¡Hola!

Yeh, la inspiración hoy me dio hasta para este fic. Jeje, buenas, como están todos eh. Espero que les agrade la conti, ya que me esforcé para relatar el primer encuentro entre Naruto y Hinata, así como para explicar algo de la historia de Gaara. Ojalá les agrade ^^

Disclaimer: Naruto pertenece a Masashi Kishimoto.

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Capitulo 7: Juramento de venganza

Mientras caminaban por el largo y oscuro pasillo, Naruto no pudo evitar mirar nuevamente a Hinata. Pequeños fragmentos de memoria regresaban, justo desde el momento en que la había visto transformarse en un ángel, no podía hacer que su mente parara de recordar sucesos, pero aún así necesitaba la ayuda de Oráculo, tenía que entender muchas cosas.

Cerró los ojos y dejó que su mente siguiera llenándose.

Le observó con verdadero sadismo, no estaba preocupado en lo más mínimo por la amenaza recibida por el ángel, porque estaba seguro de poder derrotarla si tomaba todo el poder que dormía en su interior, aunque en realidad eso fuese muy peligroso para el estado en el que ahora se encontraba.

Sangre de un ángel, eso es lo que necesito –susurró relamiéndose los labios, para luego lanzarse en picada contra la hermosa joven que hasta hace sólo unos minutos atrás lo había deslumbrado con su belleza. Su espada fue rápidamente interceptada por la de ella, quien no se mostraba en absoluto cansada o esforzándose, lo que le daba una idea de qué tan fuerte era aquel ser.

No podrás obtener ni una gota de mi sangre, demonio –lo desafió Hinata, dando un salto hacia atrás para liberarse del forcejeo y segundos después voló por los aires, para aparecer tras Naruto y lanzarle un corte en horizontal, el cual él logró esquivar a tiempo, pero unos cuantos cabellos rubios se fueron con el ataque.

Hinata sonrió para sí en cuanto se alejó nuevamente de él. Fue entonces que le miró con mayor atención, dándose cuenta de algo que no había notado antes.

Tú… –murmuró sin moverse de su lugar, para luego volver a enfundar su espada, la cual hizo desaparecer como por acto de magia. Naruto entonces le miró sin comprender, con el ceño fruncido y muy molesto por que el ángel hubiera interrumpido su batalla de esa manera. ¿Qué se proponía?

¿Por qué? –cuestionó, al tiempo que sus ojos rojos volvían a tomar el tono azul cielo, un color hermoso, que Hinata sólo había visto en los ángeles que estaban sólo por debajo del clan Hyûga. Al ver que la mujer no contestaba, Naruto bramó con enojo —. ¡Te he preguntado por qué! ¡¿Por qué detienes la batalla? ¡¿Acaso ya te has rendido?

No se trata de eso –Hinata suavizó su expresión desconfiada —, es sólo que tu nunca podrás ganarme.

¿Q-qué? –cuestionó anonadado debido a la ira.

No con las heridas que llevas bajo tu ropa –completó la frase la joven, la cual sin temer se acercó al demonio a pasos lentos, justo para sostenerlo antes de que él cayera vencido por el dolor. Había estado escondiéndolo desde el principio, pero antes de hallar a Hinata se había topado con un poderoso ogro que le dio muchos problemas, haciéndole una tremenda herida justo en el estómago, al lado izquierdo. Pensó que soportaría el dolor al luchar contra Hinata, pero ella era demasiado fuerte y hasta se había dado cuenta de su malestar.

No necesito tu ayuda –le gruñó, tratando de apartarla de su lado, pero no consiguió moverla —. Aléjate de mi ángel, no necesito que alguien como tú se preocupe por mí.

¿Por qué dices eso? Estás malherido –riñó la ojiperla en tono iracundo —, permíteme hacer algo por ti, no es momento de que te pongas a renegar de la ayuda que se te está dando desinteresadamente, sobre todo tomando en cuenta el hecho de que intentaste matarme hace un momento.

Te dije que no quiero tu ayuda –insistió Naruto, logrando por fin que Hinata lo soltara, pero al perder el apoyo que ella le daba, estuvo a punto de caer de rodillas al suelo, por suerte logró sostenerse —. Ustedes los ángeles sólo nos ven como basura ¿Crees que no lo sé? Seguramente tu desinteresada ayuda es sólo para después matarme cuando menos me lo espere.

