Todos los personajes pertenecen a Hidekazu Himaruya, sin ánimos de lucro.

Capítulo dedicado a todos los lectores que me han apoyado para terminar este proyecto. ¡Espero que lo disfruten!


XXXIX

No estaba realmente seguro acerca de si quería volver a verlo. Después de todo, había sido su decisión el abandonarlo. ¿Por qué haría algo en contra de su voluntad? Si ni siquiera se había molestado en llamarle una sola vez para preguntarle cómo estaba o qué era de su vida. Quizás debía hacer lo mismo, si le daba ese trato tan frío, entonces… Es lo que debía hacer.

Dejó escapar un suspiro. Tino se dio la vuelta para intentar conciliar el sueño. Él no había pedido enamorarse de esa manera y mucho menos, que alguien le tuviera en esas condiciones. ¿Cómo fue qué había permitido tener semejantes sentimientos por él? Ni siquiera pudo detenerlo, simplemente se enamoró de él.

Alrededor de las seis de la mañana, Andersen golpeó y golpeó la puerta. Éste estaba más que determinado a llevarse al finlandés consigo, aunque fuera por las rastras. No iba a recibir un "no" como respuesta, de eso estaba completamente seguro. Más le valía a Tino tener todo preparado.

—¡Oye, Tino! ¡Es hora de que te despiertes! —reclamó el danés quien no iba a detenerse, por más que le doliera y le sangrara la muñeca.

Los vecinos de dicho edificio comenzaron a quejarse por lo ruidoso que estaba siendo el nórdico. Incluso Lukas trató de detenerlo para que el resto pudiera continuar durmiendo en paz. Sin embargo, Andersen tenía una sola meta en ese preciso instante y lo iba a cumplir como diera lugar.

—¿No crees que estás exagerando? —indagó el noruego, aunque sabía que era bastante inútil intentar convencer al otro de que estaba errado.

—Tengo algo pendiente con Berwald. Y este chico debe venir conmigo —respondió sin apartar sus ojos de la puerta.

Después de unos diez minutos, Tino finalmente llegó a abrir la puerta. Todavía estaba algo dormido y no estaba entendiendo muy bien el panorama en cuestión. No obstante, al ver a aquel hombre que estaba aguardando impaciente por el recibimiento, recordó lo que le había dicho la tarde anterior.

El finlandés sabía cuál era la respuesta que le iba a dar. Ahora, era una cosa totalmente diferente decírselo directamente a la cara. Lo admitía, le daba algo de miedo al ver su expresión de seriedad. Estaba con los cejos fruncidos y evidentemente determinado a llevárselo a la fuerza, si eso era necesario.

—Así que no estabas bromeando, ¿verdad? —El muchacho rió nerviosamente para crear un ambiente un poco más tranquilo.

—¿Por qué todavía no te has vestido? ¡El tren parte en una hora! —No esperó por una respuesta del finlandés y lo empujó adentro del piso.

—Esto tiene pinta que saldrá bien… —comentó el noruego, en tono sarcástico.

Tino no comprendía cuál era el motivo por el cual el danés se estaba tomando tantas molestias. Después de todo, siempre había buscado la forma de joderle al sueco. ¿Por qué este cambio tan profundo? Antes de vestirse, necesitaba preguntárselo. Quería sacarse esa duda en cuanto antes.

—Andersen, me gustaría preguntarte algo… —explicó éste antes de entrar a su habitación.

—¿Qué? —respondió el danés, quien ya se estaba impacientando conforme el tiempo transcurría. Sabía que debían llegar en el momento justo antes de que Berwald se pusiera a trabajar.

—¿Por qué te interesa tanto? Yo pensé que… —Pero antes de poder continuar hablando, Andersen le interrumpió.

—Es lo que hacen los amigos —dijo de manera cortante —. Ahora, vete —Metió al finlandés a toda prisa y luego se fue a la cocina, a prepararse algo para comer, como si aquel lugar todavía fuera su propia casa.

Lukas siguió al hombre, ya que todavía tenía sus dudas al respecto. Mientras que Andersen se preparaba un rico sándwich, el noruego se apareció por detrás. Aún no podía creer que aquel hombre estaba dispuesto a hacer semejante locura por algo que no le concernía realmente. Le miró intensamente y después de un par de segundos en silencio, continuó con el interrogatorio.

