¡Hola!

Sé que me he tardado un siglo con éste fic, pero no sabía que poner, juro que cada vez que lo abría no me venía nada a la mente, hasta hoy, que he tenido muchas ideas de cómo seguirlo, les aseguro que la historia se irá poniendo más emocionante a medida que avance ^^

También, hubo una escena del adelanto que no incluí en este capítulo porque no iba a caer, así que creo la dejaré para más adelante, si es que se dan cuenta, es el intento de asesinato de Sakura a Hinata xD

Ahora, muchas gracias por todos los reviews que me han enviado, porque sé que me demoro mucho con este fic y ustedes me siguen leyendo, así que mil gracias, sólo espero que aún lo quieran leer ^^

PD: ya saben que no soy experta en narrar acción, pero tenía ganas de hacer un fic así xD

Disclaimer: Naruto ni sus personajes me pertenecen a mí, sino a Masashi Kishimoto-sama, yo sólo los uso para recrear estas locas ideas que se me ocurren. El universo alternativo de éste fic sí es de mi propiedad, no lo he copiado de ninguna parte xD

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Nunca te dejaré, me dijiste… sin embargo ahora te has olvidado de mí. Podrás decir que jamás estuve en tu vida, pero ambos sabemos que eso sería la mentira más descarada que podría existir, porque alguna vez, aunque hoy no lo recuerdes, estuviste a mi lado.

Capitulo 4: Tropiezo

Se sentía tan bien ser llevada por esos fuertes y cálidos brazos. Volar a su lado era increíble, pero aquella sensación, la impresión de haber volado antes con sus propias alas venía a Hinata de pronto, como si algo en su mente dormida quisiera despertar. Era un pequeño cosquilleo que recorría su cuerpo, haciéndole sentir la anhelante necesidad de extender sus propias alas y volar muy alto, hasta sentir que tocaba el sol, pero ella era sólo una simple humana, no era más que eso.

—¿Qué sucede contigo humana? Vas muy callada – Habló de pronto Naruto, dejando algo sorprendida a la joven ¿Desde cuándo él le hablaba?

—Ah… yo… — Hinata no supo que decir en ese momento, se sentía extrañamente avergonzada y sus mejillas rápidamente se teñían de rojo. Naruto observó esa reacción, sonriendo con gracia; a veces aquella humana era muy divertida.

—¿Estás cansada, deseas que te baje? – Volvió a preguntar el rubio, sintiéndose un poco extrañado de sí mismo ¿Por qué se suponía que le importaba lo que ella sintiera? Supuestamente esa humana le era indiferente, ni siquiera le debería estar hablando.

—No Naruto-kun, estar así contigo se siente muy bien – Respondió Hinata acurrucándose entre sus brazos como si se tratase de un gatito asustado. Naruto sintió algo extraño dentro de sí, como los latidos de su corazón, acelerándose de forma desmedida. Jamás había visto un ser que le provocara tal ternura, porque debía admitir que eso era lo que ella tenía, era demasiado tierna para ser real, tanto que incluso era capaz de conmover el frío corazón de un demonio.

¿Realmente Hinata era un ángel? Y si era así ¿Ellos dos tuvieron algo que ver en su pasado?

Pero recordando esas vagas imágenes, aquella chica tenía los ojos aperlados y no celestes, entonces, no podía ella ser Hinata.

—"Ella es un ángel, estoy seguro de ello, no sé exactamente para que iremos a la torre del cielo, pero siento que nada bueno saldrá de esto…" – Pensaba Sasuke, mirando constantemente de reojo a la joven que estaba entre los brazos de su compañero.

Sakura lo observaba a él fijamente tratando de contener sus deseos por arrancarle la cabeza a esa dulce jovencita, que parecía captar toda la atención de su amado Sasuke—kun.

—"¿Por qué Sasuke-kun? ¿Por qué miras tanto a esa tonta? ¿Qué tiene ella que te atrae tanto?" – Pensaba celosa la súcubo, mas Sasuke parecía no verla a ella, sólo tenía ojos para admirar al ángel en estos momentos, la demonio no tenía importancia para él, porque Sakura, jamás había sido relevante en su vida, sólo se preocupaba de quitársela de encima —. "¿Por qué… Sasuke-kun?"

