"Trece Cielos."
Por B.B. Asmodeus.
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Fandom: Star Wars, Jedi Apprentice & Clone Wars (en toda presentación).
Resumen: Después de la Guerras Clónicas y de destruir a Darth Sidious, los escasos Maestros sobrevivientes luchan por reconstruir el Consejo de los Jedis, renovando sus reglas y tradiciones. Resignado a su soledad, es entonces cuando Obi-Wan Kenobi encuentra su destino personificado en Luke Lars.
Categoría: PG-13 por ahora. Pre-Slash. Het. Realidad Alterna (extremadamente). Saltos en el tiempo, Romance, Acción/Aventura, Espionaje, Humor, Angst, Misterio.
Protagonistas/Parejas: Luke "Lars" Skywalker. Obi-Wan Kenobi. Qui-Gon Jinn. Padmé "Naberrie" Amidala. Leia "Organa" Skywalker. Han Solo. Eventual Obi-Wan/Qui-Gon. Eventual Luke/Han. Menciones de un pasado Padmé/Anakin. Implicaciones de Anakin/Xanatos.
Advertencias de este capitulo: Insinuaciones de Dub-Con (Sexo con consentimiento dudoso) entre Anakin/Xanatos. Además, juego con el siempre-presente flirteo entre Luke y Leia, aunque no más de lo que plasman en el canon. Aquí no saben que son hermanos.
(¡) Notas Importantes (¡):
i. Este fic es una reconstrucción de otro fic previo que tenía abandonado, "Kalimotxo." Ha sido modificado y moldeado con ideas nuevas, así como una trama rotundamente diferente.
ii. He hecho de las líneas del tiempo lo que se me ha dado la gana. Imaginen un universo alterno donde Anakin no fue "El Elegido," nacido una década anterior al tiempo establecido en "Episodio I." Obi-Wan y él son, más o menos, de la misma edad. También imaginen un universo alterno donde Obi-Wan no fue Padawan de Qui-Gon, y Anakin no fue Padawan de Obi-Wan. Imaginen que Luke (y Leia) nacieron justo en los inicios de las Guerras Clónicas, las cuales duraron diecisiete años. Este fic comienza, justamente, a tres años posteriores al final de la Guerra Clon, donde la Galaxia se encuentra en una transición de reconstrucción.
iii. He tomado prestado muchos elementos de la cultura Maya para la realización de este fic. El mismo título de este fic hace referencia a la concepción Maya que establece que existen 13 cielos, siendo la Tierra la última capa de éstos.
Disclaimer: Por último, Star Wars no me pertenece.
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No sé cómo salir de aquí.
No puedo alejarme de tu rostro.
-Ella Eyre.
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11.
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Tres años atrás.
Planeta: Coruscant.
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Llegó tarde a su cita con Organa.
No, precisamente, la mejor primera impresión que uno podía crear con su tutor.
A causa de la omnipresente preocupación por su maestro, Luke había tenido su concentración en otro plano, y cualquier noción de buscar por alguna holo-retrato de Organa, había sido olvidada. Cuando Luke se abrió camino hasta el lobby del área de los Archivos, auxiliado por su mapa y direcciones siendo ofrecidas por otros, ya no había nadie esperándolo.
"Diantres." Luke cacheteó la pared, buscando con su mirada agitada en todos los sentidos. Múltiples Jedis caminaban, absortos en sus tareas diarias. Ningún daba la impresión de estar en pausa, buscando por Luke en igual manera. Luke limitó el resto de sus maldiciones a su cabeza, dejando correr su frustración. Se apoyó en el barandal, de las escaleras que daban al segundo piso, respirando hondo. ¿Ahora qué? "Muy bien, Luke. Gran comienzo de tu día. Se nota tu gran capacidad de cuidarte solo."
"Hablarse a sí mismo en tercera persona no es una buena señal de cordura."
"Es bueno entonces, que no estaba pidiendo por un diagnóstico." Luke contra-atacó, en sincronía. "¿Me estoy perdiendo de algo en el manual de los Jedis? Espiar en conversaciones ajenas parece una costumbre muy usada, aquí en Coruscant. Aun sean conversaciones conmigo mismo."
Dos gruesas cejas caobas se colapsaron en desaprobación, para cuando Luke giró para conocerlas. Labios gruesos, rosáceos, también comunicaron un disgusto por la situación, el labio inferior saltando de su cavidad, en ligero puchero. Si la mujer no estuviera dando una predisposición tan negativa, Luke la consideraría bella. Porque, lo era. Su piel extremadamente blanca, era algo exótico para la apreciación de Luke, quien estaba acostumbrado al bronceado de los desiertos. Organa no era cualquier humanoide. Sus ojos almendrados eran enormes gemas, en las que uno merecía perderse.
Agradecido por tener la ventaja en altura sobre alguien—ya era hora—Luke decidió mostrar su madurez emocional, inclinándose ante la otra Jedi. "Siento mucho la tardanza. Nunca quise tenerla esperando por mí, Dama Organa. No se repetirá."
Las almendras se oscurecieron a carbones, analizando a Luke, de pies a cabeza. "No fue una espera en vano." De su cinturón, Organa extrajo una tarjeta de ID. "Mientras llegabas, me adelanté a tramitar tu pase a los Archivos. Tu Maestro ya había ingresado tus datos personales al sistema, así que sólo faltaba recogerla." Al tomar Luke, el objeto de sus dedos pálidos, Organa pausó un momento, mordiendo su labio en consideración. "Buenos modales, Padawan Lars. Debo decir que tienes potencial para enfocarte en Diplomacia. No das una vibra fingida. Esa es una característica clave."
"Gracias. Pero, la política no es lo mío." Luke se encogió de hombros. "Usaré mis recursos intrínsecos cuando sea necesario en mis misiones. Pero, más allá de eso, la manipulación no es uno de mis fuertes."
"Tienes tus conceptos incorrectamente hilados, aprendiz. Hay más en la diplomacia, que intrigas y juegos de poder." La voz femenina no dejó espacio para duda, cuando se trató de expresar la convicción de su tutora. El mentón de la joven se curveó hacia Luke, sin una pista de afectación. "Te recomiendo tomar algunas clases de la rama, para no parecer un completo cabeza-hueca ignorante, durante futuras asignaciones. Incluso tu Maestro, quien es famosamente conocido por su rechazo a la política, tuvo que utilizarla durante las Guerras Clónicas. Y lo hizo bien. No querrás dejarlo en ridículo frente al Alto Consejo, ¿o sí?"
Los fuegos artificiales del Festival de Invierno de Naboo no se compararon a las insólitas palabras de Organa. La compostura de Luke se desplomó en una sorpresiva risa. "Ya lo creo que no." Escupió, entre aguantes de carcajadas. "Por la reputación de Obi-Wan, haré algunos sacrificios, supongo."
Organa lo miró con rareza. Parecía ser que esa reacción no había sido la que había estado esperando. Mal por ella. Le pidió por su horario y Luke le prestó su datapad para que lo leyera, sin más. Luke observó entre vistazos, como las largas pestañas negras de Organa persiguieron las líneas electrónicas del aparato. La tutora tenía modelado su cabello castaño en dos aros laterales, tejidos en sedosas trenzas. Su porte era rígido, hombros rectos echados hacia atrás. Tenía una complexión física delgada, bien ejercitada. Era pequeña, pero su presencia complementaba su estatura con su imponencia. Vestía toda de blanco, hasta su túnica exterior y el cuero de sus botas. Los detalles metálicos de su cinturón, y de la gargantilla adornando su clavícula, resaltaban con mayor razón.
"Bueno. Todavía tenemos tiempo para llevarte a tu clase de Esgrima IV. Mientras tanto, podemos ir en busca de un guardarropa para ti."
"Ya lo hice." Luke corrigió, frunciendo su ceño.
Organa no ocultó su escepticismo, criticando su vestimenta oscura con una ceja levantada. Luke levantó la propia.
"¿Algún problema con mi uniforme?"
"¿No te parece algo… tétrico, usar tanto negro?"
"No lo sé, ¿no te ciega usar tanto blanco?"
Organa achicó sus ojos, recibiendo el empate con una calculadora sonrisa. "En este caso, prosigamos a que estrenes tu tarjeta ID. Necesitarás tomar prestados muchos chips para tus asignaciones."
"Después de ti." Luke aceptó el cambio de planes con un estiramiento de su brazo, esperando a que Organa se sumergiera a los Archivos primero.
Su más letal error, una vez en el lugar, fue dejarse distraer por la maravillosa arquitectura de la instalación, permitiéndole a Organa que perdiera la razón con sus elecciones de chips. Para cuando Luke se dio cuenta del tremendo paquete de lecturas que la mujer le había armado, ya era demasiado tarde para corregir la catástrofe. No era que a Luke no le agradara leer, pero, ¿26 volúmenes en Historia Universal: Una Cronología de las Batallas Hiperespaciales, para leerse en un límite de una semana?
"Tengo una vida, ¿sabes? Otras clases, y futuras asignaciones, una vez que mi Maestro regrese. ¡No tendré tiempo para tanto material!"
"Necesitas adelantar tanto como puedas. No eres como los Iniciados de la Vieja Orden, tienes mucha información de la cual tienes que ponerte al tanto, Padawan Lars." Organa le entregó su larga colección de chips con desdén, prosiguiendo a salir de los Archivos, sin voltear hacia atrás. Luke caminó apresuradamente, para alcanzarla.
"Será imposible realizar todo el estudio de un Iniciado normal en el lapso que tengo para convertirme en Caballero. No puedo hacerlo."
Con hielo en su postura, Organa siguió con su camino hacia las escaleras. "Puedes hacerlo, si te lo propones." Luke abrió su boca para aventarle más reclamaciones, pero la Dama Jedi se le adelantó, su voz flotando con la misma gracia de sus pasos. "¿Cómo crees que lo logré yo?"
Luke se detuvo en el filo de la planta alta, procesando lo dicho. Organa llegó a la segunda planta, pero pausó para girar a verlo, sus miradas conectándose, a pesar de la distancia.
"¿A qué edad fuiste reclutada?" Preguntó, más sumiso, tiempo después, cuando ambos se dirigían a los dojos de entrenamientos.