—¿Al menos sabe que nos vamos a ir a visitarle? —indagó, a pesar de ir en contra de todos sus instintos.

—Bueno…

Unos cuantos días atrás, el sueco estaba muy concentrado en su trabajo como siempre, cuando el teléfono sonó. Dejó la lija y el barniz, y después de lavarse las manos, fue a atender esa llamada. Eran alrededor de las cinco de la tarde, podría tratarse de cualquiera. La verdad es que no esperaba que se alguien en el otro lado del tubo fuera Andersen.

¿Buenas? —saludó como acostumbraba.

¡Oye, Berwald! —gritó éste con todo el entusiasmo del mundo y un poco molesto.

Honestamente, no esperaba que alguien le gritara de esa forma y sobre todo, que fuera ese hombre en particular. Suspiró para tener la paciencia de continuar dicha conversación.

¿Qué quieres?

Uno de estos días iré a ver tu casa. Y de paso, creo que te voy a llevar una sorpresa —comentó de forma fanfarrona, intentando despertar el interés del otro. Ciertamente, lo consiguió.

¿Eh? ¿Cuándo? —La razón por la cual le había dado la dirección, era por si ocurría alguna emergencia y no para tonterías como ésas. Aunque debió haberlo previsto, no era de esas personas que seguían las instrucciones que se les daba.

Pronto —Rió un poco, aguardando por algún regaño. No le importaba demasiado que no le agradara su visita, ya lo había decidido y eso era lo único que iba a hacer.

¿Cómo está Tino? —Al menos, iba a sacar un poco de provecho de aquella llamada. A pesar de que no se había animado de averiguarlo por sí mismo, quizás el danés podría serle de ayuda.

Oh, ¿aún te acuerdas de él? Pensé que lo abandonaste y…

Te he preguntado algo —. Si supiera realmente cómo habían sido todos esos días, no había habido uno en el cual no se recordaba del muchacho en cuestión. Parecía que habían transcurrido más de dos meses de su partida y pese a ello, el dolor continuaba como el primer día.

Ya lo sabrás pronto —Colgó de inmediato para no darle otra oportunidad a preguntar. En realidad, ésa era toda la información que necesitaba saber.

Berwald se quedó un par de minutos con el teléfono en mano. El nórdico había ignorado su pregunta como si no significara algo. ¿Qué quería decir con eso de "ya lo sabrás pronto"? ¿De verdad iba a aparecerse así como así? No se imaginaba al danés haciendo semejante esfuerzo, solamente para ir a molestarlo. Si bien no distaba mucho de la ciudad, aún eran dos o tres horas de viaje.

—Eso fue lo que pasó —Andersen asintió lleno de orgullo por su idea tan genial.

Mientras la pareja siguió discutiendo el súper plan del mayor, Tino había terminado de prepararse. Todavía no creía lo que estaba sucediendo. Estaba a unas cuantas horas de volver a ver a Berwald. Lo único que quería realmente era asegurarse de que se hallara bien. Si estaba completo y en una sola pieza, ya estaría contento.

Agarró su billetera y su móvil. No tenía demasiado dinero. La renta se había elevado desde que se había quedado por su cuenta y para ser sincero, no estaba seguro de querer otro compañero de habitación. Ya se lo había planteado varias veces, mas sabía que por más que pusiera de su parte y se esforzara, no encontraría alguien como el sueco.

En fin, no tenía más tiempo que perder. Al salir hacia la sala, no había nadie. ¿Acaso ya se había ido y le dejaron atrás? Una mano se posó sobre su hombro y saltó, golpeándose con la mesa de estar. Luego de recuperarse de la herida, se dio media vuelta y allí se encontraban los dos parados.

—Pensé que desaparecieron o algo así —explicó el finés, con una sonrisa nerviosa y tensa. Aún no estaba seguro acerca de lo que realmente debía pensar acerca de la idea del danés o por qué le hacía caso tan ciegamente.

—Ya tienes todo, ¿no? —Andersen no esperó a que el muchacho le diera una respuesta. Simplemente lo jaló hacia el ascensor, pues no tenían mucho tiempo. Le dio un último vistazo a ese lugar al que alguna vez había llamado hogar, para después continuar con su camino.

