¡Hola!

Uf, por fin he podido avanzar un poco con esta historia, la verdad siempre que abría el documento me veía estancada en lo mismo, pero creo que este capítulo en cierto modo me ha quedado decente, me ha gustado sobre todo la parte final, supongo que muchos esperaban una escena como esa ¿No? Si quieren saber de que hablo, léanla xD

¡Nos leemos abajo!

Instinto asesino, un encuentro que podría cambiar dos destinos, hacer convivir a dos mundos totalmente opuestos, encontrando en aquel punto, un nuevo amanecer para ambos.

Capitulo 6: Recuerdos perdidos

Cuando la luz al fin se disipó, permitiéndole a Naruto recobrar la vista, sólo pudo ver al ángel que le atacaba sentado sobre la tierra del suelo, con expresión desencajada y temblando del miedo. Naruto miró entonces a Hinata, pero la encontró desmayada, sin sus alas, como una humana común y corriente.

—H-Hinata… –susurró débilmente, aún impactado por todo lo que acababa de ver ¿Qué rayos había sucedido en ese lugar?

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Lee puso su expresión seria en el rostro, mientras que Gai simplemente se mantenía firme en su posición, sin moverse para nada.

—Ya veo que ustedes son demonios –dijo el mayor, con seriedad. Sasuke asintió, mirándole sin inmutarse, no era tan difícil darse cuenta de su identidad, a pesar de que para un humano normal era imposible ver el aura de otros seres, se podía sentir desde lejos su oscuridad, y añadiendo el hecho de que Gai y Lee no eran muy normales y de que acababa de usar una de sus técnicas frente a ellos, no había nada que esconder.

—¿Y ustedes que son? –interrogó sin rodeos.

Nuevamente el mayor frunció el ceño, algo preocupado.

—Somos simples humanos, que hemos dedicado nuestras vidas al entrenamiento ninja –respondió sincera y cortésmente.

—¿Ninja? –cuestionó Sakura, sonriendo —. Veo que ese tipo de cosas aún existen, yo pensaba que los ninjas habían desaparecido desde hace mucho tiempo –habló dudosa, llevándose una mano al mentón y moviendo su cola de un lado al otro como si fuera un felino, sin darse cuenta de que eso llamaba bastante la atención del sujeto más joven, que la quedó mirando embelesado —. ¿Tú que opinas, Sasuke-kun?

—Opino que busquemos a Naruto y a la chica y nos vayamos de una vez –respondió, bajando los hombros, para luego mirar con sus penetrantes ojos negros a los dos humanos —. Son bastante buenos para ser simples humanos.

—Y ustedes bastante amables para ser demonios –dijo Gai.

—Hmp –fue todo lo que exclamó el azabache, notando de pronto la mirada casi hipnotizada que tenía ese tal Lee, el cual no dejaba de ver a Sakura —. ¿Eh?

De un momento a otro, el chico de verde tomó las dos manos de la demonio peli rosa, observándola con devoción.

—¡Oh, hermosa flor de cerezo! ¿Te casarías conmigo? ¡Te protegeré hasta la muerte!

—¡¿Qué? –gritó la chica sorprendida, alejándose de inmediato del pelinegro, que aún así no dejaba de mirarla como si ella fuese algo más que una diosa. Definitivamente acababa de caer rendido ante sus encantos de súcubo y sin que ella misma se diera cuenta de ello —. ¡N-ni de coña me casaría con alguien tan raro como tú! –abrazó a Sasuke por el cuello —. ¡Sólo lo haría con Sasuke-kun!

—¡S-suéltame!

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—¿Cómo dices? –preguntó alarmado, observando a la chica que se encontraba igual de asustada que él —. ¿Ella se ha ido al bosque? No puede ser… eso quiere decir que ya no podrá regresar…

—¡Asuma-sensei, hay que buscarla! –decía Ino con preocupación, después de todo sentía que esto era su culpa, que Matsuri hubiera huido de esa manera definitivamente fue producto de que ella le gritara de esa manera, por eso ahora ella podía estar en peligro —. Además… esas alas… –pensó consternada, pues nunca antes las había visto.

