Projections- Capítulo 4 - Tyelperin.

Disclaimer: Aunque por ahora me contente con la varita de Draco, la bufanda de Slytherin y el correo de Pottermore que está al llegar, tarde o temprano poseeré el Potterverso. Dadme tiempo. Por desgracia, aún me queda un poco, casi nada, para conseguirlo. Además, he incluido un fragmento de una novela que pertenece a Stephen King y que, probablemente, también llegue a pertenecerme a mí algún día.

NdA - En primer lugar, siempre agradecer a quien me lee, me sigue, me deja comentarios y me favoritea. En segundo lugar, agradecer a mi beta su labor y el que corrigiese este capítulo el día después de llegar de Oxford.

Este capítulo ha sido escrito, reescrito y re-reescrito, antes de ser terminado. Durante su producción, he consumido una bolsa entera de café molido, una caja de pastas, un paquete de sándalo y un 90% de mi talento.

Me han preguntado ya algunas veces si comparto con Draco esa curiosa manía de los post-it. Podría hablar sobre esto durante tediosos párrafos, pero una imagen dice más que mil palabras: http : / / i54 . tinypic . com / 4j11mp . jpg

Eso es sólo mi escritorio. Los dos post-it que no se pueden leer son, básicamente, las notas de este capítulo. Y sí, ese es probablemente el escritorio más desordenado de la historia. Aunque, claro, no saqué fotos cuando empecé a escribir y las tazas poblaron mi mesa.

Por último, antes de dejaros en paz con el capítulo, todo fue escrito con la canción I can't decide de Scissor Sisters sonando de fondo. Cualquier error de tipografía residual es responsabilidad mía aunque estoy casi segura de que no me he dejado nada en el camino después de tres repasos y tener una crisis de seguridad como escritora.

Gracias por leer y bienvenidos de nuevo.

xXx

Es la decimoséptima vez que Harry comprueba que lleva la varita en el bolsillo desde que se apareció frente a la cabina de entrada al Ministerio.

Antes de salir, comprobó y fortificó todas las protecciones y su varita vuelve a estar conectada a ellas pero está nervioso. Las notas, los recortes, el acertijo, el ataque…todo se suma para hacer que esté nervioso y le cueste concentrarse incluso en dónde va.

Es temprano y los trabajadores del Ministerio están empezando a llegar. Harry intercambia saludos tensos en su camino hacia la oficina de McGee. Tiene que informar al Ministro siguiendo el protocolo, la forma en la que funciona el sistema. Harry no puede evitar bufar al pensar en el Ministro McGee. No es el hombre más brillante que Harry conoce y, mucho menos, el más cualificado para ser Ministro. Por Merlín, si le preguntaran ahora Harry está seguro de que diría que es posiblemente el menos cualificado. Pero así funcionan las cosas en el Ministerio y los nombres pesan más que la aptitud.

Frente a la imponente puerta de madera con detalles dorados y una brillante placa con las palabras "Terrance McGee. Ministro de Magia" grabadas en la caligrafía más pomposa que Harry haya visto jamás, carraspea y cierra los ojos para relajarse un poco antes de entrar. Está seguro de que debería sorprenderse más y sentirse un poco más incómodo cuando es el olor a menta, limón, tinta y papel lo que hace que empiece a relajarse. Pero Harry sólo se siente ligeramente confuso y mucho más relajado. Piensa en Grimmauld Place y consigue incluso sonreír mientras abre los ojos y llama a la puerta

- ¡Adelante! – se deja oír desde el interior. Harry entra y frente a él tiene a Terrance "Terry" McGee, Ministro de Magia, sentado tras su carísimo escritorio y mirándole con condescendencia tras sus carísimas gafas con montura dorada – Auror Potter, asumo que viene a informarme sobre su misión.

Harry asiente con la cabeza y está abriendo la boca para hablar, sin siquiera plantearse el sentarse en la silla frente al escritorio, cuando McGee alza una mano negando con la cabeza.

- No, no. Con su caso, basta con que escriba un informe y lo mande cuando termine la misión – McGee le sonríe y Harry tiene que apretar los dientes para no estallar.

- Pero señor, en preparación nos enseñaron que…

- ¿Que todos los casos son igual de importantes? – Harry aprieta un poco más los dientes obligándose a mantener la calma mientras McGee ríe. Definitivamente, Hermione y Ron y el mismísimo Neville le darían una medalla al autocontrol. – Por favor, auror Potter, no sabía que fuese usted tan…ingenuo.

Se traga un suspiro y da un paso adelante. McGee le observa con distante curiosidad.

- Está en juego la vida de un hombre, señor Ministro.

La mirada de McGee se endurece y su voz, que hasta ese momento había tenido un tono amistosamente condescendiente – si es que eso es posible –, se enfría.

- No, auror Potter. Está en juego la vida de un ex-mortífago. Ese hombre evitó la cárcel sólo gracias a usted. Y no es lo suficientemente importante como para que le ataquen. Sólo es…un charlatán.

La paciencia de Harry tiene un límite. Si bien ese límite ha estado cada vez más y más lejos del punto inicial según ha avanzado en su vida, sigue existiendo. Y McGee está bailando muy cerca del punto en el que se encuentra la línea entre su paciencia y un estallido.

