Los personajes de OUAT no me pertenecen
(Adaptación)
Disculpen por la tardanza chicas pero mi computadora es un asco y no he podido subir los capis como se debe ,estaré tardando en subir ya que mi computadora no agarra muy bien los programas y el Internet y me tardo en adaptar el libro pero acá esta un capi espero les guste
Gracias a las que siempre leen y comentan son un amor en serio, también a las que leen en el anonimato jaja
Este capi va dedicado a Mushu y Gen disfruten.
Love! Se acerca tu capi
Ya se acercan los Pe**** de Emma!
Las dejo leer no sin antes recomendarles algunas muy buenas escritoras por acá fanclere con historias muy originales, franchiulla con muy buenas traducciones y se ha animado ha publicar una historia de su autoría muy buena , The Little Phoenix para aquellas que le gusta lo sexoso y MaryMontoya17 buena amiga y autora de una muy buena historia en proceso
Disculpen los errores
DISFRUTEN DEL CAPITULO
Capítulo dieciocho
—Como hemos acabado con esto, ¿qué te parece si salimos al jardín para tomar el aire y disfrutar de la noche? —sugirió Emma.
Regina estaba atareada, y Emma quería entretenerla para que no pensase en Robin.
—¿Por qué no? —Regina sonrió—. Tengo una botella de vino en el coche y creo que nos merecemos un trago mientras paseamos entre los arbustos.
Descargaron del maletero del Land Cruiser los comestibles que Regina había comprado. A Emma la sorprendió ver una pequeña nevera donde guardaba la leche y los productos perecederos.
—Me acordé de que eres vegetariana, así que compré algunas cosas camino de Londres. Ahora me parece que hace siglos. Espero que te gusten los espaguetis porque tengo picadillo vegetariano —comentó.
—Es una suerte que te acordaras, porque estaba tan contenta de hablar contigo por teléfono que me olvidé de decírtelo. Sí, los espaguetis me parecen ideales.
Pasearon del brazo por el jardín, con copas de color rojo afrutado en la mano.
Se trataba de un jardín que apenas requería mantenimiento, con plantas y arbustos de colores y texturas variadas que duraban todo el año. En aquel atardecer de primavera el lugar estaba envuelto en cianosis, un matiz azul neón que iluminaba el verde vegetal. En el terreno de las fragancias se llevaba la palma la glicina, que se enredaba en una pérgola y dejaba caer cascadas de flores malvas como racimos de uvas, con un aroma tan embriagador que casi se marearon.
—Si viviera aquí, vendría a este lugar todas las noches, para disfrutar de este rincón de la naturaleza suspiró Emma mientras sus ojos absorbían la serena vista del patio.
—Entonces, será lo que hagamos — dijo Regina , y añadió—: ¡Voy a disfrutar de este rincón de la naturaleza!
—Como si quisiera confirmar lo que acababa de decir, acarició la mejilla de Emma, un acto que iluminó su cara de placer.
Pasearon por el jardín de la mano, bebiendo vino y llenándose con el entorno. Junto a un amplio estanque, al que daban sombra algunos árboles, había un banco de madera tallada. Se sentaron y contemplaron las carpas que se deslizaban perezosas sobre el agua; las salpicaduras ocasionales eran la única indicación de su capacidad para reaccionar ante los desafortunados insectos que se interponían en su pacífico camino.
—¿Qué te parece la amenaza? — preguntó Regina, cuyos dedos estrujaban los de Emma.
—Reconozco que me asusta, pero sobre todo me enfurece. ¿Cómo es posible que ese hombre haya llenado tu vida de miedo durante tanto tiempo y sin consecuencias? Ahora me amenaza también a mí. ¿Qué debemos hacer las mujeres para sentirnos seguras? Me parece increíble que pueda crear tanta infelicidad sólo porque no has aceptado sus descaradas insinuaciones y porque nos amamos. ¡Oh! Ya sé que seguramente es un perturbado, pero me da igual. Si hace algo malo, te apuesto lo que quieras a que recibirá el tratamiento necesario de nuestro Estado protector, mientras que nosotras tendremos que sufrir el daño psicológico. —Aquel estallido no era propio de Emma, pero su intensidad hizo que Regina se sintiera orgullosa de ella y le dio un apretón en la mano para demostrarle su apoyo. Tras la breve explosión, Emma recuperó la compostura.
