Todos los personajes pertenecen a Hidekazu Himaruya, sin ánimos de lucro.


Capítulo 17

—Entonces, ¿para qué me quisiste ver? La verdad me resulta un poco extraño —señaló el danés, con cierta suspicacia.

—Bueno, lo que sucede...

—¡Ya lo sé! —exclamó, nuevamente adelantándose a los hechos —. Quieres recuperarme, ¿no es así?

—¿Qué? —preguntó el desconcertado sueco.

El danés bebió un poco y luego rió. Por supuesto que debía tratarse de eso. Por ello, quería reunirse con él en ese bar, lejos del noruego y del finés. No le cabía una sola gota de duda acerca de su suposición. Y era su deber hacérselo saber, pues conocía lo suficiente al otro como para poder asegurar de qué no tenía la menor idea de cómo pedírselo. Así que creyó que sería conveniente si le daba un pequeño empujón.

—Sé que me extrañas. Después de todo, dudo mucho que siquiera puedas divertirte demasiado con ese chico. No sabe nada acerca de la vida en la ciudad —afirmó con toda seguridad Andersen, sin meditar en sus palabras.

—No entiendo —Berwald estaba perdido en la conversación y sólo habían pasado un par de minutos.

—¡Deja de hacerte el tonto! Quieres que vuelva a mudarme contigo, jamás lo has pasado tan bien. ¿No es así? —El de cabellos castaños abrazó al rubio, para darle un poco de motivación.

—No es eso —aclaró de inmediato y luego tomó un sorbo de la cerveza, pues el sólo recordar ese desastre simplemente le ponía de mal humor.

Andersen estaba confundido. Si no era pedirle disculpas o para que regresara al apartamento, ¿entonces qué era lo que el sueco quería? Se apartó de inmediato del otro nórdico, necesitaba pensar acerca de lo que podría tratarse. No quería que lo tomara por sorpresa, debía tener una respuesta enseguida. Y lo único que se le venía a la mente era aquella vez que le había solicitado una cita al de ojos azules. Lastimosamente, eso era un hecho que siempre había mantenido en su cabeza, ya que nunca antes alguien le había rechazado de esa manera.

—Bueno, si no se trata de eso, lo cual me extraña, —El despeinado se acarició la barbilla —, entonces sólo hay otra posible razón.

—Sí y esa es... —Sin embargo, para su mala suerte, fue interrumpido otra vez antes de que pudiera explicar por qué estaba ahí.

—Te has dado cuenta de tu error y ahora quieres una oportunidad conmigo. ¡Eso es! —exclamó entusiasmado con su ocurrencia.

—¿De qué hablas? —La charla no estaba yendo precisamente como quería, es más, todavía no había tenido el tiempo de explicarle acerca de su preocupación.

—Hoy no has amanecido bien, me parece. Bueno, supongo que es lo que sucede cuando se está enamorado —Andersen le restó importancia, sin darse cuenta que estaba haciendo el ridículo frente al de lentes.

—¿Enamorado? —Quizás en parte tenía razón, tal vez su mente no quería funcionar ese día, pero no comprendía de qué estaba hablando el otro.

Parecía estar hablando con una pared o algo por el estilo, pero no se daría por vencido. Andersen suspiró y trató de tener un poco más de paciencia. Después de todo, no podía culpar al rubio de haberse arrepentido de esa decisión y sabía que era bastante difícil admitir algo como eso.

—¡Oh, vamos! Te has dado cuenta de tu equivocación, y ahora que sabes que soy feliz con Lukas, no lo soportas. Lo entiendo, soy alguien bastante irresistible —explicó éste, con esa sonrisa matadora.

—No, no es eso —dijo simplemente, estaba comenzando a exasperarse con el danés y quería terminar con aquella charla lo más rápido posible.

—¿Eh? ¿Acaso no sientes algo por mí? Tienes los mismos brillos en los ojos que las personas enamoradas —afirmó el danés y terminó con el resto de lo que sobraba de la mencionada bebida.

—¿Cuántos tragos has tomado hoy?