"No hace mucho tiempo. Pero las expectativas de ser tan eficaz como un Jedi de la Antigua Orden son pesadas, e inescapables, Padawan Lars." Organa replicó, su postura irradiando más soltura. "Bienvenido al mundo real: todos estos… Jedis legendarios, sobrevivientes, cambiados irremediablemente, nos están juzgando. Esperando por alguna equivocación de la nueva generación, para entonces asustarse de regreso a sus viejas tradiciones. No podemos permitirlo."
"Lo sé. Obi-Wan me explicó que parte de la ceguera del Viejo Consejo Jedi fue como las Guerras Clónicas se desarrollaron. Darth Sidious se aprovechó de aquellos puntos débiles en el Código Jedi."
"Yo también tuve, aproximadamente, tres años para completar mi entrenamiento. No pienses que no comprenderé tu inquietud."
Luke sonrió, viendo ahora muchas de las razones por las cuales Leia Organa se le había sido concedida. "Lo que pueda compartir de sus experiencias, Dama Organa, será un honor para mí, aprender."
Fue totalmente inesperada, la hermosa sonrisa que se dibujó en aquellos labios cerezas. "Tienes encanto natural, debo admitir." Organa tomó uno de sus brazos, sus grandes ojos tomando un tono de súplica. "Por favor, Lars, debes reconsiderar superar tu fobia. Podríamos usarte."
"No tendría la paciencia." Luke chilló suavemente. "Preferiría volar lejos de los Senados o reuniones diplomáticas, que actuar como parte de ellos."
Organa rio. Suspiró con falso dramatismo. "Bueno, no puedo decir que no lo intenté."
"Prometo ser competente cuando se requiera de diplomacia, al menos." Luke trató de consolar.
"Ya veremos." Fue lo que Organa dijo por última estancia. Otra vez sumergida en su papel de tutora, lo dejó en la entrada de los dojos, con instrucciones de anotar su nombre en la pizarra de entrenamiento y luego esperar a que alguien más se emparejara con él. El dojo de clases estaba ya ocupado por estudiantes, con edades variadas. "Maestro Jinn no debe tardar para comenzar la clase. Llegamos temprano."
Luke jaló con más propulsión de la necesaria, su tabardo, en el proceso de retirarlo. "¿Maestro Qui-Gon enseña esta clase?"
Organa contestó con aire distraído, leyendo los demás nombres anotados en la pizarra. "No usualmente, pero cuando tiene el tiempo para enseñar, lo aprovecha."
Aparte de averiguar que Obi-Wan había sido rechazado por el hombre, Luke adicionalmente había leído que Qui-Gon Jinn era considerado uno de los mejores espadachines Jedi, precedido por pocos. Era el único capaz de derrotar a Mace Windu en esgrima laser. "Woah." Tragó saliva con nerviosismo, continuando con el removimiento de su uniforme, hasta quedar solo en pantalones de entrenamiento y camiseta de tirantes. "Ahora entiendo, con más claridad, este asunto de las expectativas."
"¿Le tienes miedo?" Organa perdió más de su estoicismo, al inyectar plena burla en su provocación. "Haces bien. Deberías temerle."
"Leia Organa, esa no es manera de hacerme propaganda."
Luke respiró hondo. Hablando del Diablo… "Maestro Jinn." Se apresuró a inclinarse, mucho antes de siquiera de mirar a Jinn, directo a la cara.
"Padawan Lars. No encontramos, de nuevo." Qui-Gon se inclinó en comunión. "Fue una agradable sorpresa leer su nombre en mi clase."
Eso no parecía indicar que Jinn estuviera molesto por el incidente de ayer. Organa miraba con interés su intercambio, acomodando una mano sobre la curva de su cadera, inspeccionándolos. Luke le pestañeó un ojo, como pago justo a su anterior comentario.
Organa roló sus ojos.
"Tus ojos se quedarán pegados un día de estos, vieja aprendiz." Qui-Gon le regañó a la jovencita, su ceño frunciéndose. "¿Qué estás esperando? Vete a preparar."
Organa lució tan desconcertada como Luke. "¿Prepararme para qué, Maestro?"
"¿Oh? ¿Olvide mencionarlo? Serás la pareja de entrenamiento de Luke."
"¿Qué?"
"¿Ella?"
Un centímetro más, y la sonrisa partiría el rostro de Qui-Gon Jinn, en dos. "¿Acaso tartamudeé? Así es, Leia. Tú misma me contaste que deseabas afinar tus técnicas. Ahora es el momento."
"Sí, pero, yo esperaba—" Fue divertido ver como el frente de superioridad de Organa fue reducido a petulantes protestas. "—Yo esperaba entrenar con usted, Maestro."
"¿Qué podrías aprender de mí, a éstas alturas? Necesitas a alguien nuevo, y aún más importante, a alguien que también aprenda de ti. Ahora." Qui-Gon moldeó su expresión a un estado de rotunda seriedad. "Ve a prepararte, si estás interesada, Leia. No me explicaré más. Es tu decisión irte o quedarte."
Era incuestionable que a Organa no le gustaba ser ordenaba. Se leía en sus bufidos, en sus mejillas inflándose infantilmente, y en la electrizante amenaza dirigida a Luke. Sin embargo, probablemente porque era su ex-Maestro quien se lo pedía, Organa hizo exactamente lo indicado.
Eventualmente, la clase comenzó.
Fue un desastre.
Cada grado de sincronía ganado junto con su Maestro fue un acto torpe con Leia Organa. La transición que Luke tenía por el momento, de Forma III a Forma V, se notó al instante, y fue casi imposible implementarlo con la Forma IV de Organa. En su agresividad, Luke quemó un segmento de las trenzas de Leia, y en su especializada manipulación de la Fuerza, Leia impulsó a Luke con demasiada potencia, mandándolo volar contra la pared, en más de una ocasión.
Las demás parejas de la clase habían cesado con el entrenamiento, con el mero objetivo de observarlos. No era la clase de admiración que Luke hubiera deseado atraer.
"No están escuchándose el uno al otro." Fue lo único que Qui-Gon repitió, durante cada desenlace desastroso. "Ambos tienen ágil recepción con la Fuerza, pero la están usando en contra de ustedes mismos."
"Odio cuando los Maestros hablan en acertijos." Luke murmuró desde el piso.
"¿Sabes qué es lo que yo odio?" Leia le retó, conforme lo ayudó a levantarse con su mano ofrecida. "Cortarme mi cabello, después de haber esperado tanto tiempo a que creciera. Pero, ¿adivina qué? Tendré que hacerlo, para salvarme del riego de lucir como un Nexu recién despertado."
"Podrías usar una peluca." Luke le dijo, con toda la insolencia posible.
"Si pueden encontrar terreno en común respecto a sus quejas, pueden hacerlo en combate." Qui-Gon les gritó desde su punto de observación. Oh no, y no se encontraba solo. Mace Windu se había unido a los espectadores.
"¿Qué tal si ambos usamos la Forma VI y nos evitamos de más sorpresas?" Luke sugirió con desesperación. Leia asintió en acuerdo, mostrándose tan intimidada como él.
Cada quien tomó la posición estándar. Antes de comenzar, Luke cerró sus ojos. Inhaló profundo.
Blanqueó su mente de escenarios secundarios. Pensó en un círculo de luz. /Vamos, siempre me estás halando. Esta es tu oportunidad de oro, para hacerlo con toda tu dicha./ Luke no tenía la paciencia de Obi-Wan, por ello dudaba que algún día lograra romper las defensas del Soresu de su Maestro. Luke siempre sería agresivo en combate. Pero, aun así, Obi-Wan y Luke solían danzar en terreno medio durante sus prácticas. Si podía ser posible con ellos, con Leia también tenía que serlo. El círculo en su mente fue adoptado una coloración blanca durante sus meditaciones. Blanco puro, limpio, sensato—reflejando el espíritu de Organa, justo como Luke había anhelado. /Leia. ¿Me puedes escuchar?/
/… ¿Sí?/ Fue la respuesta repleta de asombro. /Te… escucho./
Luke abrió sus ojos. Leia lo miraba solemnemente desde su punto, ambas manos sosteniendo su espada. Luke le asintió, con una sonrisa. /Yo también./
Realizó el primer movimiento.
Atrajo a Leia con la Fuerza, utilizando la mano sobre su pecho como instrumento. Leia fue manipulada pero, antes de hacer contacto peligroso, se defendió con un tercer movimiento, bloqueando con su espada láser el ataque de Luke. Ambas lightsabers zumbaron en su inminente encuentro, pero la atmósfera entre ellas, cambió. Azul y verde comenzaron a interactuar con un nuevo ritmo. Algo de la agresividad de Luke todavía se destiló en sus ataques, y todavía los empujes de Leia no medían perfectamente su vigor, pero en esta ronda, nadie salió volando y ningún mechón de cabello fue exterminado.
Fue emocionante.
Cada bloque de Leia fue sutilmente previsto para los ojos de Luke. La Fuerza le abrió miles de posibilidades, pero no le dejaba perderse entre ellas. Siempre le susurró la posibilidad correcta, siempre lo guio justo a los choques eléctricos de la espada de Leia, ninguno de los dos cediendo ante el otro. Si Leia saltaba fuera del camino, Luke ya estaba girando en la otra dirección, encontrándola en plena caída, nunca dándole un respiro. Lentamente, la naturaleza de sus verdaderos estilos, fue apoderándose de sus técnicas. Paulatinamente, fue Leia la que no le dio respiro, atacándolo desde lo alto, mientras Luke se ocupó de bloquearla, adoptando defensas de la Forma de su Maestro.
Pero, todo duelo tenía que terminar.
Fue error de Luke. Puesto que experiencia, aún le faltaba. Su desliz fue mínimo, pero suficiente.
Un minuto estaba de pie, alzándose en inminente ataque, y el siguiente, Leia había volado fuera de su camino, apareciendo a sus espaldas con otro impulso de la Fuerza en su mano. Lo mandó al piso directamente, su lightsaber siendo retirada de su mano. El zumbido de la espada de Organa se materializó frente a su rostro.
"Me rindo." Luke sonrió, extasiado, no importándole tanto, el haber perdido. Leia compartía su agudo buen humor, el labial seco de sus labios, pero igual de carnosos y apetitosos como habían lucido en su primer encuentro. Estaba sudada, su peinado impecable completamente deshecho. Su pecho bajaba y subía con precipitación, un triángulo de escote asomándose de entre su túnica interior. Sin la gargantilla, Leia brillaba con más libertad, como si la cadena simbolizada por aquel adorno, hubiera expulsado a su verdadero prisionero.
