Disclamer: Los personajes pertenecen a S. Meyer. El resto es mío.


EPÍLOGO

Bella llevaba noches sin dormir bien, daba vueltas durante horas en la cama antes de caer en los brazos de Morfeo. Esa noche los nervios, la presión del día siguiente, la información que ocultaba, no la estaban haciendo muy diferente a las demás.

Alice, atacada por el reflejo del cansacio acumulado en las manchas negras que adornaban sus ojos, le había dado unas pastillas maravillosas para dormir a pierna suelta, según sus propias palabras. Sin embargo, ella había hecho caso omiso a estas y no las tomó. Nunca le gustó automedicarse y tampoco creía que fue lo más oportuno.

El día siguiente sería una fecha señalada en su vida y, sin duda, una de las más importantes de su vida. Más que cuando consiguió graduarse con honores en la carrera, más que cuando fue receptora una beca para ampliar su formación con un máster en Europa y que le abrió las puertas a un puesto de trabajo en una conocida y prestigiosa empresa de Estados Unidos, y más que el día que conoció al amor de su vida, que era la única razón por lo que se encontraba en ese momento allí.

Pero ella se sentía angustiada. Consiente de que debería irradiar felicidad por todo lo que se avecinaba y lo que significaba, la incertidumbre estaba abriendo una gran mella en ese estado ánimo y no permitiendo disfrutar. Y Edward lo sabía, aunque tratase de esconderlo, de fingir que no ocurría nada, él la conocía y la preocupación de este era visible. Bella percibía que había empezado a dudar, siempre había dudado demasiado, y era algo contra lo que ella quiso luchar, la desconfianza no había sido una buena amiga durante todos esos años, pero ahora era consciente de que le estaba dando motivos para hacerlo.

Decidió salir a dar un paseo por la playa, eso siempre la ayudó a pensar con mayor claridad, era su mejor vía de escape y no siempre podía disfrutar de ese placer.

Pasó por la terraza del hotel. Todo estaba dispuesto para el gran acontecimiento. Bella sintió un deja vu.

La pérgola estaba colocada, con cadenas de flores blancas entrelazadas entre los hierros, las sillas vestidas de blanco y decoradas con flores y emplazadas en filas, dos grandes carpas con las mesas listas para ser montadas en cuanto el sol volviese a salir.

Siguió caminando hasta sentir el placer de hundir sus pies en la arena, una brisa húmeda y salada le golpeó en el rostro. Cerró los ojos y respiró profundamente dejando entrar todo ese aire en sus pulmones. Amaba el olor a mar y le calmaba sus nervios. Y esa noche estaba especialmente nerviosa.

Se sentó donde la tierra estaba seca y las olas no podían alcanzarla y se quedó mirando el reflejo plateado de la luna en el mar, dejándose arrastrar por su memoria.

Recuerdos de todo lo que había ocurrido durante esos años atrás, desde aquella primera vez que viajó a Santa Bárbara. Jamás sabría como agradecer a sus amigas haberla llevado allí para su despedida de soltera. Como eso hizo que el destino hacia el que trató de dar unos primeros pasos, cambió llevando su vida por un camino muy diferente.

Y haciendo balance, a pesar de que en esa década había pasado momento duros y tristes, lo bueno los superaba con creces. Porque no había sido un camino de rosas, alguna que otra espina se había colado en él. Y aunque provocaron heridas, afortunadamente sanaron sin dejar cicatriz.

Desde la noche en que Edward fue a buscarla pidiendo su perdón y una oportunidad, ellos continuaron con lo que habían comenzado en California y hasta ese momento seguían juntos, aunque según él, Bella no lo había estado al cien por cien en esa relación.

No era cierto, ella no lo sentía así. Solo que con su experiencia, la forma de concebir la relación distaba un poco de la de su novio. Se prometió no dejar sus sueños de lado por nadie, ni tampoco a sus amigos, ni sus metas, ni su familia, absolutamente nada. Había suficiente en ella para todo y todos. Nunca creyó que por eso descuidaba a Edward y a lo que tenían.

