Los personajes de OUAT no me pertenecen
(Adaptación)
* Chicas del grupo de WhatsApp o Facebook que me lean dejen su comentario con su nombre para saber quiénes son y poder identificarlas que son muchas y me confundo jajaja para que vean que soy buena he subido antes pero
Ya saben chicas entre mas RWs mas rápido subo capi nuevo
Disculpen los errores
Las dejo leer no sin antes recomendarles algunas muy buenas escritoras por acá fanclere con historias muy originales, franchiulla con muy buenas traducciones y se ha animado ha publicar una historia de su autoría muy buena , The Little Phoenix para aquellas que le gusta lo sexoso y MaryMontoya17 buena amiga y autora de una muy buena historia en proceso
DISFRUTEN DEL CAPITULO
Capítulo dos
Emma llevaba cinco años trabajando como contable de gestión en una pequeña empresa financiera de London Bridge y estaba razonablemente satisfecha. Sus dos colegas más próximos, Meyra y su jefe de área Paul, eran muy agradables y tenía buena relación con los dos. Paul dejaba que Emma demostrase sus facultades sin presionarla, lo cual los había beneficiado a ambos. La confianza en su valía estimulaba un trabajo bien considerado por los clientes, cuya estima redundaba en beneficios económicos para Emma.
Sabía que nunca llegaría a los escalones superiores de la empresa, pero tenía un trabajo que le gustaba, un pequeño piso propio y dinero suficiente para comprar unos cuantos caprichos todos los meses. Con respecto al futuro, imaginaba que algún día encontraría al príncipe azul que la haría volar, pero no le preocupaba que no hubiese aparecido aún. Tenía amigos, pero eran sólo eso, amigos. Algunos incluso estaban felizmente casados. No los veía como seres asexuados, pero tampoco tenía inclinaciones románticas ni de otro tipo hacia ellos. Aparte de eso, le gustaban como personas y esperaba que ellos sintiesen lo mismo hacia ella.
No significaba aquello que no hubiera tenido relaciones en el pasado, pero eran las relaciones del desarrollo en que dos personas se conocen y disfrutan juntas antes de seguir adelante, probando opciones sin comprometerse. Emma no lamentaba nada del pasado, aunque algunas relaciones habían sido incompatibles y tormentosas, porque sabía que había aprendido lecciones de todas ellas y que se habían producido en una etapa en que no afectaban a su vida de forma significativa. Había tenido dos relaciones sexuales, pero no resultaron eróticas ni apasionadas. Sin embargo, no culpaba a sus parejas, sino a la inexperiencia, sobre todo en su caso, que pensaba que se resolvería el día en que encontrase al compañero ideal.
Durante el día a Emma la distrajo de vez en cuando el recuerdo de la mujer del tren, aunque no lograba entender por qué la había afectado tanto.
Se sintió agradecida cuando la sacó de su ensimismamiento una llamada de su hermana Mary.
—Hola, Emm. ¿Te apetece que quedemos para tomar algo después del trabajo? Hoy tengo que ir a Londres para comer con David. Como sale más tarde de trabajar, supuse que a lo mejor podrías hacerme compañía durante un rato.
Mary era su única hermana y le llevaba tres años. Entre ellas había un hermano, Gordon, que trabajaba en Oriente Medio. El David al que Mary se había referido era su prometido.
—Me encantaría, Mary. ¿Dónde quedamos? —Emma no frecuentaba habitualmente los pubs, así que su conocimiento de potenciales abrevaderos resultaba limitado.
—¿Qué te parece si me paso por tu oficina a las seis y buscamos algún sitio? —Mary siempre había sido la más enérgica y decidida, rasgo que aplicaba a su relación con David con aparentes buenos resultados.
El resto del día transcurrió tranquilamente para Emma, que trabajaba con Meyra en un proyecto presupuestario. A las seis se reunió en la entrada con una chispeante Mary, que la saludó con el abrazo de siempre y un beso en cada mejilla.
—¡Uy! Estás fría —se quejó Emma de buen humor cuando sus mejillas se rozaron—. La verdad es que no me apetece beber alcohol; ¿te importa si vamos al café de la Galería Hays?
Al final entraron a tomar un Malibú con Coca-Cola en el bar Halcyon, bastante tranquilo para ser un jueves por la noche. Encontraron una mesa junto a una ventana con vistas al río Támesis, las variopintas luces de colores de la torre del puente, el museo naval del buque Belfast y, en la orilla opuesta, la City.— ¿Cómo van tus planes de boda? — preguntó Emma. Mary y David pensaban casarse en junio, al cabo de tres meses.
—Creo que en gran parte ya están completos. Esperemos que todo salga bien ese día. —Hizo una pausa, cavilando—. Creo que la única novedad desde la última vez que te vi es que hemos reservado Middleton Hall para la recepción.
