Todos los personajes pertenecen a Hidekazu Himaruya, sin ánimos de lucro.
Quiero agradecer los comentarios de: , Linda4257, Eruh [No voy a dejar la historia, gracias por el apoyo. Me alegra saber que piensas eso de la historia ^^], kikyoyami8, Neeli-chan [Gracias por el mensaje de apoyo, no pienso dejar la historia :P] Serrat Izazquez, Rina.Y, LunaraKaiba, Eirin Stiva y AlePenber.
Capítulo 27
Emyl caminaba algo nervioso de regreso al colegio. Para su mala suerte, ese día salían temprano lo que le daba una ventaja al danés en sus planes. Durante toda la mañana se había estado preguntando qué era lo que tramaba ese hombre y le había resultado difícil concentrarse en algo que no fuera eso. Buscaba cualquier excusa para tardar, pero simplemente el día se había confabulado con las descabelladas ideas de Andersen.
Apenas entró a la panadería, se sintió algo aliviado por no ver a su cuñado. Sólo se encontraba su hermano quien estaba cambiando el pan viejo por el nuevo. Quizás se le había olvidado por completo, eso esperaba. Saludó al noruego y directamente fue a atender a su frailecillo, que estaba aguardando por su regreso. Lo tomó en sus brazos y decidió ir a su habitación.
Sin embargo, apenas dio unos pasos cuando repentinamente se abrió de manera brusca la puerta que separaba al negocio de la casa se abrió. De allí, salió el cocinero estrella de esa tienda y en su mano, llevaba lo que parecía ser una planilla.
—¡Terminé! Mi idea maestra finalmente verá la luz —sonrió.
—¿Decidiste dejar a mi hermano y renunciar? —preguntó el islandés, porque aunque sabía que eso no iba a suceder, siempre se podía soñar.
Luego de un par de minutos, en los que el europeo se mantuvo callado para crear un poco de suspenso, Lukas se cansó y le arrojó directamente uno de los bollos duros que estaba cambiando de los estantes. Si ese hombre estaba esperando alguna forma de alabanza, no lo iba a recibir de ninguno de los dos. Además, estaba algo molesto porque aquel había decidido dedicar gran parte de la mañana en eso, en lugar de trabajar.
—Estoy esperando que pregunten —A pesar del ataque aéreo que acababa de recibir, no se le caía el ánimo. Continuaba tan orgulloso de su trabajo.
—Si lo pregunto, ¿vas a trabajar de una vez? —cuestionó el noruego, que no cesaba de tirar las sobras al danés.
—Sí, lo que tú quieras —contestó el danés, con tal de que el otro demostrara un poco de emoción por su ocurrencia.
Lukas respiró profundamente. No podía creer que había caído tan bajo al punto de tener que hacer lo que el otro quería. Pero como no se le daba tan bien eso de hornear, no le quedaba otra. El islandés estaba un poco asombrado, por un lado, por el poco apoyo de su hermano mayor y por el otro, porque Andersen realmente se había acordado de su absurda idea.
—¿Cuál es la estúpida ocurrencia que se te ha venido ahora? —dijo repentinamente Lukas, sin perder su toque de sarcasmo.
—Oh, verás mi querido Lukas. Usaré a Emyl para que vaya a esa juguetería y haga una encuesta. Mientras están distraídos, tirará un micrófono y desde ahí, oiremos todo lo que dicen —explicó orgulloso.
—Sigo sin comprender por qué no vas tú —dijo el islandés.
—Es que el muchacho ya me conoce. Además, seguro que Berwald no querrá que se enamore de mí aunque no lo culparía...
En ese preciso momento, el escandinavo tomó una bandeja y con la misma, le golpeó varias veces a su pareja. Seguía pensando que si continuaba con los golpes, los tirones de oreja, los mordiscos y otras cosas más, de alguna forma, Andersen se daría cuenta del problema. Pero, aparentemente, hiciera lo que hiciera, no había modo de que notara lo que quería decirle.
