Los personajes de OUAT no me pertenecen
(Adaptación)
Como soy buena he subido un capi nuevo ¬_¬ pero quiero más RWs
Así que ya saben chicas entre mas RWs mas rápido subo capi nuevo.
Gracias a las que siempre leen y comentan son un amor en serio, también a las que leen en el anonimato jaja
Este capi va dedicado a Mushu y Gen disfruten.
Love! Se acerca tu capi
Ya se acercan los Pe**** de Emma!
Las dejo leer no sin antes recomendarles algunas muy buenas escritoras por acá fanclere con historias muy originales, franchiulla con muy buenas traducciones y se ha animado ha publicar una historia de su autoría muy buena , The Little Phoenix para aquellas que le gusta lo sexoso y MaryMontoya17 buena amiga y autora de una muy buena historia en proceso
Disculpen los errores
DISFRUTEN DEL CAPITULO
Capítulo diecisiete
Una hora después, el detective Humbert llamó a la puerta del dormitorio en el que Emma y Regina esperaban el resultado de la investigación realizada en el piso de arriba.
—¿Podemos ir a la cocina y hablar un momento? —pidió. Emma se fijó en que parecía más inseguro, de donde dedujo que tal vez tuviese algo que ver con Robin De Locksley. Cuando se sentaron, el detective miró a Regina.
—Supongo que aún se siente muy desasosegada —dijo en tono comprensivo—, y lo que tengo que decirle no les va a gustar a ninguna de las dos. —Se volvió hacia Emma como si quisiera recalcar aquel punto.
—¿A qué se refiere? —preguntó Emma, confusa.
—Una de las piedras que utilizó estaba envuelta en una nota. Voy a enseñársela y a preguntarles si es cierta.
Se lo pregunto no por curiosidad, sino porque tendré que revisar este caso. Aquí está... —Puso sobre la mesa una nota arrugada, metida en una funda de plástico. Decía:
DÉJALA
BRUJA LESBIANA
O MORIRÁS
—¡Dios mío! —exclamó Regina—. ¿En qué te he metido? —Parecía a punto de llorar otra vez.
—¡Oh, Regina! Tú no has hecho nada. ¿Cómo puedes decir que has provocado que yo me vea implicada cuando sería lo último que harías? Estoy aquí por ti y nada de lo que él haga romperá ese vínculo.
—Lo siento si interpreto mal las cosas, pero, según esa observación, ¿he de deducir que ambas mantienen una relación? —preguntó el detective Humbert.
—Sí —confirmó Emma—, ¿en qué afectará eso a su investigación?, seguramente tendrá que buscarlo de todas formas.
—Tenemos que llevar esta nota al laboratorio y compararla con las otras. Sin embargo, lo preocupante es que ha lanzado una amenaza contra su vida.
Aunque le había amargado la vida a Regina, hasta el momento no la había amenazado a ella ni a nadie próximo a ella. —Suspiró mientras recogía la nota —. Tendremos que echar un vistazo al sistema de seguridad de su casa. Emma le dijo que su piso tenía puerta de seguridad y que los residentes conocían el peligro de dejar entrar a extraños tras una reciente charla que dio la policía para la comunidad como parte del programa de Vigilancia de Barrio.
—Sin embargo, todo esto es nuevo para mí, lo del acoso. ¿Puede explicarme más cosas? ¿Por qué hace lo que hace?
El detective Humbert asintió.
—Para responder como es debido a esa pregunta, creo que debería hacer algo de historia. Hace años que existe el acoso, pero hubo que esperar hasta enero del 2000 para que el ministro del interior autorizase la primera unidad anti acoso del Reino Unido. Se creó debido a la creciente incidencia de las acusaciones de acoso al amparo de la Ley de Protección del Hostigamiento de 1997. Estadísticas de Estados Unidos muestran que una de cada doce mujeres y uno de cada cuarenta y cinco hombres sufren acoso a lo largo de su vida. El efecto sobre la existencia de las personas resulta destructivo, como puede confirmar Regina, así que ciertamente se trata de un delito que ha de tomarse en serio.
»Aunque el acoso es un delito de género neutro, la mayoría de los acosadores son hombres. No tienen una procedencia socioeconómica específica; suelen ser jóvenes o de mediana edad y tienen una inteligencia superior a la media. No hay un perfil psicológico o conductual particular; cualquiera puede ser un acosador y, a la inversa, casi todo el mundo puede ser víctima.
Mientras el detective hablaba, Regina le sirvió una taza de té. Tras tomar un generoso sorbo, Humbert continuó:
—Hay una serie de tipos en los que entran los acosadores: íntimos, vengativos, delirantes y erotómanos, pero se funden en dos categorías principales, los acosadores con obsesión amorosa y los que padecen obsesión simple. Los nombres me resultan bastante confusos, ya que en el amor obsesivo el acosador conoce superficialmente, si la conoce, a la víctima hacia la que desarrolla una profunda fijación. Los mejores ejemplos son los acosadores de los famosos.
Estos acosadores suelen tener tras de sí una historia de enfermedades mentales, como esquizofrenia o de presión maníaca. Representan entre el veinte y el veinticinco por cien de los delitos de acoso.