- Entonces, señor, con todos mis respetos no entiendo por qué me envió a protegerle.

McGee ha dejado de mirarle. Tiene los dedos cruzados, la mirada baja.

- El Ministerio no puede permitirse perderle como auror. ¿De dónde cree que llega la financiación, auror Potter? ¿Cómo cree que sobrevivimos después de la Guerra? Su nombre tiene mucha más influencia de la que usted cree.

En ese momento; en ese preciso instante, con su uniforme puesto y frente al Ministro de Magia, Harry nunca ha estado tan seguro de que quiere dejar ese trabajo. Esa no es la vida que él quiere. No quiere ser el niño de oro del Ministerio, la mina de la que McGee saca sus puertas con adornos dorados. Le resulta casi imposible obligarse a ser racional y mantener la compostura pero entiende que ese no es el momento. Llegará. Pero no ahora.

Hace a un lado la ira pensando en todo lo que tiene que ganar y todo lo que tiene que perder. En apenas unas décimas de segundo, todo está ahí. Ron y Hermione, Ginny, Neville, Luna, George, Seamus, Dean. Eleonor Williams, Jason Harvinn. Sus amigos, sus compañeros de trabajo. Grimmauld Place. Teddy. Draco.

Toma una profunda bocanada de aire y suspira. Reconoce el suave aroma de un perfume afrutado pero no le da importancia. Mucha gente entra en ese despacho a diario, incluso tan temprano.

Ni siquiera merece la pena enfrentar a McGee, concluye, no serviría de nada mencionar las notas o el ataque. Así que no lo hará.

- Señor, mis disculpas. Enviaré el informe cuando acabe la misión. Gracias por su tiempo – en el fondo de sus palabras, tras su tono neutro, hay tensión. McGee le hace un gesto con la mano en dirección a la puerta y Harry asiente y sale del despacho sintiéndose un poco enfermo y un poco más seguro de lo que va a hacer.

Fuera, Harry se dirige hacia el despacho que comparte con Eleonor y Jason. Está vacío y se apoya contra la puerta cerrada al entrar mientras deja escapar un profundo suspiro.

- No me lo puedo creer – farfulla, mientras se sube las gafas y se frota la cara con las manos. Ni siquiera son las nueve de la mañana y ya se siente agotado. Coge aire y se pone bien las gafas. Mira su despacho. Las tres mesas son genéricas, lisas e impersonales, y la única señar de que allí hay personas es la decoración.

La mesa de Eleonor está llena de trastos pero está tan ordenada que a Harry a veces le da escalofríos. Plumas, pergamino, juguetes de colores, fotos de su familia, un dibujo de su hija Susan. Todo convive en perfecto e intachable orden. Nadie diría, viendo su mesa, que Eleonor es la mujer más despistada que Harry conoce.

Por otra parte, la mesa de Jason está llena de informas y tazas que, de esto Harry está seguro y sonríe sólo con pensarlo, alguna vez estuvieron llenas de café. Sólo hay una pluma sobre el montón de papeles y todo es, en general, un poco caótico. Jason está siempre nervioso pero mantiene la calma de forma envidiable en situaciones críticas y Harry le admira por ello.

Junto a ellas, está su mesa. Su mesa es tan impersonal que hace que Harry sienta una pequeña punzada de malestar al verla. Lo único en ella que le da una pista de que es suya es un marco con una foto de Teddy. Por lo demás, es la mesa más neutral que Harry ha visto nunca.

Y la última y definitiva señal de que ese no es su lugar, concluye Harry mientras pasa los dedos sobre la madera con un mohín.

- ¡Te digo que las doxies no son venenosas! – La puerta se abre con un golpe sordo y Eleonor y Jason la cruzan. Tardan unos segundos en darse cuenta de que Harry está ahí, apoyado en su escritorio, mirándoles.

- ¡Harry! – Eleonor es la primera en hablar y se acerca a él para darle una palmadita en el hombro. No es una mujer efusiva y Harry lo agradece. Jason se mantiene a unos pasos de distancia, sonriendo.

- Creíamos que te habías perdido en alguna misión, – comenta, en tono burlón, y Harry no puede evitar reír.

- Sí, claro. ¿Esa en la que tuve que recoger margaritas o la de cepillar cachorritos?

Eleonor y Jason ríen con él y Harry se siente mucho mejor. Aunque no crea que ese sea su lugar, aunque esté dando mil y una vueltas en torno a qué puede hacer y qué no hacer, en torno a si dejar o no ese trabajo, ellos son compañeros. Sus amigos.

- Estabas en una misión de guardaespaldas ¿no? O eso es lo que nos dijo el jefe, – Harry asiente. Aún le cuesta acostumbrarse a oír que llamen a Ron "el jefe". Suena bien, de todas formas. – Con… ¿Malfoy?

Eleonor no suena…acusadora. Tampoco suena como si lo desaprobara. Es una pregunta más sobre el trabajo. Harry se relaja un poco más y deja que la ira apenas controlada que seguía ahí tras su visita a McGee se evapore por completo.

- Sí. Llevo una semana con el caso y he venido a informar a McGee, lo de siempre. Aunque, por supuesto, este caso no es lo suficientemente importante como para que a McGee le interese lo más mínimo.

