Los personajes de Naruto no son míos, son de Kishimoto... la historia si es de Lorraine Heath

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ACLARACIÓN

Será una adaptación, sin embargo haré algunos cambios, sobretodo con el personaje de Karin, en la historia original es un personaje odioso al ser una Mary Sue que sinceramente aborrecí, y cambiaré un poco el amor del protagonista por Karin, en esta versión sale un poco porque la sustituiré con otro personajes en ciertas ocasiones.

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Espero disfruten esta historia, la cuarta de esta serie de adaptaciones; así como yo lo hice.

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CAPÍTULO 24

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Juugo irrumpió en la habitación como si liderara a los jinetes del apocalipsis. Le había costado un poco más de lo habitual abrir el cierre de la verja exterior. Habían tardado más en encontrar a Tenten porque tuvieron que enfrentarse a los conductores y lacayos de Kamizuru. La puerta principal estaba abierta y la gente que había en el interior de la casa se sentía a salvo en su pequeño mundo. Juugo y su grupo se habían ocupado del mayordomo. No había más sirvientes en la casa. No cabía duda de que los discípulos de lo que fuera que hicieran allí habían decidido que lo mejor era que hubiera pocos testigos de su depravación. Pero encontrar la habitación correcta en aquella monstruosa residencia había resultado más difícil de lo que a Juugo le habría gustado. Había sido el eco de los cánticos lo que les había conducido en la dirección correcta, y luego los gritos les confirmaron que habían dado con el lugar que buscaban.

Dispararon por encima de las cabezas, más con el objetivo de distraer e intimidar que con el de hacer daño. Seis hombres vestidos con batas rojas y dos mujeres —que se esforzaban por recuperar sus chales— se habían tirado al suelo como las serpientes que eran y se cubrían la cabeza con las manos. Uno de los hombres ya se retorcía en el suelo e intentaba quitarse de encima el demonio que pretendía hacerle todo el daño que pudiera. Juugo, que sabía que se trataba de Tenten, se sintió tentado de dejarla seguir, de permitir que saciara su sed de venganza, pero debía asegurarse de que no sufría ningún daño. Pero, ¡Dios!, estaba gloriosa dejándose llevar por la furia.

Cogió la tela de seda que había en el suelo y, aunque deseó tener algo mejor que ponerle, la envolvió con ella e intentó alejarla de Kamizuru con cuidado. Pero ella se resistió también a él. Estaba perdida en la locura del veneno que le habían dado y a causa de los horrores que habría tenido que presenciar. La rodeó con los brazos y la sujetó lo más fuerte que pudo hasta colocarla sobre su regazo.

Cuando Kamizuru intentó alcanzarla, Uchiha posó su bota sobre el pecho del marqués y le apuntó con la pistola en la cabeza.

―Yo no lo haría si estuviera en tu lugar. Ya deberías saber por mi reputación que no tengo ningún problema en matar nobles. No me importaría añadirte a mi lista.

Kamizuru se apartó con la virilidad hecha pedazos.

Juugo meció a Tenten mientras las lágrimas resbalaban por las mejillas de la joven y se le estremecía todo el cuerpo.

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―Ya está, cariño. Ahora ya estás a salvo.

―Es peor que su hermano ―sollozó.

―Lo sé. ―No quería preguntárselo, pero tenía que saberlo. Enterró la cara en su pelo, se acercó a su oreja y susurró―: ¿Te ha lastimado?

Ella negó con la cabeza y se relajó un poco.

―Lo único que ha hecho ha sido asustarme. ¿Cómo iban a hacerlo?

―Porque son unos enfermos y unos pervertidos. No puedo explicarlo. ―Miró por encima de su hombro y vio al cochero y el lacayo de Otogakure atando las manos de los demás hombres y mujeres.

Kakashi, apartando la vista para salvaguardar la modestia de Tenten, se agachó junto a Juugo.

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―¡Dios, aquí hay tres lores! Y una de estas mujeres es hija de un duque.

Juugo asintió. Aquella información no le sorprendía en absoluto. Personas ociosas buscando algo que llenara sus vidas. Personas con influencia que pensaban que nadie les podía tocar.

