Feliz fin de semana. Os traigo la actu antes de tiempo. A partir de ahora actualizaré sábado o domingo, una vez por semana, y si puedo adelantar algún capítulo más algún día entre semana también podré colgar actu.
Os quería decir que he estado semana y media en blanco, bloqueada como mi Bella... sí, se me han rebelado los personajes. Menos mal que llevo unos pocos capis adelantados, si no... Ya os dije que quería hacer la historia corta, de menos de 12 capítulos, pero Edward se ha plantado y ha dicho que ni hablar. Después de intentar continuar con la línea argumental de cuatro formas distintas y de que él se haya negado a hacerme caso en todas he desistido: tengo que dejar que ellos me guíen. Sí, lo sé, tendría que haber hecho caso a Cyrano, jejeje. Eso significa unos pocos capítulos más, pero tranquilas que esto no va a ser Cambio de destino, va a tener menos de 20 capis, pero no me hagáis decir el número exacto. Por cierto, reeditaré la entrada del primer capi donde pone lo de la duración de la historia, recibiréis un aviso de nuevo capítulo, si es el número 1 no hagáis caso.
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Sobre vuestros comentarios:
Mentxu Masen Cullen, ya era hora, eh? Veremos a un Edward un poco más lanzado.
jeka cullen s, me he imaginado la escena que cuentas... ¡sujetándote entre 3 personas! ¡Madre mía! Yo lo paso muy mal cuando algún paciente mío no se deja vacunar, pero a partir de cierta edad (12-14 años) no les obligo, digo que es su responsabilidad y de sus padres. Lo contrario me parece agresión. Lo del miedo a las agujas es algo que yo respeto, pero el caso de Emmet es que no aprobará si no pasa el examen médico, y Edward lo ha hecho por él ;).
Leslycan, veremos qué pasa hoy con Bella, Edward y... Jake.
ludgardita, a mí la Guiness me encanta, pero más la Murphy´s, tengo un Pub irlandés cerca de casa y hace meses que no voy... pero volveré. Pues sí, Bella no se cree que Edward le vaya detrás, es que no hay peor ciego que el que no quiere ver.
isa-21, nuestro Ed volvió, y con fuerza... creo ;).
YoliCullen, ya tengo mis libros de la Hermandad de la daga negra en casa... yupi! Ya te comentaré. Me ha hecho gracia todo tu comentario, pero más lo del mercado libre, jajaa. Qué tiempos aquellos, eh? Y no eres mayor, nena.
ale, gracias y bienvenida. Besos!
Esme Mary Cullen, tranquila, que las intrigas se van resolviendo. O eso creo ;)
FerHdePattinson, a mí tampoco me gusta, ni siquiera en la saga, excepto en el último libro. Y Taylor parece ser un encanto, lo vi en la Premiere de Amanecer aquí, y puedo dar fe de lo bien que trata a las fans (y Robert también, por supuesto!).
Mrs. Hemsworth , sí, creo que Roxana da buenos consejos ;).
bellaliz, le diré a Jake lo de la casita, a ver si me hace caso (ya sabes que hacen lo que quieren, estos personajes).
Ely Cullen M, es una mala jugarreta, eso no se hace, Edward malo, jajaja.
Dra Laly, encantada de tenerte de nuevo de lectora. Un beso grande.
Angie Cullen Hale, muchas gracias, guapa. A ver qué piensas de este.
JeniZuluCullen, Emmet ya lo dice, no le dan miedo las agujas sino que se las claven, jajaja. Bueno, a nadie le gustan, pero como tú dices, si toca toca.
CindyLis, hoy tienes la fiesta. Besos!
Rocha... menos mal que no sabes donde vivo, jajaja. (Los digo para que no me amenaces ni nada de eso). Un besote ;).