Hinata frunció el ceño; esas palabras no le habían gustado ni un poco.

¿Piensas que eres basura para mí?

Me di cuenta de cómo me miraste –Naruto se encaminó con dificultad hacia la copa de un árbol, en donde se sentó, sosteniéndose el lado de su abdomen que comenzaba a sangrar excesivamente, haciendo insufrible su dolor —, para ti no soy más que un despojo, un ser que debe ser eliminado de la faz de la tierra. Todos ustedes son iguales, todos piensan en las mismas cosas, por eso… les desprecio…

Hinata le miró con verdadera lástima. Él tenía razón, los ángeles eran así, siempre habían sido así, para ellos los demonios eran la viva representación de todo lo malo en el universo, algo que no debía existir, que debía ser eliminado. ¿Pero era así en realidad? ¿No se suponía que todos los seres vivos eran creados por el mismo Dios?

Tal vez tengas razón, tal vez te miré de esa manera hace un momento, pero fue porque intentabas matarme –le aclaró el ángel —. Ahora que te veo indefenso ante mí, sólo eres alguien que necesita mi ayuda, y te la daré aunque no quieras recibirla.

Sólo vete –le exigió Naruto, volviendo a poner sus ojos rojos con toda la intención de atacarla. Se paró a duras penas, mientras una energía roja rodeaba todo su cuerpo y sus facciones se volvían más bestiales, dándole el aspecto de un zorro salvaje —. Si no te vas juro que te mataré.

Hinata extendió sus alas, sacando su espada nuevamente.

Entonces atácame –le retó.

Naruto estaba a punto de moverse para atacar, pero algo dentro de sí le hizo detenerse, paralizando su cuerpo y borrando todo rastro de la energía roja que hace un momento lo cubría. La sangre brotó más insistente desde su herido y pronto todo a su alrededor se volvió borroso.

¿P-por qué… Kurama…? –reprochó, sin que Hinata lograra entender a quien le hablaba, sólo pudo mirarle desconcertada antes de verle caer al suelo desmayado.

La joven hizo desaparecer su espada y se acercó al cuerpo malherido, sin poder parar de mirarle fijamente, deteniéndose en cada una de sus facciones. Él era un demonio, pero era tan parecido a ella, tenía sus mismas piernas, brazos, dos ojos, una boca, tal y como cualquier ángel o humano que habitaba la tierra, ¿entonces por qué eran tratados como monstruos? ¿Realmente eran malvados sólo porque sí, o porque la sociedad les acostumbró a ello?

¿Acaso un demonio puede ser bueno? –se preguntó, acariciando suavemente sus cabellos. Su mirada ya no era amenazante, sino calmada, compasiva, la mirada más hermosa que podía poner un ser celestial.

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Las velas se encendieron en cuanto dio un paso hacia el interior de la habitación, tan oscura como si fuera de noche ahí dentro. Su cabello rojo se movió con el viento que entraba por las grietas, pero no le dio importancia, puesto que sus ojos sólo podían mirar a quien tenía enfrente.

—Así que has venido, te estaba esperando –dijo el demonio, alto, con el cabello castaño y desordenado, los ojos color caoba y una arrogante sonrisa en el rostro. Traía puesta una larga gabardina negra, sobre una camisa café y unos pantalones también negros. Parecía tener un estilo sencillo, aunque sus gustos decorativos dejaban mucho que pensar, pues la habitación estaba rodeada por marionetas, todo tipo de marionetas.

—Supuse que sabías que vendría –dijo Gaara, apoyándose en la pared junto a la puerta cerrada, había dejado a la humana fuera del cuarto —. Entonces dime lo que quiero saber, Oráculo.

—Oye, sabes que no me agrada mi antiguo nombre, hermanito –rió el castaño. Y sí, era cierto, aquellos dos demonios eran nada menos que hermanos y como era bien sabido, cada cierto tiempo ellos cambiaban su nombre para no ser detectados, el caso de Gaara era el mismo —. ¿O tal vez debería decir Astaroth?

—Cállate Kankuro –lo retó el pelirrojo —. Sólo dime lo que quiero oír. La humana que dijiste que conocería… ¿Es aquella?

