Hola
Escribo esto para avisarles que, debido a la poca fama, tiempo e inspiración he decidido no seguir con el fic...
¡Aveda! ¡Te engañé! :v jaja
No, en serio, sólo quería agradecer a las personas que estan siguiendo esta historia. Aunque no lo crean, me alegra que sean pocas, pues esto es más que nada para mejorar mi escritura y bla bla. Al terminar esto espero escribir un Helsa decente xD
¡Gracias!
-La princesa Anna es tan bondadosa, por eso me cae de maravilla- comunicó ella poniéndole un sándwich enfrente.
-¡Claro! Para ti es agradable, nunca te ha a puesto a hacer estúpidos trabajos...- gruñó él dándole una mordida generosa al alimento.
-¡Eso sólo lo hace mejor!- rió ella, obteniendo por respuesta un bufido molesto.
Aquella muchacha había cautivado al príncipe de una forma un tanto extraña, como cuando un cazador encuentra una bestia que necesita ser domada, y aún así él la hace más salvaje. Al principio creyó que era una chica rebelde, pero no, amaba las reglas y le gustaba seguirlas; pero era aventurera, estaba hecha de aventura; tan apasionada cómo sólo ella sabía serlo y con una gran inteligencia, añadiéndole ese cinismo y descaro tan impropios.
Y para ella él era un sueño, conocía de sobra lo que había hecho y no le era indiferente, pero había aprendido a ver más allá. No confiaba enteramente en él, ¿cómo hacerlo?, pero tampoco podía ser inmune a ese encanto innato. Todas las noches le pedía que le contará algunas de sus anécdotas en el océano, ella lo escuchaba atenta, haciendo que sus ojos adquirieran ese inconfundible brillo de deseo y anhelacion.
Hans había hecho menos pesada su estadía y Sugelly estaba alimentando su espíritu aventurero. Habían sellado ese lazo con una promesa: América.
La morena dirigió su mirada hacia el balcón, se levantó y se acercó a la ventana.
-Ella y el joven Kristoff son tal para cual- comentó observando las dos siluetas que la luna contorneaba.
-No lo dudo- respondió él con burla.
-¿No detectas un poco de envidia en el ambiente?- preguntó ella poniéndose una mano en el mentón y fingiendo pensar.
-Sí, no deberías envidiarles nada ¿sabes?
-Lo sé, pero esa biblioteca...- respondió ella con sarcasmo.
El chico exhalo con pesadez y se animo a acercarse a la ventana.
-A veces me siento mal por la reina- susurró ella- es también muy bella, pero esta tan sola...
-Te aseguró que no necesita de ningún hombre a su lado.
-¿Quién se refería a una pareja? Las personas necesitamos más que eso para sentirnos queridos.
-Tiene a la princesa- argumentó él.
-Sólo a la mitad.
-Esta ese molesto hombrecillo...
La chica rió y se alejó.
Hans no apartó la vista de los dos amantes, Anna estaba con su acostumbrada vitalidad, mientras el montañés caminaba con torpeza.
-Un poco injusto que la princesa parezca tenerlo todo y la reina nada ¿no crees?- suspiró.
-...pero entonces Olaf se cayó, y yo no me detuve, alcé la vista y vi su cabeza volando sobre la mía y su trasero pisándome los talones. Intenté correr más rápido pero obtuve la misma suerte que él y resbalé, haciendo que su cabeza ganará la competencia.- suspiró con resignación- y ¿qué tal tu día?
-Pues...este...bien..sí, bien.- respondió con nerviosismo.
-¿No pasó nada interesante entre las montañas?- preguntó ella acostumbrada a la inseguridad de su compañero.
-No...no ¿qué podía pasar?
-Pues no lo sé...parece que cada vez que yo voy algo "malo" pasa. En la primera ocasión nos siguieron unos lobos y tú perdiste el trineo, después tuvimos que hospedarnos unos días con Oaken por la tormenta de nieve y hace poco otros lobos querían llevarse mi sándwich.
-Esos lobos querían llevarte a ti, no al sándwich- señaló el.
-Da lo mismo- dijo ella restandole importancia con un movimiento de mano.
La pelirroja dio un saltito y se sentó en el borde del balcón, el rubio la siguió, pero él sólo se apoyó.
Volteo a ver a la chica, tan hermosa, con la mirada puesta en ningún sitio específico. La luz lunar le daba un color hermoso a su piel, y el silencio la hacía ver tan serena.
Sus manos empezaron a sudar y su corazón se aceleró.
-Que bella- dijo sin querer.
-¿Cómo? -preguntó ella, girándose y clavando su mirada en la de él.
