Buenos días. Os dejo el de esta semana (actualizo sábados o domingos, pero ya sabéis que si lo tengo ya listo me adelanto). Gracias por todos vuestros comentarios. Siento que los capis sean cortos (poco más de 3000 palabras), pero esto lo que me permite mi ritmo de escritura. Tened paciencia... como algunas ya habéis comentado, esto tiene su ritmo... yo quise acelerarlo y Edward se me cerró en banda, comprenderéis que le haga caso, ¿no? Él manda.
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Sobre vuestros comentarios:
Rocha... relax, no quiero que te dé un patatús, mujeeeee...XDD
ludgardita, sí, Edward y Bella tienen algún que otro problema de autoestima... a ver si pueden ayudarse.
YoliCullen, preciosa, cuando me bloquee releeré este comentario que has dejado. Gracias!
Ely Cullen M, sabios deseos. Hoy veremos...
E.M.C, antigüilla? jajaja, anda ya. Pero creo que tienes razón en lo de ir poco a poco.
namy33, me gustó mucho tu post y no creas que no me lo planteé.. ellos mandan, veremos qué han decidido.
bars-9...me alegro de que te haya gustado el final. Prometo que escuché esa voz en mi propia cabeza, así que entiendo a Ed.
Neny W. Cullen, recuerda el abstract del fic... Bella y Edward se ayudan mutuamente. Un beso!
martuu341, gracias, guapa! Un beso.
FerHdePattinson, si hablan no pueden hacer otras cosas... es broma ;)
Blo, gracias por tus deseos, pero... voy más lenta que una torttuga escribiendo, si fueran más largos tendría que actualizar cada dos semanas :-(.
bellaliz, no me llores... sabes que dentro de la fantasía busco el realismo. Paciencia! Un beso.
Mary de Cullen, a veces las palabras de gente estúpida nos afectan demasiado...cierto.
CindyLis, ¿yo matapasiones? Díselo a esas brujas!
tityscaya, poco a poco... a ver qué dice Bella hoy ;)
Leslycan, veo que tú también confías en Edward... un beso.
Nurymisu, nena, que te dejaste la firma, pero ya vi que eras tú, jajaja. Gracias siempre por tu ayuda y tus palabras. Eh! Y esa comida para cuándo? Coreano o pizza? ;)
Patchmila Cullen Mellark, gracias, le pasaré a Edward tu ofrecimuento de ayuda. Un beso!
Cristal82, planchado es una acertada palabra... Besoide.
jamlvg, gracias a ti, espero no defraudarte!
Kaprii Mellark, como ya te dije, gracias. Altos y bajos... bueno, veamos qué pasa hoy!
v. cullen, gracias! Me alegro de leerte de nuevo, como ya te dije. A ver qué dice hoy nuestro amigo Edward. Un besote!
Martinita, muchas gracias, y aprovecho para agradecerte que traduzcas Fridays at noon, me leí algo menos de la mitad del original en inglés y es un fic excelente en todos los sentidos. Aún tengo que terminarlo (maldito escaso tiempo...) Un besote.
Kote Cullen Swan, muchas gracias de nuevo por tus palabras, cuando me dé bajón las releeré, y espero no defraudar tus expectativas! Un beso.
Ginegine, echaba de menos tu francés, jajaja ¡gracias por volver a darme clases! Un besote.
Capítulo 8
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Bella se apartó un poco, percibiendo que algo no iba bien. Él se había quedado completamente quieto de repente. Observó su pálido rostro, preocupada.
—¿Estás bien?—No, no lo estaba, no importaba su respuesta. Su expresión era atormentada.—¿Te he hecho daño, Edward?—Pronunció con dulzura, la voz ligeramente temblorosa. No comprendía nada.
Él tomó aire con fuerza y se escurrió ágilmente de debajo de ella, apartándola con delicadeza. Se puso en pie y se pasó los dedos por el cabello varias veces, rehuyendo la mirada de Bella, que acababa de incorporarse en el sofá.
—Sí...Es sólo... Vamos demasiado rápido ¿No crees?—titubeó.