—Yo opino que hay que dejarla ser… –habló un tipo que estaba sentado en un rincón. A simple vista tenía la apariencia de un vago, con el cabello plateado despeinado, la boca tapada como si se tratara de un delincuente y ropas que más bien parecían de algún mendigo. Comía tranquilamente de un plato de fideos instantáneos, al mismo tiempo que con su otra mano leía una especie de libro de dudosa reputación. Se trataba del director de la escuela.

—¡¿Cómo puedes estar tan calmado Kakashi? –le regañó el hombre castaño; Asuma —. ¡Matsuri podría morir!

—No lo creo –dijo el peli plata despreocupado —. Matsu-chan es una mala maga, pero tiene grandes habilidades que ella misma desconoce, además… –de pronto bajó su libro y su expresión de volvió una de completa seriedad, algo que podía estremecer a cualquiera —. Oráculo ha hablado.

—¿O-Oráculo…? –mencionó sorprendido Asuma, aunque Ino –quien seguía ahí- no entendía a que se referían —. ¿Desde cuando Oráculo…?

—Desde que ella nació, ha sido su destino –intervino el director, aún serio —. Es la única que tiene la llave de aquella magia perdida, ha sido un legado de su padre ¿Lo entiendes verdad?

Asuma bajó la mirada sin responder, dejando en claro que entendía perfectamente la situación. Lo que Kakashi estaba tratando de decir era que no la buscarían, porque ella tenía un destino mucho más importante que cumplir, uno que pondría fin a la guerra desatada hace años entre el bien y el mal, y ese camino sería de la mano de un ángel y un demonio.

La luz y la oscuridad traerían el equilibrio que hace tiempo se había perdido.

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Nuevamente la miró entre sus brazos, pero ella seguía dormida como un tronco. Estaban volando en busca de sus camaradas, sin embargo Naruto no lograba relajarse, no podía dejar de pensar en lo sucedido.

El ángel de sus recuerdos era Hinata, estaba totalmente seguro de ello, pero no entendía que fue lo que tuvo que ver con ella ¿Qué había pasado durante ese periodo de tiempo que fue borrado de su memoria? ¿Por qué no podía recordarlo?

—¿Por qué…? –se cuestionó, molesto.

—Hmm –comenzó a balbucear la chica, apretando sus párpados y entreabriendo sus labios. Naruto la miró atentamente y notó como empezaba a despertar, lo que lo inquietó. Quería hablar con ella y preguntarle si recordaba algo de lo sucedido en ese tiempo, así que descendió hasta el pueblo nuevamente, dejándola sentada sobre el césped que había ahí.

—Hey, Hinata… –la llamó. No solía llamarla por su nombre, pero sería ridículo seguir diciéndole humana, puesto que estaba más que claro que ella no lo era ni por lejos. Se trataba de un auténtico ángel, por más que le costara negarlo.

—¿N-Naruto-kun? –susurró la chica, abriendo por fin sus ojos. Observó al demonio frente a ella y sus mejillas inmediatamente se tiñeron de rojo, como toda una chica enamorada, lo que hizo aparecer una gotita en la cabeza del rubio al notarlo —. ¿Q-qué pasó?

—Esperaba que tú me lo dijeras.

—¿Eh?

Naruto la miró fijamente entonces, dispuesto a preguntar qué era lo que hacía Hinata en sus recuerdos perdidos. Entonces, habló.

—Hinata… ¿Por qué tu estás…? –de pronto se vio interrumpido al sentir la presencia de Sasuke y Sakura acercándose, los cuales descendieron del cielo, posándose junto a ellos. El rubio les miró y se dio cuenta de que la chica venía colgada del cuello del azabache, el cual –para variar- se veía muy molesto.

—Vámonos –ordenó, quitándose de encima a la peli rosa y extendiendo sus alas negras de oscuridad. Naruto asintió con la cabeza, poniéndose de pie con seriedad y se acercó a Sasuke, dispuesto a contarle lo sucedido con Hinata, pero cuando iba a hacerlo miró a la chica que aún estaba algo mareada y miraba a todos lados confundida.

—Por cierto, Naruto-kun… ¿No estábamos en medio del centro del pueblo?

