Todos los personajes pertenecen a Hidekazu Himaruya, sin ánimos de lucro.


Capítulo 20

Tino estaba realmente hambriento, con sed y algo sudado por la forma en que había salido de esa multitud. Quizás gracias a eso, había conseguido dejar de lado por un segundo la vergüenza que había acababa de haber pasado por culpa de la confusión del español. Sólo quería encontrar un lugar donde poder refrescarse en paz y poder disfrutar del día, sin otra preocupación o interrupción.

El sueco, por su lado, estaba pensando un poco más en la canción de aquel artista callejero. Hasta ese entonces, había creído que había disimulado lo que estaba empezando a sentir por su compañero de habitación. Se preguntaba si realmente era bastante obvio para las demás personas. Además, la reacción del finés le había consternado un poco. Quizás no era el mejor candidato, pero nunca creyó que el rubio se molestara de esa forma por esa errónea insinuación.

Mientras los dos recorrían las calles, Berwald consiguió avistar un restaurante italiano en la otra cuadra. Por lo tanto, decidió mostrárselo al otro, que caminaba un par de pasos más adelante que él. Aquel estaba más que contento por el hallazgo del de ojos de azules y no dudó en ir allá, más que nada porque ya no aguantaba más un segundo sin una buena comida y sin una buena ventilación.

—Si quieres, podemos... —Pero Tino no le importaba. De hecho, mientras que el hombre estaba allí parado, el muchacho ya estaba cruzando.

—¡Vamos! No puedo creer que finalmente hayamos encontrado un lugar y no está repleto —. Al joven se le había iluminado todo el rostro de la felicidad.

Sin embargo, una vez que ingresaron al lugar, el sueco se había dado cuenta del pequeño error que había cometido. Recordó que aquel restaurante era conocido por ser de los más románticos de la ciudad, donde la gente llevaba a su pareja para su primera cita, para pedirle matrimonio e incluso celebraban aniversarios. Quiso detener al finés, antes de que fuera tarde, ya que no quería se molestara o pensara acerca de sus intenciones.

—Tino, creo que... —El de lentes trató de detener inútilmente a aquel.

—¿No te gusta la comida italiana? —preguntó el chico, que no veía lo que el otro sí, simplemente le había agradado ese lugar por el ambiente tan agradable y tranquilo que reinaba.

—Sí, es que... —Una vez más, antes de que pudiera terminar de decir lo que quería, el encargado de allí se le adelantó.

Un pelirrojo, algo despistado y muy entusiasta, se acercó a los dos. Nunca los había visto antes, pero se alegraba de recibir nuevos clientes. La crisis estaba golpeando un poco al negocio, así que se puso realmente contento por ver a dos hombres que estaban esperando a ser atendidos.

—¡Vaya, nuevas caras! Vienen juntos, ¿no es así? —Anteriormente ya había tenido problemas por ello, y el gerente de ese lugar, un alemán bastante estricto, le había indicado que preguntara antes.

—Sí, estamos juntos —afirmó el finés, alegre.

El muchacho les llevó hacia una mesa, bien localizada, cerca del ventanal. Era un lugar bastante fresco y perfecto para mantener una conversación íntima. Mientras iban hacia allí, Tino no pudo evitar quedarse admirando todo el restaurante. La luz era tenue, la música suave, ideal para saborear una rica pasta. Repentinamente se dio cuenta de que cierto griego y cierto turco se le habían quedado mirando, así que decidió apresurarse, de tal forma que terminó chocando contra la espalda del otro escandinavo.

—¿Sucede algo? —La cara del muchacho se había pegado hacia su torso , pero lo más curioso era en dónde estaban las manos del otro.

—Lo siento, no me fijé por donde estaba caminando. ¡Vaya que soy torpe! —exclamó, intentando romper la tensión, más que nada porque se dio cuenta del sonrojo del otro, lo cual creyó de manera equivocada que el sueco se enojó.

—Tino... —El muchacho aún estaba allí, aparentemente aún no caía en cuenta de lo que estaba haciendo.

—¿Eh? Por favor, no te molestes. Sé que te hice pasar bastante... —El finés seguía "abrazado" al sueco.

—Tus manos... —Berwald tosió un poco, tenía una mezcla de sensaciones por la forma en que le estaba tocando el otro.

