Los personajes pertenecen a Hidekazu Himaruya, sin ánimos de lucro
Capítulo 7
Tras terminar de desayunar y vestirse, Tino decidió que era hora de regresar el recipiente en el cual estaba el pastel que le habían traído los dos chicos, el día anterior. Dejó el postre sobre otro plato, y nuevamente, lo guardó en el refrigerador, ya que aún había sobrado bastante.
Luego de lavar por completo el recipiente, el finlandés estaba listo para salir. Además, estaba algo ansioso, ya que quería hacerle unas cuantas preguntas a sus vecinos y esperaba encontrar algunas respuestas.
Aún estaba intrigado por la extraña conversación por teléfono que había tenido el sueco. Éste aún estaba algo molesto, ya que aquella persona era la única que sabía cómo sacarle de sus casillas con bastante facilidad.
Tino fue hasta la sala, donde Berwald se encontraba mirando por la ventana, bastante pensativo. A pesar de que estaba de bastante de buen humor, el primero cambió su sonrisa, por una expresión más seria. No podía evitar preocuparse por su compañero, quien no le decía nada de lo ocurrido.
—¿De verdad te encuentras bien? —rompió el silencio el finlandés, mientras se aproximaba al de ojos azules, aunque ahora caminando cuidadosamente —Pareces estar muy preocupado por algo.
—No es nada —respondió secamente el otro.
—Bueno, ya sabes que... em...—Tino se rascó la cabeza, ya que no sabía cómo terminar la oración. Pero decidió superar momentáneamente el nerviosismo —. ¡Sabes qué puedes contarme lo que sea! —dijo rápidamente.
Después de un intenso silencio, el sueco levantó la mirada hacia el finlandés. Éste último no sabía que esperar, ya que el primero no le respondía nada. Es más, cada segundo que pasaba, el rubio de ojos marrones se exasperaba un poco más.
—Gracias —dijo repentinamente Berwald, con una pequeña sonrisa.
—Sí, bueno, ¡ya sabes! —exclamó el ansioso muchacho, sin tener la menor idea de qué decir, hasta que recordó lo que inicialmente iba a hacer —Me voy al piso de abajo, para devolverles esto —Tino alzó el recipiente para mostrárselo a su compañero.
Éste simplemente asintió y acto seguido, el finalndés salió del piso que compartían. Pero por dentro se sintió, de alguna manera, aliviado. Desde que había conocido al sueco, había creído que éste era indiferente a todo. Pero ver al menos que éste sonreía, aunque sea simplemente por unos breves momentos, le hacía sentir un poco menos nervioso al estar junto a él.
El rubio continuó en lo que estaba haciendo, caminaba lentamente y sin apuro hacia las escaleras, mientras seguía pensando en aquel extraño noruego, el regalo que había traído, la caja que había encontrado y la llamada de esa persona misteriosa. Tantas cosas en su cabeza, estaban empezando a darle un mareo terrible.
Pero de todas formas estaba determinado a hacer lo que tenía que hacer. Y esta vez, no se caería estrepitosamente por esas escaleras, como había sucedido días pasados. No, ahora sería más que cuidadoso, como se lo había aconsejado su compañero de piso. Además, no podía darse el lujo de romper algo ajeno.
Sin embargo, antes de bajar una escalinata, Tino volvió a mirar una vez más hacia la puerta de su apartamento. Aún estaba un poco preocupado por el sueco. Suspiró profundamente, para luego ir a visitar a Eduard y el otro chico.
Esperaba haber escuchado bien dónde vivían, ya que no quería pasar ninguna vergüenza frente a personas extrañas, otra vez. Durante todo el recorrido hasta la puerta, estuvo dudando de lo que estaba haciendo. Quizás no era una buena idea después de todo.
Pero antes de que pudiera darse cuenta, ya estaba enfrente de la entrada de aquel lugar. Tino estuvo unos segundos contemplando aquella puerta de madera y finalmente, se decidió a tocarla.