Oráculo, mejor conocido ahora como Kankuro, tomó asiento despreocupadamente. Podía ser que Gaara fuese su hermano, pero aún así, todo tipo de información de su parte tenía un precio, uno que él no estaba dispuesto a dejar pasar.

—Primero lo primero –respondió.

Gaara sólo bufó, rebuscando entre sus ropas para luego arrojar algo sobre la mesa que estaba delante de él, se trataba de una joya que brillaba más que las mismas mañanas, era pequeña, pero simplemente hermosa y llamativa.

—No preguntes como la conseguí.

—Es increíble –el castaño ignoró su comentario, tomando aquella preciosa joya entre sus manos, con la mirada fascinada —. Es una joya de la corona de la reina de los súcubo, será perfecta para una de mis últimas creaciones –guardó el objeto y volvió a ponerse serio, mirando a su hermano menor fijamente —. Esa mujer no da nada sólo porque sí, supongo que le hiciste pasar un buen rato.

—Te dije que no preguntes –insistió el pelirrojo con frialdad, lo último que necesitaba era recibir un interrogatorio acerca de con quienes se acostaba —. Ahora que te he pagado, dime la respuesta a mi pregunta.

Kankuro volvió a su asiento.

—Está bien, pero recuerda que no puedo responder nada que ya haya sucedido, sólo puedo ver el futuro, no el pasado, Astaroth.

—Lo sé, y deja de llamarme así, hace más de cien años que no utilizo aquel nombre –amenazó con cara de pocos amigos, haciendo reír ínfimamente a Kankuro.

—Como quieras –respondió.

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Sus pies pisaron un charco de agua que resonó debido a que el lugar era completamente cerrado. Él caminó tranquilamente por el largo pasillo, sin prestar atención a las oscuras y amarillentas paredes que le rodeaban, sólo alzó la vista cuando estuvo frente al enorme calabozo.

—Así que has venido –se oyó una monstruosa voz desde el interior de las rejas de acero, las cuales llevaban en el centro un enorme sello, resguardando a la criatura dentro de ellas —. Hace tiempo que no pisabas este lugar, Naruto.

El rubio le veía fijamente, con sus ojos azules completamente desafiantes.

—Creí que habías dicho que no ibas a regresar –siguió oyéndose la voz —. ¿O es que te has arrepentido de menospreciarme? –y finalmente se asomó por la reja, dejando ver su tenebrosa figura, la cara demoníaca de un zorro gigante, que sonreía de forma macabra —. Vamos, habla –exigió.

—Es verdad, no hemos hablado desde aquella vez, desde que olvidé al ángel.

El demonio zorro pareció sorprenderse.

—¿Lo recuerdas?

—Algo así –respondió Naruto —. ¿Tú sabes quien es ella, verdad?

—Yo sólo recuerdo su presencia, sabes que sufrí los mismos efectos que tú después del ataque de hace dos años, y como no has querido verme desde entonces, no hemos podido hablar al respecto.

—Tal vez soy un poco terco –rió el rubio —. De todos modos… sólo he venido a pedirte un pequeño favor, necesito la espada de mi padre.

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—¿Cómo pudiste permitirle que se marchara así como así? ¡Eso es muy irresponsable Kakashi! –reclamó molesto el ninja experto en artes marciales, el cual golpeó el suelo y lo agrietó de una patada —. ¿No te das cuentas de que si él la encuentra la matará?

—Aunque él la llegase a encontrar, no podrá matarla tan fácilmente –dijo el hombre de cabellos grises —. Matsuri-chan no es como en sus anteriores reencarnaciones.

—¿Te refieres a su herencia de ángel? –interrogó Gai, arqueando una ceja.

—Por supuesto –fue la respuesta de Kakashi —. Aunque sea sólo una semi-ángel, es extremadamente poderosa, después de todo… no sólo la sangre de un ángel corre por sus venas.

—Astaroth… –murmuró Asuma, quien también se encontraba presente.

Gai apretó los puños, mientras que Kakashi sólo asentía con la cabeza, no podía negra que estaba preocupado por la suerte de su pupila, pero estaba seguro de que su herencia la haría salir adelante, a fin de cuentas, poseía una magia incomparable al ser la reencarnación de un antiguo demonio, combinado con la sangre de un auténtico ángel.