Daba todo de su parte por ella y por la persona que amaba. Pero más allá del amor, sabía y había comprobado que había mundo, pensar en uno mismo no era algo malo, siempre que no rozara los límites del egoísmo.

A pesar de ello, habían sido felices y superado los baches con los que todo noviazgo, en una medida u otra, encuentran en su camino.

El motivo de uno de los primeros, fue el hecho de que Edward no estaba muy conforme con la amistad que Bella y Harald mantenían, comprendiendo que fue el danés quien los ayudó a que estuvieran juntos, el que le abrió los ojos y lo empujó a ella, renunciando con ello a cualquier haz de esperanza con Bella, porque el chico sentía atraccion por ella y hubiese podido tratar de conquistarla y no lo hizo.

Y al principio Edward lo vio así, pero cuando comprobó que ambos continuaban tan estrecha relación, comenzaron los celos, que llevaron a peleas, sin demasiada importancia, pero al fin y al cabo peleas, que los hacía pasar malos ratosy que se agravaban cuando era Harald el paño de lágrimas de esta.

Pero él solo estuvo ese curso en Minnesota, así que la pelusa desapareció.

Años más tarde este mismo se vio envuelto como motivo de una discusión, aunque ni participó ni llegó nunca a su conocimiento. Aquella fue mucho más seria e hizo tambalear un poco la relación.

Después de que el chico volviese a Copenhague, Edward sintió que su relación fluía más. Bella buscaba espacio y tiempo para ella y un círculo de amigos y actividades diferentes a las de su novio. Defendía la idea de que debían llevar una vida fuera de ellos dos, y Edward no negaba que esto los beneficiaba. Debían ser independientes.

Aunque tampoco disfrutaban de estar demasiado tiempo uno sin el otro. En las vacaciones ambos pasaban parte con su familia, el resto juntos, tanto en Forks como en Chicago, incluso se permitían una escapadita, alejado de todo y todos, solo ellos dos.

La primera gran separación fue cuando Edward finalizó sus estudios de Derecho. Tuvo que volver a Chicago, le esperaba un puesto de trabajo en el despacho de abogados de la familia Hale, donde su hermano Emmett también ejercía la abogacía. Esta era esperada, ambos sabían que llegaría y estaban preparados para ella, convencidos de que sería un distanciamiento en el espacio y no en sus sentimientos, pero siempre difícil de vivir. Ellos trataron de llevarla de la mejor manera posible.

Edward siempre supuso que llegado el momento en el que Bella terminase su carrera, ese periodo terminaría, incluso ella también lo creía, pero un tiempo antes de conseguir su licenciatura recibió una sorprendente oferta. Continuar sus estudios en Europa, además de una oferta de trabajo mientras cursaba el máster, y cuando este llegase a su fin, volvería a Chicago, como trabajadora de esa la misma empresa, y allí seguiría poniendo en práctica, tanto su formación académica como la experiencia adquirida.

Eso truncó todos los planes de Edward, que el mismo día de la ceremonia de investidura, en la que le otorgaban a Bella el título de licenciada, le pidió que se casase con él, ajeno a que ella ya había decidido aceptar aquella grandiosa oportunidad.

Este se sintió terriblemente desilusionado, engañado y, sobre todo, impotente de no tener ninguna forma posible de hacer que Bella cambiase de idea. Tenía la absoluta certeza de que hiciese lo que hiciese ella no lo haría, la conocía bien y sabía su actuar y sus pensamientos respecto a la vida.

Eso no impidió que lo intentara, de una forma demasiado rastrera si lo recordaba, pero probó hasta agotar todos sus cartuchos. Solo que con ello solo consiguió herirla.

Le echó en cara el ser él quien ponía más en su relación y que ella se había acomodado a esa situación porque tenía la seguridad de que él siempre estaría ahí esparándola, que no lo quería lo suficiente y que aceptaba ir a Europa por estar con Harald, porque sabía que siempre había habido algo con él. Hasta llegó a amenazarla con que si iba, quizás a su regreso él ya no estuviese ahí para ella.

