Todos los personajes pertenecen a Hidekazu Himaruya, sin ánimos de lucro.
Capítulo 19
A la mañana de ese domingo, Tino se levantó con todas las energías. No había dormido tan bien en una semana y ahora había recuperado todas sus ganas. Además, estaba esperando ansioso ese día, estaba seguro de que los dos se divertirían como nunca. Cuando miró a la cama de enfrente, otra vez, el sueco se le había adelantado. Le sorprendía que aún en los momentos de relax, éste siguiera levantándose tan temprano.
Luego de lavarse la cara, fue de inmediato a la cocina. Tenía bastante hambre, pero no quería comer demasiado, ya que quería aprovechar la salida para probar los café que había en la ciudad. Estiró ambos brazos, mientras pensaba en qué podría prepararse. No obstante al llegar al comedor, todo ya estaba puesto en su lugar. Su café caliente estaba colocado enfrente de la silla que el finés solía ocupar, junto a un par de tostadas.
—Creo que se esfuerza demasiado, con razón que está tan estresado —opinó aquel, aunque no le desagradaba el hecho de que no tenía que hacer otra cosa que simplemente sentarse y comer.
Sin embargo, luego de que transcurrieron unos cinco minutos, enseguida se dio cuenta de que había algo que faltaba. Se puso a buscar como un loco para intentar darse cuenta de qué era, pero todo estaba allí. No había nada fuera de su lugar, cuando se le ocurrió mirar hacia el frente, donde el sueco solía estar. Ahí se dio cuenta que era Berwald quien no estaba presente. Ni siquiera lo había escuchado levantarse y no había ninguna nota en la que constara que había salido.
Mientras tanto, en la sala de estar, el hombre estaba revisando esas revistas que habían encontrado el día de ayer. A pesar de que las mayorías que se habían descubierto no las había visto en su vida, recordaba perfectamente a esa colección. Honestamente, hasta ese momento, había creído que simplemente habían desaparecido o incluso, que el danés se las había llevado consigo. Después de todo, la mitad de las mismas le pertenecían.
Sintió una ligera curiosidad por verlas otra vez y decidió que el mejor momento para hacerlo era cuando Tino estaba durmiendo. Sabía que cuando no tenía trabajo, éste solía despertarse bastante tarde. No quería que éste tomara una mala impresión de él,o que no levantara sospechas, así que era la única oportunidad para hojearlas un poco. Por supuesto, tocaba las páginas con delicadeza, y aún cuando tenían algo de polvo, las imágenes se conservaban bien.
Lo no sabía era que el finés ya se había levantado de la cama y de hecho, lo estaba buscando. Pero estaba tan concentrado observando las imágenes, que no había escuchado los pasos del primero, quien se estaba parado en el pasillo. Tino pudo notar enseguida que estaba leyendo algo, no sabía qué porque las manos del nórdico cubrían la portada. Decidió, entonces, acercarse por atrás. Aparentemente, la lectura parecía interesante, así que quiso curiosear un poco.
—¿Qué estás leyendo? —preguntó el rubio, a la vez que se asomaba por el hombro del sueco.
—¿Cuándo te levantaste? —Berwald cerró de inmediato la revista, sorprendido por la presencia del finés, a quien todavía no esperaba.
—Hace media hora —respondió enseguida y luego retomó al tema inicial —. Parecías muy entretenido con eso, ¿de qué se trata?
El de lentes miró por todas partes y luego de mirar a su martillo junto a sus otras herramientas, así que simplemente dijo lo que se le vino a la cabeza.
—Carpintería —replicó.
—Entonces, supongo que no lo voy a entender —sonrió Tino y luego agarró de la mano al sueco —. De todas formas, te dije que hoy nos olvidaríamos del trabajo, ¿no es así?
—Lo siento.
—No es nada, sólo ven a acompañarme a desayunar. Y luego podemos prepararnos para salir, ¿qué te parece? —El muchacho no podía esconder su entusiasmo.
—Sí, voy enseguida —Tenía un par de problemas, por los cuales no podía salir de allí.
