Projections- Capítulo 5 - Tyelperin.
Disclaimer: Tengo un bote de Caffe Latte Espresso con leche marca Kaiku. También tengo el tomo 7 de Deadpool Team Up. Pero, por desgracia, no tengo derechos sobre el Potterverso o, al menos, los que hacen que pueda recibir algún tipo de compensación económica al escribir esto. Tampoco soy dueña de las Crónicas de la Torre Oscura, que pertenecen a Stephen King. Cuestión de tiempo.
NdA - Este capítulo ha sido escrito a ritmo de Mumford & Sons y, en sus últimos párrafos, La Seine de Vanessa Paradis y -M- extraída de la aún por estrenar Un monstre á Paris.
Todos los que me seguís, me leéis, comentáis o pensáis en hacerlo, disfrutáis y me acompañáis en este fanfic tenéis mi agradecimiento y la promesa de un montón de post-it (que pueden ser físicos o figurados, incluso metafóricos). Mi beta está pasando un momento complejo y por eso este capítulo es para ella. Al final, todas las piezas del puzzle encajan. Incluso esas que recortas porque estás hasta las narices de intentar ponerla en su lugar.
Este capítulo ha sido un pequeño dolor de cabeza continuo pero, al final, ha sido un alivio para mí escribirlo. Me he divertido con él, con lo que he reescrito y lo que ha sobrevivido. Todo vuestro.
xXx
Tiene que agarrar la taza con fuerza con las dos manos para que no caiga al suelo. Harry gruñe, un sonido que parece salir desde lo más profundo de su garganta, y busca algo en la expresión de Draco que le diga por qué. Se muerde el labio con el ceño fruncido y espera. Draco alza la mirada lentamente, dejando ver una chispa de determinación en sus ojos grises que las ojeras sólo consiguen hacer brillar más. Durante más tiempo del necesario, Harry y Draco se miran. Es una batalla de voluntades, un empuje de mirada contra mirada. Es intentar decirlo todo sin decir nada.
Harry tenía que haber sabido desde el principio que eso no funcionaría. Se pasa una mano por el pelo con un bufido exasperado. Siente la mirada de Draco sobre él aunque él esté mirando el techo mordiéndose el labio aún con fuerza suficiente como para llegar a pensar que va a romper la piel.
Y después de pensar, de dejar la taza sobre la mesa y de llenar sus pulmones de aire con un profundo suspiro, Harry pregunta lo único que consigue pensar en preguntar: Por qué.
Los dedos de Draco pasan suavemente sobre las teclas de la máquina de escribir. Harry capta el movimiento y deja que sus propios dedos sigan los de Draco sobre las teclas. Él no le dice que se detenga pero, tras unos segundos, sus hombros caen mientras suspira y Harry no puede verle la cara y frunce el ceño, frustrado.
- Necesitaba tiempo solo, - empieza Draco, suave en un principio pero con más fuerza con cada palabra. – Saber si esto, - hace un gesto vago en dirección al montón de folios que es en esos momentos su novela – es lo que quiero, si es lo que necesito.
Silencio. Harry sigue mordisqueándose el labio con distracción intentando mantener su temperamento bajo control. Cuando está claro que Draco no va añadir nada más, Harry pierde la paciencia.
- ¿Y lo es? Y si lo es ¿por qué volver a Londres? – su voz es un poco más alta de lo que debería pero Harry no se da cuenta, o finge muy bien no darse cuenta, y continúa. – Es más peligroso que esto.
Y no habría ninguna razón para seguir conviviendo contigo. Esa es otra realidad que también golpea a Harry con fuerza. Lleva tanto tiempo solo, tanto tiempo conviviendo consigo mismo y su pasado, que el convivir con otro ser humano le ha hecho necesitar hasta cierto punto esa compañía y esa normalidad. Draco se la ha dado y separarse de ella va a ser duro y difícil, tal vez demasiado.
Draco frunce el ceño y se tensa. Sus dedos se crispan sobre las teclas antes de caer sobre su regazo con un golpe sordo. Los ojos de Harry se posan durante apenas un suspiro en la marca oscura y luego dibujan el perfil de Draco mientras él reflexiona y suspira.
- Esta novela es mi vida ahora. Pero no quiero estar lejos para siempre, Harry, - algo en la forma en que Draco pronuncia su nombre hace que un nudo se forme en su estómago. – No puedo esconderme para siempre. No quiero esconderme para siempre.
Harry sabe, en alguna parte de su propio ser, que está siendo egoísta e injusto y que tiene que entender lo que Draco quiere y lo que Draco necesita. Sólo son amigos, al fin y al cabo, jefe y subordinado hasta cierto punto. Eso no quiere decir, sin embargo, que Harry pueda dejar de pensar en volver a Grimmauld Place y no ver ningún papel amarillo, no oír ninguna voz demandante gritando "CAFÉ" desde alguna parte de la casa, no sentir el olor del papel y la tinta y el café, no tener a otro ser humano con él.
El silencio se extiende y se expande. Es denso, incómodo y lleno de cosas por decir. Hay una tensión en ese silencio que Harry no entiende y no sabe cómo eliminar.
Al mirar a Draco, Harry no está preparado para esos ojos grises llenos de…de tantas cosas que ni sabe ni se atreve a interpretar. Draco parece disculparse con la mirada, mordiéndose el labio con el ceño fruncido, los dedos tensos sobre su regazo. Pero es una disculpa fuerte, que hace que Harry deje de sentir ira y se limite a aceptar. Nada de lo que diga o haga va a cambiar lo que Draco quiere hacer y eso es lo que ha conseguido entender. No le gusta la idea, pero tiene que aceptarla. A lo largo de los años, Harry ha aprendido –en gran parte gracias a Hermione- que no puede forzar su criterio sobre los demás. Aunque sea duro aceptarlo.
