Projections- Capítulo 3 - Tyelperin.

Disclaimer: Estoy ahorrando para cambiar el hecho de que el Potterverso y sus personajes no me pertenezcan. Dadme tiempo. Por ahora, he conseguido reunir la asombrosa cantidad de 20 céntimos y un clip.

NdA – Este capítulo es más corto pero es, con diferencia, el que más ha sufrido. Me fui a Londres tres días y compré todo lo que se pueda comprar de Harry Potter y toneladas de libros. Al volver, me encontré con un bloqueo de escritora de dimensiones épicas y estos días he luchado contra él y mi tendencia a perder el tiempo con uñas y dientes para escribir este capítulo.

Gracias siempre a mi beta, que ahora mismo está en Oxford y que fue mi compañera en la odisea londinense, y a todos mis lectores. Especial agradecimiento a todas las personas que han dejado reviews y que me han animado a seguir adelante con este capítulo.

Resulta, además, que un día decidí hacer un plano de la cabaña. Mi beta me dijo que se lo mandara y ella convirtió una servilleta manchurreada en esto:
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Como curiosidad, había dos versiones de este capítulo. Una de ellas es esta. En la otra, Harry atrapaba a la lechuza. Eso no hacía cambiar demasiado el resto del fic, pero me decidí por esta opción cuando la lechuza empezó a ser un elemento que se quedaba colgando como los flecos de una alfombra.

xXx

Desde ese día, Harry pasa cada vez más tiempo en el estudio con Draco. La rutina cambia y en lugar de en el Sillón de no Dormir, Harry pasa las horas muertas entre comidas sentado en un sofá dentro del estudio de Draco. El sofá antes estaba tan lleno de libros y apuntes que Harry no lo vio las primeras veces que entró en el estudio.

Draco escribe y Harry lee, a veces el segundo libro de la serie del primero de los que él le dejó y a veces fragmentos de la novela que está escribiendo. Harry sabe lo justo de literatura y con eso le basta para ver que lo que está escribiendo Draco es bueno. No es pretencioso, no es demasiado sencillo, no es pesado. Aunque Harry no le haya dicho nunca que espera con impaciencia cada nuevo taco de folios, removiéndose y teniendo que releer varias veces la misma página de su libro, supone que ya lo sabe y por eso tiene ese aire tan pagado de sí mismo. Por mucho que nunca haya necesitado a Harry para eso.

Y por otra parte y viviendo de forma casi independiente están los post-its. Los post-its tienen su propio reino, sus propias leyes y sus propias pautas de comportamiento. Ha pasado una semana, es viernes otra vez, Harry ha decidido por seguridad quedarse allí con Draco y ya va por la tercera taza de café del día y los post-its han ido cubriendo cada vez más y más espacio. Los nuevos se mezclan con las pequeñas bolitas amarillas de los desechados y a Harry el pequeño caos de papel le molestaría si no le pareciese tan…correcto.

- Eh, Harry, – alza la mirada de la página que está leyendo por tercera vez y siente una pequeña punzada de desilusión al no ver un montón de folios extendidos en su dirección. Draco ni siquiera le mira, dedos suspendidos sobre las teclas de la máquina de escribir – ¿Tú crees que Gretchen debe tener…algún…interés romántico?

Harry no contiene una risotada mientras niega con la cabeza. Draco le pregunta de vez en cuando. Como lector, dice, quiere saber lo que quiere leer y lo que espera que pase sólo para hacer que no pase. A Harry no le molesta porque con las protecciones aseguradas no tiene nada mejor que hacer.

- No. Sería…decepcionante ¿sabes? Con cómo es ella y cómo son los demás, - se rasca la nuca con distracción, perdiéndose un poco en lo que sabe del mundo de Gretchen, de la propia Gretchen y de los personajes que la rodean. Gretchen no es el tipo de personaje que necesite un interés romántico porque ese es, justo, su encanto. Ella no necesita ese tipo de cosas para destacar o para mejorar como personaje. – No. Gretchen debería seguir sola. Ni siquiera un…pasado amor trágico ¿entiendes lo que quiero decir?

Draco le mira de reojo y Harry cree ver una sonrisa aunque no puede estar seguro. Cuando los dedos de Draco vuelven a volar sobre las teclas, Harry baja la mirada hasta el libro y sigue intentando leer.

