Sentimientos de último día
Empañaba con su aliento frío el cristal, y bien sabía que si no fuera por los guantes el libro que sostenía ya seria un bloque de hielo. Pero no pudo evitarlo, desde esa ventana tenía una vista privilegiada de aquellos dos. Y algo en su interior se revolvía y la golpeaba sin césar. Ella, su eterna compañera (cuyo nombre se negaba a recordar), ahora tenía la chaqueta de él en los hombros y era transportada en su regazo ¡pff! Cómo si no pudiera caminar. Y cómo si él tuviera que ser siempre el príncipe encantador que la hacía reir sin parar. Se veían tan felices juntos y parecián una verdadera pareja perfecta. ¿Qué color de cabello contrastaba mejor con el rojo de Hans? ¿Su pelo rubio o el negro de la otra? ¿Qué color de ojos armonizaba mejor con los verdes de él? ¿sus ojos celestes o los negros de la otra? ¿quién se vería mejor a su lado? ¿ella, tan segura y con ese andar tan elegante? ¿o la otra, con su cuerpo fuerte, su sonrisa burlona y cinica, su cuerpo bien delineado y su aspecto salvaje, pero sofisticado?
-Ese libro es bueno- la extraña voz la sacó de sus pensamientos. Bufó con fastidio y se giro para encontrarse con el invasor. Arrugó el entrecejo y le dedico una mirada cargada de reproche ¿por qué tenía que molestarla? Aumentó su frustración cuándo vio que quién invadia su privacidad era el principito feo que se negó a bailar con ella e hizo más horrible el baile. ¿Qué hacía ahí? Claro, seguramente se quedaría unos días, según entendía su reino no era un lugar muy cercano y como buena anfitriona les había ofrecido hospedaje, y ellos lo aceptaron. No podía reprenderles eso. Pero le molestaba que tuviera que ir justamente a donde ella estaba, aunque no podía negarle el acceso a la biblioteca.
-Sí- se limitó a responder, quería que él entendiera que no lo quería cerca.
-Debo admitir que el autor es muy bueno, lo leí cuando recién salió y me sorprendió bastante que alguien fuera capaz de crear un ser como Heathcliff.- comentó paseandose entre los estantes de libros.
Ella no respondió, esperaba que eso fuera suficiente para que se largara.
El chico suspiró y dejó de caminar, para dirigir su mirada hacía ella.
-Entiendo que este molesta y que no tenga razones para querer hablar conmigo, pero por favor, deme la oportunidad de justificar mi trato con usted la noche de ayer. Créame cuando le digo que me siento verdaderamente arrepentido por haber sido tan...mezquino.
El tono de su voz no podía ser más falso, aquello no era lo que realmente quería. Se imagino que su padre lo habría obligado y casi podía sentir su impotencia al no tener más opción que obedecer.
-Tiene razón- respondió de igual forma- no deseo hablar con usted. No por lo de ayer (mentira) simplemente no me siento con ánimos para hablar con nadie.
Acto seguido se levantó y se encaminó hacia la puerta. Dándole la espalda y haciendo que el muchacho enarcara ambas cejas.
-Así, que si me permite- hizo una reverencia y cerró la puerta.
Salió de ahí hecha una furia. No se sentía para nada bien. Su estómago estaba revuelto y la cabeza le daba vueltas.
No entendía la necedad de todos esos hombres por casarla. Sí, ella era una reina y Arendell era uno de los lugares más prósperos del continente, pero le parecía estúpido que creyeran que al casarse cedería todo eso. Ja' al parecer aún la creían una muchachita tonta.
Entró con prisa al estudio en cuánto llegó. Pero se detuvo apenas vio a su hermana ahí, como siempre, descansando la cabeza en el asiento del trono y con los ojos cerrados, como si durmiera. Bufó sin querer, haciendo que la pelirroja saliera de su ensoñacion poco a poco.
-Elsa- dijo con voz melodiosa y baja.
-¿Qué haces aquí? Creí que a estas horas estarías con Kristoff o perdiendo el tiempo por ahí con Olaf- el enojo era lo que reinaba en su cuerpo, había dicho aquello sin pensar.
La pequeña arrugó levemente el entrecejo y le regalo una mirada confusa.
-No, Olaf está jugando con Hans y su amiga.
Sin querer la rubia frunció los labios. Ese par, otra vez. Como deseaba ya no escuchar hablar de ellos o verlos...