De igual manera, los ojos de Organa trazaban un camino invisible entre las marcas de las costillas de Luke, que se transparentaban a través de su camiseta, sus pectorales recibiendo especial atención. La adrenalina se podía sentir en ambos paladares, picante.
Y sus mentes. Por la Fuerza, sus mentes.
Eran dos enchufes, alimentándose de energía mutua, transformándola en un nuevo código, solamente legible para ellos dos.
"Bien hecho."
Qui-Gon fue el balde de agua helada.
El cuerpo de Luke rodó a su costado, mientras que Leia volteó hacia la figura próxima del Maestro Jedi.
"La clase ha terminado. Retírense a duchar."
La orden directa fue algo desconcertante con su tenor cortante, absoluto. Luke buscó por alguna pista de lo que sucedía en Leia, pero la chica tenía toda su atención dirigida a su Maestro, algo de su cruda adoración escurriéndose por medio de su latente medio psíquico.
Cuando el agua fresca hizo impacto con su piel desnuda, Luke apagó se cerebro, concentrándose en la armonía alimentando su conexión con la Fuerza Viviente. Todavía podía percibir la corriente atada con la psique de Organa, pero no lo consideraba una molestia. Después de salirse de la ducha y vestirse, se dirigió a los comedores para desayunar, silbando felizmente.
Tomó asiento con su bandeja de comida frente a uno de los ventanales, absorbiendo energía de los rayos de la mañana. Por haber crecido en Tatooine, su organismo necesitaba calor solar un poco más de lo habitual.
"Mi pequeño girasol." Shmi había solido nombrarlo de niño, en las ocasiones que lo había encontrado en el patio, brazos estirados al cielo.
Luke masticó sin prisas, haciendo revisión de los recuerdos de su abuela. Era una mujer fuerte y Luke la extrañaba. También era misteriosa, una eterna conservadora de secretos. Eso, Luke no extrañaba tanto. La mujer poco había mencionado al padre de Luke, y mucho menos, algo sobre su madre.
"Era una estrella, tu padre. Nunca me perteneció, así que cuando el tiempo correcto llegó, lo dejé ir, de regreso al universo." Había sido lo más que Shmi había confesado en noches particulares, cuando la melancolía podía más que su cordura. Había solido mirar a Luke, entonces, acariciando sus cabellos arenosos. "No me fue tan mal, ¿no crees? Después de todo, a cambio me dieron un pequeño sol como tú."
Un astro que, con el tiempo, había tenido que dejar ir adicionalmente, de regreso al universo.
"Luces triste."
No necesitando levantar su mirada de su platillo, Luke se encogió de hombros. La sombra que se posó sobre pe le indicó que Leia había escogido tomar asiento frente a él. "¿Conociste a tu familia, antes de unirte a la Orden?"
El cabello suelto de Leia estaba húmedo, algo enredado, pero aun así, Luke estuvo tentado a tocarlo. "A mi familia adoptiva, sí."
"Oh." Luke no estaba sorprendido. Su intuición había sido correcta. "¿Recuerdas algo de tu madre… o padre biológico?"
"Creo que… conocí a mi madre. Creo que en algunas noches, puedo soñar detalles de ella."
Ninguno de los dos agregó algo más, durante un rato. Comieron en silencio, cada quien perdido en su cabeza.
Luke checó su datapad, abriendo la plataforma de mensajes. Con un brinco de su corazón, Luke encontró una actualización de su Maestro.
Padawan. Estamos entrando en la órbita de Kashyyyk. Nos preparamos para la infiltración. Espero que tus tutorías vayan bien. A estas alturas, supongo que ya estás enterado de la relación entre Leia Organa y Qui-Gon Jinn. Procede cuidadosamente, con ésos dos.
P.D. Solo hackeó mi datapad cuando creyó que no estaba observando. Hay que admirar su astucia. Me equivoqué antes, la impresión parece haberla hecho tú sobre él. Que interesante.
"Y ahora, estás sonrojándote."
"No es cierto." Luke cerró su datapad. Leia manifestó su incredulidad con una sonrisa diabólica. Lo acusaba con su tenedor en el aire. "¿Por qué me estás viendo? Mira a tu omelette."
"¿Carta de amor?"
Luke giró sus ojos. "Era un mensaje de mi Maestro, si tanto te mata la curiosidad."
"Y tenía algo más. No olvides, Luke." Leia apuntó hacia su sien. "Lo puedo sentir. De repente, todo subió de temperatura desde tu extremo."
Luke se dedicó a terminar con su desayuno. "Es nadie. Sólo un sujeto que conocí ayer en los hangares."
Pensar en los hangares avivó todos las demás memorias revueltas. Las manos de Solo sobando su espalda. La respiración del mercenario sobre su rostro, dinamita mezclada con gasolina. Luke gruñó. "Es estúpido. Muy estúpido de mi parte."
"¿Qué es?" Leia tomó una mano entre la suya. "Explícame."
"Este sujeto. Cometió una traición. Puede que vuelva a hacerlo. Toda la evidencia apunta a que lo hará. Pero, aún así. No sé cómo explicarlo. Una parte de mi tiene fe en él. Una parte de mí… sabe que Han no es el tipo malo que tanto aparenta ser."
Leia oprimió su mano, sus cejas juntándose, en un gesto nada bonito. "¿Han?"
Luke no estuvo seguro de proseguir. Retrocedió mentalmente, para que sus recuerdos no fueran saqueados. Los dedos de Leia se encajaron con el doble de ímpetu.
"¿Luke? ¿Dijiste Han?"
"No creo que el nombre importe—"
Leia rio con amargo son. "Ahora sí estoy segura de que hablas de Solo. Eso suena a algo recién salido de su apestosa boca."
"¿Lo conoces?"
"Oh, sí." Leia le afirmó, con hincapié. "Lo conozco."
Luke ya no tuvo apetito, leyendo claramente todas las implicaciones posibles que se lo podían atribuir a tal oración. Todo apuntaba a que Solo tenía un fetiche por Jedis, sin importar el molde. "Asumo que los asuntos entre ustedes no terminaron bien."
Leia suspiró. "Fue por el Maestro Jinn que Solo terminó involucrándose en asuntos de Jedis, en primer lugar. Durante mi entrenamiento, fue casi reglamentado tener que trabajar con el tipo. Sus habilidades como contrabandista son útiles, lo admito. Aún más, durante estos tiempos de guerra." La Dama juntó toda su melena de cabello en una sola cola, moviéndola hacia un costado, creando una cascada sobre su hombro. "Tuvo sus beneficios y desventajas."
-Uno se puede imaginar los beneficios. Luke colocó su mentón sobre sus manos entrelazadas, levantando corazas mentales entre su camino y Organa. "¿Trabaja para el Consejo, entonces?"
Leia hizo un sonido de rotunda negación. "¡Puff! Han Solo sólo trabaja para él mismo. Sólo le importa él mismo. Si en alguna ocasión su ayuda ha sido extendida a los Jedi, ha sido con un requerimiento de recompensa adjunta a ella." Sin embargo, después hubo una pausa. "Siempre ha sido honesto al respecto, al menos. Tengo que respetar que no es un mentiroso.
"Un contrabandista honesto." Luke sopló por su nariz. Se sintió ridículo, por la pequeña pieza de esperanza, creciendo en su interior.
Un hombro de Organa se elevó, altanero en su opinión. "Con Han Solo, lo que ves, es lo que hay."
"No estoy seguro de lo que vi. Ese es el problema." ¿Qué tan seria podía tomarse la promesa de Solo de regresar con su Maestro intacto? Si Solo solía actuar primordialmente en su honestidad, eso podía explicar su repentina confesión de pecados pasados. ¿Había buscado alguna clase de absolución en Luke? Si era así, ¿por qué? ¿Por qué Luke?
"Mira, Luke." Organa recargó sus brazos sobre el comedor, acercándose al muchacho con un objetivo bien determinado. "Seré la primera en validar el encanto de Solo. Lo peor de todo, es que el tipo no está tan hueco de la cabeza. Uno no puede evitar sentir interés. Pero, no te recomiendo obsesionarte con él. Han y yo siempre tuvimos las cartas bien puestas sobre la mesa, y afortunadamente, compromiso nunca estuvo en los planes. Hoth es un planeta extremadamente frio, y de alguna manera necesitábamos crear calor, mientras esperábamos por rescate. Fin." Luke se ahogó con su jugo, al escuchar tan desabrida explicación del vínculo. "Si a partir de ahí, se propiciaron otras continuaciones, ambos lo aprovechamos como los buenos ratos que fueron. Sin expectativas." Sus carbones ardientes danzaron de un extremo a otro, evitando los luceros claros de su compañía.
Retorciéndose en su asiento, Luke se arrepintió de haber abierto el tema, en primer lugar. La boca de su estómago comenzó a arder. "No te esfuerces tanto en justificar tu relación con él—No quiero nada con Solo." Suspirando, Luke dejó caer sus manos en la mesa. "No quiero nada con nadie. No tengo ningún tipo de interés en el hombre."
Las cejas de Organa dieron piruetas. "Repítelo tres veces más, a lo mejor así, tu deseo se vuelve realidad."
"¿Qué estás intentado lograr? ¿Espantarme o alentarme?" Luke robó el tenedor de su tutora, para servirse de un trozo de manzana del plato ajeno. "Todavía no me queda claro."
"No lo sé." Leia sonrió con culpa. "Eres un adulto, y yo no soy tu madre. Pero, me parece justo advertirte en lo que podrías meterte…"
"No me meteré a ninguna parte."
Leia lo observó detenidamente por un momento, asintiendo posteriormente. "Está bien. No debo entrometerme en esto. Toma lo que he dicho, con una pizca de sal. Tú debes armar tu propia percepción de Han. La Fuerza sabe, cuanto me cuesta ser objetiva cuando se trata de él."
-Eso no apunta a que lo suyo haya sido tan casual. Luke mordió el interior de su mejilla, guardándose el comentario para sí. No quería investigar a más profundidad el significado de los sentimientos de Organa. Con todas estas selectas pistas, tenía suficiente. "Cambiando de tema, ¿qué crees que el Maestro Jinn pensó de nuestro duelo?"
"No pude hacerme un idea sobre su opinión. Cuando Jinn quiere ser indescifrable, no hay manera de saber lo que está pensando. Después de que te fuiste, el Maestro Windu y él no paraban de intercambiar miradas disimuladas. No dudo que hayan estado hablando mentalmente, a nuestras cuestas."
