Era ya la segunda semana que iba para allá, y siempre recibía la misma respuesta. Un "No" contundente. No, no, no y no. Se sentía verdaderamente desesperada. Se suponía que tenía los requisitos necesarios, hasta invento que tenía algo de experiencia. Pero no obtenía resultados. Se repetía que debía esperar, pero su paciencia estaba acabandose. Incluso empezaba a considerar la idea de regresar al palacio, ahí estaría jugando y paseando, comiendo chocolate. No rogando día tras día para conseguir un trabajo feo. Aunque ¿entonces dónde quedaría su determinación? Si de repente llegará y ya todos seguirían viéndola como una mimada inmadura, y no quería eso. Sin contar el largo y pesado sermón que le daría su hermana.

Aguanta Anna, aguanta.

-Estaba esperándote- la saludo la señora de la oficina apenas entró, con su característico acento, ese acento que empezaba a fastidiarla. ¿Por qué tenían que hablar así? ¿por qué eran diferentes? Aquel lugar simplemente no era lindo, ni bonito ni cómodo.

-Buen día- saludó sin ánimos- ¿alguna novedad?- preguntó, aunque ya sabía la respuesta.

-Sí, muchacha. Al fin respondieron.- contestó con alegría.

No se molestó mucho en escuchar la respuesta, ya la conocía. Siempre era igual.

-Oh, bueno ya habrá...espera ¿qué?- cuándo su cabeza procesó y entendió lo que pasaba se quedó estática. Se negaba a creer que era cierto, tal vez estaban jugándole una broma.

-Te contestaron, Mary, alguien quiere contratarte.

Eso era magnífico, las oportunidades empezaban a llegar.


Elsa sabía que era muy malo caminar con su ropa de dormir por ahí, si alguien la vería se crearían rumores, además de que su implacable moral estaría en duda. Pero el sueño se negaba a llegar a ella. Así que había decidido dar un paseo nocturno, quizá se relajaria y conseguiría dormir al menos un par de horas. Aunque no supiera ni a dónde ir, de verdad lo necesitaba, todo el alboroto estaba cobrandole factura en su débil cuerpo. Siempre, de alguna u otra manera, cuándo caminaba sin rumbo, terminaba yendo a las caballerizas. Ya debía considerar aquel lugar como su guarida o algo así. Hasta había dormido ahí, sin contar que también besó a Hans ahí...

Desde la distancia visualizó la figura de alguien, y a pesar de que no era clara, sus pensamientos la llevaron inmediatamente a pensar en Kristoff. Era dónde se quedaba su reno Sven y muchas veces el rubio también dormía ahí, aunque aquel lugar era en el que su casi cuñado pasaba la mayor parte del tiempo, el palacio no era lo suyo. Lo entendía, los lujos y las formalidades no encajaban con su personalidad, lo intentaba por Anna pero le resultaba incómodo.

Por eso no se sorprendió al encontrarlo sentado en un pedazo de paja.

-Buenas noches- saludó con formalidad, aunque no quisiera. Era como si su voz ya estuviera programada para hablar así.

-Buenas noches, Elsa- la saludó él, con un tono más cotidiano y apagado.

Sabía como se sentía, era muy difícil...Kristoff también creía tener la culpa por la desaparición de su hermana.

-Al parecer a Sven no le agrada la idea del desvelo- comentó ella viendo al reno, que dormía plácidamente junto a Olaf.

-No, la verdad es que no. Ni a Olaf, aunque no creó que en estos momentos sirvan de mucho despiertos.

-Comprendo.

Después de algunos segundos en silencio, la rubia decidió sentarse junto a él.

-De verdad tenía esperanzas en encontrar alguna pista de Anna hoy.- soltó Elsa recargando la barbilla entre sus manos.

-Sí, yo también lo esperaba. Pero al parecer es más inteligente de lo que creíamos. Mira que hacer llegar una carta de la nada es bastante astuto, todos que creíamos que se necesitaba mínimo el nombre para lograrlo...ella nos demostró que no. Además, ha sobrevivido de alguna u otra manera. Con poco dinero y sin saber trabajar de verdad.

-Quizá sabe más del mundo de lo que creemos.

-Tenlo por seguro- afirmó el rubio con algo de entusiasmo. Por alguna razón, saber que su novia era inteligente lo llenaba de un orgullo grande, no podía evitarlo.

-Aunque esto solo nos muestra la triste realidad, Kristoff- dijo ella con resignación, e intentado sonar reconfortante- Anna no quiere que la encontremos.

Esa verdad era tan dolorosa y a pesar de ser ella quien la dijera, rogaba por qué fuera mentira. Pero no era así, ya lo sabía. Todas las formas en que los había evadido, en que huía, no daban el beneficio de la duda. Anna no quería ser encontrada, no deseaba volver.

