Todos los personajes pertenecen a Hidekazu Himaruya, sin ánimos de lucro.

Quiero agradecer los comentarios de: Linda4257, alizabeth [Me alegro que te haya hecho reír. Yo me divertí escribiendo ese capítulo] y Lunara Kaiba.


Capítulo 29

Tino continuó tratando las heridas y los rasguños que se hallaban en la cara del sueco. Estaba realmente preocupado, no lo había visto de esa manera en mucho tiempo. No sabía si realmente confiar en la excusa que le había dado aquel, no comprendía cómo pudo terminar con la mejilla hinchada mientras que construía algo con sus manos.

Mientras que buscaba más algodón, se le ocurrió una idea ingeniosa. Estaba completamente seguro de que algo más había sucedido durante su ausencia. Por supuesto, le era imposible decir que era exactamente lo que pasó. Pero estaba decidido a saber la verdad detrás de todas esas lastimaduras. Respiró profundamente, tenía un poco de miedo por el hecho que iba a cuestionar lo que le había mencionado Berwald, mas quería que aquel confiara en él.

Por su lado, aquel pensó que había conseguido esquivar la pregunta del otro nórdico. A decir verdad, ni él estaba muy seguro de lo que había dicho. Sin embargo, mientras que el finlandés le creyera, no había nada más en que pensar. Aparte de su competencia, claro está.

—Creí que sería mejor traer toda la bolsa con el algodón —explicó el empleado de la tienda de juguetes al mostrar lo que llevaba en su mano.

—Está bien —Estaba un poco nervioso por el contacto con el finlandés. Apenas conseguía disimular lo que sentía por él y la forma en que el muchacho limpiaba las heridas abiertas dificultaban todavía aquella tarea.

Luego de un largo silencio, en el que ambos estaban ensimismados en sus propios pensamientos, el menor creyó que era el momento. Estaba ansioso, no podía predecir cuál sería la reacción de Berwald. Nunca antes se le había ocurrido cuestionar algo que aquel decía, pero es que estaba vez le parecía que había algo más.

—Gracias —respondió el escandinavo luego de que finalmente terminó el finlandés. Había sido un poco doloroso, pero había valido la pena.

—Oye, Berwald… —El muchacho se concentró en guardar todo lo que había sobrado, para no tener que mirar a esos ojos azules que le intimidaban.

—¿Eh?

—Yo... —Tino tenía un poco de problemas para comenzar —.Bueno, verás. Hay algo que necesito preguntarte. Pero quiero que me prometas algo antes —explicó con un cierto sonrojo.

—¿Qué sucede? —Éste estaba preocupado por la manera en que actuaba aquel.

—Promete que no te vas a enojar por lo que voy a preguntarte —dijo tan rápido como pudo.

Berwald estaba un poco confundido por la situación. Tino había cambiado su forma de hablar y ahora parecía estar totalmente acelerado por algo que desconocía. Más le valía al ruso no tener nada que ver con el asunto. Tomó de la mano al muchacho de ojos pardos y se limitó a asentir. Todo le indicaba que se trataba de una noticia bastante mala.

—¿Hay algo que estás ocultando? Sé que no tienes la obligación de decírmelo todo, aunque me gustaría —afirmó el finlandés, que quería hundir su rostro en lo más hondo de un pozo, por la pregunta que le había planteado.

—¿Cómo qué? —Si bien le había tomado un poco desprevenido, no podía perder la calma. Aún no estaba listo para confesar absolutamente nada, así que debía mantener su tranquilidad.

El muchacho estaba arrepintiéndose de haber sacado el tema. Estaba molesto consigo mismo por ser tan curioso, mas era algo que no podía evitar. Quizás era su culpa por hablar siempre de su trabajo y nunca prestar atención a lo que hacía el sueco, lo que le llevó a no contarle nada al respecto. No obstante, no podía huir. Tenía encima al sueco y debía proseguir.

—Bueno, no sé —El finés río nerviosamente mientras que trataba de idear algo —Alguna aventura, quizás —Nuevamente, volvió a decirlo lo más velozmente posible.

—¿Aventura? —No estaba seguro de qué estaba pensando exactamente el muchacho, pero aunque de cierta forma era cierto, gracias a los encuentros que tuvo con el danés, no tenía nada romántico. Y tampoco planeaba, a menos que fuera el chico que estaba sentado a su lado.

—¡Lo siento! No suelo ser tan metido. No te enojes, yo… —Su rostro estaba prácticamente ardiendo de la vergüenza. Todavía no podía creer que haya sido capaz de pronunciar tales palabras.

