"Trece Cielos."

Por B.B. Asmodeus.


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Fandom: Star Wars, Jedi Apprentice & Clone Wars (en toda presentación).

Resumen: Después de la Guerras Clónicas y de destruir a Darth Sidious, los Jedi sobrevivientes luchan por reconstruir la Academia y el Consejo, renovando sus reglas y tradiciones. Resignado a su soledad, es entonces cuando Obi-Wan Kenobi encuentra su destino personificado en Luke Lars. Sin embargo, la odisea de Luke apenas comienza.

Rating: NC-17/Mature, por lenguaje, situaciones sexuales, y violencia.

Advertencias: Fuertes insinuaciones de sexo con consentimiento dudoso entre Anakin/Xanatos. Además, en este capítulo manejo uno de los tantosactos brutales que Anakin tuvo que realizar, en nombre de su misión como Espía "Sombra" Jedi. En lo personal, no lo clasifico más explícito o grave de lo que George Lucas nos mostró en Episodio III, pero aun así, advierto a leer con cautela.

Categorías: Slash. Het. Realidad Alterna (extremadamente). Espionaje, Saltos en el tiempo, Romance, Acción/Aventura, Humor, Angst, Misterio.

Protagonistas/Parejas: Luke "Lars" Skywalker. Obi-Wan Kenobi. Qui-Gon Jinn. Anakin Skywalker. Han Solo. Leia "Organa" Skywalker. Padmé "Naberrie" Amidala. Luke/Han, Obi-Wan/Qui-Gon, menciones de un pasado Padmé/Anakin. Implicaciones de Anakin/Xanatos.

Dedicación especial: A Hadley Doleto y a Lyra999, por su grandioso apoyo. :)

(¡) Notas Importantes (¡):

i. Este fic es una reconstrucción de otro fic previo que tenía abandonado, "Kalimotxo." Ha sido modificado y moldeado con ideas nuevas, así como una trama rotundamente diferente.

ii. He hecho de las líneas del tiempo lo que se me ha dado la gana. Imaginen un universo alterno donde Anakin no fue "El Elegido," nacido una década anterior al tiempo establecido en "Episodio I." Obi-Wan y él son, más o menos, de la misma edad. También imaginen un universo alterno donde Obi-Wan no fue Padawan de Qui-Gon, y Anakin no fue Padawan de Obi-Wan. Imaginen que Luke (y Leia) nacieron justo en los inicios de las Guerras Clónicas, las cuales duraron diecisiete años. Este fic comienza, justamente, a tres años posteriores al final de la Guerra Clon, donde la Galaxia se encuentra en una transición de reconstrucción.

iii. He tomado prestado muchos elementos de la cultura Maya para la realización de este fic. El mismo título de este fic hace referencia a la concepción Maya que establece que existen 13 cielos, siendo la Tierra la última capa de éstos.

Disclaimer: Por último, Star Wars no me pertenece.


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Hoy he querido regresar el tiempo

para respirar.

Sacarme todo lo que pesa

y lo que no me servirá.

Sólo un momento para estar,

sólo volver a comenzar

a darme cuentas de las cosas

que me engañan,

que me dan,

y que no he pedido.

-Morbo.

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9.

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Sacrificio.

Su padre siempre había hecho hincapié en la importancia de realizar sacrificios. Sacrificios personales, para el favor general de tu país. De tu patria. De la República.

"Un verdadero servidor del Senado nunca debe colocar sus necesidades sobre las de los demás." Bail Organa le había predicado durante la primera visita de Leia a Coruscant, hace años atrás. "Un verdadero servidor de la República, debe estar listo para rechazar los beneficios de una alta cuna, y un apellido prestigiado."

Su padre le había instruido que ser una princesa no le daba poder sobre los demás. Le había definido el significado de igualdad—el significado de democracia—con sus dedos enrollados en los cabellos de su hija, entre lecciones. Leia siempre había tenido una naturaleza demandante, sin embargo. Ahora, lo podía admitir, aunque le había costado, en el pasado.

A pesar de ser Reina, su madre nunca había perdido su cabeza, pero Leia no había creído contener la misma disposición. Durante su temprana pubertad, su temperamento había chocado con las filosofías plasmadas por Breha Organa, precisamente, porque a pesar de no ser criada con atenciones exageradas, Leia no reaccionaba favorablemente, al ser negada de sus deseos.

Atascada en su necesidad por impresionar a su padre, y su hambre a experimentar la verdadera libertad, Leia había llevado un duelo interno por un largo tiempo. Era disciplinada, le gustaba seguir reglas, amaba ser parte de un sistema ordenada y bien aceitado. Le gustaba ser parte de dicho sistema. Pero, también le gustaba crear sus propias reglas. Le gustaba armar sus propios sistemas. Así como había obedecido a las expectativas de los Organa, Leia había escapado de su manto cuando se había sentido asfixiada. En más de una ocasión, se había escurrido de aburridas fiestas de cóctel, sus risas traviesas siendo guardadas por labios ajenos de amantes espontáneos.

En más de una ocasión, Leia había visto el cielo estrellado de Alderaan y había deseado crear su propio sendero, en lugar de seguir con el legado Real.

Su adopción nunca había sido guardada en secreto. Sus padres habían creído en la honestidad.

Leia, admitía, que nunca había hecho preguntas. Nunca había presionado.

Ahora, se arrepentía de ello.

Ahora, que presenciaba la testarudez—la rebeldía, la valentía de oponerse a dos Maestros Jedi veteranos—proviniendo de Anakin Skywalker… Leia se arrepentía de no haber cuestionado "¿De dónde vengo? ¿De quién provengo?", en lugar de temerle a las respuestas.

"Debiste de haber esperado, Anakin."

"No hay tiempo que perder." Anakin interrumpió a Mace Windu con un encolerizado resentimiento en su mirada. "Traté de hablar con usted, pero simplemente me ignoró."

Formalidad retornó, dejado de lado la familiaridad de primeros nombres. "No era el tiempo adecuado para darle por su lado. Pensé que aquella lección, de que este sistema solar no gira alrededor de usted, ya la había aprendido, Caballero Skywalker. Estaba delirando cuando balbuceaba sobre la traición del Rey, ¿cómo se suponía que debía tomarlo en serio? Además, fuera cierta o no su información sobre el caso, no podemos actuar con arrebato. Nuestra alianza con Oxlahun ha estado en la cuerda floja desde el momento que lo presentaron como sacrificio humano. Un paso en falso, y otra guerra civil se abrirá en el planeta y la República."

Leia estaba de acuerdo con el Maestro Windu. Estaba más que de acuerdo. Había sido precipitado de Luke escuchar a Skywalker y embarcarse en una peligrosa misión con tan dudosos frutos, sólo basándose en fe ciega. No había sido una decisión, enteramente, objetiva. Leia debió de haber insistido más en detenerlo.

Sin embargo, no lo había hecho. Había visto directo a los ojos azules de su hermano, y había sido contagiada por su estúpida fe.

Maestro Yoda, quien se había mantenido callado desde que Leía había sido convocada a la habitación médica, hizo un sonido de neutra consideración. Solamente ellos cuatro se encontraban en asistencia. "Tarde para a Lars detener, es."

Su camarada cerró sus parpados, momentáneamente, en resignación. Aunque, no dio el brazo a torcer, sin pelear un último round. "Pero, Maestro Yoda, todavía tenemos tiempo para ordenarle a Lars que vuele de regreso a Coruscant."

"Y escucharnos, no lo hará." Yoda posó su mirada sobre Skywalker. "Una promesa, Jedi Lars ha hecho a su padre. Sus promesas, los Jedi no rompen."

Skywalker reaccionó como si le hubieran arrojado ácido a su rostro. "No era lo que… No planeé por esto. No quería que fuera en mi lugar. Créanme, Maestros. No lo culpen por mis equivocaciones, yo pagaré cualquier castigo que les parezca justo…"

"Representando tu honor, Jedi Lars está realizando." Yoda flotó hacia la camilla, su cámara descendiendo sobre un espacio libre del colchón. "Sentir culpa, nada resolverá. Jedi Lars, una misión tiene que terminar."

"Iré tras él." Caballero Skywalker juró, sus puños distorsionando la textura de su manta. "En cuanto me recuperé, iré tras él y los traeré de regreso."

"Muy noble de su parte, pero seamos realistas. ¿Cuándo tiempo estima para que complete una recuperación? No puede siquiera levantarse, sin sentir que la gravedad lo traiciona." Windu no se tocó el corazón para aniquilar las ingenuas fantasías de Skywalker. Asimilaba a una pantera acorralada, paseándose de un extremo a otro en la habitación. "¿Además? Lo peor que podemos hacer es juntar a dos Skywalkers en la misma asignación."

"Confiar en las habilidades de Caballero Lars, ya debes hacerlo." Yoda se redirigió a Skywalker. "Para su participación en esta misión, tú haberle cedido."

El Jedi mal herido sopló con pesadez, dejando caer su cabeza sobre la almohada, frustración y resignación, combinándose. "Luke es… Tan sólo es un chico."

"Luke es un Caballero Jedi."

No fue hasta que observó que todas las cabezas habían virado en su dirección, que Leia se percató de haber hablado. La ceja levantada de Windu estaba delineada con agitación, mientras que la mirada de Yoda sostenía genuina curiosidad.

Leia se dirigió firmemente con Skywalker, ignorando a los Maestros justamente como ellos la habían ignorado, hasta este momento. "Le ha costado mucho trabajo para ganarse su reconocimiento como tal, así que le pido que respete las capacidades y habilidades de Luke, Caballero Skywalker."

"Sus habilidades y sus capacidades no son lo que coloco en tela de juicio, sino su falta de experiencia." El paciente renegó. Fue la primera ocasión que Leia registró ser dirigida de manera franca. Ni siquiera cuando Leia lo había enfrentado durante su intento de escape, había Skywalker contactado miradas. La había estado evitando a un nivel tan obvio, que un mal sabor de boca había sido dejado en Leia. "Telos… podría devorárselo, si no presta atención."

-No se encuentra solo. Leia se guardó, consolándose con ese mísero hecho. -Por lo menos, pude asegurarme de eso. Incluso si Leia tuviera que recompensar a Han con todos sus ahorros ante su retorno, que Luke tuviera alguien para cuidarse las espaldas, lo valdría.

"La probabilidad de que el heredero legitimo al trono de Oxlahun ya no esté con vida, es mayor que el escenario contrario." Windu rompió con el breve intercambio. "Sea consciente de ello, Caballero Skywalker."

"Aun así, tendríamos que hacerle saber al gobierno de Oxlahun sobre la traición de Asu'Ziz."

"No es tan fácil."

"¿Desde cuándo transparencia es una dificultad para los Jedi?" Skywalker retó, explícitamente. "Tenía entendido que yo era el orquestador de engaños, para que la Orden no tuviera que ensuciarse las manos. ¿Tanto han cambiado las cosas, desde mi última visita a la capital?"

"Los habitantes de Oxlahun apenas se están recuperando del daño hecho por Xanatos, recibir otro golpe, ahora de su propia gente, los aniquilará."

"¡Esa no es razón para ocultarles la verdad!"

Las luces de la habitación titiritaron.

Leia retrocedió un paso.

Yoda suspiró.

"En otra sesión, esta discusión será abierta. Sin embargo, apoyar a Caballero Skywalker, haré. Con romper viejos hábitos, yo concuerdo." Yoda apagó el incendio antes de que saliera de control. "Maestro Windu, usted mismo lo puede ver, que para esta asignación, usted no puede estar involucrado. Conflicto de interés, su juicio está nublando. Temporalmente suspendido del Consejo, a partir de hoy, estar."

Skywalker lució tan estupefacto, como Leia se sintió, ante el dictamen de Yoda.

