Los personajes de Naruto no son míos, son de Kishimoto... la historia si es de Lorraine Heath
.
ACLARACIÓN
Será una adaptación, sin embargo haré algunos cambios, sobretodo con el personaje de Karin, en la historia original es un personaje odioso al ser una Mary Sue que sinceramente aborrecí, y cambiaré un poco el amor del protagonista por Karin, en esta versión sale un poco porque la sustituiré con otro personajes en ciertas ocasiones.
.
Espero disfruten esta historia, la cuarta de esta serie de adaptaciones; así como yo lo hice.
.
.
CAPÍTULO 21
.
.
Tenten no esperaba que la primera parada que hicieran al llegar a Konoha fuera en la residencia del vizconde y vizcondesa de Otogakure. Ella, Tamaki y Juugo aguardaron en el vestíbulo de la entrada junto al pequeño baúl de las hermanas, y esperaron a que el mayordomo anunciara su llegada.
―Creo que deberíamos haber intentado encontrar un alojamiento primero ―murmuró Tamaki.
Tenten estaba convencida de que Tamaki se sentía contrariada porque, desde que habían partido de su casa, Juugo no había dejado duda alguna de que él era quien estaba al mando de aquella pequeña expedición. Tenten tenía la sensación de que cuanto más se distanciaban de la casa, más se distanciaba Juugo de ella. Sabía que lo hacía porque tendría que tomar importantes y complejas decisiones, pero eso no lograba que la soledad le resultara más soportable.
―¡Juugo!
Tenten miró hacia el pasillo y vio cómo la vizcondesa corría hacia ellos. Tuvo miedo de que se le notara que ella no había visto a la vizcondesa hasta la noche del baile. Fue Tamaki quien habló con ella en el salón de la pensión. Después Tamaki se la describió con todo lujo de detalles para que pudiera reconocerla, pero, incluso aunque no hubiera tenido aquella minuciosa descripción, Tente habría podido distinguir a la vizcondesa por la ternura que brilló en los ojos de Juugo cuando la saludó. La misma alegría que demostraba en aquel momento mientras la vizcondesa le apoyaba la mano sobre el hombro antes de posar los ojos sobre ella y Tamaki.
―Veo que al final has descubierto que hay dos ―dijo ella―. Es prácticamente imposible distinguirlas. Imagina lo que Orochimaru podría haber hecho con ellas.
―No hace falta que hable de nosotras como si no estuviéramos aquí ―dijo Tamaki
―¿Cuál de las dos eres tú? ―preguntó Karin.
Tamaki adoptó una expresión testaruda y permaneció en silencio. Entonces Tenten dijo:
―Ella es Tamaki y yo soy Tenten.
Karin observó minuciosamente a Tenten como si estuviera buscando algo de lo que dependía su vida. Luego sonrió.
―Tú eres la que asistió a mi baile. Eres la que captó la atención de Juugo. Pero fue a Tamaki a quién conocimos la duquesa de Otsutsuki y yo en el salón.
―Nadie consigue distinguirnos ―espetó Tamaki.
―Excepto el señor no Tenpi ―le recordó Tenten en voz baja.
―Desde pequeña me enseñaron a reconocer los detalles más insignificantes de las personas ―dijo la vizcondesa―. ¿Cómo iba a saber, si no, a quién era mejor robar?
―Volvió a centrar su atención en Juugo―. Dime, ¿qué necesitas?
―Un lugar donde se puedan quedar ―dijo él.
A juzgar por la certeza que le teñía la voz, estaba seguro de que ella no le iba a negar lo que pedía, y Tenten pensó que él y la vizcondesa podrían incluso compartir lazos de sangre.
―Esta casa podría servir. ¿Qué más? ―preguntó Karin.
.
.
.
Después de instalarse en su habitación, Tenten cruzó el amplio pasillo que la separaba de la habitación que le habían asignado a Tamaki. Era casi igual que la suya: en ella había una cama con dosel, una cómoda, un escritorio, un tocador y una pequeña zona de descanso cerca de la ventana. Junto a esa misma ventana se hallaba un sillón cubierto de almohadones. Tamaki estaba sentada en él y observaba el jardín.
―¿Dónde nos hemos metido, Tenten? ―le preguntó sin volverse.