—¡Ya, ya! Sólo fue una broma, no voy a estar con nadie que no sea contigo —contestó, intentando escapar de los golpes del noruego.
—Esa no es la cuestión —respondió.
—En fin... —Emyl estaba agotándose de ver esa escena, la verdad es que tal vez sería mejor hacer lo que el danés tenía planeado. Al menos, estaría alejado de ese dúo por un tiempo.
Luego de limpiarse todas las migajas que se le había caído durante el segundo ataque del noruego, Andersen volvió a sonreír. Se fue directamente hacia Emyl, quien estaba arreglando el moño del frailecillo. Tosió varias veces para llamar su atención, mas el adolescente estaba completamente enfocado en el pájaro. Lukas estaba bastante cerca del danés, para asegurarse de que no se le fuera la mano.
—¿Qué? —preguntó el menor al ver que el adulto estaba ahí parado.
—Es hora de disfrazarte —respondió y antes de que el adolescente pudiera decir algo más, lo agarró de su mano para llevárselo dentro de la casa.
—No te pases de la raya —advirtió el hermano mayor de aquel antes que esos dos desaparecieran.
Pasaron unos veinte minutos, entre discusiones, para que Emyl volviese a salir. Se sentía bastante ridículo y estúpido. La verdad es que no se conseguía entender qué era lo que el escandinavo había visto en ese hombre. Estaba fastidiado y tenía ganas de salir corriendo de esa situación. Sin embargo, Andersen lo tenía agarrado por los hombros para asegurarse de eso no sucediera.
Llevaba unas gafas que había secuestrado del anterior apartamento del sueco por pura casualidad. Ahora, habían sido de gran utilidad. Le había puesto un sombrero, a modo de que luciera como un periodista, un saco bastante formal y unos pantalones a cuadros, los cuales el danés había lucido durante su época de colegio. Desde esa época, no había podido utilizarlos pero se sentía orgulloso de que al islandés le quedaran casi tan bien como a él.
—Detesto estos pantalones —se quejó el muchacho.
—¿Cómo puedes odiarles? Son fantásticos —respondió el otro, defendiendo la integridad de la vestimenta —.Si no hubiera pegado el estirón, realmente los seguiría utilizando.
—Terminemos con esto de una buena vez —Estaba empezando a creer que todo se trataba de una maldita pesadilla.
Caminó directamente hacia la puerta, portaba la planilla de un lado y en su bolsillo, tenía un bolígrafo. Por supuesto, en su mochila, se encontraba el ave que asomaba su pico. La idea inicial de Andersen era que el animal estuviese en su totalidad dentro del morral, pero ante de la negativa del muchacho ya que el frailecillo podría asfixiarse, tuvo que contentarse con eso.
—Recuerda, quédate en la entrada y cuando veas a Tino, le haces las preguntas. Luego, cuando veas al dueño de la tienda, haces lo mismo.—afirmó el danés —.Tiene un color de cabello igual que tuyo y sólo es un pelo más alto que yo —Se rehusaba a creer que había alguien con mayor altura, simplemente pensaba que el ruso usaba botas con tacos o algo así.
—Sí, es igual de raro que tú —murmuró el adolescente.
—Sólo deberías sonreír un poco más —aconsejó el hombre, al ver que Emyl estaba serio y algo avergonzado.
—¿Por qué no lo haces tú? —volvió a preguntar.
—Tu hermano es celoso y no quiere que coquetee con nadie. Además, el niño me conoce y...
Mientras esos tres hombres discutían sobre el plan para espiar al ruso, dentro de la tienda de éste, cierto finlandés estaba preparándose para ir a comer. Había sido un día extremadamente lento, casi todo estaba preparado para lanzar la nueva sección de videojuegos del lugar, lo único que faltaba era que viniesen los técnicos a probar las instalaciones. Tampoco había venido ningún cliente, así que no había hecho otra cosa que esconderse de Iván.
