Disclamer: Es una adaptación, ni los personajes ni la trama son míos. Son de dos autoras geniales, Meyer y Milburne.

Bella se despertó cuando una simpática enfermera le dijo:

—Señora Cullen, sus padres están aquí. ¿Le apetece verlos o prefiere que les diga que está dur miendo?

Bella se incorporó en la cama con gran esfuerzo.

—Sí, dígales que pasen.

—¡Pobre hija mía! —exclamó Renné al entrar en la habitación y acercarse a la cama de Bella para darle un tierno abrazo—. Edward nos ha llamado para de cirnos que estabas en el hospital. ¿Cómo te encuen tras? ¿Y el niño?

—Los dos estamos bien, mamá —respondió Bella apretando la mano de su madre.

Su padre se le acercó y le puso una mano en el hombro.

—Bella… —Charlie tragó saliva—. Bella, hija, he sido un estúpido. Tu madre me ha dicho que ha béis hablado y… No sé qué decir, excepto que te quiero y que espero que te recuperes lo antes posi ble.

Bella extendió los brazos hacia él y encontró consuelo en el abrazo de su padre. Luego, cuando se separaron, le conmovió ver el brillo de sus ojos.

—¿Cuándo te van a dar el alta? —le preguntó su madre.

—No estoy segura. Creo que mañana.

—En ese caso, nos vamos para que descanses —dijo su padre—. Edward está ahí fuera. Llámanos si necesitas algo. Y cuando te encuentres mejor, prepa raremos una parrillada en el jardín o algo.

Bella sonrió a su padre.

—Estupendo, papá.

Charlie se agachó para besarla en la cabeza.

—Cuídate mucho, princesa.

—Lo haré.

Edward parecía agotado y decaído cuando entró en la habitación después de que sus padres se mar charan.

—Creía que ibas a morir —dijo él—. No puedo per donarme no haberte cuidado mejor.

Bella le agarró la mano y se la llevó al vientre.

—Es tuyo, Edward —dijo ella con voz queda—. El bebé es tuyo.

—Lo sé —Edward tragó saliva—. El médico me ha dicho que estás embarazada de cuatro meses. ¿Po drás perdonarme?

Bella parpadeó para contener las lágrimas.

—No tengo nada que perdonarte. Tú no has hecho nada malo. Fui yo, ¿o se te ha olvidado?

Edward apartó la mano y comenzó a pasearse por la habitación. Al cabo de unos segundos, se volvió a ella y la miró fijamente.

—No quiero que nos divorciemos, pero voy a poner una condición, que jamás veas ni hables ni men ciones el nombre de Jacob Black.

—Síes eso lo que quieres…

—Es un requisito indispensable para evitar el di vorcio, Bella —dijo él—. No quiero vivir el resto de nuestras vidas bajo el espectro de ese hombre.

—Lo comprendo.

—No estoy dispuesto a perderte otra vez —dijo Edward con voz ahogada por la emoción—. Te quiero demasiado.

Bella respiró profundamente.

—¿Lo dices porque ahora ya estás seguro de que fuiste tú quien me dejó embarazada?

Edward frunció el ceño.

—No, claro que no. ¿Cómo se te puede ocurrir se mejante cosa?

—Porque me has dicho muchas veces que ya no me querías —respondió ella—. También has dicho que nunca me perdonarías, que había destrozado nuestro matrimonio.

Edward se pasó una mano por el cabello.

—Sé lo que he dicho, pero la verdad es que quiero que vuelvas a mi lado.

—¿Por el niño?

—Bella, aunque no fuera mi hijo habría querido que te quedaras conmigo —insistió él—. Iba a decír telo anoche, cuando Alice y Anthony se marcharan.

Bella quería creerle, pero no podía estar segura de la veracidad de las palabras de él. Además, el he cho de que Edward le prohibiera siquiera mencionar el nombre de Jacob indicaba que no la había perdo nado.

—¿Me quieres de verdad? —preguntó ella con voz apenas audible.

Edward se sentó en el borde de la cama, le agarró una mano y se la besó.

—Te adoro, mi vida. Te necesito. Las últimas ho ras han sido un infierno para mí pensando que iba a perderte para siempre. Pero esto ha hecho que me diera cuenta de muchas cosas, como acusarte de es conder la cabeza en la arena cuando yo estaba ha ciendo lo mismo.