Jason bufa negando con la cabeza. Es un poco mayor que Harry y apenas más alto. Tiene el pelo negro y, aunque es joven, ya empiezan a verse canas. Es moreno y menos delgado que Harry. Su sonrisa hizo que Harry confiase en él al instante y su decisión sólo se vio respaldada con el tiempo.

- No merece la pena preocuparse, Harry, – añade Eleonor. Ella es la mayor de los tres. Tiene 35 años y, aún así, está en plena forma. No es muy alta y tampoco es muy delgada, se mantiene en todos los sentidos en un agradable punto intermedio que hace que Harry piense en ella como una madre más. Jason tiene los ojos oscuros, pero ella los tiene de color azul profundo aunque tenga el pelo negro. Lo lleva muy corto, por razones prácticas dice, y lleva casada siete años con un hombre al que Harry no conoce pero que debe ser bueno. – De todas formas, siempre he sentido curiosidad. ¿Cómo es Malfoy? Es decir…por sus artículos cualquiera diría que es un imbécil, pero…

Harry se muerde el interior de la mejilla mientras piensa. ¿Cómo es Malfoy? Es una buena pregunta.

- Fuimos juntos a Hogwarts, él y yo, - empieza a responder. Jason y Eleonor también fueron a Hogwarts aunque Harry no recuerde haberlos visto nunca allí. Nunca le han dicho en qué casa estaban pero Harry no tiene ningún problema viendo a Eleonor en Hufflepuff y a Jason en Ravenclaw. – Cuando estábamos en Hogwarts era…bueno, era un gilipollas. Aunque con la Guerra, todo el asunto con sus padres…en fin, dejó de ser un gilipollas y se convirtió en una persona confusa.

Eleonor atiende y Jason se apoya contra su escritorio y cruza los brazos. Los dos le miran con atención.

- Ahora…supongo que sigue siendo confuso. Tiene muchas manías y es difícil convivir con él, pero se hace soportable porque al menos tiene sentido del humor, - Harry suelta una risotada y niega un poco con la cabeza. En realidad, no tiene ni idea de cómo definir a Draco. Es complicado. Supone que porque Draco es mucho más complicado de lo que parece. – Se toma muy en serio su trabajo ahora que hace lo que quiere y, la verdad, no puedo describirle muy bien. Sigue siendo un gilipollas, de todas formas. Y está loco.

La risotada esta vez viene de Jason y Harry sonríe. Eleonor ladea un poco la cabeza.

- Es muy guapo, también, - Jason mira a Eleonor con las cejas enarcadas y ella se encoge de hombros. Harry se muerde la lengua para no preguntar en voz alta por qué todas sus amigas de pronto deciden decirle eso. – Es la verdad. Bueno, no es…guapo guapo si no ¿atractivo? Ni siquiera sé si lo que estoy diciendo tiene sentido. Es…actitud. Creo.

Harry se encoge de hombros por toda respuesta. ¿Qué puede decir ante eso? No demasiado. Sabe que Eleonor tiene razón pero no sabe qué decir. Eleonor también se encoge de hombros, sonriéndole, y Jason bufa negando con la cabeza.

- Vaya contigo, Ely. Si tu marido te oyera… - Eleonor hace un mohín y le da un golpecito en el brazo a Jason. Al fondo de la habitación, suena la alarma de un reloj y Harry decide que es hora de irse.

Con una última mirada a su escritorio, Harry pasa los dedos por la madera y se gira hacia la puerta.

- Tengo que irme. - Jason y Eleonor le miran con expresión confusa unos instantes. Pero, pasados unos segundos, Ely le sonríe y asiente y Jason se acerca y le da una palmada en la espalda.

- Hasta otra, compañero, - A Harry se le cierra la garganta al pensar que puede que no haya un hasta otra si deja el cuerpo de aurores. Durante unos segundos, se siente dividido entre el alivio de dejar un trabajo que no quiere hacer y el dolor de dejar atrás compañeros como esos. Jason le da otra palmada en la espalda y Harry sacude un poco la cabeza. – Ten cuidado y ven a visitarnos otro día.

- Hasta otra, - pese a lo que haya pensado antes, siente esas palabras como ciertas entre sus labios mientras abre la puerta. Se detiene antes de llegar a salir. – Oh, y las doxies son venenosas así que…con cuidado.

Lanza una última mirada y una sonrisa a sus compañeros y sale de la sala con una extraña mezcla de sentimientos intentando alzarse el uno sobre el otro. Andando a través de los corredores del Ministerio, Harry se obliga a dominarlos y quedarse sólo con tranquilidad. Al menos, por el momento. Suspira y se acerca a los puntos de aparición. Hermione se merece alguna compensación, piensa, por haber pasado una noche descifrando códigos con Draco y con él cuando podría haberse negado. Está pensando qué comprarle, qué podría apreciar su amiga, cuando un flash verde brillante pasa junto a él.

Harry se detiene y se gira. El flash ha desaparecido. Está seguro de que ha visto parte de una túnica del mismo verde que la de su atacante en el callejón Knockturn.

Puedes estar imaginándolo, se dice, no tiene por qué ser el mismo. No estabas en condiciones de acordarte de nada con exactitud.

Frunce el ceño aunque sabe que eso es verdad. No puede sacar conclusiones a partir de unos segundos de tela verde al descubierto y una persecución. Está demasiado afectado en ese momento por demasiadas cosas y una de ellas es el deseo de atrapar a quien quiera que sea la persona que está acosando a Draco. Sólo eso.

