Los personajes de Naruto no son míos, son de Kishimoto... la historia si es de Lorraine Heath
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ACLARACIÓN
Será una adaptación, sin embargo haré algunos cambios, sobretodo con el personaje de Karin, en la historia original es un personaje odioso al ser una Mary Sue que sinceramente aborrecí, y cambiaré un poco el amor del protagonista por Karin, en esta versión sale un poco porque la sustituiré con otro personajes en ciertas ocasiones.
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Espero disfruten esta historia, la cuarta de esta serie de adaptaciones; así como yo lo hice.
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CAPÍTULO 18
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Cuando Tenten abrió los ojos lo primero que pensó fue en lo bien que había dormido: no se había despertado ni una sola vez ni había tenido pesadillas. Lo siguiente que pensó fue que estaba sola en la cama, pero que había alguien en la habitación. Percibió su presencia antes de darse cuenta de que estaba sentado en el sillón que había junto a la ventana. El quinqué que brillaba a su lado le proporcionaba la luz suficiente para que pudiera leer el diario que tenía abierto sobre el regazo. Aunque solo podía verlo de perfil, enseguida se dio cuenta de que fruncía profundamente el ceño mientras leía el relato que su hermana había contado de sus vivencias en Konoha. Tenía el codo apoyado en el brazo del sillón, se sujetaba la barbilla con la mano y se acariciaba el labio inferior con el dedo índice; ese labio que tantas ganas tenía de volver a mordisquear.
Por la ventana se veía la oscuridad de la noche. La tormenta estaba amainando: la lluvia era más suave y el viento soplaba con menos fuerza.
Tenten observó a Juugo mientras leía. Se había puesto los pantalones; qué lástima. Nunca se había considerado la clase de mujer que prefiriera ver a un hombre completamente desnudo, pero Juugo era un espécimen excelente. Él la hacía sentir minúscula pero fuerte. Sabía que ejercía cierto poder sobre él. La deseaba. No pudo evitar sonreír al pensarlo. Él no tenía ningún problema para distinguirla de Tamaki. Nadie había sido nunca capaz de distinguir a las trillizas. Sabía que era extraño que le gustara tanto que él pudiera hacerlo, pero la hacía sentir especial. Ella y sus hermanas habían luchado toda la vida para que el mundo las viera como individuos independientes. La gente opinaba que debían llevar la misma ropa e intentar parecer idénticas, pero cada una de ellas tenía sus pequeñas peculiaridades, sus pequeñas diferencias y, en algunos casos, esas diferencias eran más que notables. Tamaki era obstinada, se enfadaba con facilidad y reaccionaba muy deprisa. Tenten era demasiado analítica. Tetsuya siempre fue demasiado aventurera. Ese precisamente fue el motivo de que su padre decidiera que sería ella la primera valiente en visitar Konoha. Y fue una auténtica catástrofe.
Sin embargo, aquello había desencadenado una serie de acontecimientos mediante los cuales había conocido a Juugo. Si no fuera porque todo lo que había ocurrido le había costado la vida a su hermana Tetsuya, se habría sentido agradecida. Pero por muy culpable que se sintiera, una pequeña parte de ella estaba contenta por haber conocido a Juugo a pesar de que el precio que había pagado era inmensurable.
De repente pareció que Juugo se diera cuenta de lo que ella estaba pensando. Dejó el diario, se puso en pie y se acercó a la cama desabrochándose los pantalones mientras lo hacía, revelando toda su gloria masculina. La sonrisa que esbozó al mirarla mientras se deslizaba entre las sábanas junto a ella hizo que le diera un vuelco el corazón.
―Pensaba que no te despertarías nunca ―rugió mientras la rodeaba con los brazos para hacerle sentir más gratitud de la que había sentido jamás.
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15 de junio de 1851
Esta noche la prima Kasumi me ha llevado a mi primer baile. No estoy muy segura de la relación que nos une, pero me atrevería a decir que papá podría haberme introducido en sociedad tan bien como ella. No pretendo desmerecer sus esfuerzos, pero juro que esta mujer no conoce a nadie que tenga ningún peso en la sociedad. Aún no he conseguido comprender cómo consiguió convencer a lady Aburame para que nos invitara al baile. Pero lo cierto es que nos invitaron y nosotras aceptamos. Pasé la primera hora sentada con la prima mientras los caballeros me observaban desde lejos. Estoy segura de que no sabían muy bien qué pensar de mí.
Finalmente, cuando ya llevábamos allí casi dos horas, nuestra anfitriona nos presentó al señor Fukusuke Hikiakuya, y me pidió que bailara con él. No era la clase de caballero que consigue que la gente vuelva la cabeza a su paso, pero debo decir que cuando me llevó a la pista de baile sí se volvieron varias cabezas. Era el cuarto hijo de un vizconde, y estaba tan desesperado por conseguir fondos que no tuvo ningún reparo en preguntarme directamente por la dote que me iba a dar mi padre cuando me casara. Al escuchar la cantidad se rio y luego se disculpó por su grosería. Entonces me aseguró que me costaría mucho encontrar marido.
No dudé de la certeza de sus palabras, ya que pasé la siguiente hora familiarizándome a fondo con mi silla. Me avergüenza reconocer que incluso maldije a papá por haberme mandado a Konoha. Yo no estaba preparada para pasearme por los salones de Konoha flirteando y desprendiendo seguridad en mí misma. Allí solo era una muchacha de campo que intentaba, con torpeza, hacerse sitio en un lugar repleto de sofisticación y seguridad.
Le supliqué a la prima que nos fuéramos de allí, pero no quiso hacerme caso. Sospecho que estaba embelesada por toda aquella alegría y que aquello era tan nuevo para ella como lo era para mí.
