Projections- Capítulo 9 - Tyelperin.

Disclaimer: Tengo unos chicles de canela que pican y un montón de espuma para el pelo, también algo que se parece vagamente a lo que podría haber o no haber sido un peluche de un pollito. Sin embargo, no soy la dueña del Potterverso, que pertenece a J.K Rowling. Tampoco me pertenece la cortísima pero enorme en espíritu frase de Buenos Presagios, eso es todo culpa de Neil Gaiman y Terry Pratchett. Estoy en proceso de comprar Las Crónicas de la Torre Oscura de Stephen King, algo es algo.

NdA – Es corto. Tuve que tomar una decisión: ¿Alargar este o cortar para el siguiente? Como aún queda otro capítulo y un epílogo, no puedo vaciar el cartucho aún.

Esta vez todo esto ha sido fruto de escuchar Daft Punk, Blind Guardian y Carry on my Wayward Son una y otra y otra vez. Eso y la canción sobre que Shia Labeouf es un caníbal. Sorprendentemente, eso ha conseguido que mi cerebro produjese algo lo suficientemente decente como para que no haya terminado escupiéndole a este capítulo.

A todos los que tras mi repentina desaparición siguen conmigo: Gracias. A los recién llegados: Hola, no tengo dinero ni tierras pero tengo dos tacos de post-it a estrenar.

Eso es todo por mi parte por hoy. Limpiaos los zapatos antes de entrar.

xXx

Harry no cree en la inefabilidad. De hecho, ni siquiera conocería la palabra "inefable" de no ser por dos factores determinantes en su vida. El primero es Hermione, que tal vez o tal vez no haya escrito Hogwarts: A History. El segundo es Draco, que con toda seguridad ha escrito…bueno, ha escrito.

Así que no puede hacer mucho más que parpadear con incredulidad cuando Draco le tira el último ejemplar del Profeta a la cabeza una semana después de la detención de McGee. En realidad, reflexiona mientras observa la portada y la portada le observa a él, decir "a la cabeza" es sobreestimar la puntería de Draco. O subestimarla, porque el Profeta ha caído limpiamente frente a él sobre la mesa de su salón.

En la portada, Draco parece sorprendido y mira a la cámara con cierto recelo que no se molesta en ocultar. De pie frente a él, Draco sonríe con toda la arrogancia que sólo veintitrés años siendo un Malfoy pueden otorgar. Se cruza de brazos y alza, lentamente, una ceja hasta que casi desaparece bajo el flequillo rubio.

- Inefable – dice, arrastrando las sílabas más de lo que normalmente las arrastra, y eso es todo un logro - , te dije que era inefable.

Harry bufa y se revuelve el pelo mientras se inclina sobre la mesa para leer el artículo. El titular deja bastante clara la dirección que va a tomar el artículo completo y Harry se siente sonreír, permitiéndose incluso reflejar un poco de sorna en su sonrisa, al leer en letras enormes y mayúsculas

DRACO MALFOY CONTRA EL MINISTRO CORRUPTO

El Draco del Profeta le regala una sonrisa ladeada y un enarque de cejas. Harry ladea la cabeza mientras desdobla el periódico y ojea el artículo por encima. El Draco del salón bufa y se deja caer a su lado en el sillón de una forma que hace que parezca que todas sus articulaciones se han vuelto locas.

- Supongo que lo ha escrito Rita ¿no? – pasa la página sin leer. Ni rastro del artículo de portada. Vuelve al titular y en una esquina del texto en letra diminuta puede leer "continúa en página 10". Eso tiene más sentido - . Por lo de la inefabilidad.

- Supones bien – Draco se estira y Harry no disimula la larga, muy larga, mirada que dedica a su espalda curvándose debajo de la fina tela de la camisa blanca - . Y, además, me ha consultado antes de publicarlo. No es que eso fuese a importarle, claro, pero…

Se encoge de hombros y Harry asiente. Rita pidiendo opinión sobre lo que ha escrito antes de publicarlo es algo tan raro que no hay palabras para continuar la frase. Simplemente, se niegan a colaborar porque la situación es tan imposible que no tienen nada preparado.

