Todos los personajes pertenecen a Hidekazu Himaruya, sin ánimos de lucro.
¡Capítulo especial!
Al fin, había llegado ese día que tanto le gustaba. Sinceramente, no podía creer lo pronto que había pasado el tiempo. Todavía le parecía que era el día de ayer cuando había salido de su casa para ir a tomar el autobús, rumbo a esa ciudad. Sin embargo, ya hacían unos buenos meses desde esa época. Y ahora estaba preparado para lo que el día le traería.
Era la primera vez en toda su vida que pasaba su cumpleaños lejos de su casa. Pero no le importaba. Cumplía los veintiún años rodeado de la gente que quería y confiaba. No había nada mejor que eso. Sonrió, era hora de salir de la cama y levantarse. A diferencia del resto de los días anteriores, estaba emocionado por levantarse.
Iván se había enterado del próximo cumpleaños del finlandés, así que había decidido darle unos días de descanso. Lo que Tino ignoraba por completo era que el ruso tenía unos planes detrás de esa aparente indiferencia. Tampoco era que se había puesto a pensar en ello, simplemente le había agradecido su consideración.
No sabía dónde estaba el sueco, no había escuchado absolutamente nada de él. ¿Acaso no sabía el día qué era? Quizás se había olvidado, quizás no le había dado importancia. Enseguida olvidó toda esa negatividad de su cabeza, Berwald no le trataría así. De todas maneras, por alguna razón que todavía no lograba comprender, estaba esperando ansioso por ver a ése hombre.
Aún andaba en pijamas y apenas había salido de la habitación. Eran alrededor de las diez de la mañana, había aprovechado ese día libre para dormir unas cuantas horas extras. Después de todo, era su día especial. Pero todo le resultaba absurdamente sospechoso, es decir, si bien sabía que el hombre con quien vivía era silencioso, tampoco podía pasar desapercibido.
No quería pasar el día de su cumpleaños solo y la verdad era que le hubiera gustado pasarlo con Berwald. Cuando llegó a la cocina, todo estaba en su lugar. El desayuno, como siempre, estaba preparado y listo para ser disfrutado. Pero Tino estaba decepcionado. No había rastros de su amigo por ninguna parte.
Respiró profundamente, a pesar de eso, no iba a dejar que el día se echara a perder. Ya hallaría la forma de divertirse.
Mientras tanto, el escandinavo no se había olvidado en lo absoluto acerca de ese día. Ahora estaba en camino hacia la panadería de cierto danés. A pesar de que, una vez más tenía que recurrir a ese hombre tan particular, estaba seguro de que quedaría espectacular. En todo lo que podía pensar era en la cara que pondría el finlandés.
De allí, tendría que ir a buscar un regalo muy especial que había estado preparando desde hacía días, a escondidas de Tino. Había tenido que alquilar uno de esos casilleros para que el muchacho no descubriera su sorpresa. Debía hacer muchas cosas, pero si eso significaba ver una resplandeciente sonrisa en el rostro de aquel muchacho, todo iba a valer la pena.
Dentro de esa panadería, el día ya había comenzado. El noruego, como todos los días, estaba retirando todos los bollos y panes que habían sobrado. Eran muy pocos, pero agradecía de cierta forma el hecho de que estuvieran allí. Siempre servían como una buena bomba para arrojar a Andersen, cada vez que éste mandaba una tontería, lo cual era casi todo el tiempo.
Por su lado, el cocinero de ese lugar estaba ocupadísimo haciendo las masas y calentando el horno. De vez en cuando, espiaba por la puerta para ver a Lukas recogiendo la panadería del día anterior. Si tan sólo el negocio estuviera cerrado y ese pájaro no estuviese a los alaridos, ya hubiera aprovechado la ocasión para lanzarse.
Todo indicaba que iba a ser un día como cualquier otro. Pero no podían estar más equivocados. El danés estaba cantando, como siempre, a todo lo que daba así que el noruego había dejado su quehacer matutino para meterle un duro bollo en la cavidad bucal y así disfrutar por unos breves momentos, del silencio de la mañana.
Repentinamente, Berwald entró a la tienda. Lukas levantó la mirada hacia el sueco, sus profundos ojos azules no podían creer lo que estaba viendo. Para ser dos hombres que estaban "peleados", hablaban demasiado entre sí, fue lo que pensó el noruego. Aunque, al final, no era de su incumbencia realmente. Siempre y cuando, Andersen no se hubiera metido en algún lío que él ignoraba.
—Buenos días, supongo que quieres hablar con Andersen —Se adelantó.
—Algo así, tengo un encargo —afirmó el sueco, quien estaba tratando de soportar toda esa situación con tal de ver a Tino contento y feliz.
—¿De verdad? —Lukas estaba dudando acerca de la veracidad de lo que había mencionado el hombre, así que se acercó para observar qué era lo que traía entre manos.
—¡Oye, Lukas! ¿Quieres probar estos churros que acabo de preparar? —El danés salió de la cocina, sin saber que el sueco estaba allí —.Sabía que no puedes vivir sin mí —respondió, al ver al hombre.