El pistolero viaja por su mundo, Gretchen atraviesa los suyos y en el estudio el único sonido que acompaña al de sus respiraciones es el del tac-tac-tac de los dedos de Draco sobre la máquina de escribir. De vez en cuando se detiene y Harry puede captar el sonido de hojas al pasar, de maldiciones y murmullos a media voz, de exclamaciones ahogadas y victorias disimuladas y entonces el tac-tac-tac vuelve y es más fuerte y frenético y está lleno de algo que Harry no sabe qué es, que probablemente conociera si le gustase más la literatura, pero que se le escapa y que sin embargo le hace esconder una sonrisa entre las páginas de su libro prestado.

Han comido hace poco y el olor de la salsa aún le pica un poco en la nariz, desapareciendo bajo limón, papel y menta. Pero a Harry no le importa porque a lo largo de esa semana se ha acostumbrado tanto a ese olor que, en cierto modo, tiene la sensación de que lo echará un poco de menos cuando se vaya. No es una de esas sensaciones del tipo poeta romántico, es la sensación de perder algo que te gusta aunque lo hayas tenido contigo durante poco tiempo. Es lo que le pasó, de hecho, con la tarta de manzana. Suspira y contiene una risa suave, pensando que si Draco se entera de que acaba de comparar su carísimo champú con tarta de manzana le echaría de ahí sin piedad.

El tecleo se detiene y la silla de Draco cruje. Tap, tap, tap y de pronto algo cae a su lado en el sofá. Harry mira a Draco, que se ha tirado de una forma muy poco elegante sobre el sillón, mientras él se estira y bosteza. Harry sigue la curva de su torso al arquearse con la mirada y tiene que darse una bofetada mental para cortar esa línea de pensamiento que, además de extraña, es peligrosa.

- ¿Ya has terminado por hoy? – pregunta, con la garganta un poco seca, y Draco deja de estirarse y le mira con los ojos entrecerrados. Las ojeras destacan sobre la piel pálida bajo sus ojos grises.

- No. Nunca termino por hoy, - Draco bufa, cruzando los brazos tras la cabeza y fijando la mirada en el techo. – Pero ahora mismo soy incapaz de producir una sola oración coherente. Estoy embotado, no puedo seguir escribiendo. Por ahora.

Harry asiente aunque no entiende demasiado bien lo que le quiere decir con eso. Tiene lógica que alguien se canse, de todas formas, y Draco es tan humano como él mismo.

- ¿Quieres un café? – Draco niega con la cabeza y Harry decide mirar también el techo, con el libro cerrado sobre su regazo. Hay un post-it justo encima de su cabeza y Harry tiene que entrecerrar un poco los ojos para leer lo que pone.

"Si tienes tiempo para estar vagueando aquí, tienes tiempo para repasar tus notas y poner tu perezoso culo a trabajar"

- Sabes, el techo tiene razón, - comenta Draco a su lado, con voz queda. Harry le mira de reojo y durante unos segundos, apenas un parpadeo, todo su cuerpo se tensa al hacerse consciente de la proximidad de él. – Debería levantar el culo y ponerme a revisar mis notas.

- La tabla número cinco desde la izquierda también, - responde él, señalando una tabla un poco más clara que las demás sobre la que un post-it sugiere "Dormir lo arregla todo".

Draco niega con la cabeza y alza un brazo, que Harry sigue hasta un dedo que señala al otro lado de la habitación. Esa nota está justo encima de la máquina de escribir y Harry se la sabe de memoria porque cuando la leyó le pareció una estupidez. Sigue pareciéndole una estupidez pero no tiene argumentos reales con los que atacar a esa nota con su clara sentencia:

"Cuando estás medio dormido piensas mejor"

Silencio. Harry se reclina contra el respaldo del sofá y suspira cerrando los ojos. Recuerda un pequeño fragmento del libro que está leyendo y se le escapa una risa. Draco le da un puñetazo sin fuerza en el brazo.

- ¿Te ríes de mi bloqueo de escritor? Qué terriblemente Slytherin por tu parte – la voz de Draco es cortante y algo seca, pero también suena relajada y Harry vuelve a reír con un poco más de libertad mientras niega ligeramente con la cabeza.

- Me ha venido a la cabeza algo muy conveniente ¿sabes? De este libro – da unos golpecitos a la cubierta, dura, con la punta del dedo – Es una frase. Algo así como… - carraspea, aún con los ojos cerrados, y recita: ¿Había llegado tan lejos sólo para morir, entonces? No lo haría. Y si iba a morir a pesar de su determinación, lo haría en el camino a la Torre.

