The Loud House: Choque de mundos.
¿Haitus? Pues pido perdón por eso. ¿Algún día empezaré un episodio sin disculparme? ¿Quién sabe?
No me queda de otra… gracias por esperar este episodio. Espero disfruten.
Notas al final de la lectura.
The Loud House no es de mi pertenecía, le pertenecen a nickelodeon y a su creador Chris Savino.
Planes y Amenazas
…
El hombre frente al monitor sentía el miedo recorrer todo su cuerpo. A lo largo de todo el tiempo, había recibido noticias buenas y malas. Pero la que acaba de recibir, sobrepasaba a cualquier otra que hubiese recibido antes.
Tomó aire. Tenía que analizar todo esto. Después de todo, sabía que algo como esto iba a pasar. Tenía que. La paz no siempre estará presente.
Antes de continuar, nos ubicamos en un lugar desconocido. ¿Nadie lo ha visitado? No, solo los que cruzan por aquellos pasillos, que traen confusión e interrogantes. Claro que si no lo conoces, serás tú el que se confunda.
No son simples pasillos. Son paredes de un color blanco claro. Luces que cuelgan de los techos, haciendo que la oscuridad no muestre señales de presencia. Al fondo, se divisa una puerta. Al acercarse, esta se abre en dos. Al parecer este lugar tenía la tecnología más avanzada.
De esta puerta, se revelaban a varios hombres trotando en fila. Quizás ejercitándose o preparándose para su próxima misión. Su vestidura no era cualquiera. Eran trajes muy avanzados, en sus pechos un color plomo en forma de escudo. Claro que esto no los hacía ver anchos o altos. Solo eran simples trajes, pero con verse así a simple vista, no significa que no sean de mucha ayuda.
En sus manos portaban armas. Su largo era de un metro. Igual que sus trajes, su color era negro, solo que a diferencia estas eran más claras. Esta arma no era igual a cualquier otra que el ser humano haya portado antes. Esta arma lucía un poco más futurista. ¿Acaso estábamos en el futuro? Averigüémoslo.
Los hombres se alejaban poco a poco de nuestras vistas. Pero eso no es lo importante ahora. Vamos a adentrarnos dentro de aquella puerta, la cual aún permanecía abierta.
Al cruzarla, hay un enorme salón esperándonos. Era tan enorme, como una sala de vigilancia extrema. En el frente de esta, había una gran pantalla, que solo mostraba unos planos, y los que parecían ser mapas con extrañas coordenadas.
Parecía ser la sala principal. Nadie que no sea personal autorizado tenía permitido entrar aquí. ¿Por qué aquellos hombres salían de este lugar?
En toda la sala, había entre 10 a 20 personas. Hombres y mujeres, que tenían en frente suyo, cada uno un monitor. Tecleaban e investigaban. Todos parecían preocupados. Últimamente, las lecturas que habían estado recibiendo no eran de las más esperanzadoras.
No fue hasta que una de estas personas, presionó uno de tantos botones, que tenía en lo que parecía ser un pupitre. Al presionarlo, acercó un poco su boca para hablar por un micrófono. –Señor, tiene que ver esto. –Así de simple. Cada vez que decía esas palabras, eran para dar buenas o malas noticias.
La puerta de antes volvió a abrirse, revelando a un hombre de entre unos 28 años. ¿Acaso ya hemos visto a este hombre? Al parecer sí. Tenía una capucha encima, que ocultaba la vestidura que era igual al de todas las personas en ese lugar. Traje negro. Botas de último modelo. Guantes, y vestidura avanzada.
El hombre fue acercándose a la persona que realizó el llamado. Se colocó a un lado, esperando las notificaciones que tuviera que darle.
-¿Tiene que usar la capucha dentro de la nave señor? –Le preguntó en forma graciosa. ¿Una nave? Al parecer ya sabemos dónde estamos.
-Si solo me llamaste para hacer esa pregunta, te sancionaré Alex. –Dijo. Al hacerlo se quitó la capucha. Revelando nuevamente un cabello blanco. Una barba que estaba en crecimiento y pecas casi por todas sus mejillas.
-Lo siento. –Se disculpó. –Pero tiene que ver esto. –Esta vez su tono cambió a uno más preocupante y serio. El hombre de cabello blanco, fijó su mirada en la gran pantalla que tenía en frente.
Esta vez la pantalla cambió. Mostrándonos unas lecturas en estado crítico. –Señor, no podemos seguir así. –También miró hacia la pantalla. –Multiverso 1-A, Universo A-55, dimensión 452 y 363. –De ahí esas imágenes cambiaron a fotografías de la ciudad de Royal Woods.
Ese hombre, el que parecía ser el comandante, sintió algo de nostalgia al verlas. ¿Por qué se sentía de ese modo?
-Lincoln Loud. –Miró al hombre. –Este niño junto con sus otras versiones de la dimensión 363, y la 468 están alterando las dimensiones. Yendo de una a otra. Señor esto no puede seguir así. El de la dimensión 468 está bajo control… Pero el de la dimensión 452 y de la 363 están alterando la continuidad del orden multiversal e interdiemnsional. –El hombre de cabello blanco serró sus ojos. Parecía que en cualquier momento iba a sufrir de un desmayo, solo con oír aquellas palabras. –No solo el Universo de donde usted proviene está en peligro ¡Todos estamos en peligro! Con esta y todas las demás lecturas negativas, pronto seremos borrados de la realidad. ¡Nada tendrá sentido!
Suspiró. El hombre pasó sus manos por su cara. Era obvio que su preocupación se hizo notar. – ¿Cuál fue el último en alterar las dimensiones? –Preguntó.
El hombre tecleo un par de cosas en su monitor. –Fue el de la dimensión 452. –Esas fueron las últimas palabras que el hombre de cabello debió escuchar. Tomó una decisión por unos breves segundos. De alguna u otra manera, debía solucionar esto.
Antes de que el hombre de cabello blanco pudiera hablar, fue interrumpido por las palabras que pronunció Alex. Aquellas palabras lo hicieron retorcerse de temor. –Señor… ese niño se parece a usted. ¿Acaso no es...?
-No lo digas. –Dijo amenazante. Odiaba cada vez que recordaba. Qua alguien lo notara. Que alguien se diera cuenta. No lo hacía tan seguido, pero tampoco es como que pudiera evitar que esos recuerdos volvieran. Aunque tratará de enterrarlos en la parte más profunda de su mente, donde los malos recuerdos e impurezas descansan, siempre volvían… siempre lo hacen.
El hombre de cabello blanco sabía a qué se refería Alex. Por eso decidió cambiar su nombre. Nadie lo sabe. Solo unos pocos en la nave, y a esos pocos el hombre de cabello blanco les entregó su confianza.
Alex no sabía con total perfección el nombre de su comandante. De hecho, digamos que entre todo el personal, Alex era el único que mantenía conversación y cercanía junto a ese hombre. Y de lo poco que sabía de su vida, no tenía permitido contárselo a nadie.
-Lo siento…
Tardó unos momentos para encontrar nuevamente las palabras adecuadas. –Saldré un rato. Cambien todo a código rojo 22. Mientras estoy fuera, ya saben quién está a cargo.
No. No otra vez. Cada vez que el líder salía por un momento, era reemplazado por ella. Todos la conocían, y sabían lo terrible que podía llegar a ser. Aunque no fuera la mejor de todas, siempre demostraba pasión al dirigir y dar órdenes. Pero aún era muy inexperta y necesitaba práctica.
-¿Saldrá por un momento? –Preguntó Alex.
-Claro, veré si puedo hacer algo al respecto. –Se alejó un poco. Fue en dirección al pupitre de una mujer. Esta le entregó un par de tubitos. Cada uno contenía un extraño líquido de color azul, verde y morado. El hombre los guardó dentro de los bolsillos de su capucha.
-Señor, sabe bien lo que puede llegar a pasar si sale por lo menos dos minutos. –Se cruzó de brazos, mientras aún seguía sentado. –Por favor, no la deje a cargo.