Cristal 82, los consejos de Jasper son buenos, se los escuché a una sexóloga en un curso, pero me lo imagino dándolos y yo también me río, ajaja.
bars-9, no puedo dejar de repetirte que me encantó tu O/S "El imbécil de oro" ^^. No van a haber muchas complicaciones... espero, no quiero que me salga otro fic de 67 capítulos sin pretenderlo ;).
Nurymisu, estoy esperando tu respuesta al 9, pequeña (es un decir) beta pichicópata, jajaja. Yo también adoro a Charlie. Y sí.. nuestro Ed va a la caza! Y ya sabes qué pasa, no?
tityscaya, gracias por tus palabras, un beso!
Capítulo 6
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La música resonaba por todo el local, lo suficiente para poder bailar, pero no tan alta como para no poder charlar. Por eso les gustaba ese sitio. Edward, en actitud soñadora, contemplaba desde la barra a su grupo de amigos.
Jasper y Alice bailaban tan bien como siempre, y Emmet y Rosalie lo hacían tan adheridos el uno al otro que parecían hermanos siameses independientemente del tipo de música que sonaba. Sonrió pensando que había hecho las paces con Emmet más pronto de lo que había creído. Había sido gracias a la intervención de Rosalie, que no estaba dispuesta a que su novio contrajera la varicela en una de sus guardias pediátricas. Bastante aguantaba ya con todas las "itis" que había tenido que soportar: faringitis, laringitis, gastroenteritis... Así que se puso del lado de Edward en lo de la prevención y Emmet no tuvo otro remedio que darle la razón a su amigo.
Paul y Leah bailaban junto a su hermana y Jasper, y no se le escapó que de vez en cuando Leah le echaba un vistazo. Siempre habían tonteado un poco, pero esta noche le ponía los ojos encima más de lo esperado y de no se sentía cómodo. No era lo que esperaba para esta salida. De hecho... ¿qué esperaba? Sabía que Bella iba a aparecer con su pareja... si es que lo hacía. Bella tenía pareja... sí. ¿Quizá esperaba que ella lo viera y se olvidara del tal Jake para lanzarse en sus brazos? A decir verdad, tampoco había oído hablar mucho de él y siempre le había dado la impresión de que Bella era un mujer libre, así que supuso que llevaba poco tiempo con el otro.
Se mordisqueó un pulgar distraídamente mientras le volvía a echar un vistazo a la puerta del local. Habría intentado sonsacarle a Alice si no hubiera tenido claro que su astuta hermana habría querido entrometerse... con buenas intenciones, eso sí. No necesitaba más presión, se dijo de nuevo. Le había parecido que Bella no se había sentido mal por su más que obvia atención del otro día, pero... Su yo cobarde todavía estaba por ahí, diciéndole que no se arriesgara de nuevo a esa desagradable sensación de fracaso.
Inhaló con fuerza y suspiró ¿Por qué había aceptado salir con el grupo?
Se esforzó por desechar los pensamientos negativos mientras miraba a Angela y Seth, quienes estaban sentados tomando su copa y tonteando, como desde hacía tiempo. A ver cuándo se deciden estos dos... y mira quién fue a hablar, bufó dándose cuenta de que por lo menos ellos hacían algún pequeño avance.
La misma tarde después del encuentro en el Pub le había reconocido a su observadora hermana que se sentía muy atraído por Bella Swan. Para qué negarlo. No había querido esconder lo que sentía. Ahora, aceptarlo era una cosa, y hablar de ello libremente con su hermana otra bien distinta... y por supuesto no le quiso comentar su "pequeño problema". Para eso ya estaba Jasper. Él le había pedido que lo tratara, y su mejor amigo había aceptado, y ahora tenía que confiar en él. Y Jasper era bastante más optimista. Habían tenido una larga charla el día anterior, e insistía en que Edward estaba recuperando la confianza en sí mismo.
Pero él no lo tenía tan claro.
