-¿Anna? Y ¿por qué la carta la firmó una tal "Mary"?- preguntó con desconfianza la señora frente a ella.

Su mirada le hizo tragar saliva. Aunque era delgada, tenía una voz muy potente y sus ojos eran tan afilados como cuchillos. Por un momento creyó que lo sabía todo. Que sabía quién era y cómo había llegado ahí.

Pero era imposible, nadie lo sabía, nadie nunca lo sabría.

Suspiró y juntó sus manos en el regazo.

-Mary es mi hermana mayor- mintió- Hace poco yo salí de casa y ella me ayudó firmando unas cartas, porque soy menor...

-Cómo sea- le dijo haciendo un movimiento con la mano, restandole importancia.

Permitiendole respirar al fin.

-La verdad es que necesito una muchacha de forma urgente- continuó- así que te quedas. Sólo espero que no estés planeando algún tipo de conspiración en mi contra o algo así.

-No, no, no- se apresuró a decir- puede confiar en mí.

-Bien, pues...

-¡Mamá, mamá, mamá!- interrumpió un pequeño niño entrando ruidosamente en el estudio. Con el cabellos revuelto y la ropa desordenada.

-Robert, que te he dicho sobre interrumpir- le reprendio su madre falsamente.

-¡James llegó!- gritó con emoción, ignorando la reprimenda y saliendo sin dar más información.

-¿Qué?- preguntó confundida a nadie- ¿no se supone que llegaba mañana?- se levantó y caminó hacia la puerta- vamos, Anna, ven- la llamó.

Ella obedeció sin dudar, pero con algo de vergüenza.

Una vez en la sala, se colocó detrás de la señora, a la espera. Se permitió admirar un poco más el lugar, calificándolo como "lindo" pero era algo triste.

-¡James! ¡James!- se escucharon un par de vocecillas que interrumpieron su inspección. Sin saber que hacer, bajo la mirada.

-¿James?- susurró para sí misma. ¿Quién era y por qué era tan importante? ¿Realmente debía estar ella ahí? No pudo pensar más, pues nuevamente el ruido acabó con su concentración. Incluso la servidumbre se alegró por la llegada de ese hombre. Hubiera querido preguntar, pero no había nadie cerca.

Cuando las pisadas apresuradas llegaron hasta el salón, los gritos se hicieron más potentes y se oyó un portazo, no pudo evitar ver de reojo.

-¡Niños!- llamó una nueva voz.

La señora de la casa, que le servía de protección, también se encaminó hacia el tal James, regalandole una vista más amplia. Pero no logró ver más que un montón de infantes abrazados a un hombre.

La señora esperó pacientemente, con una enorme sonrisa en el rostro. Acabando con una teoría que acababa de formular, dónde juraba que esa mujer no sonreía jamás.

-¡Madre!- llamó el James apartándose con cuidado a la niños, que reían como locos.

-Hijo mío- llamó ella a su vez, abriendo los brazos para recibirlo en un abrazo.

Él se echó a su regazo sin chistar, y Anna al fin pudo verlo un poco mejor. Pero no lo suficiente.

El James era un muchacho de cabello oscuro y piel pálida.

Después de unos segundos, se separaron y el joven se dirigió a ellos. Todos los sirvientes hicieron una inclinación, mostrando su respeto. Ella los imito de forma torpe.

-Los extrañe a todos- dijo paseandose frente a ellos. Su voz era varonil, pero suave.

-Nadie cocina como Caroline- siguió- ni mantiene los jardines como John.

Por un momento su voz se apagó, y ella quiso ver, pero se sentía nerviosa. Así que decidió ver un poco, dándose cuenta de que se acercaba.

-A ti no te conozco- comentó llegando frente a ella.

-¿Eh?- preguntó alzando la vista.

Se quedó estática, sin saber como actuar.

El James tenía uno

s hermosos ojos negros y unas enormes pestañas.

-Ella es Anna- oyó a lo lejos- nuestra nueva niñera.

-Un...un...placer- titubeo haciendo una tonta reverencia.

-De Arendell- dijo sonriendo.

-Sí...

