bien entre tú y Edward.
—Menos mal —dijo Bella—. De todos modos, Emmet, no comprendo por qué esperaste tanto tiempo para hablarnos de los problemas que tenías con él. ¿Por qué?
—Bueno… —dijo Emmet bajando la mirada.
—¿Qué pasa, Emmet?
—Se supone que no debería decirte nada.
—¿Decirme qué?
Emmet no pudo evitar sonreír.
—Es verdad que Anthony y yo estábamos algo más distanciados desde que tú y Edward os separasteis, pero al final solucionamos nuestras diferencias. Desde luego, no nos enfadamos tanto como para que hu biera peligro de que nos expulsaran.
Bella se quedó boquiabierta.
—¿Quieres decir que ha sido una farsa?
—Sí —respondió Emmet con honestidad.
Bella se recostó en el respaldo del asiento.
—¿De cuál de los dos fue la idea?
—De ninguno de los dos.
—Entonces, ¿de quién?
—He prometido no decírtelo.
Bella, inclinándose hacia delante, le agarró la mu ñeca.
—Emmet, tienes que decírmelo. ¿Fue Edward?
Emmet negó con la cabeza.
—¿Mamá?
Emmet volvió a sacudir la cabeza.
—¿Papá?
—No, y deja de preguntármelo porque no te lo voy a decir.
Bella le soltó la muñeca.
—No se me ocurre quién más puede haber sido —dijo ella frunciendo el ceño.
—Evidentemente, alguien que no quería que os di vorciarais —declaró Emmet.
—¿Quién, entonces? ¿Por qué no puedes decír melo? Es muy importante, Emmet.
—¿Por qué es importante? —preguntó él—. Ya es táis juntos otra vez, eso es lo único que importa.
Los chicos ya habían acabado los exámenes y, además, Bella estaba cansada de fingir ser feliz cuando no lo era. Lo confesó todo.
—Lo que más deseo en el mundo es tener este hijo —concluyó Bella—, el pobre no tiene la culpa de nada. Pero Edward no me ama.
—Eso no es verdad, Bella. Edward te quiere, de eso no me cabe la menor duda.
Bella sacudió la cabeza con tristeza.
—No, no me quiere, Emmet. Me lo ha dicho. No me ha perdonado lo ocurrido aquella noche. Y ahora que no estoy segura de quién es el padre del niño, creo que jamás me perdonará.
—¿Y qué vas a hacer?
Bella lanzó un suspiro.
—No lo sé. Edward me ha ofrecido seguir casado conmigo por el bebé, pero yo no quiero vivir con un hombre que no confía en mí. No lo soportaría.
—Te ha pasado lo mismo que a mamá, ¿eh?
Bella miró a su hermano a los ojos.
—¿Sabías eso?
Emmet asintió.
—Sí, hace unas semanas les oí discutiendo sobre ese asunto.
Bella volvió a suspirar.
—Ahora comprendo por qué papá siempre ha sido tan duro conmigo. Supongo que, en el fondo, no ha podido evitar dudar que fuera hija suya. Tengo miedo de que pase lo mismo con mi bebé.
—Pero podría ser de Edward, ¿no? —dijo Emmet.
—Sí. Está esperando a que me hagan la prueba de ultrasonido con el fin de tener una idea más clara sobre cuándo me quedé embarazada. Tengo una cita con el ginecólogo y Edward me va a acom pañar.
Emmet se quedó pensativo unos momentos.
—¿Le has dicho a Jacob lo del embarazo?
—Sí.
—¿Y qué ha dicho él?
—Ha dicho que no cree que sea suyo.
—En ese caso, vas a tener que encontrar la forma de convencer a Edward de que él es el padre.
—Sí, ¿y cómo?
Emmet se quedó pensativo y Bella agarró la cuenta de la cafetería.
—Bueno, será mejor que nos vayamos ya. Tengo que volver a casa —dijo Bella—. Edward ha invitado a su hermana Alice y a Anthony a cenar esta noche y no quiero llegar tarde.
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—Hola, Bella —dijo Alice acercándose a Bella para darle un beso en la mejilla—. Estoy encantada de verte otra vez. No sabes lo que me alegro de que Edward haya suspendido la petición de divorcio.
—Gracias, Alice. Yo también me alegro de verte.
—Y enhorabuena por el embarazo —añadió Alice—. ¿Cómo te encuentras?
Bella hizo lo posible por ignorar el dolor que ha bía empezado a sentir en el vientre aquella tarde después de volver a la casa mientras hablaba con Edward y le contaba lo que Emmet le había dicho res pecto a su falsa extrema enemistad con Anthony.
—Estoy algo cansada, pero es normal —respondió Bella.
— Anthony, saluda a tu tía —le dijo Alice a su hijo.
Anthony se acercó a Bella con expresión titubeante.
—Hola, Bella.
—No te preocupes —le dijo Bella en voz baja mien tras Alice cruzaba el salón para aceptar la copa que su hermano le había preparado—. Emmet me ha con tado lo que habéis hecho.
—Siento haberme excedido —dijo Anthony —. Quería ser convincente delante de mi tío.
—Y lo has sido, no te quepa duda de ello —respon dió Bella—. No obstante, como dije aquella noche que fuimos a cenar a la pizzería, cometí un error del que siempre me arrepentiré.
