¡Hola!
Bueno pues, primero que todo gracias por todos sus reviews, al parecer me he inspirado un poco con esta historia y esta vez no tardé un siglo en sacar la conti, aunque no sé que tan largo me haya quedado, en fin, espero que la disfruten, porque a partir de aquí, comenzarán a pasar cosas muy interesantes.
¡A leer!
Luz… palabra que a muchos desconcierta por no entender su significado ¿Qué es la luz? ¿Es algo que podamos ver fácilmente? Lo único que sé, es que sin oscuridad, no hay luz.
Capítulo 5: Divina luz
Ira, era ira lo que sentía al ver a Hinata entre los brazos de ese ángel, a esa humana indefensa… No, a ese hermoso ángel, como el ángel de sus recuerdos, el que venía a él cada vez que vivía un acontecimiento familiar.
—Lo repetiré por última vez, suéltala y vete ahora mismo – Dijo Naruto decidido, alzando su espada y apuntándola en contra del ángel, pero éste no parecía intimidado ante sus amenazas, sólo le veía fijamente como si estuviera frente a cualquiera.
Aquella actitud tan petulante terminó por cabrear a Naruto, que no esperó un segundo para lanzarse en contra del ángel, rodeándose de energía oscura que destruyó un poco las paredes debido a su potencia, mientras sus alas negras aparecían en su espalda. El ser divino, mientras tanto, sólo dio un leve salto hacia atrás, esquivando el ataque de Naruto y saliendo del cuarto. Extendió sus emplumadas alas blancas y en cuestión de segundos se encontraba suspendido en el aire.
—Típico de los demonios, sólo piensan en atacar sin medir las consecuencias – Dijo con su rostro inexpresivo, observando los destrozos que había provocado Naruto, al tiempo que el rubio chasqueaba la lengua.
—Será mejor que te calles y me hagas caso de una vez, entrégame a esa humana – Volvió a advertir, con aún más ira recorriendo cada vena de su cuerpo.
—¿Humana? – El ángel rió con gracia y sarcasmo, mirando a Hinata que aún seguía dormida entre sus brazos —. Es curioso, un ángel tan hermoso como ella… degradado a ser un simple humano, sólo por un demonio como tú.
Naruto se quedó en silencio ¿Qué era lo que ese sujeto acababa de decir? No le había quedado claro del todo, pero no importaba ahora, lo único importante era rescatar a Hinata, porque si a ella le pasaba algo fallarían la misión, a pesar de que no sólo era eso lo que le importaba, sino que ella también.
—Será mejor que te calles y te prepares para pelear – Amenazó antes de abalanzarse en contra del ser de alas blancas, que en un rápido movimiento interceptó la espada de Naruto con su delgada katana y haciendo presión con un solo brazo era capaz de detener el ataque del rubio, que sostenía su espada con ambas manos —. Rayos, es demasiado fuerte… - Pensó con enfado —. Así que éste es el poder de un ángel.
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Afuera de aquel bar, estaban los cuatro sujetos extraños en frente de Gai y Lee, quienes les miraban, una fijamente y el otro desinteresado, pues se encontraba aún borracho y no sabía ni en donde estaba parado.
Mucha gente se había situado alrededor, para observar curiosos la pelea que estaba por darse. Sasuke y Sakura se confundían con la multitud.
—Sasuke-kun, esos dos sujetos… fluye un aura muy extraña desde sus cuerpos – Dijo Sakura, a pesar de que no era capaz de ver el aura de los demás seres como lo hacía Sasuke con sus ojos especiales, ella podía sentirlo, por algo era una de las mejores manipuladoras de energía en toda la orden.
—Lo sé – El azabache activó su técnica ocular, viendo a los dos sujetos que parecían sacados de algún circo de fenómenos. Podía ver una gran cantidad de energía circulando por todos sus cuerpos, como si fueran venas, era realmente interesante —. Nunca había visto algo así, tal parece que aún me quedan cosas por ver en este mundo – Sonrió quedamente.
Sakura sólo le miraba, con las mejillas sonrojadas y fascinada con lo guapo que se ponía cuando estaba así.