El hombre dio una pequeña risa. Le parecía gracioso, y sabía las consecuencias, pero confiaba en ella, y con la práctica y lecciones seguramente mejoraría. –Lo siento Alex, pero no hay nadie más que pueda quedarse a cargo. Por favor, vigílenla. Después de todo no creo que nada salga mal.
-Sí, nada saldrá mal. –Dijo sarcásticamente. –No pasará nada malo, como la última vez que casi hace que la nave se estrelle contra un planeta, o cuando incendió el pasillo 6-B.
-Vamos, sabes bien que hay como 6.000 personas en esta nave. – ¡¿6.000 personas?! La nave debería ser gigantesca. –No creo que permitas que todos mueran ¿Verdad? –Esta vez Alex suspiró pesadamente. Vio cómo su líder presionó un botón que estaba en su pupitre. El micrófono volvió a activarse. –Señorita, si reconoce mi voz le pido que venga a la sala principal de control. Saldré por un momento. Mientras viene para acá, por favor traiga mi pistola. –Dijo graciosamente por el micrófono.
-Bien. Cuando usted regrese puede que toda la nave este hecha pedazos.
-Por favor no exageres. –Esta vez, iba hacia la puerta que se abría en dos. Cuando estaba a punto de salir de la sala principal la puerta se abrió antes de que el hombre de cabello blanco, llegase hasta ahí.
Al abrirse, nos revela a una chica joven. Al igual que aquel hombre, esta portaba un uniforme, pero esta vez uno femenino. Se veía tan sexy. Caminaba con paso lento, mientras sus curvas se movían. De toda la nave, se podría decir que ella era la más hermosa de todas las mujeres.
Claro que algunos del personal, soldados y demás no se atrevían a seducirla. Podía haber problemas, y en ocasiones esa chica solía ser un poco desprevenida. Y lo peor era que ella se quedaba a cargo, cada vez que el líder se marchaba de la nave. La chica le aventó una pequeña arma al hombre de cabellos blancos. Este la atrapó sin dificultad.
-Alex ¿Me puedes repetir las coordenadas de la última alteración? –Estaba activando la pequeña arma.
-Claro. Multiverso 1-A, Universo A-55, dimensión 452. Ahora en estos momentos... –Tecleó nuevamente un par de cosas en su monitor. –Se encuentra en la dimensión 450. Bosque Oregón. Noroeste de los Estados Unidos. Será fácil encontrarlo, ya que en esta dimensión son exactamente las 11:45 de la noche. No creo que alguien se atreva a entrar en ese viejo bosque a esas horas. No sé qué tendrá planeado hacer, pero confío en usted.
-Y listo. –Después de ajustar su pistola, se fue alejando de Alex.
Señor. –Antes de que se apartará, Alex llamó su atención. –Si va a esa dimensión… sabe lo que puede pasar. Ya sabe, lo de…
-Se lo que puede pasar Alex. Solo trataré de advertirle… no lo sé, puede que un par de cosas. No será por mucho tiempo. –Las preocupaciones no se podían dejar de lado. Saben lo que puede pasar. Están jugando con fuego.
-¡Hola querido líder! –La chica pasó al lado del hombre. –¿Se puede saber a dónde vas? –Preguntó.
-Un asunto dimensional. –Respondió mientras se alejaba. –Ah y por favor, no destruyas la nave. –Le dijo como último.
-Jajá que gracioso. –Dijo, mientras de dedicaba una graciosa mirada. Una linda mirada. De todos en la nave, aquella chica también mantenía una relación cercana con el hombre de cabellos blancos. Se llevaban bien, y tan tiernamente. No lo hacían tan seguido, ante todo el líder siempre debía mantener un carácter serio.
De ahí, el hombre apunto con su arma exactamente al aire. Un rayo color azul salió disparado con gran fuerza de la pequeña pistola, dando la formación a una especie de portal dimensional. Creo que sabemos a dónde va todo esto. El hombre se puso la capucha, tapando por completo su cara, tomó algo de aire antes de cruzar ese portal…
Cuando al fin lo hizo, el portal se cerró como si nada hubiera pasado. Todas las personas en la sala de control no le dieron importancia a esto, como si ya estuvieran acostumbradas a este tipo de cosas.
-Hola Alex. –Se detuvo justo al lado de Alex. Este dio otro gran suspiro.
-Hola L…-
…
Como era de esperarse, el final del túnel estaba cerca.
Lincoln no tardó para nada en darse cuenta. Después de toparse con el otro Lincoln, que viajaba entre las dimensiones, se sentía algo arrepentido de no advertirle sobre ciertas cosas.
Las cosas se repiten. No dejarían de repetirse.
Lincoln acomodó un poco su maleta. Ya no sabía en qué pensar, ni donde esta vez iría parar. Si bien no recordaba, la noche que habló con su hermana Lisa, sobre su apuesta con Bryan y todos sus problemas, ella le habló sobre las historias que se dan en diferentes realidades. La existencia de diferentes dimensiones.
¿Cómo se puede tomar esa noticia? ¿Cómo reaccionar? ¿Cómo dormir tranquilo sabiendo, que hay un millón de tus, viviendo en dimensiones alternas? Esa noticia no la recibes todos los días…
Pero siendo algo sincero, Lincoln ya se lo esperaba. Con el sueño que tuvo hace meses atrás, de aventurándose hacia otra dimensión solo para saber que se siente tener hermanos. Una dimensión con 10 hermanos, en vez de hermanas.
¿Vivir con 10 hermanas es difícil? Si. Pero Lincoln siempre se las arreglaba para resolver todos sus problemas. Para hacerles compañía. Para darles animo en el mejor o peor momento. Para juzgar poemas, para servir como compañero de entrenamiento, para escuchar chistes todo el día sean buenos o malos, ser una especie de maniquí, asistir a una fiesta de té. Y un montón de cosas más. Pero no podía evitar extrañarlas. Extrañarlas a ellas…
Debe resolver esto.
Dimensión 450: Dimensión con nuestros vecinos los Apex…
Lo poco que recordaba, le serviría de mucho. Aunque ya no había más tiempo para recordar en esos momentos. La gran luz se incrementaba cada vez más y más…
Cerró sus ojos…
.
.
.
Poco a poco, la oscuridad se desvanecía. Los ojos de Lincoln empezaban a abrirse. Como desearía tener un aterrizaje no tan doloroso, al llegar a otra dimensión. ¿De qué le sirve quejarse? Nadie podía ayudarlo.
-¿Dónde estoy?... –Aturdido y algo adolorido, el pobre de Lincoln trataba de recuperar el conocimiento. –Rayos… –Sobó ligeramente su cabeza. Tomó asiento. Fijó su mirada en el suelo, solo para darse cuenta que aterrizó sobre césped.
Era algo conocido. Le resultaba familiar.
Aún tenía su mano sobre su cabeza, cuando miró hacia al frente. No sabía que decir. Todos sus dolores se retiraron, se desvanecieron en esos momentos…
Una casa. Estaba a las afueras de una casa de dos plantas. Color blanco, y techo azul oscuro. Algo vieja, algo dañada. También observó una Van, estacionada por la entrada.
Justo cuando estaba a punto de levantarse, un pequeño ruido invadió sus oídos. Miró hacia los lados tratando de encontrar de dónde provenía.
-Maldición. –Cerró bruscamente sus ojos. Un pequeño dolor de cabeza lo provocó. -¿De dónde proviene ese ruido? –Nuevamente, toda su atención se concentró en ese ruido.
Miró su muñeca.
Portaba un reloj. Algo extraño. No era como cualquier otro que haya visto antes.
Llevó su reloj en frente de sus ojos. Era ese reloj era el que lo provocaba. Aplastó un diminuto botón, ¿Quizás asa detendría el ruido?
Al hacerlo, el ruido se detuvo. Pero algo que no se esperaba Lincoln, sucedió. -Usted se encuentra en la dimensión 634.379, en estos momentos, usted sufre de pérdida de memoria. Malestar emocional y cerebral. A continuación recibirá una pequeña descarga eléctrica para recuperar todas sus memorias.
-¡¿Qué?! –Lincoln abrió completamente sus ojos. Su reloj podía hablar, y lo poco que comprendía era que perdió todas sus memorias. Y era verdad. Lincoln no recordaba nada. Esa es la razón por la que no reconoció que había aterrizado en el jardín, al frente de su casa.