"Pero… ¿hicimos un buen trabajo, cierto?"
"Supongo." Leia deliberó, retornando a su papel de imparcialidad. "Será mejor que nos vayamos levantando. Tengo que llevarte a tu próxima clase."
Para el beneficio de la paz interior de Luke, meditación era su siguiente lección. Luke se sumergió un estado de vacío emocional que tanto necesitaba. Mientras escuchaba las palabras de la Maestra, se olvidó de las preocupaciones sobre Obi-Wan, de la tentación que la tez blancuzca de Organa representaba, de sus ganas de robar un Starfighter para iniciar curso ha Kashyyyk él mismo. Lo olvidó todo. Se perdió en la manta de energía pura que la Fuerza cubrió sobre la clase entera, prestándoles algo de su serenidad.
Dentro de su mapa cognitivo, Luke inspeccionó cuidadosamente el nuevo ligamento en su repertorio. Un hilo frágil, a un lado de la cuerda que lo conectaba a Obi-Wan. Era el hilo que lo interceptaba a la psique de Organa. Abstractamente, Luke estaba al tanto que debería ir con los sanadores a que lo deshicieran, puesto que no había razón para que una conexión se formara entre los dos. Luke era un Padawan, Leia una Dama Jedi. Ni siquiera poseían el mismo rango. Aunque no iba en contra del nuevo reglamento, tampoco era alentando. Entre más lazos mentales estuvieran alojándose en tu interior, más vulnerable te convertías. Más comprometida se tornaba tu concentración con la Fuerza.
Luke dejó el hilo intacto. Lo escondió, casi pegándolo al lazo de su Maestro, bien protegida de ojos ajenos.
Cuando fuera el tiempo adecuado, Luke lo discutiría con Obi-Wan.
Con mejor ánimo, fue como Luke concluyó el curso, saliendo del salón con un superior manejo de sus emociones. Cuando divisó la silueta de Organa llegando a su cercanía, el velo de atracción entre los dos adoptó otra dimensión, más domada. Durante el tiempo libre que había tenido en sus manos, Organa había cortado su cabello como lo había prometido, y más juventud se dejó apreciar debido al cambio de apariencia. Mucha de su sobriedad se perdió, dejando más dinamismo alrededor del rostro de la mujer.
Lo más que se permitió Luke tocar con sus dedos, fueron las puntas de un mechón, midiendo la distancia precisa de sus hombros.
Prosiguieron hacia la siguiente clase, en silencio.
Tres días transcurrieron de igual manera, sin ninguna actualización de Obi-Wan.
Para el quinto día, Luke estaba en los hangares, inmóvil, pero con sus manos hechas puño.
Leia se apareció a sus espaldas. Tomó sus puños entre sus manos enguantadas y lo jaló fuera del lugar.
Durante la siguiente clase de esgrima, Luke fue emparejado con otra Dama Jedi, de piel oxidada y con una corona de protuberancias largas adornando su cabeza, su origen Togruta despertando una fascinación en el aprendiz. Era la primera persona Togruta que conocía.
Y fue la primera Togruta con la que luchó.
Dama Jedi Ahsoka Tano era agresiva. Verbalmente, físicamente, y en estilo de esgrima.
"No hagas muecas cuando embistas tu siguiente movimiento, Ricitos de Oro, arruinas el juego."
No feliz con el mote, Luke tomó en consideración el consejo. Al siguiente beso de sus lightsabers, Tano sonrió con aprobación.
"Escuchas. Eso es bueno."
"Y usted habla demasiado. No tan bueno."
Tano rio en pleno enfrentamiento. "El estilo de defensa del Soresu de Kenobi es uno de tus fuertes. Úsalo. No solamente te concentres en atacar."
A comparación con el duelo con Leia, Tano se comportó más como un instructor que un oponente. Practicaron diferentes manipulaciones de la Fuerza para saltar, para evadir enemigos, y para recuperar su espada. Los Togruta tenían una excelente percepción de su espacio, y aunque Luke no podía imitar ciertas habilidades, Tano le ayudó a adoptar unas cuantas, posibles a sus capacidades.
"¿Dónde te encontró, Obi-Wan, Muñeco? Estaba convencida que el hombre era mitad droide, de la cintura para abajo. Sin embargo, al parecer, todavía tiene buen ojo."
Obviamente, intentaba provocarlo, y en otra ocasión, tal vez Luke no hubiera estado tan susceptible. Pero, hoy, no era un buen día para intentar usar a Obi-Wan en su contra. "¿Celosa?"
"Bastante." Tano aseguró, en plena danza. "Muchos han tratado, pero no ganado, la oportunidad de atraer su atención. ¿Quién hubiera adivinado que niños preciosos eran su debilidad?"
"Obi-Wan es… una persona… decente." Dejando de lado la burla, Luke esquivó todos los ataques continuos de la Jedi, nunca perdiendo el ritmo, pero sí la paciencia. "Siempre me ha respetado. No sé qué clase de Maestro se le haya asignado, Dama Tano—"
"Alguien no tan aburrido como tú, niñito." Tano roló sus ojos, saltando fuera del alcance de Luke, cuando éste quiso contratacar. "Puedo sentir, desde aquí, tus ansías por huir de Coruscant, Padawan Lars. ¿Estás seguro que tus sentimientos por Kenobi no corren más allá de lo académico?"
Ahora fue el turno de Luke para entre-girar sus ojos. "Típico. Te importa una persona más que tu propio bienestar, y es increíble que tan rápido, las personas se van por otro rumbo. No trate de imponer en mí, sus propias experiencias."
"Mmmm." Con otro larga sonrisa, Tano comenzó a circular a Luke. "De acuerdo. Obi-Wan no es tu tipo. ¿Qué te gusta, entonces? ¿Calladitas y pasivas? ¿Rectas, como tu querido Maestro?"
Luke juraría, aquí y en Tatooine, que habló sin pensar. "Todo el contrario, entre más boconas, mejor." En toda honestidad, Luke no tenía experiencia para distinguir sus propios gustos. Nunca había tenido una novia, aunque unas cuantas doncellas en Naboo habían atrapado su mirada en ocasiones. Había tenido una cita con la hija de la cocinera, pero más que conocerse mutuamente, ambos habían aprovechado lo recodito de los closets de limpieza para conseguir alivio, meramente, sexual. "Algo rebeldes. Que les guste el peligro. Suaves en sus flirteos, pero más directas. Entre más claras sean en ir por lo que quieren, más abierto estaré a sus propuestas."
"A lo que escucho, alguien ya lo hizo morder el anzuelo, Padawan Lars."
Luke recordó la mano de Solo, eslabonándose a la suya, jalándolo hacia la muralla de su pecho—siendo directo, claro, y suave.
Por todos los Siths.
¿Por qué no podía sacar a este tipo de su cabeza?
Cuando terminaron sesión, Luke caminó aturdido hacia las bancas de descanso, limpiando sudor de su frente.
Parecía ser que sí tenía un tipo, después de todo.
"Espero no se lo haya tomado en serio, Padawan Lars."
Luke giró su rostro hacia Tano. "No, para nada. Sé que su propósito era distraerme." Se puso de pie, inclinándose frente a la Maestra. "Fue un honor practicar con usted."
"Oh, pero que lástima." Tano suspiró con melancolía. "Juro que si Obi-Wan no te hubiera marcado como su territorio primero, yo ya estaría frente al Consejo, pidiendo por el derecho de entrenarte."
Luke continuó frotando su rostro con la toalla, escondiendo parte de sus mejillas rosadas.
La expresión de la Dama se aflojó a algo más neutro, prudente. "Tu ansiedad se puede tantear por todo el Templo, Lars. Contrólala. Aun hoy en día, no es bien vista por el Consejo la formación de vínculos, tan estrechos, entre Maestro y Aprendiz. Nubla los juicios."
Luke arrojó la toalla al piso, la única forma en la que manifestó su descontento. "Lo sé. Sin embargo, no es fácil. Obi-Wan es lo más cercano que he tenido a un padre. ¿Cómo puedo seguir con mi día cotidiano, pretendiendo que todo estará bien? Pensé que las reglas habían cambiado, que ahora los Jedis teníamos permiso a admitir nuestras emociones."
La togruta suspiró, con un peso que solamente ella podía desmenuzar, respecto a significado. "No hay nada más sellado que un vínculo entre maestro/aprendiz, cierto. Sin embargo, una desventaja de este Nuevo Código es que ha borrado la claridad de los límites que se tienen que establecer dentro de la relación. ¿Sabes por qué fui asignada a practicar contigo en esta sesión?—Puedo imaginarme que no, que tonto de mí." Tano se regañó a sí misma, golpeando suavemente su propia montral. "Uno de mis pasatiempos favoritos, mientras combato, es encontrar debilidades psicológicas en mi oponente. En algún momento durante mi trayectoria como Jedi, lo he especializado." Ahsoka rejuntó la toalla, ofreciéndosela a Luke. Sus miradas se encontraron. "Tu aprecio por el Maestro Kenobi es un riesgo para ti. Conociéndolo, tú representas lo mismo para él. Es una cosa rara, que Kenobi se haya permitido tener un Padawan. Siempre ha sido un Jedi solitario."
"No puede ser el único. Yo no puedo ser el único. Todo aprendiz debe de sentirse de esta forma, cuando su Maestro está fuera de su alcance, posiblemente en peligro. No puede decirme, Maestra Tano, que los Jedi están tan desconectados de sus sentimientos."
Jedi Tano suspiró. "Eres demasiado sabiondo para tu propio beneficio. De acuerdo. Nos has descubierto." La mujer alzó sus manos en señal de vencimiento. "¡Sí! Los Jedis tienen corazones, bajo tanta túnica y caras largas."
"Siempre lo sospeché." Luke sonrió, algo distraído con la silueta de Organa a la distancia, todavía en duelo con el Maestro Jinn. Su deseo se había cumplido, después de todo. "No se preocupen, su secreto está a salvo conmigo."
"Y el tuyo conmigo, Lars."
Luke volteó hacia la Dama Jedi, confundido. "¿Qué? ¿…Mi secreto?" Rio embrollado, no comprendiendo el chiste. Bueno. Si es que, éste se había tratado de un chiste.
Una respuesta tangible se le fue negada. Después de haber parloteando tanto, Ahsoka Tano guardó silencio en el instante menos oportuno, contemplando a Luke con una hambrienta concentración. Luke tuvo la sensación de no ser realmente visto por propio mérito, la atención de Tano atravesándolo, como si el chico fuera un fantasma.
