Todos los personajes pertenecen a Hidekazu Himaruya , sin ánimos de lucro.

Serrat Izaquez respondo acá tu comentario: Sí, Iván va a salir más a partir de ahora. En cuanto a tu pregunta, a Peter lo voy a mantener en el misterio. Puede que sí, puede que no ;)


Capítulo 23

Mientras que el sueco firmaba la planilla, el otro sacó un enorme ramo de girasoles, en el que se incluía una pequeña tarjeta. Luego de devolvérselo al encargado, Berwald se quedó contemplando por un buen rato las mencionadas flores antes de tomarlas finalmente. Éste no tenía la menor idea de quién provenía aquel extraño regalo para el finlandés, todo lo que podía afirmar era que lo había tomado completamente desprevenido.

Después de despachar al hombre, el hombre dejó la entrega para Tino sobre la mesa de la sala de estar. Estuvo varios minutos pensando en qué debía hacer, si despertar al muchacho, si leer la carta, si simplemente no prestarles atención o hacer algo un poco más extremo y deshacerse de las mismas. El escandinavo no sabía de la existencia de una tercera persona en la vida de su compañero, por lo que estaba ligeramente intrigado.

Tras meditarlo profundamente, decidió que las ignoraría, no era su asunto, después de todo. Sin embargo, apenas dio unos cuantos pasos, camino hacia la cocina, cuando se detuvo abruptamente. Volvió a darse la vuelta y nuevamente, su objetivo eran esos enormes girasoles. Quizás no era nada, Tino no le había mencionado nada, así que tal vez era un mero detalle.

Pero, ¿si se estaba equivocando? ¿Cuál era la posibilidad de que el finlandés se estuviese viendo con alguien a su espalda? No tenía lógica, no entendía por qué aquel joven no se lo diría. Aunque ahora recordaba, se dio cuenta que esa persona podría algo que ver con el estrés del nórdico. Se acarició la barbilla y prefirió ir a leer quién era el remitente.

Por su lado, Tino comenzaba a despertarse. Había dormido demasiado bien, más que nada, porque ese día no tendría que encontrarse con aquel ruso que le metía miedo. Podría disfrutar, sin tener a alguien que le estuviese respirando en la nuca, paseándose con su ropa de entre casa sin tener que pensar en sus responsabilidades. Incluso, ya le había pagado la semana pasada su parte de la renta al sueco, así que ahora se sentía libre.

No obstante, no todo era felicidad en ese apartamento. Una vez más, Berwald ya se había levantado antes, miró por un rato el tulipán, al que decidió cambiarle su agua en un rato más y luego se dirigió al baño. Nada indicaba que hubiese sucedido algo fuera de lugar mientras que dormía. Pero, esto estaba bastante lejos de la realidad.

Al mismo tiempo que Tino se fue al baño, el sueco continuaba dudando acerca de lo que debería hacer con ese ramo de flores. De vez en cuando, le echaba una mirada a la tarjeta pero luego la volvía a poner en su lugar, no fuera que el finlandés se molestara. Sin embargo, la mezcla de curiosidad y un poco de celos pudieron superarlo y abrió la tarjeta de una buena vez.

Era poco lo que decía, mas preocupó algo al sueco. La misma contenía el siguiente mensaje:

Para que tengas un recuerdo de mí, cuando no estás en el trabajo.

Iván Braginski.

En algún lugar sabía que ya había leído aquel nombre, pero no podía rememorar en dónde exactamente. Sin embargo, eso era lo de menos. Todo lo que realmente quería saber era por qué le envío semejante detalle al finlandés y cuál era su relación con éste. Si bien, en ningún momento, había pensado siquiera en decile a Tino lo que sentía o lo que pasaba por su cabeza, tampoco le agradaba la idea de que alguien más lo hiciera.

¿Éste quién es? —Si el finlandés hubiese dicho su nombre, aunque fuera una vez, lo recordaría. Sin embargo, era un completo extraño.

Cuando el muchacho terminó de ducharse y de vestirse, se dirigió de inmediato a la cocina. Pero, había algo muy distinto en ese lugar del piso. El sueco no había preparado nada del desayuno y por lo que podía ver, ni siquiera había hecho para él mismo, lo cual le extrañó demasiado. Sin dudar más, fue a buscar a su compañero, algo temeroso de lo que pudiese encontrar, pues ya había se había llevado cada sorpresa.

