Se acabo
Rodaba incontables veces en la cama, sin poder conciliar el sueño. El corazón le latia fuertemente, provocandole una sensacion extraña en el pecho.
¡Maldito Hans y su estúpida perfección! ¿No podía haberla dejado tener una noche tranquila? ¿De verdad tuvo que ser testigo de como todas las señoritas le coqueteaban con descaro? Eso debería tomarlo en cuenta, tal vez así logrará que se fuera cuánto antes. Ya no lo soportaba ¡cada día era peor!
Las chicas le sonreían ridículamente, y les respondía con el mismo gesto. Al final tuvo que ponerse los guantes para no congelar nada, la forma en que fue rechazada por ese principito feo sumada más la actitud del ex-principe y la forma en que Anna la ignoro, hicieron de la noche algo horrible. Y se vio obligada a soportarla, con una sonrisa en el rostro.
Bufó con molestia y salió furiosa de la cama. No se preocupó siquiera en ponerse unos zapatos. Abrió la puerta con enojó y la azotó a su paso, llevaba las manos hechas puños. Sentía la necesidad de sacar toda esa furia, y el oji verde parecía ser la mejor opción.
-Ahora mismo verá- se decía- no permitiré que tenga esa conducta tan...indecente en mi castillo. Esperó encontrarlo en una situación comprometedora (aunque no tanto) y lograr que al fin se vaya de mi palacio (y de su vida) Cinco meses son más que suficientes para tenerlo cerca.
Caminaba a paso decidido, bajando las escaleras con rapidez.
-¿Por qué tengo que sufrir yo en su presencia? Debería ser al revés.
Giró la última esquina antes de llegar al pasillo que la llevaría al cuarto del pelirrojo. Aceleró el paso para llegar a la puerta negra que pertenecía a dicha habitación. Levantó el puño, dispuesta a tocar. Pero se detuvo en seco al escuchar un suspiro, que sonaba triste.
-...aprendí a vivir asi, de verdad nunca he esperado mucho amor. Ese era ¿Hans?
-Eso está muy mal, una de las necesidades de las personas es ser amadas.
-¿Cómo necesitar algo qué no conoces?
-No lo sé...pero en tus actos se nota que necesitas mucho amor.
-Ja' ¿ahora eres una especie de sabia?
Escuchó la melodiosa y suave risa de una joven. Lo que la llenó aún más de curiosidad. Su furia se desvanecio casi al instante, cambiando la sensación de su interior por algo menos "peligroso". Con cuidado, espió a través de una pequeña apertura en la puerta, no tenía una buena vista, pero al menos podía distinguir a las personas.
Era esa chica, con la que había bailado, la del hermoso cabello negro. ¿Cómo la había llamado él? No recordaba.
Estaban acostados en la cama, pero él tenía la cabeza en el vientre de ella y recargaba los pies en la pared mientras las delgadas manos femeninas le acariciaba el cabello con ternura.
-¿Qué sabes realmente tú sobre mí?- preguntó Hans cerrando los ojos.
-Sólo lo que me has permitido conocer...aunque no es necesario conocerte demasiado para saberlo.
-¿Tan obvio soy?- suspiró con pesadez- Y ¿que tanto te he permitido conocerme?
-Relativamente poco.
-Pues te aseguro que tienes el premio de mi más grande conocedora.
-Pues quiero merecer ese premio en serio.
-Bien.
-Cuénteme príncipe, ¿planea tener hijos?
-No garantizo que los llegue a tener...y no quiero hablar del tema.
-Bueno...veamos ¿cómo se llama su mejor amigo?
-Sitron...y es un caballo- respondió con diversión el muchacho. Elsa arrugó sin querer el entrecejo.
"Vaya, que curioso" pensó.
-Interesante, y ¿que pasa con Sitron? ¿dónde esta ahora?
-En Las Islas del Sur, probablemente solo y mal alimentado.
-¿Por qué?
- A nadie en ese palacio le interesa mi caballo o algún otro animal. Son tan crueles y estúpidos.
-Te gustan mucho los animales ¿no?
-Sí.
-Que raro.
"Eso no es verdad"
-¡Claro que no! es sólo que me han tratado mejor que muchos humanos. Además suelen ser tan débiles al principio y no pueden defenderse de verdad.
"Exacto"
-Es cómo si todo el tiempo fueran bebés.