El día de su cumpleaños hubo decenas de guardias buscándola, pero nadie la encontró. Y cuando llamaron al cartero, no pudo darles información sobre ella. Según el muchacho, las cartas se las hacía llegar una señora. Después mandaron llamar a la mujer, y ella sólo les dijo que habían aparecido la mañana anterior en su puerta, con una nota y el dinero para hacerlas llegar con mensajería express.

-Pero ¿nunca se preguntó quién las llevaba? ¿Qué tal si la metían en un lío? Y ¿si eran amenazas? Tal vez tienen a mi hermana secuestrada y la están usando para extorsionarme y por eso usan su sello.

Había preguntado ella, pero la señora respondió que no se podía desconfiar de la princesa. A Elsa no dejaba de sorprenderle el poco sentido común que la gente tenía.

-Tenemos que resignarnos, ella no quiere que la busquemos- concluyó con pesar.

El joven a su lado suspiró hondo.

-Pocas veces hago lo que ella quiere ¿sabes?- dijo después de unos momentos con un tono entre alegre y pensativo.

-Ella dice "no quiero que vayas a las montañas, puede ser peligroso" y yo me voy temprano en la mañana, para que no me lo impida- confesó- ella dice "quiero que vivas en el castillo, no me gusta verte en los establos" y yo me invento más trabajo en el día y en las noches me escabulló de mi habitación para no dormir ahí.- volvió a dejar salir aire de forma pesada- ella dice "este anillo está bien, no debes comprarme otro. No quiero que gastes dinero innecesariamente" y yo voy y gasto mi ahorros en un anillo de compromiso digno.

Esa confesión hizo que Elsa girará la cabeza rápidamente y fijará la vista en la pequeña caja que Kristoff ahora sostenía.

-Kristoff...- susurró ella conmovida. Aquello le hizo darse cuenta de cuán importante era du hermana para el muchacho frente a ella.

-Está vez no será la excepción- continuó con tono firme- ella dice "no me busquen" y yo pasaré cada día buscándola hasta encontrarla.


-¿Majestad?- la llamó Hans desde afuera.

-Adelante- contestó ella con su característico tono de autoridad. Sin apartar la mirada de los papeles y llevándose una mano a la barbilla pensativa. La carta que leía venía de un reino vecino, al parecer querían hacer unos negocios sucios con Arendell. Obviamente no se lo decían tal cuál, pero el contenido de la carta era tan descarado y cínico que se puso a pensar en una manera correcta de negar su propuesta sin caer en guerra, pues le habían insinuado claramente que eso pasaría si no cooperaba. Pero su atención se vio interrumpida por el fuerte sonido que se produjo de pronto, alterando el silencio que reinaba en el despacho. Levantó la vista al oír la puerta abrirse y observar al pelirrojo entrar con dificultad.

-Traje el té- le informó mientras maniobraba hábilmente con la bandeja. Ella no pudo contener una pequeña sonrisa al verlo, esos movimientos le daban una apriencia verdaderamente graciosa. Y parecía que el trabajo era complicado, pues tardó algunos segundos más en cerrar la puerta. Elsa se preguntó si siempre hacía todo eso o sólo era en aquella ocasión, nunca lo había visto hacerlo antes.

-Majestad, créame que ésto es difícil. Así que le suplico no se burle de mi desdicha- le dijo él fingiendose ofendido y molesto. Mientras dejaba la bandeja en una pequeña mesita y empezaba a preparle los alimentos.

-No lo hago, Hans- le respondió sin dejar de sonreír.

-Con todo respeto, majestad, pero me parece que no es así- contraatacó extendiendole la taza de té.

-¿Está llamándome mentirosa?- preguntó ella levantando una ceja y tomando la bebida.

-No, para nada, majestad.

Elsa rió quedito y dio un pequeño sorbo.

-Agradecería el que no me dijera "majestad" tantas veces- dijo la rubia después de unos momentos.

-Y yo agradecería que no sólo me tuteara cuando se enfada, majestad.

Ella abrió la boca y dejó salir una exclamasion escandalosa, haciendo sonreír al pelirrojo.

-Debería ser severamente castigado por esa muestra de insolencia- sentenció divertida, decidida a seguirle el juego y olvidarse por unos momentos de la carga de trabajo.

-¡Oh, su maravillosa majestad! Ruego su perdón- exclamó con exagerado dramatismo.

Elsa rió fuertemente y negó con la cabeza.

-¿Su maravillosa majestad?- preguntó sin dejar de reir, él solamente se encogió de hombros.

-Puedes ser agradable si te lo propones, Hans- confesó levantándose de su silla.

-Sí, la verdad es que tú también Elsa.- contestó viéndola caminar decidida en su dirección.

Cuándo llegó hasta él le rodeo el cuello con los brazos, le regaló una amplia sonrisa y sin pensar mucho le dio un suave beso en los labios, sorprendiendo al muchacho y dejándolo estático. En el momento justo en que él salió del shock y se decidió a responder al gesto, ella se apartó lentamente, suspirando y abriendo los ojos. Al instante se encontró con la sonrisa del ojiverde, haciendo que un intenso rubor cubriera sus mejillas. Con cautela apartó las manos de su cuello, con toda la intención de alejarse.

