Projections- Capítulo 7 - Tyelperin.

Disclaimer: Ni el Potterverso ni sus personajes me pertenecen. Son propiedad de J.K Rowling que, sinceramente, espero no sea propietaria también de la cantidad de proyectos de carrera de los que soy dueña yo.

Tampoco me pertenecen las citas de Stephen King incluidas entre-partes pero, por suerte o por desgracia dependiendo del día, sí me pertenecen Gretchen, Dylan, Alex, Astrid, Snot y todos los mundos por los que se dedican a vagar. También me he encontrado una lata vacía de coca-cola debajo de la cama y un envase de café debajo de un montón de folios en el escritorio.

NdA - Los agradecimientos siempre van a quien me lee, comente o no, porque si a estas alturas sigue estando aquí conmigo alguna razón tiene que haber encontrado. También para mi beta, a la que molesto en cualquier momento y lugar y que está tan hasta los ojos de cosas que estudiar como yo.

Hace dos semanas empecé mi primer año en Psicología y mi segundo año en Criminología y eso me ha dejado con el tiempo un poquito justo. Voy a empezar a responder comentarios mañana (domingo) porque no me gusta dejar a nadie que se molesta en comentar sin una respuesta.

Este capítulo ha sido escrito con la OST de Batman: Arkham City en su segunda mitad y retoques y con la cover de Meant to live de Vitamin String Quartet al principio. Ha sido un capítulo en el que se levantan muchas mantas y se dejan caer otras tantas. Dentro de poco, seguramente entre este domingo y este viernes, subiré una entrada a mi livejournal con una pequeña "bitácora" del fanfiction hasta ahora.

Nada más que añadir por mi parte. Sólo me queda abriros la puerta y dejaros entrar.

xXx

El sonido del pico de la lechuza golpeando el cristal es lo primero que hace que Harry se dé cuenta de que está ahí. Frunce el ceño y se acerca a la ventana arrastrando los pies.

- Yo te he visto antes… - comenta, en voz baja, mientras abre la ventana. La lechuza se posa sobre su hombro y Harry desata el pequeño trozo de pergamino de su pata extendida. No necesita leer la nota para saber de quién es. Sólo conoce a una persona capaz de escribir de una forma tan intachablemente pomposa. – Skeeter…

Suspira, espantando a la lechuza con la mano libre y cerrando la ventana tras ella.

Estimado Draco Malfoy:

Han llegado a la redacción de El Profeta interesantes rumores concerniendo la muerte de su padre, Lucius Malfoy, en Azkaban. De ser posible, me gustaría mantener una pequeña conversación con usted en referencia a este tan delicado asunto.

Un cordial saludo:
Rita Skeeter.

Se congela en medio del pasillo, apretando tanto el pequeño trozo de pergamino que los nudillos se le ponen blancos, y durante unos segundos ni siquiera puede sentir nada más allá de la conmoción. Draco no le ha hablado de sus padres. Nunca.

Traga saliva y se frota las sienes con fuerza. Lucius Malfoy está muerto pero ¿qué hay de la madre de Draco, qué ha pasado con Narcissa Malfoy? ¿Debería preguntárselo o limitarse a entregarle el mensaje de Skeeter?

Sacude la cabeza y se muerde el interior de la mejilla frunciendo el ceño. ¿Qué importa todo eso? ¿Qué coño importa? Sigue andando, arrastrando los pies, hacia el estudio de Draco. No oye las teclas de la máquina de escribir, pero cuando entra Draco está pasando las páginas de un pesado y ajado libro con la pluma encajada detrás de la oreja.

- Skeeter te ha mandado esto, - no se molesta en sonar tranquilo, como si todo estuviese bajo control. Hay rabia en su voz y no le importa. Draco se gira y alza una mano en su dirección. – No es bonito.

Nadie dice nada durante mucho tiempo, Harry no está seguro de cuánto. Busca algo en la expresión de Draco después de que lea la nota; sorpresa, ira, lo que sea. Lo único que se refleja en sus rasgos, sin embargo, es desdén.

Finalmente, el silencio le puede y Harry suspira decidiendo que es hora de romperlo.

- ¿Por qué? – Draco parece más sorprendido por su pregunta que por la nota de Skeeter. - ¿Por qué ahora? ¿Por qué sobre Lucius?

Él mismo suena pasmado y no le extraña. Todo está yendo a un ritmo errático, extraño. Los problemas se amontonan sin que siquiera empiece a haber una solución para ninguno y, además, no puede hacer nada al respecto.

Draco se levanta y pasa a su lado, saliendo del estudio. Harry le sigue hacia el salón con el ceño fruncido. Necesita hacer algo, tiene que hacer algo o explotará por tener tanta energía contenida.

