Los personajes de OUAT no me pertenecen

(Adaptación)

Como soy buena he subido un capi nuevo ¬_¬ pero quiero mas RWs

Así que ya saben chicas entre mas RWs mas rápido subo capi nuevo.

Gracias a las que siempre leen y comentan son un amor enserio, también a las que leen en el anonimato jaja ,y aquellas que me leen de el mismo lugar en el que se desarrolló esta historia jaja tal vez y las llegaste a ver cuando eras peque(? Ajajaja

Michiiii :3 este es pa vos ajjaja disfruta

Las dejo leer no sin antes recomendarles algunas muy buenas escritoras por acá fanclere con historias muy originales, franchiulla con muy buenas traducciones y se ha animado ha publicar una historia de su autoría muy buena , The Little Phoenix para aquellas que le gusta lo sexoso y MaryMontoya17 buena amiga y autora de una muy buena historia en proceso

Disculpen los errores

DISFRUTEN DEL CAPITULO


Capítulo doce

Los faros del coche perforaron el caparazón negrísimo de la oscuridad, siguiendo la carretera de la región a través de un mundo casi etéreo de setos en cuesta, nudosos troncos de árbol y ramas retorcidas como garras. Dentro del Land Cruiser, Emma estaba a punto de derretirse de felicidad, con el brazo en el respaldo del asiento de Regina y los dedos jugueteando con los mechones de su cabello. Todo su ser se hallaba en la gloria, de lo cual sentía la confirmación en los amoratados labios.

Un clavicordio llenó el vehículo de agudas notas y una base sonora que se entrelazaba con su perceptible dicha.

—¿De quién es esta música maravillosa, Regina?

—Del compositor barroco italiano Domenico Scarlatti. Estimula tanto el espíritu que la pongo a menudo en el coche.

Emma cogió la caja del CD y examinó el título bajo las alegres luces de colores del salpicadero del Land Cruiser.

—Si a ti te gusta, mañana a la hora de comer saldré a comprarlo. Así me sentiré más cerca de ti. Cuando lo escuche, reviviré cada maravilloso segundo del día de hoy.

Regina apartó una mano del volante y respondió acariciando la pierna de Emma, que retuvo la suave mano entre las suyas, entrelazando sus dedos más cortos con los dedos largos y finos de Regina, y luego los acercó a sus labios.

Regina deslizó una uña perfectamente cuidada, de superficie regular y fría, sobre los labios de su amiga. Emma abrió la boca y dejó que penetrara el dedo, recorriéndolo con su curiosa lengua, que se demoró en los giros de la piel.

—Eso es muy sexy, pero si continúas, estoy segura de que acabaremos en un agujero —se rió Regina.

—En ese caso tendría que administrarte los primeros auxilios.

Veamos, debería aflojarte la ropa y hacer comprobaciones sin ninguna restricción... ¡Creo que me costaría centrarme en el trabajo! ¡Hum! No me quedaría más remedio que hacer un prolongado boca a boca que no interrumpiría hasta que sintiera latir tu corazón frenéticamente. Por último, te envolvería con mi cuerpo para darte calor y evitar un ataque, por supuesto.

—Emma soltó una risita de emoción.

—Suena estupendo —dijo Regina sofocando una carcajada—, pero no estoy muy segura de que quiera sufrir un accidente para recibir ese salvador tratamiento... ¿No podríamos hacer un ensayo?

—Claro. Todos los adultos responsables deberían poner al día sus conocimientos de primeros auxilios. Me ocuparé de actualizar los tuyos. — Emma esbozó una amplia y lasciva sonrisa—. Dime, ¿qué haces cuando vas de viaje? ¡Espero que no haya otra joven amante a la que estás corrompiendo!

—No, creo que sólo puedo realizar una corrupción cada vez. Se trata de la conversión de una granja en las afueras de Derby para una pareja de mediana edad. Voy allí sólo de vez en cuando, en períodos intensivos, y me ocupo de los problemas y de las cosas que se presentan con el encargado y los propietarios, y paso casi todo el tiempo en la obra. Suelo acostarme temprano, porque acabo agotada, pero en este viaje tengo a una clienta especial a la que debo llamar todas las noches para susurrarle dulces naderías. Me ha hecho prometérselo; y el castigo es demasiado morboso para entrar en detalles.

Emma le dio una palmada juguetona en el brazo a Regina.

—Debe de ser increíble para haberte arrancado una promesa así. Aunque me volveré loca de celos, una promesa es una promesa. Tal vez a tu vuelta tengas que explicar qué ocurre con esa damisela que tanto te atrae.

—Eso me llevará mucho tiempo —se burló Regina—, pero estoy dispuesta.

De todas formas, estarás muy ocupada mirando en los libros de las hadas de las flores el parecido de tu amante. Yo me limito a buscar sola en otra por desesperación.

Emma le había pedido a Regina que le dejase sus libros de las hadas de las flores para ver si encontraba alguna que coincidiese con ella. No sólo disfrutaría buscando al hada, sino que se sentiría dichosa con los libros porque eran de Regina.

—Este coche es estupendo, muy cómodo. Eres afortunada, aunque me siento culpable de que tengas que traerme a casa y luego regresar. ¿Estás bien? ¿Crees que podrías parar a tomar un café?

—Es un placer... Si no te importa regresaré directamente, porque sé que, si me llevas a tu piso, tendré que soportar todo tipo de tentaciones irresistibles y no volveré a casa nunca.

Me recrearé pensando en ti durante el trayecto de vuelta.

—¡Eso mismo debería pensar yo! — exclamó Emma con fingida severidad —. No crea, señora, que me sumiré en consideraciones sobre usted todas las noches o que me asaetarán punzantes dolores, a menos que sepa que a usted le ocurre lo mismo. ¡Me echarás de menos si no quieres condenarte!