Maestro Windu se dejó caer en la silla de visitas, sosteniendo su cabeza calva. Se mantuvo en silencio por un instante. Luego asintió, sin levantar su rostro. "Concuerdo. No puedo ser parte de esta investigación. Dos veces, he fallado en actuar en el momento que era oportuno, debido… al miedo." Sus oscuros ojos viajaron al paciente, inevitables. "Miedo por Anakin, miedo y a las represalias que pueden adjuntársele a su carrera como Sombra Jedi. Miedo a la pérdida, de lo que recién hemos recuperado como Orden Jedi."

Yoda fue una máscara en blanco. "Otro Maestro lo reemplazará en la investigación resultante de la siguiente sesión." Justo cuando Leia pensaba que la incómoda junta sería finalizada, el Maestro flotó hacia su persona. "Dama Jedi Organa, con usted, hablar a solas deseo."

Sin otra alternativa, Leia prosiguió a salir de la habitación de Skywalker, encaminando al troll fuera de Área de Terapias Intensivas. Su salida del lugar no fue causa de revuelo. Skywalker prosiguió con su convicción de no mirarla, ni fugazmente, y Windu estaba muy ocupado en su desgracia personal, como para seguir interrogándola sobre lo sucedido. Leia roló sus ojos, frustrada por haber permanecido en estasis por un hora, simplemente para nada.

"¿De qué deseaba hablar conmigo, Maestro Yoda?" Corta en rodeos, Leia ya tenía la fama. Se detuvo en seco en pleno pasillo de mármol, una vez que ambos salieron de la Torre de Sanadores, virando para enfrentar al cuerpo flotante. "Si se trata de Luke, ya les dije todo lo que presencié—"

"Preguntarle si unirse al Alto Consejo, usted estaría interesada, es lo que deseaba plantearle, Dama Organa."

Oh.

"Vaya, su jaula en verdad ha sido sacudida, ¿eh?" Leia se cruzó de brazos, escudándose de la sorpresa. Primero, la renuncia de Kenobi, luego el despido de Windu, ¿y ahora esto?

Yoda sonrió. "Sacudida y abierta, diría yo. Dispuestos a volar, estamos. A mostrarnos la nueva ruta, la invito."

Tantas asignaciones llevadas a cabo con éxito, con el mero deseo de demostrarle al Alto Consejo que Leia tenía lo que se necesitaba. Con su intervención, situaciones que habrían podido terminar en más guerras civiles, habían sido evitadas. Leia había ayudado a reparar el vínculo político entre Alderaan y la Orden Jedi—Y le había costado la aprobación de su madre, al haber actuado de embajadora. Había participado activamente en las Negociaciones con Mon Mothma, para que las incertidumbres de la Rebelión Galáctica fueran escuchadas por el Eje principal del Consejo, Maestro Yoda, Maestro Kenobi y Maestro Windu. Había triunfado en aquellas y muchas tareas adicionales, para restregarles en la cara a todos aquellos sesgados, que Dama Jedi Leia Organa tenía una meta. Una meta que sería cumplida.

Este nombramiento. Esta posición. Este primer paso…

Había sido por lo que Leia había anhelado, desde el inicio de su entrenamiento Jedi.

Ayer, un asiento en el Consejo para Jedi Organa hubiera sido considerado imposible para todos, aún con el nuevo Código. De por sí, la nueva generación, la tenía difícil con la crítica de los veteranos. ¿Esperar a ser evaluada para reemplazar a algún Maestro en el Consejo? Era fantasía total. Exhaustivamente, Leia había debatido el tema con su Maestro, pero ni siquiera Qui-Gon había creído en la posibilidad, y la negatividad del hombre los había llevado a muchos argumentos. Para Qui-Gon había sido difícil asimilar que, el objetivo de tanto entrenamiento diplomático de parte de su aprendiz, había sido enfocado en ocupar una simple silla. Para Qui-Gon Jinn, auxiliar la República era aventurarse al universo, a explorar y mezclarse con los verdaderos conflictos sociales. Leia apreciaba tal punto de vista, y ella misma compartía aquel espíritu por aventura con Jinn, pero para ella, el cambio también debía ser entablado desde las entrañas de la Bestia. Después de todo, si las reglas fueran adaptadas a una ergonomía adecuada, entonces, Jinn no tendría que romper tantas al hacer su trabajo, ¿cierto?

Ahora, el día había llegado.

Elación la invadió. Mentalmente, su aceptación ya estuvo garantizada.

Pero, por un minuto, pausó, antes de expresar su respuesta.

Luke.

Tomar este puesto, simbolizaría cortar lazos consanguíneos, recién descubiertos. En el Consejo, Leia no tendría tiempo para un hermano, ni para secretos familiares arrastrando su pasado. No tendría lugar en su ser, el querer investigar las raíces que la unían con Caballero Jedi Skywalker y con Reina Amidala de Naboo. Justo como lo había anunciado previamente, al tomar este asiento, Leia lo haría como una Organa, asimilando la realidad de que ya tenía una familia.

Ya tenía una madre y un padre, y no había espacio para más fantasmas.

Sacrificios. Servir a la justicia, servir al bien común, requería de los más grandes sacrificios.

"Entonces, una lección recibirán, Maestro Yoda." Leia selló su destino con una regia inclinación, cerrando sus parpados con absolución.

Por lo que Leia había presenciado de la mente de Anakin, ser un Skywalker, significaba darle libertad a tus sentimientos más destructores; a la venganza personal. Ser un Skywalker implicaba rebelarte contra toda estructura que amenaza con aprisionar, el apellido te daba permiso a seguir tu propio camino—A actuar solo. Por ello, Anakin había sido el perfecto agente Sombra. Para engañar al enemigo tenías que fusionarte con él, adquirir un poco de su maldad, para pasar desapercibido. Anakin lo había hecho, fácilmente, porque siempre había sido tentado por el poder, ya fuera político, espiritual, o físico. Y el ser consumido por aquella sed, era todavía un vivo duelo dentro del hombre.

Leia no podía darse el lujo de tener tanta similitud con su padre biológico. A partir de hoy, daba por vencida, toda batalla interna.


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Uno intentaba tener algo de visa social, y mirar nomás, lo que sucedía.

Obi-Wan todavía ni terminaba de bajarse del Robo-Hack, cuando su comlink ya se encontraba rechinando con mensajes sin responder. Lo había silenciado durante el viaje al centro de la ciudad, por el bien de su salud mental. Con este asunto con Jinn, comenzando a tener frutos positivos, no había querido interrupciones.

-Que ingenuo de mi parte. Obi-Wan roló sus ojos. "¿Estás leyendo lo que yo estoy escuchando?"

Qui-Gon tenía sus bigotes girando, efectivamente, leyendo en su data-pad. "La vida nunca es aburrida con los Skywalkers."

Había un mensaje de Dama Organa, pidiendo verlo en privado, de inmediato. Luego tres mensajes hechos por Mace, luego otros tres hechos por Sanadora Helling, y por último, un mensaje proveniente de un usuario no identificado. Obi-Wan decidió dirigirse a la Torre de Sanación, sin más preámbulos. Intentó contactar a Luke, pero la transmisión fue bloqueada. Asaltado por un augurio, Obi-Wan se comunicó con la Torre de Aterrizaje de los Hangares, y como lo había sospechado, se le fue informado que el Halcón Milenario había sido despedido de la órbita de Coruscant, hacía menos de dos horas.

"O esos dos trabajan rápido, o existen una razón más dramática para esta súbita despedida." Obi-Wan musitó en voz alta, mientras entraba al lobby del primer piso.

"Me inclino por la segunda opción, si la histeria en la voz de Mace puede tomarse como evidencia."

Obi-Wan presionó el botón del elevador, frunciendo su ceño. "¿Qué pasa con él, últimamente? Nunca lo había visto con su consciencia tan dispareja."

"Anakin." Fue lo que Jinn proporcionó. Cuando el elevador se abrió, y ambos tuvieron más privacidad en la cabina, el Maestro soltó más información. "Mace se culpa por no haberlo encontrado antes. A eso, súmale que a Mace siempre le ha costado trabajo… admitir que puede tener vínculos sentimentales. Intenta hacer lo imposible: servir como un juez objetivo, así como un protector para Skywalker."

Si Obi-Wan no lo hubiera visto con sus propios ojos, le hubiera causado mucho trabajo imaginar a Windu en un estado tan deshecho. Era… más que aprecio, lo que lo unía a Skywalker. Su unión como Maestro y Aprendiz no era un asunto casual, ni meramente académico. Mace había caído en la misma trampa de muchos de los demás Maestros en existencia: no cortar el cordón umbilical con tu Padawan. Para alguien que era aún más apegado a las reglas que el mismo Obi-Wan, debía ser tortura tener que enfrentarse a aquellos sentimientos, tan subjetivos, que se le atribuían a tener un Padawan.

"Además, Mace siempre ha preferido complicarse las cosas. Sabe cuál es su lugar, a lado de quien debería estar, en estos momentos—Pero, tampoco quiere perder aquel placer de darnos órdenes." Qui-Gon acomodó sus manos atrás de su espalda, su rostro agachándose unos centímetros, para hablar directamente en la oreja de Obi-Wan. El olor, al picante de los rollos de jamón que Jinn había almorzado, fue reconocido ligeramente.

Al salir de elevador, fueron interceptados en camino al Área Médica. Por la misma Jedi Organa. En cuanto los divisó, la mujer se echó a trotar en su dirección.

"¿Se puede saber dónde han estado? ¿Acaso, no recibieron mis mensajes? ¡Hemos estado buscándolos desde hace horas! Maestro Jinn, ¿olvidó cargar su datapad de nuevo? Le he dicho que se deshaga de esa chatarra desde hace meses—"

Obi-Wan admiraba el fuego de la joven; nada que ver con la naturaleza blanda de Luke. Sin embargo, no apreciaba ser gritado, con los últimos días que había tenido. "Sólo vaya al grano, Dama Organa. "

El tono cortante fue captado de inmediato, y las llamas fueron controladas. Organa intercambió una mirada con Qui-Gon, antes de asentir. "Caballero Skywalker intentó escapar esta mañana." Más o menos, lo que Obi-Wan había comprendido. "Atacó a los Sanadores que se encontraban cerca de su habitación, pero yo logré detenerlo antes de que avanzara más allá del pabellón de Tratamientos Intensivos."

"Crisis evitada. Felicidades." Obi-Wan remarcó, caustico. "¿Para esto tanto escándalo?"

Organa no se mostró tan tolerante con su tono, pero por respeto a sus mayores, tuvo que aguantarse. "Llamé a Luke para que me auxiliara."

Obi-Wan suspiró hondo. Claro que había llamado a Luke. "Y, de alguna manera, esto lo orilló a dejar Coruscant."

Los grandes ojos oscuros de Organa se acrecentaron en sorpresa. "Sí." La mujer pausó un instante, observando sus entornos. Se acercó más a Obi-Wan, y cuando su voz fue puesta en acción, bajó de volumen. "No creo que sea seguro discutir, más a fondo, la situación… aquí."

Oh, a Obi-Wan no le gustaría esto. Tenía la completa certeza. "Vamos a mi apartamento, entonces."

Por supuesto que Qui-Gon se auto-invitó junto con ellos, recibiendo los continuos regaños de Organa con una sonrisa fresca y nervios de acero. Para él, parecía ser gracioso, la manera que Organa exageraba. Obi-Wan utilizó el camino a su apartamento para recuperar la calma, absorbiendo esclarecimiento de la Fuerza con profundas inhalaciones. El lazo tejido al consciente de Luke estaba activo, pero silencioso, sin señal, reforzando el hecho de que Lars estaba lejos de la capital.

/Que la Fuerza te acompañe, a donde estés dirigiéndote, Luke./

"¿Bueno?" Obi-Wan preguntó, una vez que el trio estuvo establecido en la sala de la residencia Kenobi. "Llamaste a Luke. Después, ¿qué sucedió?"

Dama Organa miró un largo momento su regazo, sus labios oprimidos. Fue la primera ocasión, que una pizca de sensibilidad se rastreó por su compostura. Obi-Wan suavizó su tono, forzándose a recordar que esta era la hermana de Luke. Aunque no le agradaran los métodos de confrontación de la Dama, Obi-Wan había conocido a la madre de la chica. Había sido amigo fiel de Padmé durante su juventud. Eso tenía que contar para algo.