—¿Eh? ¿Qué pasa? —Tino estaba aguardando por el otro, cuando se dio cuenta que éste estaba un poco avergonzado.
—Nada, ya voy —repitió.
El finlandés estaba desconcertado, pero no le dio importancia. Aunque eso sólo lo hacía creer todavía más que era necesario esa "cita" que estaban a punto de tener. Sólo quería ver al otro distenderse, alejarse de su trabajo, por más que sólo sea por un breve momento. Claro, ignoraba las dos verdaderas razones por las cuales el otro se había puesto tan a la defensiva. Todo lo atribuía al trabajo.
Ciertamente, Tino no era el único entusiasmado en ese apartamento. El de ojos azules también lo estaba, tal vez demasiado, motivo por el cual había esperado hasta que el primero se fuera de allí para pararse. Estaba demasiado apenado de que se había tenido que dar esa situación tan incómoda. Guardó esas revistas la parte superior de uno de los armarios, para que Tino supiera que había decidido conservarlas por un tiempo más. Luego de eso, fue a solucionar ese pequeño inconveniente y después, fue a arreglarse.
Media hora después, los dos salieron del apartamento. El más alto llaveó la puerta y se dispusieron a bajar las escaleras. A pesar de que el muchacho no se había dado cuenta del pequeño incidente, al de lentes le costaba trabajo siquiera mirarle a los ojos. Todavía estaba algo preocupado de lo que hubiera pasado si el finés se hubiera dado cuenta de la situación.
Mientras el sueco seguía pensando en ello, el más bajo estaba muy contento por la salida. Se preguntaba qué podría haber para hacer en ese enorme lugar, aunque no le cabían dudas de que habrían muchísimas. Él caminaba un par de pasos más adelante del de ojos azules, motivado por el paseo, al cual por accidente el segundo había llamado "cita", pero a pesar de ello, no lo había querido corregir.
Cuando se dio vuelta, pudo notar la cara de seriedad del sueco, así quiso animarlo.
—Oye, deja de pensar en lo que tengas en tu cabeza. Deberías disfrutar un poco más —le recomendó, mientras caminaba al revés, sólo para ver al sueco.
—¿Por qué lo dices? —No sabía que era tan obvio.
—Si hay algo que te molesta, olvídalo. Es domingo, te prometo que lo vamos a pasar bien —guiñó el muchacho.
—Tienes razón —El hombre creyó que sería lo más conveniente, tal vez estaba pensándolo demasiado.
Tino continuaba bajando las escaleras, aunque no precisamente fijándose por donde estaba pisando. Constantemente, miraba hacia atrás para poder seguir la charla con el sueco. Sin embargo, en lugar de poner su pie sobre el escalón, lo colocó en el límite del mismo, provocando que se balanceara hacia adelante. Cuando creyó que estaba a punto de caerse, como siempre, sintió las dos manos del nórdico sobre su cintura, lo cual le dio un respiro.
—¡Ah, gracias! Que torpe soy —se lamentó, pero enseguida recuperó su humor habitual —. No sé qué haría si no estuvieras cerca —comentó y siguió con su camino.
—Yo tampoco —murmuró por lo bajo, a la vez que marchaba detrás del finés.
—¿Dijiste algo? —Se detuvo por un segundo y se volteó, ya que no iba a cometer el mismo error dos veces.
—No, nada —fingió.
Ambos caminaron en dirección hacia el parque central, aún había un montón por los alrededores de aquel lugar que todavía no habían visitado. Durante las primeras cuadras, el finés pudo darse cuenta de inmediato que el aire que se respiraba en ese domingo era muy distinto al resto de la semana. La gente en general parecía estar mucho más relajada, ya no había más esa masa que se llevaba por delante a cualquier desprevenido. Todos estaban disfrutando de lo bello que estaba esa mañana, ya sea en familia, con la pareja o con el grupo de amigos.
En uno de esos momentos en los que Tino decidía detenerse un rato para contemplar el ambiente, pudo observar que había una pequeña tienda donde estaba sentada una ucraniana que se dedicaba a leer las cartas del tarot y a predecir el futuro. Aunque obviamente era algo en lo que no creía, el muchacho jaló al sueco consigo, pues le daba la impresión que sería una actividad muy distinta. Quizás, ambos podrían pasarla bien, a pesar de que no fuera cierto lo que podría decir aquella mujer.