—Sasuke-kun eres tan lindo, como quisiera violarte ahora mismo, pero no te puedo hipnotizar – Pensó decepcionada, pues era verdad, con esa técnica ocular de Sasuke era imposible encantarlo con sus poderes de súcubo, él era inmune a eso.
—Es hora de ponernos serios, Lee – Dijo Gai, poniéndose en una pose de pelea bastante peculiar, en donde escondía uno de sus brazos detrás de su espalda. Los sujetos rieron al verlo, mientras que Lee al intentar hacer lo mismo, se paró destartaladamente.
—Que ridículos ¡Ya verán! – Gritó el hombre del hacha, lanzándose en contra de Gai, pero éste le esquivó de un solo salto, perdiéndose de su vista. Sasuke y Sakura miraron asombrados lo que acababa de pasar, porque ellos tampoco lograron captar aquel movimiento.
Por otro lado, Lee cayó de pronto al suelo, justo cuando el sujeto del machete parecía que iba a degollarlo, pero su ataque se quedó en el aire, pues el chico yacía dormido.
—¿Pero qué demonios? – Se preguntó desconcertado, se suponía que estaban en una pelea, pero él acababa de caer al suelo, derrotado —. Ja, que chico más patético, no aguanta un poco de alcohol.
Se acercó a pasos a Lee, dispuesto a acabarle enterrándole su espada, aún cuando él no podría reaccionar para esquivarlo ni bloquearlo, después de todo no le interesaba que estuviera indefenso. Sin embargo el filo de su arma jamás llegó a atravesarlo, porque cuando se dio cuenta el chico estaba recostado boca arriba, con los ojos cerrados y deteniendo esa filosa hoja con sus dos manos desnudas.
—¿Q-que? – Se preguntó sorprendido, Lee parecía desmayado, pero por más fuerza que él ponía en su ataque no conseguía liberar su arma del agarre del chico —. ¿Qué rayos es este chico?
—Interesante… - Pensó Sasuke al ver aquello, mientras la gente alrededor aplaudía emocionada, no todos los días se armaba una pelea tan buena en las calles de ese pequeño pueblo, casi abandonado debido a lo escondido que se encontraba.
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—¡Explota! – Exclamó la chica con entusiasmo, dirigiendo sus poderes hacia el objeto de greda, que en efecto explotó y se quebró en pedazos, pero por alguna clase de efecto secundario debido a una mala ejecución de la técnica, su rostro terminó totalmente negro —. ¿Qué? ¿Otra vez fallé?
Bajó la cabeza con decepción, dejando que sus cabellos castaños taparan a sus ojos negros como la noche. No era una maga buena, siempre cometía torpezas y era por eso que su sensei se rendía muy fácil con ella, al igual que su compañera la menospreciaba.
—Siempre termino arruinándolo ¿Cómo puedo ser tan mala?
—Eres una tonta, Matsuri – Le dijo la chica de largo cabello rubio y profundos ojos azules, al mismo tiempo que apuntaba su mano hacia el otro jarrón de greda, que destruyó incluso sin recitar el conjuro —. Así es como se hace, concéntrate más.
—Pero Ino, yo no soy tan buena como tú… - Se decepcionó la joven, volviendo a bajar la mirada. En ese instante su compañera le miró con enojo ¿Cómo podía ser así de débil?
—¡Eres la hija directa de un poderoso ángel! – Le recordó con cierta envidia en su tono de voz, pues no podía evitarlo, Matsuri podría dar mucho más de sí si se lo propusiera, pero siempre se rendía tan fácil. Ella era –tal y como lo acababa de gritar- la hija de un ángel, un majestuoso ángel que se había sacrificado luchando contra uno de los legendarios demonios de las colas, dejándola a ella al cuidado de los humanos de esa academia para magos, pero Matsuri nunca se esforzaba por mejorar y eso enfurecía a Ino, quién envidiaba su linaje, pues ella descendía de demonios, que habían estado en su familia hace siglos, no era nada tan directo como la castaña.
Matsuri por su parte le miró, con lágrimas en los ojos.
—¡Tal vez es por eso que todos esperan demasiado de mí! – Exclamó en voz alta, era la primera vez que gritaba de esa manera, pero ya no podía más —. ¡Odio ser la hija de un ángel, lo odio! – Y una vez dicho esto, la joven saltó por la ventana de aquel piso número treinta, de la alta torre de la academia "Konoha" para magos.