―Los llevaremos a la puerta trasera de Scotland Yard. Sir Kabuto encontrará la mejor forma de manejar este asunto. Mételos en sus carruajes y avisa a sus cocheros de que si no cooperan responderán ante Scotland Yard.

―Bien. ―Kakashi miró rápidamente a Juugo antes de volver a apartar la mirada―. ¿Cómo está Tenten?

―Está temblando. Pero es una chica valiente.

―Tu Tenten ha sido una auténtica leona.

Su Tenten. ¡Dios!, esperaba que eso fuera verdad, pero no sabía si ella le perdonaría por lo que había ocurrido aquella noche.

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A Tenten no le importaba no llevar nada excepto aquella tela de seda. Lo único que quería era salir cuanto antes de aquel terrible lugar. Pero Juugo insistió en encontrar su ropa y vestirla adecuadamente mientras el cochero de Otogakure iba en busca del carruaje.

Ahora estaban solos en aquella casa. Sus amigos habían decidido dividirse entre los demás coches para asegurarse de que los sinvergüenzas que esperaban en su interior llegaban a Scotland Yard.

Tenten, apoyada sobre Juugo, estaba exhausta debido a la droga que le habían dado y a aquella terrible experiencia. Él la había rodeado con el brazo y la acariciaba con la mano de una forma muy reconfortante.

―¿Cómo me has encontrado? ¿Cómo supiste dónde debías buscar?

Él se puso tenso; parecía prepararse para recibir un golpe.

―Nunca abandonamos la residencia de Otogakure.

Ella negó con la cabeza.

―Pero Tamaki…

―Ella fue a los jardines, pero sir Kabuto y varios hombres de Scotland Yard fueron con ella. No puedo explicarlo, Tenten. Tenía la sensación de que se me escapaba algo. Kamizuru parecía demasiado dispuesto a facilitar información y, a pesar de los terribles actos que había cometido su hermano, casi parecía disfrutar explicándonos la clase de monstruo que era su hermano. ―Cambió de postura, la cogió de la barbilla y le subió la cabeza hasta que la pudo mirar a los ojos―. Perdóname, Tenten, pero no podía decirte lo que sospechaba. Yo sabía que te darían alguna droga, tal como hicieron con Tetsuya, y eso podría provocar que dijeras cosas que les hubieran alertado de que los estábamos persiguiendo.

Ella alargó el brazo y tocó su querido rostro.

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―¿Crees que llegará un día en que seremos completamente sinceros el uno con el otro y no haya secretos entre nosotros?

―Te prometo que de hoy en adelante será así.

Ella asintió y enterró la cabeza bajo su hombro. Esperaba que sus palabras fueran ciertas.

Tenten no recordaba haberse quedado dormida. En realidad, no quería dormirse. Quería disfrutar del poco tiempo que estuviera entre sus brazos. Pero se despertó cuando él le posó los labios sobre la sien.

―Tenten, ya hemos llegado.

Ella suspiró y se esforzó por abrir los ojos. Suponía que la droga seguía siendo responsable de aquel letargo. Pero entonces se despertó de golpe al comprender que por fin sabría lo que realmente le había ocurrido a su hermana Tamaki. Sin embargo, la sensación de alerta desapareció enseguida, y si no hubiera sido porque Juugo la rodeaba con el brazo y la ayudaba a subir los escalones, no estaba segura de que hubiera podido evitar volver a dormirse.

El mayordomo abrió la puerta. Juugo la acompañó al salón y Tamaki se levantó a toda prisa del sofá; ¿quién era el hombre que estaba sentado junto a su hermana? Tamaki corrió hacia ella y la abrazó como si le fuera la vida en ello.

―¡Oh, Tenten, querida Tenten!, ¿estás bien? ¿Te han hecho daño? ―Se apartó un poco y observó el rostro de su hermana, le tocó la mejilla y el pelo, como si necesitara convencerse de que estaba viva y lo bien que se podía esperar debido a las circunstancias―. ¿Qué es lo que te han hecho?