Sin embargo, cuando entró a la sala, lo que le llamó la atención primero fueron las flores. Berwald estaba demasiado ensimismado como para notar la presencia del otro, pues continuaba pensando acerca de ese hombre.

Tino respiró profundamente, temía preguntar acerca de la procedencia de esos girasoles. Pero le pareció tan raro ver eso en su sala que decidió averiguarlo. Se sentó al lado del escandinavo, quien todavía no se percataba del finlandés, hasta que fue un poco tarde.

—¿Qué es todo esto? —interrogó el muchacho, mientras olía uno de los girasoles del ramo.

—Es para ti —El sueco trató de olvidarse de lo que estaba pensando, pero era un poco difícil, dado que aquel regalo era para el muchacho de parte de alguien que no conocía en lo absoluto.

—¡Ah! ¿De verdad? —Tino estaba algo entusiasmado con esa noticia, pues nunca creyó que alguien pudiese tener ese detalle con él —¡Vaya, que son preciosas! —afirmó, con esos brillantes ojos.

—Um... —Berwald se dio cuenta de inmediato de lo feliz que estaba el otro.

Estaba tan contento con aquel regalo que al finlandés se le olvidó por un momento de preguntar de quién provenían los dichosos girasoles. Por otro lado, el sueco estaba comenzando a malinterpretar lo que estaba sucediendo, quizás esa persona significaba mucho más para Tino de lo que creyó inicialmente. Obviamente, era alguien con quien lidiaba todos los días en el trabajo, pero no se le había pasado hasta ese momento de que otro hombre se diera cuenta de lo mismo que él.

—¿Es tu...? —El hombre no tenía una sola idea de cómo preguntarle delicadamente al finlandés acerca de quién era ese tal Iván Braginski, así que optó por la única forma en que sabía hacer las cosas, bruscamente —¿Es tu novio?

Tino se detuvo en ese preciso instante, estaba colorado por culpa del rubor que le había producido semejante pregunta. Más aún, cuando era el propio Berwald quien había planteado esa cuestión. No se había fijado en nadie más, ni siquiera salía con alguien del trabajo y francamente, tampoco tenía deseos de hacerlo. El escandinavo tampoco estaba muy cómodo, pues él había mirado hacia otro lado, por culpa de la vergüenza que le causaba averiguar acerca de ello, pero necesitaba saberlo.

—¿De qué...? —El muchacho dejó de lado las flores y se concentró en el sueco —¿De qué estás hablando? —cuestionó.

—Es que... —Berwald le cedió la tarjeta al finlandés para que viera quién era el remitente de esos girasoles.

El humor del muchacho cambió bruscamente, de una enorme felicidad por aquel detalle, se puso serio en el momento que leyó ese nombre. La verdad es que no entendía qué era lo que sucedía, respiró profundamente, sólo era un estúpido detalle de parte de aquel ruso y nada más. No tenía por qué enfadarse, pues pese a todo, se había tomado la molestia de enviarle un regalo. Aunque en ningún instante había dejado entrever que tuviese algún interés.

—No lo puedo creer —se rió nerviosamente y trató de disfrutar las flores, de todas formas —Es... —Tino releyó la nota para asegurarse de que realmente era esa persona.

—¿Un admirador? —volvió a interrogar el sueco, quien tenía menos ideas que el otro.

—¡No, claro que no! —Rápidamente quiso aclarar el asunto —¡Eso no es posible! Supongo que es un regalo y ya —El finlandés le quitó importancia, mientras que una gota de sudor caía por su frente.

Mas, eso no era suficiente para el escandinavo. Alguien estaba intentando de alguna forma conquistar al muchacho, lo cual no era algo que le gustaba demasiado. Sin embargo, desconocía si el finlandés correspondía a los sentimientos de esa tercera persona. Por lo que hasta ahora pudo notar, éste se había puesto nervioso apenas leyó la tarjeta, aunque inicialmente había sonreído ante el presente.

—¿Entonces? —Realmente necesitaba saber con quién estaba lidiando, si al menos esa persona se merecía la atención del finlandés, pues lo apreciaba muchísimo y quería que esa persona fuera lo suficiente para Tino.