—Con éste, van tres. Son bastante pocos en realidad. De todas maneras, ¿qué tiene que ver? Te estaba diciendo que luces raro —Ahora era él quien estaba hecho un desastre, pues no sabía hacia donde se encaminaba la charla.

Tras unos minutos de silencio, y de meditar profundamente acerca de lo que estaba haciendo, el sueco decidió confrontar de una vez al de cabellos castaños. Ya habían dado suficientes vueltas al asunto, era hora de ir a la cuestión por la cual había querido mantener una plática con aquel en primer lugar. Y aunque por momentos eso parecía imposible, Berwald no se iba a dar por vencido.

—No estoy enamorado y mucho menos de ti —explicó de inmediato.

—¿Por qué me has llamado hasta aquí? Se me han agotado todas las ideas, —reflexionó el hombre—, de verdad, ¿no estás buscando una oportunidad conmigo?

—No, es acerca de Tino —Éste pidió un trago más al cantinero, aún no estaba muy seguro de lo que estaba haciendo allí, pero tampoco pensaba marcharse con las manos vacías.

—¿Eh? Te refieres al chico que vive contigo, ¿verdad?

—Sí, exacto.

—¿Qué ocurre con él? Yo no he hecho nada, excepto darle mi número de teléfono —respondió el danés. Enseguida, solicitó una segunda ronda de cerveza, ya que a ambos se les había acabado.

—¿Qué quieres con él? —El sueco miró seriamente al otro, no dejaría que se fuera por las ramas, como acostumbraba.

—¿Me has llamados sólo para esto? Bueno, te lo diré... —No obstante, decidió detenerse allí. Le parecía bastante curioso que aquel hombre, que siempre se había mostrado tan frío y serio, repentinamente mostrara tal interés por el finlandés.

—Dímelo —Tenía toda su atención concentrada en Andersen, necesitaba saber cuáles eran sus motivos.

En ese momento, el inglés les llevó los dos vasos llenos de cerveza. El danés no dudó en tomar uno de ellos, y mientras bebía, estaba pensando en la razón por la cual el de lentes demostraba tener tanto interés por saber eso. Y una idea se le había venido de la nada. Por supuesto, le resultaba ridícula así que quiso desecharla enseguida. Pero, ése parecía ser el único válido. Sólo pensar en que el sueco estaba enganchado de esa manera con el chico de ojos marrones le parecía absurda, tanta que no pudo contener la risa y escupió toda la cerveza sobre la camisa del de ojos azules.

—¿Pero qué...? —Berwald se levantó de inmediato, cubierto en esa bebida dorada y bastante molesto por ese aparente accidente.

—¡¿Me estás diciendo que te gusta Tino? —Andersen comenzó a reírse a carcajadas, sin darse cuenta de lo que había hecho —¡No lo puedo creer! —exclamó, y mientras trataba de contenerse, golpeaba la mesa.

Sin embargo, el rubio estaba un poco más preocupado por el hecho de que estaba totalmente empapado. Así que, en lugar de contestar al danés, decidió ir primero al baño. No tenía demasiadas esperanzas, pero tal vez podría al menos secar su camisa. Este último, al percatarse de que Berwald pensaba retirarse, optó por perseguirlo. Todavía le parecía increíble y necesitaba, requería de una respuesta, por lo tanto, no dejaría que se escapara.

El hombre intentó cerrar la puerta del baño antes de que el muchacho de cabellos castaños pudiese entrar, pero éste consiguió entrar justo a tiempo. El primero se sacó de inmediato su ropa mientras que el otro observaba y continuaba riéndose de la situación. Las cosas para el sueco parecían no mejorar, y no sabía qué era lo que más le molestaba, la alocada insinuación del danés o la inesperada baño de cerveza que le acababa de dar.

—Por más que lo pienso, no quiero creerlo. ¿De verdad, pretendes algo con ese chico? —preguntó, una vez que pudo controlarse —. Aunque no tienes mal gusto.

—No —respondió, al mismo tiempo que dejaba su camisa debajo de ese aparato para secarse las manos.