-Los bebés suelen tener mejor suerte, al menos alguna vez llegan a tener la capacidad de expresarse y pueden ser entendidos.
"Cierto"
-Pero eso no lo hace más suertudos que los animales ¿qué tal sí les toca una familia tan mala como la tuya?
"Buen punto"
-No...jamás existirá una familia como la mía.
-¡Pero si tienes doce hermanos! ¿qué te hace pensar que serán diferentes con sus hijos que contigo? Quién es malo de verdad, lo es con todos.
-No es verdad...yo no trataría a un niño de mala forma, y no soy precisamente la bondad humanizada.
"Muy cierto"
-Entonces no eres malo.
-Pero no soy bueno.
-Si no eres malo...
"Eres un poco..."
-¿Bueno? ¿qué es la bondad, al final de todo?
-Eso depende.
-¿De qué?
-De...
Sugelly se detuvo abruptamente al escuchar un sonoro ruido afuera de la habitación.
-¿Qué fue eso?- preguntó Hans incorporándose de golpe.
-No lo sé- respondió en un susurro la chica, bajando lentamente de la cama.
"Demonios" maldijo la rubia al tiempo que decidió huir sin hacer ruido.
Dio media vuelta y se alistaba para caminar.
-¿Reina Elsa?- escuchó a sus espaldas antes de que pudiera dar siquiera un paso.
Elsa tomó aire profundamente e intento tranquilizarse.
"Vamos, vamos. No sientas. Tranquila. Sólo míralo, tú puedes "
Se mordió el labio inferior y cambió la expresión de su rostro. Llevaría a cabo su plan inicial, lo enfrentaría y lo obligaría a irse. Se mostraría segura, no lo dejaría verla avergonzada de nuevo.
-Sí...- le encaro, pero su voz se desvanecio al ver una expresión divertida en el pecoso rostro. Tragó saliva, sin poder impedir un rubor en su rostro- así es, necesito hablar con usted.
-Claro ¿sobre qué?
-...a solas- enfatizó clavando la mirada en la joven que se escondía detrás del muchacho.
-¡Oh, yo! Amm...me voy.- la chica salió de la habitación- su majestad, Hans ¡adiós!- caminó con paso presuroso y seguro.
-Esa señorita debería darse a respetar- susurró entre dientes la ojiazul al verla alejarse.
-¿Disculpe?
-Lo que ha oído.
-¡Vaya! Le aseguro que malinterpreta las cosas, ella...
-Estar encerrada y a solas en la habitación de un hombre soltero a altas horas de la noche, no es precisamente darse a respetar.
-Pero no sucedió absolutamente nada entre...
-Y ¿como pueden saberlo los demás? Eso afecta gravemente su reputación, si ella no lo entiende usted debería ser más conciente.
-Lo soy, lo somos. Pero eso no afecta su reputación pues...
-¿Tienen algún tipo de compromiso?- preguntó sin poder contenerse.
-No, no lo necesitamos. Todos aquí conocen nuestra relación de amistad, y sí algo más llegase a pasar entre ella y yo será asunto nuestro. Además no tiene porque afectarle en el futuro, estar "deshonrada" no representaria un obstáculo de verdad si uno ama a la mujer con todo su corazón.
-La entrega de la virtud es una prueba de amor que sólo se da a quién se ama intensamente.
-¿Una mujer no puede amar intensamente más de una vez? Mejestad, yo creí que usted era algo menos...conservadora.- apuntó con un deje de reproche.
-Pues creyó mal- contestó con arrogancia- pero no he venido aquí a hablar sobre esa niña.
-¿Niña? Usted sólo le lleva un año.
-No me interesa.
-Bueno, adelante- señaló el interior de la habitación.
-Aquí afuera- dijo con firmeza.
-¡Ah, claro! Las apariencias...- suspiro con una mueca de lado. Haciendo que la reina lo maldijera internamente- ¿a qué debemos el honor?
-Sólo he venido a avisarle que he decidido prescindir de sus servicios.
-¿Cómo?- preguntó él, abriendo sus ojos verdes tan grandes como le fue posible.
-Escuchó bien, ya no lo quiero en mi palacio.
-¿Por qué?
-¿En serio lo pregunta? Su actitud de esta noche ha sido de lo más inadecuada, estuvo coqueteando todo el tiempo con señoritas respetables sin ninguna reserva.
-Sólo fui amable.- se defendió con incredulidad.