Vuelve a mirar el periódico. El Draco de la foto sigue sonriéndole y le saluda con la mano. Mira de reojo al Draco real, con los brazos cruzados tras la cabeza y mirando el techo con aire aburrido, y luego otra vez al de la foto. Parece más joven de lo que parecía en la primera foto suya que vio en el Profeta, ese pequeño cuadrado con un hombre frío dentro. En la foto nueva, aunque antes de cobrar vida propia y decidir hacer lo que le viniese en gana diese la impresión de estar perdido y aturdido, parece…feliz. No es como si fuese un hombre distinto al de la otra foto, es como si ese mismo hombre hubiese decidido mandar al resto del mundo a la mierda y enseñarle el dedo al palo que intentaron meterle por el culo.

El artículo parece largo. Es largo. Pero basta con unos cuantos párrafos para ver que Rita, por sorprendente que le parezca – y hasta cierto punto sospechoso – ha respetado la historia.

El honor vuelve a la familia Malfoy de la mano de su miembro más joven, de sólo veintitrés años de edad, Draco. Antiguo redactor de El Profeta, se vio envuelto en una trama de intrigas y corrupción que desmontó junto al ex-auror Harry Potter, la medibruja Hermione Granger y el Jefe del Departamento de Aurores Ronald Weasley.

Yo misma, orgullosa periodista de la publicación, me vi metida de lleno al recibir una lechuza de Narcissa Malfoy. La muerte de Lucius Malfoy a manos de otros presos de Azkaban llevó a la familia Malfoy a un estado de miseria aún mayor que el que dejó la guerra. Preocupada por su hijo, Narcissa contactó conmigo con una sola petición: Restaurar el honor del joven Malfoy.

A situaciones desesperadas, medidas desesperadas. Narcissa Malfoy tomó la decisión de enviar anónimos a su propio hijo cuando éste abandonó El Profeta en pos de reorientar su carrera profesional. Con la ayuda de Jason Harvinn, compañero de Harry Potter en el cuerpo de aurores en el momento de los hechos, empezó su campaña en pos de recuperar el honor de su apellido.

Sin embargo, poco sabía Narcissa Malfoy de lo que estaba por llegar. No puedo, queridos lectores, ser objetiva con respecto a la traición del antiguo Ministro Terrance McGee tras mi inocente confesión de que Narcissa Malfoy se había embarcado en un negocio con el señor Harvinn.

Tras recibir la noticia del retorno de su hijo a Londres y su recién nacida amistad con el
ex -auror Harry Potter, Narcissa Malfoy decidió cortar la misión. Su intención, muy lejos de intimidar a su hijo, era conseguir una publicación en este periódico referente al acoso recibido por el joven Malfoy y su calma al afrontarlo. Sin embargo, Terrance McGee se tomó la justicia por su mano y extorsionó al auror Harvinn para continuar con las amenazas hasta conseguir que Draco Malfoy abandonase el país.

¡Manténganse atentos, lectores! Pues el antiguo Ministro no sólo intimidó, extorsionó y chantajeó a Draco Malfoy si no a todos aquellos que alguna vez fuesen mortífagos y estuviesen fuera de Azkaban…y no siempre lo hizo de formas tan inocuas como una serie de mensajes en pergamino.

Continúa en página 10 -

Harry se queda mirando la portada durante un rato aunque haya terminado de leer esa parte del artículo. Hay un torbellino de emociones encontradas en su pecho y traga saliva debatiéndose entre la risa y el alivio…o ambos. Finalmente, mira a Draco y Draco le devuelve la mirada con una ceja enarcada.