—¿Cuándo tuviste vacaciones por última vez? —preguntó.
—Hace siglos y las pasé con mis padres. Siempre me ha intimidado la idea de unas vacaciones sola en el extranjero. Supongo que estás pensando en la sugerencia de Graham, el astuto detective.
—¡Hum! ¡No tienes un pelo de tonta! Hace mucho que no descansas y alejarnos de este horrible ambiente nos vendría muy bien a las dos.
—Reconozco que me atrae la idea de unas vacaciones contigo. Espero que estés pensando en algo que dependa sólo de las dos —comentó con aire travieso.
—¡Regina Mills, eres incorregible! —exclamó Emma, alborotándole el pelo a Regina—. Se me ocurre un lugar, pero sólo lo diré si me obliga una mujer hermosa con un beso.
Regina miró a izquierda y derecha con gesto teatral.
—Bueno, cariño, a falta de esa mujer hermosa, lo único que puedo hacer es intentar desvelar el secreto por mí misma. ¡Lo que tengo que hacer por mi país! —Acarició la mejilla de Emma y acercó los labios a la boca expectante, posandolos en ella con suavidad antes de abrirlos con dulzura. Emma asumió una expresión dolorida, diciendo entre dientes:
—¡Ay! Señorita Bond, sus métodos son muy convincentes, pero tendrá que hacerlo mejor si quiere sacar algo de mí.
Regina sonrió con malicia.
—Señorita Goldfinger, le advierto que acabo de empezar. Soy una mujer civilizada, pero mis métodos se volverán violentos si no lo revela todo.
Naturalmente, había una droga en el vino. Y ahora, ¿cuál es el destino de vacaciones, señorita Goldfinger?
—Mis labios están firmemente sellados, señorita Bond.
—¡En ese caso tendré que abrirlos!
Regina dejó su copa, deslizó las manos sobre los sedosos cabellos de Emma y la atrajo suavemente hacia sí. Rozó los labios de Emma con la lengua, y luego la besó, demorándose para saborear la dulzura del vino en su aliento. Recorrió con la lengua el labio inferior de Emma, acariciando con la punta las curvas sensacionales de la boca y penetrando de vez en cuando hasta los dientes. Una de ellas gimió, aunque no supieron quién había sido, pues estaban inmersas en una dicha tan embriagadora como el aroma de la glicina. Sus lenguas se encontraron y empezaron a bailar, enredándose, cambiando el ritmo a tono con las subidas y bajadas de las oleadas de deseo. Aunque estaban sentadas, el cuerpo de Emma temblaba tanto que, si hubiera estado de pie, se le habrían doblado las rodillas. Así se sentía aturdida, con un cosquilleo que recorría sus brazos. Cuando sus labios se abrieron al fin, estaba tan desmadejada y confusa como si hubiera bebido la botella de vino entera.
—Usted gana, señorita Bond — susurró naufragando en los turbulentos ojos de color marron que tenía ante ella. Regina la besó alrededor de los labios, en una prueba de arremetida física para obtener la información vital.
—¡Hable, señorita Goldfinger, o tendré que intentarlo en serio y no le garantizo su integridad!
—El destino, señorita Bond, es...
Francia.
Los días cálidos que bañan las costas de Inglaterra en primavera tienden a refrescar enseguida. El brusco cambio de la temperatura empujó a Emma y a Regina a los acogedores confines de la torre donde, tras cerrar bien la puerta principal, comenzaron a preparar los espaguetis.
—Espero que te gusten muy condimentados —bromeó Regina en tono sugerente.
—¡Hum! Cuanto más picantes mejor, aunque me da hipo, lo cual resultaría embarazoso en un restaurante.
