Hola chicas... os traigo el siguiente con adelanto, no os quejéis ;).
Gracias por vuestros comentarios. Seguiré actualizando lunes o martes, pero si tengo un domingo tranquilo (como hoy) no descarto actualizar antes. Este capítulo es de transición, pero necesario. Se me hace muy largo (y quizá a vosotras) actualizar sólo una vez a la semana pero no puedo mantener un ritmo más rápido sin agobiarme... lo siento ;).
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Sobre vuestros comentarios:
Alexz Darcy Black, gracias por tus palabras. Un beso.
YoliCullen, me encanta tu comentario... cuando escribí esto aún no había empezado a leer los libros de la Hermandad de la daga negra, pero los vampiros son muy inspiradores, se llamen como se llamen. Y sí, se nota lo que estaba escuchando cuando lo escribí, eh? Un besote y gracias.
CindyLis, es cierto que hablar con alguien por chat es muchas veces más sencillo que en persona ;). Suerte para ti también.
Mentxu masen Cullen, ya era hora de que Ed se decidiera, eh? Veremos qué pasa hoy ;)
Leslycan, gracias por tu comentario y tu mail ;). Un beso.
ludgardita, veremos en qué acaban los consejos de Roxana :). Un beso!
JeniZuluCullenM, esperemos que el capítulo no te defraude...este... o el siguiente. Besos!
Cristal82, gracias, me gusta lo sencillo... en principio. Un besote.
bars-9, para lo del beta hablaré con Edward, creo que tiene lista de espera. Gracias y un besote.
jeka cullen s, veremos cómo terminan enterándose... besos!
Nurymisu, gracias a ti, hermosa, en serio, por todo: tu ayuda, tus palabras, tu compañía. Un besazo baboso.
lokaxtv, como la historia no es larga no creo que tarden en enterarse, pero veremos ;). Besos.
bellaliz, veo que eres fan de Jake, jajaja. Un beso.
Rocha... me alegro de que te haya quedado claro jajaja. De hecho, ellos hablan todo el rato de Crepúsculo, que aquí se llama Penumbra, y de Anthony (Edward) y Marie (Bella). Y sí, aún no he superado mi trauma de las plumas, y costará ^^. Un besote.
isa-21, veremos cuánto le falta a Ed por vivir... un beso!
Kyte1, gracias, espero que te siga gustando.
Capítulo 5
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—Ya la podía yo buscar anoche—rezongó Charlie para sí.—Hija, estás un poco despistada últimamente, ¿no te parece?—sacó la pasta de dientes de la nevera, junto con la leche.
—Lo siento, papá—Bella rió bajito mientras preparaba al café, y miró un momento a su padre, algo avergonzada.—Anoche me fui a la cama tarde... me iba a lavar los dientes, pero entonces pensé en tomar un vaso de leche caliente, vine a la cocina y... bueno, supongo que eso explicaría algo...
Lo cierto es que la conversación con su beta la había dejado un poco más en órbita de lo habitual. Después de colgar el capítulo se quedó tumbada en la cama, despierta, durante casi una hora, pensando en la charla que habían tenido. Hablaron con tanta confianza... y la conexión que sintió fue... Su beta le había parecido un hombre vulnerable, y era evidente por sus preocupaciones que había sido herido por alguna chica. Cada vez era mayor su curiosidad por él, y estaba tentada de pedirle que se conocieran, pero tenía miedo de pasar algún tipo de frontera invisible.
—Algo—Charlie, inspector de policía de Seattle, colocó el envase de leche sobre la mesa, se sentó y contempló a su única hija con una mezcla de cariño y preocupación. Era despistada como su madre y con la cabeza muchas veces en las nubes... aunque afortunadamente no llena de pajaritos como la de ésta. —¿Duermes bien?—Se sentía mucho más protector de lo habitual con ella, desde que su hija decidiera dejar la casa de su madre para olvidar su corazón roto y volver a empezar una nueva vida en la ciudad más lluviosa del norte de los USA.
—Sí... – las pocas horas que duermo, por lo menos. Se sentó a la mesa con la jarra de café y se sirvió cereales en un bol. Su padre tan sólo se sirvió un café en un enorme tazón.—¿Otra vez sin desayunar?—Bella alzó una ceja acusadora.
—Hija, hoy tengo prisa—el policía apuró el contenido del tazón sin apenas respirar.—Ya pararé en algún puesto de donuts—dijo muy serio.
