Disclamer: Los personajes pertenecen a S. Meyer. El resto es mío (hoy no todo)
CAPÍTULO 4.
(2ª Parte)
Desde que Bella telefoneó a Edward el semestre se volvió complicado para ambos. Nunca antes se habían cruzado o coincidido, al menos ellos no fueron conscientes de que así ocurriera, excepto aquella vez que Bella creyó que lo vio montado en su bicicleta. Ahora estaba segura de que había sido él. La situación cambió desde el momento en que tuvieron conocimiento uno del otro.
Coincidían en la biblioteca, a veces en el comedor universitario, se cruzaban en el camino a la facultad, hasta se vieron una vez en el supermercado. Edward siempre tenía una actitud seca y distante hacia ella. Bella sin embargo se mostraba amable, le sonreía o lo saludaba con la mano. Él simplemente levantaba la barbilla, que más que un saludo, parecía un desprecio.
Esa conducta la estaba martirizando. Sabía que era su manera de castigarla y, aunque imaginaba la razón, no la entendía porque ni siquiera le había dado la oportunidad para que le contara. Además, a veces creía que él mismo buscaba esos encuentros, era demasiada casualidad que nunca antes lo hicieran y desde entonces no era algo tan raro.
Aquella vez no fue la única que había intentado ponerse en contacto con él, aunque desde que este sabía cual era su número de teléfono móvil, no había descolgado ni una sola vez. Tampoco contestó a los múltiples mensajes de texto que le envió, pidiendo un poco de su tiempo para explicarse.
Poco a poco empezó a darse por vencida. Había hecho lo posible, tan solo le quedaba presentarse en su piso y rogar porque la escuchara, pero no iba a hacerlo. Era posible que su tiempo hubiese pasado, quizás y aunque se hubiesen encontrado, su destino no era estar juntos ni ser amigos. Todo se quedó allí, en Santa Bárbara.
Harald fue su paño de lágrimas, quien la consolaba después de que ella se hubiese topado con Edward en algún sitio o cuando después de empujarla a telefonear o mandar mensajes no recibía respuesta alguna. Y cada día le indignaba más la forma en que aquel chico trataba a su amiga.
Victoria estaba atada de pies y manos, quería ayudar, pero Edward apenas le dirigía la palabra. Ella se había disculpado por dar por hecho muchas cosas, aun así su relación que no era muy sólida y esto había sido un freno. James también le había pedido que dejase que lo que fuera que ellos tenían siguieran el curso que debía, sin intermediarios.
A pesar de todo Bella se centró en los exámenes del primer semestre. Esto era su prioridad, por lo que hizo todo lo posible para no pensar demasiado en Edward, aun no pudiendo evitarlo. Pero esta llegó a la determinación de que ningún problema de tipo amoroso podía interponerse en su objetivo de aprobar, al fin y al cabo ella había ido allí para estudiar y no toleraría que los sentimientos lo echaran todo a perder. Si Edward no quería oírla, no sería ella quien lo obligara a hacerlo.
Pero estos pasaron y antes de que llegaran las vacaciones de primavera, comenzaron las fiestas para celebrar el fin de la temporada de exámenes. Había múltiples organizadas, anunciadas por cualquier rincón de la universidad. El ambiente estival se respiraba a donde quiera que fueras. Casi nadie se resistía a asistir, semanas de estrés tenían que ser recompensadas.
Bella, estaba cansada y no tenía ni ánimos ni ganas para asistir a alguna de ellas, pero Harald estaba empeñado en que lo acompañase a él, Bree, Diego y otros. Sabía que su negativa inicial no se debía sólo al cansancio. Ella no había vuelto a ser la misma chica alegre desde que se topó de nuevo con Edward y no pensaba parar hasta que ella aceptase.
-Tienes que venir- le dijo después de demasiadas negativas.
-No me apetece Harald, creo que estoy incubando algo, puede ser que tanto estrés haya bajado mis defensas.
-Bella, hace dos días me dijiste prácticamente lo mismo pero con otras palabras. Te recuerdo que hablo el inglés desde antes de echar los dientes, así que…por el idioma no podrás deshacerte de mí.