Berwald simplemente optó por ignorar lo que recién había salido de la boca de Andersen. Se repitió mil y una vez el por qué había ido allí. El primero sacó las fotos y la receta que había bajado de internet, para luego mostrárselas al segundo. Éste último estaba un poco impresionado, aunque por supuesto, él era el indicado para esa tarea.
—Necesito que hagas una buena cantidad —Fue la única exigencia del sueco.
El danés leyó varias veces la receta. La verdad es que no estaba muy seguro de poder ayudar al hombre. Aunque no dudaba un segundo de sus habilidades, preparar dicho dulce no era demasiado fácil. En ese momento, recordó una tienda que estaba a un par de cuadras, cuya especialidad era esa clase de comida.
—¿Sabes? Deberías ir a la dulcería de este holandés… No sé bien su nombre —contestó Andersen y luego se rió —Pero creo que él te podría ayudar —aseguró.
—¿De verdad? —preguntó para asegurarse de que no se trataba simplemente de una mala pasada por parte del nórdico.
—Sí, sí —El hombre se apoyó por el hombro de Berwald —.Confía en mi palabra, te puedo asegurar de que allí encontraras lo que estás buscando.
—Gracias… —No tenía mucho tiempo que perder, quería disfrutar de ese día junto al finlandés.
—Oye, si quieres más ayuda…
Sin embargo, Berwald azotó la puerta antes de que Andersen pudiese terminar con lo que estaba diciendo. Éste se rascó la cabeza, ya que no sabía exactamente qué era lo que estaba pasando por la cabeza de ese hombre. A pesar de que habían convivido casi seis meses juntos, al danés todavía le costaba trabajo saber qué era lo que pensaba el sueco.
Por su lado, mientras que aquel andaba por la ciudad, tratando de darle el mejor regalo posible a su amigo, Tino estaba terriblemente aburrido. Había intentado comunicarse con Eduard y Raivis, pero ambos estaban ocupados. El primero estaba trabajando en una instalación y el segundo, estaba en el colegio.
El finlandés no se había imaginado que ese día sería tan terrible. Quería desesperadamente saber en dónde se había metido el sueco. No le había dejado ninguna nota, ni un pedazo de hoja. Nada. Se recostó en el sofá y decidió que se quedaría allí, viendo la televisión.
—Supongo que no va a pasar nada. Es un día como los demás —dijo resignado el muchacho.
Pero cierto ruso había planeado un almuerzo muy especial con el finlandés. Aunque no tenía la menor idea acerca de las citas y de pensar realmente si la otra persona estaba cómoda con él, había logrado algo que difícilmente podría ser superado. Estaba orgulloso de sí mismo y ahora debía poner en marcha el siguiente paso.
El móvil del finlandés comenzó a vibrar, Tino lo había dejado sobre la mesa de madera. Le daba bastante pereza tratar de alcanzarlo, creyó que no era algo de mucha importancia. Pero como parecía que no iba a dejar de moverse, con mucho esfuerzo agarró el teléfono. Miró el mensaje y casi se cayó del sofá. Había esperado un día sin demasiados sobresaltos, aunque divertido.
Pero eso salía completamente de esos planes. Sin embargo, todavía pensaba que no quería pasar solo ese día. Berwald no parecía mostrar ninguna señal de regresar pronto, así que quizás no era tan mala idea. Respiró profundamente, necesitaba bastante coraje para tener que lidiar con ese hombre tan peculiar.
Media hora más tarde, ya estaba listo. Había dejado de lado sus pijamas de conejo y ahora estaba con una camisa, corbata y un pantalón de vestir. Todavía no podía imaginarse de que podría tratarse, quizás eso era bueno. Una vez más, recibió otro mensaje. El ruso ya estaba aguardando por él, a las afueras del edificio.
Era la primera vez que estaba algo decepcionado de su compañero de habitación. Aún no podía creer que le fallara de esa manera. El único día que se suponía que debía ser de él, ahora tenía que pasarlo con una persona a quien le temía. Lo que debió haber sido el momento más divertido, se había convertido en algo que debía esquivar de alguna forma. Pero ya no había más tiempo.
Sin embargo, el sueco estaba corriendo desde hacía quizás unas diez cuadras o más. Había desperdiciado demasiado tiempo, pero iba a cambiar. Necesitaba llegar cuanto antes, había salido con tal prisa que ni siquiera había dejado una triste nota. Se preguntaba cómo estaba Tino, si estaba triste, se echaría la culpa. Después de todo, no estaba allí.
Ya cerca del edificio de apartamentos, el sueco pudo divisar una figura desconocida que estaba esperando pacientemente en el frente. ¿Podría tratarse de ese ruso? No iba a arriesgarse, quién sabe qué estaba haciendo allí. Sin embargo, estaba decidido a que no le iba a arrebatar el finlandés. Por lo menos, ese día no.