A Bella se le llenaron los ojos de lágrimas mien tras Edward le besaba los dedos de la mano.

—Estoy deseando que vuelvas a casa —añadió Edward—. He estado hablando con el médico mientras tus padres estaban aquí y me ha dicho que puedes volver a casa mañana por la mañana.

Cuando Edward fue a recogerla a la mañana si guiente, Bella se dio cuenta de que pasaba algo. Él le dio un beso, pero fríamente y, mientras la llevaba al coche para ir a la casa, apenas le dirigió la pala bra.

—¿Qué ocurre? —preguntó ella una vez que hubie ron emprendido el trayecto.

—Me parece que no has visto el periódico esta mañana —respondió él con voz gélida.

—No…

Edward respiró profundamente y, echando una mano hacia el asiento de atrás, agarró un periódico y se lo dio.

—¿Hablaste con alguien sobre las dudas que tenías de que yo no fuera el padre del niño? —preguntó él.

Bella leyó la portada del periódico y exclamó:

—¡No, no es posible!

—¿Se lo dijiste a alguien… o no te acuerdas?

Bella empalideció al instante por el significado latente de esas palabras.

—Lo siento… lo siento… —dijo ella mordiéndose los labios.

Edward dejó escapar un suspiro.

—Olvídalo, Bella. Es lo que ambos tenemos que hacer, olvidarlo.

—Jane te ha hecho un caldo de pollo —dijo Edward una vez que estaban en la casa—. Le diré que te lo suba a la cama.

—Gracias.

—Hasta que te encuentres mejor, dormiré en una de las habitaciones de invitados —dijo Edward tras una breve pausa—. El médico ha dicho que necesitas descansar.

Bella sintió una profunda tristeza e intentó son reír mientras se encaminaba hacia las escaleras.

—Espera, Bella.

Edward se acercó a ella y, tomándola en sus bra zos, la subió hasta la habitación y la tumbó en la cama con sumo cuidado.

—Y ahora, descansa —dijo él con voz carente de emoción—. Yo tengo que ir a la oficina a recoger al gunas cosas, pero volveré dentro de una hora o un poco más.

Bella le vio partir, deseando algo que no tendría jamás…

Que Edward confiara en ella.

Una hora después de que Edward se marchara, Jane apareció en la habitación con cara de preo cupación.

—Bella, tiene una visita, pero no estoy segura de que al señor Cullen le haga gracia —dijo Jane.

—¿Quién ha venido?

—Jacob Black.

Bella se incorporó hasta sentarse en la cama.

—Hágale pasar, Jane. Me gustaría hablar con él.

—El señor Cullen me ha dicho que nunca permi tiera…

—El señor Cullen no está aquí en estos momentos y, si yo quiero ver a alguien, él no puede impedír melo —dijo Bella con decisión—. Además, tengo algo importante que decirle.

Jane lanzó un suspiro, se marchó y, al cabo de un minuto, volvió con Jacob.

—Esperaré ahí fuera por si me necesita —dijo Janea a Bella.

—Gracias, Jane; pero, si no le importa, prefe riría que nos dejara a solas tranquilamente.

Jane lanzó a Jacob una gélida mirada y se marchó.

—Tenía que verte antes de marcharme, Bella —dijo Jacob una vez que se encontraron a solas.

—No eres tú el padre, Jacob —declaró Bella sin preámbulos—. Ya estaba embarazada cuando fui a tu casa aquella noche. Estaba embarazada de dos se manas.

—Lo sé. Por eso precisamente he venido. Tengo que confesarte algo que te va a… a sorprender.

Bella guardó silencio.

—Bella, me gustaría hablarte de la persona de la que estoy enamorado.

—Me alegro mucho por ti, Jacob. Y me alegro de que te vayas a Canadá, sé que siempre te ha gustado mucho viajar y…

—Bella —dijo Jacob, interrumpiéndola—, deja que te explique… Verás, durante la adolescencia, lo pasé mal. Tú eras mi mejor amiga y te lo contaba todo… excepto una cosa que jamás te conté, una cosa que nunca le conté a nadie.

Bella, inconscientemente, contuvo la respiración.

Jacob la miró fijamente a los ojos.