Cuando menos lo esperaba, recibió una descarga eléctrica. Esto no lo mató, pero era obvio que no iba a sentir cosquillas. Cayó nuevamente al suelo. Empezó a dar jadeos de dolor. Después de unos instantes, volvió a levantarse.
-¡Wow! –Agitó su cuerpo bruscamente. Miró a los lados, y reconoció el lugar donde se encontraba. Sus memorias habían regresado.
-Después de viajar por los túneles dimensionales, es normal sentir estos efectos secundarios. Con el tiempo, usted se acostumbrará y dejará de perder el conocimiento. Por el momento mejor acostúmbrese a las descargas eléctricas. –La voz de su reloj era masculina, pero no dejaba de oírse algo animatrónica.
-Pues gracias. –Dijo sin ánimos. – ¿Por qué no recibí una descarga eléctrica, cuando llegué a la dimensión 450…? ¿Y por qué no me hablaste en todo ese tiempo? –No pudo evitar hacer esas preguntas. Le parecía extraño.
-Con el paso del tiempo, iré recibiendo varias actualizaciones. Es por eso que no tuve la habilidad de hablar cuando llegó a la dimensión 450, y tampoco tuve la habilidad de propinarle una descarga eléctrica. Y la razón por la que hablo es que en ocasiones, su hermana menor Lisa Loud no podrá comunicarse con usted por fallas con la transmisión. Yo tendré la obligación de darle varios datos y servirle de ayuda.
-Bien. –Se levantó del suelo. Se estiró un poco y observó el cielo. No podía creer que fuera de noche. Hacía algo de frio, y todo su cuerpo empezó a temblar.
Su casa. Miró su hogar nuevamente. Pero algo era extraño. Normalmente su casa lucía en ruinas, pero esta vez, la casa Loud se veía algo más vieja; algo más dañada de lo normal.
-¿En qué dimensión estoy? –Preguntó a su reloj.
-Como ya se lo dije, usted se encuentra en la dimensión 634.379.
-Ok, ¿Por qué mi casa se encuentra en ese estado?
-El año de esta dimensión es el 2023. –La verdad es que la impresión de Lincoln, era demasiada. ¿2023? Llegó a una dimensión con el tiempo adelantado. –Por favor, evite encontrarse con su otra versión. El orden de la realidad se podría alterar.
-¿Cuánto tiempo estaré aquí?
-Considerando que son aproximadamente las 9:26 PM, usted estará aquí aproximadamente 1 hora. Por lo que no habrá necesidad de que su otra versión viaje a su dimensión.
-¿Pero y el orden multiversal? ¿Acaso las leyes no dicen que no pueden haber dos mismos seres en una misma dimensión?
-Está en lo correcto, pero varían las ocasiones. Como su hermana Lisa dijo, el orden del multiverso está siendo alterado. Solo faltan aproximadamente 16 días para que los portales dimensionales, se presenten con la frecuencia máxima para crear el enorme agujero negro que destruirá todo lo existente. A veces su otra versión viajará a su dimensión, a veces no. Fallas en el multiverso. –Pues, si la otra versión de Lincoln no viajaba a su dimensión, puede que se librara de varios problemas. Como por ejemplo, el otro Lincoln no tendría que digerir esa noticia de que no estaba en su verdadera dimensión. No habría problemas con sus hermanas, entre otras cosas.
Lincoln se levantó. Fijó su mirada en las desoladas calles de su vecindario. No había nadie. Miró su reloj nuevamente. –Gracias ¿Re…?
-Puedes llamarme Jarvis.
-Ok, gracias por la información Jarvis. –De ahí su reloj pareció desactivarse. Lincoln no le dio importancia a esto.
Al mirar su casa otra vez, pudo notar más explícitamente que había una luz. De seguro su otra versión, sus padres y hermanas estarían dentro. Pero otro pensamiento lo invadió.
Su otra versión ya tendría unos 18 años. Y sus hermanas también serían mayores, ni hablemos de sus padres. Jarvis le dijo que no podía encontrarse con su otra versión, eso significaba que no podía entrar a casa. Ni hablar con sus hermanas o contarles que es de otra dimensión.
Tenía curiosidad en esos momentos. La curiosidad mató al gato, pero Lincoln no tenía nada más que hacer en toda la hora que le quedaba. Desearía verse como era su yo adulto. Con algo más de edad y a todas sus hermanas, y a sus padres. Sol esperaba que esta realidad fuera igual a la suya.
Al acercarse a las escaleras que llevaban a la entrada, estas lucían más dañadas. Más viejas y el color café plomo que las caracterizaba se desprendía de la marchita madera poco a poco.
Lincoln tenía que pisar cuidadosamente para no provocar ruido. Si lo hacía, eso alteraría a su familia, y no tenía planes de alterar el orden de esta dimensión.
Cuando llegó al final de estas, por poco y comete el gran error de entrar a la casa. Era la costumbre, pero no debía hacerlo, no podía. Por el bien de todos.
Por curiosidad vio la hora en su reloj.
9:30:42 PM
La cena.
Seguramente él y sus hermanas estarían cenando. Siempre lo hacían a esta hora, pero en mesas diferentes. Por alguna extraña razón antes de que se metiera en este gran problema, su familia cenaba en una misma mesa. Ya no en mesas diferentes.
Era extraño.
Al principio lo hacían por separado, como cuando Lincoln intentó ir a la mesa de los grandes para ver cómo se sentía. Estaba harto de estar en la mesa de los pequeños, llegando al punto de ya no sentirse como un niño.
Pero descubrió la cruda realidad que se vive en la mesa de los grandes. Se arrepintió. Aun le faltaba madurar, por eso decidió hacerse pasar como un infante en frente de todas sus hermanas mayores y de sus padres para volver a esa mesa. La mesa en la que podía hacer lo que quisiera. La mesa donde la felicidad, los chistes, eructos y guerras de comida no pararían, no desaparecían. Pero de un día para otro, todos empezaron a sentarse en una misma mesa.
Pero Lincoln no se sorprendió por eso cuando por fin vio por el vidrio de la ventana derecha a toda su familia reunida. Sentada en una misma mesa. Era más que obvio.
Lo que sorprendió a Lincoln fue ver, más que todo a sus hermanas. Le resultaban desconocidas, ¿Y cómo no? Solo pudo reconocerse a sí mismo gracias a su inconfundible cabello blanco, y a sus padres ya envejecidos.
Tardó unos momentos para reconocer a cada una de sus hermanas. A la primera que reconoció fue a Lisa. Su hermana de 4 años ahora tenía unos 11 años. Llevaba su típico cabello revuelto, sus lentes y casi la misma vestidura de siempre.
Luego reconoció a Lucy. Le resultó extraño no haberla identificado a ella en un principio. Ahora se podían apreciar sus ojos con un poco más de claridad. Su vestidura negra, característica de ella y su cabello del mismo color.
Luego observó a dos chicas casi idénticas de ahora unos 13 años. Lola y Lana estaban sentadas al lado derecho de la mesa, al parecer sus costumbres no habían cambiado por lo que Lincoln pudo identificar y diferenciarlas a las dos. Lola no había perdido su costumbre del modelaje, y Lana por ser la típica niña sucia y arregla todo.
Lily, le resultaba difícil ver a su hermana en una edad un poco más avanzada. Lily de ahora unos 8 años, tenía un mecho sobresaliendo de su cabello idéntico al que tenía cuando era una bebe. Un a vestidura casi idéntica a la de Lana, cuando tenía 6 años. Ciertamente Lily a los ojos de Lincoln resultaba difícil de reconocer. Esto era demasiado, mucho para un niño de 11 años.
Ahora les tocaba a sus hermanas mayores. Al parecer Lori no había cambiado mucho, considerando que ahora tenía unos 24 años. Su vestidura ya no era la misma, quizás se veía diferente para la ocasión. Ya que desde el punto de vista de Lincoln, la cena de esta noche se veía muy especial. Tal vez algo iba a pasar. Hablarían entre sí, o contarían anécdotas e historias. ¿Por qué pensaba en esto? Simple. Si Lori tenía 24 años, seguramente ya tendría una familia, una casa propia o inclusive hijos. Debería estar de visitas al igual que Leni y Luna.