Harry bufa y vuelve a empezar a andar hacia el punto de Aparición del Ministerio. Se detiene en la pequeña plataforma y cierra los ojos. Con un breve sacudir de varita, la figura de Harry desaparece a la vez que otro pequeño flash verde brillante se deja ver tras una esquina.

xXx

Harry no sabe cuánto tiempo ha pasado desde que llegó al callejón Diagon y sigue sin tener ni idea de qué comprarle a Hermione. Un libro estaría bien, pero ¿qué libro hay en el mundo que Hermione no haya leído ya? Varias veces. Y eso le situaría, además, en la cumbre de la inoriginalidad. Teniendo en cuenta que Harry ni siquiera sabe si esa palabra existe, puede considerarse algo bastante grave.

Sin que se dé cuenta, sus pies le han llevado a Sortilegios Weasley y Harry se queda quieto frente al local mirando la fachada. Un golpe de melancolía le hacer morderse el labio y Harry decide que no pierde nada por entrar.

Dentro, en el mostrador, hay una melena rubio ceniza sobre la superficie de madera. Harry se acerca, dubitativo, con la sensación de melancolía mezclándose con algo de tristeza al recordar a Fred. Traga saliva y se detiene justo delante del mostrador.

De pronto; unos enormes ojos azules, casi grises, están clavados en él y Harry tiene que echar mano de toda su fuerza de voluntad para no dar un salto y gritar. En los ojos hay un destello de reconocimiento y entonces Harry ve la sonrisa y suspira con alivio.

- Hola, Luna. - Luna sonríe aún más y alza las manos hacia él. Harry se acerca un poco más a ella y le sonríe, genuinamente contento de verla. Los dedos de ella se cierran en torno a sus muñecas y le sonríe con cariño, sus ojos azules llenos de esa chispa que es sólo Luna y nadie ni nada más.

- ¡Harry Potter! Ya habíamos perdido la esperanza de verte aquí, - su voz suave, de alguna manera, hace que la melancolía y la tristeza sean un poco más brillantes de una forma que no duele. Ella sigue sonriéndole, da un apretón a sus muñecas y le suelta. - ¿Vienes buscando algo? Seamus consiguió preparar una poción ayer que hace que las cosas exploten pero no se destruyan.

Seamus. Harry sabía que Seamus había empezado a tener algo que ver con Sortilegios Weasley después de la Guerra pero nunca sospechó que siguiese al pie del cañón. El saber que Seamus puede estar también ahí hace que la sonrisa de Harry se ensanche y Luna desaparece detrás del mostrador durante unos segundos, saliendo después con un vial lleno de una poción de color rojo.

- Esta es. Espera un momento… - Harry abandona la idea de decir algo cuando ella descorcha el vial y deja caer unas gotas sobre el mostrador. Se cruza de brazos y observa con interés cómo la poción penetra en la madera y entonces…

¡BANG!

El mostrador estalla en una bola de fuego y humo que hacen a Harry toser y cerrar los ojos. Cuando los abre, el mostrador está ahí entre una brillante cortina de humo plateado con Luna sonriendo radiante tras él. Harry parpadea un par de veces, sorprendido y en su rostro perplejo vuelve a dibujarse una enorme sonrisa que no es capaz de controlar.

¿Por qué ha tardado tanto en volver a entrar en Sortilegios Weasley? Tenía que haber sabido que esa tienda iba a ser siempre como un pequeño punto de luz en la oscuridad. Nada puede cambiar el hecho de que Sortilegios Weasley tiene como propósito hacer reír e impresionar. Después de su muerte Fred no habría querido que Sortilegios Weasley fuese otra cosa, aunque sea algo que aún hace a Harry tener pesadillas y caer en pequeños pozos de tristeza con el resto de muertes que esa Guerra trajo consigo.

Desde el fondo de la tienda se oye un frusfrús de tela y George aparece junto al mostrador. Parece confuso durante unos instantes hasta que ve a Harry. George dibuja una sonrisa tranquila y alza una mano a modo de saludo. Ver a George hace que a Harry se le forme un pequeño nudo en la garganta que le cuesta unos segundos disolver.

- Hola, George. Luna acaba de enseñarme la poción de Seamus, - George ríe, una risa fresca y sincera, que hace que Harry se sienta mucho mejor. De los hermanos Weasley; Ginny, Ron y él son los que mejor entendieron que Fred no habría querido verles hundidos en una depresión tras la Guerra. A Ron le costó más incluso que a George aceptar esa realidad y, aunque sigue habiendo recaídas, las cosas siguen adelante y Harry agradece eso más de lo que todos ellos creen. – Es…impresionante.

- Sí ¿verdad? Aunque las cosas que fabrica Seamus casi siempre tengan algo con estallar…y siempre hacen estallar el sótano… - Harry ríe y Luna le acompaña con una risa cristalina. George se acerca a ella y le revuelve el pelo. Ella le saca la lengua. Harry no se enteró hasta muchos después del fin de la Guerra de que George y Luna habían empezado algo juntos. Estaba demasiado enfrascado en luchar contra sus propios demonios y abrirse paso en el mundo como para prestar atención. Pero ahí están, dos de sus mejores amigos y dos de esos que uno nunca se esperaría ver juntos.