Tenten se obligó a sonreír e intentó deshacerse del letargo de nuevo.

―Nada.

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Tamaki miró a Juugo.

―Le han dado una droga o algo parecido para que se sometiera a su voluntad con más facilidad, pero enseguida se dieron cuenta de que no es fácil manipularla ―dijo él―. Aún no se ha recuperado del todo.

―Oh, entonces es mejor que te sientes ―le ordenó Tamaki a su hermana.

―Sí, eso me gustaría. Me encuentro muy insegura.

Tamaki la acompañó hasta un sillón. Tenten se sintió muy cómoda cuando percibió como el sillón le envolvía todo el cuerpo.

―Tenten ―dijo Tamaki arrodillándose delante de ella y tocándola de nuevo―, ¿de verdad que estás bien?

Ella asintió.

―Ella lo rechazó ―dijo Juugo con orgullo en la voz―. Ha estado soberbia.

―Siempre lo ha sido. ―Tamaki le estrechó las manos.

―¿Dónde está Kakashi? ―preguntó la vizcondesa.

Fue entonces cuando Tenten se dio cuenta de que ella también estaba en el salón.

―Está bien, Karin. Ha ido con los demás a acompañar a esos canallas a la cárcel. Enseguida volverá a casa ―le dijo Juugo.

―¡Oh, gracias a Dios!

―Entonces supongo que yo también debería ir para allí ―dijo una profunda voz.

Tamaki sonrió, miró hacia arriba y luego volvió a centrar la atención en Tenten.

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―Este es sir Kabuto. Él fue quien estuvo conmigo en los jardines.

Era un caballero de aspecto distinguido, con el pelo plateado y los ojos oscuros. Hizo una pequeña reverencia.

―Señorita Lee, es un placer conocerla. Lamento que haya tenido que pasar por esta terrible experiencia esta noche, pero apreciamos mucho la ayuda que nos ha prestado para llevar a esos canallas ante la justicia.

―De nada. ―Las palabras parecieron absurdas en cuanto las dijo. Ella lo había hecho para completar la venganza por la muerte de Tetsuya. Sin embargo, su mente funcionaba muy despacio y no sabía qué más podría decir.

―Tenten ―dijo Tamaki con excitación en la voz―, sir Kabuto cree que no fui yo quien mató a Kamizuru.

―Eso está bien. Cuanta menos gente…

―No, no. ¡Realmente no cree que lo hiciera yo! Dice que, por lo visto, Kamizuru estaba vivo cuando yo me fui y que alguien llegó después y lo remató.

―¡Oh, Dios mío! ¿Entonces no le mataste tú?

―Exacto. Lo más probable es que su hermano sea el culpable. Tiene mucho sentido, ¿verdad?

A pesar de lo aturdida que estaba, Tenten percibió la desesperación en la voz de Tamaki, las ganas que tenía su hermana de que las cosas hubieran sucedido tal como las contaba sir Kabuto y ella pudiera ser inocente de haber asesinado a aquel hombre. Tenten asintió.

―Oh, sí, tiene mucho sentido.

Tamaki se inclinó y la abrazó con fuerza.

―Oh, Tenten, quizá todo acabe saliendo bien después de todo.

Tenten miró por encima del hombro de Tamaki a los dos hombres que esperaban con expresiones inescrutables en el rostro, y pensó que quizá su hermana estuviera en lo cierto.

―Señorita Lee, me tengo que ir ―dijo sir Kabuto―. Espero que no tenga ningún inconveniente en que venga a visitarla mañana por la tarde para asegurarme de que se ha recuperado de todo lo que ha ocurrido esta noche.

Tamaki se dio media vuelta para mirarlo.

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―Oh, sí, señor. Estaré encantada de que venga usted a visitarme.

―Estupendo. Juugo, le espero fuera. Cinco minutos. Aún nos queda trabajo por hacer.

―Le acompañaré fuera, sir Kabuto ―dijo Tamaki mientras se ponía en pie.

Juugo ocupó su lugar y se arrodilló delante de Tenten.

―¿Estarás bien?

Ella tuvo la sensación de que asentía. Se preguntó cuánto tardaría en volver a estar en pleno uso de sus facultades.