—¡Matsuri! – Ino se acercó a la ventana, asustada porque pensó que ella acababa de matarse, sin embargo lo que vio le sorprendió. Matsuri tenía dos enormes alas de luz blanca en su espalda y, con ellas se había ido volando muy lejos, hacia aquel oscuro bosque de donde se decía que nadie podía regresar —. ¡Matsuri, no vayas! – Pero fue inútil, ella no alcanzaba a oírle.
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Lanzó una bala hecha de energía que parecía electricidad con su arma de color plateado, pulverizando la cabeza de su enemigo de un solo y certero golpe. A veces prefería atacarlos de lejos con ese revólver que tomarse la molestia de acercarse a ellos para cortarlos con su espada. Eran tan insignificantes y diminutos que no representaban un mayor reto para alguien como él, el número dos.
—Que basura – Susurró, cerrando sus ojos aguamarina. En ese momento fue que escuchó un grito ensordecedor, era la voz de una chica. Sintió la presencia de demonios, pero no eran clase F, sino E, un poco más fuertes pero igual de inútiles —. Más basura que cazar – Esbozó una leve sonrisa sanguinaria, alzando sus alas negras para volar a toda velocidad hacia donde había sentido aquella energía.
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Miró con sus ojos blandos como dos lunas a aquella imagen que tenía en frente. Un poderoso y majestuoso ángel de imponentes alas blancas y emplumadas, cabello rubio y ojos excepcionalmente azules, chocaba su espada blanca contra la negra de un demonio, una figura oscura, de cabello negro y potentes ojos con un destello tan rojo como el fuego, con dos alas negras de plumas como las de un cuervo y una sonrisa sardónica.
Era la imagen de la ya tan conocida guerra santa, demonios versus ángeles, oscuridad y luz enfrentadas la una contra la otra. Un enorme y maravilloso mural dentro de un gran palacio de paredes blancas.
—Siempre, desde el principio de los tiempos, desde que se han creado todas las cosas de este mundo, el bien y el mal han mantenido una constante lucha por el poder, por la supervivencia – Habló, aunque parecía estar solo en ese inmenso lugar, en realidad sabía que estaba siendo escuchado por otra persona, uno de los suyos —. Las leyes de nuestra especie son duras e irreflexivas, no puede perdonarse a quién ose quebrantarlas.
—Fue por eso que la condenaste – Dijo una voz, una voz suave, masculina, pero triste —. ¿No podías perdonarla incluso aunque era tu propia hija? – Cuestionó, ésta vez con cierta ira.
—Incluso si se trata de un lazo de sangre, quién rompa nuestras leyes debe ser castigado, es por eso que ella pagó con su vida el haberse involucrado con un demonio, con nuestro enemigo.
—¿No se supone que los ángeles debemos amar a cada criatura que exista en el mundo? Los demonios están incluidos – Rebatió.
—¡Para nada! – Exclamó furioso, por tan sólo unos segundos su serena expresión se volvió casi tan aterradora como la de un cruel ser del infierno —. ¡Los demonios son… son destrucción, son muerte! ¡Ellos no pueden ser perdonados por los ángeles! – Se volteó, impasible —. Aunque ahora nos encontremos en una tregua para asegurar el bienestar de este planeta, la guerra santa nunca cesará, nunca dejaremos de ser enemigos de los demonios, ni ellos de nosotros.
—Hiashi-sama… - Susurró bajando la mirada. De verdad esperaba obtener más que las misas respuestas de siempre, pero sabía que nada cambiaría, ni tampoco había nada que hacer respecto a su prima, ella ya estaba muerta, condenada al sufrimiento eterno por haber amado a un demonio.
—Neji, regresa a tu lugar y deja de cuestionarme, te he dicho, por el momento la tregua continua, pero tarde o temprano volverá a estallar una gran guerra y los demonios serán despiadados, no importa lo que pase, no debemos ser indulgentes.
—Comprendo – Dijo el ángel más joven, haciendo una leve reverencia antes de marcharse volando.
