Ya había empacado las pocas cosas que tenía y sólo le restaba que el día llegará a su fin para marcharse. Por alguna razón le invadia la felicidad y las ansias por verse libre al fin de Arendell. Finalmente acabaría todo.

Se echó un último vistazo al espejo y acomodó un par de cabellos rebeldes. Se puso los guantes y volvió a colocarse la chaqueta. El sol comenzaba a ocultarse y ya era hora de irse. Caminó con pasos alegres hacia su destino. Peinándose y preparándose para su compromiso. Parecía un poco narcisista, pero se había preparado una cena. Sí, sólo para él. Sí, él la había organizado. Con pastel, chocolate, té y deliciosos sándwiches. Eso sería tan maravilloso, sentía su boca aguadarse al imaginar los manjares que degustaria. Estaba tan feliz e impaciente, tal vez jamás había hecho algo como eso, y por ello estaba contento y rebosante.

Saludó a algunas mujeres que aún trabajaban en la lavandería, recordandole la sábana que todavía escondía en su habitación. Debía lavarla, no lo olvidaría. Sería el trabajo que pondría fin a su servicio, debería tenerle cierto aprecio.

Dobló la última esquina antes de llegar a las afueras del palacio. La nieve combinada con el atardecer regalaban una vista verdaderamente hermosa. Se detuvo de golpe y luego sonrió. Decidió que se regalaría una última estupidez.

Colocó las rodillas en el suelo, en posición de arranque. Su pulso empezó a acelerarse por la emoción, el viento le acariciaba generosamente el cabello y lo despeinaba. Contó mentalmente hasta tres y se echó a correr. Movía las piernas con toda la velocidad que podía, compitiendo contra rivales invisibles. Era difícil correr con esa ropa y ese clima, pero no se detendría. Cuando visualizo la meta tomó un poco más de impulso y respiró hondo. Un contrincante le rozaba los talones, la meta estaba cerca y... sintió que sus pies se enredaban. Con un gritillo dio un salto y llegó al final resbalandose en la nieve. Pero ganó, a pesar de las adversidades ganó. Y se felicito por ello. Giró el cuerpo y empezó a reir sin parar, tan feliz y emocionado por nada.

Los caballos que se encontraban en el establo también le felicitaron y festejaron con relinchidos alegres.

Agradeció, al tiempo que se levantaba y sacudía, haciendo una pronunciada reverencia. Soltó el aire de sus pulmones.

-Bien, bien. Señores, gracias por su apoyo- entrelazó ambas manos y luego las movió en son de triunfó- ahora, es hora de comer ¿no creen?

Todos los equinos estuvieron de acuerdo, él rió con aprobación, negando divertido con la cabeza y caminando hacia los pedazos de paja que servirían de mesa para su cena. Tomó la botella de vino que le regalaron las cocineras, alzó una ceja y sonrió, parecía una bebida de calidad. La destapo y se sirvió un poco, lo copeo y luego lo tomó, dejándolo unos momentos en la boca. Realmente era bueno, no cómo los que probaba antes, pero lo era. Con un sabor dulce y a la vez embriagante.

-¿Saben?- preguntó mirando la copa y soltando un suspiro- a Sitron le hubiera gustado estar aquí, mucho, diría yo. La primera vez que vinimos estaba tan feliz, y ¡al parecer le gustó el invierno!...mi pobre amigo ¿cómo estará ahora?

-Seguramente bien- respondió una voz melodiosa a sus espaldas- alguien me pidió que diera órdenes de que así fuera.

No tuvo que voltear para saber de quién se trataba. Tomó lo que quedaba del vino y vació sus pulmones en un suspiro exagerado.

-Pues, se lo agradezco, majestad. Es usted muy considerada.

Elsa pudo distinguir algo de sinceridad y fastidio en sus palabras, hubiera querido responder del mismo modo, pero no pudo. Se quedó embelesada por la vista que su espalda ancha y elegante le regalaba, no recordaba haberla visto antes. Se fijaba en su rostro, cabello, manos e incluso pies, pero sobretodo en sus ojos y pequitas. Debía admitirlo, todo su exterior era tan perfecto. Tan añiñado y a la vez varonil, tan gentil y a la vez cruel...