El rubor subió rápidamente a las mejillas del chico, alejó la mirada y se rasco la nuca.
-La luna...o sea...mírala- señaló tontamente- tan brillante...y...
-¡Oh! Sí, sí que lo es...- la desilusión fue evidente en su respuesta, regresó su atención al cielo estrellado, causándole un poco de culpa al ojicanela.
-Tan única y bella, llena de luz, innalcanzable.- susurró ella.
-Bueno...tú también...ya sabes...no innalcanzable, sino...- intentó arreglar él con torpeza.
La chica abandonó su lugar, se acercó a él y le acarició la mejilla con su diminuta y delicada manita.
-Sí, lo entiendo.
Él le agradeció el gesto, sonriendo y acariciando a su vez la pecosa mejilla de ella.
Ambos sintieron unas cosquillas en el estómago. Anna se mordió el labio inferior e intento apartar la mirada, pero el chico ejerció un poco de presión, obligandola a verlo.
La pecosa rió tontamente, Kristoff tomó todo su valor y se acercó con lentitud a los labios de la chica.
Anna abrió los labios con anticipación y Kristoff pudo sentir su aliento. Unió sus labios en un beso inocente, pero se vio obligado a profundizarlo un poco debido a la insistencia de su novia. Apartó su temblorosa mano de la cintura de ella, la metió a su bolsillo, sacó con rapidez un objeto, insertandolo torpemente en el delgado dedo de la princesa.
Ella se apartó con suavidad y observó lo que él le había puesto, abriendo la boca y los ojos tan grandes como le fue posible.
-Anna...¡cásate conmigo!- dijo el rubio, apretando los ojos con fuerza.
-¿Por favor?- complemento abriendo los ojos.
-¡Elsaaaaaa! ¡Eeeeeelsa!.
Anna corría y gritaba por todo el palacio, tan emocionada que creía iba a explotar.
Subió las escaleras tan rápidamente que tropezó dos o tres veces, pero nada le importaba.
-¡Elsa!¡Elsa!¡Elsa!
Tan pronto llegó a la recámara de su hermana, abrió las puertas sin ningún reparo. Encontrando a esta en pijama y peinando su cabello.
-¡Anna! ¿qué...qué pasa?- preguntó algo alarmada, oyendo su agitada respiración y viendo sus acaloradas mejillas.
La pequeña corrió hacía ella y se echó a sus brazos.
-¡Voy a casarme!- dijo con euforia.
-¿¡Cómo?!- preguntó la reina sorprendida.
-¡Sí!- gritó con emoción la pelirroja, apartándose bruscamente del abrazo.
-¡Mira!¡Mira! ¡Miiiraaa!- gritó embarrandole la mano en la cara a su hermana mayor. Ella la tomó con delicadeza , y observó el gracioso "anillo", hecho de plantas y florecillas, que sellaba su compromiso.
-¡Él lo hizo!- aclaró viendo la duda en la cara de la platinada- dijo que perdió el verdadero en las montañas, y que debía darme culquier cosa y que era demasiado tarde para hacer uno de nuevo y que hizo este ¿no es de lo más lindo?
-Oh...Anna ¡estoy tan feliz!- Elsa la atrajo hacia sí y le dio un tierno abrazo.
-Anna...es maravilloso.
-Lo sé.
-Hermana, yo esperó que seas muy feliz- deshizo lentamente el abrazo y le tomó las manos.
-Oh, Elsa, sí que lo seré.
-¡Sí, claro que sí! Sólo...¡mírate!
Un nudo se formó en la garganta de ambas.
-Nuestros padres estarían tan felices- comentó en un susurro la mayor.
-No, Elsa, ellos estan muy felices, dondequiera que estén.
-Sí, es verdad...mañana habrá que visitarlos.
-¡Claro que sí!
Después de un último abrazo, Anna salio dando brincos de felicidad, azotó la puerta tras de sí y dejó sola a la soberana.
Después de un largo suspiro, se abrazo a sí misma y comenzó a reir como tonta, permitiendo que unas lágrimas corrieran por sus blancas mejillas.
¡Su hermana se casaría! ¿qué podría ser mejor? Tanta felicidad en tan poco tiempo, no lo merecía. Si se pudiese morir de felicidad, ella estaría más que enterrada.
Se dirigió hacia su cama, se arropó con cuidado, secando sus ojos; apagó la vela que estaba al lado de su cama y se durmió con una sonrisa en el rostro.
Siento que no estoy haciendo muy participe a Elsa ¿no creen? Bueno, intentaré meterla un poco más en SU historia xD
A Frozen Fan ¿cómo que no te gusta Sugelly? :v