El datapad de Luke chilló, marcando la llegada de un nuevo mensaje. El universo del aprendiz se redujo a ese agudo sonido, apresurándose hasta el bulto de sus túnicas, dedos temblorosos buscando por el aparato.
Es oficial. Esta es la última vez que me revuelvo con esta manada de dementes Jedi. Está hecho, chiquillo. Kenobi desarmó al hombre hojalata. Yoda está a un paso de ser adoptado por Wookiees, y—oh, sí—por recordar que todavía tengo una consciencia, hice algo inadvertidamente heroico. Ahora, tengo a un gigante de pelos jurándome su lealtad para toda la eternidad. Bueno, al menos, sabe diferenciar entre una hidrallave y un vaporizador.
Kenobi está fuera de cuentas, así que Yoda me pidió que te actualizara en su representación. Nada serio, pero ya sabes, Ben ya está viejo para este tipo de aventuras-
-¡Ejem! Disculpa, Luke. Tuvimos éxito, como ya Solo lo ha planteado, tan elocuentemente. Espera a ser llamado al Consejo por el Maestro Windu, para recibir más detalles.
[+]+[+]+[+]
Actualidad.
[+]+[+]+[+]
Desde antes de que Luke llegara a su vida, Obi-Wan había tenido en posesión un cactus. Un pequeño cactus, regalo de agradecimiento durante una misión, que ni el mismo Obi-Wan recordaba ya, en específico.
Era pequeño. Y feo.
Obi-Wan lo adoraba.
Para cuando Luke se abrió camino fuera de su habitación, la horrible planta estaba siendo regada con dedicación. Obi-Wan hasta estaba silbando.
"¿Cómo te sientes?" El hombre cuestionó, sin doblar su cuerpo de su actual posición.
Luke caminó hasta el comedor, aplastándose sobre la silla con letargia. "Mejor."
"¿Tienes hambre?"
"Mm."
"¿Te apetece algo de té?"
"Mm."
"¿Cómo está el dolor de cabeza?"
"Mm."
"Excelente. Me avisas cuando requieras cualquiera de lo dictado."
Luke enroscó su rostro en el resguardo de sus brazos. Necesitaba una ducha. Pero, los silbidos de Obi-Wan eran demasiados armoniosos. Lo distraían. "Obi-Wan, ¿qué sucedió con el tratado de paz entre el Rey Agu'Lis y el Representante Kazis'Lis? ¿Fue firmado?"
"Correcto. Mace finalizó las negociaciones con éxito."
"Mm." Luke cerró sus ojos.
"No vayas a dormirte en el comedor, Luke. Tu cuerpo no te lo agradecerá."
"No… lo estoy haciendo. Sólo descanso… los párpados."
Cinco minutos después, estaba dormido.
Cuando volvió a despertar, descubrió que había sido movido al sofá de la sala. Estaba cubierto con una de sus propias mantas, que había heredado de Shmi. "No puedo—" Luke sobó su frente, desconcertado. "No puedo medir el tiempo—"
Obi-Wan levantó su mirada de su holovid, estirado sobre el otro sofá individual. El holovid no parecía estar emitiendo imagen. Solamente ruido de interferencia. "Tu cerebro está freído. Es normal que estés desorientado, Luke."
"Vaya primera misión." Luke se abrazó a sí mismo. Tenía frío. Qué raro. El apartamento de Obi-Wan nunca era frío. "Felicidades a mí."
"No seas tan duro. Hiciste lo que se te fue asignado. Convenciste a ambas partes a unirse de nuevo. Y en tu primera sesión, además. Nadie pudo prever los sucesos, que se presentaron posteriormente, a las negociaciones. Ni siquiera el más sabio de los Jedis."
Luke rio secamente. "Los sucesos posteriores. Qué manera tan objetiva de plantear este desastre."
Obi-Wan frunció su ceño. Apagó el holopad.
Luke se sentó sobre el sofá, evocando la angustia, la tristeza, la ira, la desolación— "Siempre supuse que no era un Lars."
Shmi había adoptado aquel apellido en honor a su esposo fallecido, quien la había liberado de la esclavitud de Watto, pero nunca había compartido su verdadero origen con su nieto. Ahora Luke comprendía el por qué. Shmi había querido evitar preguntas y atención no requerida. Ser madre de un Jedi los hubiera puesto en peligro, incluso en un planeta tan lejano de la República Galáctica, como Tatooine.
"Skywalker encaja contigo." Obi-Wan arrojó a la atmósfera, apoyando su sien en un puño, casual al punto de aparentar desinterés. "Puedes cambiarlo, si lo deseas."
"¿Cómo… siguió? ¿Está estable?" Luke cambió el ángulo de la conversación. Obi-Wan se lo permitió.
"Todavía está hospedado en el Área Médica, y dudo mucho que se le sea posible dejarla en un largo tiempo. Está peligrosamente desnutrido, y está luchando contra una terrible infección." Sutilmente, Obi-Wan rascó un mechón de cabello. ¿Siempre había tenido tantas canas? Luke no había contado tantas, desde la última vez que se habían visto. "Su cerebro está tan freído como el tuyo, naturalmente."
"Quiero verlo. Y al mismo tiempo… Quiero correr en la dirección opuesta. ¿Qué tan incoherente es eso?"
"No es incoherente, Luke. Es instinto de supervivencia." El hombre le sonrió. "¿Todavía lo sientes en tu consciencia? ¿Todavía tienen una conexión?"
"Apenas puedo sentir la mitad de mi cabeza, Obi-Wan." Luke estiró los dedos de sus pies, experimentando. "¿Estoy, acaso… drogado?"
"Algo." Obi-Wan afirmó con una enorme sonrisa a labio abierto. "Para ayudar con el dolor."
Pero había algo más, influyendo el estado surreal que los rodeaba. Estar en la compañía de Obi-Wan, en ese preciso momento, se percibía como vivir dentro de un capullo. Luke miró hacia las ventanas, y contó dos soles en el cielo de Coruscant. No era correcto. Luke clavó su atención en su ex-Maestro. "¿Estás protegiéndome, Obi-Wan?"
La sonrisa se desvaneció. Tardó en responder, pero cuando lo hizo, fue con énfasis. "Siempre."
"Esto… no es real, ¿cierto?" Porque Luke se había mudado del apartamento de Kenobi antes de despegar hacia Oxlahun. Podía recordar ese detalle. Y ese horrible cactus había sido "accidentalmente" quemado por Luke, durante su intento de hornear un pastel de cumpleaños para Leia. Obi-Wan no le había dirigido la palabra por dos semanas.
"Este asilo es tan real, como tú y yo, lo manifestemos." Obi-Wan apuntó hacia sus alrededores con sus elegantes dedos. "Un asilo de tu mente, cargado por nuestra energía combinada."
"Este escenario es la representación… de lo que considero un lugar seguro." El efecto anestésico se estaba ablandando, y más lucidez, se filtraba por la percepción de Luke. "¿Qué tan mala es la situación, allá fuera?"
"Estás teniendo… episodios negativos. No muy prolongados, y cada vez menos frecuentes. Pero, te están lastimando. Este escape…" Con sus ojos templados, Obi-Wan marcó una trayectoria hacia la proyección hogareña. "… está impidiendo que te lastime, más allá de lo que puedes resistir."
"La infección." Luke lo supo, tan seguro como la existencia del amanecer. "La infección está empeorando su sentido de la realidad. Por ello, Anakin no puede controlarse. Su psique está empeñada a la mía." Me necesita—fue lo que no dijo. Pero, ambos lo sintieron.
"La salud de Skywalker no es, enteramente, tu responsabilidad, Luke. Está siendo auxiliado por sus propios aliados. No está solo, en esta batalla interna."
Luke gimió, recordando los traumáticos eventos que habían marcado la vida de Skywalker. "Pero, está sumergido en la Oscuridad, no puede encontrar una salida, Obi-Wan."
"Entonces…" Su Maestro se levantó, caminó hacia él, y se hincó, pasivamente, ante Luke, dando un rotundo giro de 360 grados a sus roles usuales. "…muéstrale la salida. Dices que se aferra a ti, Luke. Entonces, acéptalo, aférrate de vuelta. Y jálalo. Sácalo de la Oscuridad."
"¿Y si me hundo junto con él?"
Una mano de Obi-Wan se acomodó en su hombro. "Tú tampoco estás solo, en este duelo."
Luke dirigió sus ojos hacia las ventanas. No deberían existir. La sala de Obi-Wan no tenía ventanas, sino un balcón. Había una figura nueva, acompañándolos, sin embargo, por más contrario que fuera la imagen a la realidad. La figura miraba la ciudad, flotando con vida nocturna, más allá de su alcance. El blanco de su vestido se manchaba de colores, reflejando las emociones de Luke, fusionándose entre amarillos, púrpuras, verdes, azules— "Leia."
Una vez identificada, Luke logró distinguir que tan incrustada se encontraba la presencia de la joven en la composición de este escenario. El vínculo—aquél viejo vinculo, tejido entre los dos por accidente, olvidado ante las presiones de la vida diaria de un Jedi—estaba siendo re-utilizado, en todo su esplendor. "Te referías a Leia, cuando dijiste que habías recibido ayuda inesperada."
Leia era un monumento de porcelana frente a la ventana, una gárgola vigilante, nunca dando señal de estar escuchándolos. Estaba cuidando los límites, cuidando a Luke de amenazas.
/Déjala ayudarte. Toma prestada algo de su fortaleza, Luke./
Luke cerró sus ojos por un momento, a la distancia escuchando alaridos dolientes, pidiendo por absolución. Cuando levantó sus pestañas, Obi-Wan había desaparecido visualmente, pero Luke podía sentirlo como un tercer palpitar de su corazón, el segundo siendo perteneciente a Leia. Dejó caer la manta sobre el piso. Caminó hasta el recibidor. Se detuvo en el umbral de la entrada.
Los gritos se podían distinguir con más definición.
[Xanatos quemaba vivos a los infantes—Con las madres mirando la tortura—Anakin recordaba a su madre, culpa tragándoselo vivo. Shmi nunca creería que su hijo fuera capaz de esto…
¿Esto significaba ser un Jedi? ¿Respirar destrucción y permitir que te intoxique por dentro?]
"No, padre." Luke le comandó a la puerta deslizarse, permitiéndole a la Oscuridad invadir su santuario. "Ser Jedi es no estar solo."