—Al parecer estamos sobrevolando un lugar muy poco poblado – Comentó Naruto a Sasuke, el cual desde hace unos momentos tenía el ceño fruncido —. Pero puedo sentir la presencia de demonios… son clase F…

—Lo sé, lo percibo – Dijo Sasuke mirando hacia el frente. Por un momento observó a Sakura, quien cerró sus ojos y se concentró, sintiendo lo mismo que ellos dos; había demonios de clase F cerca de aquel lugar y, lo más probable era que estuviesen atacando a alguien.

—Sasuke-kun, Naruto ¿Creen que sea buena idea entrar en acción estando ella aquí? – Señaló a Hinata con un gesto de cabeza, casi despectivamente. Naruto no le tomó importancia, pero Sasuke sabía que la peli rosa estaba llena de celos hacia esa pobre chica que nada le había hecho, aunque debía admitirlo, ella estaba llamando demasiado su atención y tal vez Sakura se había dado cuenta de ello, por eso la estaba comenzando a odiar intensamente.

—No podemos ignorarlo, si quieres Sasuke, yo me quedo con la humana, ustedes vayan y averigüen que sucede allá abajo – Sugirió Naruto. Los ojos de Sakura se iluminaron de felicidad al saber que estaría a solas con su adorado demonio, por lo que una gotita surcó la frente del rubio, más al darse cuenta de que su compañero no estaba muy de acuerdo con su decisión, pero sin chistar en lo absoluto, bajó su vuelo hacia aquel lugar, que por supuesto no podía verse claramente desde el cielo por encontrarse en medio de los frondosos árboles de un bosque.

Sakura sólo siguió a Sasuke en silencio y con emoción, esperando poder ganarse su amor.

—Naruto-kun… no quiero ser una molestia… — Susurró Hinata bajando la mirada. Naruto la observó, la miró fijamente por varios segundos. Ella lucía tan frágil entre sus brazos, esa joven que parecía una delicada muñeca de porcelana, con sus mejillas sonrojadas, dulce y hermosa.

—No eres una molestia, es mi misión cuidar de ti – Respondió el rubio desviando la mirada. Tal vez no era una buena idea mirarla tanto, ella podía causar extrañas emociones en su corazón, aquel que desde hace tiempo había sido congelado por seres como ella; por los humanos.

Hinata sólo siguió en silencio, estar así a su lado era tan agradable, no se explicaba cuanto.

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Sus enromes alas blancas parecían danzar en medio de aquel claro cielo, agitándose de arriba abajo para mantenerle en el aire. Su largo cabello castaño oscilaba al viento, mientras que sus ojos de color perla observaban atentamente a la persona que tenía en frente. Sus manos se aferraban a aquella espada blanca como la nieve, conteniendo el ataque de su contrincante, quien sostenía una espada del mismo color, pero con un diseño diferente.

—Has mejorado, Tenten, pero no por eso pienses que pronto me alcanzarás – Dijo el ángel con cierta arrogancia. La muchacha le miró frunciendo el ceño.

Ella tenía también el cabello castaño, caía armoniosamente por su espalda hasta más debajo de sus hombros, y sus alas eran blancas y emplumadas, hermosas alas de ángel, claro que eran más pequeñas que las del muchacho. Vestía una túnica blanca que cubría sólo hasta arriba de sus rodillas, como un vestido veraniego, mientras que él usaba lo que parecía ser un kimono, pero en una cosa ambos concordaban, eran ángeles.

—Neji, siempre tan presumido ¿No es así? Sólo porque eres un Hyûga no quiere decir que algún día no podré alcanzarte – Refunfuñó la joven ante la arrogancia de su compañero. Siempre había tratado de alcanzarle, desde que tenía memoria su única meta había sido derrotar al genio Hyûga, demostrarle que aunque ella no fuera de su linaje era capaz de ser fuerte como él. Pero no eran enemigos, no lo odiaba, al contrario, la joven mantenía en su corazón una profunda admiración por él, admiración que con el correr de los años se había transformado en amor, pero siempre lo guardaba en silencio, jamás se atrevería a confesarlo.

—Tal vez tengas razón, pero debes reconocer que somos los preferidos de nuestro señor, por eso nos ha dotado de más habilidades que al resto – Objetó Neji con sabiduría.

Por un momento su mirada se mostró nostálgica, al parecer había recordado algo que le hizo sentir tristeza.

