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Los personajes de OUAT no me pertenecen
(Adaptación)
* Chicas del grupo de WhatsApp o Facebook que me lean dejen su comentario con su nombre para saber quiénes son y poder identificarlas que son muchas y me confundo jajaja
Ya saben chicas entre mas RWs mas rápido subo capi nuevo
Disculpen los errores
Las dejo leer no sin antes recomendarles algunas muy buenas escritoras por acá fanclere con historias muy originales, franchiulla con muy buenas traduccionesy se ha animado ha publicar una historia de su autoría muy buena , The Little Phoenix para aquellas que le gusta lo sexoso y MaryMontoya17 buena amiga y autora de una muy buena historia en proceso
DISFRUTEN DEL CAPITULO
Capítulo tres
Emma no tenía ganas de cocinar cuando llegó a casa. David se había reunido con ellas a las ocho y había insistido en que se quedara con ellos y tomara algo más. Fue una agradable velada, pero Emma se alegró cuando Dabid dijo que debían irse a casa. Se ofreció a llevar a Emma, pero eso habría supuesto apartarse mucho de su camino, así que la dejó amablemente en la estación de Finsbury Park. Mientras revolvía su ensalada de queso y preparaba un aliño a base de una mezcla de aceite de semilla de calabaza, aceite de nuez, aceite de oliva y limón exprimido, rememoró la conversación de la tarde con Mary. No sabía a quién llevaría a la boda... Meyra se había interesado por los preparativos y había comentado que nunca había asistido a una ceremonia similar, pero Emma se daba cuenta de que, si su colega iba, necesitaría constante atención, ya que no conocía a nadie. Emma se sintió un poco egoísta, pues quería ir sola, mimar a su hermana en su gran día y no preocuparse más que de ella y de David.
Con un suspiro anotó mentalmente que tenía que llamar a su madre, aunque no estaba de ánimo para discutir aquella noche.
Decidió ponerse cómoda y se llevó la ensalada y el zumo de naranja al salón. Puso el CD de los conciertos de Brandemburgo de fondo, se hundió en el sofá y empezó a picar la ensalada con aire pensativo. Las cavilaciones del día arrastraron su mente hasta el incidente de la mañana y a la mujer que la había observado. A Emma la intrigaba, pues no la había visto antes en el tren. Sin duda se habría fijado en una persona tan guapa y bien vestida. Pero ¿qué veía aquella mujer en ella para mirarla así?
Tal vez le recordase a alguien o tal vez sólo estuviera soñando mientras contemplaba los rasgos de Emma.
Pero la sonrisa del final sugería una juguetona connivencia que descartaba la teoría del ensueño. Sabía que no iba a resolver nada aquella noche, así que, después de acabar la ensalada, se dio una ducha y se lavó el pelo.
Ducharse era un lujo del que Emma siempre disfrutaba, el agua casi insoportablemente caliente fluyendo sobre su cuerpo sin interrupción. No era una sensación sexual, sino intensamente gozosa. De forma literal lavaba la suciedad del día y emergía humeante y feliz. Ésa era una de las razones de que odiase la idea de pasar unas vacaciones sin comodidades y de que le gustase nadar. Las duchas en el Centro de Ocio eran excelentes y hacían mucho más tolerable la pesadez de cambiarse después de nadar. Mientras se enjabonaba con gel de melocotón, se encontró de nuevo pensando en la sonrisa de la mujer. A pesar del calor de la ducha, se fijó en que el vello de sus brazos se erizaban y sus pezones se endurecían. Ligeramente embriagada por la sofocante temperatura, dejó que sus dedos acariciasen despacio sus firmes contornos. Sus pechos no eran grandes, pero tenía los pezones rosas y areolas que sobresalían como montículos, lo cual resultaba poco común, por lo que sabía de sus observaciones en el colegio. Durante un momento imaginó los brillantes labios rojos de la mujer sobre ellos, antes de salir de pronto de la ensoñación, sintiendo un incómodo globo de rubor en la cara. ¡Aquello la había poseído! Como si alguien pudiera ver su embarazosa representación, empezó a lavarse el pelo con energía, procurando ignorar lo que había sentido.
Aunque acabó de ducharse, se fijó en que le temblaban las manos, y no sabía por qué: ¿culpa o pasión? Apenas se atrevía a depilar el vello púbico, algo que hacía siempre desde que la habían operado de apendicitis en la adolescencia, pero insistió con cuidado, centrándose en la tarea y evitando todo lo demás. A pesar de ello, sus manos seguían temblando ligeramente cuando salió del baño oliendo a melocotón y envuelta en un largo y suave albornoz. Emma se preparó una taza de té de escaramujo y procuró convencerse de que no había nada de que preocuparse.
Tal vez el calor de la ducha había sido excesivo y por eso había alucinado.
Quizá la burlona referencia de Mary a una relación entre Meyra y ella se había mezclado con sus recuerdos del día.
Bueno, no pasaba nada, mejor lo olvidaba, pensó para sí tomando el escaramujo y llevándose una buena lectura a la cama antes de dormir.