Todo esto ocurrió unos meses antes de que Bella viajase a Alemania, por lo que la primera parte de las vacaciones de verano, la pasaron lejos uno del otro y, esa vez, por deseo expreso de ella, quien se sintió tremendamente dolida con todo lo que Edward le dijo, muy a pesar de entender su actitud, porque aquello surgió sin esperarlo. No obstante, estaba segura de que si rechazaba esa oportunidad, después se arrepentiría y lo más probable sería que acabase echándoselo en cara a él.

Pero había sentimientos demasiado intensos, se amaban profundamente, ellos no podían vivir uno sin el otro.

Bella logró convencer a Edward de que un año pasaría rápido, que podrían verse a lo largo de él, que era una ocasión para conocer Europa juntos y que el hecho de que ella se fuese no significaba que no aceptaba su proposición de matrimonio. Ella volvería y se casaría con él. Lo amaba desde la primera vez que lo vio y ese amor había ido creciendo a lo largo de aquella década. Le repitió, como tantas otras veces, que él era el hombre de su vida, que nadie podría ocupar ese lugar, que su corazón tenía dueño y que aunque había aprendido a ser independiente,, sin él nada tendría sentido.

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Edward tampoco podía conciliar el sueño, estaba inquieto y preocupado. Bella llevaba días muy extraña y quería pensar que se debía a los acontecimientos que se avecinaban.

-Todas las novias están nerviosas los días previos a la boda- le había dicho Alice. Aún así, seguía pensando que no se trataba de eso, ella escondía algo, y… no, no quería pensar que se estuviese arrepintiendo. Ya estuvo una vez a punto de casarse y canceló la boda en el último instante.

Quiso salir a buscarla. Tenía miedo. Quería asegurarse de que Bella no estaba pensando en echarse atrás. La sombra de aquello lo había estado persiguiendo todos esos años. Él siempre había pecado de inseguro en esa relación. Era el celoso, al que le daba miedo la distancia, el que elegía estar con ella en lugar de con cualquier otra persona. Ella la que la equilibraba todo aquello. La otra mitad sin la que no podría vivir.

Decidió que sería mejor dormir. Bella no hubiera llegado tan lejos esta vez después de haber pasado por esa misma situación con otro hombre.

Puso la televisión y como una broma pesada, Novia a la fuga era la película que en aquellos momentos emitían. Decidió apagarla. Mirarla no ayudaría en nada. En la oscuridad, el cansancio pronto venció sus nervios.

Unos golpes en la puerta lo despertaron. Se sintió desorientado, miró el reloj y apenas llevaba durmiendo un cuarto de hora. Quien fuera que tocase, lo volvió a hacer.

Se levantó y entreabrió la puerta. Bella, con un vestido suelto y los pies llenos de arena. estaba tras ella. Edward se llevó la mano a la cabeza y pasó sus dedos por el pelo, siempre lo hacía cuando estaba nervioso.

- ¿Bella?- preguntó, quizás para asegurarse que no era un sueño o una pesadilla.

- Tengo que hablar contigo- musitó y con diligencia, sin esperar invitación, entró en el dormitorio y se sentó con las piernas cruzadas en la cama deshecha de él.

Edward no podía moverse de donde estaba, quería llegar a su lado, pero sus piernas de repente no respondían, pesaban demasiado. El miedo lo estaba bloqueando. No era posible que la historia se estuviese repitiendo, pero esa vez con un novio diferente. Si no, ¿cuál era el motivo que la había llevado a su habitación?

Alice les había prohibido verse la noche antes de la ceremonia. Sus palabras textuales fueron: Bajo ningún concepto pasaréis la noche juntos. Te olvidas de tener hijos si lo intentas Edward. Y sabes que no bromeo. Bella tiene que estar descansada y guapa para mañana. YBella temía a Alice mucho más que él. Aún así ella estaba allí. Desobedeciendo las estrictas órdenes de su hermana pequeña.