-¿Su inocente confesión? – dice, una sonrisa dibujándose lentamente en sus labios – Al menos podemos estar seguros de que nadie ha raptado a Rita, gracias a Merlín por estas pequeñas cosas.

A su lado, Draco ríe y niega con la cabeza y Harry se une a sus risas sólo porque una risa sin ningún tipo de burla, sorna, acidez o cualquier otra implicación además de la simple diversión de Draco es algo así como un pequeño milagro.

Poco a poco, las risas empiezan a extinguirse y Harry suspira y se reclina en el sofá lanzando el periódico en la mesa. No tiene prisa por nada. No recuerda cuándo fue la última vez en su vida que no tenía nada que hacer excepto ser Harry o, al menos, intentarlo lo mejor que pueda. Por ahora, reflexiona mirando de reojo a Draco coger el Profeta y fruncirle el ceño al Draco de la portada, tiene todo lo que le apetece tener. Algo, además, que nunca creyó posible llegar a querer tener. Y cuando llegó a querer tenerlo, tampoco fue demasiado partidario de la idea de que lo tendría.

Y, sin embargo, ahí está.

Tienes que buscar trabajo, comenta la voz en su cabeza que suena un poco como Hermione y otro poco como Molly, un buen trabajo.

Bufa y se estira con languidez. Ese es el último hilo pendiente de atar en su vida, buscar un trabajo. Durante esa semana le ofrecieron el puesto de Ministro muchas veces. Cree que lo que ha hecho que dejen de hacerlo es el vociferador que Hermione envió al Ministerio. Ni sabe lo que dijo ni quiere saberlo, pero agradece a Herms que lo haya hecho. No tiene madera de Ministro, es decir…no tiene madera de figura pública. Por una vez, sólo quiere tranquilidad y anonimato.

Viéndolo todo en retrospectiva, no tiene nada por lo que quejarse. Su vida va bien, sin magos oscuros que derrotar ni profecías que cumplir ni expectativas inalcanzables. Bueno, tal vez la expectativa de ser una fuente eterna de café pero ninguna más que él tenga constancia…y eso ni siquiera le molesta.

Vuelve la vista hacia Draco, que sigue mirando su propia foto con el ceño fruncido y mordiéndose el labio, hasta que parpadea y alza la cabeza para devolverle la mirada. Sus ojos grises se iluminan al mirarle y se pregunta si alguien puede sufrir un colapso de felicidad. Es decir… ¿es posible? Si lo es, está muy, muy, cerca de uno.

- ¿Qué coño pasa con esa fotografía? – Draco frunce el ceño y lanza una mirada recelosa a la foto. El Draco de la foto se encoge de hombros.

- No me gusta que me saquen fotografías. Siempre son…

- ¿Arrogantes? ¿Altaneras? ¿Insoportables? – ofrece, sonriendo de oreja a oreja – ¿Demasiado presuntuosas?

- Exacto, y ni siquiera voy a preguntar dónde has aprendido esas palabras – responde Draco mientras lanza el periódico a la mesa y se tumba acomodándose muy deselegantemente, Harry no cree que haya otra forma de definirlo pese a que probablemente esa palabra se la haya inventado, con la cabeza en su regazo –. Son todo eso y además son…muy…limpias.

Harry enarca una ceja mientras deja que su mano aparte el pelo de Draco de su frente.

- Oh…oh, bueno…entonces intenta revolcarte un poco en barro antes de las sesiones, cielo – Draco gruñe, por qué exactamente…Harry apuesta por el "cielo" –. Desde luego es más simpática que tú…

Entierra un poco más los dedos en su pelo. El Profeta está al revés. Draco no parece tener en mente comentar nada al respecto más allá del gruñido y le taladra con la mirada antes de bufar y cerrar los ojos. Harry se hunde entre los cojines con un suspiro satisfecho y, por una vez, se olvida de todo y se deja llevar por el sueño.