-No quiero ir ¿vale? No quiero encontrármelo y últimamente lo veo en cualquier sitio en el que esté- confesó por fin aunque para su amigo no era nuevo.
-Nunca lo he visto antes en una de esas fiestas, ¿por qué ibas a encontrártelo en esta? Habrá mucha gente, si a mí me cuesta hasta ver a estos- dijo tratando de persuadirla.
-Por favor…no insistas- pidió.
-Por favor…ven- pidió él.
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La que se pensaba que iba a ser la noche para divertirse, olvidar las últimas semanas y disfrutar con los amigos, según le vendió Harald, comenzó siendo para Bella como una pesadilla.
Nada más entrar, y a pesar de que el espacio tenía cientos de metros cuadrados y de lo que le dijo su amigo sobre la dificultad de ver a una persona conocida, Edward estaba allí a unos pocos metros de ella, acompañado de James y Victoria, que la saludó efusivamente.
Edward se enfureció y los celos se hicieron dueños de su mente en cuando la vio entrar. Harald la seguía y desde su posición podía adivinar que la dirigía con su mano sobre su espalda baja. Eso era algo habitual. Aquel chico rubio estaba con ella donde quiera que él la viese. Pocas veces la había visto sola. Es por eso que seguía convencido de que entre ellos dos había algo y que él había sido un pasatiempo de un fin de semana.
Bebió más de la cuenta. No estaba borracho, pero sí lo suficiente como para actuar de la forma estúpida como lo estaba haciendo. Tonteó con todas las chicas a las que saludaba, totalmente consciente de que Bella estaba al tanto de todos sus movimientos. Quería dañarla, ponerla tan celosa como lo estaba él, que sintiese su dolor, y a la vez no dejando ver lo dolido que estaba.
La situación se le fue de las manos. De repente se vio haciendo algo que ni siquiera deseaba. Estaba besando a alguna de aquellas chicas, pero su atención no estaba centrada en ella, sus ojos miraban a otra.
Bella no aguantó más, había querido ignorar su actitud, su falta de interés hacia ella, su rechazo.
-Harald- tiró de su camiseta para que él se agachara un poco.-Me voy.
Él la miró a los ojos. Bella estaba al borde del llanto.
-Estoy sintiéndome mal- le dijo.
-Te acompaño- se ofreció, al verla en el estado en el que se encontraba. Por nada del mundo iba a dejarla sola. Fue testigo al igual que ella de como el americano se había estado comportando desde que llegaron a la fiesta.
-Quédate. Estaré bien.
-No. Me voy contigo- le dijo tajante.
-Por favor. Me sentiré peor si te vienes conmigo- lo chantajeó- voy a echarme a dormir en cuanto llegue. Y tú tienes que divertirte.
-Bella, ese tío es un gilipollas. No merece la pena- le cogió con delicadeza la cara entre sus manos y limpió con sus pulgares las lágrimas que comenzaban a resbalar sin permiso.-No llores cariño.
Ella le sonrió tristemente, se alzó sobre las puntas de sus pies y besó su mejilla.
-Gracias, pero estaré bien- le dijo pidiéndole con la mirada que la dejase ir sola. Era lo que necesitaba en esos momentos.
-Está bien, pero ten cuidado y para cualquier cosa llama, estaré allí antes de que hayas colgado ¿sí?- pidió.
-Te lo prometo.
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Harald no era un chico violento, por lo general nunca se metía en peleas e intentaba solucionar los problemas hablando, pero a Edward tenía ganas de darle una buena tunda. Su amiga no se merecía el trato que estaba recibiendo de su parte en los últimos meses.
Con largos y firmes pasos se dirigió hacia un grupo de amigos, pero intencionadamente se chocó con Edward, que desde que Bella dejó de mirar se deshizo de la chica.
-¿Te pasa algo, tío?- le gritó este en cuanto sintió el empujón.
Este se volvió hacia él- ¿Hablas conmigo?
-Sí, al menos podías pedir perdón.