A pesar de no entender a lo que se refería, el finés miró hacia abajo, sólo para darse cuenta de que estaba tocando el trasero del sueco y no una forma muy puritana o casta, sino parecía que estaba a punto de saltarle encima. Fue en ese momento en el que se dio cuenta la razón por la cual todos allí lo estaban mirando de esa manera. Por supuesto, Tino caminó rápido de allí, con mucha vergüenza, mientras murmuraba un montón de disculpas.

Una vez que los dos nórdicos pudieron sentarse finalmente, ambos decidieron, implícitamente, concentrarse en el menú. Ninguno deseaba hablar de lo que acababa de pasar. Es más, preferían aparentar que nada había sucedido. Sin embargo, el sueco estaba más acalorado que nunca y eso era algo que llamó la atención de Tino.

—¿Te sientes bien? —Le preocupaba un poco la manera en que estaba sudando el otro, más que nada, porque nunca le había visto así.

—Sí, yo... —El hombre se desbotonó la camisa para tratar refrescarse un poco.

Éste último comenzando a incomodarse un poco, se suponía que era un día para relajarse, pero al final estaba poniéndose más tenso que en los días anteriores. La verdad es que no entendía qué era lo que pasaba. Siempre había sido alguien frío, distante y que realmente poco y nada le interesaba lo que pasaba a su alrededor. Quizás era amable con el resto, más que nada porque lo sentía como una mera obligación social. Sin embargo, el finés le iba derritiendo de a poco, lo cual todavía no sabía si era algo bueno o malo.

—Bueno, me llamas cuando tú y tu... —Feliciano se distrajo por un breve momento, ya que al tratar de gesticular, se le habían caído todos los menúes —. Cuando tú y tu acompañante estén listos para ordenar.

—Muy bien —Fue todo lo que dijo el sueco.

Pero el rubio de ojos azules, harto del sudor y del creciente calor, decidió levantarse por un momento. Tino miró hacia arriba sólo para notar las manchas que habían sobre la camisa de aquel, lo cual lo desconcentró de la revisión del menú. Pero a pesar del hambre voraz que tenía, incluso se le pasó por la mente que quizás sería cancelar la cita, no sea que la fiebre le hubiese regresado.

—¿Quieres regresar al apartamento? Podemos dejarlo para otro día —le recomendó el finés, aguantándose las ganas de probar esa pasta que tenía tan buena pinta.

—No, sólo me remojaré —contestó, por nada del mundo pensaba postergar esa salida. Mucho menos quería ser el motivo por el cual cancelaban la cita.

—¿De verdad? —Tino no estaba muy seguro, pero al fin y al cabo, habían dado ese paseo para los dos.

—Ordena mientras me voy —aseguró el de ojos claros, a la vez que se retiraba al baño.

Mientras aguardaba por el regreso del escandinavo, Tino siguió fijándose en los platos que ofrecía aquel lugar. Todo lucía tan apetitoso que no tenía la menor idea de que ordenar, quería probar un poco de todo. Estaba tan metido en eso, que no se dio cuenta de que el heleno, quien había puesto sus ojos sobre él desde su llegada, estaba sentado frente a él. Cuando el finés miró la sombra, creyó que se trataba de Berwald.

—¿Ya estás mejor? —El chico bajó el menú, pero quien estaba sentado delante de él no era ni se le acercaba en apariencia al sueco. En cambio, era un hombre de ojos verdes y cabellos castaños, que por cierto, no conocía de nada —¡Ah, lo siento! Estaba esperando a...

—Hay algo que quiero... —Heracles no perdió tiempo en charla que no le interesaba, había estado aguardando junto al turco por el momento en que Berwald se fuera de allí y ésa era su oportunidad —...Proponerte.

—¿Eh? Pero no sé quién eres. A menos que seas cliente de mi compañero, lo que tendría sentido. ¿Por qué no aguardas por él? Seguro que no tarda —habló lo más veloz que le fue posible, estaba un poco asustado por la forma en que el otro se estaba presentando.

En el baño de hombres, el sueco estaba secando su camisa. Decidió tomarse su tiempo, para recuperar la compostura. Debía y quería entender que sólo era una salida como amigos y nada más, que Tino no tenía y no tendría ningún interés en él, así que debía empezar a sacarse esa absurda idea. Además, tratar de hacer algo por ello, quizás sólo empeoraría la situación. La convivencia sería insostenible e incómoda, a tal punto que uno de los dos tendría que mudarse. Definitivamente, prefería guardarse lo que sentía antes de que arriesgarse a eso.