El rubio la miró con sorpresa en ese momento. No podía creerlo, Hinata había olvidado todo lo que había sucedido, no recordaba haberse transformado en un ángel y haberle hecho frente al otro ángel que venía dispuesto a llevársela. No recordaba que ella era el ángel que estuvo antes en su vida.

¿Qué podría hacer entonces para conocer todas las respuestas? ¿Cómo conseguirlas?

—Sasuke, ante de ir a la torre del cielo, necesito ir a otra parte –habló con decisión, mientras el demonio azabache sólo le miraba confundido.

—¿A dónde?

—A ver a Oráculo.

Sasuke abrió los ojos con sorpresa, al igual que Sakura, que tampoco podía creer que Naruto quisiera ir a ver a aquel legendario demonio, ese que tenía todas las respuestas, pero que, por supuesto, no decía nada de a gratis ¿Qué asunto tendría Naruto con él?

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Miró nuevamente la espalda de aquel demonio tan imponente, el cual en ningún momento se había volteado a verla, desde que la sacó de aquel oscuro lugar. Era como si le permitiera el honor de caminar detrás de sus pasos, así se sentía Matsuri, pero eso no le importaba.

Era la primera vez que veía a un demonio de verdad, uno de la clase alta. No podía parar de admirar su belleza, pues, para ser una criatura del infierno era realmente apuesto. Aunque sin duda lo que más llamaba la atención de él eran esos maravillosos ojos gélidos que no demostraban ninguna emoción, pero a la vez se veían solitarios.

—Etto… –la chica habló débilmente, puesto que ya llevaban muchas horas caminando y ni siquiera sabía a donde iban —. ¿Dónde vamos, Gaara-san?

—No te he dado permiso de dirigirte a mí por mi nombre –habló el pelirrojo, sin mirarla nuevamente y como lo había estado haciendo todo el tiempo.

Ella bajó la mirada, sintiéndose apenada.

—Perdón, lo siento… demonio-san…

Una venita se marcó en la sien del pelirrojo, en realidad esa forma de llamarle le agradaba mucho menos que la anterior.

—T-te doy permiso de llamarme Gaara –habló sin más —. Ahora, dime que quieres.

—¿Hacia donde nos dirigimos? –preguntó la castaña, acelerando un poco sus pasos para llegar al lado de él, mirándole con curiosidad con sus enormes ojos negros, tan brillante y a la vez hipnotizantes.

—Vamos donde un amigo mío, quiero que me diga si eres tú lo que he estado buscando.

Aquella respuesta confundió aún más a la joven, pero no pudo ni preguntar a que se refería el demonio con eso, porque al mirar al frente fue cegada por una enorme y blanca luz. Se cubrió los ojos con su brazo derecho y al mirar nuevamente, notó que acababan de salir de ese oscuro bosque y ahora se encontraban en las afueras, pero esa salida era totalmente opuesta a donde se encontraba la academia de magia, lo que quería decir que había cruzado el bosque por completo para salir del otro lado.

Volteó a ver al demonio entonces, dándose cuenta de que él alzaba sus enormes alas negras, las cuales parecían las alas de un murciélago. Eran realmente majestuosas.

Por primera vez se fijó en como estaba vestido, con una camisa de mangas cortas en color blanco, un saco sin mangas encima de ésta, de color entre gris y negro y dentro de éste se podía ver una corbata azul, que estaba algo cubierta por una bufanda delgada de color café claro. Los pantalones de tela eran del mismo color que el saco y sus zapatos eran de un tono azul muy oscuro, con correas atravesándolos para cerrarlos. Además, de su cuello colgaba un pendiente negro.

—Vamos –ordenó, tomándola por la cintura y haciendo que se sonrojara. Entonces, voló sin más, llevándose con él a esa chica.

No era que soliera tomar a humanos como mascota o cena, pero desde que la vio a ella tuvo la impresión de que era ese ser del que Oráculo le había hablado hace mucho tiempo atrás. Incluso, hace sólo unos quince años, le dijo que esa persona había aparecido en la tierra y que pronto la conocería. Al mirar a esa jovencita podía deducir fácilmente su edad, y si ella era el destino que estaba buscando más le valía protegerlo a toda costa.