—El tío Edward te ha perdonado y eso es lo que importa —contestó Anthony —. Yo estoy dispuesto a ha cer lo mismo.
—Gracias, Anthony . Te lo agradezco sinceramente.
Edward alzó su copa a modo de brindis mientras se acercaba a su esposa y a su sobrino.
—Por el fin de curso —dijo Edward.
Bella fue a por su copa, que había dejado encima de una mesa de centro, pero se desplomó en el suelo al sentir una intensa punzada de dolor en el vientre.
—¡Bella! —Edward se arrodilló a su lado al ins tante, su expresión era de suma preocupación—. Bella, ¿qué te pasa?
Ella, con expresión de pánico, se agarró el vien tre.
—Creo que… lo voy a perder…
—¿Al bebé?
Bella asintió conteniendo un grito de dolor.
—Voy a llamar a una ambulancia —dijo Alice co rriendo hacia el teléfono mientras llamaba a Janea gritos—. ¡Jane! Unas toallas, rápido.
Edward llevó a Bella a un pequeño dormitorio que había al lado de su estudio y su expresión fue de horror al verse las manos manchadas de sangre.
—Oh, Dios mío…
Bella cerró los ojos.
—No, no…
—Tranquila, cariño —dijo Edward acariciándole la frente—. No hables. Enseguida vendrá la ambulancia y te llevaremos al hospital. Tranquila, tesoro, tranquila.
El médico apareció en la sala de espera donde se encontraban Edward, Alice y Anthony.
—Señor Cullen…
—¿Cómo está mi esposa? —preguntó Edward con el rostro pálido como la cera.
—Está bien y el feto también está bien —respondió el doctor Gerardy—. Su esposa está embarazada de dieciséis semanas, por lo que estará completamente fuera de peligro en una o dos semanas más. Creía que lo iba a perder, pero ha dejado de sangrar y, siempre y cuando descanse durante las dos próxi mas semanas, todo irá bien.
Edward, abrumado, se quedó en silencio delante del médico.
—¿Se encuentra usted bien? —le preguntó el doc tor al ver su extrema palidez.
Edward tragó saliva.
—Sí… sí, estoy bien. No sabía que estuviera em barazada de… de tanto tiempo.
—Bueno, es difícil establecer el tiempo del emba razo hasta que no se hace la prueba de ultrasonido.
—¿Puedo verla?
—Está ligeramente sedada —respondió el doctor Channing—. Pero sí, puede verla. Al parecer, llevaba algún tiempo sintiéndose mal. El análisis de sangre muestra que ha sido atacada por un virus no hace mucho. ¿Ha tenido gripe últimamente?
Edward se avergonzó de sí mismo por no ha berse dado cuenta de lo enferma que Bella había estado.
—Sí, así es.
—Está baja de hierro —le informó el médico—. He pensado en hacerle una transfusión de sangre, pero con buena alimentación y descanso no será necesa rio. Los tres primeros meses del embarazo son los más difíciles.
—Gracias —dijo Edward—. Yo cuidaré bien de ella.
El médico sonrió.
—Es una mujer muy afortunada. Veo demasiadas mujeres sin el apoyo de un marido en momentos tan difíciles como éstos. Les deseo lo mejor.
Las palabras del médico se le clavaron a Edward en el pecho. Él no había apoyado a Bella cuando le había necesitado más que nunca. Bella llevaba ya dos semanas embarazada cuando aquella horrible pelea tuvo lugar.
—Nosotros nos vamos a casa —dijo Alice tocán dole el brazo—. Si necesitas algo, no tienes más que llamarnos.
Edward miró a su hermana y a su sobrino y forzó una sonrisa.
—Gracias por acompañarme. Os lo agradezco de verdad.
—No digas tonterías —dijo Alice—. Pero ahora, es a ti a quien Bella necesita.
Edward lanzó un suspiro.
—Sí, lo sé.
—Bella, ¿me oyes? —preguntó Edward.
Bella murmuró algo incomprensible, pero no abrió los ojos.
—Te amo, tesoro mío —dijo él acariciándole el ros tro con las yemas de los dedos—. He sido un imbécil. Nunca he dejado de quererte.
—¿Jacob?
Edward se quedó helado.
—¿Eres tú? —dijo ella moviendo la cabeza a dere cha e izquierda, aún sin abrir los ojos—. Estaba espe rándote…
Edward retiró las manos de ella y se separó de la cama con profunda desesperación. Bella estaba in consciente y, sin embargo, había mencionado el nombre de Jacob Black. ¿No explicaba eso todo lo que necesitaba saber? Él jamás sería la persona a quien Bella acudiera en los momentos difíciles.
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Bueno aquí está el penúltimo capitulo, creo que no he actualizado porque no quiero que se acabe, pero ya ni modo, espero que les guste. Me encanta ver que este proyecto que empezó como solo un hobbie se ha convertido en parte de mi vida, aunq sea una adaptación me encanta ir detalle con detalle cuadrando la historia con las características de mi amado Edward y la hermosa Bella. Agradezco a quienes me dejaron sus reviews y sus alertas, agradezco de todo corazón a mi buena amiga Martha por su apoyo y seguimiento, esto es por ti amiga….
En segundos actualizo el ultimo capi…..