—He pasado años fingiendo ser alguien que no era, pero ya no puedo seguir fingiendo.

Bella frunció el ceño, intentando comprender algo que escapaba completamente a su entendi miento.

—Bella, estoy profundamente enamorado de una persona, enamorado como quería estarlo de ti, pero no podía. La persona de la que estoy enamorado es… es un hombre.

Bella abrió los ojos desmesuradamente.

—¿Estás diciendo que eres… que eres homose xual?

Jacob asintió.

—Lo sé desde que tenía catorce años. Aún no se lo he dicho a mis padres. Ya puedes imaginar lo que van a pensar. Por eso es por lo que voy a marcharme a Canadá. No soportaría decirles a mis padres, a la cara, que soy homosexual.

—Pero ¿entonces? —Bella se humedeció los la bios—. ¿Qué pasó aquella noche? ¿Por qué te acos taste conmigo?

Jacob la miró con profunda agonía.

—No nos acostamos juntos, Bella.

Ella se quedó helada.

—¿Quieres decir que no hubo sexo entre los dos?

Las mejillas de Jacob se encendieron.

—No, no hubo nada entre los dos. Tú vomitaste y te manchaste toda la ropa y yo te llevé a la ducha y luego te llevé a mi cama; después, puse tu ropa en la lavadora. Como no tenía otro sitio donde acostarme, me acosté en la misma cama. Eso es todo.

—Pero tú dijiste que…

—Sé lo que dije. Cuando Edward apareció, estaba enfadado con él por haberte hecho sufrir con su su puesta infidelidad. Dos días después me enteré de que él no te había sido infiel, pero ya era demasiado tarde.

—Pero… pero… ¿Por qué no dijiste nada luego? —preguntó Bella—. ¿Por qué me has dejado creer todo este tiempo que me había acostado contigo?

—Me pareció que te hacía un favor —contestó Jacob—. Aquella noche, estabas muy disgustada. Me dijiste que odiabas a Edward y que querías divor ciarte de él. Al cabo de unos días, cuando tuve tiempo de pensarlo mejor, me di cuenta de que debías de haber dicho eso porque estabas muy enfadada en aquel momento; sin embargo, cuando los periódicos empezaron a escribir sobre el asunto, me resultó imposible retractarme de lo que había dicho que había ocurrido.

—¿Por qué no pudiste hacerlo? —preguntó ella sin comprender.

Jacob le lanzó una mirada agonizante.

—Bella, mi padre me había prometido darme di nero para montar mi negocio de diseño de muebles, era una oportunidad maravillosa para exportar mis diseños. Sabía que si mi padre se enteraba de que yo era homosexual, no me daría ni un céntimo. Los pe riódicos me hicieron un favor al decir que yo era tu amante.

—¿Y qué hay de lo que los periódicos me hicieron a mí?

Jacob tragó saliva.

—Lo sé, Bella. Pero sólo me di cuenta de ello al cabo de unos días. Al igual que tú, yo estaba con vencido de que Edward te había sido infiel. Creía que te estaba ayudando a darle una lección.

Bella intentó asimilar lo que Jacob le había di cho.

—Así que yo no hice nada contigo… —dijo ella con voz distante—. Yo no le he sido infiel a Edward, a pesar de llegar a odiarme a mí misma por creer que sí lo había sido.

—Por favor, Bella, perdóname —dijo Jacob—. Me he portado como un cobarde, pero todo va a cambiar a partir de ahora. He hablado con mi novio, Mark y, una vez que celebremos la ceremonia en Canadá, se lo vamos a decir a mis padres. Mark también me ha ayudado a reconocer que tenía que aclarar las cosas contigo. Por eso se me ocurrió la idea de ponerme en contacto con Anthony y Emmet.

Bella abrió mucho los ojos.

—¿Fuiste tú?

—Sí. Me enteré de que habías estado mala y sos peché que sentías haberte separado de Edward. No estaba seguro de que mi plan fuera a salir bien, pero los chicos me siguieron la corriente. Emmet estaba convencido de que funcionaría. Emmet estaba con vencido de que Edward te seguía queriendo.

—El problema es que Edward no me creía —dijo Bella—. Ni siquiera cuando le dije que no recordaba nada de aquella noche.