-Oh, ahora entiendo porque sus mujeres tienen la fama de ser las más hermosas.


-Siempre me entristece ver como se va el invierno. Es lo único de este planeta que realmente se parece a mí- suspiró Elsa dejando caer la cabeza en su hombro.

-No debería, tú eres perfectamente capaz de crear uno con un simple movimiento de manos- le dijo con una sonrisa.

-No es lo mismo- se quejó- esos no son naturales.

-Pero son igual de hermosos.

-No, no es cierto.

-Sí lo es.

-Dije que no.

-Y yo dije que sí.

-¿Te atreves a llevarle la contraria a la reina de Arendell?- preguntó alejandose y levantando una ceja de manera altanera. Dando inicio a uno de los tantos juegos que llevaban a cabo todos los días.

-Oh, no. Claro que no- respondió Hans llevándose una mano al pecho de forma teatral, siguiéndole la corriente.

-Y ¿ahora dice que me equivoco? Esas son ofensas muy graves ¿sabe? Podría castigarlo severamente por ello.

-Lamento tanto haberla ofendido, mi Majestad- se disculpó haciendo una exagerada reverencia.

-Bien- dijo ella de manera seria- supongo que podría perdonarlo...a cambio de algo, por supuesto. Tal ofensa no será olvidada tan fácilmente- le tomó la barbilla, obligándolo a verla. Mantenía el semblante serio, pero por dentro quería reir a carcajadas.

Él arrugó los labios y fingió que pensaba.

-¿Qué será aquello de lo que depende mi vida?- usaba un tono tan dramático ella no pudo reprimir una discreta sonrisilla.

-Nada realmente difícil- comenzó con voz baja- ¿qué le parece...un beso?

Él levantó las cejas con falsa sorpresa.

-Majestad, eso es...- se silenció, pero luego le sonrió. Le apartó la mano con que le sostenía la cara y la llevó a sus labios con galantería. Ocasionadole un rubor a la joven.

-¿Está segura de que mi terrible falta puede pasarse por alto con un sólo beso? ¿no le parece que es insuficiente?

Elsa se permitió reír al fin, mostrando sus blancos y perfectos dientes.

Hans no esperó respuesta, de manera sutil tomó su cintura y la atrajo hacia él. Juntó sus labios de manera suave y delicada. Como lo hacía siempre. Habían bastado apenas unos cuántos meses para que a Hans le gustará de verdad fingirse enamorado.

Había olvidado casi por completo que ella era la reina, casi ya no recordaba sus deseos de ser rey. Odiaba admitir que llevaba semanas disfrutando de verdad su compañía. No de la heredera o de la reina de las nieves, no. Disfrutaba hablar con la chica que amaba la historia y las novelas obscuras, inteligente y extremadamente sensible para su imagen de frialdad. Le gustaba estar con Elsa.

Y eso le incomodaba, le incomodaba mucho. Pero, se permitía disfrutar también.

Fue ella quién terminó el beso, y cuando abrió los ojos, él vio su enorme sonrisa. Esa a la que estaba empezando a volverse adicto y que tanto amaba. Sí, amaba.

-Ya está más que perdonado, señor- le dijo divertida.

-Es una pena- se quejó falsamente.

-Elsa- llamó Kristoff azotando las puertas y entrando en la habitación. Sobresaltandolos a ambos.

Elsa inmediatamente deshizo el agarre y se apartó de él. Hans, por su parte, fue hasta el escritorio y se posiciono al lado, de manera muy formal. Cómo se suponía debía ser. Maldiciendo al montañés por su intromisión y sus pocos modales. Si fuera por él, le daría una buena reprimenda y le enseñaría modales. Pero, no podía hacerlo.

-¡Kristoff!- dijo Elsa nerviosa mientras se sentaba en la enorme silla- ¡que sorpresa! ¿se te ofrece algo?

El rubio arrugó el entrecejo y les dirigió una mirada interrogante, incluso acusante. Pero después dejó caer los hombros y no comentó nada.

-No, sólo vine a avisarte que ya llegué.

-Me alegra saber que llegaste con bien.

-Gracias, también vine para agendar alguna fecha para tratar los temas sobre la primera recolección de hielo- dijo seriamente.