"Leia. Luke es responsable de sus propias acciones. No te permito que sientas remordimientos al respecto. Ciertamente, yo no te guardaré rencor por cualquier nueva tontería que Luke haya hecho."

Una pequeña sonrisa torció las comisuras de la Jedi. Sus rígidos hombros se relajaron, un poco. Levantó su rostro de muñeca, tan engañoso con su expresión inofensiva. "Luke se dirige a Telos IV."

La quijada de Obi-Wan se estrujó. Clavó su atención en Organa, incrédulo. Esperó por cinco segundos, para estar seguros de que no se tratara de una broma. Después, se abofeteó mentalmente. –Es Luke. Claro que no se trata de una broma. El chico vive para aventarse al sartén caliente, cuando justamente, recién ha salido de la olla hirviente.

Maestro Jinn no lucía contento con las noticias, tampoco. Todo lo contrario, un cielo nublado se pronosticaba, sobre la dura llanura de su semblante.

Telos IV. De alguna manera, este asunto estaba relacionado con Xanatos.

"Haré té." Fue la manera en la que Qui-Gon huyó de la escena. Obi-Wan temió por la vida de su vajilla.

Menos de treinta minutos después, Obi-Wan se encontró extrañando el whisky de Solo.

No solamente era el asunto de Anakin y los resultados de su trabajo como agente encubierto. También se tuvo que asimilar las recientes noticias de la suspensión de Mace Windu y la ascensión de Organa al Consejo. Para cuando Leia estaba tocando el tema de la adición de Han Solo y Chewbacca al viaje de Luke, Qui-Gon había quebrado tres tazas.

"Felicidades, Dama Organa." Obi-Wan le regaló con honestidad. Su ascensión era lo más positivo que podía considerarse de este desastre. "Puede que no la conozca tan bien como otros, pero siempre he admirado muchos de sus proyectos. No dudó que podrá implementar, alguno de ellos, dentro del Consejo."

"Gracias, Maestro Kenobi." Las mejillas de Organa estaban llenas de rubor natural, algo de su felicidad escurriéndose por su mirada. Fue obvio que esperaba algo similar viniendo del instructor, pero Qui-Gon guardó su silencio celosamente, evadiendo los ojos esperanzados de su antigua Padawan, mientras barría cadáveres de porcelana del piso. "Luke temía que no le fuera posible comunicarse con usted durante su misión. Sin embargo, Maestro Yoda me ha asegurado que el Consejo no interferirá. Esta misión será considerada una asignación oficial."

Obi-Wan masajeó sus sienes. Recordó el mensaje anónimo de su comlink, y lo reprodujo momentos después, sospechando el remitente.

"Obi-Wan. Espero que para estos momentos, hayas sido informado de lo sucedido. Por favor, revisa tu datapad. He mandado información que tienes que compartir con el Consejo. Luke, fuera."

Obi-Wan decidió registrar la información a solas. "Maestro Jinn, por favor, deténganse. No se preocupe tanto por unos simples trastes."

"Sus peores compulsiones destructivas salen a flote, cuando se siente indignado." Leia elaboró, apuntando a su Maestro con un dedo. "Debió de haberlo visto cuando Sanadora Helling lo sometió a estricta dieta."

Qui-Gon levantó sus palmas dramáticamente, abandonando el recogedor de basura en una esquina. "Puedo entender que Mace está pasando por una crisis existencial, pero no hay excusa para haber querido mantener esto en secreto. Yo mismo negocié las primeras alianzas entre la Orden Jedi y la población de Oxlahun. Sé lo que les fue prometido, y mentirles sobre algo como esto, no estuvo incluido."

"Su posición, como Miembro Jefe en el Templo del planeta, lo coloca en una posición difícil." Organa opinó. "No quiere perder los avances que la Orden ha realizado. La Academia está recibiendo nuevos reclutados cada día, y la demanda continuará creciendo."

"Además, usted mismo lo dijo, Maestro Jinn." Obi-Wan se ocupó con retirar sus botas. "Es sospechoso, que el Señor Skywalker no haya informado de la existencia del heredero legítimo, desde antes—"

Leia frunció su ceño. "Pero, apenas acaba de recordarlo."

"Me refiero a antes-antes. Cuando todavía era una agente activo. Piénsenlo. ¿Por qué enviar a este importante personaje a Telos IV, cuando pudo haberlo enviado directo a Coruscant? ¿O algún otro planeta aliado a la República?"

"Los recursos que Anakin debió haber tenido a la mano, eran limitados." Qui-Gon ofreció. "Oxlahun y Telos ni siquiera comparten el mismo Sistema Solar. Debió de haber visto una oportunidad de mandar a este tal Lysander a cualquier otro lugar, y nada más."

"Cierto." Obi-Wan concordó, llevando su taza sobreviviente, y la de Organa, rumbo a la cocina. "Pregunta: ¿el Consejo lo verá de esta forma? Lo mandó a Telos IV por necesidad, de acuerdo. Pero entonces, ¿porque no avisar al Consejo, para que Lysander fuera recogido por fuerzas de la República, o interceptado en camino allí? Pregunto esto, porque es lo que Mace Windu se está preguntando ahora, y porque de estas grandes interrogantes, desea proteger a Caballero Skywalker."

"Lo que sea que Luke vaya a encontrar en Telos, dudo que vaya a ser tan sencillo como Caballero Skywalker lo planteó." Organa lo siguió hasta la cocina, pausando en el umbral, junto con Jinn. Fue raro, ser observado mientras Obi-Wan realizaba el aseo de sus propios platos sucios. "Maestro Kenobi, ¿cree que Anakin está protegiendo a alguien más, aparte de Lysander?"

Obi-Wan se encogió de hombros, remangando su túnica. "¿Honestamente? Creo que la mente del Señor Skywalker no es algo de lo que se pueda fiar. Está en Terapia Intensiva, por una razón. No me malinterpreten, no creo que tenga razones nefastas para esconder información. Simplemente, pienso que no recuerda toda la historia completa."

"No hay otra alternativa, más que esperar, entonces." Leia suspiró.

Qui-Gon aclaró su garganta. "Pagaré por los daños."

"No seas tonto." Obi-Wan sonrió para sí, negando tal proposición con su cabeza. "Son sólo objetos." Aunque, para futura precaución, Obi-Wan adquiriría vajillas más resistentes. Posiblemente de plástico térmico. "Deberías prestarle una visita a Caballero Skywalker, Qui-Gon. Tal vez se abra contigo, sin tener a Mace encima, y logremos unir más piezas del rompecabezas." En cuando más información relevante Obi-Wan pudiera compartirle a Luke, mejor sería para todos.

Organa se excluyó del apartamento con un despido formal, viendo su misión cumplida. Para la sorpresa de Obi-Wan, Qui-Gon no se marchó junto con ella.

"¿Hay algo más?" Preguntó a la figura contenida en su recibidor, con sincera curiosidad. "¿Qué pasa?" Insistió, al recibir únicamente silencio.

"Nada, nada." Maestro Jinn se dio por vencido ante la insistencia, sus hombros anchos flexionándose. "Sólo disfruto del momento. Este será el primer día marcado en la historia, donde Obi-Wan Kenobi y Qui-Gon Jinn no terminaron una conversación con una piscina de sangre, entre ellos."

"Todavía no es tarde." Obi-Wa rio. "No nos eches mala suerte, Qui-Gon." Desayunar juntos había sido un asunto mundano, extrañamente consistido en pocas palabras, pero estricta observación entre los dos. Había sido su primera sesión en el intento de conocerse más allá de los títulos, y viejas opiniones. Habían descubierto que compartían un pecaminoso gusto por holo-dramas, pero más allá, ninguna conversación trascendental había tenido lugar.

Algo de la fresca suavidad de Jinn bajó de tenor, retomando algo de seriedad. "¿Estás bien, Obi-Wan?"

Obi-Wan se tomó un momento de análisis personal. "Siempre me preocuparé." Cuando se tratara de Luke, siempre se preocuparía. "Pero, sobre todo, creo que estoy bien." Rascó ligeramente la punta de su nariz. "¿Y tú? Debes de estar orgulloso por Jedi Organa."

Qui-Gon rodó sus globos oculares. "Justo cuando pensé, que me comenzabas a conocer."

Con una risa que hablaba de malas intenciones, Obi-Wan se aventuró a ser más honesto con su opinión. "Así que, convertirse en una maverick como su Maestro no es su ambición, ¿qué hay de malo en ello? Deja que la chica se divierta, Qui-Gon. Además…" Se encogió de hombros. "…está batalla te supera. Organa está genéticamente predispuesta a la diplomacia."

Masticando lo dicho, Jinn hizo un sonido contemplativo. "No ayuda que siempre ha sido una princesita."

"Veo que me tocó el Skywalker más noble." Obi-Wan sonrió. "Culpa a Bail. Siempre la consintió, malamente, para compensar por la ausencia de sus verdaderos padres." Obi-Wan había conocido a Organa de infante, en una ocasión. Bail la había traído a un almuerzo con Obi-Wan, y aunque no recordaba detalles, la ciega adoración viniendo del enorme hombre era inolvidable. En aquel momento, de todo por lo que Obi-Wan se había preocupado, había sido la felicidad de su amigo, así que no había hecho preguntas entrometidas sobre los misteriosos orígenes de la niña. Además, Obi-Wan nunca había sospechado algo anormal, más allá de la adopción. Debido al gran parentesco físico entre Breha y Padmé, Leia había pasado desapercibida, sin problema alguno, para el resto de Coruscant. "¿Cómo está Jedi Organa manejando todo este asunto?"

Qui-Gon fue directo. "Evadiéndolo. ¿Esta ascensión al Consejo? No me entusiasma, porque solamente reforzará la desconexión emocional que Leia está poniendo en práctica." Con una confianza a la que Obi-Wan todavía no se acostumbrada, Jinn comenzó a merodear por la sala. Curiosamente, el hombre terminó frente a la colección de rocas sensitivas. "Aunque, ¿quién soy yo para juzgarla por su manera de manejar sus problemas? Un asiento en el Consejo es todo lo que siempre ha deseado. Es por lo que se unió a la Orden."

Con la imagen de Leia Organa en su mente, fue como Obi-Wan transitó el resto de su día. Mientras los componentes del Consejo corrían como gallinas sin cabeza, lidiando con la situación de Skywalker, se dedicó a meditar en los jardines del templo, prosiguiendo a una larga jornada de práctica esgrima.

Se sintió excelente, dejar salir todas sus emociones conflictivas, con desempeño físico. Obi-Wan sudó sus preocupaciones, sudó sus incertidumbres, sudó su frustración y su ansiedad. Eran pocas personas con la que podía practicar ágilmente la Forma Soresu, así que, cuando Windu visitó los dojos y se colocó justo frente a él con una pregunta silenciosa en su mirada—Obi-Wan asintió.

Fue la manera perfecta de enmendar sus fricciones.

Con Mace, Obi-Wan no tenía que frenarse.

Con embestidas de sus lightsabers, reclamos fueron escuchados, y respuestas fueron recibidas. Mace atacó, atacó y atacó, pero nunca logró romper con las defensas de Obi-Wan. Siempre que estuvo cerca de acorralarlo, Obi-Wan encontró una forma de escurrirse, saltando con las piruetas que Mace tanto detestaba. Por su periferia, la clase de Jinn comenzó y terminó, ajena al duelo entre los veteranos. Qui-Gon nunca se interpuso, pero los observó con ávida atención durante un rato.

Cuando culminaron, ambas lightsabers chocando en seco, azul zumbando contra un crujiente violeta, un empate fue auto-anunciado, y simultáneamente, los Jedi se apartaron y apagaron sus armas. Jadeantes, empapados de sudor, se inclinaron en agradecimiento. La sesión fue cerrada con acuerdo silencioso. Mace Windu se había disculpado, y Obi-Wan lo había aceptado.