Unos angustiosos minutos pasaron y nadie parecía que estaba allí adentro.
—O entendí completamente mal o no hay nadie —pensó Tino —Bueno, supongo que... ¿Qué voy a hacer ahora?
El finalndés estaba algo desanimando, no había pensado en otra cosa que hacer. Pero, esta vez la fortuna le sonrió. Apenas dio unos cuantos pasos, cuando escuchó la voz de alguien que le estaba llamando y enseguida se volteó.
—¿Tino? —preguntó el muchacho de Estonia —¿Fuiste tú el que tocó la puerta?
—¡Sí! —exclamó el rubio y en un santiamén estuvo enfrente del de lentes —Creí que no había nadie así que decidí irme. ¡Pero me alegro que haya alguien! —respondió con una sonrisa que iluminaba todo aquel pasillo.
—¿Por qué no pasas? Será mejor que hablemos adentro —le recomendó Eduard, quien también sonrió.
El muchacho hizo caso de lo que le había dicho el dueño de aquel piso e inmediatamente entró. El lugar era algo diferente al apartamento que compartía con Berwald, al menos, en el sentido de la decoración. Pero lo que más sorprendió al rubio de ojos marrones, era la cantidad de libros que estaban sobre una mesa, rodeados de papeles y cerca de un computador que aparentaba ser de última generación.
El chico que vivía allí hizo sentar a Tino en el sofá de la sala de estar, después de haber sacado la mochila y la chaqueta que Raivis había dejado allí.
—Lo siento por eso, a veces deja los cosas tiradas por donde sea —explicó Eduard, a lo cual siguió un suspiro —. De todas formas, ¿te ha gustado el postre que te llevamos ayer?
—¡Por supuesto! Nos encantó, de hecho. Aunque me hubiera gustado que se quedasen un rato más —afirmó el finlandés con entusiasmo.
—Bueno, tenía algunas cosas pendientes qué hacer —se excusó el chico de Estonia, aunque en realidad, era que tanto él como el otro, le temían al sueco.
—¡Entonces no importa! —exclamó alegre el joven —De hecho, hay algo de lo que quiero preguntarles y sería mejor que Berwald no se entere —dijo seriamente el finlandés.
En ese momento, antes de que Tino pudiera decir alguna palabra más, el letón entró a la habitación. Recién acababa de conversar por teléfono con un chico un poco más joven que él y le dolía un poco cabeza, ya que éste tendía a gritar a través del tubo.
—Me va a romper el tímpano en una de éstas —se quejó el chico de baja estatura cuando vio a Tino sentado —¿Eh? No sabía que has venido de visita —respondió el muchacho, que por una vez, parecía feliz.
—Oh, bueno, es mi culpa, así que no te preocupes. Fui yo el que les caí de sorpresa —afirmó el rubio.
Una vez que el compañero de habitación de Eduard se acopló a la conversación, Tino miró a ambos.
—Sé que no es de mi asunto, pero es simple curiosidad —dijo de repente el rubio, con un poco de vergüenza. Aunque lo había estado pensado bastante, era distinto preguntar las cosas en la realidad.
—¿Qué sucede, Tino? —cuestionó Eduard, bastante serio.
El rubio comenzaba a arrepentirse, pero no había forma de escapar. Era hora de saber qué era lo que el sueco no le contaba y por qué se había molestado tanto tras tener esa extraña charla por el teléfono.
—¿Me podrían decir cómo era el antiguo compañero de Berwald? —preguntó de una vez —¡Sólo quiero saberlo! —explicó enseguida.
Tanto Eduard como Raivis intercambiaron miradas, mientras recordaban el par de meses en los que estuvo el antiguo compañero del sueco.
—Bueno, ¿cómo podría decírtelo...? —dijo el de gafas mientras se acariciaba la barbilla —Bueno era...
—Era bastante ruidoso y altanero —respondió el otro, sin importarle demasiado el hecho de interrumpir a su propio compañero.