- Esto va a ser largo, así que será mejor que termines de preparar ese café, - comenta Draco, sorprendentemente tranquilo e incluso burlón, mientras se sienta en uno de los sillones. Aún tiene la pluma detrás de la oreja. Harry asiente porque a él tampoco le vendría nada mal tomarse un café y, si va a escuchar su historia, prefiere escucharla despierto. Desde el sillón, Draco empieza a hablar.

La historia es larga. Muy larga. Habla sobre alianzas, la guerra, conflictos de sangre, traición, Azkaban, muerte y dolor. Pero también habla sobre el amor de una madre por su hijo, cómo esquivar la desolación, superación y unión. Y Harry escucha, sentando en el sillón y bebiendo café, hasta que no quedan más palabras que decir y fuera llega la madrugada.

xXx

Las cosas más importantes son las que más cuesta decir.

Era como si la cosa de la caja les hubiese hablado a ellos: ¿Ves lo poco que importa? ¿La rapidez y facilidad con las que puedo llevármelo todo, si elijo hacerlo? ¡Atención, pistolero! ¡Atención, chamán! El abismo está a vuestro alrededor. O flotas o caes en él a su antojo.

xXx

- ¡Esa zorra desorejada de Skeeter! – el vaso de Ginny golpea la mesa con tanta fuerza que a Harry no le extrañaría que hubiese estallado.

Es viernes y, por mucho que haya buscado y removido, no ha conseguido sacar nada en claro. Ni sobre el acosador de Draco ni sobre Skeeter. Pese al jaleo del pub, Hermione ha lanzado un Muffliato en cuanto se han sentado. Neville juguetea con su vaso entre los dedos con nerviosismo.

Harry se lo ha contado todo menos la larga historia de Draco. Porque son sus amigos y porque lo necesita. Ha pasado toda su vida encerrando sus frustraciones bajo llave sólo para verlas explotar cuando ya era demasiado tarde. Suspira, dando un sorbo a su jarra de cerveza. Ha llegado al fondo y está tibia, pero no le importa.

- No es ninguna novedad que intente meter las narices donde no debe, - comenta Hermione, con tranquilidad, y Ron asiente con la cabeza y bufa. - ¿Respondió?

- No, - se encoge de hombros dejando la jarra vacía sobre la mesa. – No creyó que mereciese la pena. Yo tampoco lo creo.

- Hay algo que no encaja… - todas las miradas caen sobre Neville. Harry le observa con curiosidad trazando el borde de la jarra de cristal con los dedos. – No estoy seguro de qué es, pero simplemente…no encaja.

Tiene razón. Hay algo que hace que Harry tenga le sensación de estar a punto de descubrir algo, casi puede tocarlo, está delante de él. Y, entonces, desaparece de nuevo en las profundidades de su cerebro y pierde la pista.

Ginny le da unas palmaditas en la espalda a Neville y niega con la cabeza agitando su melena pelirroja. Es muy guapa, piensa Harry distraído, con sus ojos azules y su piel pálida. También es como una hermana para él y esa es la razón por la que, pese a lo guapa que es, no pueden estar juntos. Y está bien porque gracias a que ella lo entendió ahora puede ver a Draco más allá de Malfoy. Ginny le mira, le sonríe y le guiña un ojo rodeando aún la espalda de Neville con un brazo, y Harry devuelve la sonrisa asintiendo con la cabeza.

No mucho después, salen del pub entre risas. Los únicos que se mantienen más o menos sobrios son Neville y él. Neville sostiene a Ginny de la cintura y Hermione se apoya en Ron mientras Ron se agarra al brazo de Harry entre risillas. Aunque ha bebido algo, sólo se siente algo achispado.

- La llevaré a casa…- dice Neville y él asiente alzando un pulgar y asintiendo. – Suerte, Harry.

Neville desaparece con Ginny y un fuerte "BAMF". Mientras saca su varita para aparecer a sus amigos en casa, Ron tira de su manga y casi acaban los tres en el suelo. Bufa, riendo aunque no sea muy conveniente hacerlo, y después de conseguir que sus amigos estén en la posición más vertical posible se Aparece en el salón del piso de Ron y Hermione.

- Gracias, compañero, - Ron suena como si tuviese la boca llena de algodón y Harry ríe mientras les guía hacia los sillones. Hermione se deja caer y se enrosca sobre sí misma con un suspiro aliviado. – Nos vemos otro día.