-Pues guárdese su amabilidad para las damas que tendrá la oportunidad de atender en su reino.
El pelirrojo hizo puños las manos, en un intento por contenerse. Lo que menos quería era darle más razones a esa engreída para que lo despidiera.
-Esta siendo muy injusta.- soltó con enfado y apretando la mandíbula.
-No, no lo soy. He permitido su desvergüenza con esa chica por mucho tiempo.
-Su nombre es Sugelly.
-¡Cómo sea que se llamé! ¿cuántas veces no habrá venido a su habitación en la noche? ¡y todo bajo mi techo! No toleraré una..."amistad" tan indecente en mi hogar.
-Lo nuestro no es algo indecente. Y en todo caso a usted mi vida privada debería tenerla sin cuidado, sólo tiene que juzgar mi actitud hacia su persona.
-¡Me ofende al actuar de ese modo! Pero sí no le parece suficiente, permítame recordarle la invasión que sufrí por su parte en la intimidad de mi baño.
-¿Eso? ¡se quedó dormida en la tina! ¿se da cuenta de que pudo morir si yo no hubiera entrado?
-Eso no lo justifica, debió pedir permiso.
-¡Estuve tocando su puerta por un largo rato!
-¡Y al ver que no contestaba decidió entrar! Aún sabiendo que no estaba en una situación...adecuada.
-¿Y qué? Soy su sirviente, a nadie le importaría eso. ¡Es mi trabajo!
-Pero usted es un hombre y tiene...- el nerviosismo y la pena invadieron su cuerpo, haciéndose notar en sus blancas mejillas.
Hans no tardó en interpretar su rubor, dejándolo verdaderamente ofendido.
-¿Es eso lo que le preocupa? ¿de verdad? ¿que yo la...?- el joven no pudo terminar la frase por lo tonta que le parecía la insinuación- antes que nada, soy un caballero, majestad. No me aprovecharía de una dama de ese modo.
-Yo...- la platinada respiró con fuerza, queriendo tranquilizarse- estaba desnuda y...usted no debió estar allí.
-He visto más cuerpos desnudos de los que cree, seguramente el suyo no es tan diferente a los demás.
El tono arrogante de su habla sólo aumentó el color en las mejillas de la chica.
-Los hombres son tan impulsivos y tan...
Fue interrumpida por una suave risa. El enojó fue reemplazado por diversión en el cuerpo del pecoso, realmente era graciosa la inocencia de la mujer frente a él.
-Reina, no debe preocuparse en ese aspecto. Veo que no lo sabe, pero a los nobles nos educan para no ser "tan impulsivos".
-No me interesa- declaró intentando sonar firme.
-Pues debería, cuando se casé le sera verdaderamente útil.
-Mi futura vida marital no es tema para tratar con usted.
-Sí pudiera quedarme, le ayudaría un poco. Usted sabe, para hacerle justicia a su próximo esposo.
-No haga ese tipo de comentarios...ya es suficiente.
-No era mi intención avergonzarla, sólo digo que usted debería aprender un poco...ya sabe, para no dejar que su esposo la opaque en nada.
-Basta...
-Aunque yo no soy el adecuado. Siéndole sincero, usted me inspira muchas cosas, majestad, excepto deseo.
Elsa sintió una punzada extraña en el pecho.
-Su opinión me tiene sin cuidado- mintió.
-Me alegra... Volviendo al tema importante, si usted pensará un poco más fríamente...
-Y ¿me dice eso a mí?- preguntó con burla.
Vio cómo una media sonrisa formarse en el rostro masculino, dándole un aire tan despreocupado y relajado.
-Sí, que ironía. Pero reina, debería darme otra oportunidad...
-¿Debería? ¿En serio? ¡que arrogante!
-¿Perdón?
El color volvió a subir a sus mejillas de porcelana al darse cuenta de que había pensando en voz alta.
-¿Arrogante? ¿le parece que soy arrogante?
-Claro que sí...lo es, de hecho.
-Bueno...pues debería considerar seriamente el no despedirme, usted acaba de ofenderme.
-¿Qué?
-Me llamó arrogante, me ofendió al expresar su mala opinión de mí sin importarle si eso me causaría alguna molestia. Algo que yo nunca he hecho.- dijo esto último con tono de advertencia.
-Eso...usted...¡no! No jugará conmigo- afirmó señalándolo- he tomado mi decisión y usted se va.