—¿Quieres tomar otra?—a pesar de que la barra estaba atestada la camarera parecía no tener ojos para nadie más. Edward contuvo el impulso de rodar los ojos y se giró para negar con una leve sonrisa. La chica, una atractiva pelirroja, asintió. Sin embargo, un par de minutos después le sirvió un gintonic y, antes de que Edward abriera la boca, se inclinó sobre la barra para acercarse a su oído.—Invita la casa... en el posavasos está mi teléfono.
Lució una perfecta hilera de dientes blancos y, sin que Edward hubiera reaccionado aún, se apartó para seguir atendiendo al resto de clientela. Edward tomó el vaso y se guardó el posavasos en el bolsillo para que la chica no se sintiera despreciada. Pero tenía claro qué haría con él en cuanto saliera del local: romperlo y tirarlo a la papelera más cercana.
Las chicas piensan que si el envoltorio es bonito, el chico follará como los dioses. Si tú supieras... Agitó la cabeza para sacudirse el desagradable pensamiento de la cabeza y le dio un sorbo a su bebida, que aún estaba a medias, y bastante cargada, por cierto. No puedo beber dos copas... tendría que dejar el coche.
De pronto levantó los ojos del suelo y dejó de pensar. Su mente quedó en blanco, cualquier idea negativa barrida por la alegría de ver que la persona que había estado esperando toda la velada acababa de cruzar el umbral.
Sola.
Hizo un movimiento para ir a recibirla pero se detuvo al ver que su hermana se le había adelantado. Alice tomaba a Bella, cuya expresión era seria, por los hombros, y se la llevaba aparte, hacia los sofás que había en los laterales del local. Jasper se acercó a la barra y se sentó al lado de Edward, bebiendo su cerveza directamente de la botella.
—Es tu oportunidad, tío. Haz el favor de acercarte—azuzó, mirándole fijamente.
—Jasper, no creo que sea buen momento... la debe haber dejado plantada o algo... ¿no ves qué cara pone? No creo que...
—No seas gallina—cortó.—Ha venido. ¿Crees que si no tuviera ganas de conversación no se habría ido a casa?—clavó sus ojos azules en los verdes de su amigo.—Muevelculoya.
—¿Cómo te las arreglas para que eso suene como una sola palabra?
—Ya. Ya de ya—lo miró severo, cruzándose de brazos. No estaba para bromas.
Edward contempló durante unos instantes la firme expresión en el rostro de su amigo. Suspiró, puso los ojos en blanco y, tomando una bebida en cada mano, se levantó del taburete.
—Vale, tío. Esas últimas palabras me han terminado de convencer. Deberías escribir un artículo y titularlo así.—Lentamente, sorteando la muchedumbre del local, se dirigió a donde se encontraban Bella y Alice sentadas.
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En la otra punta del local, Bella se estaba desahogando con Alice.
—Ayer me dijo que sí. Y hoy me dice que no, que le había salido otro "compromiso", cuando estaba ya vestida y arreglada. Hasta me he depilado y maquillado, y he estado una hora arreglándome el puto pelo. He estado en casa indecisa, sin saber qué hacer. He cenado un patético bocadillo, sola. ¿Pero sabes qué te digo? Que le den. Yo he decidido salir y pasarlo bien—la voz le salía excesivamente chillona, pero llevaba rato aguantando las ganas de llorar. No era exactamente un plantón, pero ella lo sentía así. Jake ni tan solo se había molestado en explicarle algo más. Aunque tampoco es que ella le hubiera dejado...
—Tíos. No hay quien les entienda—Alice recitó la frase tópica que solía funcionar para que la otra persona pudiera desahogarse.
—Ni con un manual los entiendes. ¿Recuerdas aquel libro, "Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus"? Voy a escribir uno que se titule "Los hombres son de Marte y se podrían haber quedado allá"—bufó, con el ceño fruncido.
Alice no pudo evitar una sonrisa. Bella estaba graciosa, incluso dentro de su indignación. Y la verdad era que ella estaba exultante. Porque acababa de ver a su hermano levantarse del taburete.