Los tres marcharon hacia la estación del tren que se hallaba al sur de la ciudad. ¿Para qué mentir? El paseo fue algo incómodo, ya que el mayor no se dignaba a decir nada al respecto, Lukas continuaba pensando que era una idea sumamente estúpida y Tino buscaba algún tema de conversación, sin mucho éxito. Su mente se había quedado en blanco desde que habían salido del edificio y parecía que dicha situación que no iba a cambiar pronto.

—¿Cuánto es el pasaje? —Trató de preguntar, pero era difícil que el otro escuchara, ya que como todos los días, la ciudad estaba inundada de gente. Si no se lo decía y si no tenía el dinero para pagar el boleto, de nada le serviría haberlo despertado tan temprano y arrastrarlo hasta allí.

—No te preocupes por eso —Le consoló el noruego que caminaba cerca de él.

Aunque no estaba muy tranquilo por ello, quizás debía confiar en su palabra. Después de todo lo que había pasado entre ellos, todavía no sabía qué pensar de él. A veces actuaba como un verdadero imbécil y otras, no tanto. Esperaba que no le estuviera jugando una mala pasada, esta vez. Quería creer que por una vez, podía hacer algo bueno por ellos.

—Dame tres boletos para… —Andersen quitó su billetera y poder terminar con la transacción.

Mientras que se preparaban para abordar, cierto sueco ya se había levantado y estaba tomando su café de todas las mañanas. Desde que había hablado con el danés, se había quedado pensando en qué había querido decir con el asunto de la sorpresa. ¿Acaso era capaz de viajar hasta allí solamente para molestarlo?

No, no podía ser… Aunque podía hacer lo que fuera necesario para molestarlo, no le creía capaz de hacer ese trayecto simplemente porque sí. Y pese a que no quería admitirlo, escuchar una voz familiar hacía tanto tiempo, le había hecho recordar todo lo que había dejado atrás. A veces, pensaba en que tal vez había tomado una decisión muy precipitada.

Pero ya no había vuelta atrás y aunque costara trabajo, debía seguir con su vida. Aún si eso significaba olvidarse de alguien que había sido demasiado especial para él.

Sin embargo, no tenía ni la menor idea de la sorpresa que estaba a punto de a parecer en la puerta de su casa, en tan poco tiempo.

En ese mismo instante, Andersen, Lukas y Tino viajaban hacia ese lugar. Los dos primeros iban sentados uno al lado del otro, mientras que el finlandés estaba al frente de ellos. Ni siquiera había intentado conversar con ellos, esta vez. Lo único que fue capaz fue de mirar a través de la ventana y observar el bello paisaje que les ofrecía el día.

Sin embargo, el danés no estaba dispuesto a estar en silencio durante el trayecto. Decidió aprovechar la oportunidad para preguntarle algunas cuestiones al muchacho, que el sueco se habría rehusado. Ya que aquel no estaba presente, Tino no iba a poder negarse a contestarle.

—Oye, estoy intrigado —explicó el mayor, mientras que miraba los ojos pardos del finlandés —¿Cómo es posible qué pudieran arruinar una relación en un par de semanas?

—Pasaron muchas cosas… —No quería hablar al respecto. Intentó evadirle lo mejor que pudo, pero no era muy diestro en ese aspecto.

—¿Al menos, tuvieron sexo? —dijo como si fuera una pregunta de lo más normal.

—No te pases —El noruego le dio un codazo al otro, apenas terminó de hablar. Eran esas ocasiones en las cuales se sentía bastante avergonzado de estar al lado del danés.

—Oh, vamos. Sólo es una pregunta. Es que si ni siquiera lo han hecho, Berwald se ha recibido de patético —explicó éste, quien seguía sin ver lo que estaba mal en su pregunta. Es más, esperaba que el otro le respondiera enseguida.

No obstante, todo lo que consiguió fue que el finlandés recordara esa última noche. Un recuerdo más que bonito pero a la vez doloroso. Sollozó un poco, para luego darse cuenta que había dos personas que le estaban acompañando así que se secó las lágrimas en cuanto pudo y en su lugar, sonrió.