—¿Estás pensando en ella, verdad? – La voz de Tenten le sacó de sus pensamientos, pero tenía razón, pensaba en ella, en que tal vez ahora que ya su existencia había terminado podría estar mucho mejor.

—Sucedió hace dos años, pero aún no me siento capaz de olvidarlo, a pesar de todo la sigo recordando – Neji bajó la mirada al igual que Tenten —. Hinata era el ángel más hermoso que haya visto, pero… tuvo que suceder aquello… — Apretó los puños con rabia —. Aquel maldito demonio…

—Neji, recuerda que no debemos provocar a los demonios, es cierto que como seres divinos somos mucho más fuertes, pero no conocemos sus límites, además ese demonio también pagó por lo que hizo con Hinata ¿No lo recuerdas? Tú fuiste quien borró sus recuerdos.

—Así es, pero pienso que eso no fue suficiente, no pagó lo que debía por la muerte de mi prima…

—Ya basta, no te sigas atormentando – Tenten le miró con decisión, cuando lo hacía Neji siempre terminaba por ceder a sus deseos, además nada ganaba con recordar la muerte de su prima Hinata.

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Sakura y Sasuke habían bajado al bosque, sorprendiéndose un poco al descubrir que había una pequeña aldea escondida en medio de él. Ahora ambos caminaban por la feria, una enorme calle en medio de la aldea en donde estaba lleno de puestos de los comerciantes. Ambos habían escondido sus alas, pero la traviesa cola de Sakura se seguía moviendo como si fuese la de un gatito, dejando boquiabiertos a todos los hombres que la veían pasar.

—Hmp, podrías haberte puesto un poco más de ropa – Dijo de pronto el azabache, que sin saber por qué se sintió molesto al darse cuenta de lo que sucedía a su alrededor, por suerte nadie se había dado cuenta de que eran demonios, ya que era la misma peli rosa la que se encargaba de hipnotizarles.

—Ay, Sasuke-kun ¿No me digas que estás celoso? Pero si sabes que yo sólo tengo ojos para ti – Dijo juguetona, sonriendo mientras se llevaba un dedo a sus labios de forma sensual. Sasuke le miró de reojo, pero seguido de eso se hizo el idiota, volteando a otro lado.

—No digas tonterías – Respondió como si nada. Estaba demasiado acostumbrado a los coqueteos de Sakura, a pesar de que cuando se conocieron fue otra la historia, ella le había dado una paliza que nunca pensó recibir de una mujer, se había dado cuenta de que era muy fuerte –aunque no más que él o Naruto- por eso se ahorraba el trabajo de enfrentarla, aunque maldecía la hora en que hizo que ella se enamorara.

Era tan molesta, primero lo odiaba y no lo dejaba en paz con sus insultos, y luego lo amaba con locura y se le arrimaba todo el tiempo ¿Qué era peor?

—Hum, Sasuke-kun, mira allí, dentro de ese bar, siento la presencia de Bryween, creo que deberíamos entrar.

—Perfecto – El azabache se encaminó hacia el bar, pero ella le detuvo jalándolo del brazo.

—Espera, entremos juntos, no sospecharán de una linda pareja de enamorados – Habló tan sonriente. Era extraña, por él podía sonreír como la más radiante del universo, pero cuando se enfadaba podía asustar hasta al más valiente de los demonios.

Sasuke decidió no decirle nada, simplemente ambos caminaron hacia el bar, sentándose en la barra, aunque ella seguía pegada de su brazo izquierdo. Por su parte, él observó a todos los sujetos de ahí de reojo, muchos se veían sospechosos, en especial dos tipejos en traje verde.

—¡Vamos a celebrar, Gai-sensei! – Exclamó uno de ellos, el más joven. Tenía un curioso peinado de hongo, color negro azabache y ojos pequeños y redondos del mismo color, junto con unas exageradamente pobladas cejas. Su traje parecía una malla de bailarín, sólo que encima traía un chaleco de un verde más claro.

—¡Por supuesto que sí, Lee! – Le respondió el otro hombre, eran prácticamente iguales, de no ser porque éste tenía facciones más adultas.

Ambos parecían un tanto ebrios, en especial el más joven, que reía por cada cosa y tenía un leve sonrojo sobre sus mejillas, para Sasuke lucían bastante peculiares.