—Los jóvenes como tú aún creen que la guerra se puede evitar, pero es algo que está marcado en nuestro destino como representaciones de ambos lados de la balanza – Cerró sus ojos con expresión de tranquilidad, a pesar de estar hablando de un futuro tan terrible, algo que podría volver a traer destrucción.
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Golpeó una vez más su espada contra la del ángel, pero obtuvo el mismo resultado, no lograba hacerle el menor daño y ya se estaba impacientando. No entendía por qué querían llevarse con ellos a Hinata, pero estaba seguro de una cosa y esa era que no podía permitir que se la llevasen.
—Maldito, suéltala de una vez.
El ángel esbozó una leve sonrisa, tal vez un tanto sardónica, sínica.
—Es curioso que una criatura como tú, que viene desde el mismo infierno sea capaz de llamarme maldito, cuando los malditos son todos ustedes, los que han sido condenados por todos sus pecados.
—¿Qué sabes tú de nosotros? – Naruto sintió como una intensa ira se apoderaba de su ser, el estar siendo insultado por un ángel no era nada agradable, su presencia le repugnaba, no podía comprender a un ser tan lleno de luz, pero con una mirada tan fría como el hielo, era contradictorio —. Ustedes, los ángeles, no son más que criaturas que creen tener todo el favor de Dios, ser sus hijos, los que lo escuchan, pero ¿En donde está su Dios entonces?
El ángel guardó silencio por un momento, aquella pregunta nunca antes le había sido formulada y debía reconocer que en todos sus años de existencia, jamás había visto al creador, nunca sus ojos habían sido dignos de su figura.
—¿Los ves? Ni siquiera le conoces, porque él les ha abandonado a su suerte, en cambio nuestro señor… él sigue a nuestro lado – Aseguró el demonio de cabellos dorados. El ángel le observó, aún en silencio, notando de pronto como aquellos ojos azules comenzaban a destellar de un fuerte rojo sangre. Parecían más furiosos, mucho más salvajes que antes, era la mirada de un auténtico demonio, de una criatura venida directamente del inframundo —. Te lo diré sólo una vez más, suelta a Hinata en este instante.
—No lo haré, y menos si un demonio como tú me lo ordena – Respondió pragmático, sin embargo su expresión calmada desapareció al ver como Naruto en un abrir y cerrar de ojos desaparecía de su vista, para aparecer detrás de él segundos después. De no haber antepuesto su espada, seguramente habría sido cortado en dos, sin embargo ésta vez no era capaz de contener la fuerza del demonio, desde que sus ojos había adoptado ese color parecía tener aún más poder que antes.
—Ignis – Pronunció Naruto, y al instante de hacerlo, su espada se vio rodeada por llamas que subieron hasta tocar la mano del ángel, quemándola, por lo que éste debió alejarse para no ser afectado un poco más.
—Ya veo, magia negra, puedes controlar los elementos ¿No es verdad? Pero aún así no me vencerás, la creación es nuestra, los demonios sólo pueden destruir – De pronto, agitó sus alas y una enorme ventisca se lanzó en contra de Naruto, el cual no trató de esquivarla, pero al ser tocado se dio cuenta de que le había subestimado, pues realmente había fuerza en ese ataque.
El poder de ese ataque fue tan fuerte que Naruto inevitablemente fue mandado lejos, chocando contra una pared que se hizo añicos. El ángel sonrió, empuñando con más voluntad su espada blanca y dispuesto a destrozar con ella al demonio que había osado desafiarle.
—Este será tu fin – Sentenció, antes de lanzarse en contra de Naruto, planeando clavarle el filo de su arma directo en el corazón.
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Cada vez que lanzaba un ataque era esquivado con un gracioso movimiento por parte de Lee, cosa que de verdad le estaba cabreando, ya estaba cansado de ese mocoso.
—Ya basta, estoy harto de que un simple humano como tú se esté burlando de mí de esta manera – Miró a sus compañeros, los cuales asintieron con la cabeza mientras desprendían un aura negra y mortífera desde sus espaldas. Sakura y Sasuke se pusieron alerta y, de un momento a otro, aquellos cuatro hombres tomaron horrendas formas de demonio, con pieles oscuras, alas de murciélago y un par de cuernos negros en sus cabezas. Eran todos muy parecidos, aunque se diferenciaban en el tono de su piel.