- Claro… - responde, mientras Ron se tira de boca sobre el sofá, y se Aparece en su propio salón

La luz está apagada y, al encender la lámpara, un sobre manila encima de su mesa le llama automáticamente la atención. Mantiene la varita en alto mientras se acerca y lanza un hechizo para comprobar la firma mágica. Sobre el sobre, unas pequeñas chispas forman las letras DRACO MALFOY y Harry suspira con alivio aunque conserva la varita. Sólo por si acaso, se dice, por si es una trampa.

Hoy no le ha visto. De todas formas, Draco tiene vía libre para entrar en su casa. Pensarlo, mientras coge el sobre y se sienta, le hace tener una sensación extraña. Como si hubiese algo muy raro pasando en el mundo.

- Draco Malfoy puede atravesar las protecciones de mi casa, - murmura, tanteando el sobre con los dedos, y ríe entre dientes. – Suena tan raro en voz alta como en mi cabeza, eso desde luego…

Un fino montón de folios cae sobre la mesa. Encima de ellos reposan un post-it y un trozo de pergaminos.

"Esto ha llegado esta mañana. Está en latín. Es una de esas citas célebres, como veni vidi vinci. Significa: Dejad que nos odien siempre y cuando nos teman."

Del trozo de pergamino surge un aroma que Harry cree haber captado antes. Es ligeramente afrutado, dulce. Frunce el ceño, intentando recordar, y se rinde cuando tras casi un minuto sólo consigue andar en círculos a través de su memoria. Suspira y empieza a leer el pergamino. La tinta verde ya le resulta familiar.

Oderint dum metuant.

La frase original le hace sufrir un escalofrío. Es contundente, como un saco de piedras directo al estómago. Le da una sensación de finalidad que no le gusta y traga saliva. Cuando deja el pergamino sobre la mesa, le tiemblan un poco las manos.

Observa el trozo de pergamino con recelo. El olor cada vez le molesta más porque sabe que lo conoce aunque sea incapaz de ubicarlo. De un momento a otro, el pergamino ha pasado de ser algo completamente inofensivo a una amenaza.

Pero hay algo…está a punto de alcanzarlo. Está ahí. Puede verlo, casi ha conseguido comprenderlo…y desaparece. Gruñe con exasperación y coge el montón de folios. Al menos, por el momento, se concentrará en hacer algo útil.

Harry se duerme en el sofá con los folios sobre el pecho y sueña con un cesto de frutas, un círculo con una línea y dos puntos a la derecha, una espiral y el flash fugaz de tela verde desapareciendo bajo tela negra.

Un "BOOM" le despierta de golpe y salta del sofá sin pensar. Los folios caen a sus pies con languidez y tiene las gafas descolocadas. El corazón le late en los oídos y busca de forma frenética, con un pitido en los oídos, su varita en los bolsillos del pantalón.

- ¡Harry! – coge aire con lentitud y siente cómo todos sus músculos se destensan a la vez. El aroma floral de Hermione le envuelve cuando ella le lanza los brazos al cuello. Aturdido, medio dormido y aún bajando de la ola de un susto atroz, rodea la cintura de Hermione con los brazos intentando recuperar el aliento. Ella salta, desligándose, y después de colocarse las gafas bien puede ver que le sonríe de una forma tan brillante que casi le ciega. - ¡HARRY!

Aprieta los dientes con un gruñido bajo. La poción para la resaca debe hacer milagros si Hermione está así después de anoche. ¿Qué hora es, de todos modos…?

- ¡Sé qué está pasando, Harry! ¡LO SÉ! – de pronto, tiene la sensación de no haber estado nunca tan despierto. Arrastra los pies hacia la cocina sin dar ninguna explicación y Hermione le sigue. No deja de hablar con atropello ni un segundo. – No va a por Draco, por eso no encajaba. Es todo mucho más simple. Por qué siempre se me escapan esas cosas…gracias.

Hermione bebe un sorbo de café. Harry asiente y se refugia durante unos segundos en la sensación amarga que abrasa su garganta. No tiene ni idea de qué intenta decirle Hermione pero tiene la sensación de que ella ya ha alcanzado lo que a él se le escapaba.

- 'Mione, - su voz suena ronca y carraspea. Hermione deja de hablar. – Vas a tener que explicármelo un poco más despacio y desde el principio.

Y Hermione da otro trago a la taza de café y se lo explica todo un poco más despacio y desde el principio.

xXx

La más antigua y fuerte emoción del ser humano es el miedo, y la más antigua y fuerte forma de miedo es el miedo a lo desconocido.

Era el mundo más lúgubre de todos los que Gretchen había visitado. Había algo en él que hacía que se sintiese paralizada y lo odiaba con una fuerza rayana a lo enfermizo.

Las calles estaban cubiertas de ceniza y todo parecía viejo y abandonado. No había nadie en las calles pero había ruidos fuera y dentro de los edificios. Un sonido de metal contra metal parecía venir desde debajo del asfalto.