—"Será mejor que esté atento, nunca sé quién se puede estar haciendo pasar por un humano, y cada vez son peores" – Arqueó una ceja al verles abrazarse y entonar una canción de victoria.

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Sus alas blancas se alzaron para detener su vuelo en seco, observando el lugar que estaba bajo sus pies, en la tierra; era una pequeña aldea entre medio de un enorme bosque, desde donde se podía sentir la presencia de demonios, pero lo más interesante no era eso, sino que además de los demonios comunes, se podían percibir unos de elite, cosa muy atípica para un pueblo tan pequeño.

—Los encontré – Susurró, dibujando una pequeña sonrisa de victoria en sus labios, para luego volar hacia ese lugar a toda velocidad.

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—¿Qué le ha pasado a tus alas, Naruto-kun? – Interrogó Hinata curiosa, pues desde que habían entrado a ese pueblo las alas del rubio habían desaparecido como con magia, dejándolo prácticamente igual a un humano, de no ser por sus vestimentas de estilo gótico y esa llamativa espada que llevaba en su espalda.

—Las he desaparecido, este pueblo es muy pequeño y no debo alarmar a las personas de aquí, podría suceder lo mismo que en tu aldea – Fue toda su respuesta. Hinata interpretó su silencio como que ella le incomodaba, así que decidió quedarse callada el resto del camino, pero a cambio distraía su vista con las cosas del mercado.

Había de todo en ese lugar, entre víveres y esas cosas, hasta chucherías sin finalidad, pero que se veían muy llamativas. Sus ojos se quedaron de pronto prendados en un pequeño colgante, tenía la forma de una luna menguante en color plata, realmente hermosa, tanto que ella se tuvo que separar de Naruto para acercarse a verlo.

—Qué lindo… - Susurró con una sonrisa, hasta que de pronto se sintió como en un deja vú y un extraño recuerdo apareció en su mente.

La luna menguante brillaba en lo más alto del cielo, era una noche sin estrellas, en que sólo su blanca luz era capaz de alumbrar un poco su oscuridad.

¿Crees que esto durará para siempre? – Preguntó él, con su imponente forma y una extraña seriedad que la hizo sentirse de la misma manera, sabía que lo que estaban haciendo no estaba bien, que era algo prohibido —. Tarde o temprano seremos descubiertos, esto no puede ser.

Pero… yo quiero que dure para siempre, no quiero perderte, no quiero que me alejen de ti – Dejó de sentir el viento plenamente sobre su rostro, cuando abrió sus perlados ojos para ver a quien tenía en frente.

Las enormes alas negras de él, con plumas como las de un cuervo, se alzaron hacia lo alto, pero su cuerpo no se movía del lugar, solamente podía mirarla, con esos profundos ojos azules, que a medida que se acercaban a ella se volvían rojos como la sangre; eran los ojos de un demonio.

Te amo, Hinata.

Sus labios se tocaron y las alas blancas se alzaron también desde la espalda del ángel, para parecer una prisión de ambos colores, negro y blanco, bien y mal, hechos uno solo.

—¡Humana! – Esa voz la hizo regresar a la realidad, pues por un momento sintió que había sido transportada a otro tiempo, a otra época. Estaba paralizada, mirando prácticamente a la nada, hasta que se decidió a voltearse, perdiéndose en esos ojos azules, iguales a la visión que acababa de tener.

—"¿Qué significa esto?" – Se cuestionó sin comprender lo que acababa de pasar, lo único que entendía era que los ojos de Naruto, eran los mismos que vio hace un momento.

—¿Estás bien? – Naruto se le acercó algo preocupado, sería el colmo que ella se enfermara en medio de su misión, se suponía que debía protegerla de todo, incluso de una enfermedad; los humanos eran tan débiles y susceptibles ante cualquier cosa que bien podría suscitarse el caso, así que sin esperar respuesta, posó su fría mano sobre la frente de la chica, la cual a los segundos reaccionó, sonrojándose por completo, desde el cuello hasta la raíz de los cabellos —. Al parecer tienes un poco de fiebre, te has puesto roja.

—N-Naruto-kun… - Murmuró sorprendida, abrumada por la visión que acababa de tener y avergonzada por sentir a Naruto tan cerca, así que sin más, se desmayó, cayendo en los brazos del demonio, quien simplemente atinó a atraparla.

