Larga noche

Kristoff jamás había visto las mejillas de Anna tan rojas, o sus labios tan hinchados por el exceso de besos...y debía admitir que esa visión le tenía fascinado. No quería acercarse demasiado, temía que ella se diera cuenta de que estaba excitado, muy pero muy excitado. No pudo evitarlo, su novia era tan curiosa y juguetona, le acariciaba la lengua con la suya, mordía sus labios, jalaba su cabello y siempre meneaba las caderas en su afán por acercar sus cuerpos. Y por si fuera poco, en el baile hicieron una danza en la que pudo percibir su cuerpo de una manera diferente...donde se comportó de una manera tan posesiva. Él no sabía controlarse, era prácticamente novato en el asunto. Si conocía algo de la vida marital, era meramente por las cosas que algunos trabajadores se decían entre ellos y escuchaba por curiosidad, sumándole a unas chicas que decidieron iniciar su vida galante con el chico dulce.

A ellas les gusta esto. Debes ver esa parte y hacer esto. Esto se toca con las manos, esto con la boca.

Imaginarse el cuerpecito de la pelirroja, a su merced y siendo libre para devorarla lo había atormentado desde hacía tiempo. Casi podía oir sus dulces gemidos, sentir sus cortas uñas en su espalda desnuda, el sabor de su sudor y de su elixir secreto. Deseaba acariciar su carne interna y sentirla palpitar alrededor de su miembro cuando estuviera dentro de ella...¿cuánto gritaria en esos momentos? Se mataba al querer ver sus senos, que parecían tan pequeños con toda su ropa elegante, quería tomarlos, morderlos, comerlos y saborear sus pezones, que se imaginaba rosados y diminutos.

-Anna...ya...basta- jadeo entre besos.

-No- protestó ella acercando y juntando nuevamente sus labios.

-Sí...Anna...necesito detenerme- suplicó con desesperación.

-Pues detente- resolvió ella empezando a besar su cuello.

Sus besos eran tan torpes pero atrevidos, tan calientes y demandantes.

-No...puedo...

-¡Tonterías!- la boca de su amada subió por su mandíbula.

-Detente...tú- rogó verdaderamente desesperado. No quería deshonrarla, la amaba demasiado, pero ya había perdido el control de su cuerpo y no quería perder también la cordura.

-No quiero- decretó ella volviendo a unir sus labios en un beso húmedo y salvaje.

-No debo...- volvió a insistir.

-Ya cállate Kristoff- reprendio mordiendole el labio inferior- y hazme todo lo que quieres hacerme.

El cerró los ojos e inhalo con fuerza, apartando con delicadeza el rostro del de ella.

-¿Sabes lo que quiero hacerte?- preguntó nervioso.

-Un poco- su respuesta fue más vacilante, convenciendo al rubio de que debía parar.

-Son cosas malas- mintió para hacer que se arrepintera- y puede que no te gusten o te parezcan incómodas.

Había logrado enfriarse un poco y pensaba con más claridad.

-Si vienen de ti y...tienen mínimo la mitad de amor que tus besos, me encantaran.- afirmó acariciando tímidamente su pecho, por sobre la ropa.

-Yo te amo, pero...no puedo controlarlo.

-No te pido que lo hagas.

-Y...¿si lo hago mal? ¿Si te desagrada?- se sentía realmente asustado, ella era su adoración y temía dañarla. No tenía más de tres chicas como experiencia, y en esas veces se había portado como un verdadero animal...él era tan brusco y ella tan delicada.

-Y ¿si yo lo hago mal? ¿Si a ti no te gusta?- le preguntó ella inocente.

-¡Imposible!- ¿cómo podía siquiera imaginarse eso? Ella era Anna, su Anna, cualquier cosa que ella hiciera en la intimidad le gustaría, porque simplemente así lo sentía.

-¿Ves?

Entonces él cayó en la cuenta de lo que quería decirle. Tan simple como que había amor de por medio y eso lo haría perfecto y placentero.

-Pero...aún no es momento.

-¿Por qué?

-Debemos estar casados

-Hoy nos comprometimos.

-No es lo mismo.

-Agg, que pesado...- la pelirroja volvió a besarlo- así garantizare que te casaras conmigo...eres hombre de honor.

-Y por eso mismo no...- fue silenciado por uno de los delgados dedos femeninos.

-Sólo hazlo y ya, no pienses...yo quiero, quiero hacer lo que sea que vamos a hacer contigo hoy y aquí. Creo que hemos estado hablando demasiado.

-Esta bien- cedió aún nervioso.

Acuno su pequeña cara entre sus gruesas manos y le dio un beso tierno, que la chica se encargó de ir profundizando.

Su delgada y dulce lengua se abrió paso entre su boca seca, acarició lentamente sus labios y luego chocó con la suya. Él le dio un leve mordisco y se acercó un poco más, acariciando su cuerpo hasta llegar a su cintura, para atraerla hacia él. Oyó un leve suspiro y él mismo soltó uno...y apenas iniciaban.