En ese mundo, Gretchen encontró a su nuevo compañero de viaje. Al principio, creyó que era un niño y corrió junto a Dylan y Alex hacia él. Astrid trotaba tras ellos jadeando. El aire traía consigo el olor dulzón de la sangre y la muerte.

Lo que Gretchen confundió con un niño era un hombre. El hombre era pequeño y delgado y su ropa estaba sucia y desgarrada. Gretchen supo que era pelirrojo por un mechón de pelo apelmazado contra su frente pálida al que el sudor había librado de la ceniza.

- Eh, tú, - dijo Dylan. El hombre no se movió. Les daba la espalda, acuclillado sobre algo con un olor tan fuerte que le hizo lagrimear. – ¿Qué es esto? ¿Dónde estamos?

El hombre se dio la vuelta y un ojo azul eléctrico pasó sobre Gretchen y taladró a Astrid antes de volar sobre Alex hasta Dylan. En el lugar donde debería haber estado el otro ojo sólo había un agujero negro y vacío.

- Y yo qué coño sé. Tú, - el hombre le miró y Gretchen gruñó. – Puedo oler tu miedo y si yo puedo hacerlo…ellos también.

Señaló lo que tenía a sus pies. Gretchen nunca pudo olvidar la criatura deforme y sin rostro que yacía envuelta entre sus propias tripas, como si fuesen una sábana.

xXx

Harry tiene un plan. Es tan simple como eso. Un plan bien formado que puede funcionar y que le hace tener la sensación de que puede hacer algo por fin. Suspira y el olor a papel y tinta le rodea al instante como un pequeño capullo de tranquilidad. El tac-tac-tac repica sin parar en el fondo.

Hermione ha estado en Grimmauld desde las seis de la mañana. Son las cuatro de la tarde y sólo hace una hora que ha llegado al piso de Draco. Él no ha dicho ni una palabra sobre el pergamino y Harry tampoco lo ha hecho. No hay nada que decir porque el mensaje está claro.

- Sí suspiras otra vez, te echo, - dice Draco, dejando los dedos suspendidos sobre las teclas y con un "hmmm…" en los labios. – Es eso o contármelo de una vez.

Finalmente, Draco deja caer las manos sobre su regazo y se gira en la silla para mirarle con una ceja enarcada. Harry toma aire y empieza a hablar.

Esa vez le lleva mucho menos tiempo explicarlo. Draco no le interrumpe pero Harry puede verle reaccionar. Un enarque de ceja, una sonrisa de lado, una risotada mal contenida, ojos abiertos con asombro.

Cuando termina, Draco suspira y se sube las mangas de la camisa con una sonrisa. Le hace un gesto con la mano para que se quede quieto y Harry asiente mientras él se levanta y sale de la habitación. Oye unos cuantos golpes, un grito que no consigue descifrar y un ulular alto y chirriante. Draco entra en la habitación con una lechuza sobre el hombro. La lechuza observa a Harry y ulula picoteando el pelo de Draco.

- Pip puede enviar esa carta, - Pip revolotea con pereza hacia el escritorio y se posa sobre la máquina de escribir. – No le gusta Skeeter, así que por lo menos le amargaremos un poco la alegría.

Harry pesca un trozo de pergamino del montón y Draco le tiende una pluma con distracción. Está en el suelo pero no le importa usarlo como apoyo…mucho menos si es a Skeeter a quien va a escribir. Frente a él, Draco se sienta sosteniendo el bote de tinta sobre la rodilla.

Escribir esa carta es mucho más fácil de lo que cree. Casi no tiene que esforzarse al hacerlo, las palabras brotan de la pluma con fluidez. Sin embargo, su mano vacila justo antes de firmar. Inclinado sobre el papel, de pronto es muy consciente de lo cerca que está Draco. Toma aire y, mientras exhala, firma con un gesto rápido y cede el pergamino a Draco.

Los ojos grises escanean las palabras con rapidez y Harry sonríe, de forma inconsciente, cuando ve las cejas de Draco alzarse cada vez más. Una risa seca resuena en la habitación y Draco se apoya en su hombro para levantarse. A punto de caerse de lado, contiene un quejido y deja una mano en el suelo justo a tiempo.

- Estimada Rita Skeeter… ¿estimada? – otra risa. Bufa mientras se levanta y se sacude los pantalones con distracción. – Esa es una de las mentiras más grandes que he visto nunca.

Saca un cordón de un cajón que Harry nunca antes ha visto abierto. Hay un post-it dentro.

"A ver si lo entiendo… ¿tienes tiempo de cartearte pero no de escribir? Esa no es la información que me llegó a mí".