-¿A ti? ¡Ja! Deja que me ría- le dijo con ironía.
-¿Tienes algún problema?- Edward sacó pecho acercándose al que claramente era su mayor enemigo desde el primer día que lo vio en compañía de Bella.
-No, el problema lo tienes tú. Eres un asno.
-¿Cómo dices?- le gritó.
-Lo que has oído. Que eres tonto- le repitió.
-¿A qué no me lo dices de nuevo?- lo instó bastante enfurecido. Los orificios de su nariz estaban dilatados.
-Has estado actuando como tal durante toda la noche, tratando de simular que ella no te importa. Es una pena que Bella no sepa distinguir a un mal actor. Imagino que ha sido porque el amor ciega y solo veía que estabas con otra después de haberla tratado como basura todo este tiempo- le dijo entre dientes, porque estaban empezando a ser el centro de atención.
-¿Y a ti qué más te da?- gritó sin haber oído ni la mitad de lo que el chico le había dicho y haciendo que algunos empezasen a darse cuenta del enfrentamiento entre ambos. -¿No estás con ella?¿Qué mierda os importa a ti o a ella lo que yo haga?
Harald no puedo contenerse más y lo agarró de la camisa acercándolo a él. –Te digo en serio, no tengo ni idea de lo que ve en ti, eres más estúpido de lo creí. Ella…óyeme bien,¡…nosotros no estamos juntos, somos amigos…a…mi…gos, ¿lo has entendido?
-Tío para- dijo James que puso una mano sobre el pecho del danés tratando de que soltara a su amigo.
Este lo soltó.
El asombro de Edward no tardó en reflejarse en sus ojos.
-Pero… ¿tú y ella..?- le preguntó mientras que se zafaba del agarre de su amigo que tiraba de él hacia el lado contrario, intentando que dejaran de ser el centro de atención de todos los que estaban alrededor.
Harald soltó una carcajada forzada. -Ya quisiera, ya, pero resulta que está enamorada de otro. Sí, creo que me dijo que fue de uno que conoció en su despedida de soltera, dijo que en Santa Bárbara.
La cara de Edward iba tornándose cada vez más pálida.
-Por lo visto dejó a su novio por él… ¿Cuándo me dijo?- martilleó con los dedos en su barbilla. -¡Ah, sí! La noche antes de la boda. ¡Es que desde luego que hay tíos con suerte!
Edward estaba blanco, mesándose el pelo con desesperación.
-Ella no me dijo nada- susurró
-Bueno, puede que no le hayas dado la oportunidad y dieses demasiadas cosas por supuestas.
Recorrió con la mirada toda la sala, intentando encontrarla.
-Tuvo suficiente espectáculo- le dijo el danés- no creo que tuviese ganas de seguir viendo como le comías la boca a otra.
-He metido la pata- reconoció en un susurro.
-Me temo que hasta donde no podías más- secundó este antes de darse media vuelta e ir en busca de sus amigos.
Edward se quedó allí, de pie, pasando desesperadamente los dedos por su pelo, pensando en las palabras de Harald.
James a su lado y testigo de parte de la conversación apretaba su hombro.
-¿Qué hago?- le preguntó.
Este se encogió de hombros.
-Ve a buscarla y deja de hacer el tonto- le dijo Victoria, a la que no había visto pero que estaba junto a ellos. –Imagino donde estará- Edward la miró, Victoria tenía alzado el brazo y en su mano unas llaves.- Segundo piso, habitación 212.
-Gracias y siento…
Victoria no lo dejó terminar. –Lo sé, lo sé- le dijo desinteresadamente.
Camino hacia la puerta la chica con la que había estado besándose mientras Bella era testigo de ello, lo paró.
-¿Te vas ya?- le preguntó con el puchero en los labios.
-Ajam.
-¿Quieres que te acompañe?- le dijo guiñándole un ojo.
-No- Edward fue bastante brusco.
-Lo pasaremos bien- la chica ronroneó en su oído.
Estuvo a punto de empujarla, pero se contuvo, sabía que el mismo había propiciado eso. –Mira…
-Amber- dijo ella.