Es la leche. Demasiado rápido, dice. De repente se sintió una especie de violadora en potencia. Cualquiera diría que lo he raptado y obligado a ser mi esclavo sexual. Vale, ya, contrólate, Bella. La oleada de ira fue inesperada. Inspiró y espiró un par de veces profundamente para evitar darle un bofetón, que era lo que de veras le apetecía en ese momento. El rechazo la hirió más de lo que podía controlar. Sin decir una palabra se subió la cremallera del vestido como pudo dejándola a medias, se calzó, se levantó y se dirigió al perchero a por su chaqueta.
Cuando fue a abrir la puerta una mano le sujetó el brazo, suave pero firme.
—No te vayas.
No, esta vez no iba a caer en el hechizo de esa voz. Fijó sus ojos en la mano como si fuera a desintegrarla con tan sólo la fuerza de su mirada.
—No me toques o llamo a la policía. Y te aseguro que a Charlie no le cae bien ningún chico que se me acerque, menos aún si me toca contra mi voluntad...—Él dejó caer su mano y ella lo miró con ira antes de abrir la puerta.
No debería haberlo hecho. Ahora no se podría ir. Era la imagen de la desolación.
—¿Se puede saber qué te pasa, Edward? ¿Eres bipolar o qué? Te juro que no te entiendo—espetó negando con la cabeza, pero apartó la mano del pomo y lo encaró.
Él se mordía el labio, indeciso. Abrió la boca y la volvió a cerrar un par de veces.
Supo con angustia que debía confiar en Bella. Debía explicárselo o ni un millón de horas de terapia podrían ayudarle. Había tenido la esperanza de que ella fuera quien le solucionara el problema como por arte de magia. Le había parecido una señal que Roxana, su amor platónico, y Bella, su amor real, fueran la misma persona. Pero lo que acababa de pasar demostraba que, aunque había conseguido excitarse con ella, seguía teniendo un problema.
—Está bien—dejó caer los hombros y miró, al suelo, tan derrotado como avergonzado.—Hablemos.
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Sentada en la mesa de la cocina con su botellín de cerveza enfrente, Bella contempló silenciosa la hermosa cara de Edward, todavía ruborizada. No sabía qué hacer o decir para no herirle más.
Él no la miraba. No había podido mirarla a los ojos mientras duró su confesión completa. En ese momento estaba arrancando pequeños papelitos de la etiqueta con gesto distraído.
Y ahora viene cuando se termina la función. Me abandona y se va. Con un poco de suerte no se lo contará a nadie más. Prefiero que sigan pensando que soy gay.
—No sé qué decir—se sinceró la chica.
Sabía que él esperaba algo, pero no sabía qué. Si mostraba comprensión podía herirle pensando que se compadecía de él, y si le quitaba importancia también le haría daño, porque era evidente que el problema era muy importante para él.
—No hace falta que digas nada—el tono fue amargo, así como la expresión con que la miró.—Si quieres irte... ahora al menos ya sabes que no es culpa tuya.
Ante su sorpresa ella soltó un monumental bufido y lo miró con ira. Estaba completamente furiosa.
—¿Por quién me has tomado, Edward Cullen?—masticó las palabras.
Joder... jamás le había visto esa mirada. Parecían los ojos de un basilisco. La dulce Roxana parecía de repente la Bruja Mala del Oeste.
Esta vez fue él quien no se atrevió a hablar. La miró fijamente. ¿Que por quién la había tomado? Por nada malo, sólo quería decirle que comprendía que no quisiera seguir con él... ofrecerle una vía de salida fácil. No quería la compasión de nadie.
Viendo la expresión de confusión de él, Bella se calmó. Había reaccionado de forma exagerada. Mucho peor que él cuando antes le había acusado de estar jugando con ella.
Vale, lo reconocía, estaba un poco histérica, con los nervios de punta por todo lo que le estaba pasando esa noche. Suspiró y, tentativa, acercó una mano y rozó un dedo sobre el dorso de la de él, la que estaba dando vueltas a la botella de cerveza, que se quedó inmóvil tras el contacto.