Mientras Draco ata el trozo de pergamino a la pata de Pip, Harry se acerca y despega el post-it del cajón. El mundo no se acaba cuando lo hace.

Conteniendo la risa y sintiéndose como un crío, pega el trozo de papel en la espalda de Draco y se le escapa una risa floja entre los dientes. Draco se gira con la lechuza colgada del brazo. Sus ojos se posan en el cajón, luego en él, luego en el cajón. Bufa.

- ¿Cuántos años tienes, cinco? – su tono es severo, casi desdeñoso, y aún así Harry se siente a punto de estallar en carcajadas. Draco deja salir a la lechuza por la ventana y se estira con un gruñido antes de darle un puñetazo flojo en el brazo.

- ¿Y tú, cuatro? – se lleva otro puñetazo, tiene que admitir que se lo está ganando a pulso, pero Draco sonríe y niega con la cabeza antes de sentarse de nuevo ante su máquina de escribir.

Sigue teniendo el post-it pegado en la espalda. No parece importarle.

La tarde es tranquila y el tiempo fluye. Draco sigue su Rutina de Escritor. Escribe, relee, escribe, busca, le da la vuelta a todos los pergaminos y libros de la habitación, le lanza unos cuantos folios esperando que le diga algo –cualquier cosa le vale, dice, cualquier cosa puede servirle- y vuelve a escribir.

A Harry le gusta esa tranquilidad y se da cuenta, en el suelo y cubierto de folios con Draco echándole la bronca por ni siquiera sabe qué, de que hasta ese momento no ha conseguido disfrutar del todo de ella. Hasta esa tarde, no tenía nada claro.

Ahora hay un plan. Hay una teoría. Hay ALGO que puede explicar todo lo que está pasando y, aunque la verdad resulte inquietante, es mucho mejor que la nada. Al menos, para alguien como él. Alguien que ha pasado la mayor parte de su vida conociendo sólo verdades a medias.

Pip vuelve con un pequeño trozo de pergamino en el que sólo pone "Un trato es un trato" poco antes de que Harry decida que es hora de volver a casa. Ni siquiera está en el estudio, ya ha llegado al salón y está cogiendo un montón de polvos flu cuando oye pasos en el pasillo. Draco entra con el pergamino en alto y una media sonrisa en los labios.

- Señor Potter, me complace informarle de que tiene una entrevista con nada menos que Rita Skeeter mañana a las doce del mediodía, - arruga el trozo de pergamino y lo lanza hacia atrás. Harry supone que ha caído en el pasillo. - ¿Algo que decir al respecto?

Sonríe, lanza los polvos flu al fuego y se encoge de hombros.

- Que no me gustaría ser quien tiene que recoger tu casa.

Murmura su dirección y deja que las llamas verdes le envuelvan con el eco de la risotada de Draco viajando con él a través de las chimeneas.

xXx

El despacho de Rita Skeeter en la redacción de El Profeta es tal y como Harry espera que sea.

Las paredes están llenas de recortes de artículos de Skeeter y fotos en las que aparece con celebridades del mundo mágico. Cubre una risotada con una tos al ver una foto de Skeeter sonriendo junto a Celestina Warbeck, que saluda a Harry con entusiasmo en su marco. La Celestina de la foto le guiña un ojo al pasar.

Es una habitación con mucha luz pero que, sin embargo, le hace tener la sensación de que está atrapado. Hay extraños jarrones de colores que dañan la vista, exóticos objetos que Harry ni sabe ni quiere saber qué son, libros con títulos como "El camino al éxito" o "Claves del periodismo mágico contemporáneo". Hay demasiadas cosas en un espacio demasiado pequeño.

La mesa de Skeeter está arrinconada entre un montón de libretas bajo un amplio ventanal. La vuelapluma se mantiene suspendida sobre un montón de pergamino y los ojos de Rita Skeeter le escrutinan tras sus gafas. Harry se revuelve en la silla y los cojines hacen "puff". Skeeter sonríe.

- Señor Potter, es un honor tenerle aquí conmigo hoy. No es usted muy dado a la prensa… - dice ella, entrelazando los dedos sobre la mesa. La vuelapluma empieza a escribir. – Según he oído, ha dejado su trabajo en el Ministerio ¿es mi información correcta?

Harry se revuelve un poco más. Ella espera, pacientemente, con las cejas enarcadas y una sonrisa.

- Es correcta, sí. Ha tardado más de lo que creía en filtrarse, - responde, añadiendo una risa al final. Espera no sonar tan artificial como cree que suena. – Y antes de que preguntes…ser auror no es lo que quiero. Esa es la única razón.

Ella asiente y golpea las uñas contra la madera. Tucutún. Otra vez. Tucutún. Toma aire.