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Estaba de rodillas frente a su amo, el señor de los ángeles del clan Hyûga, el cual le miraba despectivamente.

—Perdóneme señor –se disculpó el ángel de cabellos negros, con sus ojos cerrados y temiendo el recibir una gran reprimenda por haber fallado en su misión —. Nunca pensé que ella despertaría sus poderes.

—Está bien, Sai –respondió el ángel, tan calmado que hasta sorprendía —. Es obvio que no podrías contra ella si despertaba sus poderes –reconoció, cerrando sus ojos perlas —. El poder de Hinata es incluso capaz de sobrepasar al mío, por eso no debe despertar, traería la destrucción de este mundo.

—¿Lo dice usted por el demonio? –preguntó el ángel confundido, no entendía como el poder de un ángel podría traer la destrucción de su mundo, cuando se suponía que debía ser todo lo contrario, que alguien como Hinata traería la paz, pues era un ser celestial.

—Así es –afirmó Hiashi, poniéndose de pie para contemplar nuevamente la magnífica imagen de la guerra santa que adornaba las paredes de su residencia —. Ella es un ángel, pero creía en que los demonios no son nuestros enemigos, si alguien como ella llegase a sobrepasarme, todo se volvería un caos, la guerra terminaría pero con ello el mundo encontraría su final absoluto.

—Ya veo –dijo el ángel llamado Sai, quien se puso de pie y desapareció. Una facultad que los ángeles poseían y los hacían superiores a los demonios, a parte de su cegadora luz, era el poder transportarse a cualquier parte del mundo en cosa de segundos, sin embargo, aunque ello les diera ventaja, no podían decir que tenían la guerra ganada.

Hace al menos cincuenta años había comenzado a expandirse la pandemia demoníaca. Los demonios de bajo rango infectaban a humanos y otros les devoraban, creando un desequilibrio entre el mundo tangible y espiritual, que requirió de la cooperación de los ángeles y de los demonios de alto calibre para acabar con la "plaga", así fue que se ordenó el exterminio de todo demonio de clase inferior a B, siendo éstos y la misma clase A los únicos con derecho a permanecer en la tierra. No obstante, la "plaga" también había atacado a los ángeles, matando a una gran cantidad de ellos y aunque en fuerza eran superiores a los demonios, hoy mismo, en número estaban en una gran desventaja, sólo los más fuertes habían logrado sobrevivir al desastre.

De este modo las fuerzas entre ambos bandos se habían equilibrado y se decidió tener un tiempo de tregua, el cual hasta ahora había durado cuarenta y cinco años.

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La noche había llegado casi sin que se dieran cuenta. Ambos estaban agotados después de tan largo viaje y encima no habían podido comer nada gracias al escándalo en aquel bar. El bosque de noche era tremendamente tenebroso, sobre todo para el joven Lee, quien se abrazaba a sí mismo ante las tétricas sombras producidas por la luz de la luna proyectada sobre las ramas de los árboles.

—Gai-sensei… ¿Usted cree que falte mucho para llegar? –preguntó algo friolento, observando como su maestro miraba al frente con seriedad, sin responderle, hasta que de pronto sonrió.

—¡Lo veo Lee! –anunció emocionado, sin esperar un segundo más para correr hacia ese lugar, que quedaba escondido entre los árboles, en medio de un claro en aquel oscuro bosque.

Al llegar, divisaron la gran torre de la escuela de magia "Konoha", que se alzaba majestuosa ante sus ojos. Gai corrió hacia el interior con alegría, quería llegar ahí y saludar a todos sus conocidos, así como a su mayor rival. Estaba emocionado después de regresar de tan largo viaje de más de dos años y lo único que quería era saludar a la pequeña mitad ángel que él mismo dejó una vez al cuidado del director de la escuela.

—¡Kakashi! –exclamó, entrando a la oficina del nombrado sin siquiera pedir permiso primero. Lo encontró leyendo un libro de portada celeste, el cual, éste escondió apenas se vio descubierto —. ¡Cuánto tiempo sin verte, mi rival Kakashi!