—Ese chiste de policías es muy viejo, papá. Porque era un chiste, ¿no? Ya sabes que con el colesterol que tienes no puedes comer de eso.
—Sí, hija, lo era... –Charlie suspiró bajo su bigote. Su dulce hija era peor que el comisario Johnson a la hora de dar órdenes.
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—Olvídate completamente del orgasmo... si no haces más que pensar en el destino no disfrutas del camino, te distraes, te enfrías y es todo eso lo que no te permite llegar... ¿me sigues? El camino es más importante que el destino—repitió Jasper mirando a Edward fijamente.
—En serio, tío, deja de leer fics, cada vez hablas más raro—se burló el cobrizo, bebiendo un sorbo de su cerveza.
—¿Me sigues o no?—el rubio alzó ambas cejas.—Esto es serio, Edward.
—Vale, vale, te sigo—puso los ojos en blanco.
—Además, mira quién habla. Edward el beta.—Hizo una mueca burlona que se deshizo al contemplar la bobalicona sonrisa del cobrizo.—¿Hay algo que deba saber? Recuerda que soy tu terapeuta—su voz intentó ser profesional, pero la curiosidad le podía.
—Sí, claro, y ¿dónde está el diván?—Edward giró la cabeza de lado a lado, abarcando con la vista el pub donde se encontraban. Solían hacer sus sesiones informales en casa de Jasper, pero hacía un día soleado y brillante, y les apeteció pasear, y después de pasear refrescarse. —Ayer charlé con ella por Messenger—bajó los ojos y los dirigió a su cerveza.—Oye, se supone que no deberíamos hacer terapia bebiendo alcohol... puedo decirte cosas de las que luego me arrepienta. ¿Dónde está tu código profesional?
—No quieras despistarme ahora, Cullen, sólo es una cervecita y ya hemos comido—espetó el rubio, intentando olvidar el momento en el que Alice le sonsacó el problemilla de Edward. Esperaba que su amigo no se enterara nunca.— ¿Y? Dime más.
—Que me gustaría conocerla, creo que es especial... pero—añadió viendo que Jasper abría la boca—he tomado una decisión. Voy a intentarlo con... una chica.
—¡Bien!—el psicólogo flexionó los brazos con los puños cerrados.—Qué bueno soy—puso una mueca divertida y Edward le golpeó el hombro con suavidad.
—Vale, nene, no te emociones. No es sólo gracias a ti—se mofó.—Roxana también ha ayudado.
—Lo sé, lo sé. Pero no olvides que eso también es gracias a mí, es como si yo os hubiera presentado —sonrió el rubio con burlona petulancia, los ojos brillantes de alegría.—Oye, ¿quién es? Me refiero a esa chica con la que vas a intentarlo. ¿La conozco?
—Ya te enterarás—Edward sonrió enigmáticamente.
No iba a explicarle nada de eso. No era necesario para la terapia, y ya se daría cuenta. No quería a su hermana y su mejor amigo metiendo baza... antes de tiempo.
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—Buen culo, aunque seguro que no lo mueve mejor que mi Jasper—Alice susurró a la oreja de Bella, contemplando la retaguardia del último cliente de la tarde. Inmediatamente se dirigió a la puerta de la librería y la cerró con llave. –Se terminó el día de hoy—anunció, obviando la mirada fingidamente escandalizada de su amiga, quien no podía evitar sonreír. –Sí, tú ríe, ríe, que no veas cómo lo movió ayer—rió al ver que su amiga se sonrojaba.—En serio, Bella, lo tuyo es increíble. No sé cómo puedes escribir lo que escribes y luego sonrojarte de esa forma por lo que provocas.
—¿Provoco?—la interpelada abrió los ojos desmesuradamente, sin terminar de comprender.
—Sí. Jasper y yo leímos tu capítulo anoche. Y luego teníamos que desfogarnos del alguna forma, ¿no?
—Eh, eh, amiga, exceso de información—Bella agitó las manos en el aire, como un guardia urbano deteniendo el tráfico, aún más sofocada, mientras Alice se carcajeaba feliz.
—En serio, te quedó...—puso los ojos en blanco—. Hacía tiempo que no escribías una escena tan... intensa, romántica y caliente al mismo tiempo.
—Gracias, Alice—Bella sonrió tímidamente.
—¿Qué te ha dicho tu beta? Es el primer capítulo de este tipo que te corrige—inquirió con curiosidad.
—Le ha gustado—los ojos chocolate rehuyeron los de la morena para fijarse en una pequeña arruguita en el escote de su camiseta de tirantes. Esa semana estaba haciendo un calor muy húmedo en la ciudad y daban ganas de ir por la calle en bañador.