Alzó los ojos y reprimió apenas una sonrisa al verlo acercarse lentamente, calibrando la situación. Edward lo interpretó como algo positivo. Su entrometida hermana sabía de sus sentimientos, y si Bella le estuviera explicando algo como "he decidido que a partir de ahora soy lesbiana" no sonreiría. ¿No?
Bella se giró, siguiendo la mirada de Alice, para chocar frontalmente con los intensos ojos que se acercaban sin perderla de vista. Su boca se entreabrió con un leve jadeo... jamás le había visto esa mirada. Parpadeó varias veces como si no estuviera muy segura de estar viendo lo que veía.
—Me voy un momento...creo que Jasper me llama—mintió descaradamente la morena en cuanto Edward las hubo alcanzado. Se levantó del sofá, sonrió a su amiga y se volteó, marchándose del lugar a una velocidad increíble.
Bella se la quedó mirando con una expresión entre indignada por el abandono e incrédula por la velocidad que podía llegar a alcanzar su amiga.
—¿Te molesto?—las ondas de la suave y grave voz fluyeron, extrañamente sedantes, por su cuerpo. Despegó los ojos de la espalda de Alice y dirigió la mirada hacia arriba. Nunca se había fijado en lo alto que era Edward. Bueno, sabía que era alto, pero... ¿tan alto? Deja de pensar chorradas y reacciona, Bella Swan.
—No... cla-claro que no—tartamudeó y continuó mirándolo como si no se terminara de creer que fuera Edward. No seas boba y habla normal, Edward es un amigo, ha venido aquí a charlar, punto.
— ¿Quieres?—el cobrizo se sentó a su lado y le tendió el vaso más lleno de los dos que llevaba.—Gin tonic— curvó los labios y Bella no pudo evitar mirárselos. Dios... qué boca. ¿A qué debe saber? No, no empieces así. Su respiración amenazaba con tomar un ritmo más acelerado y se concentró en controlarla.
—Gracias... me... vendrá muy bien—Deja de farfullar, por dios, Bella.
Alargó la mano para tomar el vaso y sus dedos se rozaron con los de él, que estaban fríos de aguantar la bebida. Inmediatamente sintió un hormigueo por todo el brazo, y necesitó moverlo. A ver si me va a dar calambre o algo, sonrió para si misma y se acordó de la corriente que en algunas escenas de su historia fluía entre los protagonistas. Ella nunca había sentido algo así... hasta ahora. No, no, estaba nerviosa, estaba alterada y con los nervios a flor de piel... sí, era eso. Cualquier cosa que la tocara le daría una sensación magnificada.
Y por eso ahora notaba calor por todo el cuerpo. Y más entre sus piernas.
Edward advirtió la leve sonrisa en la expresión soñadora de Bella y se preguntó en qué estaría pensando. La miró alternativamente a los oscuros iris y a los labios... internamente se relamió de pensar en las posibilidades que esa boca ofrecía...Se obligó a sí mismo a mirarla al resto de la cara, y a pesar de la luz escasa comprobó que se había maquillado y su precioso cabello lucía unas ondas más marcadas... repasó en unos segundos la vestimenta de la castaña, comprobando que se había arreglado a conciencia. Un vestido veraniego de color azul, con tirantes y escote generoso dejaba adivinar el nacimiento de sus pechos. Se le secó la boca y se volvió a obligar a desviar la vista. Estaba deslumbrante. Pero no se ha arreglado para ti. Sintió una leve punzada. No para él, pero si el estúpido del tal Jake había perdido su oportunidad él se encargaría de que no tuviera ninguna más.
O eso intentaría.
Bella posó sus iris en Edward y tragó saliva, sintiendo un repentino ataque de timidez. Habían hablado muchas veces y no era la primera vez que salían juntos en grupo pero... todo era distinto...el ambiente a su alrededor parecía más denso, y a ella le costaba más mover el pecho para respirar. Por no decir que la penetrante mirada verde estaba empezando a despertar una sensación muy agradable en su bajo vientre.