- No tenemos por qué dejar de hablar, no seas una reina del drama, - las palabras de Draco le toman por sorpresa y Harry abre la boca pero no sabe qué decir. – Sigues siendo el único al que permito leerlo.
Draco señala con un gesto el montón de folios y Harry siente, pese a su reticencia, que una sonrisa se forma en su rostro a la vez que siente una punzada de esperanza y algo cálido se acurruca en su estómago. La sonrisa que Draco le devuelve es mordaz, pero Harry no espera otra cosa.
- Sigue siendo peligroso, - dice Harry, porque al fin y al cabo es la verdad. – Déjame al menos poner protecciones en tu casa.
Las cejas de Draco se enarcan pero se encoge de hombros y asiente con la cabeza. Harry mira a su alrededor, intentando captar toda la habitación en sólo un vistazo. Ha pasado tanto tiempo allí…un mes. Lo que al principio parecía estar destinado a convertirse en una tortura no había sido más que un mes de convivencia pacífica, de rutina y de redención y catarsis. Lo último sigue pareciéndole extraño, pero es así. Sabe que va a echar de menos esa cabaña, los post-its y dormirse y despertar oyendo a Draco teclear sin descanso. También sabe que no va a dejar que Draco se aleje lo suficiente como para que su interés en él se enfríe.
- Harry, - sacude la cabeza vagamente y mira a Draco. Él le sonríe con autosuficiencia. – Sería conveniente que dejases las protecciones abiertas para ti. – El tono es conversacional. Harry siente que Draco está diciendo mucho más con eso, debajo de sus palabras hay algo más, pero no puede estar seguro y es posible que sólo se deje llevar por el poder de la autosugestión. – No creo que nadie más pueda corregirlo.
Los labios de Draco se curvan en un mohín de disgusto al pronunciar la palabra "corregirlo" y Harry apoya una mano en el escritorio con una sonrisa. Sólo Draco podía decir algo así y seguir pareciendo superior, añadir un matiz a su tono de voz y un filo que le daba poder a sus palabras.
A Harry le gusta eso. Le gusta cómo se revuelve el pelo cuando está frustrado. Le gusta cómo tuerce el gesto al beber café frío. Le gusta cómo sus dedos vuelan sobre las teclas. Le gusta cómo brillan sus ojos sobre las ojeras. Le gusta cómo siempre parece oler a libros y a biblioteca a la vez que a limón y menta y tranquilidad. Le gusta cómo le desafía con cada palabra. Le gusta cómo su mirada no se escapa cada dos por tres hasta su cicatriz. Le gusta cómo se enrolla las mangas hasta los codos y cómo luce la marca oscura como si no importara, como si no fuese más que una pequeña cicatriz. Le gusta cómo se mueve y cómo le planta cara y le contradice y le lleva la contraria sólo porque sí.
O yo soy demasiado estúpido o Hermione supo todo esto antes que yo o ambas. Porque, en definitiva, le gusta Draco y todo lo que él es, todo lo que su vida y sus circunstancias han formado. Le gusta la persona que ha conocido durante ese mes y ha llegado a un punto en el que negarlo es mentir.
- Claro. - Harry dibuja una sonrisa autosuficiente. - ¿Dónde vas a encontrar a otro experto en literatura como yo?
- Oh, no lo sé, - comenta Draco, cruzando los brazos y dejando caer la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados, las cejas enarcadas y una sonrisa resignada en los labios. - ¿El cualquier puto sitio al que vaya? Podría salir ahora mismo y encontrar una abeja más cualificada que tú.
Harry bufa pero no puede evitar reír. Porque Draco tiene razón y porque es ridículo que haya pasado demasiado tiempo con los ojos clavados en su garganta y un nudo en el estómago. Pero así son las cosas y tal vez sea mejor que Draco vuelva a su casa y Harry no haga nada estúpido demasiado pronto.
- ¿Cuándo? – Draco suspira y frunce el ceño. Harry sabe que le ha entendido y sólo espera, trazando patrones al azar con los dedos sobre la madera.
- Hoy. Cuando recoja… - una sonrisa ladina curva sus labios – recojamos todo esto.
Asiente. Estaría preparado para plantar cara y dar guerra si no supiese que esa no es la solución. Al fin y al cabo, sí que estaba siendo una reina del drama al principio. Sin embargo, Draco no le ha echado por completo y aunque no tiene ni idea de qué puede pasar o de cómo pueden terminar las cosas…sí está seguro de que eso es bueno.
Empiezan a recoger en cuanto Draco decide que ha terminado de escribir su cuota de la mañana y Harry ha terminado de leer ese segundo libro que Draco le prestó. Mientras empaqueta sus cosas, Draco grita a través de la puerta de su habitación y Harry contiene la risa.
"¿Recoges tú todos los post-its? Tengo que empaquetar la novela y está siendo un dolor de culo impresionante."
Le grita que sí a la puerta y sigue recogiendo. Para cuando han terminado, ya ha pasado la hora de comer y el atardecer empieza a caer sobre el acantilado. Harry ha recogido todos los post-its que han sobrevivido durante el mes y, en un impulso, los ha guardado dentro de su maleta sin pensar. También ha guardado todo lo que le han mandado a Draco para preparar el informe y llevarlo como pruebas al Departamento. Por muy poco que le importe a McGee y por mucho que esa idea le haga apretar los dientes y sustituir su tranquilidad por ira hirviente. Así son las cosas.