-¡Oh, sí, claro! Mmm...- Elsa abrió nerviosamente un cajón y extrajo unos papeles- ¡mañana tengo tiempo libre!- informó.

-Si es tu tiempo de ocio, no debes...- comenzó a decir, pero ella lo interrumpió rápidamente.

-¡No, no! Soy la reina, mi deber es velar por mi pueblo.- afirmó sonriendo.

-Sí, supongo que sí. Bueno, ya es todo. Adiós- dio media vuelta, dispuesto a irse.

-Kristoff- lo llamó Elsa, con un poco más de tranquilidad, impidiendole marcharse.

-¿Sí?

-Hay...- comenzó dudosa- ¿alguna nueva información sobre Anna?

Su voz se volvió débil irremediablemente, sólo pensar en su hermana y en los meses que ya habían pasado separadas le oprimía el corazón. Y Kristoff no la pasaba mejor, se le notaba. Dejó escapar aire y negó lentamente con la cabeza.

-Ninguna- lamentó- y sin cartas no hay forma de saber algo...quizá ya esté muy lejos. Cada día pienso que jamás la encontraremos...- concluyó con pesar.

-No, Kristoff- dijo levantandose y caminando en su dirección. Cuando estuvo frente a él le tomó la cara y lo obligó a verla.

-La hayaremos, ya verás- afirmó.

Su casi cuñado sonrio tristemente y le tomó las manos.

-Sí, ya sé- susurró.

Elsa se abalanzo hacia él y lo abrazó, para intentar reconfortarlo. No podía imaginar la tristeza que sentía el pobre, tan solo. Ella tenía a Hans, pero Kristoff ahora sólo la tenía a ella. Era su deber, se lo debía. Por las veces que la habían ayudado, porque ahora era su familia y se había convertido en su más fiel amigo. Y, aún si nunca tocaban el tema, sabía que jamás revelaría su secreto. Nunca le diría a nadie que mantenía un amorío con el príncipe que intentó asesinarla. El montañés ya tenía un lugar muy grande en su corazón.

-Tengo que cambiarme- le dijo él, apartándose suavemente. Y terminando con la reflexión de Elsa.

-Sí, sí. Te esperamos en la cena- respondió sonriendo sinceramente.

-Ahí estaré- se despidió cerrando la puerta tras de sí.

-Alguien debería enseñarle modales a ese grandulón- gruñó entre dientes el pelirrojo cuando se vio de nuevo sólo con Elsa.

Ella se giró y caminó hacia el escritorio, despreocupadamente.

-No veo por qué- dijo de manera simple, mientras se sentaba y comenzaba a leer algunos documentos.

-Oh, déjame pensar- habló con sarcasmo- ¿será por qué no se preocupa en tocar la puerta? ¿Por qué ya no se dirige a ti con respeto? ¿por qué no le importa tu reputación? ¡Porque claramente he visto como platican en las noches sin ninguna reserva! Siempre los dos con su ropa de dormir y sin ninguna compañía- concluyó apretando los puños. E intentando no parecer demasiado enojado, aunque estaba comenzando a estarlo.

-No debe tocar la puerta- comenzó ella, sin prestarle su total atención- yo misma se lo pedí hace un tiempo. Tiene la total libertad para entrar aquí cuando quiera. Obviamente tampoco debe hablarme con respeto, es mi cuñado. Y si no lo consideras así, tómalo como un amigo. Y respecto a las platicas nocturnas...- suspiró- sólo hablamos, más por mí que por él.

Aquello no era del todo mentira, pues Kristoff se había convertido en su confidente. Al principio se veían para llorar por Anna, pero después fueron un poco más allá. Nada fuera del círculo de amistad, el rubio pertenecía totalmente a su hermana y ella...bueno, ella ya amaba también a alguien. Pero se dieron cuenta de lo parecidos que eran. Ambos de naturaleza reservada y con afición a la soledad. Un amor fraternal muy grande y, a pesar de su fachada, era tan fácil avergonzarlos y hacerlos sonrojar. Y se le sumaba el amor por la princesa. Al final terminó buscando su compañía por gusto.