[Anakin no era un esclavo, era una persona. Era un Caballero. Era un piloto. Era una Sombra. Era un Fantasma. Encontrado entre un infierno de arena, y la oportunidad de ser más.
Mace Windu lo tomó como su aprendiz, para la sorpresa de todos. Anakin nunca había estado tan ilusionado—Aunque, su Maestro era duro. Era frío. Nada como Qui-Gon Jinn, quien lo había encontrado, compasión derramándose a montones de su sonrisa…
El frío quemaba. Xanatos quemaba, a todos y a todo. Había quemado a Qui-Gon con su abandono y rechazo. Había quemado a Anakin, justo en su pecho. Había marcado su piel con precisión y lamido la carne cicatrizada, después. Anakin odiaba admitirlo, pero lo había disfrutado—Disfrutaba acciones de Xanatos que bordaban en lo depravado—Era todo lo contrario a Padmé…]
Luke se sujetó de ése pensamiento. Se sujetó a Padmé.
[…Un ángel. Era un ángel. Flotando con su propio par de alas. Rebelde, sonriendo con la infantilidad que no se le había permitido durante su crecimiento. Anakin la había deseado, desde el primer instante que había posado sus ojos en ella, todavía un Padawan, fiel a su Maestro pero, también fiel a sus impulsos más básicos. Padmé Amidala había sido su asignación y su perdición, simultáneamente. Era dura, también. Áspera, como Maestro Windu, pero para esto, Anakin ya era un experto en suavizar erosiones. Rompió con sus defensas, rompió con las reglas, rompió con los códigos—Rompió a Padmé. Demasiado. Anakin destruía todo lo que amaba…
/No lo hiciste. Está entera./ Luke intentó mandar parte de sus recuerdos, compartiendo su visión de la doncella de Naboo que había conocido. /Todavía vive. La conozco. He hablado con ella./ Luke se había sentido conectada con la mujer durante todas sus interacciones casuales, y ahora al averiguar por qué, le dejaba sin aliento. ¿Por qué tantas mentiras? ¿Por qué Padmé no le había dicho la verdad? /Te llevaré con ella, padre. Lo prometo, pero por favor, sígueme. Sal de aquí./
[Todos mienten. Hasta Anakin. Especialmente, Anakin. Nunca se había imaginado que Padmé hubiera estado embarazada, cuando la dejó, todavía durmiendo en la cama de la cabaña. Pero lo había estado. Padmé era una política, después de todo. Manipulación, era su arma de elección.
—Tenía un hijo.
Anakin tenía un hijo.]
/Sí./ Luke casi sollozó con la marea de sentimientos que lo derribó. /Me tienes a mí, padre. No estás solo./
[Sabes a ella—Hueles a ella.]
Anakin lo había mencionado antes, en plena violación de sus mentes. Luke no podía hacer otra cosa, más que aceptarlo. Sabía a Padmé, olía a Padmé. ¿Cómo podía negarlo? Había vivido dentro de Padmé, de ella había salido.
/Ella también./ Fue el primer susurro que Skywalker le digirió, directamente. /Ella también huele a Padmé. Heredó sus máscaras, su cabello—Heredó sus carbones, nueces ardientes de noche, y almendras de día./
El shock de la segunda revelación, fue tan inmenso e impactante, que Luke…
[+]+[+]+[+]
…Despertó en la habitación médica. En la realidad.
Obi-Wan estaba sacudiendo su cabeza, tal como un gato espantado, perturbado por la reciente expulsión de la mente de Luke. "Bueno. Eso fue… poco cortés."
Leia Organa estaba despertado adicionalmente, su impecable posición de lotus siendo descompuesta, gradualmente. Su cabello era extenso, suelto, aún más largo de cuando la había conocido la primera vez. Luke tenía mucho tiempo sin verla personalmente. Había cambiado. Había madurado. Cuando sus ojos caoba parpadearon, Luke no pudo evitar compararlos con los de Amidala (nueces ardientes de noche, y almendras de día).
"Oh, por la Fuerza. ¿Es demasiado trabajo utilizar preservativos?" Obi-Wan gruñó, levantándose del piso con dificultad. "Ya estoy viejo para estos melodramas. Padmé nunca agregó mellizos al paquete—"
"Tiene sentido." La misma Leia declaró, sin una onza de escándalo en su voz. "Mi padre y la Senadora Amidala son grandes amigos. Claro que la familia Organa sería una buena opción, para esconder a su hija."
"¿Cómo puedes estar tan calmada?" Luke tiró de las sábanas, jadeando con el esfuerzo. "¡Coqueteamos… todo el tiempo!" Nunca podría ver a Organa a la cara de nuevo. Pensar que había recorrido cada centímetro del escote de su hermana con sus ojos fijos, cada vez que la oportunidad se había presentado.
"Créeme, no he olvidado esa parte." Leia remarcó, todavía aislada de sentimiento. "Sin embargo, siempre lo supe. Siempre sentí que algo nos unía, aunque no consideré que fuéramos hermanos. ¿Tú no?"
Luke terminó de asesinar la sabana con una patada. Respiro profundo, liberando su increíble frustración a la Fuerza. "Por supuesto que no. Nunca hubiera coqueteado con alguien con quien compartiera ADN. No soy un degenerado."
Obi-Wan escupió una carcajada incrédula.
"No te rías." Luke chilló, dejándose caer sobre la camilla. La frustración regresó. Tapó su rostro con la almohada. "¡No es gracioso, Obi-Wan!"
"Jóvenes hoy en día. Tut, tut." Obi-Wan siguió desplomándose en pequeñas risas. Luke reconoció el beep de un comlink siendo encendido. "Maestro Kenobi comunicándose a la Habitación 3445C. Pido por una actualización en el paciente."
Luke destapó su cara.
"Maestro Kenobi. Soy Sanadora Helling. Anakin Skywalker acaba de despertar. Están evaluándolo, pero todo indica que está lucido, por fin. Los Maestros Windu, y Jinn, se encuentran con él. ¿Cuál es la condición del Caballero Lars?"
"Similar. Con toda seguridad puedo reportar que Lars está fuera de peligro. Hizo contacto telepático con Skywalker y logró romper su bloqueo psíquico. Es la causa de su repentina recuperación."
"Ya veo. Lo reportaré a los Maestros."
"Bien. También avíseles que me daré una vuelta por allá, en unos momentos. Kenobi fuera."
Obi-Wan desactivó el comlink, con cejas elevadas en satisfacción. "Misión cumplida, engendros. Su querido progenitor está fuera de peligro."
Ahora sí, Leia se retorció, como si le hubieran picoteando entre las costillas. "Yo ya tengo un padre, y una madre. Que sean adoptivos no cambia nada." Ágilmente, la Dama se colocó sus botas, preparándose para marcharse. No contó con el brazo de Obi-Wan bloqueándole el camino.
"Lo que se ha descubierto en esta habitación, Dama Organa, permanece aquí. No tenemos permiso para divulgar ninguna pieza de esta información, hasta que tengamos todas las piezas de la historia completa. Incluso, ni siquiera entonces. El futuro de Skywalker como Caballero Jedi colgará de un fino hilo, en cuando salgan a la luz detalles sobre su relación con la Reina Amidala."
Leia suspiró, impaciente. "Sí, sí. Entiendo, Maestro Kenobi. No diré nada." Se asomó entre cortinas de cabellos castaños, por encima de su hombro, en la orientación de Luke. "Te visitaré después, para ver como sigues."
Y luego, se esfumó.
Luke no pudo evitar sentirse evadido. La sensación se derramó por el vínculo con Obi-Wan.
"No puedes esperar que se acople a todas estos acontecimientos en una sentada, Luke. Dale tiempo."
"¿Sabías que ella era mi hermana?"
"No." Obi-Wan fue conciso con su respuesta, congelado en pleno proceso de tomar su túnica del suelo. "Me puedes culpar de muchas cosas, Luke, pero no de ese pecado. Padmé nunca me informó de que tuvieras una hermana. Ni tampoco me reveló la identidad de tu padre."
"Pero, sabías que la Reina era mi madre. Lo has sabido… Todo este tiempo."
"Así es." Aquellos ojos verde-azules sonrientes, que podían manipular tan perfectamente como cualquier política angelical, lo enfrentaron con determinación. "Hice mi mejor esfuerzo por convencerla en decirte la verdad, pero Amidala nunca me escuchó. Debes comprender, Luke, que yo estoy atado a un código de honor, y a un contrato Real de silencio. Yo no podía confesarte, ni una sola palabra, sin cometer traición."
"Pero, ¿por qué?" Luke insistió, sus pies desnudos tocando el piso frio. "¿Por qué tanto secreto? ¿Por qué nos… regaló, así nada más?"
Obi-Wan se encogió de hombros. "Eran tiempos de Guerra. Los Jedis estaban siendo aniquilados. No podías confiar en nadie. Tu madre era Senadora cuando estaba embarazada, a lo que yo sé. Trabajaba muy de cerca con Palpatine—Darth Sidious, aunque nadie lo sabía todavía. Había sospechas de un Imperio acercándose sobre nosotros. Padmé fue una de las fundadoras de la Alianza de Rebeldes, ¿sabes? Tenía mucho que perder, si se descubría que tendría los hijos de un Jedi. Ustedes se convertirían en los perfectos blancos. Ya que la Guerra fue concluida, y que fue electa para Reina de Naboo, se sintió más segura. Más capaz de protegerte. Por ello, fue por ti y por tu abuela. Para tenerte cerca."
No teniendo otra alternativa más que aceptar los hechos planteados (por ahora), Luke asintió. "Anakin no tenía idea de nuestra existencia. Padmé nunca se lo dijo."
"O no alcanzó a hacérselo saber. ¿Quién puede tener certeza de cómo sucedieron las cosas? Solamente Skywalker y Amidala tienen todas las respuestas."
"Con razón entablamos un vínculo, tan fácilmente." Luke musitó en voz alta. "Fue algo natural, espontáneo."
"A mi diagnóstico, este vínculo entre ustedes dos siempre existió. Probablemente desde su concepción. Cuando Organa y tú se volvieron a encontrar, sencillamente se reactivó—¿Qué, exactamente, crees que estás haciendo?"
Luke paró, en su intento de vestirse con las túnicas normales. "Tú mismo lo dijiste, Obi-Wan. Estoy fuera de peligro."