Por supuesto que Lincoln no sabía nada sobre sus hermanas de esta dimensión; de esta realidad.
Leni. Ahora su hermana modelista tenía unos 23 años. A diferencia de su otra versión de 16 años, esta Leni lucia más exageradamente hermosa. Su vestidura al igual que todas sus hermanas había cambiado. Su pelaje se veía un poco más largo de lo que siempre fue. Aun portaba las gafas sobre su cabello, característica de ella.
Lynn, ¿qué describir de ella? No mucho. Lynn era la hermana más cercana a Lincoln. Ahora tendría unos 20 años. Se podría decir que Lynn era la que más resaltaba del resto. Que Lynn y Lincoln eran los que más se llevaban mejor, claro que eso implicaba a Lincoln ser su compañero de entrenamiento, soportar técnicas de boxeo o soportar las llaves que le aplicaba su hermana. Pero solo pocas cosas habían cambiado en ella. Como su vestidura, y es lo único que resalta únicamente. Su cabello castaño no mostro señales de cambio, en lo absoluto. Aun portaba esa típica e inconfundible cola de caballo.
Se encontraba frente a Lincoln. Pero algo estaba mal. Lincoln no pudo evitar notar que su otra versión lucia algo desanimado. Lynn debería ser la primera en notar esto. En darse cuenta, pero al parecer, Lincoln trataba de mostrarse normal, casual para la ocasión.
Luan. Su hermana comediante de ahora unos 21 años, al igual que Lynn no mostraba un gran cambio a simple vista.
Lincoln pasó rápido su mirada por todas sus hermanas. Pero no pudo evitar observar, desde un principio a un hombre. Por más que le llamara la atención decidió reconocer a cada una de sus hermanas primero. Nunca reconoció al hombre que estaba sentado al lado de Luna. Nunca lo había visto. Fue fácil reconocer a Luna de ahora unos 22 años. Un clásico color morado cubría toda su vestidura. Aún conservaba su cabello castaño violeta a medio crecer. Sus aretes y pasión por la música.
Pero ese hombre… no, nunca. Al ubicarse en una mejor posición, Lincoln lo observó con más claridad. Su pelo era de color negro liso, peinado hacia atrás. Era tan delgado, que sus facciones eran tan afiladas. No conocía su tamaño, pero debido a su delgadez tal vez era alto. A simple vista, se veía a un tipo desanimado, sin ganas de siquiera hacer una mueca que muestre mínima felicidad. Aunque se lo pidieran, parecería que este hombre respondería con una mueca con aun mayor de desagrado. O quizás con un golpe o insulto.
Si tan solo Lincoln lo conociera, sabría fácilmente por el brazo izquierdo lo tenía en un mal estado. Era muy extraño. Lo llevaba puesto en un cabestrillo. De seguro no le funcionaria o quizás sufrió una fracturación ¿Quién sabe? Solo ellos lo saben. La familia que cena en una sola mesa, "su familia alterna" que quizás platicarían en cualquier momento, porque desde el momento en el que Lincoln observó desde detrás del vidrio de la ventana derecha, no habían pronunciado una sola palabra. Ni siquiera el Lincoln de esa dimensión, el cual lucia del mismo modo de ese hombre. Ni siquiera parecía tener ánimos de tocar su comida. Era como si ocultara algo. Al parecer Luan había hablado momentos atrás, por lo que Lincoln parecía comprender por qué nadie decía nada.
-Jarvis responde. –Lincoln habló lo más bajamente posible. –¿Jarvis? –Sin respuesta. Su reloj no respondía.
-¿En qué universidad te aceptaron Linc? –Tanto el Lincoln de 18 años, como el original se impresionaron con esa pregunta.
Con esto, Lincoln comprobó que estaba por irse a la universidad. Bueno, su otra versión. Su interés por saber fue tanto, que olvidó que estaba intentando hacer funcionar su reloj. Pero algo raro pasaba; Lincoln se dio cuenta que su otro yo, pareció asustarse con esa pregunta hecha por Luan.
-¡Cierto Linc! ¡No nos has dicho nada y morimos por saber! –Lincoln fijó su mirada en la que parecía ser Lola. Aun no le costaba saber cuál era cual a simple vista, pero viniendo de una de las más pequeñas en esa mesa y su acento ansioso y moderado, seguro era Lola.
-¿Qué decidiste? ¿Psicología? –Luna fue la siguiente en unirse a la conversación. Al parecer nadie sabía que es lo que Lincoln quería estudiar. Pero notó una cierta mueca de incomodidad en ese hombre extraño. El hombre al lado de Luna. Pero su incomodidad fue más un mal recibimiento por parte del señor Loud.
-Dieciocho años en esta casa lo convertirían en una eminencia. –Desde que observaba todo, Lincoln por fin escuchó a ese hombre decir unas palabras. Pero algo andaba mal. Si fuera algún conocido, familiar o visitante el señor Lynn Loud no le habría dedicado una mueca de pura ira contenida. Luchando por salir y hacer callar a ese hombre. Es como si en cualquier momento estaría decidido a lanzarse sobre él y propinarle algunos golpes.
¿Por qué se comportaban de esta manera? ¿Quién era ese hombre? Lincoln no podía entrar y averiguarlo, solo le quedaba observar y oír todo.
-Ingeniería, ¿verdad Lincoln? Eres excelente con los números. –Literalmente. Si, Lincoln no se equivocaba al poder reconocer a Lori. Su típica frase. Lo confirmó y al parecer Lori también se mostraba interesada de lo que ese Lincoln iría a estudiar.
-¡Lincoln no es así de aburrido! –Soltó Lynn. Con el entusiasmo en que lo dijo, Lincoln supondría que sería su hermana deportista y competitiva. –Estudiaras artes o literaturas.
-¿Y eso no es aburrido? –Por el tono en el que lo dijo, Lincoln confirmó al 100% que se trataba de su hermana Leni.
-Técnicamente ofrece una amplia variedad de posibilidades, por mucho que me cueste reconocerlo teniendo en cuenta que dicha área me resulta por completo carente del más mínimo interés. –Lisa. Si definitivamente se trataba de ella. Lincoln memorizaba a cada una de sus hermanas en base a sus personalidades y la forma de hablar. Claro que Lincoln se imaginó cual es cual, pero necesitaba confirmarlo.
-Es fascinante. –Añadió Lucy, sobresaltando a medio mundo. De seguro se trataba de Lucy, debido a la sobre saltación de todos al momento de escucharla.
-Bueno hermano, ¿nos dirás a qué universidad irás? –Nuevamente Luna habló.
Todas se mostraban ansiosas de saber. De comprender a que carrera, que especialidad escogería Lincoln… pero nada. En todo el tiempo, quizás desde que empezaron a cenar, Lincoln no abrió la boca. Para nada, ni una mueca de felicidad, ni siquiera una fingida. Simplemente en esa mirada se mostraba preocupación, se mostraba la necesidad de salir corriendo fuera de casa en esos momentos y dejar a todos con una mueca de duda, de confusión. No lo quería, pero parecía no quedar de otra.
El otro Lincoln se mostraba confundido. Por un momento se imaginó lo que su otro yo escogería. Animador, diseñador de maquinitas y videojuegos, o hasta posiblemente ingeniero o caricaturista. Sus pensamientos eran los de un niño de 11 años, pero los de su otra versión no. Todos cambian con el paso del tiempo. Sus gustos, sus comportamientos, su personalidad, su forma de hablar.
El tiempo transcurría y Lincoln no daba indicio de querer hablar. De apagar las dudas que todos tenían en esos momentos. En especial Lynn. A Lincoln se le hizo un poco raro su comportamiento. ¿Acaso no había madurado? Era la que más luchaba por una respuesta, pero nada.
Lincoln empezó a impacientarse, pero no tendría que. Él no estaba dentro. No era parte de esto, no era parte de ese silencio que empezaba a carcomerse poco a poco la intranquilidad de todos; solo era un chico de otra dimensión.