—Sí, lo hicimos… —contestó después de varios minutos en silencio y con rubor. Se recostó sobre el asiento y suspiró.

Estaba comenzando a sentirse algo ansioso. Quizás en parte por lo que Andersen le había preguntado, ya que nunca habían tenido la oportunidad de hablar sobre ello. Tampoco era que lo necesitaba, pero le hubiese gustado saber qué realmente pasó por la mente del sueco durante esos instantes. ¿Acaso se acordaba de ello?

—Bueno, bueno… —Andersen trató de animar un poco el ambiente, ya que se dio cuenta de lo que había hecho. Por lo tanto, quiso que el muchacho se alegrara un poco —. No hay necesidad de poner cara de cachorro triste. Además… —Éste se asomó de manera imprudente por la ventana del tren —¡Estamos a punto de llegar!

Aquello actuó como un flujo de energía y ¿por qué no decirlo? Elevó de sobre manera el nivel de ansiedad y nerviosismo del finlandés. ¡Ni siquiera se había tomado la molestia de pensar en qué le diría a Berwald cuando lo tuviera frente a frente! ¿Qué iba a hacer? Claramente no quería pasar vergüenza frente a él, pese a que ya lo había pasado varias veces.

Todo había pasado tan súbitamente y ahora, no sabía de qué iba a hablar con el hombre. ¿Iba a mentirle y decirle que ya había seguido con su vida? ¿Iba a pedirle explicaciones del por qué se había ido sin dirigirle una palabra? ¿O simplemente pretender que nada había pasado? De repente, todas estas cuestiones habían surgido.

—¡Vamos! —Andersen jaló a los dos muchachos para salir del vagón.

Ahora Tino no estaba tan entusiasmado por dar un paso en dicho pueblo. No había planificado nada y no se le ocurría nada. Su mente se había puesto en blanco y cada vez que caminaba hacia adelante, sentía cómo el sudor le corría por la frente, la manera en que la desesperación se escurría por su cuerpo, o la forma en que el nerviosismo se apoderaba de él lentamente.

—¿Por qué no regresamos otro día? Ni siquiera le he traído un regalo… —Tenía que escabullirse de alguna manera de esa situación tan incómoda, aunque su excusa fuera más que lamentable.

—Claro, porque cuando Berwald te vea, lo primero que te preguntará es por qué no le has traído algo de la ciudad —respondió sarcásticamente el danés. No le interesaba demasiado la opinión del finlandés a esas alturas y no iba a permitir que se escapara tan fácilmente.

¡En qué lío se había metido! Pero era evidente que su "secuestrador" no iba a dejar que se vaya, así que iría a saludar al sueco y con suerte, eso sería suficiente. No estaba preparado para enfrentar a aquel hombre y honestamente, sus sentimientos aún no estaban muy ordenados que digamos.

La caminata fue bastante tediosa y larga. Al finlandés le pareció que se estaba yendo al matadero o algo por el estilo. Su corazón latía fuerte y sus manos le sudaban. En verdad, tenía unas tremendas ganas de salir corriendo y no mirar atrás, aunque eso significara darle la espalda a Berwald.

¿Cómo reaccionar frente a alguien que te hizo añicos el corazón? ¿Qué decirle a una persona que aparentemente no se había tomado la molestia de llamarte o mandarte un mensaje? Tino estaba tan concentrado en resolver esos planteamientos que no estaba prestando atención por donde iba.

Solamente escucho un ¡Cuidado! Antes de darse contra la tierra roja. Cuando se levantó, estaba cubierto de dicho material y no estaba precisamente listo para hacer una visita en esas condiciones. Sin embargo, Andersen no pensó lo mismo y siguió el camino. De vez en cuando, se fijaba en los carteles y los números de las casas.

Repentinamente, se detuvo enfrente de una. Debía ser ésa, estaba completamente seguro. Más allá del anuncio acerca del taller o el hecho de que en el buzón estaba su apellido, el sueco estaba saliendo a su pórtico. Éste miró varias veces a los recién llegados para confirmar que no era una maldita visión, sobre todo el muchacho que estaba más atrás.

—¿Qué hacen aquí? —indagó el anonadado dueño de casa. ¿De verdad, Andersen había cumplido con su palabra? ¿Qué rayos había tomado en lugar de café?