Tenten se sentó junto a ella.
―Supongo que por fin vamos a saber cómo se resuelve todo este asunto.
―Yo pensaba que la vizcondesa se acababa de casar con el ex duque. Y si eso es así, ¿quién es ese niño?
Tenten miró por la ventana y vio al vizconde y a un niño de pie delante de unos caballetes. Cada uno de ellos tenía una paleta en la mano y pintaba una parte de las flores del jardín.
―Juugo me dijo que ella había adoptado a uno de sus huérfanos. Creo que me dijo que se llamaba Io.
―Siempre quise tener hijos.
―Quizá aún puedas tenerlos.
―Sí, estoy segura de que cualquier caballero estaría encantado de desposar a una mujer que no tiene ningún reparo en clavar una daga en el corazón de un hombre.
―Tamaki se empezó a frotar las manos y Tenten la detuvo posando las suyas encima.
―Cualquier hombre sería afortunado de tenerte en su vida.
Su hermana esbozó una pequeña sonrisa.
―No me arrepiento de lo que hice, Tenten. Es solo que resulta un poco más difícil vivir con ello de lo que había imaginado.
―De lo que hicimos, Tamaki. No olvides nunca que lo hicimos juntas.
Tamaki asintió de mala gana y volvió a mirar por la ventana.
―El vizconde es un hombre muy atractivo.
―Y pensar que se casó con una ladrona…
―¿Y qué hay de ti, Tenten? ¿Te casarías con un ladrón?
―Sin pensarlo ―susurró―. Pero no creo que me lo pida.
.
.
.
A medianoche.
En casa de Otogakure.
J. T.
.
Juugo envió la carta a cuatro personas, pero solo respondieron cuatro.
―Uzumaki me ha pedido que le disculpemos. Hoy tenía que visitar a la Hokage ―dijo Uchiha―. Al parecer, su majestad cree que padece una enfermedad que solo puede curar él. Ha dicho que, si no podemos hacer esto sin él, le avisemos y hará lo que pueda.
Naruto Uzumaki era otro de los integrantes de la pandilla de Orochimaru. Un antiguo profanador de tumbas que se estaba convirtiendo en uno de los mejores médicos de Konoha.
Las demás personas que había en la biblioteca del vizconde eran la esposa de Uchiha, Hinata, Suigetsu Hozuki, Karin, Kakashi, Neji Hyuga, el duque de Otsutsuki, a quien su hermana la condesa de Konohagure fue quien le invitó; y finalmente, Tenten y Tamaki. Cuando envió aquella nota, Juugo no se paró a pensar que más tarde estaría rodeado por hombres tan ricos y poderosos. Él también era un hombre poderoso, pero no le gustaba alardear de ello. Y allí había tres hombres que poseían algo de lo que él carecía: un título.
Se preguntó si Tenten se conformaría con un hombre que nunca ascendería entre la nobleza. ¿Estaría mirando a Otsutsuki, Konohagure y Otogakure mientras pensaba que ellos eran la clase de hombres con los que merecía casarse?
―Supongo que nos has hecho venir por algún motivo en particular ―dijo Uchiha―. ¿Podemos ir al grano?
―Sí, claro ―dijo Juugo entrelazando los dedos de las manos y echándose hacia delante. Había asignado los asientos a propósito para estar frente a Tenten y Tamaki. Quería verles la cara con claridad para juzgar sus reacciones y saber qué estaban pensando, por si las hermanas decidían que la sinceridad no era la mejor forma de llevar aquel asunto―. Supongo que ya sabéis todos que lord Kamizuru murió hace poco. Tenten y Tamaki fueron las responsables de su fallecimiento.
Tenten sintió cómo Tamaki se ponía tensa y se preparaba para las acusaciones o los desagradables sentimientos que pudieran surgir entre los asistentes. A ella se le encogió el estómago. Aquella era la primera vez que salía a la luz la verdad de lo que habían hecho. Siempre había pensado que aquel momento estaría teñido de una gran vergüenza y humillación. Sin embargo, ahora que había llegado, no sabía cómo sentirse porque, tal como Juugo lo había explicado, sonó como si fuera algo tan normal como coser un botón en una camisa.