»Robin de Locksley encaja más bien en el grupo de la obsesión simple. En este grupo ha existido cierta relación previa personal o romántica entre el acosador y la víctima, generalmente antes de que empiecen las actividades de acoso. En el caso de Regina, Robin de Locksley la conoció en Manchester e intentó sin éxito entablar una relación con ella. Se ajustaba a los rasgos comunes de personalidad, ya que era emocionalmente inseguro, muy celos o cuando no consiguió seducir a Regina y probablemente tenía una baja autoestima. Sin duda, su arrogancia era una forma de disimularla. Seguía los patrones típicos de conducta, pues empezó enviando notas al ver que Regina no mostraba interés por él y utilizando la intimidación cuando se dio cuenta de que ella despreciaba sus avances. Esa intimidación condujo a una inaceptable intrusión celosa, que derivó enseguida en una persistente forma de hostigamiento. Quiere tener poder efectivo y control sobre Regina, pero ahora ha visto que hay alguien en su vida, usted, Emma, que recorta ese control. En un esfuerzo por reafirmar ese dominio ha agravado su conducta amenazante y eso es lo que me preocupa, porque avanza rápidamente hacia un nivel de violencia potencial.
—¿Quiere decir entonces que ahora tiene como objetivo a Emma? — preguntó Regina, horrorizada.
—No, la sigue queriendo a usted, pero, si no puede tenerla, no permitirá que nadie más establezca una relación con usted. Ve a Emma como una amenaza y actuará para recuperar su control sobre usted. Para ser franco, estos casos no son agradables, por eso me alegro de poder ayudar a personas como ustedes, atrapadas en algo que se escapa tanto a su control.
Se quedaron calladas unos momentos, absorbiendo aquella intimidante información. Sólo se oía, sobre el tictac del reloj de la cocina, a los otros policías pisando los cristales en el piso de arriba. Emma se estremeció involuntariamente.
—¿Y a partir de ahora qué? — preguntó.
—En cuanto a nosotros, debemos llevar esto al laboratorio para ver si podemos conseguir alguna prueba incriminatoria. —Señaló la nota mientras hablaba—. Además, haremos indagaciones en la zona por si alguien lo ha visto por aquí recientemente. El único problema es que tiene dinero por su familia y cambia de vehículo con frecuencia. Sabemos que los alquila para poder moverse con rapidez, lo cual dificulta su localización. Cuando venía hacia aquí, averigüé que se ha mudado de la última dirección conocida, así que tendremos que buscarlo enseguida. Las dos deben tener mucho cuidado, especialmente usted, Emma. Sería buena idea que permaneciesen juntas o tuviesen siempre compañía. En el plano ideal, si pudiesen tomar dos semanas de vacaciones, mucho mejor. Si lo ven, no intenten enfrentarse a él. Avisen a la policía o llámenme a mí lo antes posible. Es demasiado peligroso para que se acerquen a él. Si tienen teléfonos móviles mejor, pues así podrán ponerse en contacto con nosotros rápidamente.
»Casi hemos terminado, pero no sé qué quieren hacer ustedes esta noche.
Por desgracia, nuestros recursos no nos permiten estacionar un coche fuera, pero podemos enviar un coche patrulla de vez en cuando. Sería mejor que se fuesen a otro sitio, pero, con las ventanas rotas, comprendo que no quieran abandonar la casa.
—Preferiría quedarme en casa. No quiero que vuelva a entrar aquí nunca.
¿Qué opinas, Emma? ¿Te importa quedarte esta noche? —Regina clavó sus desafiantes ojos marrones en los ojos verdes de Emma, que estaba dispuesta a quedarse allí siempre si se lo pedía.
—Muy bien, arreglado entonces. Voy a ver qué hacen los demás y a pedir que un coche patrulla pase por aquí durante la noche. —Salió. Su lenguaje corporal manifestaba vergüenza y disculpa por el miedo que se había visto obligado a infundirles.
Cuando Humbert salió de la habitación, Regina se acercó a Emma y puso su mano sobre la de ella. Parecía debatirse por encontrar las palabras adecuadas, hasta que al fin susurró en tono contrito:
—Siento mucho que te veas expuesta a esto.
Emma sintió una punzada de rabia, que intentó disimular.
—¡Ya basta, Regina! Estoy en esto porque me he enamorado de ti, y si crees que se va a interponer entre nosotras, reflexiona un poco. Considéralo como la primera prueba de nuestra relación, lo que nos unirá. Así que, por favor, no más disculpas. ¿Cómo se te ocurre disculparte por sus acciones cuando no has hecho nada para darle motivos? No dejemos que arruine nuestras vidas ni que consiga lo que quiere...
Enfrentémonos a él con nuestro amor.
¡Un arma muy potente!
Por fin el detective Humbert entró en la cocina y anunció que se marchaban y que volverían a ponerse en contacto al día siguiente.
—Hemos apartado algunos muebles pesados de las ventanas rotas, por si llueve.
Después, se dirigieron a los vehículos y se fueron. Emma y Regina decidieron supervisar los daños una vez más. Aunque sólo se habían roto las ventanas, la destrucción parecía tremenda. Por el contrario, el atardecer era hermoso, el sol aún brillaba y extendía sobre el suelo del salón un tono naranja que centelleaba en la miríada de fragmentos de cristal como si fuera una lámpara de araña. Recogieron y colocaron junto a la pared más alejada de las ventanas, expuestas a los elementos, cosas como el equipo eléctrico, libros y cuadros. Regina llamó a una compañía de limpiezas permanentes para que arreglase el desaguisado, pues había tantas esquirlas de cristal sobre los sillones y la alfombra que sólo una aspiradora industrial podría absorberlas. Sin hacerse ilusiones llamó a la empresa que suministraba las ventanas y se llevó una grata sorpresa al ver que aún había personal. Tras comprobar en sus archivos las dimensiones de las ventanas, le confirmaron que podían servírselas urgentemente, pero que saldría caro porque hacía falta una grúa.
«Da lo mismo —respondió Regina—. Hay que arreglar las ventanas.»