-Chicas yo… -Lincoln no se fijó en su tono de voz. No, él se fijó en la manera en la que lo dijo su otra versión. Baja y preocupadamente.
-¿Qué decidiste? –Leni era otra impacientada. Quizás ansiosa, pero solo se ganó varias miradas de toda la familia.
-La verdad… -Parecía tener dificultades al encontrar las palabras adecuadas. Palabras que no hirieran a nadie. –No lo quise decir porque… esperaba que todos estuviéramos reunidos…
-¿Qué es lo que está pasando? –Se preguntó el Lincoln original a sí mismo. ¿Por qué su otro yo lucia tan preocupado? Como si le costara hablar. Mirar a la cara a todos, y darles la noticia.
-Pues estamos literalmente todos, ¿qué estás esperando? –Lori volvió a hablar.
La tensión volvió. El silenció se manifestó. Lincoln lucia tan pálido, tan nervioso. El Lincoln original no demoró en notarlo, pero al parecer la que más se moría por saber era Lynn. Estaba frente a Lincoln, esperando una respuesta. Algo que les confirmara de una vez por todas que es a lo que Lincoln se dedicaría el resto de su vida.
-Vamos… responde. Vamos… -Lincoln daba pequeños saltitos. Ni siquiera él sabía y estábamos hablando de "el mismo" Debería siquiera imaginarse que seria, pero al parecer nada de lo que pensó estaba dispuesto a estudiar su otro yo.
-Chicas, la verdad es… –Suspiró. Un suspiro demasiado grande, uno mayúsculo. Lo hizo varias veces desde que las preguntas empezaron bombardearlo, desde que las miradas estaban totalmente clavadas en él. –La verdad es que no iré a la universidad.
Nadie habló. Ni siquiera una mueca. Ellas demoraron, puede que nunca digirieran esa noticia. Esa revelación. No podía hablar enserio, de seguro él y Luan tramaron una broma, eso tenía que ser… pero nada. Solo tenían la mirada de Lincoln, una mirada de preocupación y terror. Trataba de no perder la calma.
-¿Pero qué…? –Incluso el mismísimo Lincoln, el que estaba solo detrás de aquel vidrio de esa vieja ventana, estaba impresionado. No podía ser. ¿Por qué no iría a la universidad? ¿Por qué dejaría sus estudios a un lado? Tomó un poco de aire. Nada de esto es asunto suyo, el solo es de otra dimensión pero eso no cambia en lo absoluto, la decisión de ese Lincoln. No tenía que interferir.
Pasaron varios segundos y toda la casa se mostraba en un silencio muerto. Un silencio que fácilmente sería reemplazado por los chistes de Luan, las peleas de las gemelas, las conversaciones de Lori, las entonaciones de Luna; pero ni siquiera otra conversación podría romper ese silencio. Solo si alguien se dignaba en hablar, de decir algo… de evitar algo…
-No puedes estar hablando en serio, literalmente no puedes. –Desde que el silencio fue ocasionado por la cruda afirmación de Lincoln, Lori se propuso en decir esas palabras. Hacía falta alguien y no lo hizo solo por la incomodidad, solo por romper el silencio; lo hizo porque lo amaba, porque se dio cuenta que no era una mentira, ni una broma. Era la verdad, una cruda verdad.
-Lori…
-¿Y ustedes se lo permiten? –Clavó su mirada en sus padres. Y hacía falta eso, pero ellos se mostraban menos impresionados, es como si… ellos ya supieran de esto. –¿Está lanzando su futuro a la basura y ustedes se lo permiten?
-Cariño nosotros…
-No papá, está bien –Interrumpió Lincoln. No quería que esto pasara a mayores, no quería ocasionar problemas. No en esa noche. –Chicas, no iré a la universidad porque… porque ya elegí otro camino, yo… yo ya tomé mi decisión.
-¿Qué decisión puede ser ésa que tuviste que ocultar hasta ahora? –Lynn fue la siguiente en meterse. Su voz se escuchaba más amenazante y quebrada. ¿Por qué se puso de este modo? Era decisión de Lincoln. Pero esa pregunta no quedaría dentro de sí, de ninguna manera. ¿Por qué lo ocultaba? –Tendríamos que habernos enterado primero que nadie. –No mentía, como familia debieron ser los primeros, pero esa afirmación se oyó algo intima. Como si tratase de hacerle entender a Lincoln de que ¿Por qué no fue ella a la primera que se lo dijo?
Todos conocían muy bien a Lynn. Pero el Lincoln original solo conocía a la de 13 años, no a una Lynn de 20. Si la conocían bien, ¿Por qué tuvo que decírselo a todos una misma vez? ¿Por qué no se lo dijo a ella primero?
-No… no era nada seguro hasta ahora, hace poco yo mismo me enteré… que he sido aceptado…
-¿Aceptado dónde?
Demoró un poco en decirlo pero tenía que hacerlo.
-En el cuerpo de Marines.
Todo parecía no tener sentido en ese instante. Ya mucho era saber que Lincoln no iría a la universidad. Nadie se movía de sus lugares, nadie. En todo momento pudo ocasionarse un accidente a las afueras de la casa, una ventana pudo haberse roto, las luces pudieron irse; pero al parecer nada de eso podía sacar a la familia Loud del trance en el que se encontraban.
Era ten difícil y cruda la realidad en esos momentos. Lincoln por su parte, el original claro, retrocedió un poco, separando así su cara de la ventana, de esa escena. Simplemente no lo podía creer. Con todas las anécdotas que su abuelo le contó sobre el cuerpo de marines, ya se imaginaba lo que podría pasar.
-Es una broma –Su voz se escuchaba tan quebrante. Tan dolorosa, a la cual le costaba hablar por siquiera un segundo.
-Lynn…
-Es… es una maldita broma, ¿verdad Lincoln?
-Lynn, es…
–Sabes lo que les pasa. –No era necesario saberlo más a fondo. ¿Pero qué le pasa? Ella también había escuchado varias historias de su abuelo. –Sabes… todos lo sabemos… sabemos adónde los envían… sabemos lo que… sabemos lo que les puede pasar… lo que les pasa… cómo… cómo vuelven…
-Lo sé, es…
-Entonces tiene que ser…
-No es una broma, Lynn –Era demasiado, estaba abatido. Dirigió una mirada a todos. –No es una broma, chicas, yo… fui aceptado en el Cuerpo de Marines, y… me marcharé la próxima semana.
Lynn luchaba por contenerse. Le resultaba muy difícil hacerlo, pero no podía más. Su hermano podía abandonarlos, posiblemente no regresaría y no podía quedarse callada. Luchaba en su interior, reprimiendo esas iras, esas ganas de mandar a todos al carajo.
-No puedes.
Lincoln no sabía que decir. No supo si la voz de su hermana ya estaba lo suficientemente quebrada para pronunciar esas palabras de negación total, o simplemente fue un susurro…
Todas lo sabían. Era un hecho, desde la mayor hasta la menor. El Lincoln original no sabía cómo los niños pueden enterarse de aquellas cosas a tan temprana edad, porque incluso hasta Lily luchaba por contenerse, por resignarse solo a mostrar una cara desesperanzadora y desanimada. Lo que parecía ser una agradable cena familiar, se convirtió en un infierno. Más para Lynn. Y ese hombre, sentado en la silla, sin mostrar nada, sin mostrar impresión, tristeza o al menos la maldita capacidad para decir algo, por intentar calmar a Lynn o hablarle a Lincoln.
¿Quién era? Esa pregunta resonaba en la cabeza de Lincoln una y otra vez.
El dolor carcomía a Lynn a un ritmo tan doloroso e incapaz de negar. Incapaz de relajar, de detenerse a medio llegar a la recta final. Sus sentimientos, sus emociones, una Lynn que nunca fue vista antes estaba surgiendo. Y todo esto en base a su rabia, la desesperación de no permitir que su hermano se fuera… que la abandonara.
-Tú… no puedes.
Las palabras de Lynn se repetían. Esperaba que comprendiera. Que no podía. Todos en la mesa no se interponían, por alguna razón.
Que Lincoln… su Lincoln… el mismo que la miraba con el rostro desencajado fuera…
-Lynn…
-No puedes hacerme esto.