Por ahora, se recuerda. Hasta que sepas qué quieres hacer.
Por ahora.
Harry y Draco están en la puerta de la cabaña. Harry observó a Draco empaquetar la máquina de escribir con un cuidado y un mimo que no le había visto nunca y ahora le observa apretar el paquete que la contiene contra su costado con fuerza. Harry se da cuenta de que tiene los nudillos blancos y sin pensar en lo que hace alza una mano y aprieta su hombro con ella. Draco le mira, le sonríe –y como siempre Harry puede ver el filo que todas sus sonrisas tienen- y asiente.
- Hora de volver a casa, - empieza a hablar Draco, su voz firme y casi burlona – tengo una novela que terminar de escribir rodeado de…de Londres.
Harry suelta una risotada y sonríe.
- Cuando termine con los informes pasaré a reforzar tus protecciones, - Harry sabe que Draco no es un mago incompetente pero también sabe que no estará tranquilo hasta que lo haga. Así que lo hará. – ¿Estás seguro de que me has dado bien tu dirección?
Draco bufa y le lanza una mirada exasperada ante la que Harry sólo puede responder con una risa descarada. Antes de salir, Harry ha estado atosigando a Draco para que le diga su dirección y poder llegar allí por Flu porque lo prefiere a la Aparición. Le ha preguntado tantas veces si la dirección está bien, si no ha cometido ningún pequeño y estúpido fallo, que Draco terminó diciéndole en un tono de voz definitivamente muy peligroso que si seguía preguntando iba a tirarle todas las tazas de la cocina a la cabeza.
- Sí, estoy seguro de que la dirección es correcta. Por Merlín, eres insoportable… - pero Draco está sonriendo con resignación, así que Harry también sonríe y suspira, pasándose la lengua sobre los labios antes de hablar.
- Pues…hasta pronto.
- Para mi desgracia, sí. – Mientras Draco desaparece con un fuerte "plop", Harry está luchando contra un torrente de risas que pugnan por salir. Con una última mirada a la cabaña, al acantilado y al sol tras las olas Harry lucha esa vez contra una punzada de nostalgia y tristeza y se Aparece en Grimmauld Place con una sonrisa persistente en los labios.
xXx
'Cause I need freedom now
And I need to know how
To live my life as it's meant to be
-Haré lo que tenga que hacer - repuso el pistolero.
- ¿Y nosotros no importamos? ¿Es eso?
- Os amo a los dos. - El pistolero miró a Eddie, y este vio las mejillas de Roland enrojecidas por el resplandor de los rescoldos del fogón. Estaba llorando.
- Eso no responde a mi pregunta. Tú vas a seguir adelante, ¿verdad?
- Sí.
- Hasta el mismísimo final.
- Pase lo que pase. - Eddie lo miró con amor y con odio y con todo el doloroso cariño de un hombre que trata, agónicamente desesperanzado, indefenso, de llegar a la mente, la necesidad y el deseo de otro.
xXx
Por primera vez en un mes, Harry está completamente solo.
Por una parte, mientras desempaqueta sus cosas y vuelve a establecerse en Grimmauld Place, Harry sabe que necesita algo de tiempo consigo mismo. Por otra parte, el mirar a su alrededor y no ver ningún pequeño cuadrado amarillo está resultando más extraño de lo que debería. Tiene que establecer su rutina de nuevo y volver a adquirir su propio ritmo. Además, tiene muchas cosas sobre las que reflexionar.
Harry se deja caer sin contemplaciones sobre su cama con un gruñido y hunde la nariz en la almohada. El puente de las gafas se le clava en la nariz sin compasión pero no le presta atención al dolor. Tiene que escribir el informe y entregárselo a McGee sabiendo que ni lo mirará cuando lo embuta en un cajón lleno de archivos. Si es que lo archiva. Y aún no ha conseguido determinar cómo dejar el Departamento de Aurores. Ron lo entenderá, eso está claro, y McGee no podrá hacer nada para impedirlo pero ni siquiera ha decidido aún qué hacer con su vida después de dejar de ser auror. Se estira y concluye, empezándose a sentir demasiado cansado sólo con pensar en ello, que puede decidir todo eso después de dormir.
Deja sus gafas en la mesita de noche con distracción y cae en un sueño profundo y tranquilo que ni siquiera sus propias inquietudes son capaces de perturbar.
Cuando despierta, ya es de día y tiene que luchar contra el sueño y la confusión al encontrarse de nuevo en casa mientras se ducha, se viste y se prepara un café. El agua le ha desaturdido un poco, pero no lo suficiente como para que esté completamente funcional aún. Bosteza y se revuelve el pelo antes de beberse la pequeña taza de café de un trago. El calor bajando por su garganta y la cafeína terminan de despertarle y Harry no cree que haya pasado ni una hora antes de que esté sentado frente a la mesa de su salón enfrentándose a un pergamino vacío con una pluma en la mano y todo lo que le han enviado a Draco desperdigado delante de él.
- Es hora de ponerse a trabajar, - aunque se siente un poco estúpido por hablar solo, está un poco desesperado por oír cualquier voz en ese momento. Eso, además, le hace sentir un poco patético pero moja la punta de la pluma en tinta con determinación y niega con la cabeza. – Por dónde empezar…
Tarda más de dos horas en terminar el informe. No es el contenido lo que ha hecho que sea tan ridículamente largo, si no la selección de acontecimientos que Harry ha tenido que decidir si incluir o no. Al final, ha escrito una serie de anotaciones en tono neutral y ha incluido una lista con los mensajes recibidos por Draco.