- En realidad, he venido a comprar algo para Hermione, - George deja escapar una risotada incrédula y Harry le imita poco después. – Ya, lo sé, no es el mejor sitio para comprarle algo a Hermione pero no pienso regalarle un libro.

George asiente y Luna pierde la mirada entre los estantes con mohín concentrado. Harry no tiene ni idea de qué puede llevarle. Nada de pociones que hacen no-estallar cosas, eso seguro.

- ¿Qué te parece esto? – Ha salido de detrás del mostrador y se dirige hacia uno de los estantes dando saltitos. Harry niega con la cabeza, sonriendo, ante el vuelo de su larga falda multicolor y el sonido del tintinear de un cascabel desde su blusa amarilla. Luna siempre ha sido y será Luna. Harry no puede estar más contento por ese punto de continuidad en su vida. Ella se pone de puntillas y coge una pequeña caja que muestra a Harry desde el estante. – Es un pygmy puff de peluche. Hace todo lo que los pygmy puffs suelen hacer, pero no da los problemas de uno real.

Harry ladea la cabeza mientras ella se acerca, abre la caja y le muestra la pequeña bola peluda. Harry no tiene ni idea de si a Hermione le gustan los pigmy puffs. Ginny tuvo una vez… ¿cómo se llamaba? ¿Alfred? Algo parecido. Pasa un dedo sobre el pelo morado y asiente con aire ausente. Luego, sonríe.

- Sí, está bien, - Luna le sonríe de forma brillante y vuelve al mostrador canturreando. George niega suavemente con la cabeza mientras la mira y la sonrisa de Harry está a punto de salírsele de la cara. – Puedo hacerle creer que es de verdad y le dará un infarto porque esa cosa puede destruir sus libros. De hecho, los destruirá.

Ella deja escapar una risilla mientras envuelve la caja en papel de colores brillantes y George se acerca a Harry y le pone una mano en el hombro. Harry tiene que alzar la cabeza para mirar a George a la cara, que aún está sonriendo y mirando a Luna.

- Las cosas cambian ¿eh, Harry? – Harry asiente y suspira. – Por suerte, hay algunas que no. – Él señala a Luna con la barbilla y Harry contiene una risotada a duras penas. La mano de George le aprieta el hombro y cae.

- ¿Dónde está Seamus?

- Ha salido a comprar algunas cosas que nos hacían falta. Pásate otro día y seguramente esté por aquí. Es un adicto al trabajo.

Entonces Harry no contiene a la risotada. A él también le costaría no ser un adicto a ese trabajo. Y, además, conoce a alguien que debería no ser tan dolorosamente trabajador todo el tiempo.

- Sí, seguro. Eh, Luna ¿puedes ponerme también algo de poción de Seamus? Para mí, no la envuelvas.

Ella asiente, empaqueta todo y le tiene una bolsa a Harry con una sonrisa. Harry coge la bolsa, devuelve la sonrisa y suspira.

- ¿Cuánto es? – Luna niega con la cabeza y Harry se muerde el labio. – No, en serio…dime cuánto.

Ella suspira y George ríe a su espalda.

- Un galeón, - Harry enarca las cejas y Luna se encoge de hombros.

Harry deja el galeón sobre el mostrador, algo reticente y pensando en insistir, cuando comprende que, de todas formas, no importará cuánto insista. Eso será lo mejor que saque de esos dos. Suspira y bufa, no sin humor, antes de decidir que debería terminar con todo lo que tiene que hacer antes de que se haga demasiado tarde.

- Me voy ya. ¿Qué hora es? – George echa un vistazo por detrás de la cabeza de Harry.

- Las doce y cinco. ¿Ron está en el despacho? Eso no me lo esperaba… - Harry se gira y cae, por primera vez, en que hay un reloj igual que el que tiene la señora Weasley en la cocina justo entre dos estantes. Ron aparece como "Trabajando". Harry se ahorra el mirar la aguja de Fred y vuelve a girarse en dirección a la puerta.

- Ron es sorprendentemente eficiente, nunca me lo habría esperado de él - comenta, mientras abre la puerta y se despide con una mano. George y Luna le devuelven el gesto con sendas sonrisas y cuando Harry pisa el callejón Diagón de nuevo se siente mucho mejor que cuando salió del Ministro unas horas antes.

xXx

Hermione le abre mientras todavía está llamando a la puerta. Parece descansada, con un jersey ligero de color verde y unos vaqueros. Lleva el pelo recogido y al abrir dibuja una pequeña sonrisa que Harry devuelve mientras entra en el apartamento.

- Hoy tengo turno de noche, - comenta ella, dirigiéndose al salón, y Harry le sigue. - ¿Conseguisteis responder al acertijo? Yo tengo un par de respuestas, aunque no sé cuál es la correcta…

Ella se sienta en un sillón y Harry toma asiento en el de al lado. Asiente.

- Sí. De todas formas, tiene varias respuestas y su único propósito era…confundir, supongo. Molestar, - se encoge de hombros mientras Hermione asiente con el ceño algo fruncido y luego sonríe, encogiéndose también de hombros. – Te he traído algo para agradecerte el que pasases la noche allí.