Draco tarda unos segundos en responder en los que Harry no dice nada, esperando.

- ¿Y eso qué tiene de gracioso? Es muy…trágico.

- Me ha recordado a ti – a su lado, oye un "¡Eh!" ofendido y vuelve a reír. – Pero tu Torre Oscura es ese libro que estás escribiendo. Y que va a matarte. Porque si no te lo recordáramos todos tus post-its y yo ni siquiera comerías. O dormirías.

Entreabre un ojo y mira a Draco, un poco desenfocado, con una sonrisa autosuficiente en los labios.

- Capullo. – espeta Draco, pero no suena tan insultante como debería.

- Gilipollas adicto al trabajo. – contraataca él. Las risas de Draco, que suenan incrédulas y sorprendidas, le hacen abrir los ojos del todo y mirarle. La sonrisa de autosuficiencia se convierte en una sonrisa a secas y Draco le mira mientras sigue riéndose negando con la cabeza.

- Sólo un arrogante como tú podría permitirse insultar a la persona para la que trabaja. - Draco deja de reírse y Harry intenta ignorar el hecho de que se ha quedado un poco sin aliento cuando su mirada se encontró con la de Draco porque es algo poco productivo y de lo que no va a salir nada bueno.

- ¿A McGee? Creo que McGee no necesita a nadie para insultarse.

Se siente un poco tonto y un poco como un niño cuando Draco estalla en risas y él le sigue. También tiene una sensación de irrealidad que le hace preguntarse si eso está pasando de verdad porque es demasiado surrealista como para ser…real. Nunca habría llegado a pensar que algún día estaría riéndose junto a Draco Malfoy, con Draco Malfoy, de algo que no llega ni a la categoría de chiste. Pero ahí está, y empieza a dolerle un poco el estómago y la mandíbula de tanto reír.

La risa de Draco se corta tan súbitamente como empezó y está mirando a algún punto detrás de su cabeza que Harry no puede determinar. Sus rasgos se iluminan poco a poco y Harry comprende, de forma definitiva y determinante, que Draco le resulta un poquito atractivo. La idea es ligeramente desconcertante.

- ¡Eso es! – exclama, mirando entonces a Harry para levantarse de un salto y casi correr hacia su máquina de escribir subiéndose las mangas de la camisa blanca hasta los codos. – Oh, por Merlín. Llevo meses con esto en la cabeza y se bloqueó, se bloqueó joder.

Sigue parloteando, más para sí mismo que para Harry, al empezar a teclear y Harry se resigna a que haya olvidado su presencia por completo. Por su parte, dirige su atención al libro que sigue sobre su regazo. Está gastado, la sobrecubierta se ha perdido y los bordes de las páginas amarillean. Ese libro también huele como la biblioteca de Hogwarts y Harry pasa una mano por su lomo con una suave sonrisa nostálgica.

Apenas ha avanzado un par de páginas cuando el tecleo se detiene y los pasos se acercan de nuevo al sillón. Harry alza la mirada y delante de él hay un pequeño montón de folios. Detrás de los folios, Draco le observa con un brazo cruzado sobre el pecho y una ceja enarcada.

Harry coge el montón de folios, asintiendo, y empieza a leer.

xXx

La criatura estaba perdida. El aire no olía a lo que debería y las cosas no estaban donde deberían, era incapaz de identificar su entorno y por lo tanto se había perdido. Algo tan simple como eso no parecía al alcance de su entendimiento y por eso la criatura siguió buscando algo que le indicase que estaba en casa, por relativo que ese término fuese para ella.

La criatura olfateó, se arrastró, tocó y lamió. Pero nada era como en casa. Nada era como en casa. La criatura se sentó y observó lo que había a su alrededor. Una habitación vacía, una lámpara de luz blanca en el techo, una puerta. Gente.

- No…no sé dónde estoy…

Dylan había viajado por todo el mundo y había visto muchas cosas. Pero la criatura no se parecía a nada que hubiese visto. Sí, tenía el aspecto de un niño rubio perdido y de sonrisa perpleja. Sí, técnicamente era un crío de unos once años con los ojos azules y el cuerpo demasiado delgado. Más allá de eso, no había nada que le relacionase con algo humano. Dylan avanzó dos pasos hacia…él y se detuvo. Gretchen estaba detrás de él con Alex, que definitivamente era demasiado joven para tener que aguantar todo eso, y ellos no se movieron. No les culpó.