—¿Qué manera es esa de recibir a tu visita, Berwald? ¡Es increíble! —El danés caminó confiadamente hasta él y luego, sonrió —¿Aún no lo crees? ¡Incluso te traje una sorpresa! —Señaló al finlandés que todavía estaba limpiándose la tierra, aunque ello era una tarea hercúlea.

—¿Tino? —Empujó al danés y se acercó lentamente hacia al muchacho. Definitivamente era una mañana más que extraña. Quizás había bebido algo que no era café y le estaba provocando alucinaciones.

El finlandés se detuvo de inmediato. Conocía esa de voz de memoria. ¿Cómo confundirla? Quiso sonreír, pero no le salía por más que lo intentaba. Es más, lo único que quería hacer era reclamarle su maldita indiferencia y el hecho de que se había ido sin dignarse a dirigirle una palabra.

—¡Berwald! —exclamó sin levantar la cabeza —. Parece que te ves bien —comentó el muchacho quien estaba lleno de polvo y tierra, aunque lo trataba de ignorar.

—Tú te ves… —No sabía qué decir porque Tino aparentaba haberse bañado en un charco de lodo. No obstante, ello no restaba lo contento que estaba por volverle a ver. Estaba tan anonadado por la presencia del finés que ni siquiera se le venían las palabras a la cabeza.

—Lo sé, estoy un desastre —rió nerviosamente para restarle importancia.

Berwald contempló al recién llegado como si hubiera pasado un largo tiempo desde que se habían visto por última vez. No podía quejarse de la sorpresa que le había dado el danés, era por lejos lo mejor que podía traer consigo. Lo tenía a tan sólo unos cuantos centímetros de distancia y efectivamente, podía escucharle hablar.

—Bueno, voy a dejarles a ustedes conversar —comentó el danés, interrumpiendo el silencio —. De todas maneras, Lukas y yo vamos a quedarnos en la posada. Ya saben, noche romántica y todo eso. ¡Nos vemos!

Se fue tan rápido que el sueco no pudo pedirle ninguna explicación. Tino también quiso detenerle, Andersen le lanzó una mirada fulminante y se quedó paralizado en ese mismo lugar. ¿Y ahora qué iba a hacer? Quizás podía aprovechar el momento para reclamarle todo al sueco o simplemente disfrutar de un pequeño viaje imprevisto.

—¿Quieres usar mi baño? —indagó el otro, queriendo hacer algo de plática. No iba a negarlo, Berwald estaba nervioso. Pero al ver el estado del muchacho, no podía permitir que se fuera en esas condiciones.

—No traje ropa de cambio así que…

—Te prestaré la mía —insistió.

El finlandés miró por todas partes, era un lugar bastante tranquilo. El aspecto en general le parecía bastante encantador y simple para un hombre soltero. Podía entender por qué se había querido mudar allí, no había estorbos ni ruidos estruendosos. Además podía trabajar sin tener que preocuparse de las quejas de los vecinos.

—El baño es por ahí —le señaló la última puerta hacia la derecha.

—¿De verdad, no te importa? No quiero que te sientas obligado o algo semejante —explicó el finlandés. El trato que le estaba dando, le dio algo de nostalgia. Sabía que con rapidez, se volvería a acostumbrar a ello y eso no debía suceder en lo absoluto.

—No es nada —reiteró el hombre.

Mientras que Tino se dispuso a ir al baño, Berwald suspiró. ¿Qué clase de cruel broma era ésta? ¿Una oportunidad para compensar lo que le había hecho al muchacho? Se sintió culpable en el minuto que había salido del piso y eso no había cambiado demasiado desde entonces. Había esperado que le gritara o que le mandara al demonio. En cambio, le había dado el mismo trato de siempre.

Escuchó la ducha prenderse y se quedó allí. No quería meterse en ningún problema pero era difícil resistirse. Dejó la ropa preparada sobre la cama y se fue hacia el comedor, donde podía pensar exactamente qué iba a decirle al finlandés. Sabía que una oportunidad como ésta, no iba a volver a suceder. Si volvía a arruinarlo, era probable que lo perdiera para siempre.

Unos veinte minutos después, apareció el muchacho. Un poco torpe, sí pero era debido a que la ropa del sueco le quedaba muy holgada.