Sí, eso era lo que había cambiado. Edward siempre había sido dolorosamente guapo, le había gustado desde que lo conoció. Más tarde había empezado a gustarle por otras cosas... su sentido del humor, su entrega a su futura profesión, su inteligente conversación, su gusto por la lectura... Y no nos engañemos, el chico era un encanto. Y ahora, vestido con una camiseta negra por fuera de unos vaqueros ceñidos y desgastados, el rebelde cabello de aquel color tan extraño como atractivo, sus manos... ¡dios, esas manos! enlazadas sobre el vaso y la piel apenas bronceada por el tenue sol de Seattle... seguía siendo el mismo dios griego.
Pero Edward jamás la había mirado así...como se mira a alguien que te interesa... alguien a quien deseas.
Como a una mujer atractiva.
¿Tenían razón sus amigas? ¿O estaba malinterpretando el gesto? Sus ojos le decían una cosa, la misma que todos sus sentidos, pero el idiota de su cerebro estaba boicoteándolos a todos.
—Creí que vendrías acompañada—se inclinó, aproximándose un poco para hablarle cerca del oído. Sus pieles estaban a varios centímetros de distancia, pero ella pareció sentir la energía que irradiaba. Y le gustó. Se aproximó y le habló a él al oído.
—No... Bueno, ése era el plan. Pero creo que me han dado plantón—se encogió de hombros y rió para restarle dramatismo a la declaración.—Nos íbamos a conocer hoy—continuó, sin saber bien por qué se lo estaba contando. Dios, va a pensar que soy patética, ligando por Internet. Podía haberle dicho cualquier otra cosa y cambiar de tema.
—¿Entonces... aún no os conocéis?—La expresión de Edward era luminosamente feliz. ¿Por qué? Nada de compasión, o amable interés. Eso la animó a seguir a pesar de todo, como si esos ojos la hipnotizaran... cosa que siempre había temido.
Brevemente le contó cómo había conocido a Jake en un grupo de Facebook, y que había terminado planeando algo que no había esperado hacer nunca: conocer a gente virtual en la vida real.
—No hay nada malo en eso, mucha gente hoy en día se conoce en persona tras ser amigos virtuales y no siempre es una decepción, al contrario—soltó sin pensar, recordando sus ganas de conocer a Roxana. Al terminar la frase, de forma instantánea se llamó idiota por estar estimulando el ciber-romance de Bella.
—Puede ser—Bella sonrió pensando en Cyrano y Edward puso mala cara creyendo que la sonrisa era por Jake, y decidió cambiar de tema.
—Me alegra que hayas venido—se sinceró.
Bella se lo quedó mirando fijamente, y decidió que estaba siendo cortés.
—Gracias, no iba a quedarme en casa llorando por el plantón—sorbió su gin-tonic. Estaba delicioso, dulce con un punto amargo, muy frío, y necesitó volver a posar los labios en ese vaso, para dar otro trago prolongado. Edward observaba el movimiento de sus labios sobre el vaso, su mano agarrándolo, su fino cuello extendido para beber...dios, ¿es que no se da cuenta de que me la estoy comiendo con los ojos? ¿Tanta práctica he perdido? No, sí que se da cuenta, pero le soy indiferente... eso debe ser.
En aquel momento Bella alzó los ojos y se encontró con la ardiente y necesitada mirada de él. De inmediato sintió una deliciosa contracción en lo más profundo. Esta vez no podía estar equivocada. Me desea... Edward Cullen me desea... las palabras sonaron a silenciosa música celestial en su mente y, sobre todo, en su cuerpo. Sintió un inesperado temblor interno cuando el chico se aproximó a su oreja de nuevo y exhaló con suavidad las siguientes palabras.
—Perdona... quería decir: me alegro de que hayas venido... sola.— Ya lo había dicho. Su voz salió más grave de que había esperado, incluso un poco rasgada por la fuerza de lo que sentía. Bella se movió casi imperceptiblemente hasta encararlo, pero él apenas había cambiado su postura, y el resultado fue que sus rostros quedaron a tan solo escasos centímetros.