Deja el informe a un lado de la mesa junto a las notas y los artículos recortados y se enfrenta a otro trozo de pergamino en blanco. Se muerde el labio y observa la pluma suspendida sobre él con una suave sensación de incertidumbre anidando en su estómago y gruñendo desde allí. Harry está intentando escribir su carta de renuncia. Es un impulso, como prácticamente todo lo que hace, pero un impulso en el que confía.
Cómo coño voy a explicárselo a Jason y Eleonor, se pregunta mientras cierra los ojos con fuerza y bufa, qué voy a hacer después…
El pánico empieza a abrirse paso entre el montón de emociones a las que Harry se tiene que enfrentar y lo domina haciéndole rendirse a la fuerza con un forzado y tajante "NO". No va a echarse atrás, no va a replanteárselo, no va a seguir haciendo algo que no quiere hacer. No. Y punto.
Asiente y abre los ojos de golpe. El pergamino sigue ahí, devolviéndole la mirada lo mejor que un trozo de pergamino puede hacerlo, y la mano de Harry tiembla un poco sobre él.
Nunca has sido un cobarde, se dice, no empieces a serlo ahora.
Traga saliva y cuando la punta de la pluma toca el pergamino se muerde el interior de la mejilla con fuerza. A partir de ese momento, las palabras fluyen y el pergamino se llena con rapidez con la apretada y desordenada letra de Harry. Cuando ha terminado, se siente exhausto pero tranquilo y es como si hubiese dejado caer un enorme peso que antes estaba sobre sus hombros.
Harry arrastra los pies hasta su habitación, se embute su túnica de auror, vuelve al salón para recoger el informe y la carta de dimisión y toma aire. Observa los mensajes y los artículos recortados y titubea pero, finalmente, los deja sobre su mesa. Nadie va a pedirlos, de todas formas. Suspira apretando con fuerza la varita entre los dedos. Lanza un Tempus con distracción. Las doce. Llega tarde, muy tarde, pero eso no debería importar si va a dejar el empleo de todas formas. Contiene una risotada que probablemente rayaría la histeria y, con un último segundo para tranquilizarse, se Aparece frente a la cabina de entrada al Ministerio.
xXx
- ¿Está seguro de esto, auror Potter?
Harry está de pie en el despacho de McGee. El nerviosismo que sintió al recorrer los pasillos hacia allí ha sido sustituido por fría determinación y ha adoptado una expresión neutral, contenida. Terry McGee le observa entre la incredulidad y la ira y Harry tiene que contener una sonrisa desafiante.
- Totalmente, señor Ministro, - responde él y puede ver cómo el rostro de McGee enrojece de furia y sus puños golpean el escritorio con fuerza. Cada vez es más difícil contener la sonrisa y Harry carraspea para disimular. – Esto no es lo que quería hacer cuando entré en el cuerpo de aurores, señor.
Terrance "Terry" McGee está al filo de su propia paciencia. Harry juraría que puede oírle rechinar los dientes.
- ¿Tiene idea de lo que esto significa para el Departamento de Aurores y el Ministerio? – el tono de voz del Ministro empieza a ser cada vez menos controlado - ¡Sin usted en el cuerpo, se acabará la financiación! ¿Es que no sabe lo que eso implica?
Aprieta la mandíbula. Sabía que tendría que oír algo así, pero eso no hace que le haga sentir menos afectado.
- Yo mismo puedo donar al Ministerio si es necesario - pero eso no aplacó la ira de McGee. Lo que Harry consiguió, sin tener ni idea de cómo, fue que el Ministro enterrase la cabeza en las manos negando con la cabeza. Si no estuviese tan al borde de su propio estallido después del comentario de McGee, habría sentido pena por él.
- Señor Potter… ¿cómo cree que salimos tan bien tras la guerra? Su presencia aquí fue lo que consiguió aplacar los últimos gritos, señor Potter. Conseguimos restaurar el Londres mágico gracias a las donaciones que se hicieron por usted. ¿Tiene idea de lo que puede pasar ahora?
Los labios de Harry se unen en una fina y tensa línea y aprieta los puños hasta que se clava las uñas en la piel. Ni siquiera tenía valor como auror. Ha sido el niño anuncio del Ministerio, un reclamo. No ha tenido un trabajo asegurando que el Londres mágico se recuperase de la guerra gracias a su ayuda directa, ha sido un póster colgado en la puerta del Ministerio.
- La guerra terminó hace mucho tiempo, señor, - su voz está llena de toda la tensión que contiene. Es apenas un murmullo de ira contenida y determinación. – Si el problema es el dinero, donaré. Si el problema es otro, puede irse al Infierno.
Los problemas, las implicaciones, las consecuencias y todo lo que pudiese derivar de mandar al Infierno al Ministro de Magia no se le ocurrieron a Harry hasta que estuvo fuera del despacho, apoyado contra la puerta después de haber salido de la habitación con paso furioso. Está respirando mucho más rápido de lo normal y no es capaz de calmarse. La euforia y un terror frío libran una batalla campal en su pecho mientras consigue despegar la espalda de la puerta y pasarse las manos por el pelo. Sus pies le llevan hasta el despacho de Ron y ni siquiera llama antes de abrir la puerta y encontrarse con su mejor amigo mirándole por encima de un montón de pergamino con los ojos muy abiertos.