Pasó la mano temblorosa por la frente y respiró hondo. No estaba preparado para eso, nadie lo estaba. En esos instantes, se compadeció de Jake al que tantas veces detestó por haber estado con Bella y por no dejarla ir nunca.

Permaneció de pie, con la puerta abierta, bajo la mirada de Bella que viendo que no se movía se levantó, cerró la puerta, tiró de su brazo y lo sentó en un sillón que había junto a la puerta del balcón, sentándose ella sobre sus rodillas.

- Cariño- suspiró colocando las manos a cada lado de su cara, logrando que por fin él la viese, porque hasta el momento aunque la miraba, ella sabía que estaba ausente- No vengo a cancelar nada- le dijo conociendo el temor de este. Él dudaba, siempre lo hacía, a pesar de los años eso seguía ahí.

- ¿Seguro?- musitó.

Bella le regaló una sonrisa sincera y asintió, besando después sus labios.

- No es eso a lo que he venido. Mañana me casaré contigo… si después de que oigas lo que te he venido a contar quieres, claro- le dijo, bajando su mirada.

Edward la miró sin entender. ¿Por qué no iba a querer casarse? No era él quien lo había retrasado. Si por él fuera haría más de un año que ella sería la señora Cullen.

- Hay algo que no te he dicho, que quizás te haga cambiar de opinión- le aclaró.

Había llegado dispuesta, llena de entereza, segura de que se lo debía contar, sin embargo en ese momento todo ese valor estaba esfumándose y el miedo se estaba apoderando de ella.

-Pero…- continuó llamando la atención de su novio y evitando que su imaginación volase más allá- antes de que pienses algo que no es…No te he engañado- Edward soltó el aire que retenía en sus pulmones. -Nunca pondría en peligro nuestra relación por eso. Lo hice una vez, una sola vez en mi vida y fue porque te conocí a ti.

-¿Qué pasa cariño?- le dijo pasando la mano por su espalda, tranquilizándola.

-Verás…yo, tengo una falta- le dijo con la cabeza agachada y tan bajo que casi ni ella se oyó.

El silencio se apoderó de la habitación, dejando solo lugar a sus respiraciones.

Pasaron unos segundo hasta que Bella volvió a sentir como su corazón bombeaba retumbando en el pecho, levantó la cabeza buscando los ojos de Edward.

Seguía sin reaccionar. Ningún gesto que le diese una pista de cómo había recibido la noticia.

- ¿Estás embarazada?- musitó por fin.

Ella asintió levemente, expectante y completamente asustada. Tampoco pudo distinguir nada en su voz.

Quizás debería haberse callado, esperar a que todo pasase. ¿Y si ahora la dejaba? Ella lo oyó. Le confesó a Emmett que aún no quería un hijo. Es demasiado pronto, le dijo. Aún no estamos preparados.

Ocurrió durante un domingo que todos se reunieron a comer en casa de los padres de Edward. La conversación giraba en torno al segundo embarazo de Rose. Esa semana le anunciaron que tendría otra niña y todos bromeaban porque Emmett estaba convencido de que era un varón y Edward lo picaba diciendo que no sabía hacer niños, que venía defectuoso de fábrica. Fue cuando su hermano lo retó y le aseguró que tampoco él sería capaz de traer un Cullen que continuase con el apellido de la familia.

Edward entrelazó sus manos y Bella se centró en ellas. Puso dos dedos sobre su barbilla y la obligó a levantar la vista hacia él. Le sonrió con amor, con esa devoción con la que él siempre la miraba. Entonces ella supo que todo estaba bien.

-¡Vamos a tener un hijo!- exclamó antes de tirarse sobre sus labios y besarlos.

Bella respondió moviendo su cabeza arriba y abajo.

-¡Un hijo!-repitió- Tuyo y mío- Edward la abrazó más fuerte - ¿Desde cuándo lo sabes?