—Es hora de comer – Dijo uno de ellos, con una voz terrorífica.
Al verlos la gente comenzó a huir, no quería ser devorados por esas bestias. Pronto la calle estaba vacía, sólo estaban los demonios, los dos hombres vestidos de verde y Sasuke junto a Sakura, que no se habían movido de su lugar, mostrando expresiones serias.
—Así que finalmente se muestran en su verdadera forma – Dijo Gai, volviendo a su pose de batalla, mientras que su alumno Lee se levantaba del suelo algo aturdido —. Lee, al fin has despertado.
—¿Qué pasó Gai-sensei? – Preguntó el chico confundido. Volteó la mirada y notó a los cuatro demonios con sed de sangre, mirándole fijamente. Un escalofrío le recorrió y de pronto se dio cuenta de lo que estaba pasando —. Veo que es hora de pelear.
Uno de los demonios se lanzó en contra de los dos, pero ambos vieron asombrados como un montón de pétalos de cerezo les rodeaban, para que a los segundos después el demonio que se veía dispuesto a atacarles, se desintegrara en el aire. Frente a sus ojos apareció la elegante figura de otro demonio, una demonesa, una súcubo.
—Perdón por interrumpir, pero no creo que pudiesen ganarle – Dijo la chica de cabello rosa, quien era observada atentamente por el humano más joven —. Han dado una buena pelea, sin embargo dos humanos no son rivales para un grupo de demonios.
Sakura alzó su espada y al instante los tres demonios restantes trataron de huir, sabían de quién se trataba, ella era una cazadora de los de clase baja, los mataría sin duda alguna, lo mejor era correr de ahí, pero al darse la vuelta sólo oyeron una palabra antes de desaparecer.
—Fulgor – Susurró Sasuke, haciendo que un relámpago cayera encima de los tres demonios, desapareciéndoles al instante. Después de eso una sonrisa arrogante apareció en sus labios, pero se dio cuenta de una cosa, los dos humanos no dejaban de verle sorprendidos.
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Estaba asustada, pensó que iba a morir, que aquellas horrendas criaturas la devorarían, pero eso no sucedió, justo cuando estaba resignada a dejar este mundo, oyó un fuerte sonido, como un disparo. Volteó la mirada y sus ojos negros se encontraron con la mirada más enigmática y maravillosa que hubiera podido imaginar.
A simple vista parecía un ser humano, un chico muy apuesto, de no ser por esas imponentes alas negras que se desprendían desde su espalda, alas de oscuridad, al parecer no tangibles, pero igualmente hermosas y atrayentes.
Era un auténtico demonio, de los más poderosos.
Él también parecía mirarla fijamente, quizás preguntándose que haría una chica como ella en medio de aquel tenebroso bosque infestado de demonios, tal vez planeando devorarla como iban a hacerlo los otros, o incluso sólo pensando en lo insignificante que era un ser humano como ella.
—Y-yo… - Trató de hablar, pero se vio interrumpida por la voz profunda y grave del demonio.
—¿Qué haces aquí? – Interrogó, en tono demandante pero sereno, tal vez demasiado sereno como para tratarse de un demonio, sin embargo ella podía sentirlo, podía percibir esa oscuridad en su corazón, el ambiente estaba pesado y un intenso frío recorría su espalda, pero a pesar de todas las historias que había oído sobre los despiadadas que eran aquellas criaturas, aunque hace sólo unos segundos tenía miedo de demonios mucho menores que él, ahora no estaba asustada, él acababa de salvarle la vida, sería un poco ilógico que lo hubiera hecho y después se la arrebatara, incluso para alguien como él.
—Yo… huí de mi hogar… no sé como pasó, pero en unos minutos me encontraba aquí, perdida – Respondió, bajando la mirada, pues de alguna manera sentía que se perdía en un profundo mar, mientras más observaba esos ojos.
El demonio, se dio la vuelta y se dispuso a marchar, ya había acabado con sus presas y no tenía nada más que hacer en ese lugar.
—Espera… - Lo llamó de pronto la chica, deteniendo sus pasos con esa suave voz —. ¿No vas a… matarme? – Inquirió, soltando algunas lágrimas por el temor a quedarse ahí, perdida en un lugar tan oscuro y tenebroso. El demonio se volteó, mirándola de reojo.