—Ya... –la contempló con atención y decidió dejar el tema. Estaba viendo que Bella parecía interesada de nuevo en un hombre virtual y no real, y no quería redundar en eso. –Venga, a ver si terminamos pronto y nos podemos ir al Pub. Tenemos que organizar un poco la salida del viernes. Al final vienes, ¿no?
—No sé—dudó la castaña.—A Jake no le va mucho la idea de quedar todos juntos.
—Ya lo imaginaba—la suspicacia tiñó su voz sin que pudiera ni quisiera evitarlo.
—Alice, es comprensible—el tono de Bella intentaba ser paciente.
—No, si lo entiendo. ¿Oye, y si quedáis primero vosotros dos, y más tarde os reunís con nosotros? Así nos aseguramos de que sigas viva y no a cachitos.
—Alice, para ya de decir esas bromas sobre Jake—se indignó Bella, ya agotada su paciencia.
—Perdona... en serio. No es un mal plan, ¿no? Así si no estás a gusto con él tienes una vía de escape, y si estás muy, muy a gusto... siempre puedes llamar para decir que no vienes. Aunque espero sinceramente que no hagas eso.
—Bueno...Sí... me parece buena idea—aceptó.
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El día era caluroso y el sol lucía aún luminoso y alejado del horizonte. No eran muchos los días de sol en aquella ciudad, así que cuando el astro hacía su aparición las calles se llenaban de más población humana de la que parecía soportar la ciudad.
Alice y Bella pasearon por uno de los parques, charlando, hasta que se hizo la hora en la que Rose salía de su trabajo de gerente en un gimnasio situado en el barrio del mercado de Pike. Las dos amigas pasaron a buscarla y se dirigieron al Pub donde solían reunirse las tardes que podían, el Pike Brewing.
—Y bien—Rosalie se abalanzó a beber su cerveza negra con ansia desmesurada. El calor no era algo a lo que un habitante de Seattle estuviera muy acostumbrado.—¿Al final dónde vamos a ir el viernes? Y lo más importante... ¿quiénes?—dirigió una penetrante mirada a Bella.
—Yo vendré con Jake, pero después de la cena—explicó, y le dio un largo sorbo a su bebida.
—Bueno, al final seremos nueve para la cena, y espero—Alice dirigió una rápida mirada a la castaña—que once para bailar.
—Me has dicho cuántos y he preguntado quiénes—espetó Rosalie. Alice entrecerró los ojos y dudó si contestarle. A veces la rubia se comportaba como una sargento.
—Tú y Emmet, Jasper y yo, Edward, Seth, Paul, Leah y Angela. Y más tarde vendrán Bella y Jake.
—¿Edward viene?—Rosalie alzó las cejas y Alice asintió, contenta.
Y, como si lo hubieran invocado, el estudiante de medicina apareció en la puerta del Pub y estiró innecesariamente el cuello, como buscando a alguien. Su cara se transformó con una sonrisa de oreja a oreja cuando las descubrió, y el corazón de Bella comenzó a latir de forma acelerada mientras contemplaba al cobrizo aproximándose a su mesa.
—Hola, chicas.—Para Bella la voz sedosa sonó infinitamente más agradable que la música ambiental y Edward posó sus ojos rápidamente en cada una de las componentes del grupo, hasta detenerlos en ella.—Emmet no podrá venir esta tarde, Rosalie. Se encuentra enfermo—pronunció sin mirar a la rubia. Sus ojos estaban anclados en la oscuridad de los ojos de Bella, quien tuvo que hacer un esfuerzo voluntario para respirar.
—¡Joder con las guardias de pediatría, cómo las odio! Cada vez que hace una al día siguiente o al otro está enfermo. ¡Qué ganas tengo de que las termine! Oye ¿por qué no me ha llamado él mismo para explicármelo?-protestó la rubia.
—Porque está afónico. Laringitis—explicó el estudiante de medicina, apartando a su pesar la vista de la cara de Bella.—Y para qué un mensaje, pudiendo venir yo en persona a daros la noticia—sonrió y el corazón de Bella pareció salirse de su pecho. Jamás había visto a Edward sonreír de esa forma... iluminaba su cara de una forma tan increíble que lo miró deslumbrada.