- Oh, por Merlín Harry - Ron salta de la silla tan rápido que le aturde y cierra la puerta tras él con un golpe sordo. La euforia ha ganado la batalla y Harry no se molesta en reprimir la enorme sonrisa que se dibuja en sus labios.
- Acabo de mandar al Infierno al Ministro de Magia, - dice, entre tenues risas incrédulas, y Ron empieza a mirarle con preocupación. – Acabo de dejar mi trabajo. Y de mandar al Infierno. Al. Jodido. Ministro. De. Magia.
Estalla en risotadas. Puede oír a Ron preguntarle si está bien, pero no puede dejar de reír. No sabe durante cuánto tiempo ríe y deja que las risas mueran poco a poco en su garganta. Ron le ha rodeado los hombros con un brazo y le está acercando a su silla.
- Vale, Harry. ¿Puedes explicarme qué demonios has hecho? – se deja caer sobre la silla y Ron se apoya en su escritorio mirándole. Ahora que está más tranquilo, Harry se siente como hacía mucho tiempo no se sentía: Libre. Simple, abrumadora y tremendamente libre.
- He dejado mi puesto de auror. Ya sabes cómo eran las cosas, - interrumpe, antes de que Ron pueda decir nada – y también sabes que no quería que siguiesen siendo así.
Ron se limita a asentir y, poco a poco, una sonrisa aparece en su rostro.
- ¿Has mandado al Infierno a McGee? ¿En serio? – Harry asiente con la cabeza, sonriendo. Ron suelta una carcajada y le palmea el hombro. – Joder, compañero, los tienes de hierro.
Y los dos empiezan a reír, sin saber por qué y sin poderlo evitar, como un par de lunáticos. Ron se apoya en el hombro de Harry entre carcajadas y a Harry está empezando a dolerle la barriga de tanto reír.
Cuando empiezan a tranquilizarse, Ron se yergue y Harry se levanta de su silla y se estira con un gruñido.
- Creo que voy a volver a casa.
Hace un gesto de despedida a Ron y Ron le sonríe. Tiene media puerta abierta cuando su voz se deja oír a su espalda.
- Despídete de Jason y Eleonor cuando puedas, - Ron titubea. – No ahora, porque mandar al Ministro al Infierno puede ser muy cansado… - risotada – Pero…sólo asegúrate de hacerlo algún día ¿sí?
Se detiene con la mano en el pomo y asiente prometiéndose a la vez que lo hará. Pero no ese día, no cuando está agotado y apenas ha llegado la hora de comer. Nunca habría imaginado que todo eso pudiese resultar tan agotador, pero se siente drenado y cansado y quiere llegar a casa cuanto antes, tirarse en su sofá y disfrutar de su libertad. Por alarmante que resulte su estado de desempleo.
Cruza el Ministerio hasta los puntos de Aparición con una sonrisa algo estúpida en los labios.
xXx
Tick-tick-tick.
Harry intenta espantar el ruido con una mano y gruñe.
Tick-tick-tick.
Harry vuelve a gruñir y decide ignorar el sonido mientras se gira sobre el sofá.
Tick-tick-tick-TOCK.
Harry se levanta y se tambalea mascullando maldiciones hasta la ventana. Observa entre la neblina del sueño y unas gafas demasiado torcidas a una lechuza con un paquete al otro lado y gruñe otra vez.
Por Merlín, que no sea de Skeeter o del acosador de Draco. Que sólo sea una inofensiva lechuza…
Abre la ventana mordiéndose el labio y la lechuza entra y se posa mansamente sobre el respaldo del sofá tendiendo la pata de la que cuelga el paquete. Harry se dirige a ella bufando y desata el paquete de la pata de la lechuza con cuidado. La lechuza ulula, fuerte, y amenaza con picarle.
- ¡Eh! – fulmina con la mirada a la lechuza, que se limita a volver a ulular. Harry bufa y arrastra los pies hasta la cocina con el paquete en una mano. Coge un trocito de pan y se lo ofrece a la lechuza, que lo estudia detenidamente antes de arrebatárselo y salir volando por la ventana.
Se deja caer sin delicadeza sobre el sofá y deja el paquete en la mesa. Teniendo en cuenta la situación, aunque ya no esté con Draco nada le asegura que ese paquete sea seguro. No conoce a la lechuza y no pone nada que pueda indicar que no corre peligro. Saca la varita y lanza un par de hechizos de comprobación al paquete. Parece estar limpio.
Encogiéndose de hombros, Harry lo abre y se encuentra con un montón de folios mecanografiados sobre las que descansa un cuadradito amarillo. Una sensación de calidez y familiaridad le llena el pecho al ver la desordenada letra de Draco. Una sonrisa incrédula se dibuja en su rostro al leer el post-it.
"Los críticos nunca descansan."
Debajo de los folios, hay un libro: Las Crónicas de la Torrre Oscura III Las Tierras Baldías.
Harry pega el post-it en la cubierta del libro y coge el montón de folios. No es demasiado grueso, tampoco escaso. Ojea los folios mientras se tumba en el sofá y se pone cómodo. Capta pocas palabras pero sonríe al reconocer los nombres de los personajes de Draco, cada vez más familiares para él. Se arrebuja contra los cojines, suspira, y empieza a leer.
xXx
Gretchen apuntó con la varita a la pared gris y sucia frente a ella. Tragó saliva y pateó el suelo antes de gritar "BOMBARDA MAXIMA" y ver que no pasaba nada.
Volvió a intentarlo. Una y otra vez, con las cuatro pareces que le rodeaban y asfixiaban. Las lágrimas le quemaban los ojos y le nublaban la vista y el nudo en su garganta amenazaba con estrangularla. Gretchen dejó escapar un gemido ahogado y se dejó caer al suelo apretando los párpados y enfocando toda su voluntad a no llorar.