—¿A qué te refieres con eso? —cuestionó el rubio, bastante interesado y curioso.
—Desde aquí se escuchaba cuando se reía o regañaba a tu compañero —afirmó Eduard con seriedad.
—¡Y siempre tenía una cerveza en la mano! —recordó Raivis.
Tino se quedó meditando un rato sobre lo que le estaban comentando. Aunque no era mucha información, al menos, era algo. Sin embargo, aún le quedaban algunas interrogantes pendientes.
—¿Y qué pasó luego? —preguntó el rubio —¿Por qué se fue?
—Bueno, sólo sé que un día encontró sus maletas fuera de la puerta y hubo una gran discusión después de eso —contestó el otro —De un día para otro, ya no estaba.
Aunque quería quedarse calmado y tranquilo, el rubio se sintió atemorizado. ¿Berwald había echado a su otro compañero? Pese a que estaba seguro de que no había hecho nada que pudiera molestarle, o por lo menos no a propósito, una sensación de inquietud invadió su cuerpo.
—¿Estás bien, Tino? —preguntó Eduard, al ver que el finlandés parecía un poco tenso.
—¡Sí, sí, claro que estoy bien! —exclamó, aunque seguía pensando en que el anterior compañero del sueco había sido desalojado por éste —Es que... ¡Hace calor! ¡Sí, sólo es eso!
—No pienses demasiado en eso. Tú eres bastante agradable —opinó el chico de ojos azules.
Pero aún así, el rubio sólo pensaba en eso. De pronto, sintió prisa por regresar al apartamento de arriba. Aún cuando sabía que todas las metidas de pata que había cometido habían sido sin intención, tenía que demostrar que no era un completo inútil. Así que enseguida se levantó de allí, por supuesto, sin antes despedirse de sus nuevos amigos.
—¿Estás seguro que ya te quieres ir? Puedes quedarte todo lo que quieras —insistió el de lentes.
—Sí, creo que es hora de regresar. Debería ir a ayudar un poco —aseguró el finlandés —. ¡Nos vemos luego!
El rubio salió corriendo de allí, la verdad era que lo que le habían contado, le había abierto bastante los ojos. Aunque el sueco no se quejaba en lo absoluto. Sin embargo, no quería que éste pensara que era alguien que no sabía hacer nada o que era demasiado torpe. Desde ahora, se empeñaría aún más para hacer las cosas bien.
Al entrar al piso, no encontró a Berwald en la sala o en el dormitorio, cosa que le extraño.
—Ah, bueno, iré a tomar un poco de agua. Correr de esa manera, me cansó un poco —se dijo a sí mismo.
Apenas ingresó a la cocina, cuando se dio cuenta que el sueco ya estaba sirviendo el almuerzo y estaba esperándolo para comer. Inmediatamente, Tino se sentó a su lado, con la comida bastante caliente, aunque olía bastante bien.
—Lo siento, creo que me tardé un poco. Pero, ya estoy aquí. Ojalá que no hayas tenido que esperar demasiado —afirmó el rubio, hablando a una rápida velocidad.
—No, recién ahora me senté —respondió el de ojos azules, mientras sacaba un poco del arroz con su tenedor.
—Ah, entonces es un alivio. Creí que perdí demasiado tiempo —explicó el rubio, un poco más calmado.
Tras unos breves minutos de silencio, Berwald decidió hacer un poco de conversación.
—¿Cómo te ha ido con los vecinos? —preguntó el sueco, dejando de lado un momento la comida.
—¡Bastante bien! Son gente muy agradable, realmente —contestó Tino, omitiendo por supuesto de lo que había hablado con ellos —. Espero que nos podamos llevar bien.
—Qué bien —contestó el otro.
Una vez que los dos terminaron de comer, el sueco se levantó para llevar los platos al lavavajillas. Sin embargo, sintió la mano del finlandés que lo detenía repentinamente. Ambos se miraron fijamente y luego, éste último se puso a hablar enseguida.