Le abrió un poco las piernas y se posiciono entre ellas, sin dejar de besarla, se arrodillo y le tomó la cadera con ambas manos, para levantarla. Con poca delicadeza la dejo caer en la cama y se quitó la chaqueta de señorito que tuvo que llevar en el baile, quedando sólo en camisa. Ella abrió de nuevo las piernas y los brazos para recibirlo a su lado.

Estaba vez iban más lento, pero aún sentía su sangre hervir. Tal vez era una princesita inocente pero ¡oh, por Dios! Cuánto deseaba llegar a más con su amado. Sintió la enorme boca besando con demanda su cuello y cómo aquel bulto entre sus piernas chocaba con sus faldas, esa sensación la hizo desear tocar aquello.

-Kristoforo- llamó entrecortadamente.

-¿Sí?- respondió separandose de su cuello, dejando un rastro de saliva en su piel.

-Qui...quiero ver...que...que hay...entre tus...piernas- pidió vacilante.

-Yo también...no te apresures- pidió con una extraña sonrisa- primero quiero verte yo.

Colocó una mano debajo de su espalda y con facilidad le desato el vestido. En un rápido movimiento la sentó en la cama, frente a él y le bajó la prenda hasta la cintura. Comenzó a desvertirla lentamente, besando cada nuevo lugar que quedaba expuesto a sus ojos y hambrienta boca. Ella se lo permitía todo con suspiros y risitas, era tan adorable. Cuándo logró dejarla sólo con el fino camisón tomó aire profundamente, debía resistir aún más, quería apreciar su cuerpo virginal. Dirigió una mano hacia su cabello y empezó a desatar el elaborado peinado, arrojando las horquillas junto al vestido y el estúpido corsé. Las pelirrojas tiras de pelo cayeron con gracia por sobre sus hombros y tras su espalda, él lo peinó un poco. Al ver sus hermosos ojos azules, no pudo evitar inundarse de amor. Le tomó la nuca y junto sus frentes, sin apartar las miradas.

-Te ves tan angelical- declaró.

Volvió a besarla, siendo correspondido con urgencia. Bajo una mano hasta el inicio de la delgada prenda y la deslizó por su cuerpo, la recostó de nuevo y tuvo que contener el aire...

Su cuerpo era aún más bello del que alguna vez llegó a imaginar, ahí estaba el cuello de cisne, los pechos coronados de rosado, la diminuta cintura, los rizos pelirrojos y las largas y delgadas piernas; pero más bellos, simplemente más hermosos.

-¿Te...te gusta?- la oyó preguntar con timidez. ¡Qué pregunta tan tonta!

-¿Es en serio? ¡Me encanta!- afirmó con una sonrisa. Ella agradeció con el mismo gesto. Con nerviosismo acarició su boca con el pulgar, empezó a pasearse por la mandíbula, el cuello y la clavícula, titubeante se detuvo en un pecho. Alzó la mirada para ver la reacción de su novia, quien empezaba a respirar con dificultad. Deslizó el dedo por el contorno y acarició el pezón, sintiendo al instante cómo se endurecia. Tragó saliva y siguió acariciando, paseandolo por entre los dedos, hasta que su boca demandó su derecho. Quitó la mano y agacho la cabeza hasta él. Comenzó besando los alrededores, pero oir los jadeos que la dueña de sus atenciones soltaba sin querer, lo animaron a besarlo. Sintió como ella empezaba a arquearse y chupó, atendió el otro pecho con la mano, acariciandolo como hizo con el primero.

Anna no podía evitar suspirar, él succionaba y mordía sin detenerse, aumentado la intensidad con cada gemido que ella soltaba. Lo atrapó con los dientes y jalo un poco, robandole otro aliento. Sintió su callosa y gruesa mano bajar por su cintura, acariciarla y juguetear con su ombligo; mientras su boca empezaba a devorar el otro pecho.

Dejó escapar un gritito cuando un dedo entro en su intimidad, aferró con fuerza las sábanas y se mordió el labio, apretando los ojos. Él comenzó a entrar y salir, haciendo que se mojará poco a poco; sin aviso metió un segundo dedo y ella lo apremio con un gemido sonoro. No sabía que parte de ella estaba acariciando, pero le mandaba sensaciones placenteras a todo el cuerpo.

-Sí, así- oyó murmurar contra su vientre al rubio, al tiempo que introducía un tercer dedo, robandole otro grito. Esta vez entraba y salía con más rapidez, rodaba los dedos y los introducía más adentro, tocando partes de las cuales no conocía ni el nombre. Sus dedos le acariciaban el interior y su boca lamía su vientre, demasiado, eso era simplemente delicioso. Sin saber cómo, ella sintió un golpe de intenso placer que expresó sin reserva con la voz, alzando las caderas. Poco a poco la sensación la abandonó, dejándole medio adormilada.

La boca masculina subió a su rostro, besaba los párpados y los pómulos, deleitandose con el sabor salado que el sudor les dio. Pero entre sus atenciones, sintió de nuevo el bulto acariciar sin querer su pierna.

-Kris...-susurró- quiero ver.