-No hay de qué- dijo caminando para colocarse frente a él y sentarse en otro pedazo de paja.

Hans juntó el entrecejo al verla con su ropa de dormir ¿qué no era ella la que una vez le habló de la virtud y demás? Que irónica era la vida para que ella estuviera ahora frente a él medio desnuda, en la oscuridad de la noche y alejados de la mayoría de las personas. Sólo esperaba y no lo congelará esta vez.

-¿Vino?- preguntó mostrando la copa. Ella negó suavemente con la cabeza, él se encogió de hombros y se sirvió otro poco. Tomandolo de un trago, tal y como el vino no se tomaba.

Se hizo una silencio que a la rubia incomodaba y al pelirrojo relajaba. Sin duda la reina había traído un bonito olor consigo, aligerando el aire, que olía medio a estiércol medio a aromatizante natural de yerbillas. Pero ella con su olor de la realeza y tan cercano había mejorado los aromas.

-No sabía que gustaba de hablar con caballos- comentó sin mirarlo, paseando sus ojos celestes por las caballerizas que el hombre frente a ella se encargaba de mantener limpias.

Sin mirarlo, adivinó que alzó los hombros y tal vez le dirigía la mirada, pero no supo si era a ella o algún animal que había detrás suyo.

-Y yo no sabía que usted gustará de escuchar pláticas ajenas- dijo tranquilo.

-Estamos en mis caballerizas y hablaba a un volumen tan alto que resultaba imposible no notarlo- se defendió mirándolo a la cara.

-Pero eso no le da derecho a escucharme, pudo sólo oirme o simplemente ignorarme.

-Nunca dije que lo escuché, ni siquiera sé de que hablaba con los animales.

-Por eso me aseguró que mi caballo estaba bien.

Elsa se ruborizó sin saber que responder al verse descubierta. Sí, lo había escuchado cómo boba. Cada locura que dijo e hizo...

-Touche- declaró él quitándose los guantes.

-¡Claro que no! Yo...estaba paseando por aquí y lo...oí, me dio curiosidad y decidí investigar. Llegué a tiempo para escucharle hablar de Sitron y la preocupación que le despertaba su estado.

Mentira.

Paseaba por ahí y lo vio correr, quedándose como encantada por esa imagen. Vio que su destino era su lugar actual y decidió quedarse. Lo escuchó hablar y no pudo evitar sentir algo en el estómago al ver esa parte tan humana de él. Cómo un niñito. Peor aún, no evitó querer calmarlo al verle inquieto.

-¿Vino?-volvió a ofrecer.

Esta vez ella aceptó tímida, no deseaba emborracharse pero necesitaba calmar los nervios. Tomo con manos inseguras la copa que él le extendió y bebido lentamente el líquido, degustando su sabor. Admirando igual que el pelirrojo lo bien que caía al paladar.

-Me enteré que pronto será su cumpleaños- comentó Hans mientras extendía una mano para tomar uno de los sándwiches.

-Sí- respondió- de hecho, más pronto de lo que cree.

-¿En serio? ¿Cuándo?

-El 22 de este mes.

-Faltan 4 días.

-Sí.

-Interesante.

Ella se limitó a reir.

-Y ¿cuándo debemos festejarlo a usted?- preguntó después de un rato, bebiendo lo último de vino que quedaba en su copa.

-Uhmm...bueno, pues todavía poco menos de un año.

-¿Cómo?

-Sí, ya paso mi cumpleaños en este.

-¿Cuándo?

-Un día.

-¿Qué día fue?

-Uno...en noviembre.

Elsa rodó los ojos con cierto fastidio, provocando la burla del caballero.

-Bien, si no quiere decirme, no insistiré. No me enseñaron a rogar.

-La educaron muy bien, entonces.

-Eso parece. Soy la reina.

-Sí, créame, no lo olvido.

-Más le vale.

-O si no ¿qué?

-No querra retarme- señaló mostrando la palma de su mano y dejando salir un poco de nieve.

Hans sonrió de lado y levantó las manos, rindiendose. La rubia rió divertida.

-¿Qué hace tan tarde aquí?- preguntó el pelirrojo arrebatandole la copa y sirviendose más vino.

-Nada, me costaba conciliar el sueño y decidí salir a pasear.