Sus rasgos reflejan sorpresa y Harry se encoge un poco en el sillón. Luego, ella le sonríe con cariño mientras niega con la cabeza.

- Harry, no tenías por qué. Después de todos estos años…bueno, con un gracias sobra.

Harry agradece tener amigos como Hermione. De todas formas, sigue queriendo darle lo que le ha comprado y mete la mano en la bolsa buscando la caja envuelta. Le tiende el paquete a Hermione y ella le da unas cuantas vueltas entre los dedos antes de retirar el brillante papel de envolver con cuidado.

- ¿Qué…? – echa un pequeño vistazo dentro de la caja y sus labios forman una pequeña "o" de sorpresa al terminar de abrirla. - ¿Un pygmy puff?

- Uno de mentira, - Hermione ríe y saca la bolita de pelo de la caja. La bolita hace un ruidito y Hermione le revuelve la mata de pelo morada con una risita. – Para que no destroce tus libros ni se coma los calcetines de Ron…ni lo llene todo de… desechos de pigmy puff.

Hermione le mira con el pygmy puff entre los dedos y una sonrisa radiante. Harry sospecha que esa sonrisa es más por el gesto que por el pygmy puff en sí, pero la devuelve de todos modos.

- Gracias, - Harry niega con la cabeza y Hermione se encoge de hombros y vuelve a mirar al pygmy puff sobre su regazo. Se muerde el labio. - ¿Cómo está Malfoy?

- Bien. Trabajando, para variar, - responde Harry, con algo de sorna. – Te juro que es como si nunca necesitase descansar. Si no lo viese con mis propios ojos diría que ahora mismo debería estar mortalmente enfermo.

Una suave sonrisa casi maternal se dibuja en el rostro de Hermione mientras acaricia el peluche con distracción.

- Está un poco pálido y esas ojeras me dicen que toma…tomáis, - añade, tras una pequeña vacilación, con un suave tono de acusación. – demasiado café. Pero en realidad no es como lo esperaba ¿sabes?

Harry asiente, porque es verdad, y se hunde en los cojines del sillón con un "hmmm…" ahogado.

- Harry… ¿puedo preguntarte algo? – a Harry no le gusta ni un pelo como ha sonado eso, pero asiente. – Malfoy…en fin, no sé. Creo que te gusta.

Harry se atraganta con aire y empieza a toser. Hermione se levanta, dejando al pygmy puff en el sillón, y se acerca a él para darle unas palmaditas en la espalda.

- Por Godric, 'Mione, no vuelvas a hacer eso, - ella sigue dándole palmaditas hasta que la tos se extingue y luego se sienta en el brazo del sillón mirándole de esa forma que es Hermione en estado puro. Lógica, paciencia y severidad. – No sé de qué hablas.

- Llevas un mes con él en…en…en ese acantilado, dónde quiera que esté eso. Desde que Ginny y tú cortasteis no has estado con nadie, no has mostrado interés por nadie. Y Merlín sabe que Ron te ha presentado a todas las mujeres solteras del departamento de aurores.

Sí, eso no puede negarlo. Pero… ¿Malfoy? Sí, es mejor compañía de lo que esperaba y sí, le gusta pasar tiempo con él. También es cierto que siempre está posponiendo salir con alguien. Por trabajo, por estar demasiado ocupado rehabilitando Grimmauld Place, por el luto de la Guerra, porque Ginny estaba demasiado reciente y presente… todo eso no puede negarlo. Ni siquiera puede negar el hecho de que Draco le parezca, en ocasiones, perturbadoramente atractivo. Pero eso no quiere decir nada. No demasiado. No…mucho.

- Pero 'Mione, yo… - Hermione le silencia con un chasquido de la lengua y Harry alza la mirada hacia ella un poco molesto, más consigo mismo que con su amiga.

- Vamos, Harry. Al menos admite que te gusta un poco. Os observé, Harry. Os vi interactuar. Fue como…no sé cómo explicártelo, Harry. Pero a veces le mirabas y…bueno, te conozco.

Harry frunce ligeramente el ceño, toma aire, cierra los ojos…y se rinde. Es algo poco característico en él, eso de rendirse, pero también es algo que quiere hacer en ese momento. Puede que Hermione tenga un poco de razón y eso empieza a no poder negarlo también.

- Puede que…un poco, - Hermione le pasa una mano por su montón de enmarañado pelo negro y le sonríe. – No lo sé, Hermione, es un poco confuso ¿sabes? Es…cómo decirlo…ni las mujeres ni los hombres me han interesado demasiado nunca. No he tenido tiempo para que lo hagan. Y esto es… ¿raro?

Hermione ríe.

- Raro es una forma bastante adecuada de decirlo, sí. Pero no te preocupes. Estas cosas pasan y Ron y yo no estamos ciegos. Él ya estaba empezando a plantearse presentarte a un tal Eric no sé qué, - a Hermione se le escapa una risilla y a Harry un pequeño gruñido poco sentido. – Claro que ¿cómo íbamos a hablar contigo sobre esto si no había pruebas? Por suerte, me diste la excusa perfecta.

En la sonrisa de Hermione definitivamente hay algo de la sonrisa traviesa de Ron cuando iban a meterse en algún lío en Hogwarts. Harry sonríe al pensar en cómo un rasgo puede volverse común en dos personas que pasan el tiempo suficiente juntas y no contiene el impulso de sacarle la lengua a Hermione sintiéndose tan infantil como…bien.