—Oh, Gai –saludó el peli plata en forma casual, la verdad ni le impresionaba verlo después de dos años, era como si nada anormal estuviera pasando —. ¿Cómo va? Veo que te creció el cabello –dijo desinteresadamente, volviendo a su lectura (no le importaba lo que Gai pensara al verle leer ese tipo de cosas).

—¡¿Cómo puedes estar tan calmado, Kakashi? –le regañó —. ¡¿No ves que acabo de llegar?

—Sí, sí, eso veo –volvió a hablar el hombre sin darle importancia —. Que bonito día, ¿no?

Gai estaba cabreándose, odiaba la actitud tan cool de Kakashi, siempre le ignoraba, hiciera lo que hiciera. Alzó su puño y lo apretó con fuerza, haciendo que los nudillos se le pusieran blancos, y cuando estaba a punto de volver a reclamar, fue empujado por la puerta que acababa de abrirse a su espalda, cayendo al suelo y golpeándose el rostro.

—¡¿Dónde está Matsuri-chan? –exclamó Lee, quien acababa de entrar en la oficina del director, el hombre que anteriormente se había hecho cargo de él. Lee había crecido soñando con ser un gran mago, pero desgraciadamente no tenía aptitudes para eso, por esa razón había decidido tomar como tutor a Gai-sensei y convertirse en un ninja —. Kakashi-san, quisiera ver a mi amiga ¿Dónde está? –insistió con entusiasmo.

—Ella no está –dijo Kakashi, aún leyendo el libro como si nada.

—¿Cómo que no esta? –inquirió Gai, recuperando la compostura en cuanto se puso de pie, pero aún no se quitaba la mano del rostro, aquel golpe le había dolido como los mil demonios.

—No, ella se ha ido volando por la ventana –fue la respuesta de Kakashi, que seguía viéndose despreocupado, sin embargo, entre las páginas de su libro, podía observarse una especie de pantalla de magia, en donde estaba viendo a la hija del ángel, caminar al lado de un demonio.

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—Disculpa, Gaara-san –llamó la chica algo cohibida, ese demonio era demasiado callado y ella se estresaba cuando guardaba silencio por demasiado tiempo, era tan aburrido ir con alguien así, sin embargo, se veía que él no estaba dispuesto a dejarla ir, no sabía por qué —. ¿Podrías decirme cuanto falta para que lleguemos donde ese amigo tuyo?

Gaara no respondió.

Esa actitud era tan cabrona que la castaña tenía ganas de saltarle encima y darle una paliza, si no fuera porque sabía que si lo hacía terminaría muerta en menos de dos segundos; ella no era nada comparada con aquel ser del infierno.

—Am, Gaara-san… Etto… ¿Al menos podría saber por qué me traes contigo? –insistió, a ver si lograba sacarle aunque sea una palabra, pero nuevamente el demonio no dijo nada —. Gaara-san… si no es mucha molestia quisiera irme y…

—¿Podrías callarte de una vez? –habló al fin el pelirrojo, deteniéndose frente a una construcción en ruinas, la cual dejó sorprendida a la castaña, ya que en la entrada, había grabado en piedra un león cabalgando sobre un caballo, tenía cola de serpiente y además llevaba dos víboras en sus manos. Era una imagen bastante impresionante —. Llegamos –anunció sin más.

Matsuri miró sorprendida ese lugar. ¿Todo este tiempo estuvieron yendo hacia unas ruinas abandonadas? ¿Qué clase de juego era este?

—No entiendo –susurró para sí.

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Era cerca de la media noche cuando llegaron a las ruinas de Orias, el lugar que todo el mundo creía abandonado, o al menos la parte humana, pues los demonios sabían muy bien que ahí habitaba aquel que todo lo sabe, el demonio de la adivinación; Oráculo u Orias.

—Es maravilloso –dijo Hinata al observar el grabado que estaba sobre la entrada, el león montando al caballo era simplemente majestuoso ante sus ojos, tan acostumbrados a la simple vida humana.

—Entremos –dijo Naruto con aplomo, sin embargo antes de dar un paso Sasuke le detuvo.