- ¿Quién eres? – preguntó, pensando que sería mejor preguntar qué eres cuando él le miró con ojos azules muy abiertos y una sonrisa de tiburón desfigurando unos rasgos demasiado afilados para un niño.

- Johnny. – Su voz era suave. O, al menos, parecía serlo hasta que empezó a reír y Dylan apretó los dientes y miró de reojo a Gretchen y Alex, blancos como la cal y tensos como alambres.

- ¿Qué haces aquí? – Dylan se pasó la lengua por los labios resecos, Johnny volvió a reír y Gretchen dejó escapar una expresión ahogada a su espalda. Johnny empezó a balancearse y si Dylan no estuviese tan seguro de lo improbable que eso era podría decir que estaba pensando.

El niño, o lo que fuera, dejó de balancearse. Durante un escalofriante segundo, Dyland tuvo la certeza de que iba a saltar sobre ellos y no supo de dónde vino o cómo pudo saber que ese niño no era tal. Pero no se movió.

- Yo…

Un zumbido hace que Harry tenga que alzar los ojos de los folios con el aliento atrapado en la garganta y la boca entreabierta. Un zumbido que viene de las protecciones. Intercambia una rápida mirada con Draco, que sólo asiente, antes de dejar los folios sobre el sillón y correr hacia la entrada.

A unos pocos pasos de la puerta, una lechuza se sacude con ululares agudos y desesperados. Harry apenas deja de correr para tomar aire y corre hacia ella antes de que pueda volver a echar a volar. La lechuza consigue ponerse en pie, un trozo de pergamino desprendiéndose de su pata, y Harry aprieta los dientes y saca la varita.

- Ah no, de ninguna puta manera… - masculla, antes de alzar la varita y gritar "Incarcero". Es poco elegante, poco refinado y muy poco fino, y la lechuza sale volando antes de que la cuerda pueda enrollarse en torno a su cuerpo. Harry lanza un "¡MIERDA!" al aire sin pensar y recoge el pergamino que ha volado con la brisa hasta sus pies. – Qué coño…

El pergamino, gastado y más amarillo de lo normal, sólo contiene una serie de dibujos en un tono verde brillante que Harry no se ve capaz de descifrar. Con el pergamino en la mano, Harry se queda parado en la puerta incapaz de volver a entrar. Está frustrado y un poco mareado. Que su tranquilidad se rompa de una forma tan seca ha tenido un efecto de aturdimiento sobre él que se sacude con un bufido.

Gira sobre los talones. Harry apenas siente nada, dándole vueltas a lo que acaba de ver en ese pergamino. Una sensación de frío le recorre desde la punta de los pies hacia arriba y anida en su estómago. Se le acelera un poco la respiración. Y ni siquiera sabe por qué, sólo sabe que sea lo que sea parece…malo.

Draco está sentado en el Sillón de No Dormir y antes de que se convierta en alivio sus ojos están llenos de ansiedad. Tiene el pelo más alborotado y desordenado de lo que lo suele tener y a Harry le picotea la nuca una acuciante sensación de desasosiego al verle tan pálido.

Harry se muerde el labio y frunce el ceño dejando el pergamino sobre la mesa mientras se sienta.

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- ¿Qué coño significa esto? – Harry bufa y se revuelve el pelo.

- Si lo supiera, te lo diría. Pero no tengo ni la más mínima idea, - responde para añadir segundos después con un titubeo: - ¿No es uno de esos códigos que miraste?

Draco se limita a negar con la cabeza.

- Sea lo que sea, no puede ser bueno, - farfulla Draco, dejando el pergamino sobre la mesa con expresión asqueada. – Siempre la misma jodida tinta…este cabrón quiere que sepamos que es él. Joder.

Harry no le escucha. No del todo. Está pensando con los ojos cerrados, las gafas subidas sobre la frente. Sólo conoce a una persona que pueda ayudarles con ese código pero no tiene claro que Draco crea que esa persona sea…conveniente.

Bufa y se coloca las gafas sobre el puente de la nariz, mirando a Draco con firmeza. Él le devuelve una mirada gris frustrada e incierta, como si no tuviese claro qué sentir.

- Hermione… - empieza, jugueteando con el borde de su camiseta entre los dedos. – Hermione puede ayudarnos. Si ella no puede descodificar esto, - señala el pergamino con desprecio, esperando también la reacción de Draco, – te aseguro que nadie puede.

