Era extraño estar entre esa gente tan diferente. Aquel pequeño lugar ni siquiera parecía ser parte de su amado Arendell. Era como si fuera un país diminuto dentro de los territorios de un país mayor. Tanto así, que nadie reconoció a su princesa, nadie. Llegó intentando no llamar la atención y pasar desapercibida, pero no tuvo que esforzarse mucho. Si llamó la atención, fue solamente por su ropa y manera de peinarse. Tan distintos a los de esas personas que se hallaban ahí, tampoco entendía a que se debía eso.

"Una de Arendell" había escuchado murmurar a unos cuántos a sus espaldas. Al principio no entendía nada. ¿A qué se referían? Se suponía que eso era Arendell. Pero al ir caminando se dio cuenta de qué no era así. Ese lugar no era Arendell. Y agradeció que así fuera.

-Jamás creí que volvería a pasar un cumpleaños sola- susurró débilmente Elsa mientras aumentaba la presión en su brazo.

-No estás sola- respondió él de manera simple- estamos Kristoff, el muñeco parlanchin, el reno, la servidumbre y yo.

-El reno se llama Sven y el muñeco Olaf- comentó- pero aún así...no es lo mismo. Anna es mi hermana, mi familia.

-Si piensas de ese modo, así será.

Ella no respondió y se limitó a seguir con la vista clavada en un punto indefinido.

Aunque a Hans no quisiera admitirlo, tener ese tipo de intimidad con la reina le hacía sentirse..."reconfortado". Era como si su compañía tranquila le quitará el estrés.

La muchacha recargaba la cabeza en su ancho hombro y le rodeaba un brazo con ambas manos, él en respuesta le acariciaba los nudillos con la mano que ella no le sostenía. Desde ese punto podía apreciar la bella corona que se medio escondía entre su rubio cabello. Tenía que soportar las ganas de quitársela, mandarla arreglar y hacerse a sí mismo una corona adecuada...porque eso era imposible en ese preciso momento. Además, cuándo se la ponía, no se la quitaba durante el transcurso del día. Ni siquiera en ese momento, mientras ambos estaban sentados en el suelo del despacho como dos niños y se cubrían del terrible frío con una manta. Aquello fue más por Hans, ya que para Elsa el frío pasaba desapercibido, "no le molestaba" según ella. Se encontraban esperando por una taza de chocolate que Gerda les ofreció.

Ante el silencio, la rubia alzó la mirada hacia el pelirrojo y él le sonrió tiernamente.

Elsa no pudo evitarlo, aunque quisiera. De alguna u otra manera terminó haciendo cercana al príncipe.

Todo empezó el día que recibió la carta de Anna, había llorado amargamente por horas junto a Kristoff y se quedó dormida en las caballerizas. Pero en medio de su sueño sintió como el muchacho la levantaba y la llevaba a su recámara. Hubiera querido decir que se encontraba inconsciente y no sabía cómo actuar, pero mentiría. Despertó a medias y de reojo lo vio. Sin saber muy bien que hacer, se recostó más contra su pecho y se dejó mimar. Cuándo llegaron, la recostó con cuidado en la cama y la cobijó. Ella fingió que dormía, pues sólo esperaba quedarse sola para volver a llorar. Pero él no se fue, al contrario, sintió como el colchón se hundía bajó su peso y como Hans le tomaba una de las manos.

-Todo va a estar bien, lo juro- le susurró al tiempo que acariciaba sus nudillos. Le habló en un volumen tan bajito que hasta ella tuvo dificultades para oírlo. Pero esas simples palabras y un gesto tan sencillo, como acariciarle los nudillos, habían terminado de confirmar sus sospechas. Le gustará o no. Elsa, la primogénita de Adgar e Idún, actual reina de Arendell, estaba completa y locamente enamorada de Hans Westergard, treceavo príncipe de las Islas del Sur y almirante...triste y retorcida realidad.

Pero ya lo aceptaba y no planeaba hacer nada para cambiar u ocultar sus sentimientos, ya no. Sabría que sufriria, él intentó asesinarla después de todo, y era ambicioso y egoísta...pero aceptaría mil años de sufrimiento por cinco minutos de amor por parte de su príncipe.

Era consciente de lo bobo y cursi de sus pensamientos, pero ya no importaba. Por un momento agradeció que Anna no estuviera, sería difícil avanzar en un romance con él si su hermana se encontrará ahí. Y si se hubiera llegado a enterar, habría sido el fin del mundo. Estaba segura de que jamás se lo perdonaria. Y su fragil relación terminaría de romperse más y más hasta que un día ya no quedaría nada más que un lazo de sangre.

Aquello le oprimió el corazón y la hizo sentir enferma ¿cómo podía siquiera preferir a Hans que a su hermana? Eso era tan horrible de su parte. Anna no haría eso, ella supo que la menor decidió rechazar el beso de su ahora novio con tal de salvarla. No se la merecía, Elsa no se merecía a Anna. Y aún así la quería a su lado. Irónico.

-Elsa- la llamó desde la puerta la voz de Gerda. Sacándola de sus pensamientos.