-Mira Amber, no quiero ser desconsiderado pero quiero ir solo. Sé que te he dado otra impresión, pero no quiero estar contigo.
-¿Seguro?- insistió ella.
-Completamente.
-Bueno, tú te lo pierdes- Edward le sonrió y la dejó allí.
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Bella cogió un taxi, llegó a la residencia, subió a su habitación y se tiró en la cama. Fue allí donde se permitió llorar de verdad, dejó las lágrimas atrapadas en su garganta fluir. No supo cuánto tiempo pasó, no demasiado, cuando alguien llamó a su puerta. Pensó que era Harald, sabía que él no se quedaría en la fiesta a pesar de haberlo prometido.
-Vete Harald. Quiero estar sola- gritó con voz nasal desde su cama para que pudiese oírla al otro lado de la puerta.
La persona tras ella insistió.
-¡Vete!- gritó ya enfadada.
Oyó que abría la puerta, había olvidado echar la llave cuando entró. No tenía ganas de pelear así que continuó tumbada, ahogando el llanto en el colchón.
Unos pasos se acercaron a la cama, hundiéndose esta poco después.
Edward vio como el cuerpo de Bella se convulsionaba.
- No llores Bella- musitó, mientras se permitió pasar la mano por su espalda- no llores- repitió.
Ella se tensó al escuchar su voz y se giró para comprobar que no estaba soñando. Edward estaba allí, junto a ella, tocándola de nuevo. Su mirada había cambiado, ya no la veía con furia, sus ojos no eran fríos, había ternura en ellos.
- ¿Q-qué haces aquí?- le preguntó con un hilo de voz.
- Yo…yo, he venido a disculparme. Lo siento- le dijo.
-¿Perdón por qué Edward?- le cuestionó sentándose sobre sus pies y sorbiéndose los moscos.
Edward tomó su rostro entre las manos, acariciando sus mejillas con las yemas de las manos, frenando las lágrimas que aún caían por ella y obligándole de forma dulce a levantar su mirada hacia él, demostrándole que era él y que estaba allí.
- Lo siento. Me he comportado como un estúpido todo este tiempo- musitó.
Bella asintió levemente.
-Tú amigo me lo contó todo- declaró.
Ella abrió mucho los ojos.
- Debiste contármelo- le dijo, retirando sus manos.
-No me has dado la oportunidad- susurró esta.
-Lo sé- reconoció- ya sé que no lo he hecho, pero…quizás cuando nos conocimos…podías habérmelo contado.
-Oh sí ¿Qué te hubiese parecido que te dijese que estaba en mi despedida de soltera, qué me había enamorado de ti y que estaba pensando dejar a mi novio colgado?
Edward no contestó.
- Te hubieses asustado- respondió en su lugar.
-No sé.
-¡Venga ya!- exclamó.
-Vale. Puede que sí. Pero… yo… me gustabas. Quizás no hubiese sido del todo buena mi reacción, aunque … y-yo…no creo que hubiese reaccionado tan mal.
-Permite que lo dude. Tú actuación estos meses así me lo han demostrado.
-Creí que salías con Harald. Pensé que él era el motivo que hacía tu vida complicada, me cegué… ¡Joder Bella!- gritó- Me enamoré de ti en dos días y saliste huyendo, dejando una nota que me parecía absurda y cuando vuelvo a encontrarte…
-Yo estaba sola cuando te vi. Te esperaba sola, Harald no estaba- le dijo- Y tú pasaste de estar asombrado y alegre a cabreado.
-Ya, pero volví y entonces él te abrazaba…
-Es mi amigo.
-Lo sé. Ahora lo sé- este le sonrió mientras ella asentía.
-Te enamoraste de mí- musitó después de un largo silencio.
Edward asintió.
-Yo también lo hice. En unos días mi vida sufrió un giro que no esperaba. Todo se volvió patas arriba. No esperaba aquello- reconoció tímidamente.
Ella levantó sus ojos, hasta el momento centrados en sus manos. Se encontró con la mirada cálida de él.
