Todos los personajes pertenecen a Hidekazu Himaruya, sin ánimos de lucro.
¡201 reviews! Pensar que sólo recibí uno cuando comencé la historia y lo iba a eliminar luego del cuarto capítulo... Esto ha sido posible por el apoyo que me han dado. Quiero agradecer particularmente a: kikyoyami8, ShinagimiRiku, Linda4257, dani y perritolabrador21 [Ya veremos si puedo conceder tu pedido ;)].
Capítulo XXXIII
A diferencia de los días anteriores, Tino se veía mucho más alegre. Bueno, es que tenía realmente razones para estarlo. Berwald le había pedido salir esa noche por lo que no podía dejar de sonreír. Pensó que era una tontería, pero estaba por demás contento. Estaba demasiado ansioso por saber qué era lo que su compañero tenía preparado, no veía la hora que fuera la tarde.
Se levantó con mucha más energía que de costumbre. Quizás con un poco de insistencia, conseguiría que el hombre le diera alguna pista acerca de la posible localización de la cita. Después de salir del baño, fue corriendo hasta la cocina. No podía aguantar la intriga de no saber a dónde iban a ir. Ni siquiera se molestó en disimular su entusiasmo, la verdad es que era lo mejor que le había sucedido en un buen tiempo.
—¡Berwald! —saludó de manera enérgica el muchacho y luego, tomó su acostumbrado asiento.
—Estás más animado —comentó éste, mirando por encima de su periódico. A pesar de que no lo demostraba, estaba contento de que el finlandés estuviese de buen humor.
—Es que es sábado. Ya sabes, no se puede estar mal un fin de semana —respondió —. Sobre todo, si vamos a salir esta noche. ¡Aún no he podido ver la ciudad de noche!
—Es sorpresa —Berwald no iba a ceder por más que Tino se lo suplicara. Aunque debía admitir que le costaba mantener el secreto a la vez que el último le observaba con esos enormes ojos pardos.
—Así que no me lo dirás, ¿verdad? —Se dio cuenta enseguida que el escandinavo no iba a revelar nada de sus planes.
—No.
Se sentía un poco desilusionado al chocar con la inflexibilidad de su compañero. Sin embargo, creyó que tal vez era mejor mantenerlo en secreto. Además, de esa forma podía pensar en ello todo el día, intentando adivinar qué era lo que se proponía hacer el hombre y olvidarse de sus preocupaciones. Al menos, por ese día, dejaría de lado lo que le había mencionado Andersen hacía un par de días.
Si Berwald se esforzaba por hacer una buena salida para que ambos pudiesen disfrutar, lo menos que podía hacer, era tratar de poner su mejor cara. No podía arruinar semejante oportunidad de despejar su mente. Suspiró, debía calmarse y esperar hasta al atardecer. Una tarea bastante difícil ya que lo estaba aguardando con muchísima emoción.
Incluso Eduard se dio cuenta del súbito cambio de humor del finlandés. Había jurado que lo había visto bastante deprimido el día anterior y ahora se mostraba completamente distinto. Lucía más consciente de su alrededor, ya que miraba por todas partes. Aunque el sueco se había negado a comentarle a dónde irían al atardecer, eso no le impedía tratar de adivinar.
¿Acaso irían otra vez a ese restaurante? Esperaba que no, quería que se tratara de algún lugar a donde todavía no había ido. ¿El teatro, tal vez? ¿O podría tratarse de ese parque? La ciudad era demasiado grande como para suponer una actividad en específico. Pese a su gran curiosidad, se veía obligado a soportar la jornada laboral. Pero al menos, sería mucho más soportable.
—¿Ha sucedido algo, Tino? —indagó el báltico, al ver la gran diferencia entre un día y otro.
—Sí, aunque es una estupidez… —se ruborizó, pues pensó que era estúpido sentirse de esa manera. Pero, estaba tan contento que de todas maneras lo iba a explicar —. Berwald me invitó a salir anoche.
—¿De verdad? —preguntó como si no pudiera creer la palabra del muchacho.
—Sí… —Dejó escapar un suspiro.
Mientras que el finlandés se encaminaba a su trabajo en la juguetería, el sueco tenía ciertas decisiones que tomar. Lo bueno de ser trabajador independiente era que podía realizar sus asignaciones pendientes cuándo las quería, siempre respetando las fechas topes. Si bien había muebles que debía armar y pulir, había algo mucho más importante que le requería su tiempo.
La verdad es que no había pasado por su cabeza que el finlandés iba a aceptar su propuesta. Es más, debido al humor que había tenido los últimos días, creyó que estaba enojado con él y que lo iba a rechazar sin muchos rodeos. Por supuesto que no se quejaba del resultado obtenido, había logrado escuchar otra vez su risa que se había apagado por alguna razón que se le escapaba.