"Estuviste en un coma, Luke." Obi-Wan se adueñó de sus pantalones y botas, para evitarle que terminara con su misión. "Hace unos días, tus músculos eran gelatina. No te vas a mover de aquí, hasta que seas examinado."
"¡Me siento bien!"
Obi-Wan comprobó que no era ningún santo. Operó la Fuerza para empujarlo contra la camilla. "Entonces, solamente tendrás que esperar por una confirmación de la Sanadora Helling para salir de aquí." /Paciencia. Todavía recuerdas tal prerrogativa de un Jedi, ¿no es así?/ Obi-Wan hizo todo un espectáculo de la simple acción de oler sus pantalones, torciendo su bigote cobrizo. "Además, necesitas unas túnicas limpias. ¿Qué tal si hacemos un trato?"
Luke ya estaba tres pasos adelante. "¿Me permitirás tomar una ducha por lo menos, mientras me recoges otro set?"
"Tienes quince minutos." Kenobi selló el trato, dejando las botas de Luke de regreso al piso, pero no sus ropas sucias. "Ni pienses en escabullirte, plantearé un guardia en tu puerta."
Luke asintió obedientemente, todavía acostado en la camilla. Obi-Wan lo analizó por unos segundos, y fue perturbadora, su pequeña sonrisa. "Te doy mi palabra, Maestro Kenobi." Luke insistió, meramente para apaciguar al hombre, y acelerar su salida.
"Si me pagaran, por cada vez que he escuchado eso." Fue con lo que Kenobi se despidió, la puerta eléctrica cerrándose tras de sí.
Luke saltó fuera de la camilla, únicamente pausando para remover la aguja del conducto intravenoso de su brazo. Se metió al baño integrado de la habitación médica, y escogió una limpieza sónica sobre una ducha, por cuestión de tiempo. Se vistió con unos pantalones y camisetas médicas pertenecientes al reciclador, y contando con diez minutos sobrantes, Luke se dirigió a la puerta de salida. Dudaba que Obi-Wan hubiera cumplido con su amenaza. Ningún Jedi podía ser utilizado como niñero personal…
Un monumento de pelaje bloqueó su camino.
"¿A dónde, con tanta prisa? ¿Tienes planes, chiquillo?"
Luke retrocedió, escupiendo cabellos ajenos. Parpadeó aturdido, su cuello estirándose hacia arriba, donde el rostro de un Wookiee le rugió con despecho.
Había tenido razón. Ningún Jedi estaba siendo reclutado para su vigilancia personal.
Por detrás del Wookiee, Han Solo asomó su cabeza. "¿Qué haces ahí parado, Chewie? ¡Déjame pasar, estas cosas están hirviendo!"
Luke retrocedió aún más, su cerebro atascado. Por debajo de su piel, miles de sensaciones afloraron, contradictorias y a la vez, siendo cómplices unas de otras. Emociones, que Luke había creído dadas por perdidas, jugaron con sus respuestas fisiológicas, despertando sudor en sus palmas, y el triple de dilatación de sus vasos sanguíneos. Han Solo. Han Solo, quien lo obligó a cancelar su plan de escape, auto invitándose a la habitación medica con dos vasos de líquido hirviente dentro de ellos.
El Wookiee chilló algo, que sonó a acusación. Solo lo calló de inmediato. "¿Cómo querías que te trajera a ti también? No tengo tres manos, y discúlpame, pero el enfermo lo necesita más que tú, bola de pelos." Su atención regresó a Luke, y su revisión se sintió por cada poro viviente del Jedi. Solo chifló, al terminar con su inspección. "Niño. Haz tenido mejores días."
Fue como retornar a un rol de una obra de teatro. Luke reaccionó, al escuchar el filo de las palabras de Solo, flama naciendo de un cerillo, ante la mera fricción. "Mucho gusto en verte a ti, también."
Esa sonrisa. Esa endemoniada sonrisa. "Ya lo sé." Han estiró un vaso hacia Luke. "Kenobi me dijo que te consiguiera té."
"Pero, eso no es lo que me has traído." Luke aceptó el recipiente. En efecto, su calor se podía percibir al roce de sus palmas. Acercó la bebida a su nariz, inhalando profundamente. Sonrió. "Chocolate caliente."
"Bueno para cualquier mal." Han juró. A pesar de sus quejas, cedió el otro vaso a su acompañante. "No creo que se hayan conocido oficialmente antes. Chewie, este joven es Luke Lars. Caballero Jedi, ya, ¿cierto?" Luke asintió. "Luke, te presento a mi co-piloto, Chewbacca."
El Wookiee rugió un saludo, el vaso bien agarrado entre sus dos garras. Luke se inclinó ligeramente. "Mucho gusto en conocerte, Chewbacca."
"Oye, nada de eso." Justo como cuando se habían conocido, Han atravesó el espacio personal de Luke, sin ningún remordimiento. "No es como si Chewie fuera realeza. Siéntate antes de que te estrelles en el piso." Y asumiendo que Luke no podía hacerlo por su cuenta, Solo lo tomó de un brazo para guiarlo de vuelta a la camilla.
"¿Qué haces aquí?" Finalmente, Luke fue al corazón de su incertidumbre, sus glúteos haciendo contacto con la suave superficie.
Característico del mercenario, Han se encogió de hombros. "Estaba en el vecindario. Me enteré de que estabas enfermo y decidí checar como estabas. Me encontré a Ben en el pasillo."
"¿Cómo pudiste entrar al Templo? La seguridad en el Área Médica es casi hermética."
Han tomó asiento a su lado, su muslo presionado con el de Luke. Otra sonrisa fresca. "Tengo mis trucos."
Por un minuto, Luke creyó estar alucinando de nuevo. ¿Podría ser que todavía estuviera perdido en los rincones de su subconsciente? Aunque, si fuera así, no tenía sentido que Chewbacca los acompañara. Luke únicamente lo conocía por los reportes dados por Obi-Wan, involucrando aquella vieja misión en Kashyyyk. Intelectualmente, Luke estaba enterado de la resultante amistad entre el Wookiee y el contrabandista, pero nunca la había comprobado por sus propios ojos.
Cabello ocre. Ojos avellana. Labios torcidos en una sonrisa lateral. Piel bronceada. Aroma a gasolina.
No. Este era el verdadero Han Solo.
"¿Así que te enteraste de mi estado? ¿Cómo?" Luke alzó sus cejas, totalmente desconfiado a la versión acortada que había recibido. Ahora, aquella sonrisa malévola de Obi-Wan tenía sentido. "Mi condición es información clasificada."
Han cruzó sus piernas elegantemente. Nunca despegó su mirada de Luke. "Todo es hackeable, chiquillo." Su sonrisa se aplanó. "Toma de tu chocolate. Estás demasiado pálido."
"No me he molestado en mirarme en un espejo." Intentó inyectar algo de humor, pero la broma no aterrizó. Accediendo ante la súplica viviendo de la expresión de Han, Luke sopló sobre su bebida, dando su primer sorbo, segundos después.
"Leia me avisó." Han lo recompensó.
Luke lamió la espuma de cocoa fuera de sus labios.
"Claro, eso fue la semana pasada. Estabas en coma. Me alertó que tu estado era serio." Otra barrida visual, desde los pies descalzos a mechones rubios. "Me alegra ver que ya no lo sea."
"Estoy bien." Luke repitió, por lo que se sintió la millonésima ocasión. "A un paso de ser dado de alta."
Chewbacca expuso sus dudas al respecto con un gruñido, acomodándose en una de las sillas para visitantes. Han se carcajeó, una oleada de delicia en su voz. "Tú lo dijiste, Chewie. No yo." Sus dedos se sobrepusieron en los de Luke alrededor del vaso, extrayendo el recipiente de su agarre para robarse un trago.
Luke no logró despegar su atención del vapor acariciando las mejillas del piloto. "No pensé que te importara." Tenía tres años sin saber de Han Solo y sus aventuras. Por terceras personas, se había alimentado de rumores sobre el paradero del mercenario, pero nada específico. Esporádicamente, misteriosos mensajes eran recibidos en su datapad. Apenas dos líneas, indicando el nombre de un planeta y un comentario sarcástico. No más.
El chocolate fue retornado. Los labios de Han se partieron, titubeantes en lo que deseaban comunicar. "Escucha, Luke. Nunca se trató de que no me imp—"
Obi-Wan entró a la habitación, Sanadora Helling pisándole los talones. Arrojó el paquete con las nuevas túnicas en dirección a la camilla y fue Solo quien lo atrapó. "Como puede ver, Sanadora, Luke ya está arañando las paredes. Si pudiera examinarlo ahora, nos haría un gran favor."
Helling era una humanoide proveniente de los Valles de Florencia, una provincia del planeta Titus. Era gentil, maternal. Así, como estricta y eficaz. La Sanadora analizó las presencia de Chewie y Solo, sin parpadear. "Con placer. ¿Si pudieran dejarnos solos?"
Perdurando con la peculiar danza, Luke le otorgó el vaso con cacao a Han, intercambiándolo por su guardarropa. La mano de Han se entercó por un segundo, no dejando ir el paquete de su posesión. Había un mensaje subliminal en las comisuras de sus ojos, cuando éstos se achicaron en una mirada insatisfecha. Luke se rehusó a leerlo, jalando con más fuerza su guardarropa. "Puedes convencerme de que tan equivocado estoy, durante la cena a la que me invitarás."
Las comisuras faciales se relajaron.
Entre Obi-Wan y Helling, sus lazos mentales fueron inspeccionados en la privacidad de la habitación, Han jalándose a Chewbacca junto con él. El mapa de su psique no era lo que Luke recordaba desde su última meditación. Era un bosque de senderos luminosos, ramas centinelas desparramadas por todas partes. El antiguo vínculo hecho con Obi-Wan no era el mismo, debilitado por su previa cancelación, desde que Luke se había graduado a Caballero Jedi. Ya no era una soga, sino meramente un lazo de emergencia, un último recurso para salvar la vida de Luke. Era visible el shock del enlace, al haber sido revivido tan precipitadamente, despertado de un sueño que se suponía ser eterno.
Sin embargo, su brillante presencia, continuaba. Era oro en la mina de su consciencia.