Edward la acercó a su cuerpo y la rodeó con sus brazos. Hundió la cabeza en el cuello rozándolo con su nariz, aspirando ese olor que tan a menudo había intentado recordar.
-Pensé que nunca volvería a verte. Tú amigo tiene razón. He sido un estúpido que ha estado perdiendo el tiempo. Pero los celos me han cegado, siempre te veía con él…
Bella intentó separarse para explicarle de nuevo que tan solo eran amigos pero el apretó su agarre.
-Ahora sé que me equivoqué.
Bella cerró los ojos, sintiendo el aliento de Edward sobre su piel, se sentía abrumada por la situación, pero quería disfrutar de ella. Hasta ese momento no se había dado cuenta de lo mucho que lo había anhelado.
Edward se aclaró la garganta- No imaginé volver a hacer esto. Te he echado de menos desde el día que te fuiste y no ha habido día ni noche que no haya pensado en ti, aunque he luchado con ello.
Hubo un momento de silencio.
-¿Quién era ella?- Bella se separó. Edward tenía el ceño fruncido. Las circunstancias le habían hecho olvidarse de ese pequeño gran detalle.
-Solo quería que te sintieses tan mal como yo- le dijo pasándose con nerviosismo los dedos por el pelo. Había actuado sin pararse a pensar en las consecuencias de sus actos. Nunca podría perdonarse que perdiese esta nueva oportunidad con ella.
- ¿Siempre actúas así?- le cuestionó.
- Joder, no- se lamentó- Esa chica no significa nada. No sentí ni frío ni calor cuando la besé- habló con desesperación- No sé que me ha pasado. Pensar que no sentías lo mismo que yo…- Edward escondió el rostro con sus manos.
Bella llevó temerosa la mano a su cuello y la posó allí, acariciándolo. Sabía que era una idiota, que estaba bajando la guardia pronto, pero él estaba allí, había venido a disculpase y su cuerpo y corazón lo querían cerca.
Edward sintió como todo su cuerpo se estremecía ante su roce. Levantó la cabeza y la encontró demasiado cerca.
-Bella…-susurró, haciendo que ella sintiese el aliento de su boca aún con restos de alcohol.
-Edward…-Bella cerró los ojos.
Lentamente él inclinó la cabeza y buscó sus labios. La cabeza de Bella dio vueltas con el dulce toque. Abrió los ojos y él la estaba mirando. Ella alzó la cara y le devolvió el beso.
Se besaron con delicadeza, disfrutando de su contacto, se acariciaron, ella enterrando la manos en su pelo y el pasando las suyas por la cintura de esta, tirando de su cuerpo para que quedase a horcajadas sobre él.
-Te he echado tanto de menos- suspiró sobre sus labios. –No sabes cuanto- dejó de besarla y la abrazó fuerte, enterrando su cara en su pecho, manteniéndose tan cerca que ni aire pudiese pasar entre ellos.
Bella no dejaba de acariciar su pelo. –Yo también. Creí que no nos cruzaríamos jamás.
-Así que eras tú la de la despedida de soltera- le dijo soltando un poco su agarre.
Ella asintió.
-Perdona por engañarte, pero fue algo que me sobrepasó. Allí me sentía otra persona, no la Bella que tenía un novio esperándola en su pueblo y que había ido a celebrar el fin de su soltería- Edward la soltó totalmente y se sentó a escucharla en silencio, ella cruzó las piernas sobre la cama y se dispuso a seguir.
-Era alguien que había conocido a un chico y que se sintió inmediatamente atraída por él. Nunca me había pasado, no sabía como manejarlo. Yo conozco a Jacob desde siempre y fue el primero con el que he estado, creí estar ciegamente enamorada de él, pero después apareciste tú y pusiste mi vida bocabajo. Ya no quería seguirla de la misma manera.
Edward le sonrió incitándola a continuar.