Pero ahora que había llegado el mediodía, podía salir de allí e ir a comer un rato a solas. Sin tener la necesidad de tener que pensar y preocuparse en el ruso. Después de cambiarse, sacó su billetera y su móvil de su casillero, listo para marcharse al comedor de todos los días. Estaba más relajado, media hora de completa paz y tranquilidad.
Sin embargo, Iván tenía otros planes. A pesar de que aún había documentos y recibos por revisar, decidió encargar esa tarea a Toris. Mientras estaba firmando, había visto al finlandés despedirse y creyó que sería una buena idea hacerle un poco de compañía. Él mismo detestaba estar solo, así que quizás ambos podrían conversar un poco durante el almuerzo. Dejó los papeles a un lado y se apuró en alcanzar al finlandés.
—Tino, ¿ya te vas a comer? —preguntó el hombre, cuando finalmente había conseguido estar detrás de él.
El muchacho se volteó lentamente, quizás sólo se lo había imaginado. Lastimosamente no era así, aquel hombre de grisáceos cabellos estaba parado firmemente, con una sonrisa en su rostro.
—Sí, es un rato nada más. Enseguida regresaré, señor —respondió, esperaba que eso fuera suficiente para que el otro se alejara.
—¿No te gustaría un poco de compañía? —Iván ya se había autoinvitado a comer con el finlandés, a pesar de desconocer lo que éste realmente pensaba.
—No es necesario, señor. Además, seguro que tiene cosas más importantes que hacer que solamente almorzar con un empleado —contestó, le daba algo de miedo pensar en que aquel hombre tuviera cierto interés en él.
—Quiero ir a comer contigo, no te preocupes por el trabajo. Ya le dejé a Toris y a Félics con las tareas —No iba a aceptar una negativa —.¿Nos vamos?
Desde la oficina, el lituano estaba sin palabras por el repentino actuar de su jefe. Sentía algo de lástima por el nórdico, que prácticamente fue obligado a comer con el ruso, se le pudo ver su cara de susto al escuchar la decisión del ruso. Aunque parecía ser su reemplazante, ya que en los últimos días, el dueño de esa tienda demostraba mucho más interés en Tino que en él.
—Pobre... —Luego, Toris se quedó contemplando las columnas de documentos que tenía que revisar —.A veces pienso que este hombre abusa de nosotros —se quejó.
—¡O sea! No entiendo por qué le tienen tanto miedo ustedes dos —El polaco estaba sentado a su lado, jugando con rubia cabellera.
—¿No lo entiendes? —El lituano se quedó mirando fijamente al despreocupado Félics.
—¡Hola! Eso es lo que dije, se preocupan demasiado —contestó el otro.
En ese momento, Andersen y Emyl habían terminado de discutir. Pero apenas éste salió de la panadería, se quedó plantado al ver que las dos personas a las que debía hacer la supuesta encuesta se iban a otro lado. Como vio que el mayor iba bastante apurado, al mismo tiempo que jalaba del brazo al finlandés, decidió mandar al frailecillo. Por supuesto, antes de hacer eso, prendió el micrófono que se encontraba en el moño del animal.
—Es injusto, lo sé —dijo el muchacho y luego lanzó al ave.
Desde adentro, el danés estaba sentado delante de su portátil, pendiente totalmente de lo que pudiera escucharse. Se sentía realmente importante, había tenido una genialidad sin tener que moverse demasiado. En ese momento, vio entrar al islandés, así que se levantó. No podía creer que fuera tan eficiente y tan rápido en su tarea.
—Fueron a un bar, así que mandé a Puffin —Fue toda la explicación que dio y se sentó al lado de su cuñado, no porque le interesara, sino porque estaba preocupado por la misión del frailecillo.
—Hubieras entrado al bar para hacerles las preguntas de todas formas —dijo el hombre.
—Tengo quince años, idiota —se quejó por la reclamación de Andersen.
—A veces, olvido que soy el mayor de esta casa. Aunque eso significa que soy el macho alfa...
Otra vez, Lukas se apareció por atrás, esta vez para tirarle una bolsa en la cabeza y pudiera callarse de una vez.