Miró a su alrededor entre la neblina acuosa de sus lágrimas y no encontró nada nuevo.
En la habitación gris no había puerta, no había ventanas o conductos. En la habitación gris no había salida.
xXx
Dos días después de recibir el montón de folios de Draco, Harry aún no ha salido de casa. Se planteó ir al piso de Draco directamente después de terminar de leer, pero no fue capaz de hacerlo. No era una cuestión de valor o determinación, si no de simple y pura reticencia.
En definitiva; tras su vuelta a la soledad Harry no estaba preparado para dejar su trabajo, insultar al Ministro de Magia y enfrentarse a la realidad de que está solo y de que Draco está en otro sitio. Aunque eso sea lo normal, es una idea que tiene que rumiar y comprender y Harry decidió esperar.
Harry toma aire y se revuelve el pelo frente al fuego de la chimenea. Las llamas bailan y los chasquidos resuenan en sus oídos mientras observa el montón de polvos flu en su mano con el ceño ligeramente fruncido.
El estridente chirrido del timbre de la puerta le hace dar un salto y los polvos flu acaban en el suelo. Harry los mira durante unos segundos y suspira antes de dirigirse a la puerta arrastrando los pies. No cree en las señales del destino; ya ha tenido profecías y predicciones suficientes para toda su vida, gracias, pero sí se le pasa por la cabeza la ridícula idea de que el universo no quiere que vaya al piso de Malfoy y ha enviado a un…emisario o algo así a llamar a su puerta y acabar con su resolución.
Sacude la cabeza y ríe por lo bajo. Su mano vacila sobre el pomo de la puerta al pensar que puede ser algo mucho más peligroso que un emisario del universo o un mensaje del destino. Traga saliva y su otra mano se cierra sobre el mango de su varita dentro del bolsillo del pantalón.
De entre todas las posibilidades, todas las personas o cosas que ha pensado que podrían estar en la puerta, ninguna era Draco Malfoy con expresión huraña envuelto en una gabardina y mordisqueando una manzana atravesándole con una mirada reprobatoria.
- Eh… ¿qué? – Draco no espera invitación y pasa de largo hacia el recibidor sin saludar. Harry está intentando procesar la idea de que Draco está ahí sin ninguna razón para estarlo. Sólo…porque sí. Cierra la puerta y llega a creer que cuando se dé la vuelta Draco y su gabardina y su manzana ya no estarán ahí pero lo están. Los ojos grises de Draco viajan a través del recibidor mirándolo todo con curiosidad hasta clavarse de nuevo en él.
- ¿Sabes lo difícil que es escribir sin que nadie te diga que lo que has hecho está bien? – dice Draco, entre dientes, y el reproche en su mirada casi le hace sentir mal consigo mismo por no haberle pedido su lechuza a Hermione y escribir una respuesta a Draco. No creyó que fuese urgente y por eso se permitió posponerlo hasta su visita al piso de Draco. Traga saliva, su garganta de pronto seca, y se encoge de hombros.
- No. El escritor eres tú, yo soy un…ehm… - frunce el ceño, rascándose la nuca – desempleado.
Draco, que hasta ese momento parecía dispuesto a saltar y responder de la forma más cortante y seca que conoce, frunce el ceño y su voz suena tan baja que es como si se hubiese limitado a forma la palabra "desempleado" con los labios.
En vista de que no va a decir nada más de momento y Harry no quiere tener una conversación en el recibidor, pasa junto a él y le guía hacia el salón. Draco le sigue en silencio y Harry le hace un gesto para que se siente cuando llegan.
- Ahora ¿te importaría explicarme eso de desempleado o aún estás demasiado ocupado no siendo un buen corrector de textos como para hacerlo? – Draco se sienta y él le imita, sentándose a su lado sin pensar. Aunque no es su intención hacerlo, Harry se da cuenta de que está sonriendo cuando mira a Draco y éste enarca una ceja.
- Dejé mi puesto hace dos días – Harry sabe que Draco sabe que no estaba contento con su trabajo. Por eso supone que no está tan sorprendido como cabría esperar. Draco juguetea con la manzana mordida entre los dedos y Harry se distrae mirando sus dedos sobre la fruta durante apenas unos segundos antes de volver a alzar la mirada. – También mandé al Infierno a McGee.
Draco ríe y Harry le mira con una sonrisa suave. En Hogwarts Draco siempre le pareció extraño y…contenido. Sí, era el gilipollas que se metía con él y con sus amigos y más tarde un rival más en una guerra en la que nadie debería haberse visto envuelto. Pero siempre daba la sensación de estar conteniendo muchas cosas y de no ser libre. En ese momento, riendo frente a él, Harry puede verle vivo. En la cabaña Draco no era el mismo que en Hogwarts y sigue sin serlo. Un miedo que Harry no sabía que tenía hasta ese momento desaparece y siente cómo sus propios músculos se destensan contra el respaldo del sofá. Finalmente, Draco carraspea y suspira.
- Sigo sin aceptar tu negligencia, - pero su intento de seriedad se ve interrumpido por una risotada y niega con la cabeza. La sonrisa de Harry crece. – Sólo tú serías capaz de mandar al Infierno al Ministro de Magia. Por Salazar…
La manzana vuela hacia su cabeza y Harry la esquiva con un gesto vago. Cae al suelo con un "thud" y Harry agradece que no haya terminado rompiendo nada…por pocas cosas que haya en esa sala que se puedan romper y sean de valor real.