Y entonces se acercó él. Nunca había visto un hombre tan guapo y tan encantador: el marqués de Kamizuru. Bailamos juntos un vals y la noche más aburrida de toda mi vida se convirtió, de repente, en la más memorable; y ocurrió en un abrir y cerrar de ojos.
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17 de junio de 1851
Apenas soy capaz de sostener bien la pluma para escribir con claridad. Mis dedos y todo mi ser están temblando de la emoción. Hoy ha venido a visitarme lord Kamizuru. Me ha traído una docena de rosas y una caja de bombones. La prima se quedó muy sorprendida por su generosidad. Por lo que me dijo, el marqués es uno de los lores más respetados de Konoha y puede elegir a su esposa sin tener que pensar en su dote.
Estoy muy contenta y ahora albergo grandes esperanzas de casarme bien y poder proporcionar los medios necesarios para que mis hermanas se presenten pronto en sociedad y encuentren su propia felicidad.
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21 de junio de 1851
Lord Kamizuru ha vuelto a visitarme. Me llevó a dar un paseo en su carruaje descubierto. La prima vino con nosotros. Cuando llegamos al parque nos bajamos del coche para pasear en privado y hablar sin que la prima escuchara todo lo que decíamos. Lord Kamizuru está buscando una esposa con espíritu aventurero y cree que yo podría ser la mujer adecuada para él. Bromeando me dijo que quiere poner su teoría a prueba. Al final planeamos vernos mañana a medianoche sin que lo sepa la prima. La emoción me ha dejado sin aliento.
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1 de julio de 1851
Ha venido lord Kamizuru. Le he pedido a la prima que le dijera que estoy enferma.
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5 de julio de 1851
Lord Kamizuru ha vuelto a venir. Sigo en cama.
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10 de julio de 1851
Le he pedido a la prima que lo prepare todo para que pueda volver a casa.
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15 de julio de 1851
Estoy en casa.
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20 de julio de 1851
No me pasa desapercibida la preocupación que brilla en los ojos de mis hermanas, especialmente en los de Tenten. Ella siempre ha sido la más sensible. Le he fallado a mi familia. No sé cuánto tiempo podré seguir viviendo con la vergüenza de lo que ocurrió aquella noche de «aventura» con lord Kamizuru.
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5 de agosto de 1851
No tengo ganas de comer.
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8 de agosto de 1851
No tengo ganas de seguir respirando.
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20 de agosto de 1851
Hoy me he acercado al borde del acantilado. Qué sencillo resultaría dejarse llevar por la nada. Pero eso rompería el corazón de mi familia; debo seguir adelante.
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1 de septiembre de 1851
Los acantilados vuelven a llamarme. No sé cuánto tiempo más podré resistir la paz que me ofrecen. Pero sé que no me puedo ir de este mundo sin escribir sobre la «aventura», como Kamizuru la llamó tan alegremente. Quizá al hacerlo encuentre la paz que estoy buscando.
A medianoche salí de la residencia sin que la prima se diera cuenta. Cuando llegué al callejón, lord Kamizuru me besó y me ayudó a subir al carruaje. Yo estaba muy emocionada. Él empezó a susurrarme palabras para hacerme sentir atractiva y deseada. Me explicó que era un discípulo de Eros, el dios del deseo sexual. Era miembro de una sociedad secreta que introducía a mujeres en el arte del amor. Me dijo que consistía en un ritual durante el cual él me haría suya. Me sedujo con sus palabras y sus besos.
Mientras íbamos en el carruaje me dio vino. Ahora imagino que en el vino había algo que sirvió para desorientarme, porque enseguida dejé de sentirme yo misma. Y, desde luego, dejé de comportarme como suelo hacerlo.
Llegamos a una residencia. Cuando entramos aparecieron dos mujeres que se ocuparon de mí y empezaron a prepararme. Se quitaron la ropa y me desnudaron a mí también. Llevaban unas preciosas gargantillas de plata en el cuello. Me rodearon el cuerpo con un trozo de tela hecho con una seda muy suave y me explicaron lo que se esperaba de mí. Yo quería protestar, pero mis labios parecían incapaces de formar palabras coherentes. Ya no tenía ningún control sobre mis acciones.
Me llevaron a una oscura habitación donde la única luz que había procedía de algunas velas. Había almohadones apilados por todas partes. Vi otras mujeres desnudas que llevaban las mismas gargantillas de plata en el cuello. Un grupo de hombres que vestían capas rojas aparecían y desaparecían de mi vista mientras las dos mujeres me acompañaban hasta donde estaba lord Kamizuru. Yo escuchaba un murmullo, un cántico.
Las mujeres me quitaron la tela de seda. Me quedé delante de él completamente desnuda. Sé que debería haberme tapado avergonzada, pero estaba fuera de mí. El mundo aparecía y desaparecía ante mis ojos. Me dijo que me arrodillara ante él. Cuando lo hice me puso la gargantilla de plata en el cuello y me dijo que me había convertido en una hermana de la carnalidad. Luego me tumbó sobre una montaña de cojines y me poseyó.
Escuché vítores y risas a mi alrededor incluso a pesar de que yo no dejaba de intentar apartarlo de mí. El dolor que experimenté es indescriptible y el acto resultó absolutamente bárbaro. La locura y el caos se apoderaron de la habitación cuando los demás, tanto hombres como mujeres, se acercaron a aprovecharse también de mí. Yo solo recuerdo la agonía y la humillación. Cuando me desperté pensé que todo había sido un sueño, pero la pesadilla era real. Y aunque volví a casa, parecía incapaz de escapar de ella.
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7 de septiembre de 1851
Perdonadme.
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