Por su lado, el ave aleteó lo más rápido que le fue posible y se metió dentro del comedor, cuando el ruso abrió la puerta. Se quedó sentado sobre una de las vigas, para que nadie notara su presencia. Para su suerte, había personas ebrias ya a esa hora del día, así que podría pasar perfectamente desapercibido. Trató de quedarse cerca de esos dos hombres, para que pudiera captar toda la conversación.
Tino estaba realmente nervioso, en medio de toda esa situación. No solamente el otro había decidido por su cuenta acompañarle durante el almuerzo, sino también lo había agarrado del brazo, como si quisiera demostrar que nadie más que él podía acercarse al finés. No tenía la menor idea de que decirle o acerca de que conversar. Su hora de descanso se había convertido en una circunstancia que ni el mismo Houddini hubiera podido escapar.
Pero Iván era una historia distinta. Estaba que sonreía hasta no dar más. Miraba por todos lados, no era como los restaurantes a los que acostumbraba a ir, era más hogareño de cierta forma. No se sentía presionado por tener que conversar con empresarios de cierto calibre. Era un buen lugar para comer y además, podría conocer un poco más a ese adorable rubio que trabajaba para él.
El ruso vio un buen lugar en una esquina, así que sin consultar a su acompañante, se dirigió directamente hacia allí. Tino simplemente siguió al otro, no le quedaba otra opción. Luego de ordenar, ambos se quedaron callados. El dueño de la tienda de juguetes miraba al otro, mientras que éste intentaba esquivarlo. Después de un momento, Iván quiso romper con el silencio.
—¿Siempre vienes aquí? —preguntó.
—Sí, es el más cercano que hay —contestó rápidamente, no sabía cuáles eran las intenciones del hombre.
—Me gusta, no hay ruido y no hay un montón de personas que molestan —respondió el otro —.¿Sabes? Cuando hay una multitud, me dan ganas de ponerles un bozal o algo así —explicó sonriendo.
Apenas escuchó eso, Lukas se puso a escribir algo. Si bien el danés estaba bastante atento a lo que sucedía entre esos dos, tratando entender la conversación que mantenían el finlandés y el ruso, le llamó la atención lo que estaba haciendo su pareja. Su curiosidad era tal que sin pedir permiso o al menos avisar, Andersen le arrebató el pedazo de papel.
—¿Qué es esto? —El nórdico se puso a leer y pronto se puso a reír.
En la hoja estaba escrita: No olvidar comprar un bozal para Andersen. Y quizás un somnífero.
—¡Me encanta tu sentido del humor! —exclamó el hombre que intentó robarle un beso al noruego.
—Deberías centrarte en tu tarea —El muchacho de ojos azules empujó al otro, haciéndole regresar a su sitio.
—Tienes razón, pero acuérdate que me debes un beso —reclamó y luego volvió a poner el sonido.
El finlandés no estaba muy seguro de cómo responder a semejante declaración, así que sólo rió nerviosamente. Cada día que pasaba, estaba dudando acerca de la clase de persona que era su jefe.
—No te preocupes, no te haré nada. Me gusta cómo hablas —aseguró, al ver que su empleado estaba temblando un poco.
—Gracias, supongo... —Estaba tenso, quería que aquello terminara lo más pronto posible.
Iván simplemente sonrió, la verdad es que estaba bastante interesado en ese muchacho. Mostraba esa debilidad que tanto le gustaba y le atraía. Así que en un cambio brusco, en lugar de sentarse enfrente, cambió su sitio a su lado. Quería dejar en claro al resto de los clientes y quien fuera que estuviera allí, que él estaba a cargo y que no iba a dejar que nadie se lo llevara sin su permiso.
—Dime una cosa, Tino —Iván miró directamente a los ojos pardos del finés.
—¿Qué...? —Si ese hombre no fuera su jefe y si no necesitara el sueldo que éste le pagaba, hacía largo rato que ya se hubiera largado de allí sin mirar atrás.