No es normal que oiga voces. No es normal que nadie oiga voces, pero esa no es la cuestión. Harry intenta enfocar su atención y…se le escapa. Están lejos, muy lejos, y no puede oír nada claro. Gruñe y se revuelve y las voces se detienen. Algo empuja su pelo hacia atrás, algo cálido, y se va. Vuelve a gruñir y empieza a hacerse consciente de que está dormido. No, error. Estaba dormido.

- Malfoy… – entreabre los ojos y entre la suave neblina del sueño distingue un tono fuerte, anaranjado. Ron. Apenas puede reconocer siluetas y sólo puede ver a Ron. Sin embargo, la voz de Draco suena muy cerca.

- Me da igual que me creas o no, Weasley – la voz de Draco es firme pero, al final, titubea. Le oye coger aire y un par de pasos alejándose, luego acercándose –. Me importa.

Silencio. Harry cierra los ojos y lucha contra una sonrisa. Ron suspira y oye más pasos acercándose.

- Te creo. Supongo que… ¿qué otra opción tengo, joder? – los pasos se detienen – Él está bien. Es feliz y es culpa tuya.

La risotada de Draco es burlona, pero no cruel, e incluso Ron ríe un poco. Desde que detuvo a McGee Ron ha tenido muy poco tiempo libre. El suficiente para maldecir y despotricar y quejarse de todo el papeleo, de lo absurdo que es y de dónde pueden metérselo los burócratas. Ha aceptado a Draco de forma parcial durante ese tiempo. Hasta ese momento.

- No tengo que darte esa charla ¿no? La de lo que pasará si le pasa algo malo.

- Por Salazar, Weasley ¿eres su madre o qué? Granger ya me dio esa charla, con una vez tengo suficiente – hay una pausa tan larga que cree que no dirá nada más. Entonces, Draco toma
aire –. De todas formas, no tenéis que preocuparos por eso. ¿Está claro o tengo que reelaborarlo en versión Weasley?

Ron bufa. Parpadea justo a tiempo para verle cruzar el salón, supone que hacia el vestíbulo. La otra opción es un armario.

- A veces me pregunto qué cojones verá en ti.

Una puerta se abre mientras el peso de Draco hunde el sofá a su derecha. Un suspiro y la mano de Draco pasa sobre su frente.

- Yo también, Weasley.

La puerta se cierra con una extraña risa de Ron y el peso de Draco cae sobre su costado. Entre la vigilia y el sueño, decide que será mejor que Draco no sepa jamás lo que ha oído. Que crea que lleva todo ese tiempo dormido, que se aoville a su lado y, aunque sólo sea durante un momento, no se preocupe por nada ni por nadie.

xXx

Pero se conocían desde hacía miles de años. Se llevaban bien. Casi se comprendían el uno al otro.

xXx

Ha sido un día largo y poco fructífero. Se tira en uno de los sofás del salón de Draco con un dramático y miserable gemido de dolor. Al parecer, sólo tiene talento para una cosa: Ser Harry Potter. Es decir, tiene la suerte de poder ser un poco socialmente inepto, cabezón, más directo que un Avada Kedavra al corazón y más torpe de lo que cualquiera podría esperar del Niño que Vivió.

Ninguna de esas cosas puede conseguirle trabajo. Tal vez ser socialmente inepto podría asegurarle algún puesto en una tienda del Callejón Knockturn pero ese no es precisamente el sueño de su vida. ¿Cuál es el sueño de su vida? Ah, esa es la cuestión.

Bufa y se aprieta el puente de la nariz con los dedos sin molestarse en quitarse las gafas. Suspira miserablemente y se hunde un poco más en el sofá.

- Sigue adelante mi díscolo hijo, tendrás paz cuando hayas acabado. Pon tu hastiada cabeza a descansar, oh no llores más - recita Draco desde algún punto a su derecha y puede oír la sonrisa burlona en su voz. Bufa y se quita la mano de la cara. Draco está al lado del sillón y, en efecto, ahí está la sonrisa.