—Ya, debió de ser por los calmantes que te di —dijo Jacob—. Me di cuenta demasiado tarde de que no se podían tomar después de beber alcohol, con el alcohol producen un efecto anestésico. No bebiste casi nada, pero lo suficiente. Te dormiste y tardaste horas en despertarte.

—Y Edward me vio en tu cama.

Jacob volvió a ruborizarse.

—Lo sé. Debería haberle dicho lo que había pa sado, pero quería que creyera que te habías acos tado conmigo. Quería que todo el mundo lo pensara con el fin de que nadie se fijara en mi relación con Mark.

Bella se estremeció.

—¿Cómo has podido hacerme esto, Jacob? ¿Cómo has podido quedarte sin hacer nada mientras veías que mi vida se derrumbaba?

—Lo sé, me he portado muy mal. Sé que te he hecho mucho daño… sólo espero que no sea dema siado tarde.

Los ojos de Bella se llenaron de lágrimas.

—Es demasiado tarde, Jacob.

—No, no lo es —dijo Edward abriendo la puerta de la habitación.

Bella se quedó inmóvil mientras Jacob se apar taba de la cama como si tuviera miedo de que Edward fuera a despedazarle.

—Por favor, vete —le dijo Edward a Jacob en tono seco—. Jane te acompañará a la puerta.

—Lo siento —dijo Jacob angustiado—. Lo siento de verdad. Al igual que Bella, yo creía que le habías sido infiel. Pensaba que le estaba haciendo un favor.

Edward tensó la mandíbula.

—En este momento, no me interesan tus discul pas. Lo único que me interesa es pedirle disculpas a mi esposa. Por favor, vete antes de que te rompa la cara. Nunca en la vida he estado tan furioso como en este momento.

—Por aquí, señor Black —dijo Jane, y se llevó a Jacob de la habitación cerrando la puerta tras de sí discretamente.

Edward se sentó en el borde de la cama y, con la punta de la sábana, comenzó a secarle las lágrimas a Bella.

—Cariño, por favor, no llores. No soporto verte llorar.

—No puedo… no puedo evitarlo —dijo ella mirán dole a los ojos—. Edward, ¿por qué nos hemos hecho tanto daño el uno al otro?

Los ojos de Edward se humedecieron.

—Hemos estado a punto de perdernos el uno al otro, mi vida. Hemos permitido que otras personas destrozaran lo que sentíamos el uno por el otro. No puedo creer que te haya acusado de no confiar en mí cuando yo he hecho lo mismo contigo. Debería haber dudado de la palabra de Black; sin embargo, te abandoné… a pesar de que eras ino cente de lo que se te acusaba. No puedo perdonar a Black, pero tampoco puedo perdonarme a mí mismo.

—Tenemos que perdonarnos el uno al otro —dijo Bella.

—Sí, lo que importa es que estamos juntos otra vez. Y tan pronto como te recuperes, nos iremos de viaje de luna de miel por segunda vez. Voy a tratarte como a una princesa durante el resto de nuestras vi das —declaró Edward con vehemencia.

—Oh, Edward, casi no puedo creerlo —dijo Bella sonriendo por fin—. Incluso mis padres se han por tado maravillosamente. Quieren invitarnos a una pa rrillada cuando me encuentre mejor. ¡Una parrillada en vez de una de sus interminables y aburridas cenas formales! ¿Puedes creerlo? Mi padre incluso ha lle gado a decirme que me quiere.

Edward también le sonrió.

—Me alegro de que, por fin, tu padre se haya dado cuenta de la hija tan maravillosa que tiene. Y espero que pronto tengamos una niña de pelo negro ondulado y ojos azul violeta.

La sonrisa le iluminó el rostro a Bella.

—Así que tú también crees que va a ser una niña, ¿eh? —preguntó ella.

Edward la besó en los labios:

—Estoy seguro, tesoro.

Y justo cinco meses después, hizo su aparición en el mundo Alessandra Vanessa Cullen Swan.

Fin.

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Este es el ultimo capi, me emociona un montón publicarlo, y si no fuera porque estoy en el trabajo lloraría. Sé que es solo una adaptación, pero para mí es igual de importante. Agradezco a todos quienes me motivaron a subir la historia. Gracias por sus reviews y alertas.