- También me han informado de que su último caso tuvo que ver con el mortífago Draco Malfoy y me preguntaba si es consciente de lo que le pasó a su padre en prisión.

Tiene que admitir, aunque le pese, que Skeeter sabe mantener el ritmo. Suspira y niega con la cabeza.

- Sí, mi último trabajo tuvo que ver con él. No, no estoy del todo seguro de lo que le pasó a Lucius Malfoy en prisión. Y, si me permites la corrección, Draco Malfoy es un ex-mortífago.

La ceja de Skeeter se enarca algo más y Harry sabe que ha dado un pequeño paso en falso. Pero es un error del que no tiene por qué arrepentirse. Antes de que ella pueda continuar, carraspea.

- Y esa es información confidencial que no puedo imaginar cómo ha llegado a tus manos, Rita.

La vuelapluma rasca el pergamino con brusquedad haciendo que un chirrido ocupe el silencio. Rita Skeeter se encoge de hombros y ríe con un tono que Harry juraría es indulgente.

- Señor Potter, un periodista no puede revelar sus fuentes. Pero tiene que entender que la información no puede esconderse debajo de una alfombra y esperar que nadie la encuentre. ¿Por qué tanto interés en ocultar el caso del señor Malfoy?

- Porque su seguridad estaba en juego, - responde Harry con rapidez sin permitirse pensar. – Es un ser humano, Rita. Un ser humano que ha cometido errores.

Otro paso en falso. La ceja se enarca un poco más.

- Esto se lo pregunto por el interés del lector de nuestra publicación. Le confieso, entre usted y yo, que no podría importarme menos, - Skeeter suspira con teatralidad, mira a un lado y luego vuelve a clavar la mirada en él. Harry se siente durante unos segundos como una de esas mariposas clavadas en tablones. - ¿Tras su ruptura con la señorita Ginevra Weasley ha tenido o tiene alguna otra relación amorosa?

- No, - Skeeter asiente con la expresión de alguien que acaba de quitarse un bicho especialmente asqueroso de encima. La vuelapluma también parece haberse alegrado de haber sorteado esa pregunta. – Y no voy a responder a ninguna otra pregunta de ese tipo.

La sonrisa de Skeeter esconde un filo peligroso tras su cordialidad al que Harry ha aprendido a no temer desde que empezó a tratar con la prensa. Sus uñas vuelven a golpear la madera, tucutún.

- Créame cuando le digo que tengo cosas mucho más interesantes que preguntar.

El intercambio de preguntas y respuestas no tiene nada de especial a partir de ese punto. Skeeter ha soltado la carga pesada al principio y ha roto el hielo con la sutilidad de un colacuerno húngaro en una tienda de calderos. Llega incluso a sentirse cómodo en algunos momentos aunque, inmediatamente, se recuerda que no puede bajar la guardia y que de su aplomo depende el éxito de su visita a Rita Skeeter.

- Por último ¿qué opinión tiene acerca de la sustitución de la asignatura Defensa Contra las Artes Oscuras en Hogwarts?

- Aunque era mi asignatura favorita en Hogwarts, - empieza, demasiado titubeante para su gusto. – Su nombre nunca terminó de gustarme. Supongo que un enfoque más positivo no hará ningún mal a los alumnos.

Rita asiente y se levanta y él hace lo mismo. Sigue a la mujer hacia la puerta del despacho y la mano de ella vacila sobre el pomo de la puerta.

- Sabe mucho más de lo que dice, señor Potter. Cualquiera podría darse cuenta. - dice, finalmente, mientras abre la puerta. Harry mira a la mujer apoyado contra el marco. Sonríe.

- ¿Te conviertes en escarabajo cuando vas a la oficina de McGee, Rita? – ella encaja el golpe con una sonrisa y un encogimiento de hombros. Está muy cerca y Harry puede oler su perfume afrutado.

- Como usted bien sabrá, los invitados de honor no necesitan transformarse en nada. No puede culparme a mí de la incompetencia de nuestro Ministro…

- Por supuesto que no, - coincide, con una risa. – Que tengas un buen día, Rita. Ha sido un placer.

Mientras se aleja, es la risa de Rita la que hace que se dé la vuelta y mire a la mujer por encima del hombro. Ella sonríe, cruza los brazos y alza la barbilla.

- El placer ha sido todo mío, señor Potter.

xXx

Ve, pues, hay otros mundos además de este.

xXx

Al día siguiente, Harry está en primera plana. Hermione le envía una lechuza a primera hora con El Profeta y una nota: Bien hecho, Harry :). En la portada hay una foto suya que no sabe de dónde han podido sacar, aunque no le extraña demasiado. Aparece andando con las manos en los bolsillos por Londres. Es una foto simple y no tiene nada en concreto en su contra. Podría ser peor.