—¿De verdad, quieres ir? —Estaba algo sorprendido por la elección de su compañero.
—¿Por qué no hacerlo? Yo no creo en esas cosas, pero podría resultar gracioso si lo intentamos —El finés estaba determinado a llevarse al sueco consigo.
—Está bien —Berwald no estaba convencido de aquello, mas quería complacer al chico. Tampoco quería contradecirlo, pues podía ver esa brillante sonrisa que conseguía ponerle feliz.
A pesar de que sólo había un par de personas aguardando ser atendidas por aquella aparentemente mística mujer, Tino quiso apresurarse. No quería dejar pasar esa oportunidad única de que alguien les lea el futuro pero tampoco quería desperdiciar todo el día solamente haciendo eso. Eran pasadas las once de la mañana, estaban formando fila y el sol no mostraba piedad con los dos rubios.
Sin embargo, parecía que la fortuna les había sonreído y la última persona que había estado allí, salió enseguida.
—Siguiente —dijo la mujer, con una voz tierna.
—¡Es nuestro turno! —exclamó y sin darle oportunidad para que el sueco pudiera poner en duda una vez más su decisión, lo tomó de la mano sin pensar e ingresaron al lugar.
Ese lugar no se diferenciaba demasiado del resto de su mismo rubro, las cortinas violetas con enormes estrellas, aquel humo que era más molesto en vez de generar ese ambiente misterioso y la pequeña mesa redonda donde la chica atendía a los clientes. Lo que sí diferenciaba de los demás era que no se trataba de una persona que forzaba su imagen de adivina, sino más bien era una chica que quizás tenía unos veintiséis años, con hermoso rostro y unos sobresalientes pechos.
—Vaya, una pareja. Es un buen cambio —opinó la chica de cabellos cortos.
—No recibes a muchas, ¿eh? ¿En serio podemos entrar? —cuestionó el finés, pues no podía ver muy bien debido a la especie de niebla.
—Ten cuidado —El hombre agarró del brazo a Tino para que no se cayera.
—Sí, pasen por favor —La dueña de ese lugar comenzó a barajar las cartas.
Luego de tomar sus asientos y que aquella ya hubiera terminado de desordenar las mismas, comenzó a esparcirlas por la mesa. Tino veía con mucha atención lo que hacía esa supuesta experta en cuestiones sobrenaturales. Al mismo tiempo, Berwald miraba hacia otra parte, ya que nada de eso le gustaba, le resultaba absurdo gastar en algo que no tenía ninguna base científica.
—Su relación recién está comenzando, ¿no es así? —afirmó la mujer quien leía lo que estaba viendo.
—Sí, hace poco que nos conocemos. Creo que un par de semanas o un poco más —explicó el finés.
El sueco continuaba quedándose en silencio, quizás sólo se trataba de una mera coincidencia.
—Vaya, quieren saber el futuro de su relación, ¿no es así? —La chica seguía sacando las cartas, que originalmente estaban puestas con la imagen principal mirando hacia el mantel.
—Supongo que sí. ¿Qué dicen? —Tino estaba sumamente intrigado por lo que salía de la boca de la ucraniana.
—Según esto, van a tener una muy larga relación y muy felices...
—Bueno, vivimos juntos. Me alegro que sea así —respondió optimista.
—...Pero luego alguien va a intentar separarlos —replicó enseguida.
Berwald, que había comenzado a leer un libro de bolsillo que había traído consigo, lo dejó de lado y comenzó a interesarse.
—También me cuentan que están destinados a estar juntos. Sin embargo.. —Sus pausas eran algo molestas para ambos, aunque el finés se lo estaba tomando todo con humor.
—Bueno, supongo que no ha sido una coincidencia que haya encontrado su anuncio en el periódico el día que vine a la ciudad —aclaró y luego miró al hombre, que ahora estaba bastante interesado.