Él no vaciló esta vez, se levantó de golpe y se deshizo de la camisa con desesperación. Anna se sentó llena de curiosidad y observó el fuerte torso, con los músculos bien formados y dos pezones cafés que lo coronaban. Alargó una mano hasta él y empezó a acariciarlo, entrecortandole más la respiración. Con la misma urgencia se desato los pantalones y la demás innecesaria ropa, dejando su miembro totalmente libre. Su prometida abrió los ojos cómo platos, pero no pudo evitar sonreir.

-Que...grande- alabó sin saber que decir.

-Gracias.

Kristoff juntó de nuevo sus bocas y se tumbó con ella, besando su piel con tanta urgencia y deseo.

-Anna...necesito entrar- pidió.

-¿En...en mí?

-Ajá

-¡Oh, sí! Por favor.

Él sonrió con lujuria y se acomodo mejor entre ella, apoyándose en los antebrazos y aferrando la almohada.

La beso más tiernamente mientras empezaba a dirigirlo, tuvo un intento fallido, pero con calma lo intento hasta que entro. Ahí estaba, descubriendo partes desconocidas de la pequeña princesa de forma que nadie nunca haría. Se alejó de sus labios y fue hasta su cuello, dónde inhalo profundamente su olor. Se abrió camino con lentitud, sintiendo cómo el estrecho interior se resistía un poco a la invasión. Cuando se topo con esa barrera que la mantenía pura, tomó un poco de impulso y la embistio para romperla.

Ella lo rodeo con los brazos, intentando apaciguar el dolor, aún cuándo quería tenerlo dentro y estaba dispuesta mantenerlo y comtinuar, no podía evitar el dolor. Cuando su novio volvió a verle la cara, la descubrió levemente desfigurada por el esfuerzo de no mostrar sufrimiento. Con ternura beso su hombro desnudo y susurro un "todo esta bien" para tranquilizarla.

Dejó pasar unos segundos para que ella se acostumbrará a la idea de tenerlo dentro. Cuando creyó había pasado un tiempo prudente, y debido a las suplicas de su cuerpo, empezó a moverse con cuidado, de manera lenta y agonizante.

Ambos jadearon suavemente, inconscientemente Anna le acarició las caderas para que aumentará el ritmo. El dolor prevalecia, pero la necesidad de continuar con el acto era más poderosa.

Él la obedeció y con un poco más de velocidad continuo el meneo, liberando gemidos cada vez más continuos y salvajes. Mejor de lo que había imaginado, el interior de la joven le abrazaba el miembro, palpitaban juntos al mismo son y lo bañaba con su agua prohibida. Tan dulce, cálida y estrecha, demasiado para soportar.

-Anna...-jadeo con dificultad.

-Kristoforo- suspiró ella.

-No puedo...- aclaró desesperadamente- Anna...yo...¡perdón!

La pecosa no entendió, hasta que sintió que las embestidas eran más rudas y veloces, sus caderas chocaron violentamente, Kristoff apretó con fuerza las sábanas que había a los lados de su cabeza y gruñó contra su mejilla. Y aquello le pareció magnífico, el dolor mezclado con las extrañas caricias que recibía en su intimidad le provocaban algo que disfrutaba. Meneo también su cintura para llevar el ritmo del rubio. Clavó las uñas en los hombros robustos y echó la cabeza para atrás, sintiendo desesperados besos en la garganta. El miembro tocó un punto en ella que la llenó de infinito placer, que recorría desde el cabello hasta los pies, intensificadose en la unión que mantenía con él. Arqueo el cuerpo sin querer y bautizó al clímax como a su amado.

-Anna- gritó aquel cuando su cuerpo se llenó también, mordió delicadamente su piel y gritó totalmente extasiado. Sintió algo tibio y líquido vaciarse dentro de ella, y luego el montañés se dejó caer. Ella lo recibió feliz en su regazo, atrapando el cuello con una mano y acariciando el cabello de oro con la otra. Ambos respiraba entrecortadamente, sudaban y temblaban por los espamos, pero jamás se habían sentido tan dichosos.

-Lo siento- susurró el muchacho contra su pecho.

-Shh- tranquilizó ella masajeandole la cabeza.

Kristoff salió con cuidado, disfrutando de ese último contacto intimo, se apoyó en los codos para verla, le apartó un cabello mojado del rostro y plantó un beso puro en sus labios semiabiertos.

-Perdón, debí ser más cuidadoso, pero no pude...¿estás bien?- preguntó con visible preocupación.

Anna le sonrió y acuno su enorme mejilla en una de sus manos, acariciandolo con el pulgar.

-Dijiste que sería malo, que no me gustaría o me resultaría incómodo- recordó- pero ha sido la mayor prueba de amor que alguien me haya dado jamás.

Su pequeño cuerpo fue apretujado por los brazos fuertes de su querido, en un brazo de ternura y amor.

¿Que tal? Sí, soy nueva también en eso del lemmon xD pero quiero ser capaz de escribir cualquier cosa.

En este capítulo quería empalagarlas y hacerlas vomitar arco iris, porque si algún día nuestra pareja favorita llega a esto, no será para nada asi :v

¡Gracias por leerme!

Opiniones, quejas y sugerencias haganmeslas llegar por medio de un review :3.

¡Bye!