—Espero que no te moleste si lavo mi ropa aquí —comentó éste, quién ya se sentía como si estuviera en su propia casa.

—No importa —respondió mientras que ideaba una forma para encarar a su visita —¿Cómo te va en el trabajo? —Se arrepintió en el mismo instante que terminó de hacer la pregunta. No habían dejado ese tema en buenos términos y no quería discutir por culpa de esa razón.

—Renuncié —dijo con facilidad el otro —. Tenías razón, Berwald. No estaba bien en ese trabajo así que decidí buscar otro. Claro que me cuesta pagar la renta pero supongo que no puedo quejarme —contestó el finlandés esbozando una tímida sonrisa mientras que sentaba enfrente al sueco.

—¿No lo hiciste por qué yo…?

—No… —Después de varios minutos en pausa, continuó —. Bueno, en parte. Además ya no me gustaba el trabajo. Me sentía muy presionado y ya sabes el resto… —Se quedó contemplando a la nada antes de volver a reaccionar. La verdad es que no se había imaginado mantener esa conversación con el sueco.

Después, el dueño de casa llevó a su inesperada visita al patio trasero. Aunque no era grande, era mucho más de lo que tenía en la ciudad. Estaba feliz de no ver puro concreto por todas partes y poder respirar aire puro, sin tener que toser el humo que desprendían los autos. Como si fuera un niño pequeño, Tino se tiró sobre el césped sin pensarlo dos veces.

Todo ese lugar le recordaba el pueblo que había dejado atrás, para hacer una nueva vida en la ciudad. Cerró sus ojos por unos instantes, podía disfrutar la brisa fresca de otoño y las pocas hojas caían sobre su ropa. Ah, por esos breves momentos, olvidó cualquier problema que tenía encima. Claro, hasta que escuchó la voz del sueco…

—¿Te gusta este lugar? —preguntó el hombre, quien se sentó al lado del muchacho.

—¡Ah, es perfecto! —contestó alegremente a la vez que observaba las nubes. A pesar de que había sido prácticamente obligado ir hasta allí, no se arrepentía en lo absoluto. ¿Qué más podía pedir en ese instante?

—Quería mostrártelo pero no animé… —confesó el sueco, quien apartó su rostro para que el finlandés no se diera cuenta de su rubor.

Tino se sentó y dejó escapar un suspiro.

—¿Por qué no me llamaste, Berwald? Estuve preocupado, ¿sabes? Aunque lo que pasó, me dolió… —Agarró todo el coraje del mundo y siguió hablando —. ¡Yo quería seguir hablando contigo! —exclamó para que el sueco se diera cuenta de lo mucho que le importaba.

—Pensé que me odiabas…

—¡¿Cómo rayos puedes pensar eso? Yo… Yo no sabía cómo buscarte o si al menos todavía pensabas en mí. Sí, me molestó que ni siquiera te hayas despedido de mí… —Se secó las lágrimas —Pero odiarte, jamás —aclaró a la vez que intentaba tomar la mano del sueco.

El silencio se adueñó de ambos. Tino esperó pacientemente para que el otro le respondiera. Sin embargo, no dijo nada. El finlandés sintió una especie de alivio, pues pese a que no consiguió una reacción por parte de Berwald, había podido hacerle saber lo que todavía tenía guardado en su interior. Ahora podía irse contento con el hecho de que lo había intentado.

—Creo que debería irme —El joven se levantó y fue a buscar su ropa. Pero antes de ingresar a la casa, se dio la vuelta —. Te la devolveré la próxima —Después continuó con su marcha.

No podía dejar las cosas de esa manera. Debía dejar de huir de una vez y hacer algo al respecto. El sueco se levantó y fue corriendo tras el finlandés. Sí, había cometido el error de su vida al irse de esa forma. Sí, le había causado un daño innecesario a Tino. Pero no iba a lamentarse por otra equivocación suya.

El muchacho se quedó mirando un rato la reja blanca que estaba alrededor de la casa y luego comenzó a caminar hacia la estación del tren. No estaba seguro hacia donde debía ir, pero dado que no era un lugar grande como la ciudad, no debería perderse. Sabía que Andersen le había dejado a su suerte así que debía valerse por sí mismo.