-...y Kristoff- prosiguió Anna sin notar la molestia de su hermana- bueno...él esta un poco distante hoy ¿sabes?
-¿En serio?- preguntó con desinterés y llevándose una mano a la frente, para masajearse las sienes e intentar apaciguar el dolor. No sentía ánimos para hablar con nadie, ni siquiera con ella.
La menor se levantó con pereza y se dirigió a la ventana, recargando la frente en el cristal. Tenía ganas de desahogarse. En cuanto Kristoff salió de su recámara pareció haber decidido ignorarla. Intentó besarlo una o dos veces y él se negó, al principio se molestó, pero luego entendió que se debía a lo que habían hecho. Cuando intentó tocar el tema, el rubio la evadio argumentado que tenía mucho trabajo y no debía demorarse. Y así la dejó. Decidió que no le tomaría importancia y que ya después se sentarían a hablar, pero estar sola la hizo sentirse melancólica.
-No sé porque- respondió a una pregunta no formulada- bueno, tal vez si- rió suavemente y se llevó las manos al pecho. Aunque su querido novio lo considerara un error o algo que debió evitarse, ella no cambiaría esa noche por nada del mundo. Sabia que podía haber esperado a casarse, pero esa sensación de estar haciendo algo prohibido, saber que sus sentimientos más impuros era correspondidos en la misma proporción, le hacían sentir unas cosquillitas en el estómago. Cuánto desearía que el dueño de su corazón lo viera de ese mismo modo. Aunque tal vez sólo estaba asustado y sentía culpabilidad. Lo entendía, sí lo entendía. Pero le demostraria que estaba equivocado y que no había razones para arrepentirse. Hablaría con su hermana y ella le ayudaría, incluso podrían adelantar la boda un poco.
-Elsa...puedo...- apretó los ojos y respiró hondo- ¿puedo hablar contigo?- preguntó con duda.
-¿No estábamos haciéndolo ya?- la reina se sentó en la enorme silla y echó la cabeza para atrás. Necesitaba tranquilizarse. Debía encontrar alguna manera de no enojarse, de verdad era malo.
-Sí, sí. Pero más...seriamente- enfatizó la última palabra, para que le quedará claro que de verdad era algo importante.
-Adelante- cedió la mayor intrigada. Raramente tenía conversaciones serias con su hermana, así que aquello debía serlo en verdad.
La pelirroja se dio la vuelta y caminó hacia ella. Dejándose caer a sus pies y tomándole las manos. Aquello incómodo un poco a Elsa, parecía cómo si su hermana fuera una sierva que le rendia una especie de tributo o alabanza. O cómo si fuera a rogarle por su vida.
-Bueno, yo, amm...- tartamudeó sin saber muy bien cómo iniciar- realmente sí se porque Kristoff esta algo "distante".
-Ah ¿si?
-Sí, y bueno, no es algo muy fácil de hablar. Porque es algo incómodo. Pero sé que debo decirlo porque ahora tenemos un "pacto de confianza" y...
-Anna, por favor, sin rodeos.- interrumpió rodando los ojos.
-Bien, bien...¡uff! Bueno ja' amm. Kristoff está, bueno, se siente algo culpable porque hicimos algo que no debíamos hacer je' ¿sabes?
La rubia arrugó el entrecejo.
-¿Qué fue lo que hicieron? ¿Rompieron algo?
-No, precisamente. No hay nada roto por ahí.
-¿Entonces?
-Pues...-acarició sus palmas cin algo de ansiedad- ¡oh, Elsa! Esto es tan difícil. No te imaginas cuánto, quiero ser de lo más sincera y todo eso, aunque me cuesta trabajo ¿me entiendes?
-No. Anna, estás preocupándome. ¿Qué pasó? ¿Olaf sigue con vida? ¿Hans tiene alguna cicatriz? ¿se acabó el chocolate?- le cruzaron mil travesuras por la cabeza, no podría imaginar que su hermana hiciera algo realmente grave.
-Elsa...lo diré de una forma simple.- soltó aire y cerró los ojos- Kristoff y yo...pasamos la noche...no, no...Kristoff y yo "consumamos" nuestro compromiso.
Le costó un poco a la reina entender.
-¿Qué consumaron su compromiso?
-Ajá
-Lo siento, estoy confundida.
-Pues- el rostro de la princesa adquirió un color muy rojo y sus manos comenzaron a sudar- Elsa, digamos que yo ya no soy una señorita con...¿virtud intacta?