"¿Cómo se encuentra el Señor Skywalker?" Inquirió con prudencia, mientras ambos se rehidrataban en las bancas.

"La fiebre ha cesado y la infección está bajo control. Está más lúcido que un cohete artificial."

"Y está furioso contigo."

Mace se encogió de hombros. "A Anakin siempre le han gustado unos buenos berrinches." Sorprendentemente, una minúscula sonrisa se dibujó en los labios morenos. "Se le pasará. Mañana, tendrá su primera sesión con el Consejo."

"¿Tan pronto?" Obi-Wan frunció su ceño.

La sonrisa se alargó. "El mismo Anakin la solicitó."

El tornado estaba aproximándose. En el instante que Skywalker pisara la cámara de los Maestros Jedi, la Inquisición comenzaría.

Colocó una enorme presión en Obi-Wan. Uno de sus pendientes personales, de repente no podía ser contenido por más tiempo. Después de dejar los dojos, volvió a su apartamento vacío, y se sentó frente a la holo-estación instalada en su recámara. Hizo la holo-llamada con cierta sensación de alivio. Alivio, porque los secretos estaban acabándose.

Su holo-llamada fue atendida por una suplente de la Reina—Sabé, si Obi-Wan recordaba correctamente—y con sólo ver de quién se trataba, la doncella se apresuró por traer a la verdadera soberana, hacia la transmisión.

A diferencia de los atuendos de alta costura, que envolvían a Sabé en el papel de carnada, Padmé se presentó con una sencilla bata de terciopelo, rizos chocolates cubriendo gran parte de sus hombros. Finas arrugas se acumulaban en las orillas de sus ojos, siendo las únicas evidencias de edad y estrés. Sin embargo, Obi-Wan tenía que admitir que, entre más madura Padmé se volvía, su belleza más imponente se presentaba.

-Por la Fuerza. Obi-Wan cubrió su boca, víctima de súbito déja vú.

"Obi-Wan." Siempre la temeraria, Padmé fue la primera en abrir conversación. No habían quedado en buenos términos durante el retiro de Naboo. Obi-Wan solía mandarles mensajes y holovids de Luke, pero Padmé nunca respondía. Ante su pausa, y lo que fuera que su lenguaje corporal estuviera comunicando, Padmé se acercó a su consola con más dedicación. "Estás asustándome. ¿Qué sucede?"

El Jedi pidió disculpas con un movimiento de su mano. Respiró hondo. "Su Majestad, me comunico para darle una importante advertencia."

Las exquisitas cejas castañas se tensaron. Obi-Wan prosiguió. "Eres mi amiga, Padmé. Pasé lo que pase, eso nunca cambiará. Tenemos nuestras diferencias, pero siempre te he respetado."

Labios pintados con frambuesa, se curvearon. "Esto es grave, ¿cierto?" Aquello fue articulado con un tenor que hablaba de resignación. Padmé ya se las olía, por así decirlo, uniendo cabos sobre cual tema podría impulsar a una llamada tan directa de Obi-Wan, después de tanto tiempo de distancia. "¿Se encuentra Luke, bien?"

"Sí." Obi-Wan no supo cómo responder. "Y no." Obi-Wan rio para sí. "Está en una misión, ahora."

Padmé bajó su mirada, perdida en sus propios pensamientos. "Shmi lo extraña."

Oh, Sith. Obi-Wan había olvidado sobre Shmi "Lars" Skywalker. Sin embargo, eso le dio dirección sobre cómo comenzar. "Necesitaré que le des un mensaje personal. Es de extrema urgencia."

"Seguro." Padmé adquirió nuevo enfoque, pensando que la conversación no sería de índole tan personal, después de todo.

-Oh, amiga. Obi-Wan recargó sus brazos en el escritorio que alojaba la consola holo. Se dejó de rodeos. "Necesitaré que le informes que su hijo, Anakin Skywalker, ha sido recientemente encontrado con vida…"


[+]+[+]+[+]


Sus muñecas estaban atadas con grilletes. Xanatos unió sus dedos juntos, respirando sobre el lóbulo de Anakin con excitación. Una rodilla se introdujo entre sus piernas, y Anakin expandió sus pies, automáticamente. Se resistió por unos segundos, consciente que así era preferida su conducta. Xanatos prefería una lucha, por más sutil que ésta fuera. Ser dócil era aburrido.

Los chamanes prosiguieron con sus cantos estúpidos, aturdiendo la concentración de Anakin con sus lenguas extranjeras.

Xanatos ató sus tobillos a los pies de la mesa. Anakin los intentó jalar, pero Xanatos conocía sus trucos. Entre más ímpetu Anakin aplicó con sus intentos inútiles de liberación, más fricción fue sentida entre sus cuerpos. Un largo mechón negro acarició su mejillas cuando Xanatos lo tomó del mentón, jalándolo hacia su boca—Anakin lo mordió, marcando de rojo la fusión de sus labios.

"Muun báalam…" Fue el gemido que obtuvo de premio. Un apodo de dialecto oxlahuniano. Anakin no quería saber el significado, puesto que la dulzura maliciosa corriendo en la voz de su amante, hablaba de un apego que Anakin no quería ayudar a florecer. "Éek báalam…"

"Garen." Anakin corrigió, dentro de un rezongo, rehusando el siguiente beso. "No uses otras parlotearías—Ya sabes que no confío en ti."

Xanatos tenían buenas manos. Fuertes, pero bellas. De pianista, él mismo se indicaba. Le encantaban presionar los pectorales de Anakin, buscando por bultos que, ridículamente, no encontraría. Así, era como Anakin tenía la certeza, que Xanatos siempre estaba pensando en alguien más.

"Te lo diría en Básico, pero tú y yo sabemos que no lo preferirías." Suave risa sobre su mejilla. Una lengua lamiendo rastros de sudor. "Garen, hiciste tan buen trabajo hoy. Mereces una recompensa."

"Y aun así, yo soy el que está esposado, y aceitado como pato marlello. ¿Quieres recompensarme? Cambiemos papeles."

Xanatos encajó su uña en su pezón. Anakin sonrió. Xanatos apreciaba su lengua contestona. "¿Vas a negar que no te gusta estar aquí? Porque sé que estás mintiendo." Y Xanatos pensó en mostrar la evidencia, una de sus manos viajando al sur del torso de su cautivo. "Vamos, muun Garen, sólo está vez. Ofrecemos a Tepeu nuestras gracias por este gran triunfo, les damos a estos eunucos algo con qué soñar en las noches… y después, tú y yo, nos dedicamos a celebrar a nuestra propia manera…"

"Pensé que ya tenías planes, esta noche." Anakin tenía los días precisamente calculados. Sabía que esta noche tocaba que Xanatos se encerrara en su oficina, coñac como su única compañía. Hoy tocaba que Xanatos entregara reportes sobre la caída de Vartolé a Darth Sidious.

"No tomará mucho tiempo." Con una finura que Xanatos guardaba para momentos especiales, el sacerdote acarició el fleco húmedo de Anakin, besando su frente como consuelo. "Después, puedes vengarte de mí. ¿No quieres darme una probada de mi propia medicina?"

En lugar de medicina, veneno le sentaría mejor, pero, Anakin dejó la mentira pasar. Xanatos nunca soltaba el control. Mucho menos cuando había sexo involucrado. Cuando Kornika, la sacerdotisa jefa de todo este circo, presionó por comenzar, Anakin permitió ser acostado sobre la mesa de piedra caliza, el incienso nublando sus sentidos. Cerró sus ojos, refugiándose en la oscuridad de su propia mente—

"Áh-áh." Xanatos mordió su cuello. Utilizando la Fuerza, sacudió la cabeza de Anakin de un lado a otro. "Abre los ojos. Disfrútalo."

Kornika se acercaba, en sus manos una bandeja de metal esperando a ser destapada. Nunca haciendo contacto ocular, la mujer postró la bandeja frente a Xanatos y Anakin.

Destapó la bandeja.

-¡No! Anakin torció su rostro, cada partícula de su ente rebelándose—pero, la Fuerza fue su eterna enemiga, presionándolo, obligándolo a mantener su concentración en los ojos muertos de la cabeza decapitada. El chico los había mantenido abiertos. El hijo de un granjero rural de Vartolé. Su familia no había sobrevivido el asedio del Ejercito Esmeralda. Anakin le había cortado la garganta por las espaldas, rápido y silencioso, tratando de hacer la muerte lo menos dolorosa posible.

Su apariencia idéntica a Lysander había sido su perdición.

Sus ojos violetas no eran comunes en esta zona tan cercana al polo sur, pero aun así, Anakin lo había encontrado justo en el momento más necesitado.

"Lo hiciste tan bien, Garen. Tan bien—" Xanatos estaba jadeando en su oreja. "¿Hizo algún ruido?"

"Cuando se estaba ahogando en su propia sangre, chilló un poco." Anakin había tapado su boca, pidiendo perdón con susurros maníacos. Había esperado a que el cuerpo se enfriara en el refugio de sus brazos. "Hubiera quebrado su cuello, pero ya sé cómo te gusta un poco de color."

El clímax del ritual se llevó a cabo con la misma moda de siempre, rezos subiendo volumen hasta que un fuerte gruñido de su líder indicaba el desenlace de sus tendencias voyeristas. Anakin hubiera entre-girado sus ojos, si no tuviera la cabeza de su ultimo pecado, mirándolo, justo hasta lo profundo de su alma. Aunque, a estas alturas, ¿qué quedaba ahí dentro por ver? No había nada interesante. Datos, información recolectada, para después mandar a la Matriz. Sólo había mentiras, que después eran utilizadas para su fachada. Sólo había el nombre robado de un hombre muerto.

Xanatos creía en reciprocidad, así que se esforzó por darle un poco de placer a Anakin por sus problemas. Anakin continuó observando los ojos violetas, suspirando y gimoteando en las instancias adecuadas. ¿Por qué eran tan violetas, aquellas iris? Le recordaban a la lightsaber de su Maestro—Y definitivamente, no quería pensar en Windu estando en esta posición. Anakin contuvo sus carcajadas ante lo absurdo de sus pensamientos. Aunque, en serio, esa clase de violeta era horrible. En la oscuridad, brillaban con mal agüero. ¿Qué había de malo con azul? ¿O marrón? ¿Verdes? ¿Negros?

Azul. Como el cielo de Naboo.

El siguiente gemido fue más real.

Naboo traía connotaciones intensas y prohibidas, y aunque Anakin odiaba mancharlas con lo que estaba pasando, no tenía otra alternativa—Azul. Azul—Azul representaba otra vida, otro tipo de placer.

El violeta de su dueño decapitado pareció cambiar a sus deseos, el violeta morfando a azul. Azul claro, casi turquesa, como los ojos de Luke—

Luke. La cabeza de Luke. Los ojos muertos de Luke, juzgándolo, mientras su asesino ondulaba sus caderas dirigidas por instinto, permitiendo que Xanatos lo poseyera de la manera más primitiva—

Anakin despertó, ahogado en un grito de sobresalto. Corrió al sanitario, pero su vómito no esperó para llegar al tazón.


[+]+[+]+[+]


Por esta razón, no podía meditar.

Meditar era peligroso.

Anakin no podía liberar todo… esto, a la Fuerza.

No podía hacer comunión.

Anakin ni siquiera sabía, lo que significaba estar en comunión.

Abrazó el tazón por un tiempo indefinido, detestando el temblor de sus codos.

Había hecho lo correcto.

Lysander había tenido mayor importancia, relativamente, que un niño huérfano de un pueblo que había sido aniquilado. A decir verdad, Anakin le había hecho un favor. Niños bonitos como él, hubieran sido usados como distracción del escuadrón…

Se levantó. Mojó su rostro. Estaba agradecido de que los Jedi no creyeran en la vanidad y que por ello, espejos no fueran instalados.

La siguiente cabeza decapitada que encontrara, ¿sería la de Luke?

Anakin tapó su rostro. Respiró hondo.