No era muy fácil hacerlo, los pantalones le quedaban demasiado holgados y temía que en cualquier momento se le cayeran. Había tenido que remangarse la camisa demasiadas veces para poder sostener algo en su mano.

No había sido una pérdida total de tiempo. Al menos, había tenido la oportunidad de conversar con Berwald. Dejó escapar un suspiro, agradecía el hecho de haber traído algo de dinero para el viaje de vuelta.

—¡Perdóname! —Alguien exclamó mientras que se dirigía a la estación y pensaba en lo que había ocurrido ese día.

—¿Eh? ¿Lo imaginé? —Se rascó la cabeza y decidió seguir caminando. Tal vez era para otra persona y no quería meterse en los asuntos de nadie.

Quizás pudo dar un par de pasos más, cuando sintió que alguien le agarró el brazo. Se detuvo ahí mismo y lentamente miró hacia atrás. Temía que se hubiera encontrado con algún ladrón o algo por el estilo. Sin embargo, no podía estar más equivocado. Quien en realidad le había gritado eso no otro más que el sueco.

—Tino… —Le llamó para que le hiciera caso.

—¿Eres tú, Berwald? —Cuando se dio la vuelta, sintió un tremendo alivio al ver que era aquel hombre —¡Vaya qué me asustaste!

—¿Escuchaste…?

—¿Fuiste tú? —preguntó algo sorprendido. Miró por todos los alrededores y efectivamente, él era el único que estaba en la calle.

El sueco se limitó a asentir. Quizás había sido una medida algo desesperada, pero es que no podía dejar que el finlandés se marchar sin que supiera lo que realmente sentía. Tocó con cuidado el rostro de aquel, sin sobrepasarse demasiado. La verdad es que le había extrañado demasiado como para permitir que se fuera así sin más.

—No hay que perdonar —respondió algo nervioso. No sabía exactamente cómo reaccionar así que dijo lo único que se le ocurrió.

—¿Por qué…? —Al sueco se le había metido una idea bastante loca cuando el finlandés se había marchado de su casa. Tal vez podría funcionar, tal vez lo ignoraría por completo. Sin embargo, debía intentarlo, por lo menos.

—¿Eh? Somos amigos, de eso… —Pero antes de que pudiera terminar de hablar, el otro volvió a hablar.

—¿Por qué no te mudas conmigo? —indagó. Sabía que Tino era lo único y lo más importante que faltaba en su vida. Claro que el rechazo era más que posibilidad por haberlo dicho de manera tan abrupta.

—¿Estás bromeando, verdad? —rió para seguirle la corriente. Aunque no era así.

El escandinavo suspiró. Nunca había sido bueno para las palabras y mucho menos, bajo circunstancias como éstas. Sin embargo, debido a la presión, iba a dar su mayor esfuerzo para que el finlandés entendiera lo que realmente le quería decir.

—Quiero que comencemos de nuevo —explicó mientras que miraba directamente a los ojos pardos del muchacho.

—No sé, Berwald. ¿Y si no vuelve a funcionar? No quiero perderte otra vez —contestó. No quería rechazarle, pero era el riesgo demasiado y no estaba seguro al respecto.

—No lo sabremos si no lo intentamos… —Agarró la mano del muchacho, para intentar convencerle del todo.

Ante la vacilación de Tino, tomó otra determinación. Quería que se quedara con él, a pesar de la estupidez que se había mandado. Estaba dispuesto a lo que le pidiera con tal de recuperarlo.

—Necesito un tiempo para pensarlo… —Fue la "decisión" que tomó en ese instante.

El sueco le soltó la mano y dejó que el muchacho se fuera. Estaba triste, mas lo entendió. No podía pretender que Tino le perdonara tan fácilmente. Observó la manera en que se alejaba de él y al menos, quiso asegurarse de que llegara a la estación sin ningún problema.

Luego, el finlandés se detuvo.

—Berwald…

—¿Qué pasa? —Se acercó un poco al muchacho.

—¡Comencemos de nuevo! —exclamó con entusiasmo.


Toda la semana me dediqué enteramente a este capítulo final. Pero realmente que haya sido sea de su agrado. ¡Muchas gracias por leer!

Pronto verán un nuevo fic de esta pareja (Universo Alterno)