Draco baja la mirada y estudia sus manos durante lo que a Harry le parecen minutos enteros pero que seguramente sólo sean segundos.

- Granger… ¿y cómo piensas contactar con ella, si se puede saber? – la voz de Draco es dura, seca y acerada. Harry no destaca por acobardarse con cosas así, de todos modos.

- Lechuza, flu, aparición. Lo que sea.

- No hay chimenea en esta cabaña, - es la única respuesta verbal de Draco que, sin embargo, suspira y le mira desde detrás de un montón de pelo rubio que cae sobre sus ojos. Harry no puede verle lo suficientemente bien como para tener una pista sobre lo que está pensando. – Y no tenemos ninguna lechuza.

No ha descartado la aparición, piensa Harry mientras Draco sigue mirándole y él sigue jugueteando con el borde de su camiseta. No lo ha hecho. Eso quiere decir que… ¿no está en contra de que contacte con Hermione?

Va a decir algo y Draco alza una mano y le corta haciendo que las palabras se atasquen en su garganta. Harry deja escapar una tosecilla y espera.

- Pero quiero intentarlo antes de que vayas a pedir ayuda a mamá Granger, - va a protestar, mucho y muy alto, por el "mamá Granger" y por todo en general, pero Draco vuelve a ser más rápido que él. – No quiero oír nada de lo que tengas que decir. Trae lápiz y papel, rápido.

xXx

Dos horas, tres cafés, una titánica cantidad de folios, mucha frustración y una ligera modificación de las protecciones después, Harry se Aparece en el rellano del piso de Ron y Hermione y llama a la puerta con los nudillos mientras lanza un Tempus a un lado. Son las ocho de la tarde y espera no molestar, pero le duele la cabeza y está mentalmente agotado.

Hermione le abre la puerta con expresión dudosa y luego sorprendida. Tiene el pelo recogido en una coleta desordenada y los vaqueros y la camiseta demasiado grande, probablemente de Ron, combinados con la ausencia de zapatos hacen que Harry se sienta un poco culpable por sacarla de casa.

- ¿Harry? ¿Qué pasa? Estás muy pálido – ella se aparta para dejarle entrar. Harry niega con la cabeza y le coge de la muñeca.

- ¿Está Ron en casa? – pregunta y antes de que Hermione deje de negar suavemente con la cabeza Harry suspira con alivio. – Tienes que venir conmigo, 'Mione. Dra… Malfoy y yo necesitamos tu ayuda.

Harry tiene que fingir no ver la mirada recelosa de Hermione ante su desliz, no sabe por qué pero tiene la sensación de que tienen que resolver ese enigma cuanto antes. Ella, sin embargo, no comenta nada al respecto y sólo engancha su brazo con el de Harry. Se concentra en Aparecerse y espera que la acuciante sensación de inquietud que tiene en la boca del estómago no les parta. Con un puf, el salón de la cabaña está a su alrededor y Draco está en el Sillón de No Dormir observando el pergamino con expresión desafiante.

Hermione se suelta y saluda a Draco con un leve gesto de cabeza. Harry puede ver cómo él se tensa al devolver el escueto saludo y nadie dice nada. Ella se sienta junto a Draco y Harry se sienta al lado de ella.

- Bien…es… ¿es esto? – Hermione coge el pergamino y Harry reconoce la determinación en sus ojos oscuros. En ese momento, está seguro de que ella podrá resolverlo. Puede que no ese día o el siguiente, pero lo hará. Por ahora, con eso debe ser suficiente.

Hermione también echa un vistazo a las notas en los folios, asintiendo con la cabeza y mordiéndose el labio. Harry encuentra cada vez más difícil estarse quieto junto a ella sin poder hacer nada. Draco puede haber notado algo o puede simplemente haber actuado sin propósito alguno. Sea cual sea su motivación, Harry agradece a Merlín el que le pida otro café.

En la cocina, no espera que Draco entre tras él y se apoye contra la encimera, mirando el techo y suspirando. Harry empieza a servir el café y le observa mientras él se pasa una mano por el pelo y cierra los ojos. Sus labios están cerrados en una fina línea y toda su postura grita "Tensión". Harry mismo se siente tenso y con una sensación de malestar cerrándole la garganta y entiende que Draco esté incluso peor.

- ¿Cómo estás? – pregunta, tentativamente, ofreciéndole una taza a Draco que entreabre un ojo y la coge sin apenas mirar.