—Oe, H-humana – Le llamó algo nervioso, nunca había tenido que atrapar a una chica desmayada, al menos de lo que recordaba. Trató de sostenerla entre sus brazos, alzándola, cuando de pronto posó su mirada azulada sobre el colgante de luna.

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—¡Échame otro más! – Ordenó el chico de cejas pobladas, el cual ya Sasuke había escuchado que se llamaba Lee. No estaba seguro, pero un aura muy extraña emanaba de ese par, algo que los hacía muy interesantes, lo había visto con sus ojos especiales.

—Sasuke-kun – Le llamó Sakura, apuntando disimuladamente hacia una mesa, en donde se encontraban cuatro sujetos que se cubrían los rostros con capuchas, pero se podían ver –aún así- sus sádicas sonrisas, sedientas de sangre, dirigidas al parcito de verde.

—Lo sé, observemos un poco más, aún no nos han notado.

Y era cierto, los cuatro sujetos ya habían sido identificados por Sakura y Sasuke, pero ellos no se habían dado cuenta de que ambos estaban ahí, pues estaban más preocupados de ver a los que llamaban más la atención.

—Señor, creo que ha bebido demasiado, debería dejarlo por hoy – Recomendó el hombre que estaba atendiendo a los clientes, sin embargo el tal Lee, le agarró de la camisa y lo jaló hacia él, con el ceño fruncido.

—¿Cómo te atreves? ¡Yo diré cuando sea suficiente! – Y soltó al pobre hombre, que cayó de cola al piso, sobándose con dolor, pero lo malo fue que apenas se puso de pie, fue agarrado exactamente de la misma forma, pero por el otro sujeto; Gai.

—¿Has escuchado a mi querido alumno? ¡Ahora, sírvele más! – Le gritó en plena cara, para luego soltarlo y hacer que volviera a caer de cola al piso.

El hombre asustado sólo asintió, sirviendo de inmediato el trago al joven Lee, quien lo bebió de una sola vez, para luego dejar con brusquedad el vaso sobre el tablero.

—¡Eso ha estado buenísimo! – Exclamó con una sonrisa de oreja a oreja, poniéndose de pie, aunque enseguida se sintió mareado y comenzó a tambalearse, dando graciosos pasitos hacia atrás, hasta dar con una mesa, en donde tiró algunas cosas de encima, y era justamente la de los encapuchados.

—Ten más cuidado, niño idiota – Exclamó uno de ellos, poniéndose de pie furioso. Era un hombre inmensamente grande, su piel era morena y tenía un mazo en una de sus manos, el cual posó con fuerza sobre la mesa —. Tendremos que darte una lección, eso costó mucho dinero ¿Sabes?

—Perhone usted, sheñol hip, sheñol horremdo – Dijo Lee, quien ya se había pasado tanto de copas que comenzaba a hablar extraño, pero aún se lograba entender lo que decía y, su comentario no gustó nada al gigantón, quien tomó el mazo con su mano derecha y sin aviso lo aventó en contra de Lee, pero éste sólo saltó por encima, esquivando el golpe.

—Mocoso – Masculló enojado, volviendo a repetir el movimiento, sin embargo el resultado fue el mismo.

—Es bueno – Murmuró Sasuke. Sakura, al ver que comenzaba una pelea, enseguida se puso de pie, pues pensaba derrotar enseguida a esos cuatro demonios que de seguro pensaban tomar a ese chico como presa, pero Sasuke la agarró de la mano, deteniéndola —. Déjalos, no es momento de intervenir.

—Pero Sasuke-kun – Refutó la chica, no obstante, se quedó callada al observar esos ojos azabaches tan serios, así que volvió a sentarse.

—Tenga mash… hip… cuidadio, sheñol – Lee se seguía tambaleando de un lado al otro, llamando la atención de todos los presentes, que estaban callados y como de piedra observando la escena. De pronto se comenzó a reír como un loco, arqueando su espalda hacia atrás cada vez más, hasta que llegó casi al suelo, para después ponerse de pie, serio y como si nada —. O lo mataré – Su expresión de pronto se volvió intimidante, dejando sorprendido al tipo del mazo.

—¡Maldito! – Exclamó volviendo a lanzarse al ataque, ésta vez dándole de lleno a la mesa y haciéndola añicos. Sus compañeros se pusieron de pie, cada uno sacando un arma diferente. El más alto después del gigantón, llevaba en sus manos una polea con cadena, otro de ellos, uno de largo cabello castaño y bastante delgado, llevaba un hacha, y el último tenía una especie de machete, era el más bajo de todos, pero se veía igual de peligroso.