―Solo estoy muy cansada. ―Le tocó la cara. Él volvió el rostro hacia el interior de su palma y la besó.

―Preferiría no tener que dejarte ―dijo él.

Ella también preferiría que no tuviera que irse, pero sabía que no tenía elección. También se dio cuenta de que debía tranquilizarle.

―Quiero que alguien los castigue. Quiero que paguen por lo que han hecho.

―Yo me ocuparé de ello. Te lo prometo.

―Sé que lo harás.

Entonces Tenten escuchó el ruido de la puerta al abrirse y unas rápidas pisadas. Karin cruzó la habitación a toda prisa.

―¡Kakashi!

Tenten levantó la cabeza y vio cómo la vizcondesa rodeaba al vizconde con sus brazos y lo abrazaba mientras enterraba la cara junto al cuello de su marido. Juugo miró por encima de su hombro en dirección a la pareja justo cuando Kakashi empezaba a llevarse a su mujer de la habitación.

―¿Crees que buscan privacidad? ―susurró Tenten.

―Quizá nos la estén dando a nosotros ―respondió Juugo en voz baja.

La cogió de la barbilla con suavidad, se inclinó hacia delante y le dio un tierno beso en una de las comisuras de los labios, y luego en la otra, como si por algún motivo ella fuera más frágil de lo que jamás lo había sido, cuando, por extraño que pareciera, se sentía más fuerte que nunca.

Antes de que él se apartara del todo de ella, Tenten posó los labios sobre los de él y le besó profundamente, asegurándose de que comprendiese que no lo creía culpable de nada de lo que había ocurrido aquella noche, y que le creía, que ya no habría más secretos ni mentiras entre ellos.

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Karin insistió en que Juugo y sir Kabuto se llevaran el carruaje para acabar con el trabajo que les quedaba por hacer aquella noche. Mientras el coche recorría las calles, Juugo estudiaba la silueta de sir Kabuto, que estaba sentado delante de él.

―¿De verdad cree que Tamaki no mató a Kamizuru?

Sir Kabuto suspiró y volvió la cabeza para mirar por la ventana.

―Esa mujer es muy poca cosa, Juugo. No creo que tuviera la fuerza de clavar la daga con la profundidad suficiente.

Juugo pensó en cómo Tenten había conseguido poner de rodillas al nuevo lord Kamizuru.

―La venganza por una hermana a la que se amaba es una poderosa motivación. Eso podría darle a cualquiera la fuerza necesaria.

―Lo siento, Juugo. Pero yo no lo veo así. Yo creo que es más probable que ella le apuñalara, que el marqués se quedara inconsciente, y que cuando su hermano entró en la biblioteca en busca de su copa de brandy nocturna, decidió que en realidad no le importaría ostentar el título. Entonces acabó lo que había empezado la señorita Lee. Tú eres el mejor hombre que tengo. Me sorprende que no hayas llegado a la misma conclusión. Piénsalo bien.

Juugo sintió el peso de la mirada de sir Kabuto.

―La verdad es que el nuevo Kamizuru está cortado por el mismo patrón que su hermano.

―Ahí lo tienes ―dijo sir Kabuto.

―Sin embargo, una puñalada en el pecho es algo de lo que uno no se recupera fácilmente. Aunque su hermano no hubiera acabado el trabajo, es bastante posible que Kamizuru hubiera acabado muriendo a causa de la herida. Y si le había alcanzado el pulmón…

―Puede que sí, puede que no. Es difícil de decir.

―Para que me quede claro, señor, ¿pretende usted culpar al nuevo lord Kamizuru de la muerte del anterior marqués?

―Eso depende, Juugo. ¿Mi mejor hombre cree que las cosas sucedieron tal como yo las he descrito?

Juugo recordó haber estudiado la herida y que Tamaki le había dicho que había apuñalado a Kamizuru y luego se había retirado. La hipótesis de sir Kabuto era probable. Y si no había ocurrido de ese modo, tampoco quería pensar que Kamizuru pudiera arruinar la vida de otra de las hermanas.