Lo cierto era que esa noche iba a ser para dejar de lado cualquier cosa que causara estrés y preocupación. Divertirse como jóvenes que eran, pasarla bien e incluso que fuera una noche de la cual nunca olvidaría. Quizás era el momento de avanzar en su relación. Sí, definitivamente debía decirle lo que hace rato quería confesar. Claro, eso le ponía bastante nervioso porque no podía adivinar cuál sería el resultado.
Sin embargo, si iba a comentarle la verdad acerca de sus sentimientos, debía ser en un lugar que podría ser especial para ambos. Tampoco un sitio demasiado concurrido, ya que podría quitarle la magia del suceso. ¿En dónde, entonces? Berwald salió al balcón y observó la ciudad por un buen rato. Necesita hallar un lugar que fuera perfecto, pero por donde miraba, había un montón de gente.
Después de un rato, sin tener una idea en claro, se le vino a la mente la bahía de la ciudad. Tino todavía no había podido ver el precioso paisaje que se contemplaba durante el atardecer. Era fresco, no hacía mucho calor ni frío, y era lo suficientemente amplio para dar una buena caminata. Además, podían hacer una fogata y comer al aire libre, sin tener a esos molestos autos de fondo.
Tomó uno de los libros que tenía escondido y se puso a leer algunos consejos. Debía aprovechar esa oportunidad al máximo, ya que si fallaba miserablemente podría arruinar la amistad y hacer que la relación se volviera más incómoda. No iba a dejar que eso ocurriera en lo absoluto, estaba decidido a recibir la respuesta que tanto ansiaba. Y como nunca había hecho algo parecido, quiso consultar antes que meter la pata.
Anotó los detalles más importantes en su móvil, en caso de que los nervios le traicionaran en el momento de la declaración. Al igual que el finés, el sueco estaba bastante ansioso. Por una parte, quería que llegara ese instante para ver cuál era la reacción del muchacho. Por otra, si salía mal, no quería saberlo. Es más, retrasaría todo lo que pudiera para tantear primero el terreno.
Mientras tanto, Tino miraba constantemente el reloj. ¿Cómo era posible que el tiempo transcurriera tan lentamente? ¡Quería que fuera las cinco! Pero las manecillas se movían cual caracol y eso frustraba al finlandés. Parecía que todo se había detenido y que nunca llegaría la salida de su trabajo. Aunque siempre estaba ansioso por terminar con su trabajo, hoy lo estaba mucho más.
Incluso pensó en llamar a su compañero y sacarse la duda de una vez por todas. Sin embargo, luego se dio cuenta de que tal vez iba a arruinar la sorpresa que con tanto ahínco el sueco estaba preparando. Por lo que, a pesar de la dificultad que ello implicaba, decidió que trataría de soportar la larga espera. Debía ser paciente y mantener la calma, aunque fuera complicado en la práctica.
Al llegar las tan ansiadas cinco de la tarde, Tino salió cual bala de la tienda de juguetería. Parecía un niño que estaba esperando impacientemente por un regalo y que finalmente tenía la oportunidad de saber qué era lo que estaba envuelto. Al menos, esa era la sensación que tenía. Simplemente quería desenvolver de una vez por todas, la cita que Berwald había preparado durante su ausencia.
Cuando finalmente consiguió regresar al edificio de apartamentos, Tino se vio obligado a descansar por un rato en las escaleras. Había corrido desde su trabajo hasta allí, por lo que estaba completamente agotado y sin poder respirar. Sin embargo, no estaba arrepentido de haberlo hecho, incluso había dejado a Eduard por su cuenta. Sólo debía ir hasta el elevador y luego éste haría todo el trabajo.
Las piernas le temblaban un poco, así que fue más difícil de lo que había pensado. No obstante, apenas presionó el botón que correspondía a su piso, y se sentó en el piso del ascensor. Durante ese breve lapso de tiempo que duraba el viaje, aprovechó para descansar un poco. Estiró sus piernas y luego, fue a su apartamento. Estaba nervioso así que le costó un poco poner la llave donde correspondía.
Berwald se adelantó y abrió la puerta, ya que había escuchado a Tino. Además, lo había visto cuando venía corriendo desde un par de cuadras de distancia.
—¡Gracias! Parece que estoy algo torpe hoy —explicó el muchacho sonrojado mientras que reía nerviosamente.
—Bienvenido —contestó el otro, sin decir nada por la camisa empapada de sudor o la cara roja del finlandés.
—Entonces, ¿qué haremos?
—Deberías bañarte primero —aconsejó el sueco, tratando de no ser grosero.
—¿Eh? —En ese preciso instante, sintió como una gota de sudor caía por su espalda y no pudo estar más de acuerdo con el escandinavo —. Pero luego me prometes decirme qué vamos a hacer —Tino se retiró de la habitación.