Edward casi podía sentir el calor de la piel de Bella, al igual que su aliento superficial, y vio el deseo en sus iris oscuros. Se acercó un poco más hasta que sus bocas se rozaron... sintió la textura sedosa y tierna de los labios de ella y actuó por instinto, olvidando sus miedos. Ambos cerraron los párpados y se dejaron guiar por sus otros sentidos. Suavemente acarició los labios femeninos con los suyos, disfrutando del momento, prolongándolo. Bella sintió un íntimo espasmo de placer con ese leve roce y no pudo evitar alzar sus manos y hundirlas en el cabello de él, acercándolo más a ella. Edward atrapó su labio inferior y lo mordisqueó con suavidad, y ella exhaló un profundo suspiro en la boca de él. En aquel momento una más que bienvenida sensación recorrió la entrepierna del chico. Él mismo jadeó y se tensó por la sorpresa que la erección le había dado, y Bella se apartó un poco, mirándolo con atención, sin comprender qué le pasaba. ¿Quizá no le gusta como beso?
El pensamiento se desvaneció como si jamás hubiera existido en cuanto Edward la tomó de la cintura y la nuca y, levantándole la cara, se inclinó sobre su boca y se apoderó de ella, lamiendo la entrada con la punta de su lengua. Bella era tan dulce como siempre había imaginado, y quería más. Ella le invitó a entrar separando sus labios y, enlazando sus brazos en la nuca del chico, se apretó contra él. Sus lenguas se acariciaron, se saborearon, fundiéndose una boca con otra, hasta que por fin tuvieron que respirar.
Y entonces volvieron a empezar con más besos. Y caricias, rozándose los cuerpos por encima de la ropa. Edward se moría por acariciar los pechos de ella pero no quería hacerlo allá, en público, y tampoco quería propasarse. Aunque parecía que Bella lo deseaba tanto como él. El deseo crecía y se difundía por el cuerpo de la ella, irradiado desde varios puntos...desde su boca y desde cada poro de piel que rozaban los dedos de él... incluso desde sus oídos., escuchándole gemir. Y todo ese deseo iba concentrándose en un punto de su pelvis que palpitaba y ardía.
Edward sentía aumentar su dureza con cada nuevo gemido, caricia, beso. Dios, llevaba tantos meses de sequía, de hambre y necesidad que pensó que podría explotar allá mismo... y eso no sería nada bueno. Decidió que había que frenar un poco, y tendría que hacerlo él. Bella estaba demostrando ser una mujer apasionada y no parecía muy dispuesta a ello.
Se separó un poco y le tomó la cara entre sus manos, mirándola al fondo de sus grandes ojos almendrados.
—Tenemos demasiado público...-habló entrecortado-Y me estás volviendo loco. Será mejor que frenemos un poco...—Había decidido que la sinceridad era lo más importante.
Bella clavó sus iris en él. Jamás lo había visto tan atractivo. Y sus besos sabían a gloria. Pero tenía razón... era mejor frenar.
—Sí, la verdad es que parecemos un par de adolescentes— Asintió, con una leve sonrisa, de nuevo tímida.
Él se levantó y le tendió la mano. Hacía tiempo que la música ambiental estaba siendo más calmada.
—¿Quieres bailar?
—Claro—tomó su cálida y firme mano y se levantó del sofá.
Se dirigieron a la pista y se quedaron apartados del resto del grupo. Acababan de construir su propia burbuja y no les apetecía salir tan pronto de ella. Se amarraron al cuerpo del otro y Bella apoyó la cara en el pecho de él. Olió su fragancia, masculina y natural, y sintió que su pecho se ensanchaba,como si recibiera una dosis extra de oxígeno.