—Mocoso idiota, pagarás por meterte con nosotros – Advirtió el hombre de la polea, usando la cadena para darle vueltas al pesado objeto, se notaba que cualquiera que recibiera un golpe contundente de esa cosa se podría ir despidiendo del mundo.

—Será una buena cena – Dijo el del machete para sí, pero fue oído por el demonio azabache, quien tenía una increíble audición.

El hombre del hacha se abalanzó contra Lee, pero de un momento a otro sintió como una mano se apoyaba sobre su pecho, lanzándolo con fuerza hacia una de las paredes, la cual se hizo pedazos gracias al impacto, dejándolo fuera del local. Los demás voltearon hacia Lee, pero vieron en frente de él a un serio Gai, que sólo tenía su mano extendida hacia el frente.

—Si se meten con mi querido alumno, se meten conmigo – Dijo amenazante. Luego de sus palabras, Lee cayó dormido a su espalda, haciendo que a todos los presentes les resbalara una gotita por la frente, aunque él no se inmutó en lo más mínimo.

—Maldito bastardo… - Susurró el golpeado, limpiándose la boca cuando se puso de pie. Tomó su hacha y al tiempo, sus amigos se pararon en frente —. Te voy a demostrar lo que es pelear en serio, rarito.

—Pelearé con ustedes, pero no quiero causar más destrozos en éste lugar, así que será mejor salir – Respondió Gai, notando como sus enemigos fruncían el ceño con molestia ante su amabilidad, y el hombre del bar soltaba un suspiro de alivio, ya una mesa y una pared eran demasiado.

—Cómo quieras, idiota – Dijo el sujeto, dejando caer su capucha para mostrar su largo cabello castaño y uno de sus ojos que estaba cubierto por un parche, como si fuera un pirata.

—Lee, vamos afuera – Llamó a su alumno, a lo que inmediatamente –y como si hubiera estado fingiendo que dormía- el nombrado se puso de pie como un resorte.

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Su esencia desapareció al mismo tiempo que el filo de la espada blanca hizo contacto con su ser; había sido derrotado de forma lamentable por aquel demonio.

—Inútil, patético – Susurró con su voz gruesa y áspera, cerrando sus ojos de un suave color aguamarina, dejando ver las ojeras negras que se asentaban sobre ellos. Su desordenado cabello rojo parecía completamente corto, excepto por la larga y delgada cola de caballo que caía por su espalda, justo en el centro, hasta desaparecer en la mitad de la misma.

Usaba una gabardina roja oscura, que llegaba justo hasta sus rodillas, debajo de ella toda su ropa era negra, incluso sus largas botas góticas. Llevaba un pequeño aro plateado en su oreja derecha y sobre el cabello, como si fuera un cintillo, tenía puestos un par de anteojos de sol.

Su mirada era fría, helada como el hielo, y deseosa de sangre.

Guardó su arma con resignación, abriendo los ojos para mirar a su alrededor; había acabado con todos los demonios que estaban estorbando, pero eso no había sido nada para él, eran tan insignificantes como una piedra en el camino.

Un clase F era una basura al lado del más fuerte de los siete demonios.

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Dejó su gabardina negra sobre la silla, soltando un suspiro, se sentía muy acalorado, a pesar de ser un demonio no era muy divertido ir vestido así por todos lados. La chamarra anaranjada que llevaba debajo, también se la quitó, dejándola sobre la gabardina. Había quedado sólo con una delgada camiseta negra.

Se pasó una mano por la rubia cabellera, caminando hasta sentarse junto a una cama, sobre la cual dormía plácidamente la dulce chica que habían traído consigo los demonios. Aún no se explicaba que era lo que provocaba Hinata en él, pero estaba seguro de que no era ningún sentimiento que un demonio pudiera tener.

—¿Eres realmente tú, la chica de los ojos de luna? – Por más que se lo preguntaba no lo veía lógico, los ojos de Hinata eran celestes, no perlados, pero incluso él era capaz de cambiar el color de sus ojos ¿No?