-Esta mañana me hice la prueba…Dio positivo. Pero es algo que sospecho desde hace dos semanas- le contó, mientras él seguía mirándola con dulzura.

Edward se separó- ¿No quieres tenerlo?- por un momento pensó que haberlo tenido en secreto quizás implicaba aquello.

-Claro- respondió un poco ofendida-¿por qué no iba a querer?

-Lo has guardado en secreto. Somos una pareja

-Dijiste que no querías niños aún… pensé que no te alegrarías de una noticia así. Tenía miedo. Casi he estado a punto de no decírtelo, por si decidías no seguir adelante- Bella jamás había dudado de su novio, pero esta vez sí y eso dejó un poco noqueado a Edward. Ese papel era el suyo. ¿En serio que ella pensaba que la iba a dejar por algo así? Era que las hormonas estaban comenzando a hacer de las suyas demasiado pronto, Rose era una bomba a punto de explotar en cada embarazo y veía y creía cosas sin sentido.

- Ayyy mi tontona- exclamó, cogiéndola entre sus brazos y llevándola a la cama. La tumbó allí y se colocó junto a ella.

Bella lo miraba mimosa, a Edward le recordó a un perrito abandonado- No soy tontona, tú dijiste que no querías- repitió.

- ¿Cuándo dije yo eso?- no recordaba haber afirmado aquello.

- A Emmett hace unas semanas…- se quedó pensativo intentando traer a su memoria ese día- en la comida con tus padres. Cuando hablábamos del sexo del bebé de Rose y vosotros dos peleabais- le recordó.

-Bella, cariño, si yo dije eso no fue por mí, era por ti. Has estado atrasando este momento demasiado tiempo, sabes que yo me hubiese casado hace años. Así que la idea de un hijo… y que yo dijese que los quería…Saldrías corriendo- dijo acariciando su mejilla.

-Eso es lo que has pensado cuando me has visto. Que saldría corriendo… No soy Julia Roberts en Novia a la fuga- bromeó.

Edward rió, recordando que habían televisado la película esa misma noche. Pero era cierto, pensó que correría la misma suerte que su anterior novio. Acercó la cabeza a la altura de la barriga, aún plana, de su novia y susurró en ella- Tu mamá me ha dado un susto de muerte, peque.

-Eyyy, qué aún no puede oírte- le dijo riéndose y dando un empujoncito para separarlo de su barriga.

- Dice que no puedes oírme, ja…qué sabrá ella- continuó hablando tan cerca de la piel de Bella que su aliento hizo que ella se estremeciese- Y…creo que hasta puedes sentir esto- Edward fue picando con su dedo alrededor de ombligo de su novia, provocándole cosquillas y haciendo que se revolviese mientras reía.

- ¡Edward! ¡Estate quieto!-advirtió con voz autoritaria, siempre acababan de esa manera porque era el punto débil de ella.

Él la miró con esa expresión de niño que va a hacer una travesura. Sonrisa torcida, enseñando sus dientes y ceja levantada. Y Bella supo que estaba perdida. Se puso sobre sus piernas, evitando que pudiese moverlas y sus dedos volvieron a la carga.

-No, no…por favor no- suplicaba ella, moviéndose de un lado a otro, dando manotazos e intentando zafarse de él.

-Me has hecho pasar un mal rato, tienes que pagar. Ja. Ja. Ja- dijo Edward haciendo la mala imitación de un malvado..

- No, no…- siguió pidiendo ella.

Después de un rato de tortura con cosquillas, entre carcajadas de ambos, por fin él se dejó caer sobre el cuerpo de su novia, que lo rodeó con sus brazos y piernas mientras recuperaba el ritmo normal de su respiración.

- Eres malo- le dijo y él le sonrió enseñando todos sus dientes. Bella no pudo evitar volver a reír. Amaba a ese hombre.- Pero te quiero- susurró.

- Yo más- le respondió Edward besando delicadamente sus labios e intentando ponerse a un lado de ella, pero Bella reforzó su agarre sin dejarlo escapar y respondiéndole con ganas a ese beso que fue subiendo de intensidad.