-¿Virtud intacta?
La pequeña si que no sabias explicarse, sólo la confundía más. ¿Consumar? ¿Virtud? ¿A qué se refería? La verdad la golpeó cómo un balde de agua muy caliente, tanto que quemaba.
-¡Anna!- gritó escandalizada- ¿qué tú y...?- sus mejillas también se cubrieron de rubor y se sintió extrañamente nerviosa.
Soltó sus manos de las de Anna y se levantó, abanicandose con ellas, empezó a caminar de un lado a otro en un intento por tranquilizarse. Le costaba creer que aquello era verdad. Le...daba vergüenza saber que su hermana había hecho algo tan indecente y...¡agg! No existían palabras que describieran ni un poco los sentimientos que la inundaban.
-Sí, pero no pasa nada ¿cierto?- escuchó preguntar a sus espaldas.
Se detuvo y giró para observarla.
-¿Hablas en serio?- preguntó con incredulidad y molestia.
La pelirroja se encogió de hombros.
-Claro que sí.
-¡Por favor, Anna! ¿Qué no pasa nada? ¿Te das cuenta de lo que hiciste? ¡Te deshonraste!
-Pero...voy a casarme con él. Malo hubiera sido sí...
-¡No! Daté cuenta de que eres una princesa, tienes una imagen que cuidar y...
-Nadie debe saberlo.
-¿Y eso qué importa? ¿Eh? El que nadie lo sepa no disminuirá tu desvergüenza.
Anna abrió los ojos y la boca con sorpresa y sintiéndose un poco ofendida. En ese momento se arrepintio de haber ido a hablar, al parecer su hermana no estaba de buen humor. La miraba con reproche y tenía los puños cerrados, sumándole el descenso de temperatura. Simplemente aquel no era su día de suerte.
-No soy una desvergonzada- se defendió suavemente- Elsa, si...
-¿Ah, no? ¿Y entonces que nombre recibe lo que hiciste?
-Amor...
-¿Amor? ¿¡Amor?! No, no te confundas...el amor es paciente. Si Kristoff te amara de verdad no te habría manchado de ese modo.
-Hablas como si lo que hicimos fuera cosa del demonio. Pero no es así, ya deberías saberlo. Además no eres quién para poner en duda el amor de Kristoff hacia mí- ella aún mantenía un tono neutro, no quería empeorar la situación, pero empezaba a molestarle la forma en que hablaba Elsa y las cosas que decía.
-¡Sí lo soy! Tú aún estás bajo mi cuidado, no debí permitir que algo así pasará.- Elsa sentía la cara enrojecida y el estómago contraído, además de la garganta seca y ardiente por gritar tanto. Pero ya no podía detenerse, de mala manera había encontrado la forma para expulsar todos los sentimientos que habían en su interior.
-No fue tu culpa- declaró la menor con ternura.
-¡Claro que no! Pero no debí darles tanta libertad, no debí permitir que él viviera aquí antes de casarse ¡fui una tonta!- se reprendio.
-¡No, no! Elsa, no es verdad. Las cosas...
-¿¡Y tú que sabes?!- gritó estallando por completo- ¡sólo vas por la vida jugando y viendo el tiempo pasar! Sin preocupaciones ni obligaciones. Siempre haciendo lo que te viene en gana.
-¡Eso no es cierto!
-¿No? La tontería que hiciste sólo es la prueba de que tengo razón...¡deberías saber que pensar antes de actuar también sirve!- escupio. La princesa apretó los labios y los puños, mientras ella intentaba regular su respiración.
-Con su permiso, majestad- anunció Anna pasando a su lado y saliendo del estudio.
Elsa gruñó y lanzó un rayo a la ventana.
Muajaja ¿tardé en actualizar? Lo sé. Pero simplemente creía que el Helsa no se veía por ningún lado y las ideas me abandonaban. Así que decidí irme por situaciones drásticas y dramáticas para unirlos :3 ya en el siguiente capítulo entenderán xD espero no tardar tanto en publicar el que sigue...ya los tenía escritos pero formatee mi celular y olvide copiarlos :v así que ya sé que pasará y todo.
Gracias por leer.
*¿Emocionadas por el estreno de Frozen 2? Por si no lo sabían, ya se confirmó que su estreno será el 27 de noviembre...de 2019 :/ bueno, algo es algo xD