—Si quieres te puedo ayudar, sólo debes decirlo y ya está —contestó Andersen, viendo una oportunidad para aprovecharse del sueco.

—Sólo quiero saber qué quieres —Se negaba a seguirle el juego al otro, quien estaba empecinado en esa idea.

—Primero, tienes que decirme por qué te interesa tanto. Vamos, que ni siquiera me preguntabas quién era Lukas cuando lo llevaba al apartamento y ahora, hasta has decidido contactarme por ese chico —se explayó el danés, quien tampoco pensaba ceder.

—Tengo curiosidad —Eso era lo mejor que podía decir, ya que ni él mismo podía dar una explicación lógica para todo eso.

—¿Seguro? Bueno, te lo diré. Pero cuando regreses a la mesa —respondió y luego se fue, sin antes golpear por atrás al sueco, provocando que éste mojara por accidente sus pantalones. Al retirarse, simplemente sonrió sin notar que se le había pegado un poco de papel higiénico en la planta de la bota.

El rubio de ojos azules decidió quedarse un rato más. Sabía que su camisa se iba a quedar así, hasta que lo lavara, así que se la puso sin abotonarse. Sin embargo, se miró al espejo y luego se lavó la cara. Por supuesto que era estúpida y ridícula la idea del danés. No entendía cómo podía decir algo tan incoherente como eso. Estaba preocupado por el finlandés y punto. Simplemente, no quería que nadie se aprovechara de él, pues era demasiado amable y algo ingenuo. Pero solamente era eso.

Sin embargo, al regresar a la mesa donde lo estaba esperando de manera impaciente el danés, no se había dado cuenta de un pequeño detalle. El de cabellos castaños sólo estaba admirando a las distintas personas que atravesaban la entrada, cuando se fijó en el rubio de ojos azules. Si bien al principio regresó a lo que estaba haciendo, volvió a mirar la entrepierna de éste, sólo para darse cuenta de una enorme mancha de agua que se le había quedado. Por supuesto, la risa no se hizo esperar.

—¿Y ahora, qué? —preguntó el rubio al notar aquella extraña reacción del danés.

—Creo que te has emocionado demasiado, ¿no crees? —Andersen respondió en medio de risas.

—¿Eh?

—Sólo mira tus pantalones —contestó, mientras señalaba la entrepierna del sueco.

Aunque, al principio, creyó que simplemente se trataba de alguna estúpida broma por parte del otro, el rubio decidió hacerle caso. Cuando se dio cuenta, no pudo creer que el hombre tenía razón, tenía una enorme mancha de agua sobre su cierre y un poco más abajo. El hombre inhaló y exhaló lentamente, ya habían pasado demasiadas cosas, así que, a pesar de que era bastante vergonzoso andar con eso, ya habían ocurrido demasiado durante todo ese tiempo. Ya quería liquidar con el asunto de una vez por todas, sin importar demasiado cuál era su aspecto.

—En fin, tenías algo que decirme —Berwald detuvo los golpes del danés, y éste trató de calmarse.

—Bueno, bueno. Pero no te impacientes —afirmó el de cabellos castaños —. Pero, te vuelvo a preguntar antes de confesártelo. ¿Realmente no estás aquí por la mera razón de que sientes algo por Tino? Sólo me parece un poco raro que te le des tanta importancia.

—No —aseguró el hombre de manera contundente.

—Entonces, supongo que no te ha de molestar que quiera presentarle al hermano de Lukas. Me pareció que sería ideal, además sería una buena forma de que él no estuviese tan pendiente de Emyl —explicó finalmente el danés.

—¿Y no había alguien más?

—Y luego dices que no sientes nada por él, ¿verdad? —éste le dio un codazo al sueco.

—Es curiosidad, nada más —repitió.

—En fin, sólo es eso. Quizás le mentí un poco, pero si no le decía que tenía algo que decirle, no llamaría. Ya sabes, disfrazar un poco la verdad y todo eso...