—¿Y qué más? —cuestionó el de lentes, algo impaciente.
—...El corazón de uno de los dos parece estar indeciso y el del otro no quiere arriesgarse aunque sabe lo que quiere —dijo finalmente —. Eso es todo. Que tengan un buen día.
Luego de pagar por el servicio en cuestión y dejar un poco de propina, abandonar esa tienda esotérica. Pero apenas dieron dos pasos en las afueras, cuando el más joven comenzó a reírse con todas las ganas. Desde hacía unos diez minutos que se estaba aguantando, no quería ser grosero con la mujer o que pensara que estaba loco, pero a partir de cierto momento le había parecido lo más ridículo que había escuchado en toda su corta vida.
—¡¿Cómo pudo decir eso? —preguntó, en medio de las carcajadas —¿Te imaginas si eso fuera cierto...?
—Si, gracioso —El sueco se había quedando pensando en lo que había dicho la adivina.
—¿No te habrás creído lo que dijo? —cuestionó el rubio, al ver la cara de seriedad del otro.
—No, para nada —afirmó.
Mientras continuaban recorriendo la ciudad, se encontraron con un pequeño show. Se trataba de un artista callejero que con su guitarra y su voz dedicaba canciones a quienes pasaban cerca de allí. De hecho, era bastante conocido en la localidad y todos los fines de semana montaba su espectáculo en esa esquina particular. Aquel español solía impresionar a los recién llegados y Tino no era la excepción.
El rubio enseguida se metió en medio de la multitud y su compañero lo siguió. De hecho, éste puso sus dos manos sobre el hombro del primero para que no se perdiera entre tanta gente. Sin embargo, en ningún momento creyó que aquel gesto podría darse a otra interpretación, una muy distinta a su idea original. Berwald se había puesto justamente detrás de Tino, por lo que parecía más que lo estaba protegiendo con recelo más que simplemente evitar el extravío del segundo.
Tras terminar su primera canción, agradeció a todos los que estaban allí. Mientras saludaba a toda la gente que se había juntado allí, buscaba a quien dedicar la próxima melodía. En ese instante, se fijó en los dos nórdicos que estaban parados allí y les pareció una buena idea, ya que se trataba de una pareja. Lo que ignoraba era que sólo eran amigos, pero al verles creyó que había algo más. Así que se acercó a ambos, para saber un poco más.
—¿Les gustó lo que toqué? —cuestionó, mientras se quedaba viendo cómo ambos se trataban.
—Sí, la verdad es que me gustó. Fue una sorpresa, nunca había visto un artista callejero tan bueno —respondió el finés, sonriendo.
—Entonces, creo que eres nuevo por aquí —contestó, riéndose del comentario de Tino.
—Sí, hace poco que me he mudado aquí —confirmó.
—Entonces, ¿ustedes llevan poco tiempo? —indagó aquel muchacho, a la vez que pensaba cuál sería la mejor canción para esos dos.
—Dos semanas —respondió el sueco enseguida.
—¡Vaya! Qué poco tiempo, pero parece que hace mucho se conocen —afirmó el español, sin darse cuenta de la metida de pata que estaba a punto de cometer —¿Qué les parece si les dedicó la siguiente canción? Seguro que les ha de gustar —Luego, les guiñó el ojo.
—¿De verdad? ¡Eres muy amble! —dijo el ruborizado finés, contento por aquella noticia.
—No es nada, se nota que tu chico te cuida mucho —Regresó a su lugar de siempre para que todos los que pasaran por allí, también pudieran escucharlo.
Pero el efecto que el español había esperado causar en esos dos, no fue precisamente el que quería. Tanto Tino como Berwald estaban apenados por la insinuación directa del hispano. El primero no entendía de dónde había podido deducir que los dos eran una pareja de enamorado, cuando en realidad, sólo eran amigos que se estaban comenzando a conocer un poco más a fondo.
El de ojos azules, por otro lado, estaba un tanto asombrado. Si bien no quería reconocer que su antiguo compañero tenía razón acerca de lo que sentía, ya había dos personas distintas que aparentemente daban por sentado que estaban juntos. Comenzó a pensar en que tal vez no estaba disimulando bien o estaba fallando en algo, por que claramente Tino no pensaba de esa manera.