Esas palabras, luchaban por hacer surgir algo en su hermano. Su Lincoln. Estaba esa inexistente esperanza de que cambiara de opinión. Hablaba por todos, parecía que en una sola persona estuvieran las exigencias de los demás, esperando algo, esperando ser escuchadas.
-Ya tomé la decisión, Lynn.
Por qué… por qué tenía que escoger esa forma… por qué debía decidir así… alejándola…
Te juro que… te cuidaré…
Esas palabras se repetían en su cabeza.
Nadie vio el momento del estallido, del momento en el que un volcán pareció erupcionar. Simplemente tuvieron la suficiente capacidad de actuar en unos dos segundos después, cuando Lynn estaba dispuesta a lanzarse sobre Lincoln. Los cubiertos cayeron, ocasionando un estruendo agudo que solo sirvió como otra alarma de que Lynn iba a tener un ataque de ira. Luan y Luan la sujetaron para evitar su ataque. Todos se pusieron de pie, arrastrando las sillas, rompiendo al fin el silencio que se dio varios momentos atrás, dejando a Lynn y Lincoln ver la manera de resolver este problema. Pero no de esta manera.
-¡Eres un cabrón, Lincoln!
Tardó la muchacha en ser consciente del entorno. A través de la irritante cacofonía. Mezcla de pasos, voces, cubiertos, golpes sobre la mesa y gritos. Una voz que gritaba. Su voz. La única que gritaba. Ajena a las recomendaciones, las súplicas de la familia…
-¡Un maldito cabrón!
Y si no podía descargar toda su rabia, para qué seguir ahí…
-¡Por irte y dejarme sola!
La idea de entrar dentro de casa y evitar más problemas, por poco y lo convencen a Lincoln por completo. No era su asunto. Pero ver eso le traía una inquietud, y el hecho de no poder hacer nada lo mataba.
… a oscuras…
Cuerpo de Marines.
Se marchaba dejándola sola, dejando que las rabias y temores de que algo malo pasara la consumieran poco a poco. No podía hacer nada cuando se marchara, no podía ayudarlo y el… no estaría ahí para ella.
Lynn no podía más. Se sentía sola y traicionada, y el dolor se incrementaba a escalas inalcanzables, porque era él, el núcleo del dolor. El núcleo de la angustia. Empezó a respirar agitadamente y se alejó lo más que pudo de esa escena. Fue corriendo a la habitación. Lincoln no reaccionó al instante. No cuando vio a Lynn marcharse, dando fuertes pasos y con las rabias encima; fue cuando sus ojos se clavaron en el resto de sus miradas. En ellas. También les dolió y les costaba creerle, digerir esa noticia.
Lincoln se apresuró a ir tras Lynn.
Lincoln dio otro suspiro, antes de mirar hacia los lados. El solo sentía curiosidad por ver. Por saber cómo eran las cosas en esta dimensión. Pero en lugar de eso solo se llevaba consigo malos recuerdos, estallidos de ira y tantas preguntas.
Bajó las escaleras. Llegando al fin bajo un árbol. Cerró sus ojos. No sabía cómo iban las cosas en la dimensión original. Sus hermanas, Clyde o inclusive Bryan. ¿Serían tan dolorosas las cosas allá? ¿Estarían en las mismas circunstancias?
Miró su reloj.
10:18:48
Faltaba poco para que se marchase.
Cuando sintió la necesidad de caminar por ahí, notó que la puerta de su casa estaba abriéndose. Lincoln se apresuró a esconderse entre unos arbustos. No podía dejar que lo vieran.
Cuando ya estaba entre los arbustos, pudo observar como de la casa salían Luna y ese hombre. Lo que le pareció más que extraño a Lincoln, fue la manera molesta en la que Luna parecía sacarlo de la casa. Con una brusquedad tan grande.
-Paul necesito hablar contigo. –Le dijo, deteniéndose a medio camino de llegar hasta la vereda.
-Por favor Luna, siempre quieres hablar. La verdad ya me estoy empezando a cansar de escuchar todos tus reclamos.
-Paul ¿Acaso no ves lo que acaba de pasar? Mi familia. –Tomó algo de aire. –Tu familia, Paul. –Miró hacia los lados. Luna no podía creer la tranquilidad de Paul, su comportamiento.
-No tengo ganas de hablar. –Sacó un cigarrillo de sus bolsillos. Tuvo un poco de dificultad al encenderlo únicamente con su mano derecha. Luna se veía tan indignada, tan destrozada al igual que Lynn. –La verdad ¿no sé a qué te refieres con "tu familia"? No sé cuántas veces tendré que repetírtelo, nunca seré parte de tu familia.
Mientras las cosas se ponían tensas, Lincoln no hacia otra cosa que observar desde detrás de ese arbusto. No entendía con claridad las cosas, pero Luna se dirigía a Paul con una confianza y molestia tan grande, que parecerían ser ¿novios?
Como Luna podía tener una relación con aquel sujeto, con una personalidad tan desquiciada y lo que parecía ser algo orgullosa. Pues vaya, al menos la Luna de la dimensión Apex tiene a un chico que si se la merece, ¿pero esto? Infinitas Posibilidades.
Luna tardó unos momentos antes de volver a hablarle. Sentía sus ojos humedecerse.
Le dio la espalda a Paul. –Iré a ver cómo van las cosas. Paul, Hablaré contigo después. –Fue lo único que dijo, antes de volver dentro de la casa.
Paul le puso poco interés a la actitud de Luna. A los ojos de Lincoln era un tipo con una actitud dejada. Una actitud que solo muestra desinterés en todo lo que tiene a su alrededor. Poco a poco Paul se fue alejando de la casa, quizás para caminar, relajarse o ¿quién sabe?
Lincoln salió de entre los arbustos, tratando de no hacer ruido. Vio como Paul se alejaba a paso lento poco a poco.
Después de eso, su reloj empezó a vibrar. –Preparando reinicio del sistema. –U par de lucecitas parpadearon.
-¿Jarvis?
-Lo escucho.
-Jarvis, no sé si puedas pero dime ¿Qué está ocurriendo en esta realidad? ¿Los hechos sobre lo que sucede?
-No puedo serle de mucha ayuda.
-Ya veo. –Volvió su mirada, viendo como Paul se alejaba. –¿Puedes decirme más información sobre ese tal Paul?
-Eso si lo puedo hacer. Por favor, apunte con el reloj al sujeto que desea analizar. –Lincoln se acercó un poco más a Paul por detrás, sin que lo viera. Después de pasar así unos instantes, el reloj empezó a vibrar nuevamente. –Escaneo Completado. Paul Siderakkis. Un viejo psicólogo con un carácter desanimado y despreocupado. Siente molestias en ciertos puntos por todos los que lo rodean y mantiene cierta relación con la familia Loud. Es todo lo que puedo decir.
-Ok Jarvis. Gracias por la información. –Antes de volver su vista a Paul, miró la hora en su reloj.
10:22:57
Miró por tercera vez a Paul de espaldas. –¿Con que un psicólogo? Creo que no haría ningún mal si me tomo las molestias en conocerlo. –Eso último lo dijo con algo de interés. –Solo debo evitar que no me reconozca.
Claro. Lo más delatador de Lincoln era su cabello blanco. Claro que Paul sospecharía de esto, si se disponía a hablar con él. –Bueno, tendré que idearme algo. –Fue acercándose a Paul.
Paul se detuvo en una esquina, fumando su cigarro. Contemplando las desoladas calles, como si eso lo reconfortara. Dio un suspiro.
Lincoln se le acercaba poco a poco. No sabía cómo entablar conversación con él, pero deseaba conocerlo más a fondo.
Cuando ya estaba a una distancia considerable. –Eh, ¿Señor? –Sin respuesta. Paul ni siquiera tuvo las molestias en mirarle. –¿Señor?
-¿Quién es? –Dándose cuenta que era la voz de un niño, Paul no se preocupó de que fuera algún asaltante o algo.
-Eh… me perdí. ¿Podría decirme donde queda el centro comercial? –Paul se giró poco a poco con algo de interés y extrañeza.