—¿Qué vas a hablar con él? –quiso saber en tono demandante, ya que para hablar con Oráculo había que tener una poderosa razón, sino éste ni siquiera se molestaba en atenderles, además, si no había algo que dar a cambio, él no hablaría.

—Eso es un asunto mío –respondió e rubio, mirando de reojo a la ángel, que sólo seguía observando las ruinas frente a sus ojos. De un momento a otro, Naruto se acercó a la entrada, la cual estaba derrumbada en su mayoría, pero de una patada movió una gran roca y detrás de ésta, apareció una entrada que dejaba ver unas largas escaleras, así como también las velas iluminando el pasaje. El rubio se adentró y Sasuke –entornando los ojos– no tuvo más remedio que seguirle, así como lo hicieron Sakura y Hinata.

Después de que los cuatro se adentraron, el pasaje secreto volvió a cerrarse como por arte de magia.

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Ella estaba sentada en aquel enorme claro del bosque, tocando el agua clara con la punta de sus dedos y sonriendo con parsimonia ante la belleza del paisaje. Amaba la naturaleza, el cielo tan azul, el pasto tan verde, el agua tan cristalina. Podía oír el cantar de los pájaros y la brisa suave y fresca golpeando su rostro.

Sus grandes alas caían armoniosamente sobre el suelo, dejando libre su largo cabello negro azulado, el cual se alzaba con el viento que la rodeaba, al igual que los pliegues de su vestido blanco.

Su piel era tan suave como la brisa, y sus ojos perlados le daban la apariencia de todo un ser divino, pues era exactamente eso lo que ella era.

Toda esa tranquilidad era perfecta, hasta que de pronto su dulce expresión cambió por una seria, en cuanto esa horrible presencia se sintió cerca de ella.

Sal inmediatamente –ordenó.

Él estaba escondido detrás de un arbusto. Había ido a cazar Bryween, cuando la observó sentada en el claro. Era tan hermosa… jamás pensó que un ángel pudiera deslumbrarle de esa manera, pero entonces, cuando la oyó nombrarlo con ese desprecio, se dio cuenta de que simplemente había sido seducido por su majestuosidad, igual que cualquier otra criatura al ver a un ser celestial como ese.

Llevó las manos a su espada, observando como ese bello ángel hacía lo mismo. Le mataría… así obtendría la preciosa y valiosa espada del ángel, y además se bañaría de su sangre, lo que lo haría aún más poderoso.

Desenfundó su espada negra, alzando sus alas de largas y hermosas plumas negras, para volar directo hacia la joven ángel, la cual, sin duda alguna en su mirada, interceptó la hoja de su espada usando toda su fuerza en ello.

Un demonio de tan alto nivel atacando a un ángel por pura diversión –dijo con el ceño fruncido, observando con sorpresa los ojos claros del demonio. Era bien sabido que los demonios no poseían ojos claros, a menos que tuvieran la sangre de uno de ellos, de un ángel —. ¿Quién eres tú?

Me llamo Naruto, y vengo a matarte –respondió con una sonrisa sedienta de sangre, al tiempo que sus ojos se tornaban de color rojo y su fuerza aumentaba el doble, quizás el triple, mandando lejos al ángel —. Quisiera saber el nombre del ángel al cual asesinaré.

Me llamo Hinata –respondió la chica, alzando sus enormes alas blancas, al tiempo que un aura purificadora la rodeaba por completo —. Y lo lamento, pero no creo que puedas matarme.

Eso lo veremos –dijo Naruto, volviendo a sonreír con malicia.

No podía esperar por el momento de clavar su espada en la fina carne de ese ángel, hasta darle muerte.

Continuara…

Como vieron, el recuerdo del primero encuentro entre Naruto y Hinata, así es señores, así fue como estos dos se conocieron, queriendo matarse xD ¿Cómo no, si son enemigos naturales?

Por otro lado, se supo un poco acerca de otros personajes que tendrán importancia en esta historia, pero de eso no digo más, sólo que ya verán jojojo.

Ahora no puse adelanto, creo que no se me dio la gana xD

Espero que les haya gustado el capítulo, nos estamos leyendo ^^

Bye ^^