—Hablando de eso —dijo Regina—, ¿no te parece sorprendente que hayamos experimentado emociones tan parecidas y de la misma forma? Al fin y al cabo, ninguna de las dos ha tenido relaciones con mujeres y, sin embargo, ambas hemos sufrido un impacto idéntico.

Reconozco que tal vez suscité tu interés cuando me descubriste mirándote, pero hubo algo que te capturó, una idea luminosa que te llevó más allá de la simple amistad. Sé que la gente se enamora continuamente, pero creo que pocas veces ocurre al mismo tiempo y de forma espontánea.

El corazón de Emma entonó una canción llena de energía. «Se está enamorando de mí.» Le habría resultado evidente a un coro shakesperiano callado entre bastidores, pero para ellas fue una revelación, a pesar de la pasión de su beso.

—Los últimos días han sido increíbles —coincidió Emma—; aunque esta situación me hiriese por dentro, no la cambiaría por nada. Me alegro de que me hayas dedicado tu seductora sonrisa y me hace dichosa que nos hayamos conocido. No quiero perder nunca estos días, ocurra lo que ocurra en mi vida. Sólo sé una cosa: me siento exultante cuando estoy contigo.

—¿Piensas decirle algo a tu familia? —preguntó Regina, cuya mano se posó de nuevo sobre la pierna de Emma—. Me contaste que te llevabas muy bien con tu hermana Mary.

—A decir verdad, no estoy segura. Mi madre tal vez lo tome mal... no para de buscarme pretendientes entre los hijos de sus amigas, pero espero que Mary me apoye. Estamos muy unidas y sé que le importa más mi felicidad que lo que piensen los demás. Sin embargo, creo que obraré sobre la marcha. Al fin y al cabo es un gran paso. ¿Y qué me dices de ti?

—Mis padres viven en Irlanda, y no los veo mucho, así que de momento lo mantendré entre nosotras. Tal vez más tarde, la próxima vez que vaya a casa, les pregunte si puedo llevar a una amiga.

Creo que mi padre nos aceptaría, pues su situación personal no es para dar lecciones morales, pero mi madre seguramente reaccionaría como la tuya.

¡Juntas nos enfrentaremos a ellos y, si no nos separamos, no sucumbiremos!

—¡Ésta es mi chica! —exclamó Emma, observando con desánimo que se encontraban en la carretera que conducía a su casa. Con el sentimiento abatido que precede a las despedidas inminentes, cogió la mano de Regina, la apretó sobre su pecho y sólo la soltó, de mala gana, cuando quedó claro que Regina la necesitaba para cambiar de marcha. Examinó los rasgos del rostro de Regina bajo la luz amortiguada del Land Cruiser, decidida a no olvidar ni un solo mechón de pelo, la comisura de la querida boca, con esa sexy cicatriz ,el parpadeo de las bonitas cejas, la esbeltez del cuello de alabastro... cuatro días sin posar los ojos en aquella adorable criatura. ¿Por qué el destino no las había presentado después de que Regina fuese a Derby?

Decidió mostrarse optimista mientras Regina estuviese con ella, estirar cada precioso minuto.

La mente de los enamorados es un revoloteo continuo, también la de Emma, que se preocupó de pronto:

—¿Te importa si te beso antes de que te vayas? No soporto que no lo hagamos.

Si apagas el motor, el coche quedará a oscuras y estoy segura de que no nos verán.

—Estoy dispuesta a asumir el riesgo si tú también lo estás. —Regina sonrió y apagó el motor. Era una calle sin salida, por tanto no había tráfico que iluminase el Land Cruiser. Las ventanas de los apartamentos próximos se encontraban sumidas en la negrura o con las cortinas corridas para aislar del frío de la noche primaveral.

»¿Puedo pedirte un favor? —preguntó Regina—. Sé que suena raro, pero ¿llevas un pañuelo?

—Sí. Esta mañana he guardado uno limpio en el bolsillo. ¿Por qué lo preguntas?

—Me gustaría tenerlo de recuerdo — respondió con aire coqueto—. Te ofrezco uno mío con mi perfume favorito. —Sacó un pequeño pañuelo con bordado inglés de su bolso y se lo dio tímidamente a Emma.

—¡Qué idea tan brillante! —exclamó Emma—. ¡Estás en todo! —Cogió el delicado pañuelo de Regina y buscó el suyo en el bolsillo de sus vaqueros... no era el mejor, sino uno blanco con un minúsculo pensamiento bordado en una esquina—. Un momento, tengo un atomizador en el bolso. —Por suerte, había ordenado el bolso la noche anterior y le resultó fácil encontrar el perfume—. ¡Aquí está! anunció, y roció el pañuelito con un poco de líquido—. Espero que te guste.

—Me encanta —dijo Regina inhalando el aroma antes de guardar el pañuelo con gesto reverente en el bolso.

Contemplaron sus siluetas en silencio, prolongando la inevitable despedida. Emma alzó la mano y rozó con los dedos la cara fría de Regina, siguiendo la senda de sus pómulos altos y deslizándolos luego por la esbelta nariz y la cicatriz de los bien dispuestos labios. La polaridad hizo el resto, uniéndolas en un beso lento y memorable, un beso en el que Emma recordó el leve suspiro que en otra ocasión se le había escapado a Regina.

—¿Me llamarás cuando llegues a casa? Sólo quiero saber si has llegado bien —le susurró Emma al oído.

—No te preocupes, cariño, he conducido de noche muchas veces. Me gusta la tranquilidad de la carretera a estas horas.

—Sí, pero antes no tenías a nadie que se preocupase apasionadamente por ti.

Llámame y envíame un beso de buenas noches.