Volvió a tomar un poco de aire y salió corriendo, con todas sus fuerzas. El calor no le estaba ayudando demasiado, pero iba a hacer todo el esfuerzo posible para llegar a tiempo. En ese momento, vio al muchacho saliendo del complejo y luego cómo Iván tomaba del brazo al cumpleañero, lo cual le molestó.
—¡Tino! —gritó el sueco desde la esquina.
El finlandés miró por todas partes, hasta que pudo ver al escandinavo que venía a toda velocidad. Sonrió, todo lo que él quería, estaba allí a unos cuantos pasos. Por unos momentos, hasta se había olvidado de que el ruso estaba frente a él. Vio que el sueco llevaba consigo un paquete enorme, así que todo eso podía significar que realmente no se había olvidado de esa fecha.
—Tino, creo que deberíamos irnos ya —El ruso intentó jalar al finés al interior de su auto.
—Espera, espera —dijo Berwald, que trató de dejar de lado su cansancio, para detener al hombre.
—¡Berwald! —exclamó Tino, a pesar de que el otro realmente estaba empapado en sudor, le dio un fuerte abrazo.
—¿Y éste quién es? —Iván estaba algo sorprendido, ya que había averiguado todo lo que había podido acerca del finlandés y no recordaba ese nombre.
El momento era un poco desesperado, el finlandés necesitaba escapar de las garras de Iván como fuera posible. El sólo pensar en esa estúpida idea que acababa de venirle a la cabeza, le sonrojó. Le daba demasiada vergüenza, pero no le quedaba otra. Quería pasar el día con el sueco, así que prácticamente no le quedaba otra alternativa.
Berwald estaba tratando de explicar a ese hombre quién era, pero todavía estaba tratando de recuperar el aliento. Jamás de los jamases hubiera creído acerca de lo que el finlandés tenía en mente en ese preciso instante.
—Yo soy… —Además, tenía que buscar la forma de que nada cayera al piso, mientras que mantenía la compostura.
—Él es… Bueno… Verás —Tino comenzó a decir cosas completamente incoherentes, por culpa del nerviosismo.
—Si es tu amigo, supongo que no tendrá problema en que dejar que vengas conmigo, ¿no es así? —cuestionó Iván.
—¡Es mi novio! —exclamó con toda la vergüenza posible el finlandés.
Éste sabía que el ruso no se iba a contentar con esa alocada afirmación. Debía demostrarle que era cierto así que agarró la mano del sueco. Berwald no estaba muy seguro de qué era lo que estaba tramando el muchacho, aunque ese grito que había pegado, por más mentira que había resultado ser, había sido música para sus oídos.
Tino estaba mentalizándose, debía ser rápido mas natural. Apretó la mano derecha del rubio de ojos azules. Aquel estaba tan curioso que se agachó para tratar de calmar al finlandés, pero éste aprovechó la ocasión, dado que el rostro de Berwald estaba cerca. Subió la mirada y a pesar del miedo, posó sus labios sobre los del sueco.
Lo había tomado totalmente desprevenido, es decir, no se imaginaba qué eso era lo que estaba planeando el finlandés. Sin embargo, si estaban pretendiendo, debían hacerlo en forma. Así que el hombre soltó todo lo que tenía y acarició el cutis del muchacho. Trató de saborear el momento, aunque sin asustar a Tino.
Los rostros de ambos estaban que ardían por el tono colorado que habían adquirido. Aunque Berwald no había imaginado que el primer beso sería de esa forma, la verdad es que no podía quejarse. Por su lado, Tino estaba temblando. Tenía miedo acerca de las repercusiones que podría traer ese "acto". Pero, lo disfrutaba.
Después de varios segundos, finalmente se apartaron. El ruso no tenía mucho que hacer allí así que decidió despedirse y se montó en su automóvil. Estaba francamente molesto y alguien iba a pagar por eso. Sin embargo, eso no significaba que iba a desistir.
El finlandés caminó hacia atrás, hasta caerse contra un árbol. Ahora, venía el momento incómodo. ¿Cómo se suponía que iba a mirarle al sueco después de eso? Ni se lo había planteado dos veces. No obstante, al levantar la mirada, pudo ver que Berwald había sonreído. Eso era algo que no había visto demasiado y aunque le asustó un poco, la verdad es que le agradaba el hecho de que aquel había decidido cambiar su inexpresividad.
—Tenemos que festejar un cumpleaños, ¿no es así? —El hombre levantó todo lo que había dejado sobre el suelo y se dirigió al finlandés. Aún estaba sorprendido, parecía que ese muchacho siempre sabía hacerle sentir bien.
—¡Claro! —Tino también sonrió.
Quizás el día no había sido tan malo. Al final, había conseguido estar al lado de Berwald y alejar al ruso. Todavía le rodeaba esa sensación agradable que le había dejado el beso, aunque intentaba borrarlo de su cabeza. Pero por más que lo pensaba, estaba demasiado contento. ¿Qué podía pedir más en una fecha tan especial?
Sería un día que ninguno de los dos iba a olvidar por un largo tiempo…
Es cortito, lo sé. Pero quería hacerlo sencillo pero a la vez especial.
¡Hay doble publicación esta semana!