Le profesaba ya tanta confianza, incluso más que la que tenía hacia Hans.

-Supongo entonces que aquí tendré que comportarme sólo como un sirviente- su voz la sacaron de sus pensamientos- sabes a lo que me refiero. Murmuró acercándosele, pero al final se decidió a permenecer sólo detrás de su silla.

-Sí...- suspiró- aunque él no está aquí todo el tiempo. Tú sabes, entre el trabajo y la búsqueda de Anna son pocos los días que pasa en el palacio- comentó.

-Aún así, creo que estás dándole demasiadas libertades. ¿Qué pasa si un día nos descubre? Suponiendo que no lo hizo hoy.- Hans intentaba persuadirla para que se alejara más del rubio. No le había pasado desapercibida su extraña cercanía. Y no quería que sus planes se estroperan, estaba yendo tan lejos, poniendo en juego sus propios sentimientos.

Pocas veces se arriesgaba a tales magnitudes y no permitiría que un simple montañés lo estropeara.

-No estoy dándole ningunas libertades- afirmó apartando, por fin, la mirada de los papeles- y si es que llega a enterarse de lo nuestro podemos confiar en él.

-Elsa- llamó de forma demandante, pero suave.

-¿Sí?- preguntó, atreviendose a verlo.

-¿Qué es lo que realmente está pasando entre tú y Kristoff?- su voz sonó autoritaria, baja, pero potente.

Elsa no respondió de inmediato, intentó asimilar sus palabras y mantenerse serena.

-¿Cómo que qué?- se levantó totalmente confundida- ¿a qué te refieres? ¿qué insinuas?

Él se acercó un poco, pero no lo suficiente como para intimidarla.

-Yo no insinúo nada- comenzó de forma neutral- sólo pregunté.

Sus ojos revelaban el ya enorme enojo que sentía. De alguna u otra manera se sentía traicionado y engañado. Como si su orgullo hubiera sido pisoteado. Él, el príncipe de las Islas del Sur ¿humillado por una reina con problemas de autoestima y un pobre plebeyo? No podía ni conciliar la idea.

-Pues no hagas preguntas sugerentes- pidió molesta, dándole de nuevo la espalda.

Pero deteniendose al oirlo hablar.

-Es sólo...- el pelirrojo volvió apretar los puños y le sostuvo una mirada fría, que ella sintió aún cuando no lo veía directamente- tú, tú, Elsa. Estás conmigo. Puede que nadie lo sepa, pero...

-Yo no te pertenezco, Hans- lo interrumpió seriamente, girándose bruscamente en su dirección.

Hans sintió como un extraño estremecimiento le recorría el estómago y una furia se apoderaba de él por sus palabras y la forma arrogante en que lo veía. Como si aquello fuera verdad.

Ella lo necesitaba, más de lo que creía. Él se había convertido en algo importante, lo sabía. Él, en cambio, no la necesitaba. Llegaría el día en que ella no estuviera, y todo estaría bien en su vida. No necesitaba sus besos ni caricias ,podría comprar las de otras mujeres. Ni siquiera sus opiniones o su olor. No extrañaría su risa y su magia. No extrañaría tenerla en su regazo...

-Pero yo a ti sí- respondió sin darse cuenta.


Ya mejor ni me disculpo xD

Puede que tarde meses en actualizar y que los capítulos sean decepcionantes, pero prometí que acabaría antes de "La aventura de Olaf" y así será :3

Por cierto, nunca me tomé el tiempo de agradecer a congeladaazul por seguir ésta historia, no te culparía si ya la abandonaste. Aún así, gracias por tu apoyo.

Y a la chica que dejó los últimos dos reviews (no recuerdo el nombre, lo siento) ¡gracias por tus palabras! Como dije en un principio, el fic sólo lo inicié para practicar mi escritura, así que no lo consideró gran cosa, pero si te gusta ¡que mejor! Respecto a lo del Kristanna, también creo que me enfoco mucho en ellos. Pero es inevitable cuando llevo meses leyendo puros fics de ese fandom... El Helsa muere queridas, muere.

¡Hasta la próxima!