—Eh...—murmuró, su voz apenas audible.
Los ojos verdes se movieron y, brillantes, se clavaron en ella. Bella no soportó ver aquel velo de tristeza en ellos. De pronto de dio cuenta de que haría casi cualquier cosa por borrarlo. Y apreció hasta el fondo de su corazón el enorme esfuerzo que había hecho el chico abriéndole el suyo... En ese mismo momento se habría lanzado a besarle si no fuera porque no quería asustarlo.
Edward no vio la temida compasión en la profunda mirada de la castaña, tan sólo dulzura y preocupación. Se quedaron contemplando el uno al otro durante unos segundos, y Bella aprovechó para tomar la mano masculina con la suya y apretarla con suavidad.
—Edward...Tú también me gustas... mucho. Y no sólo porque estés muy bueno, que lo estás, es evidente—rodó los ojos exageradamente y a él se le escapó una leve sonrisa.—Me gusta como eres. No sabía qué aspecto tenía Cyrano y ya me había hechizado desde los primeros mensajes—dijo con intensidad.—Aunque hubieras tenido su nariz creo que me habrías gustado igual—sonrió.—Y quiero seguir contigo... si tú quieres. Quizá estoy metiendo la pata de forma monumental, tú no quieres nada más y esto sea recordado en los anales de la historia familiar de los Swan para siempre, o, peor aún, quede grabado en mis genes y se transmita de generación a generación sin necesidad de soporte escrito pero...—se interrumpió cuando se dio cuenta de que él estaba aguantando la risa.—Sí, de acuerdo, me ha dado la verborrea nerviosa... perdona. Cuando estoy nerviosa soy peor que tu hermana—. Su ánimo se aligeró al notar el cambio en la expresión de él.
Edward le devolvió el apretón de la mano y la miró tan intensamente que de pronto sintió que se le acortaba la respiración. Parpadeó, perdida de nuevo en ese mar verde... Uao ¿cómo hace eso? De pronto recordó las palabras de Rosalie: "Edward podía hacer levitar tus bragas alzando una ceja". Vaya que la creía, ahora sí.
Di algo, Edward... por favor, di algo.
—Eres extraordinaria, Bella—susurró. Tomó su mano y la alzó hacia sus labios, besando el dorso de cada uno de los dedos.
¿Soy extraordinaria? Ella se estremeció tanto por las palabras como por el leve contacto y el calor de su aliento, temblando ligeramente a pesar de que estaba sintiendo un calor interno inusual. Intentó centrarse de nuevo en el tema, pero era complicado porque él le había tomado la mano entre las suyas y la mantenía cerca de sus labios...
Aún notaba en la piel el halo de sus caricias y en la boca el sabor de sus besos, y si por esa muestra podía juzgar la capacidad de Edward como amante... podía estar segura de que lo que el chico había escuchado sin pretenderlo era una burda mentira. Sólo hacía falta que él también lo creyera, en eso Bella opinaba como Jasper.
—No, no lo soy, pero me gusta que lo creas—sonrió tímida y meditó un instante sus siguientes palabras.—Escucha... si vamos a salir juntos...—hizo una pausa y lo miró de hito en hito. En el fondo aún esperaba que él le dijera que había sido un malentendido...pero él asintió, mirándola con aquella intensidad que la mareaba. Y aún no había soltado su mano—debes ser sincero conmigo y yo lo seré contigo. ¿Recuerdas lo que hablamos la noche que charlamos por el messenger?
—Perfectamente— él sonrió. Recordar aquella conversación le hizo sentirse extraño... Tener delante a Roxana y que tuviera los rasgos de Bella aún le parecía un sueño.
—Vale... No podemos decir "esto me gusta" si algo nos desagrada, ¿no? Y al revés, si algo nos gusta está bien pedirlo, o decirlo... ¿sí? Y si al otro no le gusta, lo dice y tan amigos... es algo que debería ser obvio, pero creo que es muy importante que los dos lo tengamos claro—se sonrojó sin poderlo evitar. Si alguien le hubiera dicho el día anterior que iba a estar hablando de sexo con Edward Cullen se habría carcajeado bien a gusto por la broma. Claro que si alguien le hubiera dicho que Edward Cullen la habría besado y acariciado... que él y Cyrano eran la misma persona...sí, entonces habría pensado que estaba en un sueño... erótico.