- Jaja. Por qué eres escritor y no la gran sensación de la comedia contemporánea es algo que no consigo entender.

Draco reflexiona un instante, luego se encoge de hombros la sonrisa vuelve y es aún más ancha y aún más burlona.

- No veo por qué no puedo ser ambas cosas si tú puedes ser una estrella del teatro.

Intenta no reírse. Lo intenta de verdad, se esfuerza en concentrarse en impedir que la risa brote…y no funciona. Se está riendo tanto que empieza a dolerle el estómago y tiene que respirar hondo para calmarse después de que el ataque termine. Draco está mirándole con una expresión demasiado pagada de sí mismo pero qué narices, después de darle color a un día gris puede hacer lo que quiera.

Se levanta y cuando pasa al lado de Draco en dirección a la cocina le revuelve el pelo, que ya de por sí es un pequeño desastre rubio, con la mano. Draco se encoge y gruñe y le taladra con la mirada mientras se pasa las manos por el pelo.

- ¿Por qué no estás escribiendo? – pregunta, mientras llena la cafetera de agua, con genuina curiosidad. Cuando Draco le despertó la tarde anterior se despidió con un "No voy a salir de mi estudio en meses y no voy a comer ni a moverme porque tengo que escribir. Si no traes café regularmente, estás despedido". Fue…bastante tajante.

Draco se apoya con los brazos cruzados en la barra y suspira.

- Estaba haciéndolo hasta que un inferi se ha colado en mi salón suspirando y gimoteando.

El olor del café empieza a llenar la habitación y aunque Harry niegue con la cabeza y ponga los ojos en blanco la crisis ya ha pasado. Si no tiene ningún gran sueño, puede crear uno. ¿Quién se lo impide? Nadie. Nadie en absoluto.

Le tiende una taza de café a Draco y no se sorprende mucho cuando se la arranca de entre los dedos y olisquea el café con un gemido. Lo que sí pasa es que un escalofrío le recorre de la cabeza a los pies y algo cálido anida al fondo de su estómago. Se sirve una taza de café sólo para distraerse y no pensar en el estúpido y completamente inconsciente erotismo de Draco. Se quema la lengua al beber y eso parece ser suficiente, al menos de momento.

No es de ese tipo de personas que priorizan el sexo, reflexiona mientras sorbe café apoyado en la repisa de la cocina, no lo ha sido nunca. Sólo es un poco muy frustrante que todos los momentos en los que ha estado a punto de acostarse con Draco algo haya pasado. La noche de la detención de McGee, Hermione salió de su chimenea cuando él tenía la mano dentro de los vaqueros de Draco. Eso fue bastante incómodo, pero lo peor sin duda alguna fue la aparición completamente inesperada de Eleonor en su casa cuando estaban…bueno, no está demasiado seguro de qué estaban haciendo vestidos contra la pared pero Draco estaba a punto, muy cerca, de correrse sólo por la fricción y por encima de un gruñido que mandó su autocontrol a paseo Eleonor soltó un grito tan alto que le taladró los oídos. Ni siquiera un grito horrorizado o escandalizado, más bien un chillido de emoción. Eso fue muy perturbador, llegó a creer que su libido no se recuperaría jamás.

Al parecer, sí que lo ha hecho.

Draco está mirándole con una ceja enarcada y una extraña mueca.

- No sé en qué estás pensando, no quiero saberlo, pero yo voy a irme a escribir y voy a llevarme el café conmigo – se estira sobre la barra y coge la cafetera por el mango –. Así que…no sé, ensaya para cuando estrenes Hamlet. En silencio.

- No puedo ensayar una obra de teatro en silencio – espeta, antes de poder detenerse, trazando el borde de la taza con el pulgar. Draco se encoge de hombros con una sonrisa enigmática.