El tiempo pasó inadvertido mientras ellos se movían al ritmo de la música. Bella se sentía como dentro de uno de sus relatos. A pesar del sonido ambiental aún podía escuchar los latidos de Edward y sentir cómo su corazón golpeaba su pecho. Cerró los ojos, sintiéndose encajar perfectamente en sus brazos, como si hubiera encontrado su molde.
Edward se sintió libre de ansiedad por primera vez en meses, y abrazaba el cuerpo de ella sabiendo que, a pesar de lo menuda que era comparada con él, era su punto de apoyo. Inhaló el perfume floral de su cabello y le invafió una extraña combinación de excitación y relax. Estaba maravillado por la reacción que su cuerpo tenía con aquella chica. ¿Era por ella? ¿Era por las conversaciones con Roxana y con Jasper? Quizá una combinación de todo, pero ¿a quién demonios le importaba? Sentía su miembro vivo en contacto con el abdomen de ella, y tuvo que frenar el pensamiento de cómo sería la sensación sin las delgadas capas de ropa que los separaban...
El resto del grupo había ido despidiéndose desde la distancia con un gesto, como si nadie se atreviera a invadir aquella burbuja, excepto Leah, que se marchó sin despedirse.
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Cuando se dieron cuenta de que el local estaba a punto a cerrar tuvieron que mirar la hora, incrédulos. No habían sido conscientes del paso del tiempo.
—¿Te llevo a casa?—Ya en la calle, el fresco de la noche y la suave voz de Edward la hizo volver a la realidad de golpe.
Bajó la vista a sus manos enlazadas, y volvió a subirla hasta los brillantes ojos verdes. Era verdad. Había besado esos labios, tocado ese pelo, abrazado ese cuerpo largo y fibroso y... había notado de forma evidente que él la deseaba. ¿Y ahora, qué? Había perdido práctica en esto... y Edward era el hermano de su mejor amiga. ¿Esto era sólo un rollo de una noche?
Él alzó la mano y con el dorso de sus dedos acarició con lentitud la suave mejilla. Era preciosa, pero le costaba leer su expresión... le gustaría saber qué le pasaba por la cabeza. Parecía algo confusa.
—Me gustas—se inclinó un poco sobre ella, las palabras salieron sin premeditación.—Desde hace meses. En realidad, desde el momento en que Alice nos presentó—sonrió con inseguridad.
—No...no me había dado cuenta.
—Pues últimamente te he dado alguna señal. O eso creía.
—Supongo que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Tú... también me gustas. Y –bajó la voz—no me creía que alguien como tú se fijara en alguien como yo.
—¿Qué?—elevó el tono de voz, incrédulo. Le tomó la barbilla entre su pulgar y su índice y la alzó. –Eres preciosa, Bella. Y me muero por volver a besarte... una y otra vez.—Se inclinó un poco más sobre ella, alzando más su cara.—¿Tú también lo deseas?—susurró. Era evidente, pero quería oírlo de su boca, ver la expresión de sus cálidos ojos al decirlo.
—¿Desea quien siente el cuerpo helado el calor de un fuego cercano?—sonrió ella, cerrando los párpados.
De pronto él la soltó y se apartó. Y ella temió abrir los ojos y ver su expresión. Estaba avergonzada. ¿A quién se le ocurre soltar eso en pleno momento de pasión? Una frase de mi fic. Seré cursi. Ya lo he asustado. Bella, estás demasiado metida en tus historias.
Pero abrió los ojos, decidida a enfrentarse a su semblante, cualquiera que fuera.
Lo último que se esperaba era la expresión que él lucía en ese momento. La contemplaba como si estuviera descifrando algún tipo de enigma. No como si ella fuera un bicho raro sino como si estuviera juntando las piezas de algún puzzle. De pronto la miró intensamente con una extraña mezcla de confusión y felicidad, y su voz habló, vacilante.
—¿Roxana?
No os enfadéis... en algún sitio tenía que cortar... y lo que viene ahora es un giro en la historia, ¿no?
Actualizo el próximo fin de semana. Muchísimos besos.