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―Sí, señor. Creo que podría haber ocurrido como usted supone.

―Me alegro de escucharlo. Yo me encargaré de escribir el informe, y los dos testificaremos ante la Cámara de los Lores si nos citan.

―Sí, señor.

―Y ahora que ya hemos solucionado este desagradable asunto, cuéntame todo lo que sepas sobre la señorita Tamaki Lee, la verdadera Tamaki.

Juugo se rio y se dispuso a hacer exactamente lo que le había pedido.

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Trataron a Tenten como si fuera una auténtica princesa. Tamaki y Karin la bañaron y le lavaron el pelo. La secaron y le trenzaron la melena. Luego la ayudaron a ponerse el más suave de los camisones. Cuando Tenten se metió en la cama, Tamaki se estiró junto a ella y se abrazaron la una a la otra, igual que cuando eran pequeñas, y como lo hicieron la noche que descubrieron el cuerpo de Tetsuya a los pies de los acantilados.

Dejaron de compartir la habitación poco después de que muriera su padre y Tamaki se trasladara a otro cuarto. Pero aquella noche necesitaban estar juntas. Sin embargo, había un vacío en aquella cama.

―La echo de menos ―dijo Tamaki como si pudiera leer los pensamientos de Tenten.

―Tamaki, yo… ―dejó que se le apagara la voz.

―¿Qué ocurre, hermana?

―Esta noche he sentido que ella estaba allí conmigo. En aquella horrible habitación. Que estaba allí, animándome, dándome las fuerzas para atacar a Kamizuru. Quizá me haya perdonado por haberle gritado.

―Oh, Tenten ―Tamaki la abrazó con fuerza―. Ella ya sabe que no lo decías en serio.

―Eso espero. Lo daría todo a cambio de poder recuperarla.

―Lo sé. Yo también.

Estuvieron tumbadas en silencio durante algunos minutos, cada una perdida en sus pensamientos sobre Tetsuya. Recordaron su dulce naturaleza y su espíritu aventurero.

Cuando hubo pasado un buen rato, Tenten dijo:

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―Tamaki, háblame de sir Kabuto.

La risa de Tamaki resonó por la habitación.

―¿No te parece un hombre absolutamente maravilloso?

―¿Cómo ocurrió todo?

―El señor No Tenpi…

―Puedes llamarle Juugo.

―Está bien. Juugo me acompañó hasta el carruaje, me ayudó a subir y allí me encontré con un hombre que esperaba sentado entre las sombras. Era sir Kabuto, el superior de Juugo. Juugo me dijo que sir Kabuto se ocuparía de mí mientras estuviera en los jardines. Yo estaba muy nerviosa. Pero sir Kabuto me tranquilizó con suaves y reconfortantes palabras. Parecía tener mucha fe en mí.

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»Me explicó que tenía más hombres en los jardines y que también estarían vigilando. Lo único que yo debía hacer era pasear por allí hasta que se me acercara alguien. Pero nadie lo hizo. No puedo imaginar en qué estaba pensando Kamizuru para venir aquí y secuestrarte. Tendría que haber sabido que ellos sabrían que él era el culpable. Ese canalla no se esforzó en absoluto en esconder lo que se proponía hacer.

Tenten intentó recordar lo que había escuchado en el carruaje.

―Creo que todo formaba parte del juego. Actuar de una forma tan atrevida y tan arrogante. Y luego encontrar la manera de salirse con la suya. Estaba convencido de que nadie podía tocarlo.

―Me pregunto qué van a hacer con él.

―Y con los demás ―susurró Tenten―. Todos deben pagar por lo que han hecho. Yo sé que Juugo y sus amigos disponen de los medios suficientes para conseguir castigar a alguien que se lo merece poniéndolo en el lugar de otra persona que no lo merece. Deberíamos haber confiado en él desde el principio, Tamaki.

―Pero confiamos en él ahora. Eso también debería contar.

Se quedaron en silencio durante un rato y entonces Tamaki dijo:

―La vizcondesa se ha ofrecido a introducirnos en sociedad.

―Yo lo único que quiero es volver a casa, Tamaki .

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