Luego de mojarse varias veces el rostro y las manos, se quedó mirando a su reflejo en el espejo. Era absurdo, ridículo y estúpido. Obviamente, el finés nunca se fijaría en él. Habiendo gente con mucha más personalidad, más extrovertida y mucho más divertida que él, era obvio que eso jamás ocurriría. Hasta pensó que el danés tenía más posibilidades.

Sin embargo, mientras seguía en el baño, ocurrió algo totalmente inesperado.

—¡Kyaaaaa! —gritó el finés repentinamente, lo que se escuchó hasta el tocador.

El sueco se puso mal que mal su camisa y fue a ver cuál era la razón para semejante grito. Caminó lo más pronto que le era humanamente posible, y cuando llegó a la mesa, vio al griego a una escasa distancia de Tino. Éste último estaba asustado por lo que aquel extraño le había solicitado y ni que decir el trauma que tenía. El muchacho temblaba, por lo cual, Berwald decidió intervenir de una vez.

—¿Qué pasa? —Al sueco no le hacía nada de gracia que ese hombre estuviera tan cerca del finés.

El muchacho de ojos pardos, al escuchar la gruesa voz del sueco, se había alegrado. Quizás nunca se había puesto tan feliz al saber que aquel hombre estaba cerca de él. No lo pensó dos veces, necesitaba deshacerse de ese griego pervertido, y la única solución para ese problema era Berwald. Probablemente era lo más vergonzoso que le había tocado hacer hasta ése momento, pero no le quedaba otra opción, así que el finés tomó un poco de coraje, se levantó de inmediato y se arrojó a los brazos del escandinavo.

Por supuesto, el de gafas se llevó una enorme sorpresa. Seguía sin comprender qué era lo que estaba pasando, aunque no podía quejarse por el hecho de que el otro se había tirado de esa forma hacia él.

—Sólo sígueme la corriente —le susurró el finés, con una mirada de lástima. Era el único recurso con el cual contaba y tenía la esperanza de que el otro aceptara.

El de ojos azules simplemente asintió, de manera disimulada, para que el griego no se diera cuenta del pequeño truco. El finés se dio vuelta enseguida y puso los dos brazos del hombre sobre su cuello, para poder hacer creer a aquel hombre de ojos verdes de que verdad eran pareja. Aquel se levantó para inspeccionar qué era lo que Tino le estaba mostrando, quería ver si realmente era cierta la excusa que le acababa de dar.

—¿Así que él es...? —El de ojos claros se acarició el mentón, pensando sobre la situación.

—Sí, él es... —Tino tragó saliva primero, pues todavía no podía creer que había tenido que llegar a ese extremo con tal de librarse de aquella persona —.Él es mi novio —mintió.

—Hace dos semanas —aclaró el sueco, si iban a mentir, al menos debía hacerlo de la manera apropiada.

—Entonces, es por eso que me has rechazado —dijo de manera pausada y calmada.

—Sí, deberías buscarte otra persona para el trío —Apenas terminó de pronunciar la última palabra, Berwald comenzó a toser de forma descontrolada —.Yo, digo, nosotros no estamos interesados en eso, ¿verdad?

—Así mismo —Éste todavía se rehusaba a creer que alguien se le había acercado con semejante idea al finés.

—Ya sabes si cambias de opinión —No iba a perder más tiempo y regresó a la mesa donde estaba esperándolo un turco muy impaciente.

Luego de que el europeo se había ido, ambos suspiraron de alivio. Tino había conseguido esquivar esa bala, lástimosamente a costa del sueco, pero tampoco había tenido otra opción. El otro ya le estaba tocando la pierna y se estaba poniendo cada vez más nervioso por la forma en que le estaba coqueteando. Quizás había sido una jugada por de más desesperada. No obstante, no quería ser grosero y tenía ese ligero problema de no poder decir que "no" a nadie.

Fue entonces que el muchacho decidió regresar a la mesa, pues el hambre había regresado y esta vez, más voraz que nunca. Sin embargo, cuando quiso moverse, se dio cuenta de que los dos largos brazos de su compañero todavía estaban alrededor de su cuello. De cierta forma, podía afirmar que le gustaba. Pero por otro lado, eran solamente amigos, así que era como mínimo un poco extraño.