Él asintió llevándose el líquido a los labios.

-Y ¿usted?

-Celebraba.

-¿Celebraba?

-Sí.

-¿Qué cosa? ¿haber sido despedido?

-Exacto.

Ella arqueo las cejas verdaderamente sorprendida, y en su interior se revolvieron otros sentimientos. ¿Él se sentía feliz de...dejarla? ¿Cómo se atrevía? Era una arrogante, insolente, mal educado.

-Tal parece que no deja atrás nada importante.

-No, realmente no.

-Ni siquiera a su "amiguita".- deseo al instante no haber dicho aquello, pero no pudo evitarlo

-¿Sugelly?- preguntó mirándola con sorpresa y hasta confusión.

-Cómo sea- respondió con marcado desdén.

-No la dejaré- aclaró tranquilo- ella se va conmigo.

-¿Qué?- el tono en su voz la delataba. Se había enojado un poco, sólo un poco. Y Hans lo notó. Quiso sonreír, pero no lo hizo.

-Sí, ella me acompañará. Nos iremos juntos.

-Y ¿con premiso de quién?- preguntó con sorna.

-¿De quién necesitamos permiso?

-¡Mío!- exclamó como si se tratará de la cosa más obvia del planeta- ella trabaja para mí y nadie me ha notificado su renuncia.

-Porque no renunció.

-¿Entonces?- sí que estaba incrédula. ¿O era que él estaba jugandole una broma? Sí era así, estaba empezando a ser muy pesado.

-Ibamos a fugarnos.

-Claro- dijo- como hacer algo decente con esa "señorita"

-No tiene porque hablar así de ella.

Ya no respondió y se limitó a fijar la vista en un punto indefinido de la pared. ¿Tan importante era esa muchacha como para no irse sin ella? No lo entendía. ¿Por qué? ¿qué fue lo que hizo para que él la quisiera? Sería su forma tan peculiar de ser, su belleza exótica... Pues lo que fuera, ella no lo tenía ¿de qué servía ser la reina si eras derrotada por una cocinera, sirvienta o lo que fuera? Tantos años de estudio derrumbados por una forma salvaje de comportarse. A los hombres les gustaba eso, seguramente. Anna también era atrevida e intrépida y tenía a Kristoff. Pero ella, con su elegancia, discreción y buenos modales, no parecía atraer a nadie más que cazafortunas. La vida sí qué era extraña.

-Debe amarla mucho- susurró.

-Sí- afirmó él.

Elsa cerró los ojos y respiró hondo. ¿Por qué le importaba? ¿Qué más daba si la amaba o no? Eso no era de su incumbencia...pero no lograba evitarlo. Debía aceptar su triste realidad.

-Me preguntó porque no se han casado entonces- comentó sin mirarlo.

Hans dejó de masticar unos momentos su sándwich, para verla.

-Porque no, eso sería muy...innecesario, sobrante y sin sentido.- respondió escogiéndose de hombros.

-¿Sin sentido?- abrió los ojos y los dirigió hacia él, confundida- si la ama tanto un matrimonio no lo es. Usted quería casarse con Anna la misma noche en que la conoció, supongo que...

-Esperé- pidió con una seña de la mano- ¿usted cree que yo estoy enamorado de Sugelly?

-¡Pues claro!

-¿Por qué?

-¿Cómo qué por qué? Me dijo que la amaba.

-Y la amo.

-¿Entonces?- poco faltaba para que se desesperara y gritara por la confusión. De verdad que a ese hombre le gustaba sacarla de su juicio.

-Pero no del modo en qué cree.

-Entonces ¿de cuál?

-Del modo en que usted ama a Anna.

-No, ése es amor de hermanas.

-Y yo a ella la considero mi hermana.

-Pero...ustedes estan todo el tiempo juntos, se abrazan, bailan ¡he visto cómo la mira! Como si nada fuera posible sin ella y todo...

-¿Nunca ha tenido un amigo?- interrumpió.

Y ¿eso por qué era importante? De verdad que no lo entendía.

-Claro, tengo a Anna, Kristoff, Olaf y, ¿por qué no?, Sven.- decidió seguirle el juego, para ver a dónde quería llegar.

-Y ¿usted quisiera casarse con Anna, Kristoff, Olaf o Sven?