—Siéntate con nosotras, Edward—mientras este ocupaba un sitio vacío enfrente de Bella, Alice pensó que no podía dejar escapar la oportunidad. ¿O no era una oportunidad?—Podías haber llamado—pinchó. Necesitaba que lo dijera. Había percibido algo distinto en él, y quería comprobarlo. Dilo, Edward, por favor.
—Sólo me puedo quedar un par de minutos pero quería veros —explicó su hermano. Apoyó sus largos brazos sobre la mesa cómodamente, más cómodo consigo mismo de lo que había estado en muchos y largos meses, y miró a Bella cuando pronunció la última palabra, sus ojos concentrados en ella durante unos eternos segundos.
El silencioso ¡Bien! de Alice resonó tan fuerte en su cabeza que casi dudó de haberlo pronunciado en voz alta.
Bella no tuvo otro remedio que parpadear bajo la fuerza de esa mirada y se sonrojó. ¿Maldita sea, por qué mi cara es como un semáforo? Tomó su bebida, bajó los ojos y se concentró completamente en el fondo de su pinta de cerveza, sintiendo el calor subiéndole desde el tórax hasta la raíz del pelo.¿Lo estaba imaginando o de pronto Edward Cullen estaba demostrando interés por ella? No podía ser. ¿O sí? No entendía nada y odió sentirse tan confusa.
Hablaron de la salida del viernes y trazaron el plan. Cenarían en su restaurante chino favorito, y después acudirían al local de copas habitual, que tenía pista de baile. Edward apenas estuvo unos minutos, pero fue evidente para cualquiera que estuviera observando al grupo que Bella era como un imán para sus ojos, y aunque ésta apenas intervino en la conversación los iris esmeralda no podían evitar posarse continuamente en el rostro de la castaña, quien sentía unas ganas irrefrenables de pasarse el helado vaso por las mejillas.
—Bien, chicas. Me tengo que ir. Nos vemos el viernes—miró cálidamente a Bella como si estuviera ella sola sentada a la mesa. Después, su mirada y la de su hermana se cruzaron, los ojos de Alice con un mudo mensaje, los de Edward respondiendo de la misma forma.
—Y bien ¿qué ha sido eso?—la inquisitiva voz de Rosalie sonó mientras Bella aún miraba la puerta por donde acababa de desaparecer Edward. La castaña se giró para enfrentarse a los azules ojos, que la miraban como si acabaran de salirle antenas en la frente.
—¿El qué?—balbuceó Bella. Rosalie la estudió atentamente unos segundos, y cuando se convenció de que iba tan perdida como ella miró a Alice, quien sonreía de oreja a oreja.
—¿Habéis contratado a un exorcista, o algo?—pinchó la rubia.
—No sé qué ha pasado, pero... está volviendo—la felicidad irradiaba de la morena.
—¿Alguna me quiere decir de qué coño estáis hablando?—estalló Bella, sintiendo como si hubiera una cámara oculta o alguien se burlara de ella.
—Bella... tú hace poco que conoces a mi hermano, así que no te puedes dar cuenta de cuánto había cambiado... este de ahora vuelve a parecerse al Edward que yo recordaba—Alice la miró con dulzura, y Bella siguió pensando que se estaba perdiendo algo.
—Mira, el Edward de hace un año era capaz de hacer levitar tus bragas tan sólo alzando una ceja—aseguró Rosalie, y ella y Alice rieron. Bella continuó confusa... pero interesada ¿Edward y las mujeres?— Tú conoces a un Edward tímido con el sexo contrario—Rose bebió un sorbo y continuó.—Inseguro, sin interés por las nuevas relaciones, y hasta diría que pusilánime. No sé qué le pasó, pero por lo que he visto parece que está volviendo a ser él.
—¿Queréis decir que no es gay?—Bella alzó ambas cejas comprendiendo por fin el mensaje y abrió los ojos desmesuradamente.
—¡No! Mi hermano nunca lo ha sido ¿Qué te ha llevado a pensar eso? –la morena reflejó la expresión sorprendida de su amiga.
—Lo... lo escuché por ahí, por el campus... y como nunca lo he visto con chicas... creí...—su voz se apagó. Qué malentendido más tonto. Entonces... esas miradas de hacía unos minutos... dios. ¿Qué significaban?
—Tampoco lo has visto con chicos—continuó una flemática Rose, apurando su cerveza.— Bella... no me dirás que no te has dado cuenta de que sólo tenía ojos para ti.
—Espera, espera... Edward es hetero... es hetero...–repitió lentamente, como para terminar de hacerse a la idea— y me estaba mirando... a mí... —negó con la cabeza varias veces.—No, no puede ser. ¿Cómo se va a haber fijado en mí... un tío así?