-¿Al centro comercial niño? ¿Acaso el reloj que tienes en tu mano derecha no sirve, o solo lo llevas puesto para adornar tu cuerpo y seducir a cualquier perra que pase en frente tuyo? -¿Por qué se dirigía a Lincoln de ese modo? Ya sabía sobre su personalidad, pero Lincoln no creía que Paul se comportaba de ese modo con todo el mundo. –Mmm ¿Por qué tu cabello es de color blanco?
-¡Cuando venía hacia acá unos niños me arrinconaron en una esquina y pintaron mi cabello de color blanco! –Eso fue algo exagerado. Al menos Paul parecía creerse esa mentira.
-Ja, me recuerdas a alguien. Pobre chico, de todas maneras fue su decisión. –Lincoln entendió esa referencia. Aunque a Paul no le interesaba si el chico frente al sabia de quien estaba hablando. –¿Por qué vas al centro comercial a estas horas?
-Eh… mi mamá está esperándome ahí. Fui a ver algo a casa, pero me perdí.
-¿Eres nuevo en el vecindario?
-Si.
-Tienes suerte de no haber vivido cerca de esa casa cuando los que la habitan eran más jóvenes. –Señaló la casa Loud. -Monton de locos.
-Un momento. ¿Por qué se dirige de ese modo hacia esa familia? ¿Acaso no estaba cenando con ellos hace un instante?
-¿Cómo lo sabes? –Preguntó de repente.
-Eh… Pues estuve merodeando por aquí tratando de encontrar el camino al centro comercial. Luego noté por minúsculos momentos esa casa. Y vi que usted estaba cenando junto a la familia "Loud".
-Esas personas están muy lejos de ser una familia. –Volvió el cigarro a su boca. –A veces pienso ¿Por qué tuve que asociarme con los Loud?
-No entiendo.
-Niño, ¿No tienes más cosas que hacer? El centro comercial está a 20 cuadras de aquí. En la ciudad. Vas de largo 3 cuadras, giras a la derecha, sigues 6 cuadras. Te detienes en la gasolinera Flipes comida y combustible. Sigues de largo como 13 cuadras y llegaras a tu estúpido destino. –Le dio la espalda.
-Pero… pues…
-Ahh, niño no soy un tonto, sé que estabas mintiendo. –Le dio la cara. -¿Qué es lo que quieres? ¿Saber de mi vida? ¿Mi relación con los Loud? ¿¡Quieres una sesión en medio de la noche!? Pues lo siento niño. Desde hace un tiempo que no atiendo a nadie, tengo peores problemas que me azotan cada día de mi maldita vida.
-Lo siento.
-Vete de aquí. Quiero estar solo. –Le volvió a dar la espalda.
10:28:34
Faltaba poco tiempo. Lincoln dio un suspiro. No tenía que tratar con ese hombre. Pero aun había demasiadas cosas que no comprendía.
-¿Por qué ese chico decidió escoger el cuerpo de marines? ¿Acaso no se dio cuenta que su familia lo va a extrañar, y van a temer cada día de su vida que podrían perderlo?
-Fue la decisión de ese muchacho.
-¿Por qué no hizo nada?
-Por qué no es mi asunto. No tomo las decisiones de los demás y no me gusta intervenir en los problemas de esa familia, y si lo hago es porque me obligan a hacerlo.
-Hasta donde sé, usted tiene relación con los Loud.
-Déjame en paz.
-¿Por qué-
-¡QUE ME DEJES SOLO! –Le gritó. Lincoln retrocedió un poco. No tenía que interferir, y aun así lo hizo.
Ya era suficiente. No tenía que tratar con ese hombre. No más. El portal se abriría en cualquier momento. Era hora de marcharse.
Paul le dio la espalada por cuarta vez. Lincoln lo miró por unos pocos segundos antes de alejarse.
-Eres un buen niño. No cometas errores, que pueden arruinarte la existencia. –Eso lo confundió un poco. Paul se lo dijo tan bajamente y sin darle la cara.
…
Al regresar al jardín de su casa, se acercó nuevamente a la ventana. Su familia estaba destrozada. No había forma de apagar su llanto, de apagar su sufrimiento.
-El tiempo establecido ha concluido. Por favor, diríjase al jardín trasero y abra otro portal dimensional, con la pistola que porta en su mochila.
10:30:06
Su maleta. Estaba entre los arbustos. Sintió algo de incomodada al llevarla consigo todo el tiempo, razón por la que la dejó allí.
Al sacarla, la abrió lentamente, revelando así su pistola para abrir portales.
El foquito estaba verde, razón por la que ya debería estar activada. No dejaba de pensar en su otro yo. ¿Por qué escogió ser un marine? ¿Por qué tuvo que dar esa noticia tan inquietante, tan horrible?
No era asunto suyo…
Ya en el jardín, disparo con la pistola hacia el aire. El rayo color azul salió disparado de esta, dando paso a la formación de otro portal. Nuevamente no sabía adonde iría a parar.
Tomó aire. Solo quería terminar todo esto, solo quería que todo estuviera bien.
-Y todo esto por una simple apuesta. –Dijo en tono gracioso. Miró su casa una última vez. ¿Así terminaría? ¿Así se verían sus hermanas? ¿Escogería ir al cuerpo de marines?
Posibilidades infinitas…
Cruzó el portal…
El pasillo era largo. La oscuridad era lo que más resaltaba.
Gords esperaba, intranquilo. ¿Cómo podría demorar tanto? Odiaba cada vez que se impacientaba. Odia a todo ser vivo.
Los guardias de Gords, aquellos monstruos horripilantes con armadura que cuidaban del castillo. El castillo desesperanzador, que solo transmite terror y maldad, igualmenre estaban impancientadose.
Algo anda mal…
Las enormes puertas antes de llegar al trono de Gords se abrieron. El empuje de un viento lo provocó. Pero no, este viento era provocado por algo, por el…
Los dos guardias que estaban cada uno a un lado de la puerta, fueron empujaos bruscamente. Ni siquiera su enorme tamaño pudo resistir el empuje de ese torrencial viento. A Gords poco le importaba esto. Solo estaba sentado sobre su trono, con esa enorme manta. No se inmutaba, no sentía temor. Sabía de quien se trataba, y de seguro lo reprendería por llegar tarde.
Por no contestar a su llamado.
-Está llegando… -Una voz algo aguda invadió todo el salón. Los guardias sintieron algo de temor. La pose de combate lo decía por si sola. Gords no mostraba señales de temor. De impresión.
Los dos guardias de antes fueron recuperándose del duro golpe. Al estar de pies también escucharon esa escalofriante voz. No era ninguno de ellos, ni Gords.
-El ser multitridimensional más aterrorizante de todos… -La voz continuaba, y se escuchaba algo burlona. Los guardias miraban a los lados, tratando de ver de dónde provenía. –Oh ¡Esperen! ¿Ese es GORDS? ¿El ser al que todo mundo le teme? Asesino de los sueños de los demás. –Hablaba de Gords.
Los guardias retrocedieron poco a poco. Incluso esos monstruos, con grandes cuernos, músculos, y ojos rojizos le temen. ¿A quién tenerle más temor? ¿A Gords o… a él?
-Tú me has invocado. Has pedido de mi ayuda. Has pedido que el favor de tiempo atrás… se te devuelva…
No confíes en el… Nunca lo hagas…
Los guardias estaban amontonados entre sí. Gords empezaba a molestarse. Tenía un perímetro establecido, para que sus guardias, sus vestías no se acercaran a su gran silla, donde el yacía sentado. Pero los guardias estaban demasiado asustados.
Pasaron varios segundos y la voz ya no se escuchaba. El silencio invadió todo el castillo. Pero se habló demasiado pronto.
Algo extraño sucedió. Un guardia empezó a convulsionar. Los otros se impresionaron al instante. El guardia empezó a dar horripilantes jadeos, como si alguien lo estuviera atacando. Pero no había nadie, ni un ser. ¿Qué es lo que le estaba pasando?
Los guardias retrocedieron. Gords clavó su mirada en el sufrimiento del monstruo, de su guardia. Se sacudía, las convulsiones incrementaban incluso en un momento pareció vomitar un líquido color rojizo.