―Supongo que se lo merecía ―dijo Uchiha dando la impresión de que era el patriarca de aquel clan tan poco habitual.
Cuando Tamaki le estrechó la mano con fuerza, Tenten sintió cómo un escalofrío le recorría todo el cuerpo. No quería tener que estar presente cuando todas aquellas personas escucharan las sórdidas…
Juugo asintió rápidamente.
Uchiha asintió en respuesta.
.
―Muy bien. ¿Qué has planeado? ¿Darles nombres nuevos y enviarlas a algún otro lugar?
―Espera ―dijo Tamaki soltando a Tenten―. ¿Eso es todo cuanto necesita? ¿Que asienta? ¿Qué clase de personas son ustedes?
―Las mejores que conocerás jamás ―dijo Juugo―. Si no fuera así no les habría hecho venir.
Pero sobre la cabeza de Tenten flotaba un peso infinitamente mayor que la confianza que aquellas personas tenían en Juugo.
―¿Quieres mandarnos fuera?
―Es posible que sea el único recurso que tengamos para asegurarnos de que vuestros encantadores cuellos no acaben en la horca ―dijo Juugo―. Pero antes de que concretemos los detalles sobre la mejor manera de organizar vuestra desaparición, tenemos que ocuparnos de otros asuntos. ―Miró a su alrededor para asegurarse de que seguía disponiendo de la atención de todos los presentes―. En este momento me propongo acabar lo que empezaron las chicas. Kamizuru no actuó solo. Tenemos que descubrir quiénes eran los demás y llevarlos ante la justicia.
―Supongo que ya has pensado en todos los detalles ―dijo Suigetsu Hozuki.
―He pensado en lo más inmediato, pero hay mucho que no puedo predecir. ―Sin revelar ninguno de los sórdidos detalles acerca del encuentro de su hermana con Kamizuru, Juugo los puso al corriente de la sociedad que la engañó. Luego se sacó una hoja de papel del bolsillo de la chaqueta, la desdobló y se la dio a Sasuke―. Kamizuru puso ese collar en el cuello de Tetsuya durante un ritual que la convertía en una esclava.
―Es una joya muy intrincada ―dijo la vizcondesa mientras miraba el dibujo―. Y muy bonita. ¿Dónde está ahora?
―Con un poco de suerte estará en la residencia de Kamizuru. Tengo la intención de ir a buscarla mañana por la noche.
Aquello era nuevo para Tenten.
Juugo la miró con una sombría pero decidida expresión.
.
―Si queremos que tú o Tamaki finjáis ser Tetsuya para hacerles creer que ella ha vuelto a la ciudad para gozar de una nueva experiencia, tenemos que encontrar el collar. La casa del marqués es muy grande, pero la gente suele esconder las cosas en lugares muy evidentes. Yo tendría que encontrarlo en unos diez o quince minutos. ―centró su atención en el señor Hozuki―. He pensado que podrías invitar al nuevo lord Kamizuru a disfrutar de una partida privada en tu club mañana alrededor de medianoche.
El señor Hozuki se encogió de hombros.
―Siempre que Konohagure, Otogaure y Otsutsuki estén disponibles.
Los dos hombres expresaron su disponibilidad y aunque el duque con algo de renuencia, finalmente concretaron los detalles para encontrar la mejor forma de distraer al nuevo marqués mientras Juugo registraba su casa. A Tenten no le gustaba la idea. Si lo descubrían…
―¿Y qué hay de sus sirvientes? ―preguntó ella―. ¿No crees que se darán cuenta de que estás merodeando por la casa?
―La mayoría de ellos ya estarán en la cama. Seré muy discreto.
Aunque seguía sin gustarle la idea, enseguida se dio cuenta de que ella y Tamaki estaban allí por pura cortesía. Eran los demás quienes lo planeaban todo. Estaban tan cómodos los unos con los otros planeando todo lo que debían hacer que se le ocurrió que quizá aquella no fuera la primera vez que se reunían para trazar un plan. Si hubiera sido sincera con Juugo desde el principio, era bastante probable que él les hubiera enseñado cómo se podían deshacer de Kamizuru sin que nadie las descubriera. Ellas pensaron que eran muy listas, pero en realidad lo habían basado todo en un inocente juego infantil. Se preguntó si algún día dejarían de ser tan ingenuas.