Mientras Mary continuaba dando detalles de su próxima boda, Emma se maravillaba de lo radiante que estaba Mary desde su encuentro con David. Se habían conocido dieciocho meses antes en un cóctel de la empresa para la que ambos trabajaban, Melhuish & Jamieson, un pequeño banco británico.
Como Emma, Mary trabajaba en la sección contable, aunque de jefa de departamento. Le habían presentado a David, su operador superior de derivados, y desde ese mismo instante habían estado juntos en cada momento. Emma se alegraba mucho por su hermana, pues siempre se habían sentido muy unidas y se reunían a menudo.
Además, le caía bien David, un hombre amable y muy tranquilo a pesar de su profesión, el compañero perfecto para Mary.
Emma estudió los rasgos de Mary, intercalando las pertinentes exclamaciones de afirmación en el entusiasta discurso de su hermana. Si no fuera por los ojos y el parecido, mucha gente no se daría cuenta de que eran hermanas. El colore de ojos de ambas las delataban, ambas tenían los ojos como hojas de menta lavadas por la lluvia ya que su color de pelo eran muy diferentes pues una era rubia de un profundo color dorado y la otra era morena como la noche . Aunque habían llevado peinados similares en la adolescencia, Mary había adoptado luego un estilo más corto e informal, tipo duende, que le iba bien a su rostro alargado. A Emma le encantaba tener el pelo largo y disfrutaba con la sensación de los finos mechones que le caían en cascada sobre los hombros y la espalda como una ondeante sábana de satén. Junto con los ojos verdes, las dos habían heredado las pecas, aunque las de Mary moteaban las partes destacadas, mientras que las de Emma eran como rocío que salpicaba su naricilla. El rostro de Mary era alargado y esculpido, con labios que se extendían de forma encantadora cuando sonreía. Era muy guapa. Irónicamente, el rostro de Emma parecía el de un hada, con los labios llenos y deseables de las modelos francesas. Uno de sus novios había dicho que «combinaba casi la indecencia de Angelina Jolie con la inocente malicia de Imogen Stubbs». Emma no había sabido reaccionar ante aquel comentario, pero se daba cuenta de que aún no había demostrado la indecencia.
La figura de Mary era un poco más llena y curvilínea que la de Emma, que sabía bien que su esbelta figura era consecuencia de su amor a la natación, pasatiempo que practicaba dos veces a la semana. No hacía mucho que había convencido a Fiona para que se uniese a ella y, cuando compartían el vestuario, se había fijado en que los pechos de Mary eran mucho más grandes que los suyos y sus caderas más anchas. Aunque tenían casi la misma estatura, sus formas resultaban muy diferentes. David no paraba de abrazar a Mary y de decirle lo adorable que era, y Emma lo entendía porque pensaba lo mismo. En un impulso extendió las manos y cubrió las de su hermana, estrujándolas con afecto.
—Estoy más contenta de lo que te imaginas de que todo encaje y de verte tan feliz. No se me ocurre que exista un hombre más agradable que David para ti, y ya sabes lo posesiva que soy contigo —le dijo a Mary con la voz entreverada de emoción.
—Gracias, Emm. Cuando lo dices, sé que lo sientes. David te quiere mucho, así que espero que nos visites a menudo. Le hablé del tiempo tan intenso que habíamos pasado juntas cuando murió papá y que nos sentíamos muy unidas desde entonces, así que lo sabe y se alegra de que seas una gran parte de mi vida. —El pasado enero su padre había estado dos semanas en coma en el hospital antes de morir, y durante las vigilias hablaron más que nunca de todo.
En ese tiempo se había forjado un vínculo invisible que ambas querían conservar y proteger—. A propósito, mamá me ha preguntado a quién piensas llevar de invitado a la boda. Le he dicho que no hace falta que lleves a nadie, pero insiste en que David debe de tener algunos amigos que coincidan contigo. Intentaré disuadirla, aunque ya sabes cómo es cuando se le mete una cosa en la cabeza —añadió con una sonrisa cómplice. Emma sonrió al pensar en su madre, pero confiaba en que Mary la protegiese; nunca se le ocurriría emparejarla con nadie contra su voluntad.
—Le dije que eres una mujer independiente, que podías llevar una amistad de cualquier sexo y que te negarías a ir si creías que te habían arreglado una cita. Le aseguré que me destrozaría que no fueras, así que espero haberla convencido.
—Gracias, Mary. Supongo que no hay por qué preocuparse por ella, aunque resulta crispante que me considere incapaz de sobrevivir sola. Aún no he pensado si llevaré a alguien pero, si lo hago, te lo comunicaré antes. Podría llevar a Meyra, puesto que nunca ha estado en una boda cristiana; aunque, si no te importa, lo dejaré para más tarde.
—Déjalo para cuando quieras, Emm, y lleva a quien te apetezca —dijo Mary amablemente—. Además, siempre podrías llevar a Meyra y decirle a mamá que ya no te gustan los hombres. ¡Eso arreglaría las cosas para siempre! — añadió en tono burlón.