Rosalie y Alice la miraron como si esta vez en vez de dos antenas tuviera media docena y seis pares de ojos. Esta vez fue Rose la que negó con la cabeza, incrédula.
—En serio, Bella Swan... ¿qué le han hecho a tu autoestima?—estrechó los ojos.
—No le pasa nada a mi autoestima—se defendió la castaña, ceñuda. –Sólo es que tengo ojos en la cara.
—Ojos que no ven—replicó la rubia, más ceñuda aún.
—Sí ven, y ven que un hombre como ése—señaló a la puerta del Pub con el mentón —no se puede fijar en una mujer como yo.
Rose tomó una bocanada de aire para replicar pero Alice la detuvo con un gesto de la mano antes de que abriera la boca.
—Vale. Ya. Ambas—las miró alternativamente. —Rosalie, es verdad que Edward parecía interesado en Bella, pero no adelantemos acontecimientos. Es la primera noticia que tengo—obvió el mensaje que se habían pasado con la mirada su hermano y ella... un mensaje que sólo ellos, acostumbrados a leerse las expresiones faciales, habían captado. Alice le había dicho "ten cuidado, es mi amiga", y él le había respondido "tranquila".—Además, Bella ha quedado con Jake mañana... a menos que hayas cambiado de idea por algún motivo...—la miró con mal disimulada esperanza y aquella negó, cruzando los brazos con testarudez.—Vale, pues no seamos entrometidas. Mi hermano y Bella ya son mayorcitos, Rosalie. Venga, os invito a la segunda ronda.
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La mañana del jueves, dos internos se dirigían a un punto concreto del hospital.
—¿Dónde vamos? El salón de actos no es por aquí—Emmet miraba a su alrededor confuso.—¿En qué aula es la conferencia sobre trastornos del sueño?
—Te voy a decir algo que te va a cabrear un poco—dijo Edward abriendo una puerta, tirando de repente de la mano de su amigo y haciendo que entrara en la luminosa consulta.
—Eres... no...—lo miró indignado, tanto que las palabras se atascaban en su boca.
—Hola, Edward, Emmet—la doctora Emma James, la especialista en medicina preventiva del Hospital, sonreía de oreja a oreja.
—Hola, Emma—sonrió el cobrizo.—Emma me recordó que todavía no te habías hecho la revisión que es obligada –acentuó la palabra— para todos los internos.
—Pues sí, no hay cosa peor que ser médico de otros médicos... nadie tiene tiempo para mí—hizo una encantadora mueca.—Pero todos los internos tenéis que haceros la revisión, sin mi informe no os dejarán seguir haciendo prácticas, y sin las prácticas...
—Suspenso seguro. Así que te dejo con ella—Edward palmeó la enorme espalda de su amigo.
—¿Y tú?—el moreno abrió los ojos desmesuradamente mirando a su amigo y de pronto pareció un niño desvalido. La doctora James frunció los labios sofocando una sonrisa.
—Ah, se me olvidó decirte que yo ya me la había hecho—compuso una cara de falsa inocencia.—Emma, por si a Emmet se le olvida decírtelo... ni ha pasado la varicela ni está vacunado.
—Hijo de...—apretó los labios para no decir lo que estaba pensando.—¡La he pasado, Emma!
—No te preocupes—la doctora se sentó tras su mesa de trabajo y tecleó en el ordenador.—Eso se verá en los análisis que te voy a pedir.
—¿Análisis?—miró a la doctora y esta vez pareció que los ojos se iban a salir de las órbitas.—Edward, te debo una—masculló, volviendo a mirar a su amigo, quien no parecía ni una pizca arrepentido.
—Emmet, es importante...—medió la doctora.— No puedes estar trabajando aquí sin una analítica completa, serologías... y de paso miraremos lo de la varicela. Hay gente que la pasa subclínica, ya sabes, sin la erupción. Y en serio... deberías mirarte eso del miedo a las agujas.
—No tengo miedo a las agujas—el enorme estudiante hizo una mueca—sino a que me las claven.
—Pues hazte a la idea de que hay que hacerlo, Emmet. Edward te acompañará ese día si hace falta—dijo muy seria la doctora.—Si te desmayas no quiero que estés solo.
¿Se podía estar más avergonzado? Emmet volvió a dirigir una mirada asesina a su amigo, quien hizo un gesto de disculpa y salió de la consulta.
Hasta el lunes o martes...Un beso a todas y decidme lo que pensáis!