—Berwald —llamó el de ojos pardos, tratando de espabilar al otro.

—¿Qué sucede? —Pero el sueco no se estaba percatando de que aún continuaba abrazando al finés.

—Ya se fue, ya no tienes por qué seguir fingiendo —contestó, riéndose del desliz del de ojos azules.

—Lo siento —respondió de inmediato, pues estaba disfrutando de tal manera que no recordó hasta ese momento que sólo era alocada mentira.

Al finés simplemente le pareció hasta divertido el despiste de su amigo, en ningún momento se le ocurrió algo más que eso. Enseguida ambos volvieron a sentarse en aquella mesa, que estaba en un lugar bastante privilegiado. Daba a una hermosa vista hacía un enorme jardín, así que el muchacho de ojos pardos olvidó por un segundo su hambre, para contemplar a las distintas parejas que entraban allí.

Por otro lado, Berwald, quien originalmente se había colocado enfrente de su compañero, creyó que sería mucho más conveniente sentarse muy a lado de él. Después de todo, no quería que volviera a ocurrir algo parecido como la situación con el griego, más que nada porque no le había agradado la forma en que miraba y tocaba a Tino. Ni siquiera él se había animado a hacer algo lo más remotamente parecido a eso, y al ver que aquel estaba demasiado incómodo por la manera en que se le había acercado, decidió quedarse lo más próximo a éste.

Luego de que el mesero ya trajo los correspondientes platos, ambos estaban ciertamente curiosos por probar aquel espaguetti que tenía un aspecto tentador, aunque probablemente Tino era el que estaba más entusiasmado con la idea. Incluso momentos antes, al ver la imagen del mismo en el menú, se le había hecho agua a la boca. Sinceramente, no podía estar más feliz y más ansioso por algo cómo eso.

Sin embargo, mientras ambos disfrutaban de aquella deliciosa pasta, que era conocida por toda la ciudad, el mesero de aquel lugar les trajo una botella de vino. Ambos nórdicos se miraron, pues no recordaban haber pedido algo así. Es más, sólo habían considerado tomar un vaso de jugo como máximo, así que era una sorpresa. Aunque no por ello, era menos recibida.

—Cortesía de la casa, para los enamorados —aseguró el pelirrojo, mientras abría la botella y luego puso las correspondientes copas.

Al momento de escuchar la palabra "enamorados", el sueco no pudo evitar escupir toda la comida que tenía en la boca, con tan mala suerte, que terminó en el rostro del finés. Éste tampoco había reaccionado de la mejor manera, ya que su cara había cambiado de color en menos de lo canta un gallo. Pero éste, al darse cuenta del pequeño desastre del sueco, no se lo tomó a mal. Es más, creyó que se había atragantado o algo por el estilo.

—¿Estás bien? —A pesar de estar bañado en pasta, comenzó a golpear la espalda del de ojos azules, tratando de aliviarle de alguna manera.

—Sí —dijo apenas, ya que la tos le superaba.

—Ya saben. Un poco de vino y van a a pasar muy bien —El chico sonrió y se retiró.

El sueco quiso devolver aquella bebida importada, mas fue impedido por Tino. Aunque no eran nada más que amigos, después de todo lo que había sucedido en tan sólo unas cuantas horas, quizás tomar un poco de alcohol vendría bien. Luego de superar la crisis del mayor, el muchacho agarró la copa y la levantó. Al menos, eso era lo que suponía que debía hacer en esa clase de situaciones.

—Deberíamos hacer un brindis, ¿qué dices? Creo que el momento es perfecto —explicó el muchacho, que se había olvidado por completo de limpiarse la cara.

—Espera —respondió el otro.

El de ojos pardos no comprendió por qué su compañero había decidido eso, hasta que el segundo se le acercó bastante. Tener al sueco tan próximo no le dejaba muy tranquilo, pues seguía sin poder siquiera adivinar qué era lo que pasaba por su mente. Por otro lado, tampoco podía decir que le desagradaba, mucho más luego de lo que sucedió Cuando vio que la mano de aquel se estaba aproximando, el muchacho cerró sus ojos. Sea lo que sea, al menos no quería verlo.

—Ya está —explicó Berwald, tras haber sacado todo el espagueti y la salsa que había en el rostro del finés.