Con su vida no puede plantearse viajes interiores a menudo. Gracias a Merlín, sin embargo, tiene a Hermione y a Ron. Ellos le conocen mejor de lo que se conoce a sí mismo. Pocos pueden presumir de amigos así.

Tras un cómodo silencio en el que no necesitan decirse nada, Hermione se levanta con un suspiro y se remanga el jersey. El hecho de que eso le recuerda a cómo Draco se sube siempre las mangas hasta los codos le hace tener un pequeño momento de autodescubrimiento y admiración por la capacidad deductiva de Hermione.

- ¿Quieres quedarte a comer? Ron no llegará hasta tarde y no estoy de humor para estar sola, - Harry se palpa el bolsillo. La varita sigue ahí. Tras unos segundos de duda, se encoge de hombros y asiente con una sonrisa. – Bien. Espero que te guste el pollo á la Weasley porque si no lo cocino al menos una vez a la semana Molly aparece en mi chimenea para echarme la bronca porque su pobrecito Ronald no come bien.

Harry se levanta y le sigue envuelto en el cálido ambiente del apartamiento de Ron y Hermione, risas flotando desde su garganta hasta sus labios en su camino hacia la cocina.

- Está bien, pero tienes que dejar que te ayude. Me estoy quedando sin recetas en el acantilado.

xXx

Están terminando de comer cuando empiezan a oírse golpes sordos contra la ventana del salón. Hermione se levanta y niega con la cabeza al ver a Harry levantarse. Harry intenta aplastar la sensación de urgencia que se le ha formado en la boca del estómago y se conforma con revolverse incómodamente en la silla en su lugar. Hermione vuelve poco después con trozo de pergamino en la mano, expresión contrariada y un gruñido.

- Sólo era una lechuza. Para ti, - le tiende a Harry el pergamino mientras vuelve a sentarse frente a él y bufa. – Te juro que esa mujer debe tener algún problema, porque esto no puede ser normal…

Mientras ella habla, Harry lee el pergamino con una creciente sensación de desconcierto que, poco a poco, se convierte en ira.

Estimado señor Potter:

Contacto con usted para ofrecerle la posibilidad de conceder una entrevista a El Profeta con motivo del aniversario del Torneo de los Tres Magos en el que usted participó.

Dado que su agenda debe ser muy apretada y su tiempo limitado, espero una respuesta por su parte con la fecha y la hora que mejor se ajusten a su horario.

Un saludo.

Rita Skeeter.

Harry suspira y se revuelve el pelo. Rita Skeeter se ha buscado una excusa un poco pobre para justificar su entrevista, pero ha conseguido hacer que tenga cierto sentido. Sobre todo teniendo en cuenta los métodos que se siguen en El Prófeta y su línea editorial en general.

- Joder. Joder, joder, joder… - musita Harry mientras relee la corta misiva una y otra vez. - ¡Joder! Lo que me faltaba…

Hermione se está mordiendo el labio con mirada preocupada. Harry no sabe qué decirle ni qué esperar.

- Bien. Bien… - repite, dando una palmada. – Vuelve a la cabaña. Ella no puede mandarte lechuzas allí ¿verdad?

Harry niega con la cabeza, alivio luchando contra la irritación, y se levanta. No han terminado de comer y no le sienta bien tener que irse así, pero es lo que tiene que hacer y Hermione le sonríe mientras saca la varita para Aparecerse.

- Gracias por todo, 'Mione.

Ella se encoge de hombros.

- Espera un momento, - Hermione se levanta y sale de la cocina. Cuando vuelve, trae consigo la bolsa de Sortilegios Weasley de Harry. Coge la bolsa con una sonrisa de agradecimiento y ella agita una mano a modo de despedida.

Harry aparece en el estudio de Draco y el olor que siempre acompaña a la habitación entierra un poco más su irritación. Cierra los ojos con un suspiro. Aunque hay algo que falla.

Ahoga una exclamación cuando vuelve a abrir los ojos y Draco no está en el estudio. Tranquilízate, se dice, nada ha atravesado las protecciones y esta no es la única habitación de la cabaña. Deja la bolsa sobre el sillón del estudio mordiéndose el labio.

Sale del estudio y un destello amarillo le llama la atención desde su puerta.

"Café."

Conteniendo el aliento, Harry baja las escaleras y entra en la cocina y lo que se encuentra allí hace que, por fin, la tensión desaparezca. Draco está apoyado en la mesa de madera observando los armarios al otro lado de la cocina. Entre sus dedos sostiene una taza de café bajo su nariz.

- Ya he vuelto. – El pequeño momento de tensión que invade los hombros de Draco es casi imperceptible y Harry se adentra en la cocina y busca una taza en los armarios. Draco no dice nada y lo único que Harry oye desde su posición es el suave sorber del café.

Se sirve una taza y se sitúa junto a Draco en la mesa. Él le mira, ojos grises e inciertos bajo su pelo rubio, y Harry puede ver una sonrisa escondida detrás de la taza de café.

- He terminado el último fragmento que leíste, - Harry da un sorbo de café. El café le quema la garganta y Harry suspira cuando el líquido ardiendo le calienta y deja su sabor amargo tras él. – Tienes que leerlo.