Él asintió lentamente. También recordaba otras cosas de aquella conversación. "No me gusta generalizar, Cyrano. Pero yo creo que para saber lo que espera una mujer en la cama lo mejor es preguntarle ;). Con las manos, con los ojos, con las palabras...". Era ella quien le había dicho todas esas cosas. Y también recordaba físicamente lo que le había provocado la lectura del capítulo. La oleada de deseo le sacudió de forma imprevista y se mordió el labio. Inspiró profundamente y se volvió a centrar en sus dulces rasgos, su gesto sincero, en el presente, aquí y ahora. No era el momento de dejarse llevar, era cierto que necesitaba tiempo. Si se abalanzaba otra vez sobre ella y se volvía a echar atrás, Bella pensaría que era idiota rematado.
Y no quería estropearlo todo de nuevo.
Bella había estado muy atenta y leyó en su rostro el cambio de emociones que Edward estaba sufriendo... deseo, inseguridad, miedo. De eso se trataba.
—Edward... yo... no creo que haya hombres malos en la cama, sino hombres egoístas o mal informados o inseguros.—No pudo evitar que su rubor aumentara más todavía. Y eso que era relativamente fácil hablar con él así, después de lo que habían compartido sin saberlo. Pero sentir aquella sugerente mirada clavada en sus pupilas no ayudaba nada.— No creo que tú seas egoísta—pronunció con suavidad y seguridad.—Si hubiera sido así ni te habrías inmutado al escuchar la jodida conversación telefónica. Y las dos últimas cosas tienen solución.
—Eso es lo que me dice Jasper—murmuró y volvió a besar su mano, esta vez en la palma.
Bella se mordió el labio al sentir cómo la zona que sus labios habían besado se calentaba por sí sola. Hablar con calma cada vez estaba resultando más difícil.
—Si quieres puedo hablar con él o podemos hablar los dos, aunque... me da mucho corte hablarle a Jasper de estas cosas, la verdad.
—No te preocupes... de momento con uno que hable con él hay bastante— repuso y, sin que ella lo previera, tomó su dedo pulgar y lo mordisqueó, rozándolo con la punta de la lengua.
—Mierda—ella apartó la mano como si hubiera recibido una descarga eléctrica. De hecho, había sido algo parecido.
—¿No te ha gustado? Lo siento...—su expresión era de arrepentimiento sincero.
—¿Que no me ha gustado? Me ha gustado demasiado, ¡por dios, Edward, estoy controlándome para... para no echarme encima de ti! ¡Y no me lo estás poniendo nada fácil!—se indignó.
—Lo siento—repitió.—Sólo estaba... probando.—De pronto rió entre dientes porque encontró muy divertido que ambos estuvieran controlándose para evitar lo mismo. Y era tan difícil... ella olía tan bien... y sabía mejor.
Bella lo evaluó con la mirada. Su gesto era inocente. ¿Era tan angelito como parecía, o había un pequeño diablo en él? Estaba segura de que ese hombre era un arma sexual de destrucción masiva, y lo que era peor, no lo sabía.
—Está bien. Pero dejemos lo de probar para otro momento, ¿de acuerdo?—su voz le sonó a sí misma como si fuera una institutriz.
—¿Por qué?— Quería volver a probar su piel. Si ella le dejaba. Podía decir que a Bella no le había desagradado lo que acababa de hacer. Y que tampoco le había disgustado nada de lo que había hecho hasta ahora. No le había dicho lo contrario, y sus gemidos y jadeos hablaban por sí solos. ¿No?
¿Por qué? El aire pareció volverse líquido de tanto que le costaba inhalarlo. Parpadeó. Quizá su loca imaginación volvía a hacer de las suyas... ¿a qué venía esa pregunta? Abrió la boca para contestar pero la cerró de inmediato. No tenía respuesta.