-Después de partir de Santa Bárbara, estaba convencida de que todo volvería a la normalidad, traté de dejar allí todo lo que pasó, pero me fue imposible. Los preparativos de la boda me agobiaban, me hacían ver que iba hacia un punto que no tenía vuelta atrás y al que me obligaba a llegar contra mi voluntad. Evitaba en lo posible a mi novio porque cuando lo miraba sentía remordimientos por haberlo engañado y también porque no podía arrepentirme de lo que hice. Pensaba en ti y lo comparaba contigo y eso no era sano…Además, quería ir a la Universidad como cualquier chica de mi edad, ya no me veía como una mujer casada, sin embargo sí como una estudiante, estaba en un laberinto sin salida.
-Lo siento por él y no me gustaría estar en su lugar, pero me alegro de que lo dejaras. Yo tampoco pensé que te volvería a ver- le dijo cogiendo su mano y besándola.
-Él lo ha superado.
-Noto un poco de resentimiento en tu voz- el tono era serio ahora.
-Bueno, no es resentimiento lo que tengo…
-¿Te duele que lo haya hecho?- quiso saber Edward preocupado por la respuesta de ella.
Bella lo miró, dudando entre si contestar o no a esa pregunta. –Sólo me daba envidia de que hubiese conocido a alguien que ocupara mi lugar, yo tenía asumido que tú no ibas a estar en mi vida de nuevo.
-No sé si eso me debe preocupar.
-Nooo- Edward no parecía muy convencido.
Bella se puso de rodillas en la cama frente a él y le cogió la cara entre sus manos.- Lo dejé después de conocerte.- él no la miraba.
-Mírame- le pidió.
Continuó hablando cuando él finalmente fijó su vista en ella. -Estuve con él mucho tiempo casi a punto de casarme, es normal que sintiese decepción cuando me dijo que había conocido a alguien, pero eso no quiere decir que yo quiera volver con él, porque no es mi intención. Yo he decidido cambiar y volver o querer algo con Jacob no está entre mis planes.
-¿Le dijiste algo sobre mí?
Bella negó con la cabeza. –No quería hacerle más daño.
-Bueno, esa es la historia a groso modo.
-Ajam.
-¿Qué piensas?- preguntó Bella dudosa.
-Es raro. Nunca imaginé que había detrás de esa nota.
-¿Me perdonas entonces?- aunque se habían besado anteriormente, después de contarle la historia y a sabiendas de que conocía lo principal por Harald, ella no pensaba tenerlas todas consigo, al fin y al cabo no conocía a Edward.
Este le sonrió. – Claro. Ya lo había hecho.
-Gracias- Bella se acercó y besó su mejilla.
-¿Me perdonas tú a mí? Me he portado fatal desde que te vi en la facultad aquel día- reconoció.
A ella se le vino la imagen de Edward babeando sobre los labios de la chica horas atrás y su estómago se encogió de dolor, eso había sido el remate después de tanta indiferencia.
-Siento como me he comportado, si pudiese dar marcha atrás lo haría pero no puedo. Sçi puedo jurar que yo no soy así, lo celos me han cegado y me han hecho actuar así…- este balbuceaba asustado, adivinando que era lo que Bella estaba pensando.
Aunque dolía, entendía su actuar ella le ocultó información y él, al fin y al cabo, se había comportado como alguien del sexo opuesto, pero iba a castigarlo un poquito.
Edward la miraba esperando la respuesta que estaba tardando en llegar.
-Mmm- Ella lo miraba bastante seria y sabía que su acompañante comenzaba a preocuparse. Con una amplia sonrisa, se llevó un dedo a sus labios golpeándolos con él y simulando pensar su respuesta.
El chico soltó todo el aire que sus pulmones contenían. –Eres muy mala- bromeó. –Creo que iba a empezar a sudar.
Bella se carcajeó, y siguió bromeando. -¿Qué crees que puedes darme además de una disculpa?- en el mismo momento en que hizo la pregunta se dio cuenta del sentido en la que Edward podía tomársela y no era esta su intención. Él evidentemente la tomó de eso modo puesto que abrió mucho los ojos y se quedó abriendo la boca como un pez fuera del agua.