Llamó a un droide enfermero para que limpiara el desastre del baño. Y aunque se acostó de vuelta a la cama, y tapó su rostro con la sábana, se rehusó a dormir.

Cuatro horas después, Mace Windu llegó a recogerlo para su cita con el Consejo. Le trajo ropas nuevas, de civil, como Anakin lo había pedido. Hablar con el hombre todavía resultaba tan difícil. Anakin no podía verlo a la cara, a menos que estuviera reclamándole algo. Y lo peor, era que Windu ya no peleaba de vuelta. Recibía todo lo que Anakin quisiera arrojarle, con completo estoicismo. En momentos de pérdida de control con sus impulsos, Anakin quería gritarle a la cara, hasta quedarse sin voz.

"¿Podrás entrar conmigo?" Salió de su boca, antes de procesarlo correctamente. Anakin se concentró en abotonar bien su chaqueta, para evitar ceños fruncidos de su Maestro. Windu nunca había apreciado alguna señal de co-dependencia.

"Esperaré por ti afuera." Windu respondió, con voz calmada. Firme, aunque no dura. "¿Todo quedó correcto? No estaba seguro si la talla concordaría… Aún tengo algo de tu ropa vieja pero… haz adelgazado, desde entonces."

Anakin estiró sus brazos. La chaqueta estaba ligeramente grande, pero no era tan notable. Se encogió de hombros. "Es funcional."

Windu hizo un sonido incrédulo. "¿Funcional? ¿Desde cuándo eso ha tenido prioridad sobre tu sentido de moda?"

Inadvertidamente, eso sacó una sonrisa honesta de Anakin. Su Maestro siempre había encontrado ridículo la atención perfeccionista que Anakin había aplicado a sus uniformes. "De acuerdo. La tela pica en mi trasero. Estoy nadando en mi ropa interior, y probablemente, me caeré sobre mi nariz frente al Consejo, si no doblo este maldito pantalón…" Se agachó, pero la mano de Windu fue más eficaz. Anakin no tuvo otra opción, más que permitirle hacer los dobleces, en sus tobillos.

"Gracias." Indicó, a la cabeza ascendente del otro Jedi. Otro sonido incrédulo salió de la boca de Windu.

"¿Ahora con modales, también?"

"Siempre los he tenido." Anakin levantó mentón. "Que nunca los había usado contigo en el pasado, es otro asunto."

"Bueno, no te molestes. Solamente me provocarás pesadillas, si prosigues."

"¿Eso quiere decir que ya no te provocaba pesadillas, con anterioridad?" Anakin preguntó con exagerada tragedia. "¿En dónde me equivoqué?" Murmuró quejumbroso, a punto de darse la vuelta hacia la puerta—pero entonces, sintió manos ajenas posarse sobre sus hombros, deteniéndolo.

"Anakin."

El anunciado se dirigió hacia el Jedi, pero su mirada, no. Windu no le exigió más, afortunadamente.

/No ha habido noche en la que no he tenido pesadillas involucrándote, desde los últimos cinco años./

Anakin tragó saliva. Había olvidado que su antiguo vínculo había sido re-abierto. Había olvidado que su mente estaba acompañada. Primero con Luke, y ahora con Maestro Windu.

"Lamento tanto, no haberte encontrado antes."

"No." Anakin se apartó. "Ni te molestes." /Eres culpable de otras cosas, pero no de esta./

Tomaron más de un sólo elevador. Anakin atrajo ojos curiosos, pero Mace Windu fue una muralla frente a él, protegiéndolo de cuestionamientos insoportables. Cuando, por fin, abordaron el último elevador que los llevaría a la parte más alta de la Torre del Consejo, se encontraron con un pasajero ya en espera.

Anakin se escurrió por detrás de Windu, adentrándose a la cabina con un profundo interés. "Te conozco."

El otro pasajero elevó sus cejas mandarinas, sus ojos resplandeciendo con un humor que no se traspasó a sus labios. "Y yo te conozco a ti."

"Bueno saber, que todavía estás con vida."

"Qué gracioso. Estaba a punto de decir lo mismo."

Anakin analizó el paquete completo, ahora que tenía la oportunidad. Tomo un sorbo de la apariencia física actual, resultando poco congruente con el recuerdo de un hombre traumatizado bajo escombro. Botas pulidas impecablemente, túnicas recién lavadas, suaves ante su apreciación, de lana sintética de calidad. Ninguna hebra de cabello fuera de lugar. Postura recta, pero con una rodilla levemente flexionaba, señalando cierta soltura en su disposición. Del hombre, se emanaba un aura relajada, incitadora, aunque esta fuera una mera fabricación para engañar al enemigo a un estado de falsa seguridad.

Anakin reconocía tal táctica, porque el mismo Luke la había puesto en práctica. Voz suave, amable, lenguaje corporal abierto; buscando tranquilizar al animal salvaje que Anakin había representado.

A cinco pisos faltantes, el elevador se detuvo para darle el paso a otra persona. Cuando resultó ser Qui-Gon Jinn, Mace Windu sopló por su nariz. Anakin le lanzó un gesto en pregunta, pero Mace sólo le indicó que continuara observando.

"Maestro Kenobi, Anakin." Jinn saludó cortésmente, situándose justo al costado de Kenobi. "¿Camino al Consejo?"

"¿Yo no merezco un saludo?" Mace arrojó, comenzando con el juego. "¿Qué? ¿Yoda te prohibió hablar conmigo?"

"No, lo hago deliberadamente y por mi propia voluntad."

"Ah, ¿así es cómo lo quieres?"

"Niños, basta. ¿Qué pensará Caballero Skywalker de sus mayores?" Obi-Wan intervino con atine.

"¿Usted también vendrá a la sesión?" Qui-Gon caminó el tema con una sutileza no existente.

"Oh, no. Tengo asuntos un piso debajo de ustedes. Tengo que hacer oficial mi renuncia a la manera burocrática." Su obvio desagrado se transmitió con un suspiro y dedos pálidos acariciando la barba de su rostro. Anakin no perdió de vista, que tan concentrado Jinn estuvo en el gesto ajeno. Ah. Ahora, Anakin comprendía. "Les deseo toda la suerte, sin embargo. Que la Fuerza los acompañe." Maestro Kenobi agregó en el último momento, justo después de que las compuertas se abrieran en su respectivo piso. "Espero que prosiga con vida después de la sesión, Caballero Skywalker."

Anakin asintió, mostrando que podía pulir sus modales, cuando tenía ganas.

El silencio se alargó, en cuanto las puertas se volvieron a cerrar, Anakin quedando entremedio de Windu y Jinn.

"Vaya. Ahora comprendo mejor, la falta de visitas."

Jinn fingió demencia. "No sé de qué hablas. Te he visitado."

Mace Windu le dio el toque final al acto completo, la cabina deteniéndose en su destino final. "Cuidado al salir, Anakin. No te vayas a resbalar con la saliva de Qui-Gon, regada por todo el piso."

Las orejas carmines de Jinn fueron afirmación suficiente. Anakin golpeó su hombro contra el brazo de Qui-Gon—porque el hombre era un maldito gigante—suavizando la interacción.

Sin embargo, en cuanto arribaron a la antesala, el ambiente cambió.

"Redecoraron." Anakin examinó a su alrededor. "Me agrada el rojo. He estado en burdeles que envidiarían este estilo."

Mace no se molestó con una reprimenda, tomando asiento en las sillas de espera. Jinn se deslizó a su lado, su rostro recuperando su tonalidad natural. Ancló una mano en el soporte de la silla de su viejo amigo. Por su parte, Anakin caminó a los ventanales, absorbiendo el panorama de una ciudad que nunca había pensado volver a ver, de nuevo.

Coruscant. La hermosa capital. La Preciada Gema del Sistema Nuclear. Su mano enguantada se presionó contra el frio vidrio. El resplandor dorado de la ciudad era excesivo para sus pupilas cansadas, pero Anakin persistió, necesitando registrar cada detalle de su recompensa. Cuatro, de las Cinco Torres del Templo, se alcanzaban a divisar. El tránsito aéreo, tan caótico como siempre. El smog, el ruido, los zumbidos de los speeders, el infinito camino abajo que nunca acababa…

Anakin había extrañado Coruscant.

"Maestros." Las puertas del Consejo se deslizaron, una Jedi twi'lek desconocida para sus ojos, invitándolos a pasar. Anakin endureció sus hombros, preparándose para lo que se aproximaba.

Estaba consciente de que nunca había sido aprobado, enteramente, por los Jedi veteranos. Siempre había sido etiquetado de volátil, muy atado a sus raíces en Tatooine, como para aceptar un futuro libre de vínculos en la Orden. "Impaciente," Yoda había suspirado, en miles de ocasiones. Pocos habían comprendido, en su época, sobré que demonios había poseído a Mace Windu para tomarlo como aprendiz. Anakin suponía que muchos habían esperado que Windu lo domara, que lo podara, que lo confinara hasta ser un Jedi más, siempre obediente.

Pero, en lugar de eso, su camarada había alimentado las llamaradas agresivas del Caballero Skywalker, generando controversia. Lo había acogido en sus enseñanzas de Juyo/Vapaad con rígido entrenamiento, posteriormente alentándolo a desarrollar su propia Forma. Windu le había instruido a canalizar su propia oscuridad para otorgar luminosidad a la Fuerza. Con la guía de su Maestro, Anakin había aprendido a esconderse entre las sombras, a manipular su afinidad con la Fuerza como una capa sobre su identidad, permaneciendo invisible para los no aptos.

Y por sus métodos tan anti-ortodoxos, por mucho tiempo, se había creído que Windu y Skywalker caerían al Lado Oscuro. Después de todo, ¿qué se había podido esperar de alguien que bailaba, tan seductoramente cerca, de la línea limitante?

-Mírenos ahora, la Guerra ha terminado, y somos los últimos de pie. Habían estado tan equivocados. En la Hora Final, Mace Windu se había enfrentado al verdadero representante de la Oscuridad y lo había aniquilado…

La epifanía fue estremecedora. El conocimiento que Anakin había intentado negar, viniendo de la Fuerza, al sentirse demasiado avergonzado para aceptar perdón.

Horas atrás, al tener el resplandor deslumbrador de Luke encima de su persona, el mismo Anakin se había creído perdido, maldito, echado a perder. Pero, en este preciso momento, se percataba de que tan desesperadamente deseaba mostrarle al Consejo, de que no era así. Quería mostrarles que su trabajo en Oxlahun no lo había extinguido. Anakin quería exponerles que todavía se empeñaba a la Luz, a uñas y dientes.

Anakin se tornó en dirección del hombre que lo había criado, instantes antes de introducirse a la cámara. "¿Algunas últimas palabras para mí, Maestro?"

"Diles todo lo que quieran saber." Fue la réplica solemne. "No temas a lo que vayan a pensar, Anakin. Diles todo."

El interior del Alto Consejo también había sufrido algunas ediciones. Sutiles, pero distinguibles. Las paredes de mármol habían sido reemplazadas por vidrio de alta resistencia, y en consecuencia, la luz de la mañana se filtraba, delineando las diez posiciones circulares de los Maestros, aunque sólo ocho asientos estaban ocupados. Anakin reconoció a Maestro Yoda y al Maestro Plo Koon, pero más allá de ahí…

Anakin pausó, contando la siguiente cabeza.

"¿Qué hace ella aquí?" Prosiguió a demandar, mirando las trenzas castañas de Leia Organa columpiar, al voltear a verlo.

"Dama Jedi Organa es parte del Consejo, a partir de hoy." Qui-Gon le respondió desde sus espaldas, apenas introduciéndose a la cámara.

Pánico endureció su abdomen. Anakin se paralizó, en medio camino al centro. "No puedo—No hablaré con ella aquí." De ninguna manera, abriría el telón de sus acciones en Oxlahun, enfrente de la chica.