—¿Por qué habría de hacerlo? No eres mi enemiga, ni tampoco mi presa, la verdad es que para mí no eres nada – Contestó, volviendo a caminar para alejarse, pero nuevamente ella se lo impidió.
—¡Espera! – Gritó desesperada —. No me dejes aquí, por favor… ayúdame a salir… no quiero morir en este lugar tan horrible.
—No deberías rogar la ayuda de un demonio, podría traicionarte y matarte en cualquier momento – Dijo en forma despiadada, con frialdad, pero ella negó con la cabeza.
—Acabas de decir que no soy nada para ti ¿Por qué te tomarías la molestia de acabar conmigo? – Razonó la castaña, logrando ganar la pequeña contienda. Entonces el pelirrojo se volteó, haciendo desaparecer sus alas, mirándola.
—Dime como te llamas – Ordenó.
Ella bajó la mirada.
—Matsuri… - Respondió algo intimidada —. ¿Y tú?
—Gaara – Fue todo lo que dijo. No sabía por qué, pero ese demonio sentía que a partir de este momento su existencia cambiaría, recordando unas palabras que hace tiempo había recibido de un demonio legendario; El Oráculo.
"Encontrarás en tu camino, de la mano de una simple humana, una luz que lo cambiará todo"
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Sólo bastaban un par de centímetros para acabar con el demonio, estaba a punto de matarle, cuando de pronto algo le detuvo. El ángel miró a la joven que sostenía con fuerza con uno de sus brazos, ella acababa de abrir sus ojos y éstos, ya no eran más celestes, ahora poseían un color perla increíblemente bello, pero también poderoso.
—No puede ser – Dijo el ángel, soltándola, pero Hinata no cayó al suelo, siguió flotando en el aire —. Esto no puede pasar ¡Tú no puedes despertar!
Naruto lentamente recuperó la conciencia, encontrándose con una imagen que lo impactó. Hinata estaba volando, dos inmensas alas de luz se extendían en su espalda, tenía los ojos plateados y todo su cuerpo brillaba intensamente, era una luz tan maravillosa y divina que era incluso capaz de deslumbrar la visión de un demonio, su cuerpo completo estaba vibrando de admiración.
—H-Hinata… - Murmuró por lo bajo, observando como la chica –que parecía seguir inconsciente- alzaba sus manos hacia aquel ángel, que ahora parecía perturbado, temblando del miedo.
—No lo vuelvas a tocar – Dijo con su voz dulce, llena de bondad, pero a la vez conteniendo una sutil amenaza, capaz de erizar la piel del ser más poderoso del mundo. En una de sus manos se materializó una hermosa espada blanca, y fue en ese instante que Naruto lo comprendió.
El ángel de sus recuerdos no era otra que Hinata.
—Eras tú… de verdad eras tú… - Dijo aún estupefacto. Sólo pudo ver como el cuerpo de la –ahora- Hinata ángel desprendía una luz cegadora, que pareció detener el tiempo y el espacio, todo se había vuelto silencio.
Continuara…
Avance:
La batalla contra el ángel finalmente ha terminado, pero al despertar, Hinata no recuerda nada de lo que ha sucedido. Naruto está desconcertado, al fin sabe que él y Hinata se conocieron, pero no recuerda exactamente como, sin embargo existe una manera de averiguarlo, pero es muy arriesgada. Sasuke y Sakura hablan con los misteriosos hombres, descubriendo al fin su procedencia, para luego volver a reunirse con Naruto y Hinata, pero aún les aguardan más problemas por el camino, mientras, el nuevo demonio decide ayudar a la humana sin saber lo que les espera.
Próximo capítulo: Recuerdos perdidos.
…..
Bien, creo que ya fue mucha información para sus cabezas, y eso que todavía falta mucho jojo. Por cierto, las palabras citadas por Naruto y Sasuke para sus hechizos (por si alguien no sabe) están en latín, y significan "Fuego" y "Relámpago" respectivamente.
Espero que les haya gustado este capítulo, y por si desean saberlo, incluiré un poco de los ángeles y demonios famosos en la mitología ¿No suena divertido? xD
Bueno, bye bye ^^