—Es mi jefe —respondió de inmediato —¡Pero no pasa nada! No soy nada de él o algo por el estilo —afirmó, no quería que el otro malentendiera la situación.

—No tienes por qué... —Estaba un tanto desmotivado por enterarse de esa manera acerca del ruso.

—¡De verdad! No es que tenga algún interés o algo así —explicó el muchacho, quien aún estaba alucinado por la sorpresa.

El muchacho estaba bastante indeciso entre aceptar las flores o tirarlas. No quería nada que lo hiciera recordar a ese hombre, pero por otro lado, éste se había molestado en pagar un encargo. La única certeza era que estaba un tanto incómodo y eso enseguida lo notó el sueco. Quizás era la culpa de aquel que el finlandés estuviese tan nervioso en los últimos días, aunque gracias a ello, recibía un par de abrazos de parte de éste.

—¿Te molesta? —Tenía que saber sí era la persona en cuestión o simplemente se trataba de una rara coincidencia.

—¿Eh? —Tino estaba demasiado ensimismado, intentando tomar alguna decisión, cuando escuchó aquella pregunta.

—¿Si es la persona que te molesta? —reiteró el sueco, que se acercó más al finlandés.

—No sé si molestar, es sólo que... —No podía definir realmente lo que ocurría, ni siquiera sabía qué era lo que estaba pasando.

—Si quieres, puedo... —Berwald pausó por un momento, meditando acerca de lo que exactamente estaba pensando.

El muchacho simplemente lo miró con ingenuidad, parecía estar preocupado. De cierta forma, le gustaba contar con él, aunque no se sentía muy bien cada vez que le contaba algún problema suyo. Después de todo, ya había hecho demasiado y se había propuesto resolver todo este asunto por su cuenta. Todo lo que realmente necesitaba del nórdico era su apoyo.

—...Puedo conversar con él —resolvió el hombre, pues no iba a permitir que nadie trate mal al finlandés, fuera quien fuera.

—¿Eh? No creo que sea necesario —contestó el muchacho —. No es un problema demasiado grave...

—No es ninguna carga para mí —replicó éste, decidido a hacer algo al respecto.

—Realmente no es la gran cosa. Ya sabes que si pasa algo, te lo contaré —El finlandés sonrió y apoyó su mano sobre el hombro del otro, agradeciéndole de esa forma su oferta.

Aquella acción sorprendió un poco al sueco, dado que sabía que Tino no andaba demasiado contento con su trabajo y aún así, había rechazado su ofrecimiento. Sin embargo, a pesar de la negativa del muchacho, estaba decidido a hacer algo al respecto. Aunque, antes de hacer algo, debía conocer a la persona con quien aparentemente estaba "rivalizando" por la atención del chico.

Mientras que el sueco se levantó y fue al balcón para pensar en alguna idea, el finlandés optó por guardar aquellos girasoles. Por supuesto, creyó conveniente ponerlas allí en el centro de la sala. Aunque eran bellos y le daban cierta alegría al lugar, en su interior, no podían competir con el precioso tulipán rojo que tenía en el dormitorio. Había algo mágico en esa flor cada vez que la miraba, algo en que no podían competir ese regalo.

Luego de terminar de "decorar" esa sala, Tino se quedó ciertamente orgulloso de como quedaba. Todo lo que quedaba por hacer era destrozar era estúpido pedazo de papel que arruinaba el regalo y así lo hizo. Pese a que sabía que era una pésima idea, decidió arrojar lo que quedaba de esa nota por el balcón y fue junto al sueco para ello. Sin embargo, cuando estaba a punto de hacerlo, se dio cuenta de que el hombre estaba mucho más pensativo de lo que solía estar.

—¿Estás bien? ¿No te habrás...? —El finlandés se calló en ese preciso instante, era absurda la idea que le acababa de venir y prefería no decirla antes que el otro se enfadara.

—¿Qué cosa? —cuestionó, sin levantar sus ojos azules del paisaje.

—Nada, sólo olvídalo —Era tan ridículo lo que había pensado, que comenzó a reírse de la estupidez que estuvo a punto de pronunciar.

—Dime —Éste estaba curioso, sobre todo, ahora que sabía de la existencia de aquel personaje.

—No, te juro que no es nada importante —reiteró, mientras intentaba dejar de reírse.