El tono de voz de Draco es imperativo pero a Harry no le importa.

- Skeeter me ha mandado una lechuza, - Draco deja la taza sobre la mesa de madera con un golpe seco. – Quiere entrevistarme.

Draco gruñe y Harry está bastante de acuerdo con él en ese gruñido. Sus ojos grises brillan con ira y Harry, sin pensar en las consecuencias ni en los por qués, alza un brazo y le da una palmada en la espalda. Draco le mira con los ojos abiertos en sorpresa durante unos segundos antes de esconderla detrás de una mueca de desdén.

- ¿Me has dado una palmada en la espalda? – Harry maldice un poco su impulsividad y otro poco su idea de camaradería, pero sólo sonríe y se encoge de hombros.

- Sí, - para enfatizar lo dicho, le da otra y Draco enarca las cejas y le golpea sin fuerza en el brazo. En sus labios Harry puede ver algo que cada vez se parece más a una sonrisa y algo en su estómago salta. - ¡Eh!

Pero Draco parece haber captado algo a un lado de Harry y le saca el pergamino del bolsillo del pantalón. Es un gesto que habla mucho sobre cómo ha avanzado su relación durante el tiempo que llevan juntos allí. Harry se muerde el labio y da un enorme trago al café, quemándose la lengua. Hay confianza entre ellos. La suficiente como para que Draco haya desistido en esconderse tras la mayoría de muros que le rodean. Aún quedan unos cuantos, pero Harry ni siquiera se plantea el que caigan.

- Skeeter está loca… - Harry le mira de reojo con la taza contra los labios y una carcajada a punto de escapar ante el mohín impaciente de Draco y su forma de arrugar la nariz. – La conozco. Sé que lo está. Tiene un problema y es grave.

La carcajada deja de poder contenerse y Harry está riéndose e intentando decir "Perdón, perdón" entre carcajada y carcajada bajo la mirada incrédula de Draco.

- Ahora mismo has dicho lo mismo que Hermione, - consigue decir, entre risas, antes de terminar de beberse el café y dejar la taza sobre la mesa. – Pero no es nada. Ignoraré a Skeeter, no puede enviar lechuzas aquí.

La expresión de Draco es ligeramente escéptica pero asiente, de todos modos.

Harry, por primera vez desde que ha llegado, piensa en su conversación con Hermione y en cuánta verdad hay en el hecho de que le atrae Draco. Le observa lavar las dos tazas mientras le regaña con algo entre resignación y burla. Dibuja la marca oscura de su brazo con la mirada, sigue la curva de su espalda bajo el jersey gris, fija la mirada en su pelo rubio y desordenado. Piensa en su forma de hablar, arrastrando un poco las palabras, en lo difícil que es llegar hasta él, en cómo puede responder y no hacerlo al mismo tiempo, en sus manías. El olor a menta y limón invade sus fosas nasales cuando Draco cruza la cocina por delante de él y Harry tiene que admitir que es bastante probable que Draco sí que le guste mucho más de lo que cree.

Esa noche, Harry lee el fragmento de la novela de Draco y los dos hablan durante horas sobre las distintas opciones que Draco tiene en mente. Poco después, se queda dormido en el sillón del estudio mientras él escribe.

xXx

"¡Encuentra tu Torre, Roland, y quiébrala, y escala hasta su cumbre!"

Los dientes de sus viejos enemigos, estos antiguos hermanos y hermanas de una cosa que se llamó a sí misma Kurt Barlow, hundieron sus dientes en él como aguijones. Callahan no los sintió. Estaba sonriendo mientras tiraba del gatillo y escapaba de ellos de una vez por todas.

xXx

Cuando despierta; Harry tiene la espalda en llamas, un dolor de cabeza esperando el pistoletazo de salida y una manta sobre los hombros. Un insistente tac-tac-tac empieza a quebrar las barreras del sueño y la luz del sol entra con fuerza por la ventana. Gruñe y se frota los ojos. El puente de las gafas se le ha clavado en la nariz pero ahora no sabe dónde están.

El tecleo se detiene y un borrón ocupa el plano. Una mano se cierra en torno a la suya y la alza con la palma hacia arriba. Otra deja las gafas en su mano.

- Ya era hora. ¿Crees que el café en esta casa se hace solo o algo así? Estaba empezando a hartarme de tener que hacer las cosas yo solo…

Harry bufa mientras se pone las gafas pero, de todos modos, está sonriendo. La espalda de Draco se aleja en dirección a su silla frente a la máquina de escribir y Harry se estira con un gruñido y se levanta. Tiene la boca seca.

- No tendrás una taza por ahí por casualidad ¿no? – a juzgar por el sacudir de sus hombros, Draco está conteniendo la risa pero le señala una taza al borde de su escritorio. Harry arrastra los pies hasta allí y el sorbo de caliente, amargo y aromático café le despierta algo más y se apoya en la mesa con un "hmmmm" satisfecho.

Draco vuelve a estar tecleando aparentemente ajeno a su presencia en la habitación. Harry suspira.

No sabe si es bueno o malo que esté acostumbrándose a esto pero, justo antes de que pueda decidirlo, el tecleo se detiene y la voz de Draco termina de despertarle con la fuerza de un bofetón.

- Creo que debería volver a Londres.