Cuando acabaron de ultimar los detalles del plan, el señor Hozuki, lord Konohagure y su mujer y el duque de Otsutsuki se marcharon. Lo único que quedaba por decidir era cuál de las dos hermanas se pondría en peligro.
.
.
.
―Tengo que ser yo ―dijo Tenten mientras paseaba por el jardín con el brazo entrelazado con el de Juugo. Él le había dicho que quería pasar unos minutos a solas con ella antes de marcharse.
Las antorchas proyectaban una tenue luz sobre el camino por el que paseaban. Las rosas, los jacintos y otras muchas flores perfumaban el aire que los rodeaba. Tenten pensó que en otro momento aquella hubiera sido una relajante y tranquilizadora diversión antes de retirarse a la cama, pero estaba demasiado nerviosa.
―¿Juugo?
―La situación podría volverse muy peligrosa. Por lo menos Tamaki ya ha matado. Quizá ella no dude en hacer lo que tiene que hacer si llega el momento.―O podría pensárselo dos veces. Ya sabes que la culpabilidad la está matando. Y yo no soy tan mala cuando el peligro…
Antes de que pudiera acabar de exponer sus alegaciones la estrechó entre sus brazos y empezó a besarla como si fuera la última oportunidad que tendría de hacerlo jamás. Habían compartido muy pocos momentos de soledad durante el viaje de vuelta. Quizá ese fuera el motivo de que ella se entregara al beso y se colgara de él casi con desesperación. Tenten no quería pensar que se debía a que su tiempo juntos estaba llegando a su fin.
Cuando hubiera concluido aquella maniobra para llegar hasta los demás, ella y Tamaki seguirían siendo responsables de la muerte de Kamizuru. Sea cual fuere su castigo, la muerte, la deportación, o años encerrada en una cárcel de mujeres, Juugo no estaría allí con ella. Él se quedaría en Konoha, seguiría resolviendo crímenes y se acabaría casando con alguna chica. No quería pensar en que otra mujer pudiera estar entre sus brazos, pero tampoco quería pensar en lo solo que se sentiría si se quedaba soltero. O en los solitarios y vacíos años que le esperaban a ella sin sentir cómo le deslizaba las manos por la espalda como lo estaba haciendo en aquel momento, o sin dejarse llevar por la pasión que le provocaban sus besos.
Tenten deseó que se pudieran retirar a su apartamento, cerrar la puerta y no volver a salir nunca más. Quería despertarse en su cama, inmersa en el almizclado olor que emanaba de sus cuerpos cuando hacían el amor. Quería sentir el peso del cuerpo de Juugo sobre el suyo.
Él paseó sus cálidos y húmedos labios por su mejilla antes de posarse sobre su oreja.
.
―No me pidas que me arriesgue a perderte ―dijo adoptando un atormentado tono de voz que encogió el corazón de Tenten. Él la adoraba. Pero por mucho que él significara para ella, no podía ser tan egoísta de poner a su hermana en peligro otra vez. Ahora le tocaba a ella asumir los riesgos.
―No me pidas que me arriesgue a perder otra hermana.
Él se quedó muy quieto y ella pudo sentir el palpitar de la tensión en su interior. Cuando la soltó, ella sintió como si algo de monumental importancia hubiera cambiado entre ellos.
―¿Abandonarías todo lo que podemos llegar a tener con tanta facilidad? ―preguntó él.
―No hay nada fácil en esta situación. Pero debes saber que lo que hay entre nosotros solo es temporal. Por muy maravilloso que sea, Juugo, nos lo arrebatarán tanto si queremos como si no.
Incluso a pesar de las sombras que reinaban en el jardín, la intensidad de la mirada de Juugo resultaba desconcertante.
―Deberías retirarte ya ―dijo él con sequedad―. Intenta dormir bien. Necesitarás todas tus fuerzas cuando llegue el momento.
―Entonces ya has decidido; ¿seré yo quien lo haga? ―Tenten no sabía si el temblor que se había adueñado de su voz era miedo o excitación.
Él no contestó. Se limitó a marcharse y a desaparecer en la oscuridad.