Berwald se quedó pensativo al respecto. Aún cuando tenía un par de dudas acerca del plan del danés, no tenía ninguna razón concreta para oponerse. Después de todo, Tino era sólo su compañero de habitación y hasta allí. No podía hacer nada más que quedarse como un mero observador. Si decidía salir con aquel extravagante hombre, pues no le quedaba otro remedio. Lo que menos quería era causarle una mala impresión al finlandés, solamente quería que fuera un poco más desconfiado, aunque ciertamente era esa manera de ser tan particular lo que tanto le agradaba.

Mientras ambos continuaban en su conversación, mayoritariamente hecha por Andersen, cierto chico de Estonia pasó cerca de allí. Si bien no le había llamado mucho la atención lo que había visto dentro del bar, una segunda mirada le hizo cambiar de opinión. Quizás debía hacerse una revisión de su vista, pues no creía lo que estaba observando. Después de todo lo que le había comentado el finlandés el día anterior, simplemente estaba dudando de que se encuentro realmente se estaba llevando a cabo.

Estaba algo asustado por aquel acontecimiento, sobre todo porque sabía que esos dos no se llevaban demasiado bien. Así que le hacía cuestionar los motivos de ese encuentro tan particular. Y si bien, no tenía ninguna intención de meterse en ningún problema ajeno, quizás era algo que debía comentar a Tino. Después de todo, éste se había mostrado realmente preocupado por comentarle al sueco acerca de su encuentro fortuito con el danés, tal vez debería decirle acerca de esto.

Sin embargo, decidió retirarse antes de que esos dos hombres notaran su presencia. A pesar de que tanto él como el rubio de ojos azules vivían en el mismo edificio desde hacía muchísimo tiempo, este último aún le causaba pavor cada vez que miraba a sus intensos ojos. Así que, en lo que canta un gallo, desapareció del lugar.

Nuevamente, dentro del bar, Berwald creyó que ya había sabía demasiado. Además, no quería tardar demasiado en el caso de que el finlandés llegara temprano de su trabajo. Éste no podía saber acerca de su reunión con el danés bajo ninguna circunstancia.

—Bueno, me voy —afirmó el hombre, a la vez que dejaba el pago por los tragos y la propina correspondiente.

—Espera —El de cabellos castaños tomó la mano del rubio antes de que se fuera —. De verdad, ¿no haces esto por celos o algo por el estilo? Porque si realmente quieres que te ayude a conquistar a ese chico, sólo debes...

—No —respondió, ya irritado por la insistencia del danés —. Ya olvídalo.

El rubio decidió apresurarse, quería borrar todo lo que había pasado en ese momento. Aunque era evidente que Andersen continuaba siendo el mismo de siempre, con cada idea descabellada y alocada que se le ocurría. Tal vez se había preocupado demasiado por algo que sinceramente no importaba mucho. Después de todo, Tino podía hacer lo que él quisiera con su vida.

No hay nada qué pueda hacer —pensó el hombre, mientras caminaba hacia su apartamento, sin hacer caso a la gente que se le quedaba viendo por su aspecto.

Una vez que entró al piso, lo primero que hizo fue revisar la hora. No podía haberse tardado tanto, aunque el danés sabía como hablar sin parar y no decir más que puras incoherencias. Eran casi las tres de la tarde, así que aún todavía tiempo para descansar un momento antes de que llegara Tino. Tenía un dolor de cabeza que lo estaba molestando, quizás como consecuencia de lo mal que había dormido, mezclado con los tragos y los gritos de Andersen.

Dejó toda su ropa en el cesto de la ropa sucia y se recostó en el sofá, así como estaba. Tenía planeado levantarse antes que el finlandés regresara, de esa manera no sabría lo que había pasado durante el mediodía. Antes de cerrar los ojos, miró hacia el techo, pensando en la ridiculez que había insinuado el danés. Sinceramente, de todas las cosas que alguna vez le había dicho, afirmar que sentía algo por el rubio de ojos marrones tenía que ser la que se llevaba el premio por lejos.