- No lo sé, - responde él y después da un pequeño sorbo al café. Tras unos segundos de silencio, en los que Harry se esfuerza por no empezar a dar saltitos de un pie a otro para aplacar el nerviosismo, Draco abre los ojos. – No sé qué esperar. Nada de lo que he intentado ha funcionado, ningún código de los que conozco sirve.

Harry espera derrota, pero su tono es plano. Vacío.

- Sólo espero que Granger pueda hacer algo, - entonces, se ríe por lo bajo y las cejas de Harry se enarcan sin que pueda hacer nada por evitarlo. Si ya creía que estaba loco cuando entró por primera vez ahí, ahora prácticamente está seguro de ello. – Puede que no sea nada y que estemos así por…una broma de mal gusto o una lista de la compra.

Harry no lo cree. No sólo por su instinto, que está gritando que ahí está pasando algo y que tiene que poner su culo a investigar cuanto antes, si no porque hay mucha gente que quiere deshacerse de Draco Malfoy. Gente con la que la Guerra no fue generosa y a la que le importa una mierda que Draco escriba gilipolleces en El Profeta. Y esa gente es peligrosa porque es imprevisible, está desesperada y no tiene nada que perder.

Draco le mira y Harry sabe que él…lo sabe. Lo ve en sus ojos, que nunca creyó poder llegar a ser capaz de leer. Aunque, de todas formas, esas cosas se le dan bien. Ron tuvo una vez el tacto de llamarlo su pequeña intuición femenina y Harry sonríe al recordarlo - aunque no sea el mejor momento para hacerlo cuando, la tensión casi se puede palpar -. Draco suspira y sus labios se curvan en una sonrisa tenue que desaparece cuando pasa junto a él hacia la puerta dándole una palmada en el hombro con la mano en la que no tiene la taza.

Tras unos instantes de vacilación, Harry decide que no necesita otro café y sirve una taza para Hermione. En la sala principal, ella está anotando cosas en uno de los folios a un ritmo frenético y Draco sólo la observa por encima de su taza de café. Harry deja la taza en la mesa y ella le dedica una rápida mirada de agradecimiento y vuelve a centrarse en escribir como si no la hubiese interrumpido. Se da cuenta de que ella sigue sin llevar zapatos y se muerde el labio mientras se sienta a su lado otra vez.

De tanto en tanto, Harry se asoma por encima del hombro de Hermione. Ninguna de las veces que lo ha hecho ha conseguido entender lo que hay escrito en los folios. Hermione se ha acabado el café y Draco hace tiempo que voló a la cocina con su taza para luego volver con una botella de agua. Lanza un Tempus y en el aire brillan las 01:26.

Poco tiempo después, Hermione da un pequeño saltito en el sillón y se golpea la frente con la palma de la mano.

- ¡Claro! – exclama, y Draco y Harry intercambian sendas miradas de confusión sobre su cabeza mientras ella vuelve a inclinarse. – Oh, no sé cómo no se me ha ocurrido antes…es tan sencillo…

Observan a Hermione dibujar sobre el papel la misma forma varias veces, luego empezar a contar…y Draco parece darse cuenta de algo también cuando se le escapa una exclamación ahogada.

- ¡Espera, Granger! – su tono de voz es tenso, pero hay esperanza ahí y la mayor parte de la ansiedad con la que Harry lleva lidiando durante horas se desvanece. – Estás…es al revés. A la derecha…

Hermione asiente y empieza a escribir el abecedario. Debajo de la letra "L", Hermione dibuja un círculo y Harry mira el pergamino con el código de reojo. Entrecierra los ojos mirando un símbolo en concreto que se repite varias veces a lo largo del pergamino. Se muerde el labio, pensando. Hay una idea intentando abrirse paso entre toda su inquietud, nerviosismo y ansiedad. Hermione y Draco están discutiendo algo y Hermione empieza a parecer derrotada al ver que su solución no arroja luz. Harry compara los símbolos que ella ha dibujado con los del pergamino y se le ocurre algo. Algo que tal vez por lo obvio que ahora le parece no se le ha ocurrido a Hermione o a Draco.

- ¡No! – arrebata a Hermione el lápiz y coge un folio. Escribe el abecedario y dibuja un círculo bajo cada letra. Draco y Hermione le miran con los labios entreabiertos por la sorpresa y Harry se ofendería si no estuviese tan concentrado. – No es la L, es la M. La M es el centro, por eso sobraba un punto. La de la raya a la izquierda y los ocho puntos…esa es la E.