Berwald se quedó observando al joven. Aunque estaba un poco agitado por el tema que había surgido, le parecía hasta adorable la expresión del nórdico. Tal vez no sabía expresar demasiado bien su preocupación, pero le gustaba tener a alguien así a su lado. Ésa era una de las razones por las cuales todavía no quería hacer mucho: tenía miedo de perderlo.

—Si tuviera alguna aventura… —El escandinavo intentó decir algo que pudiera calmar al muchacho.

—¿Eh? —Se quedó callado y perplejo, porque no esperaba ninguna respuesta. Es más, creyó que iba a recibir algún regaño por parte del sueco.

—Ya lo sabrías —Culminó éste, quien aún no soltaba la mano del muchacho.

—¿De verdad? —Tino aún no creía que el hombre de hecho le hubiese contestado. Y por lo que podía notar, estaba siendo sincero.

—Sí —reiteró.

—¡Lo siento mucho! —volvió a exclamar. Luego, decidió explicar un poco aunque tal vez se pasó un poco de la raya —¡No pienses que estoy celoso! Tú puedes hacer lo que quieras…—Al darse cuenta de la verborrea que estaba sufriendo, creyó conveniente callarse.

—Te lo contaría —explicó el sueco. Por supuesto, el finlandés ignoraba por completo que él era de quien estaba enamorado Berwald.

Tino se dio por satisfecho. Además, no quería que las cosas terminaran mucho más incómodas de lo que ya se habían puesto. Tal vez había visto algo que simplemente no había, fruto de su cansancio. De todas maneras, se sentía aliviado. Quizás estaba atravesando por una etapa de negación, pero oír que no había ningún interés romántico por parte del carpintero, lo había hecho sentir mejor.

El finlandés se recostó sobre el hombro de Berwald, no lo había pensado demasiado, simplemente lo había hecho. Éste volcó su cabeza hacia donde estaba la del primero y pudo disfrutar del aroma que desprendía. Sabía que no era muy seguro para ambos que eso continuara, así que el hombre de ojos azules se levantó abruptamente, haciendo que Tino se cayera de espaldas contra el sofá.

—Debo ir al baño —se excusó y se retiró enseguida.

—¿Eh? —Ni siquiera se dio por enterado de lo que había sucedido hasta que vio al sueco parado en el pasillo.

A la mañana siguiente, ambos fingieron como que nada pasó. Quizás para facilitarse la convivencia, o porque simplemente Tino quería olvidar por completo lo que había dicho. Si bien el sueco aparentaba no estar molesto, el muchacho aún tenía sus dudas. Es decir, había cuestionado la veracidad de lo que decía, comprendía perfectamente que estuviese enojado por esa razón.

Sin embargo, Berwald actuaba como si todo estuviese normal. Como siempre, estaba leyendo el periódico matutino mientras que el otro desayunaba. Pero antes de poder tomar su café, el compañero del escandinavo lo estaba mirando fijamente. El carpintero, de vez en cuando, posaba sus ojos por encima de las hojas grises y encontraba a Tino. Finalmente, se cansó y decidió interrogarle un poco.

—¿Pasa algo? —Dejó de lado las noticias para concentrarse totalmente en el finlandés.

—¡No, nada! ¿Por qué lo dices? —Trató de disimular aunque claramente había fallado en el intento.

—Es que me miras y…

—¡Ah, es que...! —No encontraba un buen motivo para explicar su conducta. Así simplemente optó por ser sincero —.¿De verdad no te has molestado por lo de ayer? Digo, creo que te acuse de mentiroso y todo…

—No, no es nada —afirmó el sueco y luego cambió de sitio, para estar más cerca del finés.

—¡Yo lo entiendo! No soy metido ni nada de eso —explicó y otra vez, rió con nerviosismo.

—No…

Cuando la conversación parecía que iba a continuar, ambos escucharon que alguien golpeaba la puerta. Berwald estaba un poco sorprendido, era un poco más de las siete de la mañana, no recordaba que tuviera algún cliente a esa hora. De todas maneras, decidió ir a ver de que se trataba, ya que Tino aún estaba en medio del desayuno.

Luego de que el hombre se largara de la habitación, fue cuando recordó lo que habían estipulado con Eduard el día anterior. Revisó el reloj, sólo para notar que se estaba atrasando demasiado. Estaba tan metido con el asunto que había ocurrido entre el sueco y él, que se había olvidado por completo de otros temas.

Por su lado, el báltico ciertamente estaba tenso. Casi nunca iba a ese piso del edificio, ya que ese sueco le causaba cierta impresión de miedo, que le costaba bastante sacarse de encima. Sin embargo, había decidido que haría un esfuerzo por el finlandés, así que tras pensarlo bastante, ahora se encontraba allí. Respiró profundamente para darse un poco de coraje.