- Quién sabe lo que una gran promesa del teatro puede conseguir.

Draco se va y Harry le observa desaparecer en el pasillo con la cafetera en una mano y la taza en la otra. Se bebe el café que queda de un trago y deja la taza en el fregadero. Mira a su alrededor en busca de algo que hacer además de meterse en el estudio y revolotear alrededor de Draco o robarle libros. No es uno de esos días, es uno de los de quedarse fuera del estudio y esperar hasta que le dé en la cabeza con un taco de folios y espere a que termine de leerlos con los brazos cruzados y dando golpecitos con el pie en el suelo.

Encima de la mesa del salón hay un folio garabateado y un lápiz. Coge el folio y contiene una risotada al ver todos los comentarios de Draco sobre no sé qué problema con un pantano. Hay más cosas tachadas que escritas y, por detrás, el folio está en blanco. Cuando el tac-tac-tac se deja oír desde el pasillo, mira brevemente en su dirección y suspira. Bien. Así que tiene un folio y un lápiz. Bien. Puede hacer cosas con un folio y un lápiz. Cosas en silencio.

Cuando la punta del lápiz toca el lápiz, pierde la noción del tiempo. Ni siquiera él mismo sabe qué está haciendo. Se deja llevar y no se molesta en preguntarse cosas como qué hace o por qué y no es hasta que oye a Draco ahogar una exclamación muy cerca que se detiene y mira lo que ha hecho.

Ha dibujado a Gretchen. Frunce el ceño con el lápiz entre los dedos y Draco coge el folio.

- Olvida el teatro – Draco mira el folio con la boca entreabierta. No es para tanto, cree. Sólo es…una estupidez. Ni siquiera está seguro de saber del todo lo que ha hecho. Y, sin embargo, Draco parece a punto de abrazar al folio –. ¿Tienes idea de lo que acabas de hacer?

- A Gretchen, creo – responde, aunque parece más una pregunta que una afirmación. Draco le fulmina con la mirada antes de seguir mirando su dibujo.

No tiene ni idea de qué está pasando exactamente. No ha hecho nada fuera de lo normal, sólo…un dibujo. Draco sigue dando vueltas con él por el salón, hablando consigo mismo en un tono de voz tan bajo que no puede oírlo.

Finalmente, se detiene y le mira con una intensidad que le deja completamente fuera de juego unos segundos. Entonces, deja el taco de folios que hasta ese momento no ha visto encima de la mesa y se va con el dibujo de Gretchen a su estudio.

Hay veces en las que no entiende a Draco. Ha pasado más de un minuto mirando la puerta del pasillo con la boca entreabierta y no ha conseguido entender qué narices ha pasado. Sacude la cabeza y, cogiendo los folios de la mesa, aparca todo eso en algún oscuro rincón de su mente. Ya volverá, supone. Es su casa, al fin y al cabo, a no ser que de pronto decida no volver a salir de su estudio tiene que volver.

Suspira y se arrebuja en el sofá empezando a leer.

Tarda más de una hora en terminar. Draco sigue en su estudio y puede oírle teclear. Mira los folios, luego la puerta del pasillo, los folios otra vez. El tiempo pasa y empieza a removerse en el sofá con una mueca. Entontes, el tecleo se detiene y Draco empieza a hablar antes de estar en el salón.

- Vamos a hacer una cosa y no voy a aceptar un no por respuesta – Harry enarca las cejas y aleja la idea de que eso sea una insinuación. Carraspea mientras Draco se tira en el otro sofá y le pone los pies descalzos en el regazo sin siquiera pregunta –. Vas a ilustrar…eso – señala en la dirección general de la mesa, fallando por apenas dos tazas vacías en su intento de señalar el taco de folios –, quieras o no, tu opinión no podría importarme menos ahora mismo.