"Señor Skywalker, usted no está en ninguna posición para hacer demandas." Un Maestro de origen ongree, se apresuró. "Dama Organa permanecerá en esta sesión. Ha jurado completa objetividad—"

"Su objetividad, seguramente, pero no la mía." El coraje siempre había sido un buen impulso, y no falló para empujar a Anakin hacia el frente, rebasando los límites de cercanía con los asientos. Se dirigió a Yoda, acusando con el descaro que ya lo había hecho famoso. "Dejémonos de teatros, Maestros. A estas alturas, deben de estar al tanto de la relación entre Organa y mi persona. ¿En verdad esperan que permanezca ahí sentada, mientras entro en detalles—?" Tan sólo pensarlo, le revolvía el estómago. "No. Sáquenla de aquí."

"Puedo hablar por mí misma, Caballero Skywalker." Provino del asiento de la mujer en cuestión. "Le aseguro, mis puntos de vista de su desempeño como Sombra Jedi no se verán comprometidas, con cualquier situación personal que nos una."

Organa era toda bravura y arrogancia. Una mala combinación. "Astuto discurso. Pero, aún te falta mucho camino por recorrer. Tu decisión de quedarte no depende únicamente de ti." Niñita, se comió justo a tiempo. Vaya que Bail Organa la había modelado a su perfecta fachada. "Demando una votación. Mi relación consanguínea entra en conflicto con el objetivo de mi presencia en esta sesión, justamente como lo hace mi relación con Maestro Windu. Si él no puede ser permitido aquí dentro, menos ella."

"Estoy de acuerdo." Qui-Gon lo apoyó, caminando a su asiento. "Y yo voto a favor de Caballero Skywalker. Con la autoridad que tengo como antiguo Maestro de Dama Organa, me rehúso a someterla a esta inspección del pasado de su padre. No es ético."

"No es mi padre." Organa se apresuró a enfatizar, fría como la nieve de Orto Plutonia. "No lo conozco. Es un desconocido para mí, por lo tanto, pudo mantenerme—"

"Estuviste dentro de su mente." Jinn contratacó. "Maestro Kenobi me informó que participaste en la intervención psíquica entre Luke Lars y Caballero Skywalker. Haz sido expuesta a las impresiones emocionales de tu hermano y de tu padre. Indirectamente, pero lo has sido. Por lo tanto, aquello te coloca en terreno subjetivo."

"Cierto, eso es." Yoda suspiró, ganándose dagas de las miradas de Organa y del Maestro ongree. En cuestión de minutos, todos los restantes votaron a favor de Anakin.

"No puedo creerlo." Organa se puso de pie, bajando los escalones con indignación. "Si me quieres sabotear, mírame a los ojos, al menos."

Solamente para enfurecerla más, Anakin lo hizo. Hasta agregó una sonrisa. "Lo siento pero, ¿qué acaso Bail nunca te dijo que no debes entrometerte en los asuntos de los adultos?"

"Debes ser considerado un adulto primero, para—"

Sucedió demasiado rápido. Un segundo la Fuerza se activó ferozmente, sonando sirenas en su mente. Un parpadeo después, Anakin estaba arrojándose sobre Dama Organa, derrumbándola al piso, mientras fragmentos de vidrio salían volando por todo el lugar. Llovieron gritos, concreto, polvo, y dolor. El sonido de disparos láser hizo un terrible eco por la cámara. Las manos de Organa se aferraron de la chaqueta de Anakin, paralizada por los mortales eventos que se estaban registrando. Todo sucedió tan imprevistamente, que ninguno de los dos podían comprenderlo. Anakin levantó su cabeza, una mano uniéndosele, justo a tiempo para bloquear una cortina de concreto pulverizado, dirigiéndose en su dirección. Al mismo tiempo, logró distinguir a Maestro Qui-Gon, protegiéndose con su silla, del atrevido asalto—Estaba sangrando de su hombro izquierdo, pero su comlink estaba en sus labios, sin duda, anunciado sobre el ataque.

Maestro Yoda tenía su lightsaber encendida, bloqueando disparos, aunque resultaba demasiado abrumador, armar una defensa. El troll utilizaba su baja estatura para su ventaja, sin embargo. Imitando la acción de Jinn, buscó protección de los disparos en la silla metálica.

Un cuerpo cayó a su lado. Anakin reconoció al Maestro de origen ongree. Sangre purpura cubría su torso. Leia gimió con sobresalto entre la protección del cuerpo de Anakin, reconociéndolo. Desafortunadamente, el ongree no sería la única víctima. Por medio de la Fuerza, empezaron a concebirse pérdidas vitales, ¡Bam! ¡Bam! ¡Bam!. Muerte. Muerte. Muerte. Anakin se levantó, solamente lo suficiente, para jalar a Organa, moviéndola fuera de la línea de inminente peligro. Ambos se arrastraron por el piso encerado, el diseño tan ostentoso y de mal gusto, ahora siendo manchado con sangre de diversas especies.

Ráfagas heladas de viento se colaron por el ambiente, libres de infiltrarse, ahora que todo escudo había sido destruido. Anakin manipuló dos sillas con la Fuerza, armando un mejor asilo para Leia. La dirección del ataque provenía del norte, pero en el momento que el enemigo comenzara a rodear la torre, estarían fritos.

"¡Las compuertas de seguridad tienen que activarse!" Qui-Gon gruñó, a nadie en específico. Tenía razón. Anakin podía no conocer todas las modificaciones que se les había hecho a las Agujas, pero se consideraba protocolo estándar que, para esto, paneles de acero debían de estar cubriendo los ventanales destruidos. Sin embargo, ninguna de las medidas de emergencia estaba entrando en acción.

"¡Deben estar dañadas!" Anakin gritó, por encima del escándalo de la destrucción. Disparos estaban haciendo efecto ricochet, y Anakin fue indefenso en ver a otra Dama Jedi siendo golpeaba en la espalda por el terrible efecto. La mujer twi'lek que lo había recogido del vestíbulo. "¡Las compuertas de entrada tampoco están funcionando!" La luz roja del panel de control marcaba que el acceso estaba siendo denegado. Nadie podía salir o entrar.

Esto había sido un ataque planeado.

La certeza de ello, fue instantánea.

/¿Anakin? ¿Qué diantres está sucediendo?/ Mace Windu retumbó en su cabeza. Anakin no utilizó palabras. Mandó imágenes de lo que sucedía a su alrededor. De los disparos, de los cadáveres, de la sangre corriendo por el cuerpo de Jinn, de cómo la seguridad estaba siendo saboteada en cualquier manifestación. Demandó por ayuda iracundamente. /¡Estamos tratando, Anakin! ¡Estamos justos del otro lado de la entrada!/

La promesa fue tangible, pues el acero de las compuertas de entrada comenzó a fundirse del otro extremo. Estaban recurriendo a lightsabers. /¡Demasiado lentas!/ ¡Si tan siquiera tuviera un maldito bláster para disparar! "¿Alguien le ha dado un buen vistazo a lo que nos está atacando?"

Aparentemente, la oportunidad de investigar, la había tenido Organa. "¡Parece una clase de Fighter manejado por droide!"

"Típico." Anakin murmuró. Droides significaban cobardía. Por supuesto que el que los quisiera muertos, no se atrevería a realizar el trabajo sucio, él mismo. "¡No podemos quedarnos aquí a esperar que se les acabe la munición!" Su más grande miedo se hizo realidad, cuando percibió los cañones de la nave comenzando a rotar sus disparos. "Mierda de Sith."

"¡Anakin!" La voz de Qui-Gon intentó advertir, pero fue muy tarde. Anakin sintió el calor de una explosión rozar cerca de él. Su instinto fue proteger a Leia, pero la chica, a diferencia de él, sí había tenido tiempo para reaccionar de manera favorable. Con la Fuerza, alcanzó a arrojar sobre ellos el resto de las sillas vacías, construyendo una muralla de protección física. Otra explosión fue escuchada, ahora viniendo del área cerca del Maestro Yoda.

"¡Están destruyendo los pilares!" Leia le rellenó los vacíos. Era evidente que estaba haciendo todo en su control por mantenerse en calma. Estupefacción había cedido a hambre por supervivencia. Su rostro, previamente maquillado, estaba espolvoreado de aserrín de concreto. "¡Quieren aplastarnos!"

En efecto, los pilares de la cámara concejal estaban siendo derribados. Todo comenzó a rechinar con inminente amenaza. "¿Dónde demonios está la caballería?" Anakin renegó. Irónicamente, los espasmos de su hombro habían sido detonados con los bombardeos, y Anakin odió su cuerpo por la vil traición. Este no era el momento para que recordara sus fracturas. "¿Qui-Gon? ¿Yoda?"

El techo de la cámara cayendo sobre ellos, fue su única respuesta.

Excepto que…

Anakin abrió los ojos, que no recordaba haber cerrado. Se percató de que todavía estaba vivo, y no aplastado. Parpadeó confundido.

Levantó su cabeza.

Leia tenía sus brazos extendidos sobre su cabeza. Sus hombros estaban temblando. Maullidos, de intenso esfuerzo, salían de su boca.

Y había una buena razón para ello.

Utilizando la Fuerza, de una forma que Anakin pocas veces había abusado en su trayectoria como Jedi, su hija estaba tratando de contener el techo.

Automáticamente, Anakin extendió su propio brazo, ayudándole con sus míseras capacidades. Clavó sus ojos en Leia, vigilando por cualquier pista que delatara debilidad, temiendo que la mujer estuviera aplicando demasiada presión a sus límites físicos y mentales. Sirenas comenzaron a filtrarse por sus oídos, anunciado la llegada de las autoridades policíacas. Fue entonces que Anakin se percató de que los disparos habían cesado. "Leia." No sabía qué agregar. Fue extraño hasta pronunciar el nombre. Muchos sentimientos lo invadieron, al presenciar la fortaleza de la joven. Su cuerpo pequeño estaba demostrando, que tanto potencial, escondía bajo su pulcra imagen de dama de hierro. ¿De dónde lo había obtenido? ¿De Anakin? Anakin tenía una alta cuenta midicloriana, pero nunca había pensado que cualquier producto genético viniendo de él, fuera a heredar tanta destreza…

Tosidos en su periferia le contaron que Jinn seguía con vida. Yoda, también, porque su perdida se hubiera sentido por la Fuerza. Eso era indiscutible.

El techo cedió unos metros, escapando del control de Leia, momentáneamente. El aliento fue robado de ambos, con el susto.

"No puedo—Es demasiado—" Se manifestó un sollozo de la Dama.

"Puedes hacerlo. Lo estás haciendo muy bien, hasta ahora. No tengas miedo, Leia." Anakin dejó correr su lengua, sin pensar. "Ayuda debe venir en camino, aguanta un poco más."

"Duele—Duele—Mi cabeza va a explotar—"

"Imagina… que es mi rostro. Imagínate que… estás abofeteándome… por cada palabra insolente que te he dirigido."

Una risa ahogada surgió, a duras penas. Pero, la táctica pareció funcionar, comprándoles minutos preciados.

"Bien, muy bien hecho, Leia."—Pero, habló muy pronto. El techo descendió y descendió, en picada, crujiendo, a pesar de los gemidos de frustración viniendo de Organa. Cuando la mujer se colapsó de rodillas, Anakin la jaló con todas sus fuerzas bajo su cuerpo, pensando en sepultarla bajo los asientos para mantenerla a salvo.

No fue necesario. El techo fue frenado, de nuevo. Frescas voces entraron a la cámara. Nuevas fuentes de vida se filtraron por la habitación. Ayuda.

"¡Sáquenlos de ahí! ¡Anakin! ¿Dónde están?"

En respuesta, Anakin aventó una oleada de la Fuerza para despojarse de las barreras fabricadas por los asientos. De inmediato, manos ajenas se posaron en su persona, halándolo, levantándolo urgentemente. Leia todavía tuvo resistencia para levantarse y ayudar, rodeando un brazo de Anakin alrededor de sus hombros. Su cabeza giraba, gran parte de la adrenalina, disminuyendo. Sus músculos comenzaron a arder, al igual que sus ojos irritados. "¿Qui-Gon? ¿Yoda?"