Luego de unos cinco minutos de espera, finalmente parecía que la puerta se iba a abrir. El estonio se arregló un poco la corbata y trató de poner su mejor sonrisa. No estaba seguro de quién iba a aparecer, podía ser cualquiera de los dos habitantes de ese piso. Repentinamente, vio una enorme sombra que evidentemente no pertenecía a Tino.

—Buenas —saludó el sueco, que seguía intentando recordar por si el finlandés le hubiese mencionado acerca de alguna visita.

—Hola, ¿cómo estás? —Intentó esconder su miedo, aunque era bastante difícil mantener la calma al tener a ese hombre frente a frente.

—¿Qué ocurre?

—¡Ah, sí! Yo, bueno… —Se enredó un poco con lo que tenía planeado decir, pero luego de toser un poco, pudo recuperar momentáneamente la compostura —¿Tino ya está preparado para ir al trabajo?

—Está desayunando pero iré a llamarlo —explicó el nórdico, para después invitar al muchacho a sentarse en el sofá.

Mientras que esperaba, el finlandés había optado por tomar su café todo de un sorbo. Claramente, fue un gran error ya que sintió cómo su lengua se quemaba así que debió sacar la primera botella de agua fría que encontrara en el refrigerador y se puso a tomar hasta el cansancio. Al menos, tenía el consuelo de que nadie había sido testigo de esa escena.

—Tino… —Berwald se detuvo al ver toda la camisa del muchacho empapada —¿Pero qué…?

—¡No pasó nada! —salió corriendo hacia su dormitorio para cambiarse.

En la sala de estar, Eduard podía escuchar todo el escándalo que sucedía en la cocina. No pudo evitar echar una pequeña risa. Sin duda, esos dos tenían una relación bastante especial. Y ahora que se ponía a pensar de manera más profunda, tenía la impresión que el sueco estaba un poco cambiado. Es decir, recordaba que solía ser mucho más apático cuando todavía se encontraba el danés viviendo ahí.

Sin embargo, desde que se había mudado el finlandés, parecía estar más relajado. A pesar de que siempre estaba con esa misma expresión inalterable, era demasiado evidente de que el cambio de inquilino le había hecho bien. Aunque no por ello le tenía menos miedo.

—Ya viene —dijo el escandinavo, que se apareció repentinamente y para sorpresa del báltico.

—¡Ah! Gracias… —Éste sonrió y dirigió su mirada hacia el balcón.

Berwald todavía no sabía qué hacía ese hombre allí. En el sentido de que si bien era cierto que sabía que era amigo de Tino, era la primera vez que había ido a buscarle. Además, aquel se le había olvidado por completo de avisarle. Quizás simplemente se le había pasado o no le había dado mucha importancia.

Pero cuando estuvo a punto de indagar acerca de ello, el muchacho de ojos pardos apareció detrás de él. Ya estaba fresco y el dolor que le había causado tomar el café de un solo sorbo por lo menos no era tan insoportable. Empujó al sueco hacia un lado y tomó su chaqueta. Después, se dio vuelta y se dirigió hacia la visita.

—Lo siento, Eduard. Surgieron algunas cosas y bueno… —explicó el nórdico —.Espero que no hayas tenido que esperar demasiado.

—No, no. ¿Ya estás listo para irnos? —Ésre se levantó y se encaminó hacia la salida del apartamento.

—¡Sí, no perdamos más tiempo! —Antes de cerrar la puerta, se dio vuelta hacia el escandinavo —.Nos vemos luego, Berwald.

—Cuídate —le recomendó éste antes de que quedarse solo.

Una vez en el exterior, el báltico se le acercó al finlandés. Notó que éste ya no temblaba demasiado estando cerca del sueco. Es más, parecía que el miedo se estaba desvaneciendo. Aunque normalmente no solía inmiscuirse demasiado en la vida de los demás, necesitaba hacérselo saber a Tino. Quizás había algo más que aún no le había comentado.

—Parece que las cosas han mejorado con Berwald, ¿o soy sólo yo? —cuestionó éste, sin ser demasiado obvio.

—Ah, es que ya sabes. Me he acostumbrado a su presencia. De hecho, creo que se ha convertido en un gran amigo —afirmó Tino, cuya sonrisa resplandecía al hablar de su compañero.

—¿Solamente un gran amigo? —preguntó nuevamente.

—¿Eh? ¿A qué te refieres? —Agarró del brazo al báltico y se detuvieron, antes de ingresar al elevador.