Skeeter ha exagerado algunas cosas y ha quitado hierro a otras pero, en general, ha hecho un buen trabajo. No hay nada que pueda meterle en demasiados problemas y lo poco que es susceptible de crítica apenas le interesa.

Sorbe café mientras lee, en pijama y aún un poco dormido, sus propias palabras y las de Skeeter. Eso se mantiene, claro. Lo exagerado son las anotaciones.

Harry Potter, héroe mágico indiscutible, defiende al mortífago –exmortífago, tal y como él mismo apuntó- Draco Malfoy con vehemencia.

Bufa, pero después no puede evitar reírse un poco. Siempre ha sido El Niño que Vivió, El Elegido, el Indeseable Número Uno. Sin embargo, a veces, le gusta ser sólo un hombre. En ese momento, con la lengua ardiendo y el pelo revuelto, sólo es Harry leyendo el periódico y aguantando bostezos. Está bien.

Desde el salón llega un sonido fuerte que no reconoce. Salta de su silla y deja la taza de café casi vacía en el fregadero antes de dirigirse hacia el salón con la mano cerca del bolsillo de la varita. Draco está en el salón sacudiéndose la ceniza con expresión contrariada. Lleva bajo el brazo un ejemplar de El Profeta y, en la mano, un montón de folios y un trozo de pergamino. Se acerca a él con parsimonia, dándole tiempo de sacudirse todo lo que le apetezca, y cuando llega a su altura Draco ya le está mirando.

- Harry Potter ¿me concedería el honor de firmarme este ejemplar de El Profeta? – dice, con tono burlón, plantándole el periódico en la cara. – Lo has leído ¿verdad?

- Verdad, – responde, cogiendo el ejemplar de Draco y dejándolo sobre la mesa del salón. – Sorprendentemente fiel a la realidad.

Draco bufa y luego le tiende los folios. Se queda con el trozo de pergamino y, mientras le sigue con la mirada, Harry puede verle guardándolo en el bolsillo de los vaqueros.

- Huelo café. Hay café, - empieza a decir Draco desde la cocina. Sonríe y se sienta con los folios en el regazo para ponerse a leer. – Si lo has guardado te juro que te…oh, aquí está…

Se muerde el labio para no reírse mucho y muy alto y empieza a leer. Gretchen ha conseguido aprender a usar armas muggles. El fragmento que le ha dado sólo muestra cómo Gretchen aprende a hacerlo, cómo no consigue entender el concepto de munición limitada y cómo el miedo puede paralizarla con tanta eficacia como un Petrificus Totalus. Descubre, con fascinación, que los últimos fragmentos de Draco tienen una conexión entre sí muy concreta: El miedo y cómo funciona.

Le oye trastear con los chismes de la cocina y alza la cabeza. Hasta hace no demasiado, si alguien le hubiese dicho que Draco Malfoy tenía un conocimiento tan profundo sobre el miedo no le habría creído. Ahora, tiene la prueba reposando sobre su regazo.

Draco sale de la cocina con una taza entre los dedos. Sus miradas se cruzan y él se acerca y se sienta a su lado en el sofá. Aunque, en realidad, decir que se sienta es refinar las cosas demasiado. Más bien, se deja caer. Plof.

- ¿Y bien? – la taza le tapa los labios pero sus ojos reflejan esa suave ansiedad que siempre está ahí cuando pide su opinión. Como si le asustara lo que Harry le pudiese decir. Por absurda que sea la idea.

- Gretchen va a adoptar a Snot, - Draco abre la boca para replicar y él niega con la cabeza. – No, está bien. Dos supervivientes unidos, es lo justo.

Se encoge de hombros mientras Draco bebe. Luego, suspira y rebusca en el bolsillo de los vaqueros hasta que saca el pergamino.

- Ha llegado esta mañana. No creo que sepan lo que sabemos, - titubea, da un sorbo al café y continúa. – Y si saben algo, es muy poco.

En el pergamino sólo pone TRAIDOR escrito con la brillante tinta verde que Harry empieza a aborrecer.

- ¿Y has escrito esto de todas formas?

- Sí.

Algo se parte. Harry ha visto cómo trabaja Draco y cómo pone cada pequeña porción de sí mismo, su tiempo y su vida en su proyecto. Ha tenido que recordarle la necesidad de su cuerpo de nutrirse más de una vez y ha dado muchos viajes desde la cocina al estudio y desde el estudio a la cocina. Ha visto un par de crisis, una deserción y algún que otro desmayo por extenuación.