Hablaron con emoción de la posibilidad de viajar a Francia juntas; cuanto más lo comentaban, más les atraía la aventura. Emma opinaba que debían ir enseguida para alejarse de la amenaza inmediata de Robin de Locksley, pero también por la próxima boda de Mary y David.
—¿Te conté que mi hermana Mary se casa con David en junio? Me dijo que invitase a quien quisiera. El lunes voy a comer con ella y me pregunto si podría llevarte como acompañante.
—Tendría mucho gusto en ir contigo. Debemos ir de compras, a menos que ya sepas lo que te vas a poner. Me apetece ir de tiendas contigo porque siempre voy sola.
— No soy muy organizada, así que aún no he comprado nada. Tendremos que dedicar un día a eso. —Dudó un minuto antes de añadir—: Voy a contarle lo nuestro a Mary el lunes.
Regina dejó de remover la salsa de los espaguetis y la miró; una expresión de admiración y amor cubrió sus rasgos.
—¿Estás segura, cariño? Significa un gran paso para ti, y me doy perfecta cuenta de lo que podrías perder.
—Sí, estoy segurísima de que te amo profundamente y me parece justo contárselo a la otra mujer a la que quiero. Deseo que lo sepa por mí. Como estamos tan unidas, podría ofenderse si cree que no confío en ella. Con la amenaza del acosador, prefiero que conozca los antecedentes por si él averigua mi nombre y le envía notas desagradables sobre nosotras. Veré cómo reacciona antes de decírselo al resto de mi familia.
—Me parece estupendo, Emma, y gracias por confiar en mí. Supongo que ya le hemos hecho nuestra primera confesión al detective Humbert... ¡pobrecillo, pensar que estaba solo con dos hermosas mujeres, un tipo tan atractivo, y no tenía la más mínima posibilidad...!
—Es guapo, no tiene aspecto de policía... sino más bien de modelo masculino. Pero no se compara ni de lejos con mi morenaza Regina, eso seguro. —Ratificó su afirmación alborotando el pelo de Regina y dándole un beso en la nuca.
Tras repartir los espaguetis y abrir otra botella de vino tinto italiano, recuperaron la conversación sobre las vacaciones. Regina estaba convencida de que su jefa acogería favorablemente la petición, pues hacía siglos que le había recomendado que se tomara un descanso. En la oficina de Isobelle tenían una época tranquila, pues el período de presupuestos anuales no alcanzaba su punto álgido hasta finales de julio, así que podría solicitar vacaciones.
—Ahora sólo nos queda decidir si vamos a Francia y cuánto tiempo —dijo Regina, muy contenta—. ¿Se te ocurre algún lugar concreto? No conozco Francia.
Emma esbozó una sonrisa traviesa.
—Pues sí y te daré la información a crédito. Cuando era adolescente, hicimos una excursión con el colegio a la región francesa del Lot y aún recuerdo lo mucho que me impresionó. Siempre quise volver. He pensado que sería ideal si pudiéramos conseguir una casita bien amueblada sólo para nosotras, con una buena piscina. ¿No te tienta? Por favor, no dejes que te obligue a hacer algo que no quieres.
—Lo que sugieres suena maravilloso, más aún porque será contigo. No te imaginas la ilusión que me hace. Nunca había deseado tanto unas vacaciones.
—¡Estupendo, corazón, yo ya estoy allí mentalmente! Cuando el personal de limpieza haya terminado mañana, ¿qué te parece si vamos a Hertford y cogemos unos folletos? Mejor aún, si tienes ordenador portátil, podemos conectar con algunos sitios y mirar los que estén disponibles. Ahora que hemos empezado a hacer planes, estoy demasiado emocionada para parar.
—Lo que podemos hacer es recoger los platos, preparar café y llevar el vino a la habitación. Iré a buscar el ordenador al salón y nos pondremos cómodas. Creo que voy a poner una cuña en la puerta del salón. Sé que no puede subir por el exterior de la torre, pero prefiero no arriesgarme.
—Buena idea —admitió Emma, y la ayudó a recoger los platos y a meterlos en el lavavajillas.