-¡Mi señor! –Miró a Gords. Gords no hacia otra cosa que mirarlo, mientras una aterradora sonrisa, se dibujaba en sus labios. –No… -El guardia cayó al suelo.
Él se divierte de este modo. Él se divierte, usándote como marioneta…
Los guardias se acercaron para comprobar que le sucedió a su compañero. Pero en vez de eso se llevaron una horripilante sorpresa.
El guardia empezaba a levantarse, y al hacerlo mostró unos ojos amarillentos brillantes. Y los que parecían ser ojos de gatos.
Empezó a reírse descontroladamente, haciendo desaparecer el silencio de ese horripilante castillo. -¡Bill Cipher está en la casa! –Gritó el guardia en forma burlona. Haciendo temblar por momentos, el castillo.
Luego el guardia con ojos amarillentos miró a Gords.
-Oye Gords, escuche que necesitabas de mi ayuda. –El guardia cayó al suelo y de su espalda, una figura triangular, totalmente amarilla y de un solo ojo salía, la cual se quedaba flotando en el aire. Llevaba un sobrero color negro y sus brazos y pies eran del mismo color.
Su gran ojo. Su inquietante ojo clavado en Gords.
-Uhh, ¿sabes Gords? al parecer tu ejército no es más que basura. ¡Mira a esos tontos! –Señaló a sus guardias asustados. -¿Enserio crees que son capaces de cuidar del castillo? Si, pueden ser atemorizantes y horribles pero a mi parecer son solo un montón de seres que sienten temor por todo.
-Siempre presumiendo de tu gran poder, ¿No Bill? –Cada vez que Gords pronunciaba unas palabras, se escuchaba una voz atemorizante y ronca.
Bill se quedó mudo por unos momentos. –Por favor Gords, no empieces. Sabemos perfectamente que más allá de nuestra compresión existen seres mucho más poderosos que nosotros. Me siento alegre de no haber encontrado a uno todavía.
-Mírame. Soy un poco más fuerte que tú y no ando presumiendo por ahí.
-Gords, todos sienten temor al oír tu nombre. –Dijo sarcásticamente.
Gords quedó en silencio unos momentos antes de decirle a Bill, unas palabras que el triángulo de un ojo nunca quiso escuchar. –Dipper y Mabel Pines. –Bill no se movía. –Dos niños de los infinitos multiversos, del pueblo Gravity Falls pudieron contra ti. –Bill odiaba cada vez que recordaba a esos dos niños. –Si yo no te habría brindado energía, nunca hubieras escapado de la mente de Stan Ford Pines.
Los dos infunden temor. Pero existen unos más grandes que otros…
-Digas lo que digas Gords. –Hizo movimientos con sus manos. –Eso ya es el pasado. De todas maneras, algún día pienso vengarme. Ahora dime ¿Para qué me llamaste?
Gords tardó unos segundos en decirle. –Asesine al comandante de mi ejército sombra, Kronk. Él dijo que en diferentes multiversos están habiendo muchas fallas. Algo extraño…
-Pues eso es más que obvio. ¿Sabes cuantos seres pueden estar por ahí alterando el orden interdimensional? –Jugó con sus manos, y en el aire se formó lo que parecía ser una mini galaxia. La magia de Bill era poderosa. –Muchos Gords. Sabes bien que nunca terminaras de conquistarlo todo. No importa cuántas dimensiones invadas, cuanto poder te traiga eso. Los universos son infinitos.
-Una última alteración fue en el Universo A-55. Son unos de los multiversos más alejados de aquí.
-Gords, ya empezaste a invadir esos multiversos.
-No importa, el caso es que mientras haiga más fallas en la realidad, no podré continuar con la invasión.
-Y quieres que yo averigüe que es lo que está pasando. –Le dijo. –Sabes, como yo hay unos 10 o 15 Bills Ciphers en los bastos universos. ¿Por qué tuve que ser yo al que escogiste?
-Por qué me debes un favor. –Dijo amenazante.
-Tenía planes Gords, muchos planes. Pero como quieras… una vez averigüe lo que está pasando, el favor quesará pagado. –Empezó a elevarse más y más. Una gran luz poco a poco iba incrementándose. Pero todo se detuvo. –A cierto, antes de retirarme ¿Qué me dices de la guardia dimensional? ¿De las valquirias del mundo sanctuary? ¿O de los dioses? ¿O de Rick Sánchez?
-Yo me encargare de eso, después de todo, no creo que se enteren. –Fue lo único que Bill necesito escuchar, para elevarse y desaparecer a la vista de Gords y sus guardias.
Bill reapareció a las afueras del castillo. Donde la soledad y la lejanía son dueñas de esas tierras. Bills jugueteó con sus manos y creó una esfera de cristal casi de su tamaño. La dejó en el suelo.
-Muy bien. Multiverso 1-A, Universo 55. –Observó un par de cosas, y en una se veía a Lincoln cruzando un portal dimensional. Bill quedó algo confundido. ¿Un niño estaba provocando fallas en el multiverso? –Mmm, por lo visto es este niño. Si me deshago de él, sería como deshacerme de cientos de seres interdimensionales, que están arruinando las realidades.
La esfera cambió a otras escenas. En esta se observaba a Lisa tratando de reparar la máquina. –Un momento… -Bill fijó completamente su atención en la máquina. –Si me apodero de esa cosa… podre… -Bill no encontró las palabras. Se sentía feliz. –Ya sé que es lo que haré. Pero primero debo deshacerme de… Lincoln Loud… 452. No sé exactamente donde puede ir a parar o donde encontrarlo. –La esfera cambió a otra escena. Bill sonrió al ver lo que su esfera le mostraba. –Puede que lo envié a la dimensión oscura.
Hizo desaparecer su esfera.
-Un momento, ¿acaso en este Universo ya no tenía varios planes? –Recordó. –Al parecer sí. –Dijo en tono malvado. Por qué recordó algo, el recordó con mucha felicidad y ansias. –Otro Bill Cipher me contó que hay una dimensión en este multiverso… Una dimensión que fue conquistada por ese niño y su familia, al haber hecho un trato con él. –En esa dimensión, los Loud tenían poderes idénticos a los de Bill. Provocando caos y temor en esa dimensión. –Y también recordé que yo tenía planes iguales…
La esfera volvió a aparecer, pero en esta se mostraba algo, a dos seres…
-Bryan y Brent Ross…
Cuida tus espaldas, el mal siempre está asechando y cuando menos lo esperes, caerás en el infierno, caerás en los brazos, de tus peores pesadillas…
Diferentes realidades, diferentes dimensiones, diferentes multiversos… diferentes Universos; Posibilidades Infinitas…
…
…
...
Bien. ¿Qué les pareció? Lincoln fue a parar a la dimensión de mi otro amigo, Phantom1812 ¿recuerdan su historia Ingenio Infinito? Una de las mejores, pues Lincoln se ubica en la escena de cuando todos están cenando juntos, en el capítulo 8: Bailes y decisiones.
Pues, inclusive Lincoln habló con el mismísimo Paul jaja. No sé cómo lo hice, no sé si pude capturar la esencia del personaje, y de esa escena. Phanton1812 si estás leyendo esto, espero haber hecho un buen trabajo, pues si no lo hice ódiame :'v
Ahora saltemos de escena, justo al principio. Creo que ya saben quién es ese hombre extraño de cabello blanco. Líder de esa gran nave, y el cual guarda muchos misterios.
Ahora Gords y Ciphers tienen planes. Sobretodo Bill, nunca hay que confiar en él.
Las referencias vienen y vienen a montones. Otra cosa que olvidaba mencionarles, recuerdan lo que dije del Universo Loud House. Pues, mi Lincoln no fue a parar a la historia original de Phanton1812 sino a una historia "Idéntica", pero con la dimensión Apex no fue así, porque ahí, Lincoln si fue a parar a la dimensión original de Jakobs-Snipper, justo antes de los sucesos del episodio 24: Lección de perseverancia.
Perdonen las faltas Ortograficas.
Bien, perdónenme por el Haitus. Espero este episodio no fuera confuso. Me despido de ustedes, gracias por leer la historia, hasta las próximas actualizaciones. Saludos!