-¿¡Qué!? ¡Claro que no!

Qué pregunta tan estúpida ¿cómo ella iba a querer casarse con su hermana, o con el novio de ella o con otros que no eran humanos? Eso era una locura.

-¿Lo ve?

-Pero es diferente. Usted es un hombre y ella una mujer.

-Usted es una mujer y Kristoff un hombre.

-¡Es el prometido de mi hermana!

-Y ella es sólo mi amiga.

-¿Sólo su amiga?- de pronto su corazón dio un saltito- y ¿no desea casarse con ella? Digo, ustedes se ven muy felices cuándo estan juntos.

Él se quedó unos momentos pensando, cómo si estuviera considerando el asunto.

-Sería interesante- resolvió- con ella mi vida nunca es aburrida y no lo sería aunque nos casáramos, mantendría nuestro hogar siempre lindo y no debo ni dudar lo bien que cocinaría, tendriamos platicas muy interesantes y refrescantes. Y en las noches...- una sonrisa boba se formó en su rostro ante sus sucios pensamientos- y me daría hijos muy bellos- continuó- ella les daría una muy buena educación, sería una envidia entre mis cuñadas y las demás mujeres. Obviamente se vería mucho más bella con mejor ropa...creo que podría ser muy feliz.

Elsa se maldijo internamente al verlo. Sin darse cuenta lo había empujado hacía la muchacha.

-Pero no puedo, Sugelly es como mi hermanita. Ni siquiera soporto la idea de besarla...me siento enfermo.

Sin querer, la rubia sonrió. Le gustó oir eso, le gustó mucho.

-Creo que tendría más posibilidades de casarme con usted que con ella- concluyó dándole otra mordida a su alimento.

A la reina se le detuvo el corazón.

-¿Conmigo?-intentó no sonar emocionada o algo parecido, pero una boba sonrisa se formó irremediablemente en su rostro.

-Ajá.

Se hizo otro largo silencio, Hans comía tranquilo y Elsa se miraba las manos. Un pequeño rubor cubrió sus mejillas. Él dijo que había probabilidades de casarse con ella. No sabía porque eso era importante, pero tampoco era relevante. Tal vez porqué le gustaba saber que le había ganado en algo a la chica esa.

-Y ¿qué tal está Anna? No la he visto en todo el día- el príncipe rompió el silencio apenas terminó el primer sándwich.

-¿Anna?- preguntó asombrada.

-Sí.

-¿Por qué?

-Bueno, es que cuándo iba con el joven príncipe...no recuerdo su nombre, nos la topamos. Y aunque intentó actuar normal, llevaba los ojos llorosos. Quisiera saber si algo anda mal.

Se imaginaba la razón, no era estúpido. Por mucho tiempo juró que esa muchachita no lloraba o que incluso no tenía sentimientos, por eso le intrigo verla así. No tardó en juntar las piezas del rompecabezas. Bien ¿y eso que le importaba? No desperdiciaria la oportunidad de herirla una última vez.

-¿Llorosos? ¿mucho?- la preocupación era palpable por su tono de voz.

Él asintió.

-¡Oh! Anna, hermanita.

¿Cómo no pudo pensar en eso antes? Le dijo cosas horribles y no la dejó explicarse.

-Yo...la traté mal- susurró- ella me dijo algo y yo...me moleste mucho ¡ohhh!

Se escondió el rostro entre las manos y ahogó un grito de frustración.

-¿Es por lo que pasó entre ella y su novio?- su pregunta la tomó por sorpresa. Alejó las manos de su cara y lo vio acusadoramente.

-¿Lo sabía?

-Sí, yo los vi- afirmó tranquilo.

-Y ¿por qué no me dijo nada?- preguntó molesta.

-Ella me pidió discreción.

-¡Trabajas para mí, no para ella!

-Soy un sirviente del castillo, no su personal...

-¡Yo soy la reina! ¡Te mandaron para servirme a mí!

Se levantó y comenzo a caminar de un lado a otro. El pelirrojo le siguió al instante.

-Me mandaron para recompensar mis faltas cometidas, y si mal no recuerdo yo la traicioné a ella.

-¡Pero fue a mí a quién casi asesinas!