—¿Eh? —Éste volvió a abrir sus ojos, sólo para ver una de las servilletas que estaban completamente sucias.

—Te ves mejor —contestó el hombre, para luego alzar de la misma forma la copa.

—Gracias, creo —replicó y tras unos momentos de pensar, finalmente supo que podía decir —. Bueno, estas semanas en la que hemos vivido juntos, han sido de locos. Nos ha pasado de todo, creo que nunca he vivido tantas cosas de esa forma. Pero, —el rubio se ruborizó, pues aunque era algo que creía con toda convicción, no podía evitar sentir vergüenza —, no me arrepiento de nada. Eres mi primer amigo y espero que sigamos siéndolo por mucho tiempo.

—¿De verdad? —Éste tampoco pudo evitar sonrojarse levemente por lo que acababa de decir el finés.

—Sí, es cierto. Espero que tú pienses lo mismo, aunque sé que te he causado más que un dolor de cabeza —Tino sonrió.

Pero el otro no dijo nada más, prefirió mantenerse callado. Pero no pudo evitar esbozar una sonrisa, tras ese pequeño discurso de su nuevo compañero de habitación. Cada vez, estaba más seguro de que haberle sacado al danés del apartamento había sido una buena decisión.

—Deberías sonreír un poco más de seguido —sugirió el muchacho, para luego chocar las copas con suavidad.

Tras disfrutar de esa pequeña velada, que al menos pudo desarrollarse con toda tranquilidad, el finés quiso hacer una última parada antes de regresar al piso. Desde que habían podido tomar asiento, había querido recorrer ese enorme jardín botánico que tenían enfrente. Después de todo, estaba algo cansando de ver puros edificios grises y de oler ese molesto humo que desprendían los autos. Quería detenerse allí, para poder recordar el suave y rico aroma de las flores.

Mientras recorrían ese laberinto de preciosas y exóticas plantas, provenientes de todas partes, una húngara llamó al sueco. Éste no se daba por aludido, pero luego de aquella mujer de larga cabellera le tocó el hombro, finalmente se dio vuelta. Tino estaba demasiado ensimismado admirando esas bellezas de la naturaleza, que no se dio cuenta de que el escandinavo no le estaba siguiendo.

—¿No te parecen hermosas, Berwald? Ah, creo que deberíamos tener una de éstas en el apartamento, ¿qué opinas? —El chico se había acercado para apreciar un poco más el aroma —. No seas tímido, sólo... —El finés se dio vuelta y no encontró al sueco, como si se hubiera desvanecido en el aire.

Pero para su alivio, aquel enseguida apareció. Parecía que estaba ocultando algo detrás, lo cual llamó la atención de Tino.

—¡Pensé que te había perdido! —reclamó el muchacho —. No me des esa clase de sustos —le rogó.

—Toma —El hombre sacó un tulipán rojo, que le había recomendado aquella mujer hace tan sólo unos momentos.

El finés se quedó en silencio, no se imaginaba que hasta se había molestado en darle un pequeño regalo. Se quedó mirando a la flor por unos instantes, cuando se dio cuenta.

Ya entiendo por qué la gente cree que somos novios. Debo decirle algo antes de que se arme un desastre —pensó el finés.

—¿No te gusta? —No le agradaba demasiado el silencio del otro, pues bien sabía que era muy conversador.

—Sí, sólo que... —Ahí fue que le vino a la mente.

Cuando se puso a pensar en todo lo que había pasado en la salida, había sido el sueco el que se había molestado en estar ahí junto a él. No podía creerlo, ya que justamente las cosas debían haber sucedido al revés. Al menos quería demostrale el aprecio que tenía por él y sin pensarlo, acercó sus labios a la mejilla del europeo. Se tuvo que poner en puntillas para tratar de alcanzarlo, pero finalmente lo consiguió.

—Gracias —dijo y luego besó suavemente el rostro del sueco.


Sí, han leído veinte capítulos, para un mísero beso owò xD

Puse a Grecia, más que nada, porque tiene la reputación de ser pervertido, incluso más que Francia.

La razón del tulipán es que no quería fuera algo cliché, si no original.

Agradezco los comentarios de: Hitomi Unii-chan, ChibichibiSuginto, Rina.Y, mylan604, Merlina-Vulturi, LunaraKaiba, Serket Girgam y Eirin Stiva.

¡Moi, moi~!