Los personajes de OUAT no me pertenecen

(Adaptación)

Disculpen la tardanza y espero que aun haya gente que me lea

Las dejo leer no sin antes recomendarles algunas muy buenas escritoras por acá fanclere con historias muy originales, franchiulla con muy buenas traducciones, The Little Phoenix para aquellas que le gusta lo sexoso

Disculpen los errores

DISFRUTEN DEL CAPITULO


Capítulo veinticuatro

Emma estuvo en el hospital dos días más, que alternaron entre el placer y la frustración. Disfrutaba de las horas que Regina pasaba con ella, leyéndole, completando crucigramas y haciendo buenas migas cuando la visitaban Mary, David y su madre. Su madre estaba con Mary, por eso solían llegar juntas y a Emma le resultaba acogedor y entrañable el tiempo que dedicaban a las reminiscencias familiares y a los entretenimientos. Lo que más le gustaba era el tiempo que estaba sola con Regina y ésta le comentaba valiosos detalles de su juventud. Tras esos retazos e historias, Emma quería acercarse a ella y abrazarla. Aunque Regina le contaba objetivamente lo que le había ocurrido, Emma veía más allá de las historias a una chiquilla ignorada por sus padres, hambrienta de afecto. No habían sido crueles o negligentes a propósito, pero pertenecían a una clase y a una época en las que había una clara barrera entre los padres y los hijos de los privilegiados. Regina hablaba de sus niñeras con más frecuencia que de sus padres.A Emma le pareció que debió de haber sido una niña solitaria, por eso se había convertido en una persona tan fuerte y estudiosa. Al darse cuenta de eso, resultaba cada vez más reconfortante ver lo bien que se había integrado con Mary y con su madre.

Emma observaba que Regina parecía contenta y dichosa cuando estaba con ellos.

La frustración radicaba en que la habitación no garantizaba mucha intimidad y diferentes camilleros, enfermeras y médicos entraban durante el día y la noche, imposibilitando que tuviese mucho contacto físico con Regina. A menudo, mientras Regina le leía, estudiaba sus rasgos, maravillándose ante la airosa curva de su mejilla, que formaba una línea arqueada en las comisuras de la boca. Y aquella boca. Cuando Emma contemplaba aquellos labios, brillantes de carmín con esa diminuta cicatriz se excitaba. Era incapaz de contener la humedad que brotaba entre sus piernas y el hormigueo que sensibilizaba su clítoris como una persistente picazón que reclamaba remedio. No podía hacer nada al respecto, salvo apretar las piernas y confiar en que el rubor de su rostro no la delatase. En un determinado momento, cuando Emma admiraba la hondura del escote de Regina, ésta alzó la vista del poema que estaba leyendo y captó la expresión de deseo y evidente inquietud de Emma, que intentaba disimular su creciente excitación. Acercó la silla a la cama, deslizó una mano subrepticia bajo las sábanas y buscó el punto del desasosiego erótico de Emma Sin embargo, en cuanto empezaron los gloriosos dedos de regina a dejar sentir su efecto, la auxiliar que servía el té franqueó la puerta.

—Hola, queridas —anunció, ajena a la tensión sexual que había entre aquellas dos—. ¿Les apetece una taza de té?

Debió de notar el acaloramiento de Emma, porque añadió:

—Lo siento, querida, ¿la he despertado?

—No, en absoluto —dijo Emma con voz ronca—. Sólo que Regina me estaba excitando cuando usted entró. —Regina no pudo evitar reírse a carcajadas.

Cuando llegó la mañana del alta, Regina se presentó con una gran caja de bombones.

—Pensé que tal vez te gustaría dárselos a las enfermeras —comentó mientras guardaba las posesiones de Emma en una pequeña maleta.

—¿Te parece bien ese vestido que compré?

Emma le había pedido a Regina que le llevase un vaporoso vestido con estampados de amapolas porque no quería nada que le ciñese el cuerpo, pues los hematomas aún le dolían.

—Excelente elección. Ya comprendes que vas a necesitar mi ayuda para vestirte y desvestirte durante una temporada.

—Bueno, lo de desvestirme no será un problema.

A Emma le preocupaba cómo llevaría el regreso a la torre, si abriría heridas en su mente o no. Sin embargo, a medida que se acercaban, se sentía curiosamente emocionada. Era el hogar de Regina y, como había tanto de Regina en aquel lugar, sus obvios beneficios sobrepasarían a los malos incidentes que allí habían acontecido. Además, se trataba de un sitio único y muy cómodo para vivir. La mayoría de la gente daría su brazo derecho por vivir en una propiedad tan exclusiva y bien diseñada, así que sería estúpida si dejaba que Robin se lo estropease. La única leve queja eran las escaleras, pues, en su frágil estado, le costaba trabajo subirlas.

Sin embargo, al llegar al salón, los numerosos jarrones con flores decorativas hicieron que valiese la pena.

—¡Bienvenida a casa! —exclamó Regina—. ¡Espero que no tengas alergia!

—¡Oh, Regina! Son maravillosas. Muchísimas gracias. Déjame darte ese beso con el que hace dos días que sueño.

—¡Mientras no entre la camarera...!

Poco después Emma estaba estirada en el sofá, entre cojines mullidos, con la cabeza en el regazo de Regina.

—Es una lástima que no hayamos tenido ocasión de comer con David y Mary. Desde el punto de vista positivo, al menos los has conocido y sé que les caes bien, sobre todo a Mary.

—Y a mí me cae bien ella. Tu familia es encantadora y han sido muy amables conmigo. Aunque no echaremos de menos la comida... por si te resultaba complicado ir hasta allí, los he invitado a cenar mañana. Quería decírtelo antes, pero entre una cosa y otra me olvidé. Lo siento, cariño. No sé si son vegetarianos, como tú, así que voy a preparar pasta con queso al horno.

Podemos tomar rodajas de tomate y mozzarella con pesto para empezar y pastel de ron de Jamaica con salsa de naranja para terminar. ¿Qué tal suena? —Mientras hablaba, acariciaba con gesto ocioso los cabellos de Emma

—Cielos, suena maravilloso — admitió Emma—. ¡Se me hace la boca agua!

—En ese caso, acompáñame mientras preparo algo. Llevaré unos cojines para proteger ese cuerpo tan deseable.

La noche siguiente, una luz tamizada, las velas y la suculenta comida garantizaron el éxito de la cena. El tiempo se portó bien y se mantuvieron las temperaturas tranquilas y suaves, y así Regina pudo abrir algunos ventanales. El jerez, el vino y el Cointreau favorecieron la conversación, y al final de la velada la familia de Emma había adoptado sinceramente a Regina. La atmósfera disipó las posibles incomodidades ante las manifestaciones de afecto entre Emma y Regina. De camino a casa, Mary le comentó a David lo mucho que le sorprendía encontrar la relación de ellas tan natural como la suya.

—Están muy cómodas juntas. Es curioso que, en un par de semanas, una relación que tendría que haberme confundido se haya convertido en algo perfectamente normal.

Su madre fue más clara.

—He pasado una velada estupenda y me encanta Regina. No me importa lo que hagan en privado; me alegro de que Emma esté con alguien sensible y que la cuida. Resulta obvio que están enamoradas, y eso es lo único que me interesa.

David y Mary, que iban en la parte delantera del coche, intercambiaron una discreta mirada de burlona incredulidad y diversión.