—Sí... –prosiguió él, viendo su expresión confusa.—¿Por qué vamos a dejar de hacer algo que nos gusta a los dos?—su mirada dejó de ser candorosa para adquirir un matiz travieso.—¿No se trata de eso?
Dios... dónde me he metido.
—Claro...—su boca quedó entreabierta y jadeó con fuerza cuando él introdujo su índice en la boca y lo mordisqueó con suavidad... luego lo lamió con la punta de su lengua al tiempo que lo succionaba, los ardientes ojos verdes clavados en los suyos.
Bella tragó en seco, incapaz de apartar la mirada, hipnotizada.
He creado un monstruo... y me va a devorar.
Pero el pensamiento no fue desagradable.
Edward tenía ganas de Bella. Demasiadas ganas. Llevaba meses sin contacto con ninguna mujer, meses deseándola a ella, teniendo fantasías con ella. Notaba tanta presión dentro de sí como si fuera a estallar, y esa presión no era buena, lo sabía. Tenía que ir un poco más despacio para ir ganando seguridad, observar las reacciones del cuerpo de la chica. Por eso ahora la estaba probando, y a sí mismo. Lo que estaba haciendo le gustaba a Bella. Y a él le encantaba saborearla y la forma en que sus ojos oscuros lo miraban, perdida en las sensaciones que él le provocaba... anhelando más. Estaba excitada y eso le hacía feliz pero su erección no había vuelto... simplemente estaba disfrutando del contacto con ella.
Se le ocurrió que tenía que advertirle que no tuviera falsas expectativas. Bajó los ojos y, respirando profundamente, volvió a besar con suavidad el dorso de la mano femenina.
—Bella, no quiero... no pienses que vamos a... –follar...hacer el amor...estar dentro de ti...—Quiero decir que no creo que pueda... ¡Joder!—espetó, exasperado consigo mismo.
Liberada de la atracción de su mirada y del contacto de su boca Bella parpadeó como si despertara. De nuevo dueña de sus actos, aguantó una risita provocada por la reacción de él.
—Está bien, Edward, ya me ha quedado claro. Y no esperaba nada, en serio. Sólo disfrutaba—Sonrió tranquilizadora. Necesitando reducir la distancia entre ellos movió su silla y se acercó más a él. De pronto se quedó mirando fijamente sus iris. Desde cerca se veían diferentes tonalidades de verde. Uao... será por eso que cambian de color...Son como un prisma. Y esas pestañas largas y oscuras...—Tienes unos ojos preciosos—declaró con sencillez. Él los abrió más, sorprendido, lo cual no dejó de parecerle chocante. Será que no está acostumbrado a los cumplidos...
Y no es que a Edward nunca le hubieran dicho cosas bonitas. Pero jamás con esa candidez... y sin esperar nada a cambio.
—Gracias—murmuró.—Tú también.
—Son sólo marrones, Edward, es un color de lo más normal—se encogió de hombros. Por lo menos eso era lo que le decía Mike.
—No son sólo marrones...—negó con la cabeza, mirándole fijamente los iris.—Son... como el chocolate. Dulces, cálidos y tentadores.
Esta vez fue el turno de sorprenderse para Bella. Jo-der, este hombre podría escribir fics él solo. ¿Cómo puede decirme esas cosas?
—Elegiste muy bien el nick... Cyrano—sonrió traviesa.
—Eres tú quien me inspiras... Roxana—contestó en el mismo tono, siguiendo el juego.
Bella abrió la boca para responder pero le interrumpió el sonido de su móvil desde su bolso. Un mensaje. La chica le echó un vistazo a la hora en el reloj de pared y frunció el ceño. ¿A las tres de la madrugada?
—Perdona, voy a mirar si es Charlie—musitó preocupada.—Nunca recibo mensajes a esta hora.
¿Y ahora quién será?
Estos chicos parecen un poco más centrados, ¿no? Un beso grande y hacedme saber vuestras opiniones...¡Hasta la semana que viene!