—Me da una ligera impresión de que no es solamente amistad —respondió y estaba un poco más seguro de lo que acababa de decir por el sonrojo del finés.

Éste se quedó callado, no sabía qué contestar. Estaba un poco cansado de la situación. Respiró profundamente. No entendía qué era lo que el resto veía y él dejaba pasar.

—Eduard, es sólo amistad. Seguro que simplemente estás dormido —Fue toda la contestación que se le vino a la mente. No tenía ganas ni ánimos para lidiar con eso —¡Vamos que llegaremos tarde!

El finlandés salió corriendo por las escaleras, quería huir lo más rápido que le fuera humanamente posible. Entre lo que sucedió anoche y lo que acababa de comentar el otro, estaba demasiado agobiado. Quería alejar su mente de todo eso, pretender que no pasaba nada más. Sin embargo, pronto, continuar negándolo ya no sería una opción.

Por su lado, el sueco se tumbó encima del sofá. Tenía su mente en un completo caos. Había momentos en que deseaba que todos esos sentimientos de su interior se fueran lejos, que no existieran. No quería arruinar la maravillosa amistad con el finlandés por culpa de su estúpida atracción hacia él. Si tan sólo hubiera un modo de deshacerlo…

No obstante, se le vino a la cabeza de inmediato lo que había ocurrido el día anterior. Ahora que Tino se había marchado, tenía todo el apartamento para sí mismo. Debía aprovechar el momento para inspeccionar el pendrive que le había costado vergüenza y un par de patadas. Así que se levantó, trajo el dispositivo y prendió su portátil.

Estaba nervioso por conocer el contenido del mismo. Después de todo, el danés era capaz de haberle tomado el pelo y simplemente aprovechar para gastarle una broma. Decidió hacer a un lado la desconfianza que le tenía a aquel para poder inspeccionar.

Cuando finalmente abrió el primer video, estaba un poco desconcertado. No comprendía muy bien por qué la grabación comenzaba en un restaurante, cuando Tino trabajaba en una tienda de juguetes. Suspiró, decidió suspender el asunto. Sin embargo, antes de poder hacerlo, pudo observar al ruso y a su empleado ingresar al lugar.

Así que en lugar de detenerlo, decidió continuar viendo la grabación. Estaba con tal nivel de concentración que ni siquiera escuchó el momento que sonó el teléfono. Ahora, lo más importante era determinar cuál era la intención de aquel hombre de extraño aspecto. Enseguida se dio cuenta de que el finlandés no estaba muy cómodo con ése.

A medida que iba pasando las escenas, Berwald estaba cada vez más molesto. Estaba ciertamente enfadado por la forma en que Iván se iba a aproximando a Tino, de una forma tan agresiva. ¿Acaso no notaba lo mal que el muchacho se sentía? Repentinamente, vio cómo ese empresario pasaba la mano por la altura de la cadera del finlandés y éste no le respondía nada.

Aunque hasta el momento no se había planteado hacer algo al respecto, quizás el momento se estaba aproximando. Es decir, no podía permitir que Iván se le adelantara. El hombre apagó la pantalla y volvió a recostarse. Miró fijamente hacia el techo, como si estuviera buscando por alguna solución. Tenía muchas dudas.

Aún desconocía qué era lo que realmente Tino pensaba acerca de él. Era bastante malo para darse cuenta de las reacciones del resto. No quería arriesgarse para luego ser rechazado y hacer que se aleje. No obstante, tampoco quería verlo al lado de alguien que quizás no pudiera hacerle feliz. Se preguntaba qué hacer.


¿Pensaron que Berwald era el único que podía poner celoso? o.ò

Perdonen que no sea tan largo, pero ando algo cansada. Quizás el momento de confesar los sentimientos esté muy cerca. [Ya era hora xD]

Decidí editar para avisar que voy a tomar un descanso de la historia. Yo sé que se nota mi cansancio en este capítulo y creo que ustedes se merecen mucho más. No significa que la historia queda abandonada. Simplemente me voy a descansar por un tiempo, para luego retomarlo con muchas más ganas.

Espero que me puedan entender. Los finales recién acabo el 22 y francamente estoy muerta. Pienso regresar en un mes o dos. Ojalá esperen, porque va a valer la pena. Quiero brindarles capítulos de calidad y no creo que pueda hacerlo en este momento. Y no quiero arruinar esta historia, que ya llega al capítulo treinta.

Prometo terminarlo, eso es más que seguro. Les pido mil disculpas y nuevamente, espero que me comprendan.

El resto de los fics sí lo voy a continuar.

Gracias por leer~