Entra en pánico. Todo su organismo sufre un colapso durante apenas unos segundos. Draco le golpea con el pie en el estómago y se da cuenta de que ha dejado de respirar, tomando una profunda bocanada de aire a la vez que frunce el ceño. Eso puede formar parte de labrar su propio sueño. Tiene talento en algo, al parecer – y en este caso tiene que confiar en la objetividad de Draco –, y eso es lo suficientemente bueno como para encender una luz de esperanza sobre la idea de tener un futuro productivo. Sin embargo, también es una idea que asusta y hace que sienta algo de inquietud.

- Tengo que pensarlo – Draco enarca una ceja –. Es…no lo sé, Draco. Es muy repentino y…¿lo has visto bien? ¿De verdad lo has visto?

Habría seguido hablando de no ser porque tiene el pie de Draco en la cara. Lo aparta balbuceando algo sobre higiene y fregar el suelo. Draco está sonriendo, casi parece que con cariño. Recupera su pie y cruza las piernas en el sofá apoyando los codos en las rodillas.

- No, no. Vas a ilustrarlo aunque sea sólo para mí. Quiero que lo hagas –. ese tono, definitivamente, no es del tipo que acepta un no por respuesta y se sorprende a sí mismo con una sonrisa que no es capaz de contener. Eso le pasa mucho, últimamente. – Tampoco eres tan bueno, que no se te suba a la cabeza. Pero tienes…potencial. Sí, esa es la palabra. Y crudeza. Y no esperes que te tire más flores este año.

- Mientras tú no te acostumbres a que obedezca todas tus órdenes – masculla, mirando de reojo el taco de folios para centrarse en Draco segundos después. Draco enarca las cejas y su sonrisa se convierte en una mueca socarrona. Harry bufa, aunque pese a todo no pueda evitar sentirse algo realizado y bastante halagado. Por…crudo que sea, al parecer –. No, no es demasiado tarde para eso. Ni siquiera he ensayado para el estreno de mi gran obra.

- Porque he sustituido mi orden original por otra. Y ahora vas a decirme qué te parece todo lo que has leído y luego vas a preparar más café porque el otro se ha enfriado.

Harry le dice qué le parece todo lo que ha leído y luego le prepara más café porque, al parecer, el otro se ha enfriado. Draco le regala un "Buen chico, Harry", un breve beso en los labios y una sonrisa brillante antes de desaparecer en su estudio.

Más tarde, cuando entra en el estudio y Draco sujeta sus muñecas por encima de su cabeza, Ron se aparece en medio de la sala y, pese a la frustración, Harry pasa riéndose mucho más tiempo del que debería del grito histérico de niña de Ron y de su ataque de tos.

xXx

- En cualquier caso lo que él sugiere no es un mal consejo – dijo Roland - . Os invito a considerarlo muy en serio. Si queréis regresar a vuestro mundo, yo os lo permitiré.

- Roland, no puedo creerte – contestó Eddie - . ¿Después de habernos llevado a rastras a mí y a Suze hasta aquí, gritando y pataleando? ¿Sabes lo que diría mi hermano de ti? Que eres más raro que un cerdo con patines.

- Hice lo que hice antes de aprender a conoceros como amigos – dijo Roland - . Antes de aprender a amaros tal como amaba a Alain y a Cuthbert. Y antes de verme obligado a…revivir ciertas escenas. El hecho de hacerlo ha… - Hizo una pausa y se miró los pies (se había vuelto a poner sus viejas botas) mientras reflexionaba con profunda concentración. Al final volvió a levantar la vista -. Una parte de mí llevaba muchos años sin moverse ni hablar. Yo la creía muerta. No lo está. He aprendido a amar de nuevo y soy consciente de que esta es probablemente mi última oportunidad de amar. Soy lento, Vannay y Cort lo sabían y mi padre también, pero no soy estúpido.

- Pues entonces no te comportes como si lo fueras – dijo Eddie -. Ni nos trates a nosotros como tales.