—¿Sales con alguien?
Casi al mismo instante, Tino y Andersen se golpearon con la mesa. El primero porque ya no sabía si estaba alucinando, si eso era fruto de su imaginación o si de verdad el ruso le acababa de hacer esa pregunta. El segundo porque hasta ese instante había creído que todo se lo había inventado el sueco y quería asegurarse de ello, pero aparentemente tenía razón, lo que lo molestó un poco.
El muchacho se sentía en aprietos, si bien se había planteado en algún momento, jamás se había fijado en el ruso. Principalmente porque le daba miedo y en segundo lugar, porque quizás había empezado a tener sentimientos por alguien más, aunque concientemente todavía no se había dado cuenta de ello. No entendía cómo hacía para meterse en semejantes líos.
Por alguna razón, al cerrar y abrir los ojos, creyó por un instante que Iván no estaba allí y la persona que se había sentado a su lado era el sueco. Deseaba desesperadamente que fuera ese hombre, daría lo que fuera porque su acompañante fuera el escandinavo. Sin embargo, todo era una ilusión. Su jefe continua allí, tan contento como siempre.
—No, yo... Yo acabo de llegar a la ciudad entonces... —Le costaba decir algo coherente, quería salvarse el pellejo sin molestar al otro.
—¿De verdad? —Fue todo el comentario que hizo Iván, estaba complacido con lo que acababa de escuchar.
El resto del almuerzo siguió en completo silencio, pero no era algo que le molestaba al ruso. Es más, estaba acostumbrado a que la gente tuviese esa reacción. Sólo quería disfrutar la compañía del otro, sin tener que estar pensando en el trabajo o en cosas tan formales.
—Mañana te acompañaré otra vez, me gusta el lugar —afirmó el ruso.
Durante los próximos días, Andersen decidió volvió a utilizar al frailecillo como espía. Era perfecto, nadie se daba cuenta de su presencia y podía escabullirse enseguida. Emyl continuaba aceptando con el empleo del ave en ese trabajo, ya que entre eso y recibir consejos amorosos por parte de su cuñado, prefería mandar al animal a ese bar. Estaba fastidiado por ello, no tenía otra opción.
Al tercer día, Iván volvió a salir con Tino. Éste último estaba rogando por que llegara enseguida el fin de semana, no era que odiaba la compañía, pero lo hacía sentir terriblemente incómodo. Sin embargo no tenía forma de escape alguna, debía soportarlo.
—Hay algo que me está intrigando... —afirmó el hombre mientras bebía un sorbo de vodka.
Todo lo que hizo el finés, fue asentir. No se animaba a preguntar de qué se trataba, a estas alturas, esperaba lo que sea por parte del ruso.
—¿Qué clase de hombre te gustan? —El ruso agarró en ese momento la mano del muchacho —.A mí me encantan los chicos sumisos, que dicen sí a todo. Me gusta que sean alegres y que se porten bien.
—Yo, no sé, no me puse a pensar en eso —Estaba con temor, las charlas se estaban volviendo algo extrañas.
—¿Ah, sí?
Por su lado, el danés dio por concluida la misión que le había dado su antiguo compañero. Tenía suficiente información , al menos, lo que aquel necesitaba saber. Además, por lo que había visto, ese hombre de cabellos grises tenía planeado hacer algún movimiento pronto con el finés y quizás era su obligación decírselo a Berwald antes de que fuera tarde. Esta vez era su oportunidad de demostrarle de que podía ser un buen amigo cuando lo quería.
No quise perder mucho tiempo con las escenas, porque sinceramente si describo cada uno de esos días, en la vida voy a terminar la historia xD
En los próximos capítulos, Eduard y Raivis regresan.
La semana que viene no va haber capítulo, porque voy a subir el capítulo final de *Cafetería*. El 06/12 voy a subir un extra de la historia, sobre el cumpleaños de Tino. "¿Quién da el mejor regalo?" se va a llamar ;3
Gracias por leer~