-No, no Elsa, no- susurró Hans tomándole las manos y atrayendola a él- no sientas vergüenza por hacer esto...es maravilloso.

Y sin darle oportunidad de replicar volvió a besarla de manera menos casta, pero no demasiado atrevida. Ésta vez fue Elsa la sorprendida y miles de posibilidades para actuar le llegaron a la mente. La más tentadora era alejarse, darle una bofetada y dejarle bien claro que ella sería quién llevará las riendas en la relación.

Pero el ágil y sutil movimiento de los labios masculinos en los suyos, sumado a las suaves caricias que recibía en la cintura, la convencieron de simplemente dejarse llevar.

Intentó seguir el ritmo, pero era tan malditamente inexperta. Así que se resignó a ser besada.

Después de unos momentos el se apartó, ensanchando más su sonrisa y echando la cabeza para atrás. Ella no pudo evitar sonreir también.

-Me gusta el té de limón- le dijo Hans regresando la vista a ella y acariciandole la mejilla. Ella rió y bajo la mirada apenada.


La cena estaba transcurriendo de un modo tan silencioso y deprimente. Aún cuándo casi le había rogado a Kristoff que cenará con ella, la presencia del chico no servía de nada, cómo si no estuviera. Era obvio que aunque quisieran, no podrían olvidar la ausencia de Anna. No si nadie hacía nada para evitarlo.

-Y ¿qué tal tu día, Kristoff?- preguntó de pronto Elsa, para que no hubiera tanto silencio, sorprendiendo al muchacho que estaba absorto en picotear su comida.

-¿Eh?- preguntó aún distraído.

-Pregunté por tu dia- respondió de un modo tranquilo, sin querer hacer sentir mal al rubio.

-Este...pues ¿bien?- no quería agregar nada más, pero al ver los ojos celestes de la reina aún clavados en él esperando otra respuesta, se llevó una mano a la nuca.

-Es un poco aburrido no trabajar- continuó con algo de inseguridad- no soy de los que les gusta sólo ver el día pasar. Olaf y Sven son buena compañía, pero sin Anna...

-Y ¿qué hacías antes de llegar al palacio en los días de descanso?- interrumpió ella para evitar que se tocará en tema de su hermana. No quería terminar la noche en otro mar de lágrimas.

Él lo notó y bajó la mirada apenado, para dejar salir aire pesadamente.

-Iba con los trolls y me quedaba con ellos toda la temporada- contestó de manera simple y alzando la mirada en dirección de ella- son mi familia y mi hogar estaba a su lado.

Por unos momentos ella no supo que decir. No sabía si la respuesta de su casi-cuñado era melancólica o simple. Estaba cabizbajo, pero su voz era neutral y sin sentimientos aparentes. Estar sin la pelirroja realmente le afectaba, al menos así lo parecía.

-¿Por qué no vas con ellos?- sugirió falsamente alegre.

-Por ahora no es posible, los caminos están muy estancados por la nieve- informó dando por fin un mordisco a su pedazo de carne.

-Oh...justamente de eso quería hablar- él la vio de reojo, con muy poco interés en el asunto- Sé que tú te mueves mucho por esos rumbos y supongo que eres un gran conocedor.

Kristoff sonrió sutilmente por los halagos y fue hasta entonces que le dedicó toda su atención.

-Quería pedir tu consejo- informó regalandole una sonrisa.

-¿Consejo? ¿Para qué?

-No sé...¿algunas rutas alternas? ¿mejoras para los trineos? Cualquier cosa que pueda hacer posible el tránsito en esos caminos, para la gente que vive en las montañas. Cómo dices, por ahora es difícil que vengan al centro de Arendell.

-Y la comida puede escasear o puede haber algún derrumbe- completo seriamente Kristoff. Ella asintió, dándole la razón, y junto las manos en su regazo, esperando una respuesta.

El rubio arrugó el entrecejo y se llevó una mano a la barbilla. Mil ideas cruzaron por su cabeza, pero para cada una había una fuerte objeción.

-Creo que podría ayudarte, pero no hoy, no ahora. Mi mente está en seco- dijo después de un rato.

-¡Oh, claro! Sólo quería saber que contaba contigo. Es todo. Podríamos hablarlo mañana, en mi despacho.

-Muy bien, entonces.

Después ambos volvieron a sus platos. La cena estuvo más amena, con la compañía de Olaf unas cuántas risas no faltaron.


Ufff...¿qué les digo? Antes que nada, buenas noches xD perdón por otro retraso.

Y les informó que ya me di cuenta de algo. Mi falta de inspiración se debe al hecho de que la historia no termina de convencerme completamente. No es mi falta de amor al ship o algo parecido. ¡Es falta de amor a mi fic! He estado pensado en borrarlo y transcribirlo para hacerlo más decente...humm, no lo sé. Ya veremos xD

¡Gracias por leer!