Y, aún así, saber que Draco ha dejado de lado la nota –sabiendo, además, el por qué y el qué se esconde tras ella- y ha seguido escribiendo; rebuscando entre sus datos y despierto desde mucho antes de que salga el sol, como siempre, es lo que hace que no pueda dejarlo pasar durante más tiempo.

Draco lleva las mangas del jersey verde pálido remangadas hasta los codos y Harry siente una suave presión en el pecho cuando sus ojos caen sobre la marca oscura en su brazo. La respiración se le atasca en la garganta cuando alza una mano y traza la forma con un dedo. La piel que toca es suave y cuando alza la mirada la de Draco está fija en su brazo.

Nadie dice nada y es mucho mejor así. Draco huele muy bien, mucho mejor cuando hay café mezclándose con su olor a menta, limón y biblioteca y está tan cerca. Está perdiendo el control, por completo, y en ese momento Draco alza la mirada y el contacto visual le corta el aliento. Los ojos grises están muy abiertos y Harry no se ve capaz de reconocer nada en su mirada.

Por Merlín, qué estoy haciendo.

Entonces los dedos de Draco se deslizan sobre su mano, despacio. Harry ha soñado con él, ha pensado en cosas que han hecho que su libido llegue a la estratosfera, pero hay algo perturbadoramente erótico en la manera en que esos dedos trazan círculos sobre el dorso de su mano de forma casi inconsciente y no sabe exactamente cómo pasa ni qué pasa pero Draco está sonriéndole y es tan sencillo como inclinarse y dejar que sus labios se rocen.

Suspira, aliento con olor a café mezclándose con el suyo, y los dedos que antes se movían despacio sobre su mano se cierran en torno a su muñeca. Sus labios chocan.

Cierra los ojos, abrumado, y presiona algo más. Alguien gruñe y una lengua choca con la suya. El beso es suave, pero hay muchas emociones en juego. Tantas que Harry se siente un poco más abrumado de lo que ya estaba.

Los dedos de Draco se le clavan en la muñeca, uñas enterrándose en la carne dejándole sin aliento, y sus propios dedos se enredan entre el pelo rubio y presionan para profundizar el beso aún más. Algo cae y se rompe pero eso ha pasado muy, muy lejos.

En su sofá, con una taza de café rota a sus pies, Harry besa a Draco con algo que raya la desesperación. No había pensado que eso fuese posible y estar haciéndolo le hace preguntarse cómo es capaz de latir su corazón tan rápido y cómo puede excitarle tanto un beso descuidado.

Un escalofrío le recorre la espalda cuando Draco gruñe desde el fondo de su garganta y cierra los dedos sobre su nuca, rascando la piel. Él mismo se oye gruñir y es feral, es instintivo y el beso es cada vez más desesperado y fuerte.

Despacio, se separan. Draco sigue apretando su muñeca con fuerza y él sigue con los dedos enterrados en su pelo.

Los labios de Draco brillan con la saliva y sus pupilas están dilatadas. Mira a Harry con los ojos muy abiertos y respiración pesada. Harry se oye a sí mismo jadear y, en un momentáneo ataque de pánico, se pregunta si su erección tiene algo que ver con el hecho de que Draco esté retirando la mano de su muñeca.

Intenta decir algo, pero su garganta se niega a funcionar en ese primer intento. Carraspea.

- Draco, no sé… - empieza, indeciso y asustado a la par que con una sensación de irrealidad que hace que todo se desdibuje un poco en los bordes, y Draco no le deja continuar. El segundo beso es muy corto, apenas un toque de labios contra labios, y aún así sirve para eliminar el pánico de su sistema.

- Hablaremos luego. Tengo que irme. Un editor ha leído un borrador y quiere verme, - Harry se siente estúpidamente orgulloso de que Draco no suene ni compuesto ni con el aliento del todo recuperado. – Pero…hablaremos. Luego.

Draco se levanta del sofá mientras se disculpa atropelladamente por haber roto la taza. Harry le coge del brazo y tira de él hacia abajo, haciendo que pierda un poco el equilibrio y robándole otro beso fugaz pero que cuenta tanto como los demás. Draco pone mala cara pero luego, cuando se está volviendo a levantar, sonríe.

- Luego, - repite Harry, observando cómo lanza polvos flu en su chimenea. Draco le mira por encima del hombro y asiente. Ni siquiera se da cuenta de que una sonrisa se está dibujando en su rostro mientras imita el gesto de cabeza y suspira. – Luego.

Luego.

Es mucho mejor que "hablaremos…tal vez", "no quiero volver a verte" o "no". Mucho mejor que nada en absoluto. Mucho mejor que "adiós". Y es mucho mejor aún ver a Draco vacilar antes de escupir la dirección y entrar en las llamas.