Se encoge de hombros mientras Draco le mira con un mohín disgustado y su afilada mirada gris clavada en la manzana antes de desplazarse hasta Harry.
- Habló de mí como si fuese la zorra del Ministerio, - carraspea. – Oh, auror Potter, nadie nos dará dinero sin usted auror Potter, no podré comprarme otro escritorio con incrustaciones de diamantes sin usted auror Potter.
Su imitación del Ministro es, francamente, bastante pobre pero le complace ver la sonrisa afilada de Draco y oír otra risotada de todas formas.
- ¿Y cuál es tu plan? – Draco se cruza de brazos y se hunde un poco más en el sofá, la mejilla apoyada en el respaldo. A Harry le sorprende tanto la visión de Draco Malfoy cómodamente sentado en su sofá que necesita unos segundos de más para responder.
- Ninguno, - las cejas de Draco se enarcan hasta casi desaparecer bajo el desordenado flequillo rubio y Harry imita su postura sin darse cuenta. – Quise ser auror porque era lo correcto, lo que en ese momento estaba bien. Ahora sólo quiero…libertad, supongo. Ser Harry Potter y no el niño que vivió.
Confiar en Draco parece natural después del mes en la cabaña, mucho más natural cuando cae en la cuenta de la confianza que debe tener Draco en él si le deja corregir sus textos, los fragmentos de la novela por la que lo ha dejado todo.
- Sabía que eras estúpido, pero no tenía ni idea de que llegases a ese extremo, - comenta Draco, una sonrisa apenas formándose en sus labios. – No, sí que lo sabía. Lo que no sabía es que pudieses ser otra cosa y no un auror. No teniendo en cuenta esa necesidad tuya de ayudar a todo el mundo.
Está a punto de decirle que no puede saber eso si no le conoce sólo por costumbre. La cuestión es que sí le conoce y tiene razón. Él mismo nunca ha visto otra cosa en su futuro. Era tan natural que no se cuestionó nada más. Así que Harry se encoge de hombros y se revuelve el pelo.
- Qué puedo decir, para ser un héroe no se necesita demasiado cerebro.
Y Draco vuelve a reír y Harry deja que su mirada vague sobre su garganta expuesta. Sólo un momento, siguiendo su forma hasta la barbilla de Draco, sólo un poco. Lo suficiente como para que tenga que apartar la mirada de forma brusca conteniendo un suspiro.
- Entonces…- dice Draco finalmente, subiendo los pies a su sofá y encogiendo las piernas bajo su cuerpo sin molestarse en preguntar si a Harry le importan los zapatos sobre su tapicería. A Harry no le importa, de todas formas. - ¿Qué? ¿No tienes nada que decir sobre lo que te envié? Llevo dos días esperando, más te vale que sea interesante.
Harry leyó el fragmento que Draco le envió y sólo vio algo malo en él, un pequeño fallo que ni siquiera cree que fuese consciente. Es tan nimio que incluso le sorprendió verlo, pero lo hizo y una parte de él se siente orgullosa por ser capaz de hacerlo. Por lo demás, Harry sólo sabe que el mundo de la novela de Draco es confuso y extraño y…no sólo uno. Es complicado. Pero tampoco conoce que haya nada en Draco que no lo sea, así que…
- Al principio, no tenía ni idea de qué coño estabas haciendo enviando a Gretchen sola a un mundo que sólo era una habitación sin puertas ni ventanas, - empieza, intentando expresar lo que quiere decir sin parecer demasiado estúpido. – Es decir… ¿qué sentido podía tener? Pero lo entendí cuando leí más. La desesperación, el miedo, todo lo que Gretchen sintió ahí…en fin, son cosas que todo el mundo puede entender y que todo el mundo ha sentido alguna vez pero de una forma tan extrema que...bueno, tuve que dejar de leer. - Draco le mira con atención y Harry toma aire para continuar. – Lo único que no encaja es que no haya mensajes allí. En todos los mundos hay uno. Y no creo que la habitación en sí sea el mensaje, Draco, porque nada de lo que he leído hasta ahora ha sido así.
Draco se levanta de un salto, aturdiendo a Harry, y cruza la habitación a zancadas. Recoge la manzana del suelo y empieza a pasársela de una mano a otra sin que parezca preocuparle que esté mordida y sucia. En su rostro Harry ve lo que siempre está ahí cuando escribe: Determinación, algo de lejanía, una media sonrisa.
- Eso es – murmura Draco y se detiene a medio paso frente a Harry, mordiéndose el labio. - ¡Eso es! Llevo dos días sin poder escribir nada coherente porque faltaba algo. Por Merlín ¿cómo coño se me pasó? Tengo la casa llena de notas y una montaña de anotaciones sobre cada mundo ¿cómo puedo ser tan gilipollas a veces?
Harry no está seguro de que esté hablando con él. De hecho, tiene la sensación de que Draco está tan absorto en su propio mundo que ha olvidado dónde está y con quién.
Y por todos los jodidos magos del mundo hasta eso le gusta de él, su capacidad para envolverse en su novela y no dejar a nadie ni nada entrar, y pasar horas y horas hablando sin hablar.
Draco vuelve esa habitación, a esa sala y a ese momento con un giro brusco de cabeza y sonríe a Harry de forma brillante sin perder el filo sardónico que es Draco Malfoy y punto.
- Por eso tienes que corregir tú, - Harry enarca las cejas y Draco niega con la cabeza con una risa incrédula. – ¿Quién más asumiría que no hay que descifrar una metáfora para sacar el mensaje?