La comprensión ilumina lentamente los rasgos de Hermione y una sonrisa brillante se dibuja en su rostro.

- ¡La vocal que más se repite! Lo había pensado pero…era demasiado sencillo. – Draco le mira en silencio, sin mostrar el entusiasmo de Hermione, pero Harry puede ver que está sonriendo y cuando capta su mirada se limita a asentir.

El código había sido descodificado. Los círculos representan letras, las líneas la dirección en la que se encuentran con respecto a la central y los puntos su posición. Dado que el abecedario tiene 26 letras, la elección de la central estaría entre la L, la M y la N. Una vez determinada la letra central, el código queda revelado y el mensaje puede descifrarse sin problemas.

Es sencillo y su obviedad resulta incluso dolorosa una vez se conoce la respuesta, pero precisamente por ello nadie había pensado en algo así. Era el tipo de idea que aparece al principio y se descarta por su sencillez.

- Bien, ahora sólo tenemos que traducirlo. – Hermione recupera el lápiz y empieza a escribir. Su expresión de profunda concentración se transforma en alivio cuando lo que escribe tiene sentido y, sin embargo, ésta se convierte en desconcierto cuando deja el lápiz a un lado.

Harry lee el mensaje y frunce el ceño. Draco bufa.

QUÉ TIENE OJOS PERO NO PUEDE VER

xXx

Hermione se fue después de preguntar una y otra vez si no necesitaban más ayuda y Draco y él, a las aproximadamente cinco de la madrugada, volvían a estar solos. Demasiado cansado para hacer algo de provecho, Harry subió a su cuarto y se acostó. Sin embargo, no se durmió hasta que oyó la puerta del cuarto de Draco cerrarse.

Echó de menos el tac-tac-tac de las teclas de su máquina de escribir.

xXx

A Harry le despierta el sonido del agua de la ducha. Se queda en la cama, mirando el techo y preguntándose qué hora es. El sonido del agua se corta, pasos. Harry cierra los ojos y dormita hasta que el tac-tac-tac vuelve y el mundo vuelve a estar bien.

Hay una hoja abajo, en la mesa frente al Sillón de No Dormir, con un acertijo desconcertante. Pero todo vuelve a estar bien si Draco es capaz de seguir escribiendo.

Esa mañana, después de ducharse y de un primer café silencioso con un Draco que no parece de humor para hablar, Harry coge el folio con el acertijo y sube al estudio de Draco.

Mientras Draco escribe, consulta, golpea la mesa, gruñe de frustración y, en general, sigue su Ritual de Escritura Estándar, Harry piensa. Piensa en cosas que tengan ojos pero no pueden ver. Son cosas, porque la pregunta es qué y no quién.

Rumia la información poco a poco, haciendo desfilar respuestas y meditando lentamente hasta descartarlas. Tiene que ser obvio, se dice, las respuestas a estas cosas siempre son sencillas y obvias. Son lo que pasas por alto por ser demasiado fácil…

Empieza a mordisquearse el labio. Tiene los ojos cerrados y el ceño fruncido, el tecleo de Draco le relaja y el olor a libros de alguna manera le hace sentir inspirado.

Cuando baja a la cocina y empieza a rebuscar entre los armarios algo para hacer una ensalada, a Harry se le ocurre algo y se golpea la nuca con el armario de la cocina al levantar la cabeza demasiado rápido. Harry corta lechuga y tomate y arruga la nariz cuando deja caer una generosa cantidad de vinagre sobre las hortalizas. Los pasos de Draco se oyen en la escalera y Harry termina de aliñar y mover la ensalada y coloca la mesa con aire ausente.

- Si no te conociera, diría que has conseguido desarrollar un cerebro cuando no estaba mirando y que lo estás usando demasiado - comenta Draco, sentado frente a la mesa mientras él coloca los platos.

- Si no te conociera, diría que quieres que tire tu ración por la ventana, - la risotada de Draco, aunque sea a su costa, le sienta bien. No se había dado cuenta de lo nervioso que estaba, inmerso en su búsqueda de una respuesta, hasta que se destensó.

Harry se sienta en su lado de la mesa y come con lentitud y en silencio. Está pensando otra vez. Draco no le interrumpe y cuando terminan se levanta, lava sus cubiertos y vuelve a la mesa. Harry se da cuenta de que está esperando.