"Están siendo ayudados—Vivos." Organa anunció, entre dientes.

En primera estancia, Anakin pensó que serían movilizados al vestíbulo, pero en vez de eso, Anakin sintió el piso desaparecer de sus pies, solamente para después, reaparecer, como acto de magia. Las dimensiones de su espacio fueron medidos por la susceptibilidad de la Fuerza, en busca de respuestas. Estaba en un cargador. Estaban siendo extraídos de la Torre. Anakin hizo todo lo posible por enfocar su atención, girando su rostro hacia su otro rescatista. Al reconocerlo, sonrió. "No sabía que… habías estado… tan ansiado de saldar cuentas."

Maestro Kenobi le regresó el gesto, a pesar de la crisis. Dejó la responsabilidad del bien de Anakin en manos de Organa, para luego saltar de regreso a los restos de la cámara del Consejo. Minutos posteriores, Kenobi retornó, con Qui-Gon sujetado a sus hombros. Plo Koon resultó como otro Maestro sobreviviente, su cuerpo inconsciente siendo movilizado por otro Jedi. Anakin identificó a Windu, y a Yoda, como las razones por las que el techo todavía no colapsaba. Estaban realizando una cuidadosa coreografía, abriéndose camino al carguero, mientras se concentraban en mantener el techo suspendido, hasta ellos mismos estar a salvo.

Los cuerpos de los difuntos Maestros, también estaban siendo traídos a bordo. Dama Organa se apartó de los cuerpos, lo más posible, y adjuntamente de la cercanía de Anakin, para esconder sus vómitos en un cortina de forzosa discreción.

Incómodo, ante la vulnerabilidad de la joven, Anakin rodó su cuerpo en la dirección opuesta. Alivio lo invadió, al ver las siluetas de Yoda y de Windu abordar el otro carguero, permitiendo que la gravedad hiciera lo suyo. El estruendo del colapso fue impactante de presenciar. Resultaba irreal, registrarlo en su cabeza: El Alto Consejo acababa de ser destruido. Cinco de nueve miembros, habían fallecido. Nadie lo había visto venir. Nadie se había percatado del peligro, hasta que había sido demasiado tarde. Anakin, ni siquiera, había tenido la oportunidad de compartir su testimonio.

Su carguero se estaba alejando de la escena con un aura negra, la pesadez de los sucesos aprisionando su espíritu. De reojo, Anakin notó la figura de Organa reincorporarse, manos pálidas tallando su rostro. -Una niña. Es una niña, todavía. Frente a él, Maestro Kenobi se estaba encargando de amarrar el cuerpo herido de Qui-Gon, mientras que un Sanador brindaba asistencia al hombro dañado.

"Dime que lo tienen."

Kenobi torció su cabeza, al escucharlo. "La astronave responsable ha sido neutralizada." Una mueca amarga, sin embargo, le robó de cualquier victoria a lo anunciado. "Solamente hubiera deseado que todo hubiera sido detenido… más rápido."

"Ya que estamos en el tema, ¿qué exactamente los hizo tardarse tanto?" Anakin ladró, no importándole si sonaba mal agradecido.

"Puedo imaginar que para usted, Caballero Skywalker, todo debió de haber sucedido más lento. Pero, créame, actuamos lo más rápido posible." Kenobi no cayó en su trampa, tan fácilmente, pero Anakin no imaginó el brillo desafiante en sus ojos claros. Su actitud no estaba siendo apreciada. "Le dimos prioridad a evacuar los pisos inferiores de la Torre, en caso de que la estructura colapsara por un ataque de mayor magnitud."

"¿Hubo otros ataques, a parte de los de la Torre del Consejo?" Qui-Gon jadeó, colocando una mano sobre el hombro de Kenobi, sabiamente interviniendo, antes de que Anakin le diera rienda suelta a su lengua.

Kenobi suspiró un conmocionado "No", moviéndose a un costado de Jinn. Sobó su rostro. "Hasta mi conocimiento, el Consejo fue el único blanco. Pero, estamos en estado de alerta, en caso de otro próximo atentado."

"Fue planificado." Anakin lo sabía hasta la medula espinal. "El Sistema de Seguridad fue corrompido. Estoy seguro."

"Estamos investigándolo. Y repito, no estamos fuera de peligro, aún." Con su atención estirándose hacia los otros ocupando del cargador, Kenobi modificó su semblante. Su expresión severa se pulió. "Dama Organa, ¿está lesionada?"

Leia estaba abrazando sus piernas contra su pecho, cuerpos fríos separándola de Kenobi y Jinn. "Sobreviviré."

Kenobi no estaba convencido. Lucía más abiertamente preocupado, que el mismo Anakin. Irrealmente, la idea no sentó bien con él. Anakin no pensaba que Kenobi tuviera el derecho. "Vi lo que hizo. Fue… fenomenal."

"Nos salvó." Qui-Gon concordó. "Hasta Maestro Yoda está impresionado."

Mal humorado por ser el centro de atención del Sanador, Jinn le empujó en dirección de Skywalker. "Revise a Anakin. Está verde del rostro."

Anakin se sentía verde, pero primero muerto, a admitirlo. "No te me acerques." Gruñó ante el joven Jedi, que lucía recién graduado de la Academia de Sanación. Anakin se rehusaba a ser su primer conejillo de indias.

"Estás sangrando." Leia mencionó, a modo de comentario. "De tu nariz."

Enseguida, Anakin pasó sus dedos por el área de sus orificios nasales. Sangre encostrada pintó sus dígitos. Diablos. "Sólo dame algo para limpiarme." Le refunfuñó al enfermero glorificado, y aunque su orden no fue bien recibida, un pañuelo desinfectante se manifestó a su solicitud. El carguero estaba empezando a descender en las afueras del Templo, donde todo Jedi evacuado se encontraba aglomerado. Reporteros, fuerzas policiales, ambulancias rescatistas, y demás, estaban haciendo acto de presencia. Discretamente, Anakin bajó su rostro, extrañando su túnica Jedi para proteger su identidad. Cuando vio a Kenobi bajar del transportador, lo siguió, ligero y callado. Sus cabellos pelirrojos eran tan singulares, que no perderlo de su vista no fue trabajo difícil.

Kenobi se abrió camino entre las autoridades policiacas de Coruscant, pisando la zona restringida que alojaba la astronave enemiga. Organa había tenido razón. Parecía ser una versión modificada de un Bombero, sin ningún piloto a la vista.

"¿A dónde crees que vas? No tienes autorización para pasar." Un oficial le empujó, cuando Anakin se atrevió a husmear demasiado cerca. Intentó usar un truco mental en el sujeto, pero no resultó ser necesario.

"Viene conmigo." Surgió de las profundidades de la escena del crimen. "Déjenlo pasar."

Humildad nunca había ido a la par con su personalidad, así que Anakin se despidió con un guiño prepotente, ignorando las vueltas que su cabeza comenzaba a percibir. Kenobi lo esperaba, con la mitad de su cuerpo trepado en el ala del Bombero. "Di estrictas órdenes de que fuera derribada con toda la delicadeza posible." La cabina se abrió con un agudo hiss. Kenobi no se adentró, sino que esperó a que Anakin saltara al lado opuesto de su propia posición, cubriendo la otra ala metálica. "¿Harías los honores?"

Anakin admitía estar extrañado por el acceso, tan libre, que estaba recibiendo, pero sería el último en quejarse. Con los ojos expectativos de Kenobi posados en él, se inyectó en la cabina. Por un momento, se paralizó, abrumado por haber retornado a su hábitat natural. Sus dedos enguantados encendieron el monitor situado frente a él. La Inteligencia Artificial se activó, evidenciando el sumo cuidado con la que se había derribado. "Es un software demasiado sofisticado para este modelo chatarra."

"Esta astronave ha sido personalizada, no hay duda de ello. Puedo jurar que ya he visto el modelo original de esta carcacha…" Obi-Wan rascó el metal con uñas curiosas, su mente adelantándose a conclusiones que solamente el Maestro podía leer. "Es una variación de los Bomberos utilizados por la Federación…"

"I.A., muéstrame las coordenadas de tu último viaje intergaláctico."

"Acceso Denegado."

"Conste que, primero, pregunté con educación." Anakin se dispuso a interactuar con los comandos de la computadora, buscando por un punto débil. "Necesitaré hackear a esta lata con más precisión."

"¿Qué necesitarás?"

Anakin le indicó por un datapad, cables para transferencia de códigos, y un desarmador. Kenobi se los consiguió en cuestión de minutos, casi al instante del tronar de sus dedos. Anakin notó que los policías federales se tropezaron por proveer al Jedi de lo que necesitaba, actuando como adolescentes empedernidas. El club de fans de Kenobi indicaba ser bastante ecléctico. Una vez desnudo el panel inferior al monitor, Anakin revivió sus viejos tiempos de Pseudo-Slicer, sin problema alguno, el conocimiento regresando, fielmente, a su intelecto. "Veamos, ahora."

Apenas ingresó al data-stream principal de la I.A., la pantalla se puso en blanco, y un mensaje comenzó a teclearse por sí solo.

"¿Qué hiciste? Eso no es normal." Kenobi asomó su cara. "¿Está transmitiendo señal en vivo?"

"No…" La voz de Anakin se fue atenuando conforme el mensaje se desarrolló. No estaba en Básico.

"¿Y esos garabatos? ¿Qué significan? No me parecen conocidos."

"Es idioma oxlahuniano." No que Anakin fuera un experto. Había aborrecido el idioma con todo su ser. Pero, había tenido que aprender lo más vital para su sobrevivencia. "Por lo menos, esto responde a quién es el que me quiere muerto."

"No te vayas con la finta." Kenobi objetó. "Fácilmente, el verdadero perpetrador puede estar incriminando a la persona equivocada. ¿Qué es lo que dice?"

"Es un acertijo. No entiendo a la perfección—Algo sobre fuego. I.A., traducción." Para su sorpresa, su comando fue obedecido. "Entro al fuego, y no me quemo. Entro al agua, y no me mojo. A pleno sol, reino. En la noche, no existo."

Kenobi se mostró entusiasmado con el reto. "Es una adivinanza. Mmm." El hombre repitió las frases para el mismo, una y otra vez, masticándolas.

La respuesta había llegado a Anakin, desde el instante que había leído el primer mensaje, pero las implicaciones de dicho adjetivo, pusieron su mundo de cabeza.

"¡Ah! Estoy un 80% seguro de que si intentas con la palabra Sombra—"

Anakin le aventó un puñetazo a la pantalla. Nada cambió.

"…O podemos intentar eso."

Anakin flexionó sus yemas sobre el datapad, ahora intentándolo al estilo de Kenobi. Marcó Error. Antes de que el otro Jedi ofreciera la opción por segunda ocasión, Anakin se adelantó, re-insertando la hipotética llave al cerrojo, pero ahora, en idioma oxlahundiano.

Oochel.

ACCESO PERMITIDO.

Xanatos apareció en la pantalla.

No había más que decir. Era Xanatos. Tenía que ser Xanatos. Cabellos negros, colgando fuera del capuchón, en cortinas de petróleo puro. Aquella sonrisa demente, manipuladora, alargándose, partiéndose para dejar salir un calificativo que Anakin todavía podía escuchar en sus pesadillas:

"Nos vemos de nuevo, mi muun Garen."

"Estás muerto."

"Los muertos no hablan." El rostro de la transmisión estaba, parcialmente, cubierto. Oh, sí, para nada sospechoso. Respirar, de repente, fue una acción forzosa para Anakin. "Los muertos no son capaces de tomar venganza."

"¿De esto se trata? ¿Venganza?" Pero, la silueta misteriosa de la pantalla se desvaneció en una nube de pixeles, dejando a Kenobi insatisfecho con su cuestión. El logo, que el mismo Xanatos había quemado en su mejilla con el anillo de su padre, marcó el final del breve interludio. Entonces, todo prosiguió a empeorar. El data-stream comenzó a trabajar sin indicaciones especificadas por Anakin, anunciando quiebre de códigos de seguridad—Rayos.