Aunque le daba bastante vergüenza, el rubio de ojos pardos decidió que se lo diría. Parecía que el otro estaba un poco frustrado con tanto misterio, quizás se lo tomaría en broma.

—Bueno, lo que quise decir era... —Tino se puso colorado y miró hacia otro lado, porque no quería que el otro le viese —No te habrás puesto celoso por ello, ¿no es así? —Esto lo dijo lo más rápido que posible —¡Ves! Sólo era eso...

—Umm... —Berwald no estaba seguro de que decir, ¿era tan evidente? No era su costumbre reír pero tampoco podía permitir que el otro se diera cuenta de ello —.No, sólo estoy algo dormido —se excusó.

—¡Ah, menos mal! ¡Soy un tarado! Por supuesto que no ibas a estar celoso, sólo somos amigos —El muchacho golpeó ligeramente el brazo del sueco y luego se retiró, al mismo tiempo que seguía riéndose.

Más tarde ese día, Tino salió a comprar un par de cosas que se necesitaban en la alacena. En un principio, el sueco se había ofrecido para ir junto a él, pero aquel declinó ya que eran pocas cosas las que iba a comprar. Aprovechando la ausencia del muchacho, Berwald quiso hacer un poco de investigación acerca de ese tal Iván Braginski y se le ocurrió buscarlo en internet. Estaba seguro que ya había leído ese nombre en otro lugar y debía saber de dónde.

Sacó su portátil que se hallaba debajo del sofá, ya que normalmente buscaba materiales y algunos diseños en la web, además se subir las imágenes de sus trabajos para que cualquiera pudiese verlo. Pero esta vez, el uso de aquella herramienta no era por motivos laborales o para desahogarse. Ahora lo que necesitaba era encontrar información acerca del ese hombre desconocido.

Apenas terminó de escribir el nombre del ruso y le dio buscar, se dio cuenta de que había una gran cantidad de páginas dedicadas a esa persona. La mayor parte de las mismas eran acerca de negocios y algunas, sobre ciertos problemas judiciales que había tenido Iván, pero que había conseguido deshacerse de las mismas. Si bien sabía que realizar la búsqueda en Google y otras páginas era una buena idea, nunca pensó que sería tan exitosa o tan numerosa.

El tiempo pasó volando, ya que se pasó leyendo página tras página acerca del hombre. Por supuesto, no pasaba desapercibido que tenía bastante dinero, por lo que era una buena razón para que el finlandés estuviese contento. Era alguien que podía darle todos los lujos que quisiera, mientras que él, aunque ganaba bastante, no se comparaba.

Sin embargo, lo que más le llamó la atención eran las opiniones y los comentarios de la gente con respecto a él. Gran mayoría coincidía que era alguien de tener cuidado y a quien no le gustaba que se le llevara la contrario. Aquello encendió la alerta para el sueco, pues si esos rumores resultaban ciertos, no quería que Tino estuviera viendo a alguien como él, fuera del ámbito laboral.

En ese instante, al mismo tiempo que continuaba revisando lo hallado por el motor de búsqueda, el finlandés llegó. Se había tardado mucho más de lo que había creído, ya que le costó decidirse qué era lo que debía comprar, sin tener que salirse del presupuesto. Se había tenido que privar de tantas cosas que le habían resultado tentadoras, como la rosca de Navidad, pero al menos tenía lo que necesitaban ambos por el resto de la semana.

Cuando abrió la puerta y dejó las bolsas en el suelo, se arrimó al sueco para ver qué era lo que éste estaba viendo que había capturado tanto su atención. Berwald, al percatarse de que el muchacho ya había regresado, no se le ocurrió una mejor idea que cambiar lo más pronto posible la ventana del navegador, sin fijarse realmente cuál era el contenido de la misma.

—¡Ah, no sabes la cantidad de gente que hay en el supermercado! —se quejó mientras que iba caminando en dirección al escandinavo y éste puso una ventana distinta —¿Qué estás viendo?

El muchacho se acercó y pronto se dio cuenta de su error. Lo que había comenzado con una simple e inocente curiosidad, se había convertido en algo más. Tino empezó a sudar bastante y se puso rojo cual tomate. Aunque ambos eran claramente hombres, había una parte de la vida de Berwald acerca de la cual no había querido saber o al menos, pretender que no existía.