.
.
.
Cuando Juugo envió aquella carta a sus amigos de la infancia, mandó una distinta a otra persona.
.
En el puente del río. A las cuatro en punto.
.
No le sorprendía que sir Kabuto hubiera llegado antes que él y que estuviera esperándole a orillas del río. Solían quedar allí cuando Juugo estaba investigando algún asunto que requería que nadie lo relacionara con Scotland Yard. Como era habitual, sir Kabuto estaba fumando en su pipa.
―Así que ya has vuelto a Konoha. ¿Por qué me has pedido que nos reunamos en secreto, No Tenpi? ¿Debo suponer que el asesinato de Kamizuru no está resuelto?
―El caso se ha complicado bastante.
―Te has enamorado de ella, ¿verdad?
Resultaba difícil admitir, incluso para sí mismo, que se había enamorado locamente de Tenten, especialmente difícil cuando Tenten insistía en proteger a su hermana a expensas de un futuro junto a él. Él sabía que estaba siendo egoísta, pero, ¡maldita sea!, había pasado toda su vida adulta sacrificando su propia felicidad por la de los demás. Quería dar prioridad a sus deseos por una vez en la vida.
Se lo explicó todo a sir Kabuto sin omitir ni un solo detalle. Tenten no estaba allí con él y no podía sentirse avergonzada por la verdad o los sórdidos acontecimientos que rodearon la muerte de su hermana.
―¡Cielo santo! ―dijo sir Kabuto cuando Juugo acabó de hablar―. ¿Estás seguro?
―Sí, señor. La chica lo escribió todo en su diario y luego se quitó la vida. No tenía ningún motivo para mentir.
―¿Y crees que puede haber otros nobles involucrados?
―Es posible. Tendremos más datos cuando hayamos tendido la trampa. Me gustaría que Scotland Yard se implicara…
―No ―contestó sir Kabuto secamente antes de que Juugo pudiera acabar de explicarle lo que tenía en mente―. No hasta que sepamos quiénes son las personas que caen en tu red.
―¿Acaso caerá usted en ella, señor?
La pipa se cayó de entre los labios de sir Kabuto cuando se volvió para mirarle de frente por primera vez desde que empezó la reunión.
.
―¿Disculpa? ¿Es que te has vuelto loco?
―A riesgo de parecer arrogante, permítame recordarle que soy su mejor hombre. Y aún así me asignó usted la tarea de seguir a una chica por todo Konoha. Eso fue un auténtico desperdicio de mi talento.
―Al contrario, Juugo. Mira lo que has descubierto.
―Si ya sospechaba todo esto, ¿por qué no me dijo nada?
Sir Kabuto se agachó, recogió su pipa y la observó minuciosamente.
―¡Maldita sea! Ahora ya no me la puedo meter en la boca, ¿verdad? ―La tiró al rio―. Tú no eres el único que recibe órdenes, Juugo. Digamos solo que las mías proceden de arriba, de muy arriba. Sospechamos que Kamizuru podía estar implicado en algún asunto turbio desde que se puso en contacto con nosotros. Lo que no comprendo es por qué no se encargó del asunto él mismo. Supongo que ese arrogante bastardo esperaba que nos ocupáramos del tema por él. Lo cual imagino, basándome en tus averiguaciones, que al final ha resultado beneficioso para la dama. En cualquier caso, ya existían rumores sobre esa sociedad. Un asunto muy desagradable. Especialmente si consideramos que la hokage y su marido tienen un estricto código moral. La gente ha de aprender a comportarse con más decoro. ―Carraspeó―. Disculpa mis quejas. Sigue adelante con tus planes y avísame cuando sepas el nombre de todos los involucrados. Entonces decidiremos cómo ocuparnos del asunto sin crear un escándalo.
―Sí, señor. ―Juugo se volvió para marcharse.
―¿No Tenpi?
.
Juugo miró hacia atrás por encima de su hombro.
―¿Sí, señor?
―Sé extremadamente cuidadoso con este asunto. Evita los rumores e intenta ser muy discreto. Podrían nombrarte caballero por esto.
―¿Sus órdenes proceden de tan arriba?
Sir Kabuto se quedó mirando el río fijamente.
.
.
.