-¡Ya te cobraste muy caro eso!- dijo con un tono más alto. ¿Quería jugar un juego de palabras? Bien.

-Todos los días, con cada intento que hacía para agradarte, ¡tú me humillabas!

-No...no...yo...no- titubeo nerviosa.

-¡Sí! ¡tú! ¿Recuerdas que me lanzaste un rayo sólo porque fui a ver si estabas viva?

-Me asusté...

-Tú siempre te asustas. O cuándo me reprendiste por bailar, eso me costó el empleo...

-Coqueteaste con todas ¿o qué? ¿ellas eran unas resbalosas y tú no resististe sus encantos?

-Ni la una ni la otra. FUI AMABLE CON ALGUIEN DEL OTRO GENERO SIN TENER INTERESES SEXUALES- enfatizó apuntándola y acercándose- algo que tú no haces.

-¿Qué? Eso...¡no es cierto!

-¿No? Segura.

-Más que eso.

-Bien, me alegra.- dijo mientras daba media vuelta y volvía a sentarse.

Ella lo vio confundida y sorprendida. Él si que era raro y extraño y tonto.

-Además- dijo tomando el otro sándwich- podría jurar que fuiste una bruja con Anna.

-¿Qué?- al oir el nombre de su hermana se le esfumo el enojo, aún cuándo la llamó bruja.

-Dijiste que fuiste grosera. ¿Le hiciste sentir mal por haber estado con su novio?

-Pues claro, hizo algo malo.

-¿Malo?- preguntó divertido.

-Malo- afirmó cruzándose de brazos.

-¿Por qué?

-Porque una mujer decente no...

-¡Ahí esta el problema!- interrumpió- si vas viviendo conforme lo que la sociedad cree adecuado tendrás una vida horrible. Intenta darme buenas razones por las que hizo algo malo, sin pensar en lo que la sociedad considera correcto.

-No puedo, soy la reina. Toda mi vida me educaron para gustarle a las personas, para hacer lp correcto. Y ella hizo algo que esta mal porque debió esperar y punto.

Hans se levantó y con pasos lentos se le acervo, quedando muy cerca de ella.

-Supongo que el amor no conoce de esas cosas- comentó suavemente.

-El amor es paciente- contraataco.

-¿Nunca se ha enamorado?

Otra vez se quedó muda. Otra vez le hizo una pregunta fuera de lugar. ¿Qué debía responderle? ¿qué sí? ¿Decirle la verdad?

-Ni siquiera entiendo muy bien que es el amor- confesó bajando la vista.

-Uhmm...debe ser algo muy bonito.

-Seguro.

-Bueno. Pues no juzgué entonces a una persona enamorada. Por lo que he visto son tan estúpidos como para hacer cada tontería. Sólo vealos, Anna se enamoró de ese chico, creyó estar enamorada de mí. El amor está muy loco.

-Lo sé, lo entiendo.

-¿De verdad?

-Sí...-se quedó pensativa unos momentos. Tal vez ese era el momento para aclarar ciertas dudas que la atormentaban desde hace tiempo- ¿puedo hacerle unas preguntas?

-Sí, supongo.

Ella se acercó un poco más a él, tanto que tuvo que mirar hacia arriba para poder verlo.

-Si me molesta que un hombre sea feliz con otra, si eso me pone muy enojada...- dijo en tono serio. El pelirrojo levantó una ceja extrañado por la pregunta.

-Son celos.- le respondió inmediatamente.

-Si me gusta físicamente un hombre, pero lo que más me gusta es oirlo hablar, sonreir, jugar y ser feliz...

-Seguramente se esta enamorando.

-Y ¿si yo quiero hacerlo feliz?

-Esta enamorada, supongo.- respondió con cierta duda- si siente celos y busca su felicidad, es lo más seguro.

-Entonces...supongo que estoy enamorada de ti- confesó poniéndose de puntitas y pegando sus labios a los de él.


Muajaja me gusta hacerla de emoción :3 ya, ahora sí pa' el siguiente capítulo empezara lo shido xD

Aclaración: según Jennifer Lee, el cumpleaños de Elsa es el 22 de diciembre.

No quise darle una fecha de cumpleaños a Hans porque no tenía ni idea de cuál ponerle :v

¡Chao! Beshitos y noa vemos pronto (?