Sus pulsos comenzaron a acelerarse, Edward enredó sus dedos en el pelo de Bella y ella acarició su espalda desde el filo de sus bóxers hasta sus hombros, rodeándolo entonces con sus brazos y tirando de él más hacia su cuerpo. Pudo notar su excitación sobre su muslo.

-Creo que alguien más está feliz- le dijo sonriendo sobre sus labios a la vez que llevaba su mano hacía su pene acariciándolo por encima de la ropa interior, haciendo que jadease.

Edward se apoyó sobre el codo derecho, dándole mayor acceso para que lo tocara, sin dejar de besarla y de enredar con su lengua, mientras que la otra mano la metía por debajo de la camiseta para acariciar los pechos de ella.

Bella buscó la erección por debajo de sus bóxers, acariciándola, haciéndolo gemir y provocando que él apretase más sus pechos y se separase para ir besando, mordiendo y buscando poner su boca donde estaban sus manos. Ella aceleró sus movimientos mientras él se movía a su compás, buscando liberarse.

Toc, toc, toc. Se oyó el sonido de unos nudillos golpeando sobre la puerta. Ambos lo ignoraron.

Toc, toc,, toc. Volvió a sonar.

Bella levantó su cabeza para mirar hacia la puerta como tratando de adivinar quién llamaba, sin dejar de tocar a Edward.

- Ignóralo- pidió él, entre jadeos.

Pero los golpes cada vez eran más fuertes e insistentes. Lo que hizo que Bella parase.- ¿Y si es algo importante?- susurró preocupada.

-Joder. Qué oportuno- se quejó él, dejándose caer bocabajo sobre la cama y enterrando su cara en ella.

Volvieron a pegar.

Bella hizo el amago de levantarse, pero rápidamente Edward se puso en pie- Déjalo. Ya abro yo- le dijo recolocándose su ropa interior y tratando de bajar su erección e intentando peinarse con sus dedos.

- ¿Quién es?- preguntó sin ganas y muy enfadado.

- Abre- le exigió una voz desde fuera.

- Alice, vete. Déjame dormir- exigió.

- Abre. Sé de sobra que no estás durmiendo- volvió a repetir- He ido a la habitación de Bella y no está allí.

-Pues aquí tampoco. Vete. gritó.

-¿Quieres que de porrazos en la puerta hasta que la tire? Sabes que soy capaz- amenazó.

Edward conocía a su hermana y sabía que podía llegar a cumplir sus amenazas. Entreabrió la puerta, sacando parte de su cabeza y poniendo un pie tras ella.

- ¿Qué quieres, Alice?

Ella empujó fuertemente la puerta y como su hermano estaba descalzo, retiró rápidamente el pie cuando esta le golpeó, dándole total acceso a su habitación.

- ¡Os lo dije! ¡Te lo advertí, Edward! ¿Qué hacéis aquí los dos?- les dijo una Alice en pijama y con el pelo revuelto, señalando a ambos con el dedo- Y… Edward ¡vístete por dios!

Bella no pudo evitar reírse y sonrojarse al mismo tiempo. La erección no había bajado del todo aún y eso era un claro signo de lo que habían estado haciendo minutos antes.

-Es mi habitación. No haber irrumpido en ella si no querías encontrar algo que sensibiliza tu vista.

-No te rías, Bella. Mañana estarás hecha un asco, ¿sabes cuántas horas vas a dormir esta noche? ¿La noche de tu vida en la que deberías descansar más?- le dijo mirando su reloj de muñeca.

Edward se sentó junto a la cama con Bella, rodeó su cintura con uno de sus brazos y acercándola más a él dijo:

- Bella tenía algo importante que decirme.

Ella le dio un codazo a Edward y lo miró abriendo mucho sus ojos. No quería que nadie supiese la noticia aún. Quería mucho a Alice y sería la siguiente en enterarse, pero también sabía que ella no sabía guardar secretos y eran ellos quienes debían dar la noticia.