"Está re-hackeado el sistema de seguridad del Templo." Porque había tenido la razón, anteriormente. El Sistema de Seguridad ya había estado en estado vulnerable a influencia exterior.

"¡Detenlo!"

"¡Es lo que intento hacer! ¡El hackeo está viniendo por otro medio!"

"¡Hazlo más rápido!"

"¿Podrías callarte, entonces?—¡Demonios!"

"¿Ahora qué?"

Si antes, Kenobi había estado dando órdenes frenéticas por su comlink, ahora se quedaría sin voz. "¡Está liberando un virus!" Estaba haciendo más que eso. Estaba utilizando el virus como una pantalla, mientras el hackeo se dedicaba a robar información detallada de los Archivos. Expedientes. Oh. Oh no. Anakin trabajó con más ímpetu al reconocer el objetivo del ataque. "Está robando—Mi vida." Su carrera como espía, sus orígenes en la Orden, los informes mandados a la Matriz, holo-vids, registros de grabaciones de coms, registros de evidencia física que Anakin había obtenido para incriminar a Xanatos, pruebas del vínculo existente con Darth Sidious—Todo estaba siendo robado, y posteriormente, borrado. "¡No, no, no, no, bastardo!"

No pudo detenerlo. Si era una venganza, era una excelencia. Nada pudo haber enfurecido a Anakin, más que esto. Nada pudo haberle provocado tanta impotencia. Nada pudo haberlo destruido, como ver todos sus sacrificios del pasado, dejar de tener valor.

"Estoy brindándote un regalo, Garen." La voz holográfica de Xanatos dijo melodiosamente, arrojando la apuñalada final. "Te estoy dando una nueva vida."

Cuando una lightsaber atravesó el monitor, Anakin brincó del sobresalto, virando hacia Kenobi con acusación.

El azul del sable fue apagado, sin remordimientos. "Tuve suficiente de tanto dramatismo. Jedi Cyborgs Slicers están ocupándose del problema. No hay nada más que puedas hacer." Anakin observó una mano del hombre posarse en su brazo, pero no la sintió. No podía sentir nada, más que desolación. "Además, creo que estábamos siendo observados. No le iba permitir, al que sea responsable de este embrollo, obtener más placer."

El cerebro de Anakin seguía atascado en la imagen de Xanatos.

"¡Transporten esta aeronave a los hangares, ahora mismo, para análisis forense!" Kenobi se escuchó a lo lejos, más remoto que nunca. "¿Caballero Skywalker…? ¿Se… bien?"

Una inminente penumbra amenazaba su vista. Anakin trató de combatirla, trató de aferrarse al mundo despierto…

"¡Sky… walker!"

Muun báalam.

"Respira… Ana… kin, necesitas… respirar… shock."

Éek báalam.

… pero, en un mundo donde su identidad había pasado a ser inexistente, ¿a qué más, podía Anakin aferrarse?


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Cinco años antes.

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"¿Alguna vez escuchaste la Leyenda del Elegido?"

Anakin se acostó sobre su estómago, gruñendo una respuesta. Las caricias sobre su espalda desnuda, eran arrulladoras. Un beso fue plasmado en su columna. "No creo en cuentos de cuna."

Un manotazo sobre su glúteo. "No es un cuento, Garen. Es una leyenda." Acto seguido, un brazo delgado rodeó su cintura. Los labios de Xanatos se acomodaron en su oreja más accesible. "Es una de las Leyendas más antiguas del folclor Jedi…" Una pausa. "Un viejo amigo mío creía fervientemente en ella. Era triste, el tipo siempre soñaba con lo intangible. Perdió a muchas personas… por preferir una idea, a la realidad."

Xanatos solía ser friolento, una sanguijuela en busca de calor, una vez que la euforia del coito era concluido. Siempre decía que Anakin era su calentón preferido. "Mmm."

"Siempre tan elocuente." Xanatos rio. Una de sus piernas se insertó entre las de Anakin. "La leyenda… dictaba que algún día nacería un ser con tanta afinidad a la Fuerza… que traería equilibrio a ésta."

Anakin conocía la leyenda. Anakin sabía cuánto en ella, Qui-Gon Jinn creía. Lo sabía, porque por mucho tiempo, Anakin había sido colocado en aquel rol. Había sido por esa leyenda, que Jinn se había apresurado a sacarlo de Tatooine. Y había sido por la decepción de su sueño destrozado, que Jinn no lo había entrenado, él mismo. Anakin nunca había sido el Elegido, sólo una Sombra.

"Quien haya inventado eso, estaba en buena compañía de brillestim."

Esta vez, una risa no fue su respuesta. El brazo de Xanatos se apretó con potencia, presionando incómodamente sobre la vejiga cargada de Anakin. Estuvo a punto de advertirle, cuando su amante prosiguió.

"Creo que lo encontré."

Anakin desenterró su rostro de la almohada. "¿Huh?"

Xanatos sonrió. "Al Elegido." Un dedo recorrió la mejilla de su espectador. "Y tú lo eliminaste."

"Estás loco, Xan." Anakin dejó caer su cabeza, de nuevo. "Por un momento, pensé que estaba hablando en s—"

"Lysander Ziz, heredero al trono de Uak, hijo de Lynadis Ziz y… Oh, espera. El nombre de un progenitor nunca fue revelado. ¿Por qué será? Mn." Recargándose sobre su codo, Xanatos casi vibró con energía renovada. Sus ojos azules, oscuros, fueron dos fosos, incitándote a perderte en sus senderos. Era un excelente narrador, Anakin le daba puntos por ello. "De acuerdo a mis fuentes, el padre de Lysander nunca ha sido mencionado, porque éste, sencillamente, no existió."

Con la intención de distraerlo de la rara plática, Anakin estiró su brazo cibernético, clavando dedos metálicos sobre la curva de una pálida cadera. Xanatos se estremeció, pero no se calló.

"Yo mismo no lo creía al principio, Garen. Pero—Cuando el chico fue, brevemente, traído a mí, tomé una muestra de sangre."

"¿Jugando en el laboratorio, sin invitarme?" Anakin ronroneó contra el cuello de su amante.

El pulso de Xanatos botó, incontrolable. "Su cuenta de midiclorianos—"

"¿Midi-qué?"

Un suspiro impaciente. "Te he explicado de ellos. ¿Aquellos seres microscópicos que nos hace receptivos a la Fuerza?"

"Perdóname la vida, si la idea de que pequeños parásitos, susurrándonos órdenes, no me entusiasma—"

"El punto es—Ah, Garen, espera—El punto es que Lysander tenía una cuenta de midiclorianos que superaba el rango considerado—Aaaah—Normal."

Eso no significaba la gran cosa. Anakin también poseía una alta cuenta, aunque después se haya descubierto, que su conexión lejana a la Casa Skywalker, tenía mucho que ver. "¿Y eso qué? ¿Por qué no te lo quedaste, si el mocoso era tan especial? Pudiste haberlo entrenado, ¿no?"

"Mmm—De ninguna manera—Esconder esa clase de poder, no me hubiera convenido, al final." Poco a poco, Xanatos fue receptivo a las atenciones de Anakin, flexionando su cuello con un gemido satisfecho. "Fue concebido por los mismos midiclorianos, estoy seguro—Y aquí, en este planeta de ilusos e ignorantes, por supuesto que pensaron que Lysander había sido concebido por un milagro de los dioses."

No iba con Xanatos, renunciar a esa enorme fuente de poder, si en verdad creía que el niño había sido el Elegido. Algo no cuadraba. "… ¿Estabas celoso de un niño pre-púbero con poderes mágicos?"

Un parpadeó después, Anakin estaba siendo aplastado sobre el colchón. El cuerpo de Xanatos se trepó sobre él, y una mano del sacerdote apretó un collarín carnal alrededor del cuello de su víctima. Lucía furioso. "Apuesta a que lo estaba. Si ese niño siguiera con vida, perdería todo—Perderíamos todo, Garen. ¿No lo ves?" La presión se agudizó. Anakin no podía respirar, pero no ofreció resistencia. Solamente enfurecería a Xanatos más. "Más de un viejo amigo mío, cree que esa tonta historia es cierta—Tanto, que si algún rumor de esto, fuera a llegarles a sus oídos—" Anakin fue soltado, y una brutal bocana de oxigeno fue exigida por su boca. Xanatos se volvió a acostar, inmutable. "Seríamos descartados. Desechados."

-Tú serías descartado, quieres decir. "Qué… alivio… que hice… mi trabajo bien, entonces."

Xanatos se cerró, a partir de ese momento, dejando a Anakin jadeando en la cama, mientras él se retiró a su oficina. Después de un berrinche, Xanatos tardaba horas en salir. Después de vaciar su adolorida vejiga, Anakin decidió aprovechar el momento para hacer un viaje a la villa de Flori, a dos kilómetros de Vartolé. Ser consorte del Comandante tenía muchas ventajas, y no ser cuestionado por sus idas y venidas, era la más apreciada. Una vez en la villa, se condujo a la cantina construida en las orillas de la playa. Se tomó tres shots de whiskey.

El Elegido.

Sopló por su nariz, encontrando la teoría completamente ridícula.

Así como, también, amenazante.

Había tocado a Lysander personalmente, había estado en su proximidad, había respirado su energía cargada, y ciertamente, los vellos de su cuerpo se habían erizado. Cuando lo había infiltrado al transportador de esclavos vendidos, Anakin había sido presa de un presentimiento… un indefinible presentimiento.

Anakin había percibido el poder.

Y lo había dejado ir, sin preguntas hechas.

Porque, Lysander, representaba la más grandes de las tentaciones. En tiempos de Guerra, sería la perfecta marioneta para los Sith… y para los Jedi. En cuanto el título de Elegido se le fuera puesto (fuera este una farsa o una etiqueta veraz), se le convertiría en un salvador. La lucha por la democracia y la libertad de la República, sería reducida a una Caza de Brujas Galáctica, con Lysander como su nuevo Santo Grial.

Pobre niño.

Telos era ideal para él. Entre tanto rufián, nadie se acercaría al planeta. No había ley existente en Telos. Hasta los Jedi mantenían su distancia. Podía no darse cuenta de ello todavía, pero Lysander aprendería con el tiempo, que Anakin le había dado el regalo más grande: el anonimato.


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Continuará…

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NdA:

i. Fans de Anakin, espero hayan disfrutado este capítulo. :) ¿Cómo te sabe tu propia lección, Ani? –risa diabólica- ¿Seguirás creyendo que el anonimato es preferible?

ii. Si creen que algunas perspectivas se contradicen entre los personajes, es porque cada quien tiene sus propias construcciones, más nadie, tiene la verdad absoluta. Leia puede tener una idea de cómo es Anakin, puede suponer cómo funciona su mente, pero no quiere decir que su idea sea legitima. Además, apenas comienza a conocerlo. Lo mismo digo de los POVs de los demás personajes.

iii. No Luke, sorry. :C Le di prioridad al avance de la trama.

iv. He investigado sobre hackeos y aeronaves dentro del universo de SW, así como de idioma maya, pero de ninguna manera me declaro experta en los temas. Si hay errores, lo siento. Son más que bienvenidos a hacérmelo saber para mejorar la credibilidad de esta historia.

(+) Traducciones Mayas:

Muun: Querido.

Muun báalam: Querido tigre.

Éek báalam: Oscuro tigre.

Oochel: Sombra.

(+) Sobre el Tono 9: En este ciclo, el tiempo y el espacio se pliegan, el pasado y el futuro se funden, y vidas se funden en lo logrado. Tiene el poder de realizar. Es el gran diseño, el orden de desenvolvimiento del esquema mayor.

(+) Por último, les invito a revisar las portadas nuevas que he hecho para este fic en mi livejournal, sólo quiten los espacios y los paréntesis: (h) (t) (t) (p) (:) (/) (/) (raven) - (filatoff).(/) pics (/) catalog (/) 3245