-¡Oh! No, n-no…no quería ir por ese lado- balbuceaba. Toda su cara se había tornado de un rojo brillante. -¡Oh dios, qué vergüenza!
Él reía cada vez más fuerte.
-No te rías- le regañó abochornada y sin ser capaz de mirarlo directamente.
Edward picó con sus dedos el costado.- ¡Hey! Mírame.
Bella hizo todo lo contrario escondiendo la cara entre sus manos.
Él volvió a picar, haciendo que se alejase un poco por las cosquillas que eso le provocaba.
-¿Tienes cosquillas?- le preguntó repitiéndolo de nuevo.
-¡Edward!- advirtió, mirándolo con los ojos entrecerrados.
-Sí, sí que las tienes- entonces llevó las dos manos a su barriga haciendo que esta se revolviese riendo fuertemente.
-Para, para, por favor- pedía.- No puedo aguantar.
Pero no la oyó, haciendo que Bella tratase de escapar de él y que este, intentando que no, se puso sobre ella para poder inmovilizarla y seguir un poco más.
Pronto ella estaba jadeando, entonces paró.
Estaban muy cerca, él sentado sobre sus piernas y ella tumbada tratando de recuperar el aliento. Solo se oía el sonido de su respiración.
Edward llevó su mano a su mejilla y la acarició pasando las yemas de los dedos suavemente por ella.
-Me encanta cuando te sonrojas- le susurró- Es una de las cosas que más me atrajeron de ti. Tan tímida
Bella lo miraba a través de sus pestañas mordiéndose el labio, otra señal de timidez que a Edward le volvía loco.
-Así que… ¿qué podría hacer yo para que me disculparas?- le preguntó con voz ronca.
Ella volvió a atrapar su labio inferior con los dientes. Esa simple pregunta hizo que su corazón, de nuevo, volviera a acelerarse de manera involuntaria.
Entonces muy lentamente se fue inclinando hacia ella, tratando de que sus propios dientes saboreasen esa pequeña boca. Cuando llegó a la altura de estos, los delineó con su lengua antes de comenzar a besarse suavemente. Cuando llegó a su altura, los delineó con su lengua antes de que la pareja sucumbiera a un beso; sus lenguas jugeteaban sutilmente la una con la otra convirtiendo ese íntimo acto en una calmada danza.
Ella estiró los brazos, rodeando su cuello y hundiendo los dedos en su pelo para atraerlo hacia ella, invitándolo a continuar, mientras él seguía acariciando su cara con dulzura.
Poco a poco los besos se volvieron más hambrientos, Edward recorría con sus manos el contorno de su cuerpo, erizando cada poro de su pálida piel a su paso. Ella, con las suyas, recorría cada recoveco que escondía su camisa, pasándolas por su espalda desnuda, trazando círculos con las yemas de los dedos, excitándolo tan sólo con su roce.
Él rompió el contacto de sus labios para llevarlos hasta su cuello dejando un rastro húmedo de besos. Su aliento sobre su piel... la humedad de su toque... las manos que habían viajado hacia sus senos... todo ello hizo que ese deseo de la joven, tanto tiempo reprimido, aumentara hasta alzanzar cotas alarmantes.
Su aliento sobre su piel, la humedad de su toque, las manos que habían viajado hacia sus senos, hicieron aumentar cada vez más el deseo de ella que jadeaba involuntariamente.
Bella desabrochó su camisa, acariciando la piel que iba quedando al descubierto e incorporándose para besar con suavidad su pecho. Edward no pudo contenerse más y en un movimiento menos suave tiró de la camiseta de ella hacia arriba, para después deshacerse de los pantalones, y dejarla expuesta sólo con su ropa interior.
La imagen que proyectaban sus ojos... ella con el pelo revuelto sobre la almohada... su piel clara y suave, tal y como recordaba, unido a su conjunto de encaje azul aumentaron la necesidad por poseerla, por tocar todo su cuerpo, besarlo, chuparlo, acariciarlo.