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—Naruto –llamó Sasuke a su compañero, observando como éste abría lentamente los ojos, para volver a la realidad, ya no se encontraba en el calabozo, sino frente a la puerta cerrada de la oficina de Oráculo, el cual, al parecer, estaba ocupado por el momento —. ¿Hacia donde te habías ido?

—Sólo fui por un tesoro para pagarle a Oráculo –respondió sencillamente.

Sasuke frunció el ceño, ya que no le gustaba nada la idea de visitar a aquel vicioso demonio, lo último que necesitaba era una adivinación del futuro, sólo anhelaba cumplir con su misión y ya, no tenían para que ponerle en esa ridícula situación a la que Naruto lo estaba sometiendo, y sin embargo aún así le daba curiosidad saber que era lo que el rubio tramaba.

—¿Sabes? Tal vez hubiese sido mejor idea visitar a Nergal –dijo de pronto la peli rosa, ganándose una mirada de odio de parte del ojiazul, quien aún detestaba la mirada que poseía, no podía aceptar la idea de ser un demonio teniendo aquellos ojos, esos molestos ojos de ángel.

—Nergal es un tipo demasiado complicado, prefiero mil veces hablar con Oráculo.

En ese momento la puerta de la habitación se abrió, dejando ver una imponente figura que no pasó desapercibida para ninguno de los cuatro presentes, porque se trataba de nada más y nada menos que el número uno en la lista de los siete demonios más fuertes de la Torre negra: Gaara.

—Naruto, Sasuke, Sakura ¿Qué hacen aquí? –les preguntó fríamente, pasando la mirada por cada uno de ellos, hasta que sus ojos se fijaron sólo en uno, o más bien, en una. Fue fácil descifrarlo a simple vista, después de todo, esa mujer que parecía una simple humana despedía un aura muy especial de su cuerpo, era muy parecida a la de la pequeña humana que él había traído, esa humana a la que le habían prohibido asesinar, al menos por el momento.

Golpeó la mesa con frustración, haciendo resonar varias de las cosas que estaban encima.

¿Por qué no puedo acabar con su vida de una vez? Es sólo una simple humana… ¡Esta vez no será como las anteriores! –aseguró con rabia. Él jamás perdía la compostura, pero después de dos décadas buscándola como un demente por todo el planeta, no era justo que su hermano mayor le dijera que no podía acabar con su vida —. Sólo si acabo con ella podré… podré volver a ser yo… podré ser completamente un demonio de elite.

No entiendes, Gaara –aseguró el castaño —. Nunca lo has entendido… ¿Verdad? Si la matas, sólo repetirás lo mismo que hasta ahora ha pasado, lo he visto como me lo has pedido, he mirado en tu futuro y sólo veo desastre si vuelves a acabar con la vida de ella. Tienes razón, ya no será lo mismo, será peor, la destruirás, acabarás para siempre con ella y nunca volverás a recuperar lo que perdiste.

¿Por qué?

Es pos su sangre de ángel –Kankuro caminó hasta un espejo mágico que descansaba en una de sus paredes, dibujando sobre él dos círculos, uno rojo y el otro blanco —. Este círculo rojo en la esencia del ser humano, el blanco es del ángel, y este… –dibujó esta vez uno negro, el cual unía al círculo rojo y al blanco —. Es la esencia de demonio.

¿Y?

Sabes que si un demonio destruye a otro éste simplemente reencarnará, pero no en el caso de que se trate de un mitad ángel, su parte de ángel le hará desaparecer completamente una vez que haya sido eliminado por un demonio, si en este caso, tú la matas, perderás para siempre la oportunidad de recuperar tus poderes.

El pelirrojo apretó sus puños con ira contenida, no podía creer que ahora que por fin la había encontrado, tendría que dejarla vivir, cuando en todas sus vidas pasadas le había eliminado, buscando recuperar el poder que el gran Dios de los ángeles le había quitado hace miles de años, cuando dividió su ser en dos partes y le condenó a seguir eternamente a su otra mitad, matándola para ver si de una buena vez decidía regresar a él.

Maldita sangre de ángel… –masculló —. Ahora yo… no puedo hacer nada… no puedo… matar a Astoreth.

—Gaara –murmuró Sakura con sorpresa y algo de intimidación al observar al poderoso demonio, y es que no sólo era demasiado fuerte como para que ella siquiera pudiese tocarle un pelo, sino que además, su fuerza actual no era más que la mitad de la verdadera.