-Pasa, Gerda- indicó alejandose un poco del muchacho. Éste no protestó y hasta se hizo a un lado -Traigo una buena noticia- dijo con emoción la señora mientras le daba su taza de chocolate.

-Pues no la reserves para ti, habla.

-Llegó una carta de Anna para ti ¡y también un regalo!- confesó emocionada.

-¿De verdad?- preguntó incorporandose sin mucho cuidado, haciendo que un poco del líquido cayera.

-Ten- dijo entregándole un papel junto a una pequeña caja.

Hans observaba la escena desde un rincón, cuándo dirigió su mirada hacia el ama de llaves vio cómo ésta le indicaba que abandonarán el lugar.

-Con su permiso, majestad- dijeron los dos sirvientes al mismo tiempo haciendo una reverencia.

-Gerda- llamó la reina, ignorando su despedida.

-¿Le llegó también carta a Kristoff?- preguntó sin apartarle la vista al papel que sostenía con firmeza.

-No, Elsa. Me temo que no- respondió con pesar.

-Mándalo llamar, que venga- ordenó poniendo la carta en el escritorio.

-Inmediatamente- respondió la mujer saliendo apresurada.

-Él también debe estar aquí, él también tiene derecho- aclaró a nadie. Se sentó en la enorme silla, juntó las manos frente a ella y miro directamente al frente.

Hans no supo si era buena idea quedarse ahí, tal vez ellos querrían algo de privacidad. Pero no movió ni un músculo.

Minutos después apareció el joven con paso veloz, entrando en el despacho sin ninguna cortesía. Aunque, obviamente, eso no era importante.

-¿Tienes noticias? ¿Qué pasó?- preguntó Kristoff sin estar aún totalmente dentro del lugar.

-Llegó una carta- informó con la mayor tranquilidad posible- supongo que por mi cumpleaños. Supe que no te llegó ninguna a ti así que...- no tuvo manera de explicar las razones por las que lo había mandado llamar, sólo sabía que lo quería ahí.

El rubio intento ocultar su decepción al saber que Anna no le había escrito una carta a él.

-No creo que sea buena idea, ella te escribió a ti...

-Vamos- interrumpió dulcemente Elsa- seguramente también te incumbe a ti.

El muchacho asintió y se sentó con cuidado frente a la reina.

-Majestad- dijo Hans- me retiro.

-No, Hans, quédese- le respondió y él obedeció sin dudar.

Ella abrió lentamente la carta y suspiró antes de empezar a leer en voz alta.

"Querida Elsa:

Ni te imaginas lo mal que me siento por no estar a tu lado en un día tan especial. De verdad, lo siento. De verdad. Tenía tantos planes...¡pero no todo está perdido! El regalo que compré hace unas semanas no iba a quedarse conmigo, así que ahí está. ¡Disfrútalo! Sé que te gustará, lo sé.

Por cierto, dile a Kristoforo que lamento tanto no escribirle una carta a él, pero mi tiempo y dinero están enpezando a ser tan valiosos como el oro. No es que no se merezca el gasto o que no es digno o que prefiera mi dinero...pero bueno, sinceramente no creía tener las fuerzas necesarias para escribirle sin romperme en mil pedacitos...no porque prefiera escribirte a ti que hablar personalmente...¡oh, Elsa! Sigo titubeando a pesar de todo. Pero pronto eso cambiará, ya verás. Te lo juro. No olvides que los amo. A todos. A ti, a Kristoff, a Olaf, a Sven, a Gerda, a Kai... No te aflijas por mí y disfruta de tu día.

P.D: te prometo que veré tu discurso hoy.

Con infinito amor, Anna"

-Vendrá- dijo al bajar el papel de su rostro.

-Si, dijo que vería el discurso. Y no otra forma de hacerlo más que viniendo al castillo.- confirmó Kristoff con emoción.

-Pero dudo que Anna sea tan descuidada, puede conseguirse otra manera. Después de todo, dice que tiene dinero ¿no? Podría pagarle a una persona para que la deje ver todo desde el tejado de su casa.- opinó Hans.

-Vendrá bien disfrazada, de eso estoy segura...

-Pero vendrá, tenemos una oportunidad de oro aquí.- le respondió el rubio al pelirrojo algo molesto.

-Eso quiere decir que aún está en Arendell, por ahora no ha salido- la reina permanecía lejana a la opinión de los hombres que estaban ahí. Ella sólo quería encontrar a su hermana.

-Pero éstas cartas que no dan ninguna señal- concluyó frustada.

-¿No tiene una dirección? ¿una estampilla?- preguntó su casi cuñado.

-No, y no tengo ni idea de cómo hace llegar las cartas al palacio.

-Deberías citar al cartero- sugirió el príncipe.

-Ya lo hice- le respondió el montañés- un soldado dijo que lo traería apenas lo encontrará.

-Ese será nuestro primer paso, estaremos cada vez más cerca de Anna.


Ya sé que el capítulo es algo soso puesto que la historia ya está empezando a tomar forma (apenas xD) y que ésto no acaba con dudas. Pero sean pacientes babys :3

Hasta la próxima xD