Mientras el de ojos azules meditaba acerca de su conducta, el de ojos pardos intentó frenar al español. Pero había demasiadas personas a su alrededor y aquel ya había tocado un par de notas en su instrumento, así que no podía interrumpirlo. Así que su siguiente plan consistía en irse del lugar, lenta y silenciosamente, para que nadie más que el de ojos verdes supiera que se estaba refiriéndose a ellos. No obstante, cuando dio un par de pasos, el artista hizo algo para delatarlos.
—La siguiente canción va dedicado para esos dos —El hombre indicó al par, y todos miraron hacia ese punto —, que están celebrando sus dos semanas como pareja. ¡Así que espero que les guste!
—¿Pero qué...? —El más joven sólo quería desaparecer de la faz de la tierra en ese preciso instante. Nuevamente, intentó huir de ese lugar —. Creo que deberíamos irnos...
—Quizás no sea tan malo —le recomendó el sueco, que estaba curioso por saber qué se le había ocurrido al español.
—¿Tú crees? Bueno, tal vez estoy exagerando la situación —Decidió calmarse, no podía ser algo horrible.
Pero tras unos treinta segundos, empezó a darse cuenta de que tenía razón. Más aún, cuando aquel comenzó a cantar.
—Siempre pensé que el amor no era para mí, hasta que entraste en mi vida —cantó, muy concentrado en ello, sin darse cuenta de la expresión de la pareja.
—¿De dónde ha sacado eso? —Tino estaba indignado, pues nunca había considerado que hubiese algo más entre ellos.
—No lo sé —Éste, a diferencia del otro, estaba interesado en la canción,
—Llenaste ese vacío que había en mí, así que te agradezco...
El finés salió corriendo de allí, antes de seguir escuchando eso. La verdad es que ni él mismo sabía que era lo que quería, ni había considerado tener esa clase de relación con el sueco. Trató de huir lo más rápido posible de allí, no podía simplemente quedarse ahí parado, y tampoco quería ser grosero con ese hombre que había querido dedicarles esa canción con toda la buena intención del mundo.
Berwald se dio cuenta de que Tino se había ido de allí. Sólo había estado disfrutando de aquel entretenimiento por unos segundos y ya lo había perdido de vista. Se abrió el paso con facilidad entre la multitud, pero para su suerte aquel no se había alejado demasiado. Estaba sentado en la vereda de enfrente, agarrando sus rodillas, totalmente sonrojado. Estaba aguardando por el otro nórdico, pues en medio de su huida, recordó que había salido con él.
—¿Estás bien? —Era evidente la molestia del otro.
—Sí, no es nada. Sólo que fue demasiado para mí. Pero no te preocupes, no voy a arruinar nuestra salida —respondió, pues sabía que el motivo principal de ese paseo era divertirse y olvidarse de todo lo demás.
—No lo haces —dijo, sólo quería que el finés volviera a sonreír, no quería que estuviese pensando en cosas que no tenían mucha importancia.
—No es que no pueda fijarme en ti o algo así. Es que suena tan...
—Vamos a comer —Tampoco quería mantener esa conversación y como ya era el mediodía, el hambre ya estaba acechando.
Tino dejó de lado todo ese malentendido y junto al sueco fueran a buscar un lugar donde podrían comer con tranquilidad. Pero ambos ignoraban que esa confusión del español sólo era el comienzo de una serie de mal entendidos que estaban a la vuelta de la esquina.
Decidí dividir en dos partes la cita entre Su y Fin, ya que me vino una inmensidad de ideas y no quise ponerlas todas de una. Pero sé que les va a gusta cómo va a concluir (o eso espero xD).
El próximo capítulo lo voy a subir el Jueves 29, porque el miércoles tengo examen de Comercialización.
Agradezco los comentarios de: Hitomi-unii chan, Eirin Stiva, Rina.Y, LunaraKaiba y mikaelaamaarhcp.
¡Moi, moi! ;)