-Sois unos guarros- gritó acercándose a la cama. Tiró del brazo de Bella y la obligó a levantarse- Nos vamos Edward. Arréglatelas con tu problema solo.

Bella se resistió un poco y se agarró a la mano de Edward teatralmente.

- Tienes tiempo en tu luna de miel, cariño- le decía Alice, tirando más fuerte hacia ella.-Además, no es como si no lo hubieseis estado haciendo todos estos años.

Finalmente con un puchero por parte de Bella y un mohín de su hermano, ambos acabaron soltándose y cediendo a los deseos de Alice.

- No entiendo por qué no puedo dormir con mi novio- le dijo Bella a Alice.

- Creo, que lo que estabais haciendo no era precisamente dormir, cuñadita. Edward- canturreó- Adiós.

Bella fue rápida y volvió junto a él. Le dio un beso fugaz en los labios antes de que Alice la alcanzase- Te veré mañana- susurró.

- Os estaré esperando- le dijo guiñándole un ojo- No tardes demasiado.

- No lo haré- le contestó ella antes de girarse, mirándolo con emoción contenida en sus ojos…- Es lo que siempre he querido, aunque me haya hecho de rogar un poco. Mi futuro eres tú- le susurró antes de besarlo y perderse a la vez en la inmensidad verde de sus ojos, unos ojos que le devolvieron la misma emoción y el mismo deseo.

- Te amo- susurraron los dos al unísono sobre sus labios.

- ¡Dios, me vais a matar!- interrumpió de pronto Alice, con los ojos brillantes, siempre se emocionaba cuando presenciaba alguna muestra de cariño de ambos, lo que los hizo sonreír a los dos sin dejar de mirarse perdidamente enamorado uno del otro- Pero ahora ¡vámonos! Si no queréis que vuestro futuro sea el más aburrido cuando me encargue yo misma de la cosita- les dijo haciendo un gesto con la cara señalando cierta parte de la anatomía de Edward.

-¡Noooo!- gritaron los dos nuevamente al unísono y esta vez Bella salió disparada luciendo la más hermosa de las sonrisas.

- Te amo- volvió a gesticular con sus labios antes de que Alice consiguiera sacarla de la habitación, permitiéndole, al menos, ver como él le contestaba con otro "Te amo" mientras sonreía como un bobo enamorado.

Ahora sí estaba completamente segura, ese si era su momento, pensó mientras Alice seguía arrastrándola a su habitación. Edward le había dado un giro inesperado a su vida. Una vida que ahora no podría visualizar de otra manera. Su mañana.


Bueno, pues este es el final. Espero que hayáis disfrutado con ella es mi recompensa.

A todas las que habéis leído, a las que me añadisteis a alertas y favoritos y a las que dejasteis comentarios, agradeceros por ello. Esto ha sido un buena inyección de ánimo.

Claudhia Lady Cullen, terra2012, L´Amelie, patymdn, una lectora de 40, robsten-pattinson, ChicadeCullen, Cullen Vigo, Cath Robsteniana, Vicky Jonas Irons Miller, Laubellacullen94, Angie Masen, TereCullen, abelen, marcecullenswam, NuRySh, Antonella D Pattinson, hildiux, Wipho, Marchu, Michel Stewart, EdbEl CuLLen, Teffy Cullen Salvatore, Lore562, bedaniie, Arelli Partison.

Saraes, ABellaCullen, Sarah-Crish Cullen, Valitaunseen, Iare, la historia os la dedico a vosotras. De una manera u otra me habéis animado a subirla, me habéis dado vuestros consejos, me habéis ayudado cuando he tenido algún atasco con ella. Gracias, ha sido una fantástica experiencia y sin vuestro apoyo no hubiese sido posible.

Quizás, pero digo quizás, subo algún outtake y, por supuesto, te tomo la palabra Noe y escribimos un lemmon más guarrillo, jajaja.

Mil besos a todas y a las que se unan