—¿Acaso la encontraste una vez más? –le preguntó Naruto, notando como Gaara viraba su vista hacia un pasillo, dejando ver a una joven castaña sentada en un banco, mirando la pared —. Pero si es sólo una humana… –dijo sorprendido.

—No es sólo eso –aseguró el pelirrojo —. Definitivamente es Astoreth, pero… no puedo matarla, no ahora.

—¿Y que harás? –cuestionó Sasuke,

—Aún no lo sé.

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Abrió los ojos con mucha pesadez, pues sentía un sueño increíble, como nunca antes había sentido. Seguramente su herida era la culpable. Trató de incorporarse, pero lo único que logró fue sentir más dolor, aunque milagrosamente ya no había sangre brotando de su herida, sino que ésta estaba vendada. Se encontraba con el torso descubierto y una gran venda atravesando su abdomen, la cual estaba algo manchada de su sangre.

¿Qué pasó? –quiso saber algo aturdido, pues lo último que recordaba era que estaba discutiendo con el ángel y que de pronto todo se volvió negro, todo por la culpa de Kurama.

Ya has despertado –Naruto alzó la mirara y sus azules ojos se posaron sobre aquellos hermosos ojos perla, esos que parecían ser el mismísimo tesoro de un pirata, o dos lunas llenas perfectas.

¿Q-qué pasó? –se preguntó intentando pararse, pero sólo consiguió que el dolor regresara a su cuerpo, obligándole a permanecer en la misma posición —. ¿Por qué aún sigues aquí? –cuestionó con el ceño fruncido, refiriéndose al ángel, quien traía un poco de agua en un cántaro y en ella lavaba la sangre de sus heridas. Aquel gesto de amabilidad verdaderamente le estaba repugnando, sobre todo porque hace poco él sólo deseaba matarla y ahora ella se atrevía a pasar por sobre su orgullo como un demonio para ayudarlo. ¿Podían ser los ángeles más lamentables?

No podía dejarte así, tuve que curar tus heridas –respondió Hinata con una amable sonrisa —. Quiero demostrarte que no eres sólo un monstruo para mí.

Por un momento Naruto quiso creer en sus palabras. El corazón que debía existir en su pecho se sintió apretado y le hizo voltear el rostro. Eso era producido por su estúpida herencia de ángel; debía ser la única explicación, pues un demonio no puede sentir.

¿Esperas que de verdad te crea? No me hagas reír –subestimó las palabras de Hinata —. ¿Hinata es tu nombre? –le miró de reojo, viéndola asentir —. Si vas a matarme hazlo de una vez, estoy débil, esta debe ser tu oportunidad de deshacerte de mí.

Pero yo no quiero matarte –aseguró Hinata volviendo a sonreír —. Sólo pretendo ayudarte.

Estás loca. ¿Desde cuando los ángeles ayudan a los demonios? ¿Acaso no deberíamos estar luchando ahora en lugar de hablar?

¿Por qué debo hacer lo que otros dicen? –cuestionó Hinata —. Sólo porque alguien diga que los ángeles y los demonios debemos pelear ¿Debo atacar a un demonio cada vez que lo vea? Eso no me parece demasiado razonable.

Naruto se quedó callado ante la lógica de aquella mujer. ¿Realmente ella estaba en sus cabales? Es decir… Era más que obvio que la respuesta a su pregunta debía ser un sí, los demonios y los ángeles tenían la obligación de luchar entre sí. Pero… ¿Qué o quien exactamente les obligaba a hacerlo?

Eres muy extraña –susurró para sí, pues ciertamente ella tenía algo de razón y él no quería admitirlo.

Ambos se quedaron en completo silencio, pero Hinata no dejaba de observarlo detenidamente, cosa que comenzaba a incomodar al demonio, quien no aguantó más y la encaró, notando como ella desviaba la mirada y un leve rubor cubría sus mejillas. ¿Por qué demonios esa criatura era tan hermosa?

¿Qué me ves? –le preguntó.

Tus ojos –respondió Hinata.

¿Eh? ¿Qué pasa con mis ojos? –frunció levemente el ceño; al parecer ella se había dado cuenta de lo que él más odiaba en sí mismo.