—Yo... —La vergüenza lo dominaba y no podía decir nada razonable —¡Lo siento! —soltó y enseguida se fue de allí.

—¿Por qué te vas? —Éste sólo había estado observando al finlandés durante todo ese tiempo y no comprendió, hasta que fue muy tarde, la razón por la cual éste optó por alejarse.

—¡Tú...! ¡No quise interrumpirte! —exclamó ya a lo lejos y tratando de olvidar lo que recién acababa de ver.

Berwald seguía sin entender qué había hecho que Tino se fuera de esa manera, cuando miró hacia la pantalla. Por poco, no echó la computadora portátil, pues eso era algo que claramente no quería que el finlandés viera. La página se llamaba "rubios mayores de dieciocho años" y las fotos que había allí ciertamente era para gente que superaba la mayoría de edad.

Ahora, el hombre no sabía qué realmente prefería: Que el muchacho supiera que estaba dándole un vistazo a la vida de Iván o que tenía ciertos gustos. El sueco estaba más que apenado por ello, ésa no era la forma en que quería que Tino notara sus preferencias. Pero ahora había quedado como un total pervertido y tenía que, al menos, procurar hablar de ello.

Éste se acercó por detrás del muchacho, quien estaba acomodando las cosas en la refrigeradora, cuando vio la sombra del sueco. Aún estaba temblando ya que hasta ese momento nunca había pensado que fueran posibles esas clases de posiciones y que hubiese gente dispuesta a tomarse esas fotografías. No tenía palabras para describir lo que pasaba por su cabeza y tampoco sabía cómo mirarle a la cara al otro.

—Yo... —Berwald decidió ser quién empezaría esa incómoda conversación, la cual pensó que se llevaría a cabo de una forma más que distinta.

—No es necesario que expliques nada... —contestó el otro, un poco avergonzado —¡Es mi culpa! ¡No debí mirar tus cosas! —Se responsabilizó.

—No quiero que pienses que miro todo el día eso —explicó, en un tono más que tosco, pero era la única manera en la sabía decir las cosas.

—¡Lo entiendo! ¡Todos tenemos necesidades! —exclamó, mientras miraba hacia abajo, pues no había pensado en nada parecido a ese tema hasta ese momento.

—No soy un pervertido —aclaró el hombre, a quien tampoco le resultaba una plática muy feliz.

—¡No pienso eso! ¿Podemos hablar de otra cosa? —Tino estaba más que listo para cambiar de tema.

—Claro —asintió gustoso.

Esa misma noche, antes de acostarse, el sueco continuaba pensando en cómo asegurarse de que aquel ruso no se sobrepasara con el finlandés. Después de leer tantos comentarios acerca de su forma de ser, no le gustaba demasiado que estuviera cerca de Tino. Aunque, claro, esto era algo que no podía decírselo claramente al muchacho, así que tenía que encontrar la manera de saber un poco más acerca de Iván.

En ese momento, cuando había dejado el vaso de agua sobre su mesa de luz, se le cayó un pedazo de papel. Lo levantó de inmediato, allí estaba anotado donde estaba ubicada la tienda de juguetes en donde trabajaba su compañero de habitación. Al darle un segundo vistazo al mismo, se dio cuenta que era bastante cerca del lugar donde cierto hombre tenía su panadería.

Primero, desechó por completo la idea de llamar a esa persona en cuestión. Sin embargo, ir a la juguetería algo que que estaba descartado ya que no iba a pasar desapercibido en lo absoluto. Quizás ese danés era el único que podía darle una mano, a pesar del historial en su relación. No estaba seguro, si se lo pedía, debía tragarse su orgullo y quién sabe qué más. Sin embargo, estaba el otro lado, Tino no le comentaba demasiado acerca de su jefe, así que la intriga de qué sucedía a sus espaldas era grande. ¿Qué hacer?


Traté de hacer lo mejor que pude, estoy algo enferma en este momento, así que pido disculpas si hay algún error o dedazo.

La semana que viene no va a haber capítulo, pues tengo una presentación de un proyecto de microempresa en la universidad.

Quiero agradecer los comentarios de: CakeCaroCake, Rina.Y, kikyoyami8, Hitomi Unii-chan, Eirin Stiva, Serrat Izazquez, Lunara Kaiba y AlePenber.

Gracias por leer~