—¡Déjalo! Yo lo voy a hacer, tú sólo quédate descansando —afirmó el rubio, quien estaba determinado a esforzarse aún más para que el sueco no se hiciera una mala imagen de él.
—¿Seguro? —preguntó el de ojos azules.
—¡Claro! No es la gran cosa, así que quiero ayudar —explicó el joven, con una bella sonrisa adornando su rostro.
Aunque agradecía la intención del finlandés, el sueco observó cuando el primero llevaba los platos y guardaba la comida, más que nada, por la tendencia de éste a sufrir pequeños accidentes.
No obstante, parecía que ahora estaba bastante concentrado en lo que estaba haciendo. Una vez que terminó, Tino miró hacia sus alrededores. Pese a que el lugar no estaba muy sucio, quizás una buena barrida le haría bien.
El finlandés agarró una escoba que estaba en una esquina y comenzó a limpiar, mientras que el sueco lo seguía con la mirada. El segundo estaba un poco desconcertado por el actuar del muchacho.
—No es necesario que lo hagas —afirmó Berwald, todavía un poco intrigado por el repentino entusiasmo del otro rubio.
—¡Claro que sí lo es! Debería ayudar un poco más en estas cosas y de todas maneras, no me importa hacerlo. Es lo que solía hacer cuando estaba en casa —explicó Tino y después, decidió hacer una pequeña sugerencia a su compañero —¿Por qué no tomas una siesta? Yo me encargo de todo.
El sueco se quedó pensativo, aunque una siesta nunca caía mal. Sin embargo, no estaba muy convencido de dejar a Tino a cargo de todo. Todavía le faltaba un poco para poder lidiar con la gente de la ciudad y aún parecía bastante despistado. No obstante, optó por darle un voto de confianza al otro muchacho.
—Me avisas si viene alguien o si tienes algún problema —afirmó el sueco, mientras se iba al dormitorio.
—¡No te preocupes! Yo puedo hacerlo todo —contestó el vibrante rubio.
Transcurrieron un par de horas, cuando finalmente éste terminó de limpiar todo el piso, con excepción de la habitación que compartía con el sueco. El rubio se tiró al sofá, bastante agotado, cuando escuchó que había alguien detrás de la puerta. Se secó el sudor de la frente y fue a ver de quién se trataba.
Una vez que abrió, la persona que se encontraba del otro lado se sorprendió. Miró el número de la puerta y luego, al finlandés. No entendía nada en lo absoluto.
—¡No puedo creer que me haya equivocado! ¡Pero estoy seguro de que aquí era el apartamento! —se quejó el alto muchacho, quien tenía un enorme mechón de cabello que sobresalía.
—Disculpa, ¿estás buscando a...?
—Dime, este es el apartamento seis, ¿no es así? —interrumpió de manera grosera el otro.
—Sí, supongo que estás buscando a Berwald —replicó Tino —. Espera y voy a llamarlo...
Sin embargo, apenas dio unos cuantos pasos, cuando el muchacho de cabellos castaños claros lo tomó del brazo, jalándolo hacia él. Tino no sabía cómo responder frente a ese extraño actuar.
—Eso significa que tú eres su nuevo compañero de habitación, ¿verdad? —cuestionó, aunque ya sabía la respuesta a eso.
—Sí, soy yo. ¿Q-quién eres tú? —preguntó un bastante atemorizado Tino.
—¿Berwald no te ha hablado de mí? Qué extraño —afirmó el danés, mientras se acariciaba la barbilla.
En ese mismo instante, apareció el sueco, atraído por el ruido que estaban haciendo esos dos. Sin embargo, al ver de quién se trataba, se apresuró a ir hacia la puerta.
—No creí que vinieses hoy mismo —comentó el rubio de ojos azules, al notar quién era aquella sorpresiva visita.
Se agradecen los comentarios de: mikaelaamaarhcp, Eirin Stiva, kikyoayami8, Thalitez y LunaraKaiba.
¡Hasta la próxima~!