Las risas burbujean en su garganta y Harry se encoge de hombros.
- Ron, probablemente. Aunque él habría estado ocupado preguntándose para qué querría alguien una habitación tan poco práctica.
Los dos comparten un silencio ligero y Draco se deja caer a su lado de nuevo sin la elegancia que hasta hace un mes Harry habría esperado de un Malfoy. Aunque, a juzgar por cómo es Draco y cómo ha desafiado todo lo que Harry creía saber sobre él, no sabe ni por qué se extraña.
Está mirando con distracción la manzana girar entre los dedos de Draco cuando algo empieza a golpear la ventana y Harry se levanta con un suspiro y gruñe y maldice y se queja incesantemente mientras se dirige a la ventana. Draco bufa y suelta una risa seca a su espalda desde el sofá. Abre la ventana y una lechuza deja caer un trozo de pergamino al interior antes de irse sin darle tiempo a Harry de reconocerla o intentar hacerlo. Recoge el trozo de pergamino y la tensión vuelve a sus músculos con el chasquido de la ventana al cerrarse.
Vuelve al sofá. Draco está sentado y puede que haya captado la tensión de Harry porque su pose es rígida y su expresión tensa. Harry niega con la cabeza y se sienta junto a él tendiéndole el pergamino. Puede oír el suspiro de alivio a su Draco y ve cómo su postura se relaja.
- Sólo es Skeeter. Joder, Potter, - Draco le da un puñetazo en el brazo lo suficientemente fuerte como para que Harry tenga que frotarse el brazo con la mano. - ¿Ninguno de tus amigos ha tenido un ataque al corazón aún con tu dramatismo? Joder…
Harry dibuja una media sonrisa y recupera el trozo de pergamino. Sigue tenso, pero está empezando a relajarse y a dejar que la ira que siempre acompaña al nombre de Rita Skeeter se desvanezca con sólo la presencia de Draco allí. Si alguien le hubiese dicho antes de poner un pie en esa cabaña que Draco Malfoy iba a tener ese efecto sobre él, se habría reído mucho y muy alto.
- Sólo es Skeeter pidiendo otra entrevista para inventarse otro ridículo rumor, - bufa, releyendo la corta misiva. - ¿Qué fue lo último? ¿Que Ginny me dejó porque convertí en un pantano su salón?
Los hombros de Draco se agitan y Harry frunce el ceño. Será posible que…
- ¿Ese lo inventaste tú? – espeta, pero Draco ya está riéndose libremente con la frente apoyada en el respaldo del sofá y sofocando sus risas con el brazo. Debería estar molesto, supone, pero Harry sólo consigue sentir una extraña diversión.
- Es muy… - la risa interrumpe las palabras de Draco, que coge aire y vuelve a intentarlo. – Es muy difícil inventarse esas cosas ¿vale? Y Skeeter siempre estaba por ahí, la vieja arpía, presumiendo de su rigor periodístico. Al menos yo no inventé lo de la granja de puffskeins. Eso fue absurdo y poco elegante.
Sin tener demasiado claro cuándo ha empezado, Harry está riendo con Draco y un escalofrío trepa por su espalda al encontrarse fugazmente su mirada con la de Draco. Es un segundo, un mero segundo, en el que Harry siente el impulso de simplemente alargar el brazo y sujetar la nuca de Draco y besarle. Ni siquiera eso congela sus risas y Harry niega con la cabeza, tanto para sí mismo como para Draco.
No es el momento. No aún. No cuando ni siquiera sabe qué puede pasar si lo hace. No si se arriesga a perder a Draco y recuperar a Malfoy. Puede esperar.
Un restallido suena desde la chimenea y Harry se levanta de golpe buscando la varita en su bolsillo. A su lado, Draco se congela contra los cojines y Harry cree que ha dejado incluso de respirar. Medio mareado por el movimiento repentino, Harry jadea y casi cae de espaldas al sofá de puro alivio al ver a Hermione y Ron saliendo de su chimenea y sacudiéndose el hollín de los hombros.
La habitación de pronto está cargada de tensión y Harry espera, mordiéndose el labio, que se desate la tragedia.
Sin embargo, después de casi dos minutos enteros, lo único que sucede es que Hermione sonríe y alza la mano.
- Hola, Harry. Malfoy, - Hermione inclina la cabeza en su dirección y Draco devuelve la inclinación con tranquilidad. – Ron y yo hemos pensado que podríamos ayudarte a escoger tu nuevo trabajo.
Ron parece perturbado por la presencia de Draco hasta que, pasando por tantos estados que Harry no está seguro de que vaya a decidirse por alguno, sonríe con algo de incomodidad y se encoge de hombros.
- Si quieres, claro.
Alivio llena el pecho de Harry y asiente con una sonrisa brillante. Por ahora, puede alimentar la ilusión de que la situación está controlada y la bomba no va a estallar.
Al menos, no en ese momento.
xXx
"La locura es la salida de emergencia. Puedes utilizar esa salida y darles con la puerta en las narices a todas esas cosas horrendas que te sucedieron. Puedes dejarlas encerradas ahí…para siempre.."
Las palabras estaban grabadas en la piedra gris. Gretchen prefería no pensar cómo habían llegado hasta allí o quién las había escrito. El mensaje por sí mismo era lo suficientemente perturbador como para que quisiera alejar de su mente todo lo que implicaba.
La peor sensación que esas palabras despertaron en Gretchen y la que quería enterrar a toda costa bajo todas las demás era la tentación de rendirse, aceptarlas y, finalmente, seguir su consejo.