El vínculo con Leia Organa era otra historia. El triple de gruesa de lo que la cuerda con Kenobi hubiera podido ser, la cadena que lo adhería con Leia era indestructible. Intrínseca. Innegable e inmodificable. Ningún Sanador tendría las herramientas para fundirla. Ya no yacía escondida, y era increíble su transformación masiva, en tan poco tiempo. Cuando Luke había meditado en camino a Oxlahun, aquella cadena no había existido. Lo cual indicaba, que la deplorable condición de Luke durante su coma, había servido como catálisis. Helling analizó la cadena fraternal, la calificó como sana, y prosiguió a los siguientes hilos psíquicos que flotaban desordenados.
Skywalker. La psique de Anakin, después de la implosión, finas hebra de otra soga destejidas, agujas enterradas por la mente de Luke, causando dolor sin tener la intención.
/Tenemos que juntarlas./ Helling indició con eficiencia, ya comenzando con la tarea ella misma. Obi-Wan le siguió, recogiendo las hebras en un sólo ramo. Luke sintió cada hebra siendo acomodada, tratada con sumo cuidado y pegada en una sola estructura con energía positiva. /No participe, Caballero Lars. Su psique aún es ultrasensible a cualquier interacción entre usted y sus lazos mentales. Solamente manténgase en calma./
/¿Qué pasará con esta conexión con Caballero Skywalker? ¿Desaparecerá con el tiempo?/
Helling fue honesta. /No podemos saberlo, por ahora./
"Hemos terminado." La Sanadora concluyó, aterrizándolos al mundo físico. "Le daré de alta, Caballero Lars, sin embargo, será con una advertencia de cercana observación de su estado. Acordaré con el Consejo que no le asignen misiones, hasta que el estado del Caballero Skywalker se estabilice completamente."
Grandioso. Arresto domiciliario. ¿Qué otra opción tenía, sin embargo? Luke se tragó sus quejas, en favor de recuperar una fracción de su libertad. Obi-Wan y Helling lo dejaron a solas, para que se vistiera.
Al colocar su última bota, un ardor brotó en su pecho. Luke se agachó súbitamente.
Furia. Intensa furia.
Mentiras, intrigas, verdades encubiertas, todos eran unos mentirosos—Todos mentían, Jedi o no, amante o desconocido.
Luke no tenía defensa. /Así es./ Ya fuera por omisión, o plena intención. Obi-Wan, Padmé, Shmi.
Los sentimientos de Skywalker se difundieron con un sentido de disculpa automática, al entender que había otra persona escuchando su psique. Inmediatamente, hubo una rápida retirada del batallón de sentimientos. Luke sobó su pecho. Agregó otra barricada de escudos mentales a su conexión recién instalada.
/No te preocupes. Sólo fue que me tomaste desprevenido. Estaré listo la próxima vez./
Anakin no respondió, pero su presencia todavía dejó huella. Luke sonrió, comparando al Jedi con un gato desconfiado.
Su padre era tímido.
Luke lo anotó, familiarizándose con la característica.
Su padre.
Por la Fuerza. Luke cubrió su boca, cerrando la puerta al torbellino de risas maníacas que desearon escapar. Por la maldita Fuerza, Luke había encontrado a su padre. Por total y cruel accidente—Cruel, porque Anakin había sufrido tanto, había perdido tanto compuesto de su propio ser al servir a Xanatos, y todavía seguía vivo para enfrentar su autodestrucción. Todavía seguía vivo para re-construirse. ¡Y Padmé! Luke había hablado con la mujer, había reído con ella, habían compartido lonches en las cocinas Reales—Había conocido a su madre, sin tener la más mínima idea. Luke se sentía como el más ingenuo de los tontos. Padmé Amidala era la Reina de Naboo, además. ¿Cómo no había podido notar Luke, a la misma mujer, bajo el folclor y maquillaje bicolor? Seguro, Padmé debió de haberse turnado con sus doncellas para armar la farsa, ¿pero tan distraído había estado, como para no captar alguna diferencia facial?
/Es tan pequeña./ Luke compartió. /Me burlé de su estatura todo el tiempo, llegando a compararla con un Ewok./
Anakin no rompió con los límites, aunque, una concentración de emoción sopló por sus psiques, indefinida, cálida. Una muestra de acuerdo, respecto a lo dicho.
Luke se levantó. Sacudió sus pantalones, preparándose para dar la cara al resto del mundo real. Presionó el panel de control de las compuertas—Y fue entonces, que lo escuchó:
/Lo que le falta de estatura, Padmé… suele compensarlo con su bláster./
Sus labios fueron mordidos con excitación, al recibir el primer mensaje directo y coherente del otro hombre. Anakin cerró su conexión instantes después, retrocediendo con la última palabra ganada.
"Luces con más fusibles reventados, que hace un hora." Han lo esperaba en la pared delantera, brazos encorvados sobre su estómago. "¿Hambriento?"
"Sí." Luke frunció su ceño, sintiendo el vacío en su estómago con más afectación, ahora que Solo abría el tema. "…A decir verdad, podría comerme un nerf entero, ahora mismo."
"Dudo que Ben tenga un menú tan variado, como el hippie que es. Con suerte, alcanzaremos dos hojas de lechuga cada quien." Ambos arrancaron camino por el pasillo. "No querrías un nerf, de todas maneras. Demasiado pelo. Chewie podría sentirse ofendido, además. ¿Qué tal si piensa que estamos cenándonos a su bisabuela?"
Tan, espontáneamente, insolente. Reírse, fue la única opción para Luke. De reojo, observó una sonrisa victoriosa torciendo los labios de Solo, al escuchar su reacción.
Sus brazos se acariciaron, no tanto a causa de un accidente. Sus hombros se golpearon al unísono. Ambos intercambiaron sonrisas compinches.
"Nunca te lo agradecí." Luke entabló. "Por ayudar a Obi-Wan y al Maestro Yoda en aquella misión."
"No lo hagas." Han Solo chocó su cabeza en rotunda negación.
"No, escúchame." Luke tomó el antebrazo más cercano. "Sabía que no los defraudarías."
El engrandecimiento de los globos oculares del mercenario, indicó que el hombre había esperado todo, menos eso. Contento con tomarlo desprevenido, Luke apresuró el paso, dejando la boca colgante de Solo detrás sí.
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Hace tres años.
Planeta: Coruscant.
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"Sabes lo que pienso de las armas, ¡tan incivilizadas!" Obi-Wan exclamó desde el sofá de la sala, en plena conclusión de sus aventuras. "Pero, el bláster hizo el truco. Freí el corazón de Grievous."
Luke colocó la taza con té, a la distancia adecuada para el alcance de su Maestro. Era increíble, como oír a Obi-Wan quejarse sobre blásters, estaba regresando el balance a su vida. "¿Seguro que estará bien, mientras asisto a mis clases?"
Obi-Wan roló sus ojos. Nadie más que él que podría aborrecer su actual estado, pero este nuevo reto, lo estaba afrontando como campeón. "Solamente es un tobillo torcido, Luke. ¡Chú, chú! Deja ese cojín en paz—¡Está perfectamente bien, justo ahí! Apresúrate, no quiero que te retrases por mi culpa."
"¿Quién firmó tu yeso?" Luke se agachó a leer el raro jeroglífico pintado en el tobillo lastimado, tatuado justo en la curva del talón enyesado, fuera de la mirada nítida de Kenobi. "¡Oh, por los dioses!" Comenzó a carcajearse, causándole inmediata alarma a su pobre Maestro.
"¿Qué? ¿Qué dice? ¿Quién lo escribió? Juro que si fue ese gracioso de Solo—"
"¡No, no!" Luke sostuvo su estómago. "No dice nada, per-se. Es un—un dibujo—un dibujo de—"
"Oh, no." Obi-Wan gimió con toda la desesperación posible, tapando su enrojecido rostro con sus manos. "¡Maestro Yoda!"
"¿Es esto lo que hacen ustedes los Maestros Jedis, durante sus grandes misiones en busca de la defensa de la paz? ¿Dibujar sus anatomías como adolescentes?" Dejar pasar esta oportunidad para abochornar a Obi-Wan, fue imposible. Mientras enredó su mochila rellenada con ropa de entrenamiento a los hombros, Luke apenas y logró esquivar el cojín que Obi-Wan le arrojó. Entre risas, el Padawan se marcó camino a la puerta.
Había un paquete del otro lado. La bota de Luke se congeló a un centímetro de distancia, milagrosamente salvándose de ser aplastado. Luke lo recogió, intrigado.
Era un cuadro de cartón, envuelto en un trapo de algodón grisáceo. Luke desnudó el paquete, trabajando con dedos impacientes. Abrió la caja.
-Cuídala por mí, ¿quieres?
Una tarjeta yacía sobre el regalo mandando, escrito a puño y letra. Luke tomó el pedazo de papel delicadamente, sus ojos no pudiendo creer lo que estaba viendo.
Una medalla de oro, atada a un listón de satín. Descansando indefensa, en la protección del cartón.
Luke cerró el paquete lentamente, dejando el tesoro en las sombras de su prisión. Obi-Wan le había contado como Han Solo había participado en la destrucción de naves separatistas durante el clímax de la confrontación en Kashyyyk. Su ayuda, transmitida en la forma del Halcón Milenario, había sido clave en la batalla. Sin su más avanzada intervención a favor de los Jedi, los trandoshianos hubieran seguido bloqueando la atmósfera de Kashyyyk con sus naves. Y por si fuera poco, Han se había entrometido en el rescate de un soldado de las fuerzas Wookiee, arrancándolo de los colmillos de esclavistas separatistas, ganándose el favor de la población en el proceso. Obi-Wan había asegurado, que debido a las grandes aportaciones del mercenario a la liberación del planeta, una conmemoración estaba próxima para el hombre. Lo quisiera Solo, o no.
Luke guardó la caja en su mochila.
Parecía que así había sido. Han Solo había, más que expiado, los errores del pasado.
Aunque sospechando que no lo encontraría, Luke se dirigió a los hangares, en vez de a su clase de esgrima.
El Halcón había volado, sin embargo, negando cualquier tipo de despedida.
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Continuará...
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(+) Sobre el Tono 11 de la Cosmología Maya: El tono 11 trae la energía del cambio, el dejar ir, el fluir. El 11 invita a reexaminar, iluminar y transformar esos ideales tan queridos, creencias e imágenes de toda clase. Significa examinar lo que parece disonante en tu vida. Tiene la función de Liberar.
(+) A las personas que salen registradas en las gráficas de visitas, gracias por leer. :) Sin embargo, si les gusta esta historia, dejen review, por favor. ¡Se ganarán un abrazo de Chewie por ello!