Berwald se acomodó en el sofá mientras que aguardaba al finlandés. Honestamente, no tenía idea si había elegido una actividad que al muchacho le agradara. ¿Y si estaba esperando algo completamente distinto? No, no. Sacudió su cabeza, no iba a pensar de esa forma pues terminaría desanimado y cancelando todo lo que había organizado. Sabía que Tino nunca rechazaría su propuesta.
Después de unos veinte minutos, su compañero apareció extremadamente entusiasmado. Se sentó sobre la mesa, enfrente del sueco, separados por unos escasos centímetros. Era el momento de la verdad.
—¿A dónde iremos? —Tino miró directamente a los ojos azules del otro para que no pudiera escapar a su indagación.
—A la costa de la bahía —explicó sin tardar demasiado.
—¡¿De verdad? Todavía no he podido ir allí. Sí que lo piensas todo —afirmó el muchacho con una enorme sonrisa en su rostro, lo que puso contento al sueco.
—¿Estás listo? —Berwald tomó un bolso donde había guardado algunas cosas que iban a necesitar más tarde.
—¡Sí!
Unos veinte minutos más tarde, Tino estaba un poco cansado. Estaba arrepintiéndose por haber corrido de esa forma, un rato atrás. No veía la hora de llegar a la playa y disfrutar de la vista. Al hombre se le había olvidado que había un poco de distancia entre el edificio y la costa. Sin embargo, empujaba de vez en cuando al finlandés con suavidad para que tuviese las ganas de seguir.
—¿Falta mucho? —indagó el muchacho, que no sabía en donde quedaba la costa.
—Un poco más —respondió el sueco, quien también estaba deseoso de llegar al mencionado lugar.
Después de unos breves minutos, Tino no necesitó que el otro le comentara en donde se hallaba la costa. Ya podía ver el mar y sentir la brisa. Estaba maravillado con la vista, a pesar de que aún faltaba un par de cuadras para ingresar a la playa. Sin embargo, inclusive se sentía más relajado gracias al ambiente. No podía estar más contento con la elección de Berwald para su salida.
Apresuraron un poco más la marcha, ahora que el finlandés se sentía renovado para seguir caminando. Se detuvieron en un mirador, simplemente para quedarse observando el paisaje. El muchacho estaba hipnotizado por lo que estaba viendo, estaba tan anonadado que no podía concentrarse en un solo lugar. El lugar era demasiado vasto como para prestar atención a una parte nada más.
Berwald ya había ido en otra oportunidad, aunque no había ido con una compañía tan agradable para él.
—¿Por qué no nos sentamos cerca del agua? —Ahora era el sueco quien estaba sufriendo de ansiedad. Ya había decidido hasta qué decirle a Tino, sólo necesitaba la oportunidad para hacérselo saber. Quería hacerlo en cuanto antes, pues no quería arrepentirse de su decisión más adelante.
—Quiero quedarme un rato más… —Había apoyado sus codos sobre la baranda —. Aunque creo que va a ser mejor si nos acercamos.
Para su sorpresa, el hombre le pidió que le diera su mano, bajo la excusa de que no quería que se extraviase. Por supuesto, ni uno ni otro se creyeron esa falacia pero decidieron no hablar al respecto. Cada minuto que pasaba, Berwald estaba ligeramente más nervioso. No quería ser rechazado, mas no podía prever la reacción del muchacho. Podía suceder cualquier cosa a partir de ahora.
Colocó una enorme toalla a unos buenos metros de distancia del agua, suficiente para verlo pero no para que les mojara. Al principio, ambos estaban sentados alejados, ya fuera por casualidad o porque no se animaban a más. Una vez más, fue el sueco quien se aproximó al finlandés. Trató de hacerlo disimuladamente, sin que el muchacho tuviera la oportunidad de sospechar sus intenciones.
Sin realmente pensarlo, Tino apoyó su cabeza sobre el hombro del otro. La verdad es que se sentía tan cómodo que ni siquiera midió las consecuencias de sus actos. Todo se había acomodado perfectamente para llegar a esa escena. Cualquiera que pasara por allí, nunca sospecharía que se trataban de simples amigos.
—Tino… —dijo el sueco, interrumpiendo el silencio que se había formado entre ambos.
—¡Ah! ¡No creas que estoy dormido! —respondió inmediatamente el muchacho, creyendo que el otro le estaba llamando la atención por su cercanía. Quiso alejarse un poco pero su acompañante le detuvo. Esto hizo que Tino sospechara un poco, pues no esperaba eso —.¿Qué sucede, Berwald?
—Hay algo qué debo decirte…
—Suena importante —opinó el finés, quien se fijó en la cara del sueco. Éste lucía algo avergonzado.
—Lo es…
—Puedes decirme lo que quieras —Tino agarró la mano del hombre, aunque debía admitir que no estaba muy tranquilo.
—Creo que… —Tragó saliva —. Creo que te amo…
Estamos a siete capítulos del final. Y les dejaré con la intriga *Risa malvada*.
¡Gracias por leer!