Pasadas las cinco y media, Tino regresó al apartamento. Estaba contento por el buen día que había tenido, no hubo demasiados sobresaltos y estaba comenzando a acostumbrarse a sus compañeros de trabajo. La verdad era que no podía estar más feliz por haber encontrado aquel empleo. Sin embargo, no había nada en el mundo que pudo haberle preparado para lo que estaba a punto de ver.

Al ingresar al piso, lo primero que pudo notar era el hecho de que todo estaba en un profundo silencio, casi sepulcral. Ni siquiera podía escuchar el ruido que hacía el martillo cuando el sueco daba golpes a los muebles, lo cual le resultó un poco extraño. No obstante, creyó que éste había salido del apartamento por algún rato, así que no había nada por lo cual preocuparse.

Sin embargo, al llegar a la sala de estar, se quedó estupefacto. De todas las posibles cosas que pudieron haber sucedido mientras no se encontraba allí, esa era la menos probable de todas. Tino estaba desconcertado, así que decidió chequear el número del piso, pues quizás se había confundido y había entrado al lugar equivocado. Pero una vez que lo hizo, confirmó de que ése era el apartamento correcto.

Volvió a la habitación principal, sólo para contemplar al sueco durmiendo con sólo sus calzoncillos puestos y con cierto olor a cerveza. Además, una de sus manos estaba sobre su "paquete". No entendía qué era lo que había podido pasar durante su ausencia. Desde que se había mudado allí, siempre había visto a Berwald como alguien que tomaba su trabajo bastante en serio y que disfrutaba de las cosas simples. Pero ahora no sabía en qué creer.

Decidió acercarse, luego de superada la impresión inicial, sólo para asegurarse de que todo estaba bien. Luego de tomarle el pulso, acercó su oreja sobre el pecho del sueco, para escuchar sus latidos. Aunque todo parecía en orden, aún estaba asombrado por aquello. Repentinamente, alzó su mirada, sólo para encontrarse con esos profundos ojos azules.

—¡Kya! —gritó el finlandés y dio un par de pasos hacia atrás, tropezándose con la mesa de la sala y finalmente, cayéndose sobre su trasero.

El sueco se aproximó al rubio de ojos marrones, la verdad es que no esperaba que éste lo viese de esa manera. No sabía lo que le había ocurrido, se había propuesto despertarse media hora antes pero simplemente se le pasó. Ahora, estaba con el torso desnudo y sin ninguna explicación lógica para dársela al finés. Éste estaba sobándose los muslos por la caída, cuando Berwald ya estaba a unos centímetros de distancia.

—¡No quise despertarte! ¡Lo siento! —se disculpó de inmediato, al ver el rostro del sueco.

—¿Estás bien? —cuestionó el hombre.

—Sí, ¿y tú? —La verdad era que todavía no tenía la menor idea de cómo su compañero de habitación pudo haber terminado de esa manera.

—Sí —No quiso entrar en detalles.

—¿Seguro? —El rubio sabía que el otro andaba algo extraño desde la mañana y toda esa situación, simplemente confirmaba sus sospechas.

—¿Por qué preguntas?

—Bueno, es que... —No se animaba a decirle que le resultaba raro haberle encontrado tendido sobre el sofá semidesnudo, así que de inmediato se le ocurrió algo más —. Pareces que estás algo distraído. ¿Ha pasado algo?

—No es nada —Decidió alejarse, pues le molestaba tener que ocultarle al rubio lo que había sucedido.

Me gustaría que confiaras un poco más en mí —pensó Tino.


Sé que debí actualizar el día de ayer, pero no tuve tiempo de escribir el capítulo hasta ayer a la tarde.

De todas maneras, ¡hoy es el cumplemes del fic! xD Ya han pasado cuatro meses desde que subí el primer capítulo, sé que es poco, pero sigo sin poder creerlo. De hecho, cuando lo subí, no me esperaba que alguien quisiera leer la historia. Así que, ¡gracias a todos! ^^

Agradezco los comentarios de: Rina. Y, Merlina-Vulturi, LunaraKaiba, Eirin Stiva, mikaelaamaarhcp y Hitomi Unii-chan.

¡Moi, moi~! ;)