- He tenido una idea, - la curva en los labios de Draco es indicación suficiente de que está a punto de comentar algo, algo no muy agradable para Harry, y Harry sigue hablando antes de darle la oportunidad. – El acertijo. No tiene una sola respuesta.

Draco ladea la cabeza y frunce ligeramente el ceño.

- Ilumíname con tu infinita sabiduría.

Harry se contiene, no sin esfuerzo, antes de que se le escape una respuesta mordaz. Carraspea y mientras él piensa cómo decirlo, Draco cruza los brazos sobre la mesa y apoya la barbilla sobre ellos. El gesto es lo suficientemente familiar como para que Harry se relaje un poco más.

- Por ahora, se me han ocurrido dos respuestas. La aguja tiene ojo, pero no puede ver. Un huracán también. Es decir, es sencillo si lo piensas porque no hay tantas opciones en realidad y… - Harry se da cuenta de que está parloteando y se muerde el labio. Suspira. – Lo que quiero decir es que ese no es el verdadero acertijo si no…el por qué.

Espera que Draco le pregunte qué coño quiere decir con eso y que le diga que es idiota. Pero Draco asiente dando a entender que lo comprende, que sabe lo que Harry quiere decir. Él es extraño, se dice Harry, es una persona complicada pero entiende las cosas. No hay que explicárselo todo dos o tres veces porque es lo suficientemente complicado por sí mismo como para que las complicaciones del mundo no le supongan un problema.

Una idea un tanto estúpida, piensa después, pero eso no implica que no sea cierta.

- Creo que sólo quiere…desconcertarnos, - dice Draco antes de hacer una corta pausa y dar ligeros golpecitos en la madera con los dedos. – Molestar, también. Pero que le jodan, voy a escribir lo que tengo que escribir y lo que él, ella o lo que sea tenga que decir al respecto me da soberanamente igual.

Harry ya se ha sorprendido varias veces sintiendo admiración por Draco. Es algo que no es nuevo a esas alturas aunque siempre resulte extraño y sorprendente. Y, en ese momento, vuelve a admirarle. Por ser capaz de hacer lo que hace sin duda ni vacilación.

- Tengo que volver al Ministerio para dar constancia, - es su deber, al fin y al cabo. La razón por la que está ahí. – Será rápido para que McGee no decida mandarme a casa y traer a otro aquí.

Draco asiente, aun con la barbilla sobre los brazos, y sonríe un poco. Harry devuelve la sonrisa mientras se levanta para lavar sus platos y preparar un café.

Apenas son las tres, tiene que ir al Ministerio y luego al apartamento de Hermione para darle las gracias. También tiene que andar un poco para despejarse y tiene que escribir un informe sobre las notas, el ataque y el caso en general. Ya lleva un mes allí con Draco, un mes en el que le ha conocido mejor de lo que pudo conocerle en siete años, y no puede evitar preguntarse cuánto tiempo más va a pasar.

La idea de alejarse de Draco le hace sentirse un poco estúpidamente solo. Descarta esa sensación abriendo el grifo del agua con demasiada violencia. Sobre esas cosas puede pensar más tarde, cuando no tenga tanto que hacer.

Ese día se quedaría allí. Leería lo que Draco le diera y dejaría de preocuparse por el acertijo y los recortes del Profeta y las notas y los ataques y se permitiría un pequeño periodo de libertad antes de volver a hacer su trabajo.

Y al día siguiente a primera hora, decide, se aparecería en el Ministerio y rezaría para no encontrarse con McGee.

xXx

Gretchen se acercó al espejo y el espejo no le devolvió su reflejo. En el espejo Gretchen sólo pudo ver la pared que había tras ella y el terror cerró con fuerza sus esqueléticos dedos en torno a su cuello.

Pero Gretchen no sólo era lo suficientemente cobarde como para querer correr, era lo suficientemente dura como para clavar los pies en el suelo y desafiar al espejo con la mirada. Permaneció firme, sola en la pequeña habitación, frente al espejo hasta que el reflejo de la pared empezó a desvanecerse y no quedó nada.

El espejo mostraba un vacío total. Y, poco a poco, brillando sobre su superficie en un tono amarillo cada vez más chillón, el número 394 se dibujó sobre el vacío.

Ella supo entonces que ese era el número que tenía que seguir. No supo hasta mucho después hacia dónde y el por qué…el por qué no llegó a saberlo nunca.