¿Por qué tus ojos parecen los de un ángel?

Naruto frunció el ceño con verdadera rabia, parecía que la furia había vuelto a apoderarse de él, haciendo que la energía roja le rodeara nuevamente. Sus ojos tomaron el color de la sangre y miró a Hinata como si fuese a matarla.

¿Crees que estos son los ojos de un ángel?

Creo que intentas ocultarlo inútilmente –respondió hábilmente Hinata —. Está claro que posees sangre de ángel en tus venas y eso te repugna, lo entiendo, sin embargo… hay otra energía viviendo en ti.

¿Cómo sabes todo eso con sólo mirarme? –se sorprendió Naruto.

Soy un ángel del clan Hyûga, soy capaz de ver la verdad en todo lo que observe, mis ojos me lo permiten –respondió simplemente la joven, notando como Naruto regresaba sus ojos a su estado normal, incapaz de negar sus palabras acerca de su herencia de ángel. ¿Qué ganaría con negarlo? —. Así que verdaderamente posees la sangre de un ángel.

Mi padre fue un ángel –confesó Naruto con cierta melancolía, como si aquel pasado realmente le avergonzara, y así era.

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—Te estaba esperando, Naruto –dijo Kankuro con su tétrica voz, en medio de una sonrisa de esas típicas de los demonios confiados. A lo lejos podía sentir el aroma de un ángel, pero eso no era importante en este momento, tal vez fuese sólo la parte de ángel que Naruto poseía, que aunque intentase deshacerse de ella, siempre estaría ahí, tal y como sucedía con su hermano Gaara. Para Kankuro no era un orgullo el ser hermano del que una vez fue un ángel, muy a pesar de que sus lazos no fuesen de sangre, sino de palabra, pero aún así no tenía reparos en decir que Gaara era su hermano, pues era uno de los más poderosos demonios que jamás hayan existido.

—Supuse que sabías que vendría –dijo el rubio —. Entonces también debes saber que es lo que te quiero preguntar.

—Quieres saber si volverás a verle pronto, ¿no? Al ángel que te humilló.

—Quiero saber si en mi futuro está escrito asesinar a Neji Hyûga –dijo Naruto con una gélida mirada, roja como la sangre, pero fría como el hielo. Ahora que por fin había recordado lo sucedido hace dos años, finalmente sabía de quien se debía vengar, porque sí, finalmente todo había vuelto a él, sus recuerdos habían regresado y estaban tan claros como ese primer día en que conoció a Hinata, en que se enamoró de un ángel —. Hinata… te juro que me vengaré por lo que nos hizo… y haré que me recuerdes, te lo prometo –pensó para sí, haciendo aquel juramento que desde hoy pensaba llevar a cabo.

Continuara…

Sobre los nombres y la edad de los demonios: En esta historia, cada vez que un demonio cambia su nombre, se dice que ha nacido nuevamente, por lo que su edad se cuenta desde cero. Es así como un demonio que en realidad tiene miles de años, cuenta su edad sólo como cien años, que es el caso de Naruto y compañía. El único que ha mantenido su nombre por más de mil años ha sido El Rey.

Aclaración sobre Astaroth y Astoreth: Según la demonología, Astaroth fue un ángel corrompido por las ansias de saber y por su vanidad. Se dice que era uno de los ángeles más bellos e inteligentes, que quiso ir más allá y que fue castigado por Dios, dividiéndole en dos entidades: Astaroth y Astoreth, una mujer que en cuyos ojos mostraba una gran sabiduría. Se dice que Astaroth vaga por el mundo buscando a Astoreth para matarla y lograr que ella vuelva a ser parte de él, pero cada vez que la encuentra, ella reencarna en otra mujer, y él debe volver a buscarla. En esta historia he modificado un poco el asunto. Como ven, Matsuri es la hija de un ángel y de una humana, pero a su vez, por cosas del destino, también es la reencarnación de Astoreth, por lo que posee tres razas diferentes en sí misma. Se supone que esta es la primera vez que la esencia de un ángel y de Astoreth se combinan en un solo cuerpo, lo que le impide a Gaara matarla, porque de hacerlo, la haría desaparecer para siempre.

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Hechas las aclaraciones y terminado el capítulo, sólo me queda despedirme, espero que les haya gustado ^^

Hasta otra.

¡Bye!