—N-no… no te vayas… no me dejes… - Comenzó a murmurar de pronto la joven, mostrándose bastante inquieta, ladeando el rostro como si estuviese teniendo una pesadilla, por lo que Naruto se alarmó un poco —. No por favor… p-padre… no lo hagas…

—Hey… ¿Estás bien? ¿Qué es lo que dices?

—No le hagas eso… Neji Nii-san…

Los ojos de Naruto se abrieron con sorpresa al oír ese nombre. Estaba seguro de que no conocía a nadie que se llamara así, pero aún así, se sentía inquieto, además algo comenzaba a aflorar en su cabeza.

—Neji… - Repitió, observando frente a sus ojos aquellas imágenes.

¡No lo hagas! – Gritó ella, desesperada, extendiendo su mano hacia donde estaban el ángel y el demonio, que se encontraba casi derrotado, con su espada clavada en el piso, usándola como soporte para poder mantenerse de rodillas a duras penas, sin embargo el ángel, categórico, levantó su espada, apuntándola al demonio.

No puedo perdonarte – Ignoró por completo el llanto abatido de la chica —. Has corrompido su alma, has ensuciado con tu presencia al ser más bello que ha habido sobre el paraíso, no puedes ser perdonado, maldito demonio – Y sin más, un rayo de luz blanca y cegadora se disparó desde la punta de su espada hacia el demonio que le miraba fija y desafiantemente, sin intimidarse a pesar de saber que tenía las de perder, ya había luchado demasiado y sus poderes no eran nada comparados con los del ángel.

Entonces, todo se volvió negro.

—¿Qué ha sido eso? – Se preguntó llevándose las manos a la cabeza, ya que había comenzado a dolerle, no entendía por qué cada vez que esas imágenes aparecían en su mente ese insoportable dolor lo aquejaba, pero no tuvo demasiado tiempo para pensar en eso, porque sus ojos se abrieron como platos al sentir una increíble presencia, algo qué –según él- no había sentido jamás tan de cerca.

Se volteó hacia la ventana, en donde observó asombrado a un hombre parado en el marco. Vestía un traje parecido al suyo, pero completamente blanco, con detalles en dorado. En su espalda tenía dos enormes alas blancas emplumadas, su cabello era negro azabache, y un mechón cubría uno de sus ojos.

Pero lo más importante era que, sostenía a una inconsciente Hinata entre sus brazos, lo que enfureció a Naruto.

—Devuélvela ahora mismo – Demandó amenazante, choqueado por la mirada de serenidad que mostraba el ángel, como si su presencia fuera algo insignificante —. ¡Te he dicho que me la devuelvas!

—No puedo hacerlo, ella no debe volver, no debe acercarse a la torre del cielo, he venido a matarla – Comunicó como si nada, sin embargo sus palabras no agradaron para nada a Naruto, que enseguida saltó hacia una de las esquinas de la habitación, en donde había dejado apoyada su espada sobre la pared.

—Te he dicho que la sueltes ahora, si no quieres morir, ángel – Advirtió el rubio, con una mirada totalmente decidida, que siempre lograba intimidar a cualquiera, pero no ésta vez, pues el ángel parecía muy confiado, tanto que su expresión aún no había cambiado.

—Veremos quién muere entonces, demonio – Fue su única respuesta, antes de sacar seguido de un suave destello, una larga espada blanca de único filo; una katana.

Continuara…

Avance:

Naruto y el desconocido ángel luchan por quién se queda con Hinata, sin embargo ella recobra el conocimiento y la batalla de un giro inesperado. Sasuke y Sakura siguen observando la curiosa pelea de Gai y Lee contra los Bryween, pero deciden intervenir para acabar con la disputa de una vez. Mientras que en el mundo de los ángeles, algo que todos ellos ignoran se teje desde las redes de su líder.

Próximo capítulo: Divina luz.

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Bueno, espero que les haya gustado el capítulo, porque me esforcé mucho en él, ya que comencé a escribirlo estando seca de ideas xD

¿Quién será el demonio misterioso que ha aparecido? (No sé para qué hago esta pregunta, ya sé que se dieron cuenta xD)

¿Quién será el ángel? (A que no saben)

¿Les han gustado los recuerdos de Naruto y Hinata?

¿Lee y Gai-sensei? ¿Qué papel tendrán en esta historia?

Bueno, pronto habrá respuestas para todo esto, por ahora, me despido ^^

¡Bye!