El deseo se apoderó de su cuerpo y de su mente y sus ojos oscurecidos eran clara prueba de ello y que Bella fue capaz de verlo, hizo que un desenfrenado impulso se apoderara de él. En un movimiento desesperado se desnudó, para después hundir su cara en esos adorables senos, besándolos por encima del encaje antes de bajar la tela y dejar al descubierto la evidencia de sus caricias. Bella se arqueaba y gemía mientrás su lengua jugaba con su endurecido pezón, mientras una de sus manos hacían un viaje lento hacia su vientre, deteniéndose en el elástico de sus braguita, jugando con él, antes de llegar hasta su más recóndida intimidad y masajear su centro. Bella respiraba con dificultad y Edward no pudo evitar que un gemido abandonara su garganta al escuchar tan delicioso gemido. Excitarla lo estaba llevando al límite de su propio cuerpo.
Ella rodó, atrapándolo debajo de su cuerpo, no quería dejarse ir, quería hacerlo junto a él.
Comenzó a dejar pequeños besos a lo largo de su pecho, dejando que el cálido aliento que emanaba de sus labios lo hiciera estremecer. Subió de nuevo hasta su boca, devorándola con ansia,a la vez que él se deshacía de la ropa sobrante.
Por fin sus cuerpos desnudos entrelazados se acariciaban... se tocaban... embestían el uno contra el otro, haciendo que sus gemidos fueran cada vez mayores.
Incapaz de posponer más la necesidad que tenía de él... de sentirlo de nuevo dentro de ella... de volver a tener esa conexión tan brutal y a la vez tan íntima, Bella jaló de sus bóxer, liberando su más que evidente erección. Se posicionó sobre ella y lentamente fue deslizandose.
Los ojos de Edward se cerraron, debido a la sensación, mordiendo también sus labios fuertemente. Un dulce y la vez sexy gemido salió de la garganta de la joven, y pronto sintió que sus caderas se movían de manera deliciosa. Quiso admirarla... disfrutar de ella... de tan hermosa visión...Comenzó a empujar de manera frenética, más demandante, tirando de su cuerpo para poder besarla mientras se movían al compás de sus jadeos y gemidos.
Ese dulce vaivén llevó a que Bella sintiera su cuerpo tensarse... sabía que pronto explotaría en una irrefenable espiral de placer; tembló a la vez que apretaba sus paredes en torno a él, dejándose llevar por las sensaciones. Edward, extasiado con semejante visión, apenas tardó unos segundos en acompañarla, jadeando su nombre una y otra vez.
Bella mantenía los ojos cerrados y la cara el el hueco de su cuello mientras él la acariciaba.
-¿Crees que estoy perdonado?- susurró. -Porque si no lo estoy, estoy dispuesto ha tratar de que lo hagas el resto de mi vida.
Bella levantó lentamente la cabeza sorprendida por su declaración.
- Yo estoy dispuesta a que lo hagas también- le dijo sonriendo antes de fundirse en un profundo beso.
A todas las que habéis leído, a las que me añadisteis a alertas y favoritos y a las que dejasteis comentarios, gracias.
Saraes, ABellaCullen, Sarah-Crish Cullen (mis reques a las que no me cansaré de agradecerles), Claudhia Lady Cullen, terra2012, L´Amelie, patymdn, una lectora de 40, robsten-pattinson, ChicadeCullen, valitaunseen, Cullen Vigo, Cath Robsteniana, Vicky Jonas Irons Miller, Laubellacullen94, Angie Masen, TereCullen, abelen, marcecullenswam, NuRySh, Antonella D Pattinson, hildiux, Wipho, Marchu, Michel Stewart, EdbEl CuLLen, Teffy Cullen Salvatore, Lore562, bedaniie.
Perdonad si me olvido de alguien y si olvidé contestar algún reviews. Avisadme y lo haré
Cath Robsteniana intenté subir ayer pero me fue imposible.
Hoy quiero hacer un agradecimiento especial. Para Sarah-Crish Cullen, ella ha hecho posible este maravilloso y dulce lemmon. Ali, muchas gracias.
Ya solo nos queda el epílogo (sniff, sniff)
Mil besos a todas.
Milhoja.
